CREAMOS UNA NUEVA CLASE DIRIGENTE EN
AMÉRICA DEL SUR
(REPORTAJE
AL PRESIDENTE LULA DA SILVA)
Marcelo Cantelmi-Eleonora Gosman-Ricardo Kirschbaum
Clarín 07 de Septiembre 2008
El presidente brasileño, montado en
su voz grave y áspera, habla con tal pasión que sus respuestas parecen arengas.
Hace ademanes, ríe, se levanta para sostener sus puntos. Y enciende un
cigarrito de hoja divirtiéndose con el desafío a su ministro de Salud que
quiere tabaco cero en los edificios públicos: "Aquí se fuma", dice y
acerca ceniceros a los periodistas. Un reportaje a este político tan peculiar
es una experiencia única. Un equipo de Clarín lo entrevistó en Brasil durante
bastante más de una hora con una agenda en la que no eludió ningún tema. El
encuentro, el primero in extenso que da a un medio argentino desde que es jefe
de Estado, tuvo una primera, inevitable, dosis de fútbol. "No hay nadie de
Boca aquí, Presidente, así que podemos hablar tranquilos", le dijimos.
Lula tomó el desafío y lanzó un elogio a Argentina por los Juegos Olímpicos
pero remató con un sonoro: "Yo sinceramente siento vergüenza". Ayer
siguió por la misma línea con una reivindicación encendida de Messi. Y el arquero de la selección, Julio Cesar le
devolvió con pocos cuidados: "Por qué no se va a vivir a Argentina,
renuncie a la presidencia".
Hay mucho más que fútbol en estas pasiones. Pero para Lula, quien pocas horas
después recibía a la presidenta argentina Cristina Kirchner, la rivalidad
binacional sólo tiene que estar ahí, en el deporte. En el resto "todo lo
que deseo en la vida es que Brasil y Argentina crezcan cada vez más",
dirá. Defenderá luego la posición de su país en Doha, lanzando críticas y
desconfianzas a EUA y aconsejando que no es útil
confrontar todo el tiempo. "Cuanto menos conflictos haya, mejor".
La impresión que hay en Argentina es
que Brasil juega en otra liga y que sobre todo, como lo demostraría la Ronda de Doha, decidió tomar
decisiones autónomas.
No existe esta posibilidad. Primero porque personalmente creo, trabajo y apuesto
a la integración de América del Sur y con más empeño todavía en el
fortalecimiento del MERCOSUR. Segundo, como dije en el seminario que se hizo en
Buenos Aires, es muy importante que Brasil y Argentina no se miren como
competidores, sino como socios. Argentina tiene que mirar a Brasil como un
mercado de 190 millones de habitantes, que tiene frontera con Argentina. No son
necesarios barcos y vuelos de 14 horas para exportar. Basta atravesar un
puente. Lo importante es que los dos países alcanzarán este año un flujo
comercial de más de 30.000 millones de dólares. Y es más: el lunes (mañana)
firmaremos con la presidenta Cristina Kirchner el acuerdo que lanza
oficialmente el empleo de reales y pesos en nuestro intercambio comercial.
Vamos a abolir el dólar como moneda en nuestro comercio. Es importante recordar
que más del 70% de lo que Argentina exporta para Brasil son productos
manufacturados. Eso significa más valor agregado, más producción, más empleo. Y
eso es un potencial extraordinario, porque Argentina está en un proceso de
re-industrialización. En función de esa realidad argentina, Brasil tiene
conciencia del papel que juega en la
Ronda de Doha y de cómo combinar eso con la cooperación con
Argentina para su recuperación industrial. Por eso, no existe ninguna hipótesis
ni posibilidad de que Brasil se juegue solo. Brasil tiene claridad que su
relación con Argentina cuanto más armónica y más productiva sea, más
contribuiremos para fortalecer el MERCOSUR y la integración sudamericana.
