ACUERDO DE COOPERACIÓN E INTEGRACIÓN ARGENTINO –BRASILEÑO

 

Alberto J. Sosa

Febrero de 1989

 

1.- Introducción.

 

     Las nuevas tendencias del sistema internacional a nivel económico nos indican que está en vías de consolidarse un proceso de internacionalización del capital que involucra sus aspectos comerciales (desde los ´50 – Acuerdo General de Tarifas y Comercio-GATT),  productivos (’60 – Empresas transnacionales-Ets) y financieros (mediados ’70 – Banca Internacional Privada-BIP). Este fenómeno de internacionalización creciente se refleja en la emergencia y consolidación de actores  transnacionales financieros y productivos de capital privado. Por otra parte, los Estados nacionales se organizan o reúnen en torno de mercados de grandes dimensiones como Estados Unidos de América (EUA), Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Japón, República Popular China, Comunidad Económica Europea (CEE), Consejo de Asistencia Económica Mutua (Comecom),  Asociación del Sudeste Asiático de Naciones (Asean), etc.

 

     Asimismo, dentro del sistema capitalista a nivel internacional se está produciendo un desplazamiento del eje de predominancia económica desde el Atlántico Norte hacia el Pacifico Sur. El noroeste anglosajón es desplazado por la pujanza, productividad y creciente innovación tecnológica de  Japón que proyecta su influencia sobre los países recientemente industrializados( siglas en inglés  Nics) asiáticos y aparentemente sobre la nueva dirigencia de la República Popular China. Sin embargo, debemos señalar que la correlación de fuerzas en el eje militar se mantiene dentro de los tradicionales cauces de la bipolaridad.

 

     A nivel político, las oleadas descolonizadoras de la segunda posguerra y de los ’60 produjeron la emergencia de un Tercer Mundo que se organizó a nivel global en el Movimiento de No Alineados (Monoal) y en el Grupo de los Setenta y Siete (G-77) y a nivel Regional en la Liga de los Estados Arabes, la Organización de la Unidad Africana y la Conferencia Islámica. América Latina, como parte del Tercer  Mundo, se intentó organizar a nivel económico a través del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), de Alalc-Aladi, Pacto Andino, etc.

 

     A pesar de estos avatares el Tercer Mundo no logró traducir su gravitación numérica en organización política ya que el plexo de resoluciones de la Asamblea General de Naciones Unidas, sistematizadas en el Derecho de los Pueblos y en el Derecho Internacional del Desarrollo, carecen de coactividad jurídica.

 

     La revolución científico-tecnológica que se desenvuelve en los laboratorios de las Ets, con sede central en países industrializados de economía de mercado, produce una mutación profunda en las técnicas y estilos productivos que aumenta la brecha existente entre los países centrales y los del Tercer Mundo. Dicha brecha, amenaza la sobrevivencia de las mayorías nacionales de los países subdesarrollados, especialmente los monoproductores.

 

     La respuesta de los Estados latinoamericanos a este proceso de internacionalización del capital ha sido inadecuada e insuficiente, ya que no logró regular la penetración e interiorización de sus mercados. La no convergencia entre la acumulación internacional del capital y la hegemonía doméstica del Estado latinoamericano, engendra una serie de contradicciones y desbordes, ya que un reducido, pero concentrado número de actores transnacionales privados (financieros y productivos), no se encuentran sometidos al control y regulación gubernamental local.

 

     La estatalidad latinoamericana resulta ineficaz e impotente para controlar los desbordes y soportar las colisiones con actores y procesos transnacionales que evaden su coercibilidad  ya que sus centros decisionales se encuentran situados en los países industrializados de economía de mercado.

