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UNO DE NUESTROS PELIGROS ES LA BURGUESÍA CONSULAR Helio Jaguaribe Mayo 2003 Así comienza el agudo análisis que el
politólogo brasileño hizo sobre la Región al dialogar con Zona. Jaguaribe habló
además sobre la influencia letal del neoliberalismo, la deuda, los golpes de
mercado y el futuro de la Argentina. -Brasil y Argentina están en su mejor
momento. Así cree el politólogo Helio Jaguaribe quien, a los 80 años, después
de haber visto pasar dictaduras y gobiernos de todo signo, asegura que
"nunca hubo tantas coincidencias entre nuestros países". El peligro,
subraya Jaguaribe al ser entrevistado por Zona
en Buenos Aires, es nuestra "burguesía consular". —¿A
qué llama la burguesía consular?—Nuestros países no corren peligro de
ser blanco de invasiones norteamericanas pero sí somos blanco de las
operaciones financieras toleradas por nuestra burguesía consular, una suerte de
quinta columna norteamericana que tenemos dentro de nuestros países. Estos
sectores, vinculados al gran sistema del capital y ligados directa o
indirectamente a las transnacionales, prefieren la dependencia de Estados
Unidos a tener una patria independiente con una salida propia. Son los que nos
quieren convencer de que el capital dará a nuestros países tecnología y
progreso, en fin, los que propagan toda esa literatura, obviamente falsa, de
que la dependencia es ventajosa para el dependiente. Lo bueno es que tanto en
la Argentina como en Brasil, este grupo es minoritario. Por eso hay que
movilizar la conciencia nacional de argentinos y brasileños —nuestra clase
media y baja, los sectores nacionales de la burguesía— para contener a esta
quinta columna en su sitio. Jaguaribe, un eterno enamorado de la
Argentina, aseguró además que nuestro país tiene condiciones excepcionales para
salir exitoso de la actual crisis. "Tienen una sociedad educada y de alto nivel civilizatorio. Cayó un poco en los
últimos años, pero Argentina mantiene el mejor nivel educativo de América
latina. Dos: tiene recursos naturales
extraordinarios, riquísimos, prácticamente todo lo que necesita. Tres, la relación población-territorio es muy
favorable porque es un país enorme con menos de 40 millones de habitantes.
O sea, le ofrece a cada habitante una cantidad de recursos naturales que en los
países superpoblados, donde se discute cada centímetro cuadrado, no se ve.
Finalmente, la ubicación del país es muy buena, porque está en América del Sur,
no demasiado cerca de Estados Unidos
(como México) y con posibilidad de hacer una alianza estratégica con Brasil.
Todo eso es extremadamente favorable." —Si
todo es tan ventajoso ¿qué pasó? —La influencia letal del neoliberalismo
produjo un gravísimo desfasaje entre el sistema productivo argentino y el alto
nivel civilizatorio de su población. Haciendo un poco la caricatura diríamos
que hoy Argentina tiene una sociedad europea, respaldada por una producción
africana. Muchos de los problemas argentinos, precisamente, son que esta
sociedad tiene demandas que el sistema productivo no puede atender. Entonces se
endeuda, toma plata del exterior. Hay además errores de administración pública
que también hay que tener en cuenta. —Muchos
se preguntan ¿cómo es posible que una sociedad tan educada como la argentina
haya cometido tantos errores? —Esta pregunta tiene una respuesta con
muchos aspectos, pero yo resaltaría principalmente dos. Por un lado, como pasó
también en otros países latinoamericanos: nuestras élites económicas se
formaron en universidades norteamericanas como la de Chicago. Ahí recibieron
una excelente formación econométrica acoplada a una pésima orientación
ideológica. Ellos absorbieron que la ideología neoliberal es condición
necesaria para una economía eficaz. Lo trajeron para acá y así nos lo
presentaron. Pero eso es falso. Es una mentira. Por otro lado, ocurre que este programa
neoliberal encajó mal con la cultura argentina que es muy principista. —¿Cómo
es eso? —La cultura argentina está fuertemente
basada en valores. Acá la gente tiene una extraordinaria coherencia que le hace
perseguir sus convicciones hasta las últimas consecuencias lo que,
evidentemente, a partir de un cierto momento es negativo. O sea, el principismo
es excelente porque le da a los argentinos un carácter, una consistencia que me
encanta. Pero, como hay un cierto déficit de pragmatismo, no perciben el
momento en que hay que cambiar un poco de dirección. Se va hasta las últimas
consecuencias. La combinación de principismo con la orientación neoliberal de
los economistas puede ser fatal. —¿Y
entonces? —Sin duda, con este desastre, la gente
se dio cuenta de que el neoliberalismo es una porquería. Ahora hay expectativas
de una economía más equilibrada, más socialdemócrata, un capitalismo
socialmente orientado como el de los europeos. Yo creo que esa idea está
ganando creciente aceptación. Y veo que son las ideas del presidente Kirchner y
el ministro Lavagna, un ministro fantásticamente competente que está sacando al
país del desorden, del caos. Argentina pronto va a superar los efectos de la
crisis y va a empezar una época de crecimiento acumulativo. —¿El
neoliberalismo llegó a su fin? —Por lo menos por un tiempo largo los
neoliberales no van a tener predominio en la orientación de la economía
argentina. Ya está emergiendo un neodesarrollismo nacional y un neomercosurismo
extremadamente importantes.