¿Por qué entonces hubo diferencias
conceptuales explícitas cuando se negociaba la mayor apertura del mercado para
bienes industriales en la Ronda
de Doha?
No hubo diferencia de conceptos. Vea, por más que usted trabaje en un proceso
de integración, sea de la Unión Europea o de América del Sur, o del mundo
asiático, en algunos momentos usted tiene que tomar en cuenta la situación de
su Estado nacional. No debemos ver, en nuestras divergencias, situaciones de
conflicto sino situaciones de diferencias; diferencias económicas y de
potencial industrial. Vea, cuando Brasil estuvo dispuesto en la Ronda de Doha a realizar un
acuerdo con los términos negociados para agricultura y productos industriales,
es porque el país estaba dispuesto a realizar, en el ámbito del MERCOSUR, las
compensaciones que exigiera Argentina para no tener problemas. Esto lo
conversamos con la presidenta Cristina. Muchas veces me he quedado en mi
gabinete viendo las noticias de Doha (por TV) y me he sentido muy inquieto
porque lo que aparece no es lo que sucedió allí. En un ambiente de negociación
llega una hora en que usted acepta o rechaza, no tiene términos intermedios.
Ocurre que Brasil trabajó todo el tiempo teniendo en cuenta que Doha debería
tener un instrumento: favorecer a los más pobres del mundo, que dependen casi
exclusivamente de la agricultura y con un mercado europeo prácticamente cerrado
para ellos. Lo que nosotros queríamos es que ese mercado se abriese un poco.
Pero la realidad es que Doha no parecía
traer una gran ventaja para Argentina y Brasil
En la realidad, ni Brasil ni Argentina le deben algo a Europa desde el punto de
vista de la capacidad productiva, de los avances tecnológicos en agricultura.
Nosotros disputamos con ellos en cualquier situación. Pero otros países no. Lo
que queríamos entonces, por un lado, un poco más de oportunidad para esos
países y, por el otro, exigir que EUA disminuya los subsidios. Nuestra
contrapartida era flexibilizar los productos industriales en un acuerdo a 10
años y que daba el tiempo suficiente para que pudiéramos en el ámbito de la
relación Brasil-Argentina hacer las compensaciones que fueran necesarias para
no poner obstáculos a nuestra industrialización. Ellos son países
industrializados, nosotros somos países más o menos industrializados. Brasil, en
cierto modo, está mejor todavía que Argentina porque no hemos sufrido la
devastación que sufrió Argentina. Nosotros entendemos que cuanto más crezca la
industria argentina, más exportará Argentina para Brasil y más vamos a poder
equilibrar la balanza comercial bilateral. Nosotros trabajamos siempre con la
idea de que la balanza comercial debe ser una vía de dos manos: tiene que haber
cierto equilibrio; uno puede tener una diferencia pequeña, un año tener déficit
comercial y al siguiente superávit. Al gobierno brasileño no le interesa que
haya una consumación de un superávit comercial grande a favor de Brasil. Es
preciso el equilibrio y es por eso que estamos trabajando. Por eso, muchas
empresas brasileñas compran empresas argentinas, incluso para exportar a Brasil
lo que fuera un excedente, que Argentina no precise usar en su política de
industrialización.
Hubo una versión en la Argentina respecto de la
eventual renuncia de la presidenta Cristina tras la crisis por las retenciones.
Se rumoreó muy fuerte en ese momento que usted intervino para que ella no
renunciara ¿Es verdad?
No. No es verdad.
Mire, el sentido común no me permitiría tal osadía; semejante interferencia en
la política argentina. No es verdad que Cristina Kirchner me llamó y no es
verdad que yo la llamé. Conversé con Cristina para prestarle mi solidaridad
pero nunca tuve la imprudencia de dar ninguna impresión personal sobre la
política argentina.
En Febrero, usted y la Presidenta argentina
firmaron un plan de acción de 17 puntos. Ahora se lanza el intercambio pesos
por reales, pero todo lo demás está pendiente: obras energéticas, el acuerdo
con Embraer y el Banco del Sur. Tampoco avanzó la
sociedad entre el BNDES, el Banco Nación y el BICE.