 

     El Estado argentino, a través de su sector dirigente, debería brindar adecuada respuesta no sólo al proceso de acumulación de capital a nivel mundial y al surgimiento de actores que desbordan los limites de su jurisdicción doméstica, sino que debería replantear la inserción económica internacional del país. Dicha inserción basada  en la comercialización de su producción agraria se halla amenazada por los avances logrados por la biotecnología, produciendo artículos sucedáneos de la producción alimentaria. Por otra parte, los exportables agrarios argentinos se hallan sometidos a una serie de circunstancias que degradan su valorización internacional ya que el deterioro de los términos del intercambio, el proteccionismo y el dumping de los gobiernos de EUA y de la CEE, en resguardo de sus excedentes agrícolas, vulneran la capacidad de maniobra del gobierno argentino para conseguir las divisas necesarias, que le permitan satisfacer sus necesidades de importación, de inversión, así como el servicio de su abultado endeudamiento.

 

La   crisis del modelo agroexportador, la  impotencia  e ineficacia del aparato estatal, sea para controlar actores de dimensión transnacional operantes en su mercado doméstico, sea para negociar en el ámbito internacional con Estados efectivamente soberanos y otros actores  transnacionales, indican la necesidad de que Argentina se integre con Estados vecinos para mejorar su capacidad de desempeño.

     La economía argentina, a diferencia de la brasileña, que tiene en el sector industrial privado y en el sector empresarial  público, a sus principales proveedores de divisas, continua subordinada a la producción agraria para proveerse de  divisas. Las opciones que se le ofrecen a los sectores dirigentes para sacar al país del atolladero en que se debate  pueden  resumirse  en las siguientes. La primera es la receta mercado-internista ortodoxa, ya ensayada y aparentemente agotada no sólo en Argentina sino en casi toda América Latina. Una segunda, es la  apertura indiscriminada de la economía que se instrumentó, a la par que el terrorismo de Estado, en Argentina, Uruguay y Chile. La tercera posibilidad, es instrumentar una apertura reglamentada, de la economía que nos integre con países con los que podemos mantener vínculos simétricos y no con aquéllos con los que nos ligan lazos de subordinación.

 

      La primera de las opciones implica una solución regresiva, que pretende solucionar la crisis a través de un modelo autárquico que segregaría al país de la revolución tecnológica en curso. La segunda y tercera reivindican (a nivel discursivo) una nueva inserción dentro del sistema mundial. La apertura indiscriminada de corte neoliberal-monetarista pretende resolver la crisis a través de un retorno al modelo agro-exportador hegemonizado por una burguesía agrario-financiera que condena a las mayorías nacionales a condiciones de exclusión política y de marginalidad económica y social. Por ultimo, la apertura discriminada y selectiva reivindica una inserción activa, sustantivando la integración al mercado mundial, mediada por la previa integración con países de la vecindad geográfica, sustituyendo importaciones y promoviendo exportaciones industriales competitivas, dentro de mercados ampliados.

 

     Habiendo desarrollando sumariamente el por qué de la necesidad de la integración deberíamos interrogarnos acerca del cómo? y con quién? nos integramos.

 

     América Latina es el área inmediata de concentración y de proyección de nuestras relaciones exteriores. Ab initio deberíamos escoger entre un proceso de cooperación e integración multilateral o  un proceso de cooperación e integración gradual y concertado que seleccione, los países con los cuales iniciar la experiencia de acumulación de poder Regional.

 

     Para resolver el dilema es apropiado efectuar un brevísimo análisis acerca de la situación general de los países de América Latina, partiendo del supuesto de que existen cuatro problemas centrales además, de la situación de crisis orgánica que afecta a toda la Región: deuda externa, conflicto centroamericano, narcotráfico y guerrilla.

 

     Por la índole de los problemas que afectan a las unidades nacionales de América Latina ¿hay una América Latina o existen varias América Latina? Comenzando por el septentrión nos encontramos con un México agobiado por el endeudamiento externo y con status geopolítico especial derivado de su vecindad con Estados Unidos, que se trasunta en el nivel de intercambio bilateral y en las inversiones de la potencia hemisférica en territorio azteca.

                                    

     La zona centroamericana, se encuentra involucrada en un conflicto en el que no están excluidas las dos superpotencias. A pesar del encuentro de Esquípulas II y del acogimiento del Plan Arias, un manto de escepticismo cubre a la pacificación, debido  a la renovada actitud intervencionista de la nueva derecha norteamericana.

