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ARGENTINA Y LA UNIÓN AMERICANA Alberto J. Sosa Octubre 2000 1) INTRODUCCIÓN En estos últimos tiempos el AREA
DE LIBRE COMERCIO AMERICANA (ALCA), recuperó los espacios mediáticos a raiz de
la “infidencia estadounidense” de que su país está negociando un tratado de
zona de libre comercio (ZLC) con la República de Chile. Hace ya más de un siglo, EUA había propiciado una alianza hemisférica
en la Conferencia Panamericana de Washington (1890). Dicha unión implicaba la
construcción de una unión aduanera y la vigencia de una moneda única. Eran
épocas en que los destinos del mundo estaban regidos por el Imperio Británico y
los EUA aspiraban perfeccionar y complementar la Doctrina Monroe, evitando
intromisiones del “Viejo Mundo” en el “Nuevo Mundo”. Los EUA ejercían
“influencia” en México, América Central
y en el Caribe hispano. Su largo brazo no había llegado hasta América del Sur,
territorio que para entonces se hallaba bajo la esfera de influencia del Reino
Unido. Entonces, la Unión Panamericana no llegó a nacer. Entre otras
razones se puede señalar la oposición argentina al proyecto
estadounidense. Argentina mantenía una
asociación preferencial con la potencia hegemónica de ese momento, que se
trasuntaba en su política exterior anglófila y antipanamericanista. A continuación, enumeramos
diversas iniciativas de cooperación e integración, vigentes en las Américas. 2) TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE
AMERICA DEL NORTE (NAFTA,siglas en inglés) El fin de la guerra fría aceleró
el interés de EUA por resguardar su geografía de intromisiones foráneas. Ubicado entre dos océanos y flanqueado
por dos Estados de menor desarrollo relativo
que el suyo, se asoció a México y Canadá para configurar una Zona de
Libre Comercio (ZLC) con libre movilidad de bienes, servicios y capitales, pero
con la exclusión de la movilidad de las personas. El hipotético crecimiento
económico mexicano desmotivaría a sus ciudadanos a desplazarse hacia EUA y
reduciría gradualmente la “invasión pacífica” de la población vecina. Por otra
parte, el establishment de EUA razonaba
que si México se asociaba a los EUA y también a Canadá modificaría sus
usos y costumbres políticas que, desde hacía aproximadamente setenta años,
estaban regidas por las prácticas del partido revolucionario institucional
(PRI). Uno de los probables desarrollos
del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA) era su
expansión abarcando y abrazando la geografía hemisférica de las Américas. EUA y/o el NAFTA suscribirían
acuerdos de libre comercio bilaterales con sus vecinos hemisféricos. El Chile
democrático presidido por Aylwin fue
tentado por EUA para asociarse al
NAFTA. Sin embargo, dicho proyecto fracasó. El Congreso de EUA no concedió el
fast-track (trámite rápido) al Departamento Ejecutivo y las negociaciones
languidecieron. El trámite rápido significa que el Congreso concede mandato a
su Presidente para conducir las negociaciones comerciales, reservándose la
facultad de aprobar o desaprobar “in totum” el convenio suscripto. El
Departamento Legislativo de EUA no puede introducirle modificación alguna. El Congreso de EUA exige al Presidente de su país que las negociaciones incluyan Protocolos laborales
y medioambientales. El Protocolo laboral para garantizar la vigencia de
estandares laborales mínimos en el país asociado (por ejemplo, en Chile), así
como el efectivo cumplimiento de estandares ecológicos. Por otra parte, estos
Protocolos tienden a evitar que las firmas estadounidenses desplacen antiguas o
nuevas inversiones aprovechando la desprotección laboral y/o medioambiental de
Estados carentes de normativa adecuada al respecto o incumplidores de las
mismas. Sin embargo, dichos Protocolos no tienen aún plena vigencia dentro del NAFTA. 3) MERCOSUR Los gobiernos de Argentina y de
Brasil, a través de los Presidentes Alfonsín-Sarney, acordaron una alianza
política y económica cuando recuperaron
sus respectivos gobiernos democráticos. Los Presidentes Menem y Collor,
que sucedieron a los anteriores, ratificaron y ampliaron dicho compromiso a