Está claro y nadie
puede negar que existe un problema energético en la Región. Sobre
todo, un problema que perjudica más a unos países y menos a otros. Por eso,
analizamos con Argentina la posibilidad de construir la hidroeléctrica
binacional Garabí que dará 3.000 megavatios de
energía para repartir entre ambos. Y si llegara a hacer frío en la Argentina, podría ir la
totalidad para allí.
¿Y qué pasa con el gas? ¿Hay algún
proyecto conjunto?
No podemos depender
del gas porque no hay suficiente para explotar. La última vez que estuve con la
presidenta Kirchner y con Evo Morales (de Bolivia) fue claro que Bolivia, en
este momento, no tiene cómo cumplir los contratos con Argentina. Por otro lado,
Argentina no puede construir un gasoducto (para aumentar la capacidad de
transporte) sin la certeza de que tendrá ese gas. Bolivia debe proveer a Brasil
30 millones de metros cúbicos diarios; a Argentina debe entregarle 7 millones y
a su vez Bolivia usa 6 millones. La suma da 43 millones; pero Bolivia produce
sólo 40 millones.
Y por eso nunca llega a entregarle a la Argentina lo acordado
por contrato...
Vea, hay inversiones de PETROBRAS para intentar aumentar la capacidad de
Bolivia de producir más gas. El presidente Evo debe estar atrás de otras
empresas para conseguir nuevas inversiones. Ahora, para que esas inversiones
vayan a Bolivia es preciso que haya contratos con respaldo internacional.
Porque ningún país hará inversiones si queda sujeto a las eventualidades
cotidianas de un país. Y en cuanto a la Argentina, lo que hicimos fue establecer una
política de compensación porque el gobierno de la presidenta Cristina se quejó
de que cuando compró energía de Brasil pagó precios más caros que cuando se la
vende. Entonces decidimos eliminar el dinero de la negociación: se entrega
megavatio y se devuelve megavatio. Gracias a Dios, este año no tuvimos
problemas. Argentina devolvió la energía que le mandamos antes de lo acordado
porque el invierno no fue tan violento.
¿El ex presidente Néstor Kirchner le
pidió que Brasil cediera gas a la
Argentina?
El año pasado, o el antepasado (no recuerdo bien), el presidente Kirchner me
reclamó que tenía una urgencia de energía. En aquel momento él me reclamaba
algunos millones más de metros cúbicos de gas, Brasil por cuenta de los juegos
Panamericanos (que se realizaron en Julio de 2007) precisaba la totalidad de
los 30 millones y por lo tanto no podía ceder gas. ¿Qué hice? Cuando volví a
Brasilia, un viernes a las 8 de la noche, hice una reunión a las 22 y el
sábado, Marco Aurelio García encabezó una delegación de nueve ingenieros del
sistema eléctrico brasileño y en la semana siguiente le ofrecimos a la Argentina los megavatios
que necesitaba para resolver el problema.
¿Esa estrategia se repite?
Es con esa visión que precisamos trabajar la cuestión energética: o sea,
relevar el potencial de los cuatro socios del MERCOSUR y tratar de explotarlo
al máximo. Es urgente porque cada año que pasa tenemos más necesidad de energía
y, cada año que pasa, tenemos menos energía para consumir. Es un problema que
resolveremos sólo si tenemos la firme convicción de que vamos a hacer
sociedades. Y ahí entra la cuestión de la integración sudamericana. La verdad
es que durante medio siglo la
Argentina y Brasil se miraban preocupados. Nuestros hombres
de defensa se veían como enemigos o como eventuales invasores. Sólo hay una
forma de recuperar el tiempo perdido: es mirarnos como amigos, como socios,
como economías complementarias. Esa cultura está cambiando en Brasil, dentro de
Itamaraty, dentro del gobierno y dentro del Congreso.
