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LOS SISTEMAS DE INTEGRACIÓN A COMIENZOS DEL SIGLO XXI Jacques Ginesta Septiembre 2003 CAPÍTULO PRIMERO.- El ESTADO DE LAS RELACIONES
INTERNACIONALES A COMIENZOS DEL SIGLO XXI. ( * )
Aún cuando el interés de este
curso se centra en los aspectos económicos y comerciales, conviene abordar este
tema, en forma introductoria, desde los
diversos puntos de vista que abarcan las relaciones internacionales, porque ,
en definitiva, la realidad es única y compleja y el estudio analítico de la misma entraña el riesgo de pasar por alto
las necesarias interrelaciones que se dan entre sus subsistemas , las cuáles a
su vez son indispensables para su comprensión global. Con ese fin, definimos,
en este capítulo, tres puntos de vista:
el político-estratégico, el económico, financiero y comercial y el cultural y
social. I.- Desde
el punto de vista político- estratégico.
Ya sabemos que a partir
del año 1989 termina el bipolarismo en la política mundial al quebrar el
sistema soviético, así como la estructura alternativa ideada por Gorbachov, la
CEI. Con este fracaso se inicia el proceso de escisión de sus diversos
componentes de los cuales, el mayor, la Federación
de Rusia, conducida por Yeltsin, declina sus compromisos mundiales,
principalmente en algunos países del Tercer Mundo que no le reportaron ventajas
sino cargas, sin consecuencias estratégicas de importancia. Como consecuencia,
pierde progresivamente presencia en los acontecimientos internacionales y se
repliega a sus fronteras , en un proceso de crisis y reacomodamiento de sus
estructuras que aún no ha terminado. El final de período Yeltsin en los años 1998 y 1999 marca el momento de
mayor desfibramiento del poder, que sobrelleva penosamente una crisis política,
pero fundamentalmente económico-financiera y social. Desde el punto de vista
político, la crisis termina con la aparición de una figura de poco relieve
hasta entonces, salida de las filas de la KGB, el señor Putin. Este, nombrado
Primer Ministro, consigue elevarse a un
sitial de máxima popularidad mediante una política de mano dura en Chechenia,
de aparente éxito en el momento, lo que le permite ser elegido presidente de la
República, que gobierna con importantes restricciones a la democracia. Sin embargo, el nuevo régimen
ruso consigue elaborar, siguiendo la senda de Yeltsin, una mejor relación con
Occidente y sobre todo con los Estados Unidos. Caído el régimen comunista de
Milosevic en Yugoslavia, que apoyara Rusia, se pone punto final al último
episodio que enfrenta a este país con Occidente. Rusia es admitida en los
principales foros internacionales, en el Fondo Monetario Internacional, en el
G8 y en la misma OTAN como observador,
y goza de determinada inmunidad y
benevolencia, en lo relativo a sus sangrientos desmanes en la guerra de desgaste
de Chechenia, como no lo tuvo ningún otro país, bajo el rótulo de que se trata
de un asunto interno. Sus intentos de reelaborar una política independiente de
gran potencia, de los cuales los más significativos fueron la recuperación de
cierta hegemonía en el “extranjero próximo”, un acercamiento con China
Popular y el mantenimiento de cierta
presencia con su aliado tradicional, la India, no han alcanzado relieve
suficiente. Antes bien, el régimen debió aceptar de buen o mal grado que
algunos de sus antiguos satélites de Europa Oriental entraran a formar parte de
la OTAN y en el plano económico, con consecuencias políticas de importancia,
que éstos, con excepción de Bulgaria y Rumania, entren en la Unión Europea en el 2004, perspectiva que, luego de
la ratificación del Tratado de Niza por Irlanda y la cima de Copenhague, se
convirtió casi en una certeza, faltando sólo las ratificaciones por referéndum. Por el contrario, el ascenso del
terrorismo islámico al primer plano de agenda de la política internacional,
determinó una esfera de intereses comunes con los Estados Unidos, que se
evidencia más claramente luego de los atentados del 11 de setiembre en Nueva
York y Washington y la reciente toma de rehenes en un teatro de Moscú por
militantes chechenos e islámicos. Estos intereses comunes hacen que los