—Acá hay dos cosas. Primero: siempre
habrá un núcleo neoliberal irreductible. Hay algo muy interesante, el comunismo
y el neoliberalismo tienen algo en común: su incapacidad de aprender de la
experiencia. Si las cosas van mal, en lugar de repensar el modelo, lo agudizan.
Si algo falla es porque no se ha sido suficientemente neoliberal y en entonces
proponen más ajuste. O sea, la experiencia negativa opera en estas dos
ideologías no como correctivo o como motor de cambio sino como estimulante para
radicalizarse todavía más. Por eso hay irreductibles. El neoliberal es un
calvinista de la economía. Segundo: López Murphy matizó su neoliberalismo en la
campaña electoral, presentando un aspecto social que antes no tenía. Entonces,
atrajo a mucha gente.
—Tiene razón. Pero esta condición de
rehenes presenta dos aspectos: uno a corto y otro a largo plazo. El aspecto de
corto plazo lo estamos superando. Argentina está teniendo un muy buen nivel de
exportaciones. Esto hace que dependa menos del capital de corto plazo y que
genere divisas genuinas. Lo mismo pasa en Brasil. El problema es el largo
plazo. Hoy el ahorro nacional de Brasil es apenas del 19 por ciento. De los
años 50 a los 70, cuando Brasil tenía un crecimiento sostenido importante, el
ahorro nacional era de 25 por ciento. Entonces, se trata de volver a un
desarrollo tal que permita, si no eliminar, al menos impedir que el capital
extranjero sea el factor decisivo del crecimiento. Hay que garantizar el
crecimiento a partir del capital propio. —Algunas están en curso y otras son
perfectamente adoptables. Es la intención del gobierno de Lula reducir la tasa
de interés cuando se contenga la inflación que está claramente bajando.
Entonces, si se reduce 50 por ciento la tasa de interés, al gobierno central le
quedan automáticamente en el bolsillo 30 a 40 mil millones de reales, que es
una fortuna. El déficit del sistema jubilatorio brasileño hoy es de 70 mil
millones de reales. Si se reduce a 60 o 50, ahí tenemos otros diez o veinte mil
millones de reales más. Y si no se llega al 25 por ciento del PBI, se puede
agregar un elemento más: el ahorro compulsivo y obligatorio para las clases
altas.
—Si uno observa el estándar de vida de
los sectores altos de Brasil y Argentina y los compara con los similares
europeos ve que acá, comparativamente, se vive muchísimo mejor. Pero Europa
tiene mucha más capacidad económica que nosotros. Esto significa que hay un
exceso de orientación de la renta de nuestros países para el consumo de las
clases elevadas. Y si esto es verdad, se puede corregir. Pero no con impuestos
sino creando papeles de inversión compulsiva. En caso de que sea necesario, se
autoriza a los bancos a emitir papeles de tal manera que haya garantías. Ese
capital tiene que invertirse en infraestructura, tecnología, industria. Tiene
que ser un papel que dé dividendos en tres, cuatro años. No le va a gustar a
los ricos pero a la gran mayoría sí. Por otro lado no está mal renunciar a
algunas gotas de whisky o de perfume francés para hacer carreteras y escuelas.
Es justo, ¿no?