Y tengo certeza que en Argentina también está cambiando en la visión del
gobierno, de la diplomacia y de sus políticos. Tenemos que construir los
puentes que faltan, las rutas, los trenes, los vínculos en comunicación. Cuanto
más trabajemos juntos más fuertes seremos en el escenario internacional.
El gobierno de Cristina Kirchner
quisiera ver a EMBRAER en Argentina ¿Es posible?
La cuestión es que EMBRAER, aunque esta sea una empresa privada, tiene una
relación muy productiva con el gobierno brasileño. Y nosotros tenemos interés que
EMBRAER monte un brazo en Argentina para producir algunas partes. Sé que hubo
una reunión del ministro Julio De Vido y de la
ministra Dilma Roussef y
con la dirección de EMBRAER. En la conversación posterior que tuve con De Vido, él se mostró muy optimista. Pido a Dios que eso
resulte y podamos tener a Argentina produciendo algunas piezas de los aviones
que se fabrican en Brasil.
¿El Banco Nacional de Desarrollo
Económico y Social podría financiar empresas argentinas y extranjeras fuera de
Brasil?
Hoy el BNDES no
puede invertir en una empresa extranjera porque los recursos que financian sus
inversiones provienen del Fondo de Amparo al Trabajador. Nosotros enviamos un
proyecto al Congreso Nacional para crear un área internacional del BNDES y ya
colocamos una agencia en Uruguay. Segundo, estamos creando un "fondo
soberano", un proyecto que está dentro del Congreso Nacional. Con este
fondo podremos tener una parte de ese dinero dirigido hacia el BNDES para que
él pueda realizar préstamos inclusive a empresas extranjeras. Financiar esas
empresas, financiar nuevas plantas y financiar sociedades entre empresas. El
Congreso brasileño puede aprobar antes de fin de año ese proyecto que mandamos
con "urgencia urgentísima", o sea urgencia constitucional. Espero que
el Parlamento lo vote y así podremos consolidar el BNDES como una agencia de
financiación más allá de Brasil.
¿Y qué ocurre con el Banco del Sur?
Este ya es una
realidad. Ya está configurado como institución financiera y se está en la etapa
de discutir cuánto va a aportar cada país. Al mismo tiempo se realiza el
proceso para la elección de la dirección de ese Banco. Esas cosas tienen que
ser hechas con mucha seriedad. No vale sólo la pasión. Tiene que tener un
sistema estructural para que pueda ganar credibilidad en su funcionamiento y
establecer relaciones con otros bancos con finalidades iguales. Entonces
tendremos el dinero para financiar la infraestructura en América del Sur. Yo
soy optimista con relación al Banco.
¿Venezuela entiende al Banco del Sur
igual que Brasil? ¿O subsisten diferencias?
Venezuela lo entiende así. Tenemos que comprender que muchas veces mi amigo
Chávez, con quien hablo mucho, es impetuoso. Es muy audaz. Desde que lo conocí
hasta ahora hubo una evolución extraordinaria. Chávez comprende que dentro de
Venezuela los tiempos no son los de Brasil ni los de Argentina. Cada país debe
lidiar con su propia realidad económica, política, con la realidad de su
Congreso. Todos percibimos hoy que es posible construir sin supremacía de un
país sobre otro, sino con un consenso de finalidades. Por eso soy optimista con
el Banco del Sur. Hoy tengo claridad, al igual que Chávez y Cristina, de que
debemos hacer las cosas muy seriamente para que el resultado sea exitoso.
¿Brasil tiene deudas con Paraguay, por
ejemplo con Itaipú?
