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¿Puede la regionalización reducir los desequilibrios territoriales de
Argentina? Pedro R.
Castillo Julio 2006 "la región no es una perspectiva totalizante sino apenas un
subsistema en el tratamiento global de los problemas de Estado y sociedad" PEDRO FRIAS[1]. Introducción En este
trabajo se exponen los principales factores que determinaron las fases del
proceso de integración subnacional en Argentina en su intento de superar las
limitaciones al desarrollo regional. En los casos vigentes, como Región Centro
y Norte Grande, se visualiza su creciente institucionalización, participación
público-privada y relaciones exteriores a través de misiones comerciales o
acuerdos institucionales. La
participación de los actores económicos y sociales en la definición de la
integración de regiones concertadas, puede potenciar el sentimiento de
pertenencia y la solidaridad interprovincial para avanzar en el desafío que
implica un desarrollo económico equitativo. En este sentido se deberían
elaborar estrategias conjuntas, mediante la participación de los gobiernos
locales, organizaciones de productores y del tercer sector, orientando en todos
los casos, las demandas concretas a los niveles de responsabilidad
correspondientes (Nacional, Regional, Provincial o Municipal). La continuidad
de este proceso en el tiempo, además de contribuir al manejo de la problemática
regional mediante la coordinación de acciones y articulación de políticas
públicas, podría ser un ámbito de acción para reducir las desigualdades
sociales y territoriales en un nivel intermedio entre el provincial y nacional.
Los resultados concretos que muestren estas regiones en su accionar, servirán
para determinar si estos acuerdos logran superar las restricciones internas y
externas al desarrollo regional argentino. Las Regiones Concertadas en Argentina (1984/2006) Las regiones, producto de la concertación política,
constituyen el comienzo de un proceso de integración que busca dar respuesta a
la necesidad de coordinación a mayor escala, para la promoción del desarrollo
económico y social[2]. Como muestran las experiencias de integración
subnacional luego del retorno de la democracia en Argentina, todas las fases
desde la creación, consolidación, letargo y eventual relanzamiento regional
coinciden con la evolución del grado de acuerdo entre gobernadores,
condicionados a su vez por los propios ciclos políticos y afectados por las
distintas coyunturas económicas, tanto en el ámbito local, como nacional e
internacional y su correspondiente impacto en el grado de conflictividad
social. En esta etapa y paralelamente al inicio de
negociaciones para la conformación del MERCOSUR, las provincias avanzaron con acuerdos regionales, tales como
Crecenea-Litoral en 1984 (que se integra al CODESUL de Brasil en el Protocolo
N°23 "Regional Fronterizo" de 1988), Norte Grande Argentino en 1987,
Nuevo Cuyo en 1988 y NOA en 1992. Con la Constitución Nacional reformada en el año 1994
toma renovado impulso la idea de las regiones como nivel de gobierno intermedio
entre el Nacional y Provincial[3].
Se crean mediante concertación política de seis provincias la región Patagonia
en 1996 (que dio lugar a una escisión posterior con la Austral), y dos años
después la Región Centro (integrada
inicialmente por Córdoba y Santa Fe y ampliada en 1999 a Entre Ríos). Esta
última iniciativa nació del Instituto de Federalismo de la Academia de Derecho
de Córdoba que, en 1996, presentó al gobierno un informe jurídico para
constituir la Región y un enfoque económico de la Bolsa de Comercio de Córdoba
para la integración. Posteriormente se asistió al relanzamiento del Norte
Grande en 1999, vinculado a la operación del Ferrocarril Belgrano Cargas y la
infraestructura de integración transfronteriza en el corredor que propone el
ZICOSUR. Superada la última crisis Argentina, existió en el 2002 un fallido
intento político por parte de Neuquén para integrarse con Río Negro en el
Comahue en 2002, proyecto que naufragó al plantear la necesidad de ajustar sus
gastos públicos mediante la unificación administrativa de estas provincias. En
el año 2004 pudo despertar la poderosa Región Centro y se reanudaron las
reuniones del foro de gobernadores de la CRECENEA-Litoral en el 2005, expresión
de sus limitaciones para lograr avanzar más allá del acuerdo político. La complejidad de estos procesos de regionalización
desde abajo, si bien disponen del marco jurídico adecuado para la integración
provincial[4],
requieren como condición necesaria la voluntad política al más alto nivel. En
estos términos se destaca la demanda de coordinación entre el proceso de
concertación político y el correspondiente a la integración económica y social,
donde las obras de infraestructura y las negociaciones nacionales e
internacionales juegan un rol fundamental para la vinculación regional. Los proyectos de formación de regiones, más allá de
su impulso inicial originado desde ámbitos académicos o políticos,
frecuentemente terminan en estructuras que no dan cuenta más que de su propia
necesidad de existencia, sin avanzar en la conformación de un nivel crítico de
capital social y consolidación institucional, requeridas para la definición de
un plan estratégico, que implique un compromiso de acción a mayor plazo que los
períodos normales de renovación política o cambios rotativos en los responsables
de la gestión regional. Además, las estructuras de gestión
técnico-administrativa a nivel regional se encuentran condicionadas a las
definiciones de los ejecutivos provinciales. Los frecuentes cambios de los
representantes institucionales impactan en la marcha del proceso de