través del proyecto MERCOSUR que incorporó a Uruguay y Paraguay. La alianza del
MERCOSUR, a pesar de sus tropiezos, funcionó aceitadamente hasta diciembre de 1995, cuando se firmó el
Protocolo de Ouro Preto que homologó la Unión Aduanera imperfecta vigente hasta
la fecha. Sin embargo, cabe evocar que desde
la puesta en marcha del plan de convertibilidad y hasta diciembre de 1994 (tequilazo) la economía
argentina había experimentado un pronunciado crecimiento en su PBI. Esos años
de “aparente bonanza”, llevaron a los responsables de la conducción económica y
política de Argentina a mimetizarse con el modelo mexicano de Salinas de
Gortari, considerado la nave insignia de las economías periféricas por el
establishment financiero internacional. El oportunismo de la élite argentina se
tradujo en actos de exhibicionismo, de recomendaciones y críticas a Brasil y a
un coqueteo con el México de Salinas y con el EUA de George Bush. Las
relaciones exteriores de Argentina, no obstante su “compromiso mercosurista”, no abandonaron sus fantasías
asociativas con EUA a través de su adhesión al NAFTA o la firma de un convenio
bilateral con EUA. México y Chile eran las “niñas mimadas” del establishment
internacional, a pesar de sus rasgos de
autoritarismo político (Pinochet comandante en jefe del ejército chileno y los dinosaurios del PRI, respectivamente).
La debacle de Salinas suspendió los “sueños argentinos”, aunque continuó su
esquizofrenia diplomática. Si México es el interlocutor latinoamericano
privilegiado de EUA a nivel económico-comercial, en la etapa de la
globalización, Argentina sigue sus
pasos, aunque caricaturescamente, a nivel “estratégico-militar”, a través de su
alianza extra-OTAN con la potencia rectora de los destinos mundiales. La caída de México devolvió a la
Argentina a su espacio sudamericano, de la mano de Itamaraty que, a través
del entonces Presidente brasileño
Itamar Franco, lanza el proyecto de ÁREA DE LIBRE COMERCIO SUDAMERICANA (ALCSA)
o articulación de los proyectos integrativos de MERCOSUR Y ASOCIADOS (Chile y
Bolivia) con la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES (CAN). 4) CHILE-EUA El gobierno chileno expresó que el
proyecto de Tratado de ZLC con EUA es un simple convenio comercial bilateral,
mientras que MERCOSUR es un proyecto
estratégico (cfr. declaraciones del
vicecanciller chileno Heraldo Muñoz). Por su parte, el gobierno de EUA
no aclaró si este proyecto de convenio con Chile contendrá Protocolos tipo
Laboral o Medioambiental o si será un convenio comercial bilateral como el que
suscribió recientemente con Jordania (que no incluye este tipo de Protocolos).
Sin embargo, el proyecto de Tratado Chile-EUA, una vez discutido por los
respectivos Departamentos Ejecutivos debe ser aprobado (con o sin enmiendas) o
aún desechado por el Congreso del
Gobierno Federal de EUA. Por otra parte, se produjeron
novedades respecto de la eventual fecha de
vigencia del ALCA. Mientras el ministro de Economía de Argentina
(Machinea), saludó el proyecto de convenio Chile-EUA, declarando que su país
debía imitar el ejemplo chileno y además que debía anticiparse la fecha de
vigencia del ALCA al año 2003. El ministro de Relaciones Exteriores de
Argentina (Rodríguez Giavarini), manifestó que no estaba de acuerdo con el
comportamiento chileno de negociar con EUA un convenio comercial a hurtadillas
del MERCOSUR, aunque sí propiciaba el adelantamiento de la fecha de vigencia
del ALCA para el 2004. También discordó con el ministro de Economia de su país,
cuando declaró que MERCOSUR debía bajar sus aranceles y ponerlos al nivel
de los aranceles chilenos. Si MERCOSUR
baja aún más sus aranceles, se autodespoja de su mínima capacidad de
negociación comercial con EUA (cuando pida que EUA reduzca y/o elimine sus
subsidios agrícolas no va a tener nada que ofrecer a cambio para lograr su
objetivo de liberalizar el comercio agrícola intrahemisférico). La rebaja o
eliminación de aranceles implica para gobiernos como el argentino debilitar su
capacidad recaudatoria en épocas de graves dificultades financieras.