Es importante
comprender la relación entre Brasil y Paraguay. Tenemos un Tratado de 1973 y
que establece que la mitad de la energía es brasileña y la otra mitad es de
Paraguay. Y fija que toda la energía excedente que Paraguay no use, debe
vendérsela a Brasil; no puede venderla para otro país. Y esto porque fue Brasil
quien financió prácticamente Itaipú. La cuestión del
precio que le pagamos a Paraguay por el excedente que nos vende es siempre
relativo: hoy Brasil paga más la energía que compra a Paraguay que lo que se
paga aquí dentro. Estoy aguardando al presidente Fernando Lugo que vendrá a
Brasilia el 17 y debemos comenzar conversaciones. Brasil tiene que hacer todo
el esfuerzo necesario para facilitar la vida de Paraguay, un país pequeño. No
encuentro justificación que Paraguay, con una hidroeléctrica que genera 12.000
megavatios, todos los días tengan apagones en Asunción. Entonces, Brasil asumió
el compromiso de hacer una línea de transmisión, financiada por la parte
brasileña de Itaipú, hasta Asunción. Voy a esperar
que Lugo presente las demandas paraguayas para empezar a conversar lo que puede
ser hecho. Ya dije a Lugo lo mismo que le decía a (ex presidente Duarte Frutos)
Nicanor: cambiar el tratado significa hacerlo pasar por el Congreso Nacional y
no pasa. En el Parlamento brasileño no aceptará discutir esa cuestión. Hay
otras formas en que Brasil puede ayudar a Paraguay. Los brasileños tenemos que
asumir que tenemos responsabilidades con Paraguay.
Hay una propuesta del presidente Rafael
Correa de que el ex presidente Néstor Kirchner presida el UNASUR ¿Brasil apoya?
Estamos de acuerdo.
Usted dijo que para que Brasil y
Argentina inviertan en Bolivia se necesitan seguridades jurídicas
internacionales ¿Qué significa eso en el contexto actual de problemas internos
bolivianos?
Cualquier inversión que podemos hacer en Bolivia no tiene ninguna implicación
en la disputa política interna de ese país. Estoy convencido que cualquier país
tiene más chance de progresar y de crecer económicamente si estuviera tranquilo
y en paz. Si uno gasta la mitad de las energías para los conflictos internos,
tendremos menos capacidad productiva para pensar un futuro para nuestro país.
Hubo dificultades con Bolivia...
Cuando Evo asumió,
tuvimos problemas con él. Pero no hubo ninguna reacción de nuestra parte a no
ser las concesiones que Evo quería. Porque los conservadores brasileños querían
un Brasil duro con Evo Morales. Entre tanto, él quería la refinería y se la
vendimos. Quería aumentar los impuestos y nosotros aceptamos. No olviden que yo
nací en la política creyendo que las riquezas del suelo y del subsuelo son de
soberanía del país. En aquel momento sugerí a Evo: "Mira compañero, no es
suficiente con hacerse cargo de los lugares, es preciso tener tecnología para
explorar porque si se queda sentado encima del gas, él no produce riqueza para
nadie". Fue entonces que fui a La
Paz e hicimos un acuerdo de inversiones y lo vamos a cumplir.
Es obvio que cualquier empresario argentino que fuera invitado a invertir en
Brasil, en Bolivia, en Venezuela y en Ecuador, va a realizar la pregunta de
rigor: ¿cuál es la garantía?. Un empresario que va a
invertir quiere un retorno de su inversión. Creo que Evo Morales tiene todas
las posibilidades de conducir Bolivia para una política que no existió en todo
el siglo pasado: de más justicia social, de ayudar a la parte más pobre de la
población. Ahora, es preciso combinar esa voluntad y esa determinación con la
política de desarrollo del país porque si no, usted no tiene qué distribuir.
Brasil, que tiene un desarrollo tan
pujante ¿podría jugar un papel al estilo de Alemania en la Unión Europea,
con Bolivia o ahora Paraguay donde resuena la inestabilidad y denuncias de
golpismo?