 

     El área andina, es víctima de un complejo proceso que añade al  agobio financiero derivado del endeudamiento, la perfomance de grupos armados irregulares y la acción de narcotraficantes. Perú, Colombia y Ecuador, éste último en menor medida, son  víctimas de un complejo proceso de deterioro de la credibilidad institucional. Bolivia, si bien soporta el agobio financiero de su endeudamiento y el crecimiento del poder del narcotráfico, no es víctima de la acción de grupos armados irregulares.

 

 

    En Chile y Paraguay sus poblaciones son víctimas de sendos gobiernos dictatoriales.

 

Argentina, Brasil y Uruguay con sus regímenes de transición hacia la

democracia tienen, junto con Venezuela, una situación comparativamente más desahogada ya que comparten como principal problema el agobio financiero del endeudamiento .

 

     La democracia (o mejor dicho la transición a ella) denominador común

de Argentina, Brasil y Uruguay es conditio sine qua non para emprender un

proceso de cooperación e integración con vistas a la industrialización eficiente y competitiva, desenvuelta dentro de un mercado ampliado.

 

 

2 . Programa de cooperación e integración económica

 

     Los gobiernos de Brasil y de Argentina comparten una serie de acciones en materia de relaciones exteriores. Aquí mencionaremos las que consideramos más destacadas.

 

    Los gobiernos constitucionales de Argentina y Brasil acordaron, con relación a los problemas que amenazan la paz y seguridad en América Central y en el Atlántico Sur, posturas comunes, a través de la creación del Grupo de Apoyo a Contadora y del copatrocinio de la resolución de la XLI Asamblea  General de Naciones Unidas que declaró al Atlántico Sur zona de paz y cooperación, respectivamente.

 

     Con el propósito de proteger sus respectivos procesos de democratización,  trataron infructuosamente de politizar el tema endeudamiento externo mediante la creación del Consenso de Cartagena, para neutralizar el impacto negativo que la restricción financiera produce sobre las transiciones democráticas.

 

     En este contexto y en un orden estrictamente económico, los gobiernos de Brasil y Argentina impulsan y desarrollan un proceso de cooperación e integración a través del Acta de julio de 1986 (Argentina) y de los encuentros de diciembre de 1986 (Brasil) y de julio de 1987(Argentina).

 

     Ambos países firmaron un Acuerdo marco que se complementa con un conjunto de Protocolos que sirven de vehículo para la instrumentación de un proceso que se caracteriza por su gradualidad, flexibilidad e  intrasectorialidad. No hay especialización productiva ya que los dos países intercambian iguales productos y servicios (v.g. bien de capital por bien de capital , trigo por café , etc.).

 

     El Acta es una especie de documento doctrinario de la integración binacional que alude a prerrequisitos, instrumentos que viabilicen el proyecto y objetivos. Los prerrequisitos son la consolidación de los respectivos procesos de democratización y la paz y la seguridad Regional.

 

     El planeamiento y supervisión de la evolución empírica del Acta y los Protocolos, está a cargo de la Comisión de Ejecución del Programa (del lado brasileño, a diferencia de la contraparte  argentina, intervienen las FFAA, a través del Consejo de Seguridad Nacional).

 

     El objetivo del proceso de cooperación e integración es maximizar la capacidad de desempeño de ambos gobiernos. Para el logro del objetivo final y el cumplimiento de los prerrequisitos indicados se recurre a la modernización tecnológica y al crecimiento conjunto. Para materializar la primera se escogen áreas prioritarias en las que uno u otro país tenga ventajas comparativas, que le permitan asistir y transferir tecnología al otro.

 

     Los aspectos seleccionados son el desarrollo tecnológico del sector bienes de capital, la informática, la biotecnología y la energía.

 

     Brasil presenta ventajas comparativas respecto de Argentina, en bienes de capital y en informática; Argentina, en biotecnología y energía nuclear.

