COMERCIO Y DESARROLLO: ¿QUÉ ALCA ES POSIBLE?
Brasil no adherirá a acuerdos que
sean incompatibles con los intereses de su país.
Celso Amorim
Agosto 2003
Al asumir el gobierno de la nación, el presidente
Luiz Inacio Lula da Silva afirmó que las negociaciones comerciales son hoy de
importancia vital para el Brasil. Además de un esfuerzo interno de aumento de
la competitividad de nuestros productos y diversificación de nuestra pauta
exportadora, dejó claro que no podríamos
prescindir del combate, en el plano internacional, por la apertura de nuevos
mercados y por reglas más justas, respetándose el derecho soberano del
pueblo brasileño de decidir sobre su modelo de desarrollo.
Es con ese espíritu que el gobierno de Lula ha buscado reforzar el MERCOSUR,
promover la integración de América del Sur, explotar nuevas asociaciones
comerciales —sobre todo con los grandes países en desarrollo— y participar
activamente de los ejercicios negociadores en curso: en la OMC, en el proceso
del ALCA y entre el MERCOSUR y la Unión Europea.
En lo que se refiere al ALCA, encontramos un contexto negociador complejo desde el punto de vista de los intereses
brasileños, sujeto a un calendario que nos dejaba escaso margen para una
eventual corrección de rumbos. Tal como se venía desarrollando en las
negociaciones, el proyecto del ALCA iba mucho más allá de lo que denota la
expresión "libre comercio" en sentido estricto. En efecto, las
propuestas en discusión incluían aspectos normativos para servicios, inversiones,
compras gubernamentales y propiedad intelectual que inciden directamente sobre
la capacidad reguladora de los países.
Por otro lado, no parecían estimulantes las perspectivas de obtención de libre
acceso al mayor mercado del hemisferio para los productos en que tenemos
ventajas comparativas (sobre todo, pero no sólo, agrícolas). Se excluyeron de
las negociaciones aspectos de importancia prioritaria para el Brasil, como los
subsidios agrícolas y las medidas antidúmping. Las discusiones sobre acceso a
mercados habían sido de hecho fragmentadas, de modo que al MERCOSUR fuera reservado el tratamiento menos favorable, con
plazos de apertura más largos que los ofrecidos a otros países del continente.
Se debe recordar, no obstante, que ya disponemos de canales negociadores para
llevar adelante una agenda de integración con los países latinoamericanos en el
ámbito de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), en especial los
de América del Sur. Esas tratativas se benefician de la cobertura jurídica de
la llamada "cláusula de habilitación" de la OMC, que autoriza el
intercambio de preferencias comerciales entre países en desarrollo.
Así, el mayor interés en negociar el ALCA reside en la expectativa de acceso al
mercado norteamericano, el cual, por su dimensión y dinamismo, no puede ser
ignorado. Se trata, por lo tanto, de encontrar
el equilibrio adecuado entre nuestros objetivos, por así decir,
"ofensivos", vistos a partir de una perspectiva a la vez combativa y
realista, y la necesidad de no comprometer nuestra capacidad de diseñar y
ejecutar políticas de desarrollo social, ambiental, tecnológico, etc.
Después de un proceso de reflexión dentro del gobierno, que no dejó de abarcar
debates con el Legislativo y la sociedad civil, el presidente Lula aprobó las líneas
maestras del posicionamiento brasileño en las negociaciones sobre el ALCA.
De forma sucinta, esa posición —obviamente siempre sujeta a algunos ajustes en
el proceso de negociación— puede ser descripta de la siguiente forma:
la sustancia de los temas de acceso a mercados en bienes y, de forma limitada,
en servicios e inversiones sería tratada en una negociación 4 + 1 entre el
MERCOSUR y los EUA.; el proceso ALCA propiamente dicho se focalizaría en
algunos elementos básicos, tales como la solución de controversias, tratamiento
especial y diferenciado para países en desarrollo, fondos de compensación,
reglas fitosanitarias y facilitación de comercio; los temas más sensibles y que
representarían obligaciones nuevas para el Brasil, como la parte normativa de
la propiedad intelectual, servicios, inversiones y compras gubernamentales,
serían transferidos para la OMC, a ejemplo de lo que reclaman los Estados
Unidos en relación a los temas que les son más sensibles, como subsidios
agrícolas y reglas antidúmping.
Ese enfoque redimensionado en "tres
carriles" fue objeto de estrechas consultas con nuestros socios del
MERCOSUR y fue expuesto a nuestros pares norteamericanos. Fue también
debatido en la reunión ministerial de Wye Plantation, en mayo pasado, y presentado
en El Salvador, en ocasión de la 14ª Reunión del Comité de Negociaciones
Comerciales del ALCA.
La visión brasileña fue también llevada por el presidente Lula a la reciente
reunión cumbre con los presidentes de la Comunidad Andina, en Colombia. El debate
sustantivo sobre el ALCA, que siguió a la exposición del presidente, contribuyó
para el inicio de una coordinación entre
las posturas negociadoras de los países de América del Sur. Aunque
reconozcamos que hay diferencias importantes entre el MERCOSUR y los países de
la Comunidad Andina, el diálogo entre nosotros es fundamental no sólo para las
negociaciones del ALCA, sino para la integración sudamericana, nuestra
principal prioridad.
Ver la realidad
Así,
en vez de aferrarnos a conceptos
irreales de un Area de Libre Comercio de las Américas, en torno a los
cuales el consenso se imagina inalcanzable, preferimos concentrarnos en el
"ALCA posible", que concilie
de manera más productiva los objetivos necesariamente diferenciados de los 34
países participantes.
Fue a partir de ese enfoque consistente y realista que la declaración conjunta
en la reunión de los presidentes Lula y Bush en Washington expresó el
entendimiento de que los dos países cooperarán por la conclusión exitosa de las
negociaciones en los plazos previamente acordados.
Pero los plazos, como hemos dicho repetidamente, no pueden prevalecer sobre el
contenido. Y "negociaciones exitosas", en el caso del Brasil,
significan preservar espacio para
decidir de forma autónoma nuestras políticas socioambientales, tecnológicas e
industriales y obtener mejores condiciones de acceso para los sectores en
los que somos más competitivos —y que enfrentan las más elevadas barreras
proteccionistas—.
El gobierno del presidente Lula no adherirá a acuerdos que sean incompatibles
con los intereses brasileños, pero analizará, soberanamente, todas las
alternativas para la promoción de nuestro comercio y la aceleración de nuestro
desarrollo.