anteriormente rivales mantengan un perfil bajo en las críticas recíprocas y
eviten puntos de fricción. Quizá el acontecimiento más sorprendente fue la
pasividad mantenida por los rusos, cuando no la cooperación encubierta, en la
invasión norteamericana a Afganistán y la caída del régimen talibán. El punto
de fricción más reciente, que enfrentó a Estados Unidos y Gran Bretaña en el
Consejo de Seguridad con Rusia, China y Francia respecto de la metodología a
seguir con Irak, tuvo como protagonistas principales no a Estados Unidos y
Rusia, sino a Estados Unidos y Francia, eximiendo a Rusia de una confrontación
directa con los norteamericanos, aunque mantuvo con China una postura dura
frente a una eventual intervención norteamericana. En el plano económico, saliendo
los rusos de un período de máxima vulnerabilidad, están dependiendo altamente
del apoyo de la potencia hegemónica en el Fondo Monetario Internacional y otros
foros internacionales, así como en la
explotación del petróleo de Siberia, condición indispensable para su
desarrollo, no descartándose como base de negociación una participación rusa en
el maná petrolero de Irak, en la era post Saddam. Así, frente a la pasividad política y militar de la Unión
Europea, que dedica todas sus energías a
superar las tensiones de una ampliación de todo punto de vista necesaria
pero muy costosa y trabajosa, los
Estados Unidos se yerguen claramente como la potencia hegemónica mundial, en los niveles político, militar, estratégico,
financiero, económico y tecnológico, verdadero artífice de la cultura moderna
en sentido lato – tecnología, música, audiovisuales, moda, estilos de vida,
etc.- cualquiera sea la opinión que se sustente sobre la misma. Hegemonía que
no transcurre sin tensiones, fricciones, problemas y hasta limitaciones para la
potencia dominante. El punto de fricción mayor con gran parte del resto de
mundo se centró sobre el Irak. El tema Irak presentó dos fases. En una primera fase, el
gobierno de Bush logró el apoyo
político dentro de fronteras para un inmediato ataque “preventivo” a Irak,
pero, al contrario de la crisis de Kosovo, donde actuó con la NATO, no se animó
a saltear los procedimientos del
derecho internacional y se avino a proseguir actuando en el marco legal de las Naciones Unidas,
que prohibe el uso de la fuerza, salvo en defensa propia, aunque ya desde la
guerra del Golfo hay un aval abierto para utilizar la fuerza si el Consejo
considera que Irak no cumple con las inspecciones de armas establecidas. Sin
embargo, las inspecciones de los enviados de las Naciones Unidas no reunieron
pruebas suficientes para autorizar esa invasión. Presentado por los Estados
Unidos ante el Consejo de Seguridad un proyecto de resolución donde se daban
por agotados tales extremos y se pedía luz verde para la utilización de la
fuerza, vimos que allí Francia, China y
Rusia y algunos otros países se opusieron al mismo. Se negoció una fórmula
intermedia que mandaba proseguir con las inspecciones, debiendo Irak cumplir con
determinados extremos y en caso de no hacerlo, se autorizaría el uso de la
fuerza. Esta nueva instancia, tampoco detectó armamentos prohibidos en Irak. En una segunda fase, frente a la resistencia del Consejo de
Seguridad y los informes negativos de los inspectores de la ONU sobre la
existencia de armas químicas y bacteriológicas y llegando a la época
militarmente ideal para lanzar un ataque( segunda quincena de marzo de 2003) ,
los Estados Unidos y la Gran Bretaña deciden invadir Irak. La victoria es prácticamente
inmediata, derrumbándose la resistencia militar iraquí. Saddam Hussein y gran
parte de su estado mayor van a la clandestinidad y en junio de 2003 los
ocupantes nombran un gobernador civil y constituyen un Consejo Consultivo, con
representantes de diversos grupos religiosos y étnicos. La tercera fase se caracteriza por el pasaje a la guerra de
guerrillas que elementos del depuesto gobierno llevan a cabo con medios
considerables contra los ocupantes, tácticas que, sin tener un efecto militar
importante, siembran la incertidumbre y minan la moral de los soldados y
dificultan la reorganización y pacificación
