EL PROGRAMA DE COOPERACION E INTEGRACIÓN

ARGENTINA-BRASIL *(1988)

 

 

Alberto J. Sosa

 

 

 

*Ponencia preparada para el “Seminario El Proyecto Patagónico”. San Carlos de Bariloche, Río Negro. 16, 17 y 18 de junio de 1988, organizado por la Fundación F. Ebert. Se analiza el Programa de Cooperación argentino-brasileño, que sirvió de base para la  posterior construcción del MERCOSUR.

 

 

 

 

Programa de cooperación e integración económica

 

            Los gobiernos de Brasil y de Argentina comparten una serie de acciones en materia de relaciones exteriores. Aquí mencionaremos las que consideramos más destacadas.

 

                Acordaron posturas comunes con relación a los problemas que amenazan a la paz y seguridad en el Atlántico Sur y en América Central,  a través del copatrocinio de la resolución de la XLI Asamblea General de  Naciones Unidas que declaró al Atlántico Sur zona de paz y cooperación y de la creación del Grupo de Apoyo a Contadora, respectivamente.

 

            Con el propósito de proteger sus respectivos procesos de democratización trataron infructuosamente de politizar el tema endeudamiento externo, mediante la creación del Consenso de Cartagena para neutralizar el impacto negativo que la restricción financiera produce sobre las transiciones democráticas.

 

            Asimismo, los gobiernos de Brasil y de Argentina impulsan y desarrollan un proceso de cooperación e integración a través del Acta de julio de 1986 (Argentina) y de los encuentros de diciembre de 1986 (Brasil), de julio de 1987 (Argentina) y abril de 1988 (Brasil).

 

            Ambos países firmaron un acuerdo marco que se complementa con un conjunto de protocolos que sirven de vehículo para la instrumentación de un proceso que se caracteriza por su gradualidad, flexibilidad e intrasectorialidad. No hay especialización productiva porque los dos países intercambiarían bienes similares (v.g. bien de capital por bien de capital, trigo por café, etc.).

 

            El Acta (julio 1986), es una especie de documento doctrinario de la integración binacional ya que alude  a prerrequisitos, instrumentos que viabilizarán el proyecto y objetivos a alcanzar. Los prerrequisitos son la consolidación de los respectivos procesos de democratización y la paz y seguridad Regionales.

 

            El planeamiento y supervisión de la evolución empírica del Acta y los protocolos estará a cargo de la Comisión de Ejecución del Programa (del lado brasileño, a diferencia de la contraparte argentina, participan las FF.AA. a través del Consejo de Seguridad Nacional).

 

            El objetivo del proceso de cooperación e integración es maximizar la capacidad de desempeño de ambos gobiernos. Para el logro de este objetivo y el cumplimiento de los prerrequisitos indicados se recurrirá a la modernización tecnológica y al crecimiento conjunto . Para materializar la modernización tecnológica se escogen áreas prioritarias en las que uno u otro país tenga ventajas comparativas que le permitan asistir y transferir tecnología al otro.

 

            Los aspectos seleccionados son el desarrollo tecnológico del sector bienes de capital, la informática, la biotecnología y la energía nuclear con fines pacíficos.

 

            Brasil presenta ventajas comparativas respecto de Argentina en bienes de capital y en informática; Argentina en biotecnología y en energía nuclear.

 

 

4.1. Modernización tecnológica

 

            El sector bienes de capital (Protocolo I) es importante por el impacto que ejerce sobre el conjunto del aparato productivo ya que la eficiencia y reducción de costos coadyuvan a la productividad de la economía en su conjunto. Este sector es  uno de los más dinámicos de la economía mundial y el volumen de los intercambios es creciente.  Los bienes de capital se fabrican también en firmas pymes de base tecnológica que operan con inteligencia intensiva, posibilitando un apropiado aprovechamiento de la capacidad productiva brasileño-Argentina. En el sector bienes de capital se proyecta crear, en el mediano plazo, una unión aduanera, para que los bienes incluidos en la nómina conjunta tengan una tarifa externa común. Sin embargo, dentro del mercado binacional tendrán arancel cero y tratamiento de producto local.