    

2.1 Modernización tecnológica                                                                                                         

 

     El sector bienes de capital (Protocolo I) es importante por el impacto que podría ejercer sobre el conjunto del aparato productivo ya que su eficiencia y menores costes, coadyuvarían a la productividad de la economía en su conjunto. Este sector es uno de los más dinámicos de la economía mundial y el volumen de sus intercambios es creciente.  Los bienes de capital se pueden fabricar también en unidades empresariales pequeñas y medianas que operan menos con capital y trabajos intensivos que con inteligencia intensiva, circunstancia que posibilita un aprovechamiento de la capacidad productiva brasileño-argentina. En dicho sector, se proyecta crear una unión aduanera de modo que los productos incluidos en la nómina conjunta tengan un arancel externo común en ambos países. Sin embargo, dentro del mercado binacional tendrán arancel cero y tratamiento de producto local.

 

     América Latina importa anualmente alrededor de veinte mil millones de dólares (U$S 20.000 millones) en bienes de capital, mientras que el intercambio intrarregional es de aproximadamente mil millones de dólares( U$S 1.000 millones), es decir el cinco por ciento (5%) del total comercializado. Las posibilidades de desarrollo y de intercambio de este sector dentro del mercado ampliado argentino-brasileño no es desdeñable.

 

     Ambos países, en el año 1985, se crearon una sociedad anónima               –Latinequip- dentro del marco normativo de la ley de sociedades de Panamá, cuyo capital accionario se repartió, por partes iguales entre tres entidades financieras publicas de América Latina: Nacional Financiera de México Banco del Estado de San Pablo y Banco de la Provincia de Buenos Aires. El propósito de la “multilatina” es el financiamiento de la comercialización de bienes de capital producidos en la Región.

 

     El Protocolo 12 “Cooperación aeronáutica“ prevé la cofabricación de un prototipo en el que un tercio del montaje corresponderá a la Fuerza Aérea Argentina, otro tercio al Ministerio de Aeronáutica de Brasil y el treinta y tres por ciento restante a la Empresa Brasileña de Aeronáutica. La cooperación en el campo de la industria aeronáutica, constituye un caso de desarrollo conjunto de un bien de capital, en la búsqueda de un crecimiento tecnológico y productivo compartidos.

 

     Los gobiernos de Brasil y Argentina suscribieron (enero 1985) un memorando de entendimiento con el propósito de explorar e identificar posibilidades de cooperación en la investigación, desarrollo y capacitación binacional de recursos humanos en el sector de la informática. Este sector fue excluido en las negociaciones de los Protocolos ya que se consideró que no era oportuno incluirlo dentro del Acta porque se suponía a un proyecto en ejecución.

 

     La constitución y funcionamiento de la Escuela Argentino-Brasileña de Informática con sus cursos en Campinas (San Pablo 1986) y otro en Tandil (Buenos Aires 1987), es el logro más importante en este ámbito. Simultáneamente se efectuó un simposio binacional que contó con la presencia de cincuenta (50) investigadores de ambos países, el primero de este tipo en la Región, que permitió definir proyectos conjuntos de investigación.

 

     Brasil está más avanzado que Argentina en el área hardware, ya que registra más de diez años de experiencia en la aplicación de una  política de fomento, con relación a un sector industrial que se desarrolló en un mercado más amplio. Sin embargo, en el área de software no existe una brecha significativa en favor de Brasil.

 

     Otros proyectos debatidos en este sector son la creación de una Asociación Latinoamericana de Servicios Informáticos (ALASEI), que reúna a los productores de software que abastezcan no sólo el mercado binacional sino el Regional.

 

     La biotecnología (Protocolo 9), es un sector industrial que utiliza, a través de procesos tecnológicos, organismos vivos con el propósito proveer productos de alto interés económico. El producto biotecnológico final desmaterializa la producción, disminuyendo o desplazando la importancia de materias primas (v.g. alimentos).

 

     El desarrollo biotecnológico conjunto en las áreas de hormonas vegetales, vacunas animales, cultivo de tejidos y plantas, hormonas reguladoras de la producción animal y manipulaciones genéticas con embriones animales fue priorizado en las negociaciones hasta ahora realizadas.