Finalmente, el Presidente argentino De La Rúa, en la Cumbre de MERCOSUR y
ASOCIADOS de Florianópolis, despejó dudas cuando manifestó que Argentina
negociaría el ALCA dentro del MERCOSUR y que aquél debería entrar en vigencia
en el 2005. Brasil atacó la “traición chilena”, suspendiendo las
negociaciones del MERCOSUR para debatir la incorporación de Chile como miembro
pleno del colectivo regional. La actitud chilena respecto del
NAFTA, es una “política de Estado” que involucra a “pinochetistas”, a los
gobiernos de la “concertación” presididos por la democracia cristiana de Aylwin
y Frei, así como por el socialista Lagos. El Congreso brasileño citó al
diplomático José Alfredo Graca Lima, principal negociador comercial externo del
país, para debatir el tema ALCA y sus derivaciones para Brasil, en una
audiencia pública, ante una Comisión específica (cfr. EL PAÍS de Montevideo,
14/9/2000). La actitud del gobierno brasileño
(o de un importante sector del mismo), es congruente con su respaldo al
proyecto ALCSA, en contraste con el gobierno argentino que no mira más allá de
la coyuntura y marcha a la deriva. Sin embargo, el gobierno argentino debería
contar con un diagnóstico de situación
económico-social de las economías provinciales y elaborar una estrategia
conjunta con sus asociados del MERCOSUR. Es obvio que negociar con la principal potencia mundial sin objetivos y sin
estrategias sería demencial, cuando no suicida. Washington aspira que se negocien
temas como acceso a mercados, servicios, inversiones, derechos de propiedad
intelectual, compras gubernamentales, solución de controversias, y políticas de
competencia. MERCOSUR y el proyecto ALCSA deben aspirar a que se contemplen las
asimetrías hemisféricas. NAFTA explica el 89% del PBI de las Américas, MERCOSUR
el 8% y el resto de América Latina y el Caribe el 3%. Debe discutirse cuál es
el rol de las sociedades de MERCOSUR y del ALCSA, porque los modelos económicos
vigentes en los países miembros de
dichos conglomerados, distan de ser satisfactorios. Además, los ejemplos de Chile y de
México no resultan excitantes. Por un lado, el modelo chileno con una economía
cuasi-primarizada, exportadora de commodities
y de algunos bienes con exiguo valor añadido y eventualmente algunos
servicios; por otro el modelo factoría de México con sus maquiladoras y
fábricas de bienes utilizadoras de mano de obra con poca calificación. Cuál es
el proyecto argentino? El chileno, el mexicano o deja el futuro de su
ciudadanía librado al azar? 5) ALCSA El proyecto ALCSA parte de la
hipótesis de la inevitabilidad del ALCA y de la necesidad de forjar una masa
crítica en América del Sur para negociar en las mejores condiciones posibles
con los EUA. Otro de sus puntos de vista es que América Central y el Caribe
forman parte de la natural zona de influencia de EUA. México, no obstante su
identidad cultural latinoamericana,
geoeconómica y políticamente es parte integrante del NAFTA. América del
Sur no es igual a América Latina. América del Sur tiene vínculos culturales,
históricos y puede llegar a concretar vínculos operativos de carácter político,
económico, social y medioambiental. No es conveniente que los Estados miembros
de América del Sur se presten a una negociación de tipo radial convergente con
los EUA, de modo que cada uno de ellos negocie su vínculo comercial bilateral
con la potencia hegemónica. Por el contrario, los sudamericanos deberían
negociar como MERCOSUR, como CAN -o eventualmente- y en el mejor de los casos
como ALCSA, su incorporación al ALCA. A pesar de los pronunciamientos de
los Presidentes de los Estados de Argentina, Brasil y Chile sobre presuntas
alianzas estratégicas, poco o nada se avanzó en este aspecto. Salvo el gobierno
brasileño y en modo especial algunas de sus agencias gubernamentales, el
espectro gubernamental, político, empresarial y hasta cierto punto académico y
social de los otros dos países, aparenta estar comprometido con el corto plazo
y no mirar más allá de sus narices. El gobierno brasileño convocó en
septiembre del 2000 a la 1ª. Cumbre de Presidentes Sudamericanos que sesionó en
Brasilia. Allí se conversó sobre el ALCA y sobre el ALCSA, con una gran
variedad de matices. Desde el sudamericanismo bolivariano del Presidente
venezolano, hasta la postura
colombiana. En medio de dichas posturas, se encontraron las voces de los
Presidentes de Argentina y de Chile. El Presidente De la Rúa expresó que
Argentina respaldaba el MERCOSUR pero no el ALCSA.( cfr. Folha de Sao Paulo
“Presidentes divergem em tom de discurso”, 1/9/2000). En dicha Cumbre el Presidente de Brasil señaló la necesidad de
la asociación vecinal para el tratamiento de un conjunto de cuestiones que
afectan las condiciones de vida de los sudamericanos, así como el uso
compartido de los recursos que deben administrarse y protegerse de la mejor
forma posible. Dicha Cumbre indicó que es
necesario focalizarse en pocos temas para concentrar energías y obtener
resultados, por ejemplo: a) democracia.