Déjeme decirle una
cosa. Ustedes siguieron la crisis brasileña de 2005 y nunca me oyeron hablar de
golpe. Nunca. Yo tenía claridad de lo que querían los conservadores de este
país. Sabía que una pequeña parcela de la elite brasileña no se conformaba con
que yo hubiera llegado al poder. Tenía claridad sobre lo que querían los
partidos de oposición y en vez de quedarme diciendo que era un golpe fui
completamente político con ellos. El resultado es que nosotros estamos aquí y
Brasil vive el mejor momento histórico. Es casi un momento mágico, donde se
combina crecimiento económico con distribución de renta, donde mejoró la
calidad de vida de los pobres y muchos se elevaron a la condición de clase
media. Por otro lado tenemos reservas en el Banco Central de más de 200.000
millones de dólares y no le debemos nada más al FMI. O sea, yo diría que
estamos viviendo un momento glorioso. A las inversiones contratadas de obras
planificadas habrá que sumar las inversiones por causa de la Copa del Mundo de 2014. En
Marzo de 2009 hacemos la licitación del tren bala que vincule Río de Janeiro,
San Pablo y la ciudad de Campinas. Brasil había
pasado 22 años sin construir un nuevo polo siderúrgico; ahora vamos a construir
5. Brasil no tenía desde hace 18 años una nueva fábrica de cemento; ahora
tenemos 10 grandes y varias pequeñas en construcción.
Y alguna en Argentina....
También alguna en
Argentina para que Brasil pueda adquirir el excedente y Argentina exportar para
Brasil. Todo lo que deseo en la vida es que Brasil y Argentina crezcan cada vez
más y uno pueda vender para el otro.
El MERCOSUR está buscando una
asociación con África, ¿por qué el objetivo en ese continente?
Miren, África tendrá en 30 años 1.300 millones de habitantes. Y si el
continente continúa pobre como hasta hoy, no habrá océano Atlántico que evite
la inmigración. No tenemos que aceptar que nos pase en el futuro lo que ocurre
hoy en Europa, que no deja entrar a nadie que no tenga ojos verdes. Porque si
sigue así, dentro de poco argentinos y brasileños no querremos que negros africanos
visiten nuestros países. Pero además, fíjense que Angola crece a 20% anual,
todos los países africanos están creciendo. Y nuestros empresarios precisan
descubrir los nichos de oportunidades. Mientras miramos a Europa y Estados
Unidos, los chinos ocupan Asia. No hay un único país en el mundo donde usted va
donde no encuentre chinos en los hoteles, en las calles, en los bares y
restaurantes. No hay lugar que tenga materia prima donde el presidente de China
no haya estado. Y nosotros estamos parados.
¿Qué se debería hacer?
Precisamos hacer lo
mismo que hicieron nuestros descubridores: buscar nuevos socios de nuestros
mercados y vender lo que producimos a quienes nos puedan comprar. No vamos a
vender máquinas en Alemania porque este país tiene más tecnología que Brasil.
Argentina tampoco puede vender sus máquinas en Francia. Pero sí podemos vender
en Angola, África del Sur, Mozambique, Ghana, en el Congo, en Argelia, en
Nigeria. Lo que nosotros precisamos es hacer el papel del turco que va casa por
casa vendiendo sus productos hasta que la dueña de casa decide comprar.
Argentina también tiene que hacer eso. Yo le dije a la presidenta Cristina:
tenemos que hacer dos grandes ferias por año, una en Buenos Aires y otra en San
Pablo, con música, comida, teatro. Nosotros estamos muy distantes.
¿Cómo se logra eso en el poco tiempo
que tienen los presidentes para ejercer mandatos?
Un mandato de presidente es muy corto. Parece largo para la oposición, pero
para el oficialismo cuatro años pasan muy rápido. Por eso, no hay tiempo que
perder. Es preciso trabajar con mucho ahínco. Por eso, tenemos que trabajar
para que haya acuerdos entre los bloques asiáticos, africanos y el MERCOSUR.