 

     Se crearon el Centro Argentino – Brasileño de Biotecnología y la Escuela Biotecnológica binacional . El Centro se integró a través de los núcleos de investigación existentes en ambos países . El propósito es apoyar proyectos de desarrollo y aplicación biotecnológica que involucren a universidades e institutos oficiales de investigación, con los empresarios de capital local del sector, con el objeto de producir bienes y servicios comercializables. La opción es clara: o se produce esta asociación o el desarrollo biotecnológico se concentrará  en los laboratorios de las Ets.

     El mercado binacional para este sector alcanza actualmente los cien millones dólares (U$S 100 millones).

 

     El sector energético está desdoblado en sendos Protocolos el “8” de energía, lato sensu, y el “11” y “17” relacionados con la energía nuclear.

 

     Dentro de la hidroelectricidad se acuerda la construcción de la represa de Garabí en el trecho del río Uruguay común a ambos países y la de Pichi-Picún Leufú en la Cuenca del río Limay, en la provincia del Neuquén. La primera de las obras es binacional por su destino, la segunda argentina por su emplazamiento y destino, pero la ejecución de las obras civiles estará a cargo de un consorcio binacional brasileño-argentino. La contraparte brasileña del consorcio financiará el ochenta por ciento (80%) del proyecto y participará en el cincuenta y seis por ciento (56%) de las obras, mientras que la contraparte argentina cumplirá con los porcentajes restantes en financiamiento y ejecución de la obra.

 

     El gas natural es un sector en el que la complementariedad puede articularse con provecho mutuo ya que Brasil importa este producto y la Argentina lo ventea. Para transportar gas argentino hasta territorio de Brasil se están analizando dos proyectos de gasoductos, alternativamente. Uno que uniría la provincia de Salta con el Gran San Pablo -pasando por Foz de Iguazú- con un costo estimado de doscientos cuarenta millones de dólares (U$S 240 millones). El segundo, que vincularía San Jerónimo del Sur (Santa Fe) con Porto Alegre, con un costo de ciento veinte millones de dólares(U$S 120 millones)

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     En el área petrolífera, se prevé la colaboración de Petrobrás con YPF en una unión empresarial transitoria que desarrollará actividades en territorio argentino. Asimismo, se distingue un posible intercambio de máquinas y equipos petrolíferos, mediante exenciones tributarias a la exportaciones e importaciones.

 

     Sin lugar a dudas, el área de la energía nuclear es la más importante del sector energético. Argentina aquí mantiene un liderazgo, a través de la continuidad institucional y operacional de la CONEA. Pilcaniyeu y el centro de excelencia académico de Bariloche (Balseiro) son datos irrecusable del desarrollo alcanzado por Argentina en este sector, sin perjuicio de las dificultades financieras en que se debate el ente promotor de la política nuclear argentina.

 

     Las posibilidades de desarrollo conjunto de la energía nuclear para fines pacíficos no son desdeñables y la visita del presidente Sarney a Pilcaniyeu puede ser el embrión de un desarrollo compartido.

 

     El fortalecimiento de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y el consecuente abastecimiento energético de América Latina, son otros objetivos del Protocolo Energético.

 

 

2.2. Crecimiento Conjunto   

 

     El otro objetivo enunciado en el Acta de Cooperación e Integración Económica para lograr el “bienestar de los pueblos “ y la potenciación de “las autonomías” nacionales es el CRECER JUNTOS.

 

     Los Protocolos 5 y 7 se refieren a las Empresas Binacionales y al Fondo Común de Inversiones, respectivamente.

 

     Un primer paso para materializar la creación de empresas binacionales es la redacción de un estatuto tipo que permita la integración productiva de empresas públicas, privadas o mixtas de ambos países ya que los consorcios existentes a la fecha son Uniones Empresariales Transitorias que, en la República Argentina están reguladas por la ley de sociedades comerciales (cf. Capitulo III, sección II). Dichas uniones son efímeras ya que se constituyen para el desarrollo o ejecuciones de una obra, servicio o suministro concreto.

 

     El Grupo de Trabajo Encargado de la redacción del estatuto deberá resolver -a través de un tratado- temas relacionados con la inversión de capitales de un país en el otro, transferencia de tecnología, remesa de utilidades, etc. La experiencia de países del Tercer Mundo en este tipo de emprendimientos multinacionales es rica y variada (Itaipú, Ente Binacional Yaciretá, Comisión Técnica Mixta del Salto Grande, Decisión 46 del Pacto Andino, Namucar S.A., Latinequip S.A., Cia. Arabe de Servicios Petroleros, East African Airways Corporation, etc. ).