del país y la constitución de un gobierno salido de una consulta
electoral. No se percibe por el momento la posibilidad de que las fuerzas de
ocupación abandonen el país, ni de un eventual reemplazo de las mismas por
contingentes de las Naciones Unidas. El episodio de Irak, aún con toda
su importancia, es sólo una parte de la nueva política exterior del gobierno
del presidente Bush y su equipo, que se desencadenó con motivo de los atentados
del 11 de setiembre del 2001 contra el World Trade Center. Con ese motivo, la
política exterior de los Estados Unidos se ha hecho más agresiva, más
intervencionista – la lucha contra los terroristas de Al Quaeda, la invasión de
Afganistán, una intervención más
directa en el conflicto palestino-israelí y las presiones sobre Irán y Corea
del Norte respecto del desarme atómico, así lo demuestran- pero a la vez más
selectiva en sus blancos, constituyendo su centro de interés estratégico el mundo árabe, proveedor prioritario de petróleo, a la vez que el gran enemigo
en los próximos años. En contraste, América Latina, con
ALCA o sin ALCA, ocupa un lugar secundario en su percepción política
internacional, con la relativa excepción de Colombia, pero en este caso no por
su importancia como país, sino como origen del narcotráfico que carcome a la
población norteamericana. En cambio, la Cuba de Fidel Castro, el enemigo ideológico tradicional ha merecido
escasa atención del gobierno de Bush
que, evidentemente, considera que tal enemigo no reviste la peligrosidad
suficiente como para arriesgar un operación como la de Irak. Esta actitud selectiva, ha
permitido cierta convivencia con los nuevos gobiernos izquierdistas o
izquierdizantes, que inauguraron una nueva etapa en América Latina, libre de
las tensiones de la Guerra Fría. Las fricciones más importantes han sido con el
gobierno populista de Venezuela, pero que no pasaron de un apoyo encubierto a
la oposición. En cambio, con el gobierno brasileño y argentino, las relaciones
se desarrollan hasta el momento exentas de tensiones y hasta con cierta nota de
cordialidad, lo que es curioso incluso de parte los candidatos hoy presidentes,
caracterizados como fuertemente opuestos a la hegemonía norteamericana y sobre
todo al gobierno de Bush. El presidente Bush fue desde el principio una figura muy impopular a nivel mundial,
sobre todo en la opinión de izquierda y de los medios ambientalistas, que no se
caracterizaron nunca por una actitud cordial hacia los Estados Unidos,
gobernase quien gobernase. La no ratificación del protocolo de Kioto fue objeto
de muchas críticas ; su parcialidad en el conflicto árabe-israelí, el
tratamiento infligido a los prisioneros de Al Qaeda en Guantánamo, fuera de las
reglas de la guerra, la intervención en Irak sin el aval de las Naciones
Unidas, el intervencionismo en Colombia y su actitud frente al gobierno
populista de Venezuela, entre otras, y el tono generalmente agresivo y a veces
mesiánico de su discurso, ensombrecieron la imagen generalmente vapuleada de la
potencia hegemónica. Sin embargo, muchas de sus decisiones son aceptadas como
políticas de estado por el “establecimiento” y por el pueblo norteamericanos,
en buena parte porque los atentados del 11 de setiembre y el uso hecho de los
mismos por poder, tuvieron un efecto de
aglutinamiento político y de opinión en torno al presidente, que a su vez
aprovechó la bandera de la lucha antiterrorista como elemento de legitimación
de su accidentada investidura y aglutinación
de las voluntades, más allá
de lo razonable. Las últimas elecciones
parciales a nivel legislativo y de gobernadores no han mostrado una declinación
del Partido Republicano, sino que por
el contrario salió enormemente fortalecido, alcanzando el control del Senado,
cuerpo de gran gravitación en la política nacional y sobre todo la
internacional. El proceso de toma de conciencia
política de la Unión Europea, que la
llevaría a ocupar el sitial que le corresponde en las relaciones
internacionales, se ve retardado por diversos factores y, principalmente, por
la reformulación de la Unión que, como dijimos, será lento y no exento de
decrecimiento del producto de los dos principales países miembros, Francia y