 

            América Latina importa anualmente alrededor de veinte mil millones de dólares en bienes de capital, mientras que el intercambio intrarregional es de aproximadamente mil millones de dólares (el cinco por ciento del total comercializado). Las posibilidades de desarrollo y de intercambio de este sector dentro del mercado ampliado argentino-brasileño no es desdeñable.

 

            Ambos países ( 1985), crearon una sociedad anónima –Latinequip-que se sometió a la ley de sociedades de Panamá y cuyo capital accionario se repartió, por partes iguales, entre tres entidades financieras públicas de América Latina: Nacional Financiera de México, Banco del Estado de San Pablo y Banco de la Provincia de Buenos Aires. El propósito fundamental de la multilatina es el financiamiento de la comercialización de los bienes de capital producidos en la Región.

 

            El Protocolo 12 “Cooperación Aeronaútica” prevé la cofabricación de un prototipo en el que un tercio del montaje corresponderá a la Fuerza Aérea Argentina, otro tercio al Ministerio de Aeronáutica de Brasil y el treinta y tres por ciento restante a la Empresa Brasileña de Aeronáutica. La cooperación en el campo de la industria aeronáutica constituye un caso específico de desarrollo conjunto de un bien de capital, en la búsqueda del crecimiento tecnológico y productivo compartido.

 

            Los gobiernos de Brasil y Argentina suscribieron (enero 1985) un memorando de entendimiento, con el propósito de explorar e identificar posibilidades concretas de cooperación en la investigación, desarrollo y capacitación binacional de recursos humanos en el sector de la informática. Este sector fue excluido en las negociaciones de los protocolos ya que se consideró que no era oportuno incluirlo dentro del Acta porque se superponía a un proyecto en ejecución.

 

            La constitución y funcionamiento de la Escuela Argentino- Brasileña de Informática con sus cursos en Campinas (San Pablo-1986), en Tandil (Buenos Aires- 1987) y Curitiba (Paraná –1988), es el logro más importante en este ámbito. Asimismo, se efectuó un simposio binacional que contó con la presencia de cincuenta investigadores de ambos países, el primero de este tipo en la región, que permitió definir nuevos proyectos conjuntos de investigación.

 

            Brasil registra mayores avances que Argentina en el área hardware, ya que tiene más de diez años de experiencia en la aplicación de una política de fomento a un sector industrial que se desarrolló en un mercado más amplio. Sin embargo, en el área de software no existe una brecha significativa a favor de Brasil.

 

            Otros proyectos debatidos en este sector se relacionan con la creación de una Asociación Latinoamericana de Servicios Informáticos que reúna a los productores de software que abastezcan no sólo el mercado binacional sino el Regional.

 

            La biotecnología (protocolo 9), es un sector que utiliza, a través de procesos tecnológicos, organismos vivos con el propósito de proveer bienes de alto interés económico. El producto biotecnológico final desmaterializa la producción, disminuyendo o desplazando la importancia de las materias primas (v. g. alimentos).

 

            El desarrollo biotecnológico conjunto en las áreas de hormonas vegetales, vacunas animales, cultivo de tejidos y plantas, hormonas reguladoras de la producción animal y manipulaciones genéticas con embriones animales fue priorizado en las negociaciones realizadas.

 

            Se crearon el Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología y la Escuela Biotecnológica binacional. El Centro se integró a través de los núcleos de investigación  existentes en ambos países. El propósito es apoyar proyectos de desarrollo y aplicación biotecnológica que involucren a universidades e institutos oficiales de investigación con los empresarios de capital local del sector con el objeto de producir bienes y servicios comercializables. La opción es clara: o se produce esta asociación o el desarrollo biotecnológico se concentrará  en los laboratorios de las empresas transnacionales.

 

            El mercado binacional para este sector alcanza los cien millones de dólares.

 

            El sector energético esta desdoblado en sendos protocolos, el “8” de energía, lato sensu, y el “11” y “17” relacionados con la energía nuclear.

 

            Dentro de la hidroelectricidad se acuerda la construcción de la represa de Garabí en el trecho del río Uruguay común a ambos países y la de Pichi- Picún Leufú en la Cuenca del río Limay, provincia de Neuquén. La primera de las obras es binacional por su destino; la segunda exclusivamente argentina por su emplazamiento y destino, pero la ejecución de las obras civiles estará a cargo de un consorcio binacional brasileño- argentino. La contraparte brasileña del consorcio financiará el ochenta por ciento del proyecto y participará en el cincuenta y seis por ciento de las obras, mientras que la contraparte argentina cubrirá los porcentajes restantes en el financiamiento y ejecución de la obra.