—Se trata de obligar a las clases altas
a invertir un poco más. Fíjese las diferencias. En Argentina un empleado puede
ganar 200 pesos y en el gerente de la misma empresa, 20.000. Es decir una
relación de 1 a 100. En Brasil, esa relación es de 1 a 200, mínimo. Pero en
Alemania la relación es de 1 a 10. En Suecia de 1 a 5. En Francia e Italia es
un poco más elevada. Entonces esta clase media alta argentina y brasileña puede
aceptar que se le corte un poquito el súper excedente. No se trata de una
expropiación porque va obtener dividendos cuando estas aplicaciones sean
rentables. Se trata de una canalización de plata con fines productivos.
—Yo creo que la Argentina con toda
razón está priorizando sus condiciones internas, dejando para más tarde la
deuda externa. Hay que dejarla un poco en suspenso. La va a pagar cuando no sea
ruinoso para el país. Entonces, mientras este proyecto siga, y yo creo que con
Kirchner se va a consolidar, y el país comience a tener importantes recursos de
las exportaciones y se restablezca la confianza en su crecimiento, una parte
importante de los capitales de argentinos en el exterior volverá aquí. Las
tasas en el exterior son miserables, 5 o 6 por ciento y aquí pueden ser del 20.
En ese marco creo posible una negociación de la deuda externa que alargue los
plazos y que eventualmente reduzca un poco el monto. —La Argentina tiene que terminar su
dependencia de los capitales de corto plazo, algo que está ocurriendo. Y si se
eleva la tasa de ahorro nacional, Argentina gradualmente se libera de la
dependencia de los capitales de largo plazo. Ese es el punto. No las tierras.
Cuando ya no se depende del capital externo a corto o largo plazo, la relación
de fuerzas se invierte totalmente. Los acreedores dejan de amenazar y Argentina
podrá decir: "Mire, señor, yo pago si quiero; si no pago no me ocurre
nada, porque ya no dependo de usted". —Usted lo ha formulando muy bien. Creo
que se cerró el ciclo del peronismo como una formación que contenía en sí
misma, en forma implícita o explícita, una orientación programática. Hoy, el
peronismo es un campus donde existen las orientaciones más distintas. ¿Qué hay
más antiperonista que la orientación del ex presidente Menem? Si Perón
estuviera vivo lo ponía en la cárcel. Perón era un antineoliberal total, el
primer hombre que en América latina sostuvo la idea de una independencia, de
orientación autonomizante. Era lo opuesto: bregó por la industrialización, era
un desarrollista. Menem es el antiperonismo programático. Desfiguró un
movimiento, acabó con su programa. Ahora es una colección de personas que
tienen ideas. Nada más distinto que Menem, Kirchner, o Duhalde. —Nuestro objetivo debe ser llegar a la
década de los años 20 de este siglo habiendo superado totalmente el
subdesarrollo y habiendo alcanzado un nivel social equivalente al de la España
actual y un nivel económico tecnológico equivalente al de la Italia actual.
Estas metas son alcanzables si procedemos con inteligencia. Pero hay un único
camino: combinar un esfuerzo nacional de desarrollo sostenido con una fuerte
integración del MERCOSUR. Cuidado. Ninguno de nuestros países tiene capacidad
de resistir, aisladamente, las devastadoras influencias que hoy existen y van a
existir a nivel internacional. Si no tenemos un MERCOSUR fuerte, nuestro
destino se reducirá a ser un segmento anónimo del mercado internacional,
internamente dirigido por las transnacionales extranjeras y externamente
controlado por EUA. —Ese es un desafío mucho más serio y a
corto plazo. Con eso no tenemos 20 años sino 2 o 3. Esto es muy importante: si
caemos en la trampa del ALCA, nos convertimos, inexorablemente, en provincias
de EUA. Entonces: primero, hay que consolidar el MERCOSUR. Todos las ideologías
y partidos del Cono Sur tiene que darse cuenta de que pertenecer al MERCOSUR es
muy ventajoso y no pertenecer, muy desventajoso. Entonces, ahí el MERCOSUR
adquiere condiciones de irreversibilidad. Dos: establecer un convenio entre el
MERCOSUR y la COMUNIDAD ANDINA por el
cual se cree un sistema sudamericano de cooperación y libre comercio. Nosotros
podremos exportarles aunque ellos entren al ALCA y para ellos es importante porque
tendrán una opción en el MERCOSUR, que los librará del oligopolio
norteamericano. El objetivo es, además, que un MERCOSUR fuerte podrá tener
acuerdos con China, Rusia, India y Europa. |