regionalización, por la falta de continuidad para llevar a cabo una transición
ordenada y cumplir los compromisos asumidos, incluso aquellos realizados con
jurisdicciones extranjeras[5]. El Congreso Nacional, de acuerdo al Artículo 75 de la
Constitución Nacional dentro sus atribuciones (Inciso 19), deberá "Proveer
al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio;
promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual
desarrollo relativo de provincias y regiones". Pero la tarea de los
parlamentarios regionales como el de Patagonia, Crecenea y Centro, si bien
rescatan este espíritu, tienen limitadas herramientas para concretar sus
recomendaciones en acciones que transformen el escenario regional. Asimismo
dentro del Congreso Nacional, los intereses partidarios y locales priman por
sobre los objetivos regionales. Por ello, para consolidar el proceso de integración
regional a nivel subnacional se requiere, además del liderazgo político, de una
visión colectiva hacia el futuro, con propuestas concretas basadas en un
diagnóstico realista sobre el funcionamiento regional donde se expliciten las
restricciones al desarrollo, incluyendo acciones y niveles de responsabilidad
en su ejecución. De esta manera se podrían minimizar los retrocesos
experimentados en la dinámica regional, ante las coyunturas adversas y la
acumulación de buenas intenciones junto a las demás promesas políticas sin
cumplir. A pesar de las múltiples experiencias de desarrollo
en Argentina se han generado: 1) sectores competitivos ligados a ventajas dadas
por los recursos naturales, minerales y energéticos, con la dimensión de
capital suficiente para lograr colocar sus productos en los mercados
internacionales; 2) sectores restringidos al mercado nacional o regional y, por último; 3) un conjunto importante de
productores pertenecientes a diversos sectores, que no cuentan con la
tecnología, financiamiento o escala suficiente para renovar su capital en el
tiempo. Estos últimos en la medida que no pueden sostenerse en el mercado,
desaparecen o se convierten en sujetos de protección estatal. La pobreza y la falta de desarrollo regional son dos
aspectos del mismo problema global que se retroalimenta: exclusión de una parte
importante de la población del mercado de trabajo, territorios cada vez más
heterogéneos con concentración creciente de la propiedad de la tierra,
centralización económica y mayor fragmentación social que resulta en una
desigual distribución de los beneficios de la actual recuperación económica y
mejora de ingresos por exportaciones. Este fenómeno se verifica en aquellas provincias con
reducida productividad media que, tienen baja capacidad para retener excedentes
económicos. Como consecuencia, la distribución del ingreso empeora y la
proporción de población en condiciones de pobreza e indigencia alcanza niveles
alarmantes. Este escenario sería todavía peor de no mediar la redistribución
del Estado a través del gasto público, los ingresos de remesas que envían
familiares emigrados a otras jurisdicciones relativamente prósperas y el
dinamismo de algunas producciones regionales, que localizan inversiones de
envergadura, aunque con escasos efectos multiplicadores hacia el resto del
territorio. Por último la fuerte dependencia de los gobiernos
locales de las definiciones de asignación de gasto o refinanciamiento de deudas
por parte del gobierno nacional, consolida una actitud pasiva y rentística por
parte de las provincias que esteriliza proyectos solidarios y autónomos entre
las mismas. Propuestas
para la participación efectiva en los acuerdos regionales La democratización regional brinda la legitimidad
necesaria para la integración de distintas cadenas de valor en un sistema
territorial que genere la competitividad requerida para desafiar las nuevas
condiciones impuestas por el mercado internacional. Dentro de la Unión Europea,
las positivas experiencias de ayuda para la equiparación de regiones rezagadas
han sido determinantes para promover un desarrollo equilibrado. La participación de distintos sectores sociales,
debería alimentar un diagnóstico que refleje las preferencias concretas de
asociación y las propuestas para la mejora sostenida de la competitividad
sectorial, con equilibrio territorial. La visión compartida y el establecimiento de metas
comunes, tienden a balancear la tensión entre las necesidades de corto y largo
plazo, los intereses particulares, sectoriales y colectivos y la integración de
un conjunto basado en la construcción de una nueva identidad a partir del sentimiento
de pertenencia a un espacio común, que tenga
como objetivo reducir las desigualdades sociales dentro de la región. Las regiones concertadas deben adoptar una forma
organizativa en red, donde la información se socialice y la toma de decisiones se
lleve a cabo en un ámbito democrático y con participación de las unidades
menores. De esta manera puede lograrse un grado de legitimación social que
refuerce el poder político de quien lidere este proceso. En cuanto a las formas
de institucionalización, en términos de estructuras reales o virtuales,
deberían responder a las demandas concretas del sistema socioeconómico regional
(tal como sucede con las misiones conjuntas al exterior donde converge el
interés de las empresas en concretar negocios, con la posibilidad de publicitar
sus exitosos resultados). En síntesis, el proceso de conformación de regiones
hereda las restricciones estructurales del desarrollo regional argentino, la
carencia de un sistema solidario de equiparación del ingreso para la inclusión
social y la vieja antinomia entre el puerto de Buenos Aires y el interior.