 

            El gas natural es un sector en el que la complementariedad es posible, porque Brasil importa este producto y la Argentina lo ventea. Para transportar gas argentino hasta territorio de Brasil se están analizando dos proyectos de gasoductos alternativos. Uno que uniría la provincia de Salta con Gran San Pablo pasando por Foz de Iguazú, con un costo estimado en doscientos  cuarenta millones de dólares, y el segundo que vincularía San Jerónimo del Sur (Santa Fe) con Porto Alegre, con un costo de ciento veinte millones de dólares.

 

            En el área petrolífera, se prevé la colaboración de Petrobrás con YPF en una unión empresarial transitoria dedicada a actividades exploratorias en territorio argentino. Asimismo, se discute un posible intercambio de máquinas y equipos petrolíferos mediante exenciones tributarias a las exportaciones e importaciones.

 

            El área de la energía nuclear  es la más importante del sector energético. Argentina mantiene un liderazgo, a través de la continuidad institucional y operacional de la Comisión Nacional de Energia Atómica ( CONEA). Pilcaniyeu y el centro de excelencia académico de Bariloche (Balseiro) son evidencias del desarrollo alcanzado por Argentina en este sector, sin perjuicio de las dificultades financieras en que se debate el ente promotor de la política nuclear en nuestros días.

 

            Las posibilidades de desarrollo conjunto de la energía nuclear para fines pacíficos no son desdeñables y la visita del presidente Sarney a Pilcaniyeu y de Alfonsín a Iperó constituyen el embrión de un desarrollo compartido.

 

            El fortalecimiento de la Organización Latinoamericana de Energia (OLADE) y el consecuente autoabastecimiento energético de América Latina consta, también, dentro de los objetivos del protocolo energético.

 

 

2. Crecer juntos

 

            El Acta de Cooperación e Integración está constituida por un conjunto de proyectos o protocolos que pueden agruparse en : productivos  (bienes de capital, alimentario, automotriz, siderúrgico), financieros (fondo común de inversiones, unidad monetaria, asuntos financieros); de infraestructura; energéticos; comerciales, etc. Asimismo, hay protocolos que hacen al proceso de cooperación binacional, como pueden ser los que promueven y facilitan el intercambio mercantil y otros que operan como inductores de la integración al promover y facilitar la confluencia productiva binacional (empresas binacionales, fondo común de inversiones, Umab).

 

            Dentro de los protocolos productivos los de mayor importancia son el de bienes de capital, el automotriz y el alimentario.

 

            El sector bienes de capital fue priorizado por ambos gobiernos para que crezca más que ningún otro sector de la economía, porque franquea las puertas de entrada hacia una mayor eficiencia y productividad que se proyecta sobre el conjunto de la economia. Las pymes del sector desempeñan un rol predominante tanto en Argentina como en Brasil por su significación productiva.

 

            El protocolo de la industria automotriz regula la actividad de grupos económicos de capital transnacional y de pymes autopartistas. El protocolo alimentario regula la actividad de grupos locales económicamente concentrados.

 

            El protocolo N° 21, referido a la industria automotriz establece un régimen de beneficios para el intercambio de vehículos terminados y de partes, piezas y componentes. Para los vehículos terminados se estipula un cupo máximo exportable para cada país de 5.000 vehículos (1989) y de 10.000 vehículos (1990). Para las partes, piezas y componentes destinados a la producción se establece un cupo intercambiable de U$S 150 millones (1989).

 

            El protocolo N° 22 comprende el intercambio de alimentos, con algún grado de transformación, destinado al consumo humano. A tales efectos se incluye un universo de posiciones arancelarias amplio para permitir que la lista de productos negociados a fines de 1993 comprenda el 50% del universo arancelario.

 

            Los protocolos 5, 7 y 20, se refieren a las empresas binacionales, al fondo común de inversiones y a la moneda común, respectivamente.