Alemania, así como la media europea, es excesivamente baja para enfrentar los
nuevos compromisos económicos de la Europa ampliada. La distribución del
presupuesto europeo continúa gravada por la importantísima cantidad que se
destina a los subsidios del sector agrícola. Francia, Alemania, Italia y
Portugal no están cumpliendo con los criterios de Maastricht y el primero de
estos países ha condicionado la reducción del déficit fiscal a un crecimiento
del PIB del 3%, el cual no se ve como
factible. Estas dificultades de crecimiento provocan un ensimismamiento de la
Unión e impiden su gravitación en el mundo, en lo económico, en lo político y
en lo estratégico-militar, donde hay una excesiva dependencia de los
Estados Unidos, situación que en el mediano plazo no será reversible. La
actitud obsecuente de la Gran Bretaña, uno de los cuatro grandes de la Unión,
respecto de los Estados Unidos, así como las divergencias entre Francia y
Alemania, por una parte y otros Estados España y los países del Este con
respecto a la intervención norteamericana en Irak, dificultan la adopción de
una política internacional común. En el este asiático,
la potencia económica que significa el Japón, segunda potencia mundial en un
ranking considerado por países, no tiene contrapartida política y en ese
dominio el Japón sigue siendo un enano. Sus posibilidades de un entendimiento
con Rusia y de influir en su
espacio económico, se ven paralizadas
por la controversia sobre la devolución de dos pequeñas islas del archipiélago
de las Kuriles, situado al norte del Japón, que le fueron arrebatadas al final
de la segunda guerra mundial y que constituyen la única salida de la flota rusa
del Pacífico a aguas calientes en la temporada invernal. En lo político y en lo
militar, el protagonismo en la zona va evolucionando hacia el coloso chino, que
a no ser por la presencia norteamericana en el área, se hubiera convertido ya
en el país hegemónico. Su lenta pero segura evolución económica, eso sí, ligada
al mercado exportador mundial dominado por Occidente, lo cual es un obstáculo
para una actitud agresiva, hace previsible que en un futuro no muy lejano,
ingrese como gran potencia en el escenario mundial. Sin embargo, la pésima
distribución del producto entre la China industrializada y la agraria, que reúne
a más de 800 millones de personas, augura grandes tensiones para el futuro, que
podrían repercutir sobre su creciente influencia regional y mundial. El Islam o sea el conjunto de países de profesión
musulmana, ha adquirido por la vía problemática una insospechada capacidad de
gravitación en la política mundial a través de dos canales. El primero es el
terrorismo fundamentalista, como el de la organización Al Qaeda y el semi
fundamentalista, como podría ser el
palestino, en el que predomina sobre el fanatismo religioso, el objetivo concreto de la liberación total
de Palestina y la expulsión de los israelíes. El segundo canal lo constituye la posesión de inmensas reservas de petróleo, que confieren a la región una enorme importancia
en el tablero estratégico internacional, por lo menos en el mediano plazo. Con este planteamiento dicotómico no se
pretende excluir el impacto más difuso de la cultura musulmana, como quizá la
más clara contracultura, cuyo ascendiente crece en las masas africanas y
sudasiáticas, opuesta a la hegemónica
cultura laica occidental de fuerte influencia norteamericana. A través de esta doble manifestación, de
contenido muy diferente, el mundo islámico se define frente a los occidentales,
comprendiendo en este término a los rusos, como un gran problema. Ya vimos que
el terrorismo islámico ha trastornado la agenda de prioridades de los Estados
Unidos, y ha influido grandemente, a través de la guerra chechena en la
política interna y externa rusa. En cuanto a la Unión Europea, ésta, sin ser un
blanco privilegiado del terrorismo, abriga una creciente población islámica –en
Francia casi el 10% de la población- dentro de la cual éste encuentra refugio,
financiamiento y un medio de acción
eficaz. Pero, además, la inmigración pobre, clandestina o no, procedente de los
países árabes, se ha convertido en un grave problema que alimenta el desempleo,