 

     El Fondo Común de Inversiones que se constituye con un capital de doscientos millones de dólares(U$S 200 millones), suscrito por partes iguales, por los respectivos Bancos Centrales, tiene como objetivo promover la creación de empresas binacionales priorizando el sector bienes de capital.

 

     Este Fondo operaría como un mercado binacional de capitales destinados a financiar proyectos productivos binacionales, estimulando la participación del sector financiero privado de ambos países. Asimismo, el Fondo equilibrará las balanzas comerciales de cada país, según corresponda, al final de cada ejercicio anual.

 

     El Fondo Común de Inversiones, las Empresas Binacionales y la Moneda Común (Protocolo 20), son medidas destinadas a ampliar los mercados locales, dando una respuesta binacional a la creciente transnacionalidad que padecen los dos países.

 

     La emisión de la moneda común será garantizada por ambos Bancos Centrales y su función es tender a resolver el agravamiento de la iliquidez que la expansión comercial y la integración productiva  generarían.

 

 

CONCLUSIONES

 

      El objetivo del Acta de Cooperación e Integración es brindar una respuesta binacional a la creciente trasnacionalidad que afecta la capacidad de decisión nacional de cada país, así como gestar núcleos de investigación y desarrollo que participan de la revolución científico – tecnológica que  está transformando al sistema mundial.

 

     El  cumplimiento de las metas está subordinado a la consolidación de los regímenes en transición hacia la democracia de la Región, la paz y la seguridad de América Latina.

 

     La consolidación de la democracia fortalecería el proceso iniciado y permitiría la incorporación de países como Chile y Paraguay al proceso de cooperación e integración.

 

     La paz  y la seguridad Regional consolidaría el proyecto de integración, sea en América Central mediante la incorporación concertada de países centroamericanos que convivan dentro del pluralismo ideológico, sea en el Atlántico Sur ya que el establecimiento de una zona de paz y cooperación activaría la cooperación y el intercambio afrolatinoamericano.

 

     La modernización tecnológica y el crecimiento conjunto  viabilizarán la reestructuración de las dos economías. Asimismo, la expansión comercial y el Centro de Altos Estudios Económicos (Protocolo 10) coadyuvarán a constituir un embrión de mercado común.

 

     Cuáles son las acechanzas que se ciernen sobre el eventual cumplimiento de los objetivos del Acta de Cooperación e Integración y sus respectivos Protocolos? A este respecto, cabe discriminar entre aquellos de carácter nacional, relacionados con  sectores sociales y economías subnacionales y los de carácter  continental relacionados a los demás países de América Latina.

 

     El sector empresarial que manifestó mayor interés y que lideró las negociaciones es numéricamente reducido y económicamente concentrado (transnacionales y grupos oligopólicos locales  ). Las pequeñas y medianas empresas participan (del lado argentino ), a través de la Confederación General de la Industria (CGI), en las negociaciones relacionadas con el Protocolo I (bienes de capital ). Sin embargo, un análisis de los Protocolos que vehiculizan la Modernización tecnológica, prueban que el núcleo dinamizante de los acuerdos involucra al sector publico y al capital local de mediana y pequeña dimensión (energía, informática, biotecnología, y bienes de capital).

 

     El sector trabajador, a pesar de un reclamo binacional (Lula – Ubaldini), no tuvo ni tiene participación en las negociaciones. Las fusiones, asociaciones y emprendimientos conjuntos transitorios y/o permanentes de carácter  binacional, pueden traer aparejado efectos negativos  para  los intereses de los trabajadores, razón por la que estimamos necesaria su participación en las negociaciones.

 

     Si nos atenemos a la relevancia que los Protocolos acuerdan al núcleo vehiculizador de la modernización tecnológica, deviene imprescindible que representantes de economías subnacionales participen en las negociaciones para que sean usufructuarías de este proceso de cooperación e integración, al par que no se menoscaban sus intereses.