 

            Un primer paso para materializar la creación de empresas binacionales argentino- brasileñas(EBAB) es la redacción y aprobación legislativa de un estatuto que permita la integración de empresas públicas, privadas o mixtas de ambos países.  Los consorcios binacionales existentes son uniones transitorias empresariales (UTEs) que (en la República Argentina) están reguladas por la ley de sociedades comerciales (cf. Capítulo III, Sección II) y en Brasil por el Capítulo XXII de la ley 6404 de sociedades. Dichas uniones o consorcios se constituyen para el desarrollo o ejecución de una obra, servicio o suministro concreto.

 

            El Grupo de Trabajo de la EBAB deberá resolver a través de un tratado temas relacionados con la inversión de capitales de un país en otro, transferencia de tecnología, repatriación de capitales, remesa de utilidades, doble imposición, etc. La experiencia de países del Tercer Mundo en este tipo de emprendimientos es rica y variada (Itaipú, Ente Binacional Yaciretá, Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, Decisiones 46 y 169 del Pacto Andino, Namucar Sa, Latinequip SA, Cía Arabe de Servicios Petroleros, East African Airways Corporation, etc.)

 

            El propósito del estatuto es asegurar a la EBAB, en el país de su actuación, el mismo trato que se dispensa a la firma nacional en diversos ítem: en materia tributaria, de acceso al crédito interno, de acceso a los regímenes promocionales, de acceso a las compras y contrataciones del sector público, etc.

 

            Un dilema que ambos gobiernos deberán resolver es si el estatuto de la EBAB incluye dentro de sus disposiciones  los joint ventures, quizás en un capítulo especial.

 

            El fondo común de inversiones se constituirá con un capital de U$S doscientos millones, suscriptos por partes iguales, por los respectivos Bancos Centrales. Su  objetivo es promover la creación de empresas binacionales, priorizando el sector bienes de capital. Este fondo actuará como mecanismo de financiamiento de proyectos binacionales, mediante empréstitos de mediano y largo plazo; participará como socio minoritario en las EBAB; captará recursos en los mercados de capitales de Argentina y Brasil y en los mercados internacionales; asimismo, procurará obtener fondos en instituciones financieras internacionales. En todos los casos los gobiernos garantizarán las operaciones financieras.

 

            La unidad monetaria argentino-brasileña (UMAB), también denominada “gaucho” servirá para compensar los saldos del intercambio bilateral que se liquidarán cuatrimestralmente. Su cotización será equivalente a la del dólar estadounidense y su implementación estará a cargo de ambos Bancos Centrales.

 

            La UMAB, al operar como unidad de cuenta, tiende a garantizar el equilibrio del intercambio comercial. El país superavitario que reciba  “gauchos” sólo los podrá utilizar para efectuar importaciones del país deficitario.

 

 

Consideraciones finales

 

            El reordenamiento económico internacional, por encima de las ideologías; las transformaciones tecnológicas, que se registran en los países industrializados de economía de mercado; y las tendencias en torno a la creación de grandes espacios económicos, constituyen el ambiente internacional de nuestros días.

 

             Los países de América Latina, salvo el caso de Argentina, Brasil y Uruguay, asisten a la crisis de sus mecanismos tradicionales de cooperación e integración económica, en medio del endeudamiento externo y del reordenamiento productivo mundial.  La cooperación y la integración, primero binacional, ahora trinacional, que encarnan los mencionados Estados, es condición necesaria pero no suficiente para una apropiada inserción dentro del sistema mundial, porque sólo estarán en condiciones de incorporarse a la revolución tecnológica en marcha a través de relaciones asociativas particulares con Estados industrializados que les aporten nuevas tecnologías, management,  financiamiento y acceso a sus mercados.

 

            El mercado ampliado (Argentina-Brasil-Uruguay), con más de ciento setenta millones de habitantes y aduanalmente protegido con una tarifa externa, puede resultar de interés para el capital extranjero que desee invertir en la producción y en los servicios, así como acicatear a nuevos socios a incorporarse al proceso integrativo sudamericano.

 

            El Programa de cooperación e integración binacional tiene sus costos y beneficios, según los sectores sociales o las áreas geográficas de que se trate.