Consolidar la democracia en América del Sur, porque ella no se agota en la
periódica votación para elegir
autoridades. Democracia significa vigencia de derechos individuales y sociales
que no alcanzan a amplios sectores de nuestro continente, sea porque no se
efectivizan o porque están en
retroceso. Amplias franjas de población no ejercen derechos elementales porque
son desconocidos o violados o porque “carecen de acceso a la justicia”. La
democracia requiere de una ciudadanía conciente y responsable de sus derechos y
también de sus obligaciones. b) integración. Consolidar
y articular los diversos esquemas integrativos vigentes: MERCOSUR Y ASOCIADOS;
la CAN, ALADI. Asimismo, debería analizarse la hipótesis de su inmediata y
probable convergencia. c) infraestructura. La
infraestructura de la integración que vincule y acerque a las sociedades.
Ningún proceso de integración es factible sin infraestructura que ligue a los
países entre sí a través de carreteras, ferrocarriles, hidrovías, gasoductos,
oleoductos, redes de transmisión, telecomunicaciones, etc. Esta tarea debe
contar, de acuerdo a lo acordado en la citada Cumbre, con el soporte técnico y
financiero del BID, de la Corporación Andina de Fomento (CAF), de Fonplata y
del sector empresarial privado. d) combate al
crimen organizado y al tráfico de drogas. Estos problemas afectan a todas
las regiones y continentes del mundo. En América del Sur, este fenómeno exhibe
características propias, que pueden
enfrentarse en mejores condiciones si
se coordinan esfuerzos. e) configuración de una
confederación de Estados sudamericanos. Moldear la Confederación de
Estados sudamericanos que vinculará a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay con
Bolivia, Perú, Venezuela, Ecuador y Colombia. Chile y Bolivia, asociados al
MERCOSUR, al igual que Surinam y Guyana, participarían de esta Iniciativa. Para la óptima concreción de este
proyecto, es menester que los Estados sudamericanos ejerzan sus soberanías de
modo flexible y compartido, encuadrándose en esquemas organizacionales que
regulen la ingerencia de unos en asuntos domésticos de otros, renunciando al
uso de la fuerza entre ellos y procurando la seguridad a través de la mutua
vulnerabilidad y de códigos de conducta pactados. Tanto Argentina como Brasil y los demás Estados deben abandonar
políticas hegemónicas en América del Sur. Los Estados sudamericanos, deben
agruparse e integrarse para poner fin a los intentos de hegemonismo de un país
o de un grupo de países sudamericanos sobre el resto, así como a los inestables
equilibrios de poder regionales. Para ello nada mejor que planificar y efectivizar las tareas enunciadas y poner en
común sus recursos al servicio de un
proyecto compartido. Asimismo, las diversas regiones y
entidades subestatales de América del Sur deberían priorizar sus relaciones
“fronteras adentro” del bloque, a través de la construcción de un vasto mercado
y de un esquema de poder sustentado en una red de gobiernos y comunidades locales,
subestatales, estatales y supranacionales que las vincule, fortaleciendo sus roles y funciones en un mundo
globalizado y de poderosos bloques económico-comerciales y aún
político-militares. |