 

     La participación del sector sindical; de jurisdicciones subestatales; de entidades representativas de empresas de porte  mediano y pequeño, asistidos por la acción reguladora de las instancias publicas, evitará que los sectores transnacionales y oligopólicos locales sean los que  monopolicen, administren  y usufructúen de este proceso de cooperación e integración, agravando o congelado desigualdades sociales y /o subnacionales dentro de cada país.

 

      A nivel latinoamericano, la creación de un polo de poder binacional puede consagrar – existe esa amenaza - una  sub- hegemonía, en detrimento de los demás países o bien, por el contrario, puede convertirse en un reto que sirva de acicate a la unidad de países medianos y pequeños . Un polo de poder alternativo al de Estados Unidos, aunque de otra entidad, puede brindar algún  margen de maniobra a los pequeños y medianos países de América Latina.

 

     Por otra parte, la situación de América Latina nos induce a considerar que la opción para integrarse no es bilateralismo vs. multilateralismo, sino selectivismo, a través de un proceso gradual y concertado, en la medida que se cumplan los prerrequisitos del Acta de julio de 1986.

 

     Brasil y Argentina deberían promover la incorporación de otros países a la proyectada unión aduanera. Uruguay y Venezuela se vislumbran como los candidatos inmediatos. Con relación a Uruguay, tanto Argentina como Brasil han celebrado una serie de acuerdos que nutren la idea de que se convertirá en el tercer socio del Acuerdo.

 

     La importancia de Venezuela como asociado está fuera de discusión. Su condición de país mediano, petrolero y tercer importador de bienes de capital de América Latina hacen necesaria su incorporación a este proyecto de cooperación e integración iniciado por Brasil y Argentina. La alianza de estos cuatro (4) socios, más Chile y Paraguay, podría garantizar la sobrevivencia del continente dentro de un mundo trasnacionalizado y en vísperas de un probable reordenamiento.

                                                                                                                                      

Referencias bibliográficas

 

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2)        O’Donnell G. “El Estado burocrático autoritario”. Ed. Belgrano, Bs. As. 1982.

3)        Abalo C. “Modernidad y Modernización”, Confrontación, Año I, N° 2, Bs. As. Diciembre de 1986.

4)        Brasil – Ministerio de Relaciones Exteriores, “Bienes de Capital, el peso de la experiencia brasileña”, Brasil Comercio e Industria, ed. en español N° 77, Brasilia, Noviembre de 1986.

5)        Cámaras de Comercio Argentino–Brasileña de Buenos Aires, Río de Janeiro y San Pablo “Brasil – Argentina”, N° 40 (especial) Año V, 1986.

6)        Cámaras de Comercio Argentino–Brasileiras de Buenos Aires, Río da Janeiro e Sao Paolo, N° 41, Año V, 1986.

7)        Argentina, Banco de la Provincia de Buenos Aires. Latinequip, Buenos Aires 1985.

8)        Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores. Acta de Cooperación e Integración Económica Argentino-Brasileña y Protocolos de Buenos Aires, julio de 1986; Acta y Protocolos de Brasilia, diciembre de 1986; Protocolos de Viedma, julio de 1987.

9)        Junne G.: “La biotecnología: sus efectos sobre el comercio mundial y la división internacional del trabajo”, ed. Fundación Ebert, Buenos Aires 1986.

10)    Bruno C. - Dudiuk P. ”Integración Argentina – Brasil” ed. Fundación Ebert, Buenos Aires 1986.

11)    BID-INTAL: “El Proyecto de Integración Argentino-Brasileño”, Integración Latinoamericana, Año 12, N°122, Buenos Aires Abril 1987.

12)    Argentina “Ambito Financiero”: Suplemento especial “Argentina – Brasil hermanos en el desarrollo “, Buenos Aires 14/8/87.

13)    Pineda S. y otros: Integración: Meta Histórica. El Despertar de América Latina (Argentina – Brasil –Uruguay) Prisma Latinoamericano. Año 12, N°172, La Habana, Diciembre 1986.