Tenemos que tener mucha urgencia, porque las cosas demoran en ser aprobadas por
los Congresos. Yo no me conformo con llegar a un país pobre de África, que está
más cerca de nosotros que de EUA. o de Japón, y sin
embargo ellos compran autos norteamericanos. Eso es porque no les vamos a
vender, no insistimos. El desafío no es quedarnos esperando que nos vengan a
comprar.
Cuando deje el gobierno, en dos años ¿cómo garantizará la
continuidad de sus políticas para Argentina y MERCOSUR? ¿O usted piensa que el
próximo presidente brasileño será de su mismo costal?
Cuando llegue Diciembre de 2010 voy
a entregar al próximo presidente de la República todo lo que hicimos y todo lo que está
programado para el futuro. Lo voy a registrar ante escribano. Quien quiera que
sea mi sucesor, va a tener un problema serio: tendrá que hacer más que un
metalúrgico. No puede pasar a la historia como un tipo que hizo menos que un
tornero mecánico. Y si entra alguien de la oposición, lo que encuentro poco
probable, y se enfrenta con cuatro años de gobierno, ¡pobre! Dirá: no puedo
hacer menos que Lula. Yo aprendí en la fábrica que cuando dos obreros trabajan
en una misma máquina, uno de noche y otro de día, cuando se llega al trabajo
usted cuenta cuántas piezas hizo su compañero y entonces usted quiere hacer
más. Entonces, quiero que el nuevo presidente tenga un nuevo paradigma para
este país.
¿A quién imagina como su sucesor?
Con mucha humildad les digo que yo
voy a elegir mi sucesor. No puedo decir quién es, pero hasta les puedo asegurar
que hay muchas posibilidades de que sea una mujer.
Pero ¿qué le da tanta seguridad?
Que Brasil va a estar muy bien en
2010. Todo lo que tiene que suceder en 2010, fuera de la política, ya está
programado. No olvide que el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC)
programó a Brasil hasta 2010. Y vamos a tener que planificar, a comienzo de
2009, la Copa
del Mundo de 2014. Especialmente en el área de la movilidad urbana: el
subterráneo, las rutas, los corredores especiales de transportes. Y creo que
vamos a llegar al 2010, año de las próximas presidenciales, en una situación
muy confortable.
¿Y el próximo presidente no puede ser un hombre?
Pienso que vamos a abrir esta
discusión en el partido (Partido de los Trabajadores) el próximo año. Pero
estoy seguro que tenemos todas las posibilidades de ganar las elecciones
(presidenciales de 2010). Vamos a estar con una economía en crecimiento, una
renta per cápita en aumento, los trabajadores mejorarán, los pobres serán menos
pobres. Eso es lo que garantiza una elección.
¿Cómo ve a sus colegas sudamericanos?
Creo que nosotros creamos una nueva clase
dirigente en América del Sur. Unos tendrán un discurso más de izquierda, otros
más de derecha y otros más al centro. Pero es esa diversidad política e
ideológica la que permite construir los consensos. Siempre digo a mis amigos
presidentes de Sudamérica: precisamos mirar nuestra historia para valorar los
avances que ya tuvimos. Yo establecí un vínculo de amistad con los
presidentes de América del Sur. No es sólo una relación de Estado a Estado. El
día que no sea más presidente y que Hugo Chávez tampoco lo sea, nosotros vamos
a ser amigos. Soy amigo de Kirchner, aunque él ya no es presidente. Soy amigo
de Nicanor (Duarte Frutos) independientemente de que haya perdido las
elecciones. Al final de cuentas, son más de cinco años de relaciones que usted
tiene y yo preservo eso. Tengo como valor fundamental mi relación de amistad.
La amistad no es algo que sale de la naturaleza; se construye. Y eso pesa. No
olvido que cuando se construyó Itaipú los militares
brasileños y argentinos hablaban de construir una bomba atómica.
Y también de la bomba hídrica que iba a ser Itaipú.
Se decía que Brasil podría inundar Buenos Aires con esa represa.