Actualmente si bien se reconoce a las provincias el dominio originario de los
recursos naturales, no existe una política industrial que implique un cambio de
las capacidades productivas e integración de sus economías, conformadas
fundamentalmente por pequeñas y medianas empresas, a las demandas más dinámicas
del comercio mundial. En este contexto, la consolidación del proceso de
regionalización constituye una alternativa para reducir los desequilibrios
territoriales, en la medida que se amplíe la participación en la toma de
decisiones estratégicas, bajo una forma de gestión solidaria y
fundamentalmente, articulando estas acciones a la disponibilidad de
financiamiento para su concreción. En general, el tratamiento del desarrollo desde una
perspectiva nacional o sectorial sin detenerse en la especificidad local, o el
empleo de criterios sesgados por las políticas de inversiones, comercio
exterior, fiscales o de manejo de recursos naturales, que no reconocen la
complejidad de las relaciones socioeconómicas que se desarrollan en el
territorio, demuestran la falta de vocación en el tratamiento de la
problemática regional de manera sistémica e integrada donde la persistencia de
desequilibrios provinciales es la expresión del desconocimiento de esta
realidad o la imposibilidad de modificarla. ANEXO: Cronología de la conformación de
regiones concertadas entre provincias argentinas y su proyección internacional
en macroregiones (1984/2006) 1) Regiones Concertadas Argentinas: Crecenea-Litoral (1984) Comisión Regional de Comercio Exterior del
NEA-Litoral: Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe. Norte Grande Argentino (NOA, NEA 1987): Catamarca, Corrientes, Chaco,
Formosa, Jujuy, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. Nuevo Cuyo (1988): La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis. Noroeste Argentino NOA (1992): Salta Jujuy, Catamarca, Tucumán y
Santiago del Estero. Patagonia (1996): Chubut, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Santa
Cruz y Tierra del Fuego. Patagonia
Austral: Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Centro (1998 y 2004): Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe 2) Macro Regiones Crecenea Litoral y CODESUL/ FORUM SUL (Protocolo N° 23 Regional Fronterizo 1988):
provincias de la Comisión Regional de Comercio Exterior del NEA-Litoral
(Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe) estados del sur
de Brasil Conselho de Desenvolvimento e Integracao Sul (Paraná, Santa Catarina,
Rio Grande do Sul y Mato Grosso do Sul). ATACALAR (1996): región III chilena Atacama (Chile),
Catamarca y La Rioja (Argentina) ZICOSUR, Zona de Integración del Centro Oeste de América del
Sur (1997/2005): provincias del Norte Grande Argentino, parte de Bolivia
(Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y Tarija), el Estado de Mato Grosso do Sul
de Brasil, Regiones de Chile (I Región de Tarapacá y II Región de Antofagasta),
todos los Departamentos del Paraguay y parte del Perú (Arequipa, Moqueguá y
Tacna). Grupo de Integración Austral (Carta de Rawson 2004): Patagonia Austral Argentina
y Regiones X, XI y XII de Chile. [1]
http://www.acader.unc.edu.ar/artregioncentro.pdf [2] Entre las acciones más frecuentes
pueden mencionarse: obras de infraestructura, promoción de exportaciones y de servicios
relacionados con el turismo, gestión integrada de cuencas hídricas, recursos
naturales como la pesca, energéticos y la armonización de regulaciones
administrativas, sectoriales y fiscales, entre otras. [3] Dromi presenta, sin resultados
concretos, un Proyecto de Regionalización general inducido desde la Nación
basado en el nuevo Artículo 124. [4] Artículo 124 de la Constitución
Nacional Argentina, 1994. [5] Los acuerdos entre gobiernos
subnacionales pueden extenderse tanto dentro del ámbito nacional con la
incorporación de nuevas jurisdicciones o al exterior mediante la firma
convenios transregionales fronterizos o regionales transfronterizos cuando
involucran a regiones que no son vecinas en términos geográficos. |