 

             Las fuerzas sociales más interesadas en el desenvolvimiento del Programa de Integración Comercial Argentina-Brasil (PICAB), son los grupos empresarios transnacionales y oligopólicos de capital local, involucrados en los protocolos automotriz y alimentario. Sin embargo, los gobiernos contrapesaron dicha gravitación priorizando los sectores informático, biotecnológico, energético y de bienes de capital, en los que la participación del sector público y de las pymes es relevante.

 

            El sector laboral no tuvo, hasta la fecha, injerencia en el PICAB. La creación de empresas binacionales y su impacto sobre el mercado de trabajo, así como las relocalizaciones económicas que engendre el proceso integrativo requieren de la participación de los trabajadores a través de sus entidades representativas.

 

            Por su parte, el aspecto espacial permite más de un abordaje. Primero, el nacional, a cargo de las entidades y ministerio que correspondieren; segundo, el que corresponde a  los diversos agentes de las economías regionales; y tercero, los actores de las áreas fronterizas.

 

             Las provincias argentinas y los estados brasileños deben participar dentro del marco normativo bilateral y constitucional de uno y otro país, en la identificación de problemas y negociaciones, con el objeto de mitigar el impacto negativo que el PICAB  pueda tener sobre los agentes de las economías regionales y locales.

 

            Las provincias situadas en zonas de frontera deben operar como disuasoras de hipótesis de conflicto y como agentes de la cooperación e integración binacional, transformando las áreas de confrontación y de “seguridad nacional”, en áreas de encuentro y de desarrollo conjunto.

 

            La participación de las pymes, con la debida asistencia oficial, evitará que los beneficios del PICAB redunden exclusivamente a favor de los grupos económicamente más concentrados de capital local y extranjero de uno y otro Estado. Asimismo, el involucramiento de los agentes infraestatales evitará que los resultados económicos redunden sólo a favor de los grandes centros urbanos, mientras que los costos recaen sobre las zonas de menor desarrollo económico relativo de cada Estado.

 

 

Referencias bibliográficas.

 

1)      Dallanegra, L. “Las nuevas tendencias del sistema internacional”, inédito, mimeo, La Plata, 1987.

 

2)      Abalo, C. : Modernidad y Modernización, Confrontación, Año I, N° 2, Bs.As.,    Diciembre de 1986.

 

3)       Brasil-Ministerio de Relaciones Exteriores y otro, “Bienes de Capital, el peso de la experiencia brasileña”, Brasil Comercio e Industria, ed. en español, N° 77, Brasilia, Noviembre de 1986.

 

4)       Cámaras de Comercio Argentino-Brasileña de Buenos Aires, Río de Janeiro y San Pablo “Brasil-Argentina”, N° 40 (especial), Año V, 1986.

 

5)       Cámaras de Comercio Argentino-Brasileiras de Buenos Aires, Río da Janeiro e Sao Paulo, N° 41, Año V, 1986.

 

6)       Argentina, Banco de la Prov. de Buenos Aires, Latinequip, Buenos Aires, 1985.

 

7)      Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Acta de Cooperación e Integración Económica Argentino-Brasileña y Protocolos de Buenos Aires, Julio de 1986; Acta y Protocolos de Brasilia, diciembre de 1986; Protocolos de Viedma, Julio de 1987.

 

8)      Junne, G.: “La biotecnología: sus efectos sobre el comercio mundial y la división internacional del trabajo”, ed. Fundación Ebert, Buenos Aires, 1986.

 

9)      Bruno C. y Dudiuk, P. “Integración Argentina-Brasil”, ed. Fundación Ebert, Buenos Aires, 1986.

 

10)  BID-INTAL : “El Programa de Integración Argentino-Brasileño”, Integración Latinoamericana, Año 12, N° 122, Buenos Aires, abril 1987.

 

11)  -------------- “ Nuevos acuerdos para consolidar la integración...”, Integración Latinoamericana,  Año 12, N° 129, Buenos Aires, noviembre 1987.

 

12)  Diario Ambito Financiero: Suplemento Especial “Argentina-Brasil, hermanos en el desarrollo”, Buenos Aires, 14/8/87.

 

13)  Pineda, S. y otros: “Integración : Meta histórica. El Despertar de América Latina (Brasil-Argentina-Uruguay)”, Prisma Latinoamericano, Año 12, N° 172, La Habana, Diciembre de 1986.