Y ¡vean! Hoy estamos pensando en
construir conjuntamente una central hidroeléctrica. O sea, hay un avance
político en nuestro continente y precisamos darle valor. Quiero más empresas
brasileñas invirtiendo en Argentina y más empresas argentinas que inviertan en
Brasil. Quiero más sociedades entre empresarios argentinos y brasileños; quiero
más actividad cultural entre Argentina y Brasil. Es una vergüenza por ejemplo
que yo no sepa danzar el tango. Y los argentinos tal vez no saben danzar samba.
Precisamos engranarnos. ¿Cuántos periodistas de Clarín saben danzar samba?
No deben ser más de cuatro. Los
brasileños saben bailar tango más que los argentinos danzar samba. Es más,
pocos argentinos bailan tango.
Tendríamos que inventar otro ritmo:
el "tango-samba".
Presidente ¿le cayó bien el pago de Argentina al Club de París?
Mire, lo creo muy importante. Es una
decisión acertada de la presidenta Cristina Kirchner. Creo que hay momentos
para tomar posiciones duras, tiempos para radicalizar las posturas y hay
momentos para hacer negociaciones. Al año de llegar al gobierno, llamé a mi
ministro de Hacienda y le pregunté cuánto le debíamos al FMI y me dijo que eran
16.000 millones de dólares. Ahí le ordené: paguémosle. Y ellos, los del Fondo,
no querían. El titular del FMI, que era el español Rodrigo Rato, me decía: Lula
no, no. no hace falta que nos pague, no necesitamos. Y yo les respondí: sí, yo
quiero pagarles y les voy a pagar. Entonces, lo del Club de París fue una
decisión correcta de la presidenta Cristina. Ciertamente, ella sólo pudo pagar
porque Argentina hoy tiene una condición mucho mejor de la que tenía Kirchner
cuando comenzó.
Brasil tiene extraordinarias reservas de
petróleo, recientemente descubiertas y que denominan como la camada
"pre-sal". ¿Qué va a pasar con la gran renta que va a dar cuando las
exploten? ¿Ese dinero irá a educación y salud que son deudas sociales?
Primero, nosotros queremos crear una
muy fuerte industria naval. Segundo, precisamos aprovechar ese petróleo no para
exportarlo como crudo sino para exportar derivados. Vamos a construir en San
Luis de Maranhao una refinería de 600.000 barriles
diarios para producir nafta Premium y vamos a crear otra refinería de 300.000
barriles diarios para elaborar diesel de la mayor calidad para vender en Europa
y EUA La última refinería que se construyó en Brasil fue en 1980. Ahora
contratamos 5 nuevas refinerías. Dos ya están en obras y tres serán licitadas
el próximo año. La otra cosa es que precisamos pagar la deuda con la educación
brasileña. Queremos crear un fondo con ese petróleo del pre-sal para que sea de
todos los brasileños. Y para que nosotros podamos hacer inversiones en
educación. Al mismo tiempo, una parte de ese Fondo será para cuidar de los
brasileños pobres. Queremos aprovechar esos recursos para disminuir la pobreza
de este país.
Pero entonces no será una empresa nueva sino un fondo.
Todavía no tenemos una decisión. El
19 de Septiembre voy a recibir una propuesta del grupo de trabajo que creamos
para buscar la mejor opción. La idea de crear una empresa también es una cosa
simple. Sería casi un holding. La de Noruega, por ejemplo, tiene apenas 60
funcionarios. Pero esto lo vamos a definir a final de año. Para terminar. Sólo
les quiero decir: soy un hombre que cree en Dios. Y por esa creencia que tengo
estoy convencido que en los próximos 10 a 20 años Argentina y Brasil habrán cambiado
de nivel en la relación con el mundo. Si miramos lo que sucede en este momento,
y espero estar vivo para ver lo que pasa en 20 años, nuestras relaciones serán
mucho mayores y será muy fuerte la integración política, cultural y comercial.
Yo trabajo con esa visión y tengo la certeza de que mi sucesor también
trabajará con esa visión.