los choques culturales y sociales y crea efectos perversos en la política
interna, como el ascenso político de la ultraderecha que se observó en Francia,
Austria e Italia. La lucha por la dominación de las reservas petrolíferas
está centrada, principalmente en dos países y divide en cierta forma al mundo
occidental. Arabia Saudita, el mayor productor de petróleo mundial, es un
Estado conservador, que se alinea generalmente con los Estados Unidos,
conjuntamente con los también muy ricos emiratos del Golfo Pérsico, aunque en
un agravamiento del radicalismo islámico, podría verse obligado a cambiar de
bando. En el campo opuesto encontramos a Irak, Irán, Libia y Argelia. Irak, poseedor de las segundas
reservas mundiales, constituía hasta marzo de 2003, un Estado radical, dominado
por la execrable dictadura de Saddam Hussein, opuesto a los Estados Unidos, con
el que estuvo involucrado en un duro conflicto, aunque en el pasado fue ayudado
por este país en su guerra contra Irán. Otros países como Francia, importante
acreedor, Rusia y el mismo Brasil, estaban más ligados a la suerte del régimen
y se opusieron en el seno de la ONU a la intervención norteamericana en ese
país. Al consumarse ésta con la rápida ocupación de Irak por las fuerzas
aliadas, dejó a los Estados Unidos, con la Gran Bretaña, como virtuales dueños
de las reservas petrolíferas de ese
país. El establecimiento energético norteamericano, que ocupa hoy
el poder político, se ha jugado a la continuación de la explotación de la
fuente petrolera, frente al desarrollo de las energías no tradicionales y por
lo tanto, seguirá alimentando, tanto la importancia estratégica de los países
árabes como, involuntariamente, la gravitación del fenómeno islámico en el
mundo, por lo menos en sus aspectos más estridentes: terrorismo,
fundamentalismo religioso y cultural, reacciones violentas de las masas árabes
y la desmesurada importancia conflictiva de Estados radicales islámicos
poseedores de armas destructivas. Sin embargo, como vimos anteriormente, la intervención de
Estados Unidos en Irak, como anteriormente en Afganistán, no sólo perseguía
objetivos económicos, sino también políticos de tanta o más importancia. La
visión del clan Bush y de la mayor parte de los republicanos, consiste en que
los Estados Unidos ejerzan su hegemonía política y militar y hasta económica,
sin concesiones, interviniendo agresivamente en aquellos lugares y
circunstancias donde esté en juego su particular concepción del interés
nacional. Africa, que ha perdido todo protagonismo en la escena
mundial desde la finalización de la
Guerra Fría y sólo aparece en las noticias por aspectos tan dramáticos como el
hambre y la pobreza, los genocidios , las dictaduras militares y los golpes de
Estado, así como la progresión del
sida. Las guerras tribales en las
provincias nororientales del Congo, donde reina una total anarquía, a pesar de
la presencia de contingentes de la ONU, compuesto por soldados uruguayos, han
degenerado en horribles matanzas y cruentos episodios de canibalismo. La
rebelión de las etnias del norte en la relativamente próspera Costa de Marfil,
que terminó con una transacción entre gobierno y oposición rebelde y el reciente
levantamiento en Liberia, uno de los países más pobres del mundo, así como la
perpetuación en el poder del presidente Mugabe (Zimbabwe) y la persecución del colonos blancos a que
se entregaron sus partidarios, son algunos de los resultados de la situación
catastrófica del continente negro. El gobierno de mayoría negra en
Sudáfrica ha constituido una justa y feliz solución para una guerra civil
cruenta, pero no ha hecho ni ha podido hacer mucho para cambiar las
desigualdades y las exclusiones, en un país, que con todo, sigue siendo el más
desarrollado y progresista del
continente. A pesar de estas tragedias, África,
carente por el momento de un potencial explosivo acorde con sus problemas,
permanecerá relativamente aislado de la política internacional, por lo menos en
el mediano plazo. Latinoamérica sufre una de las
mayores crisis de su historia. No vamos a pormenorizar aquí cada uno de sus
aspectos ni estudiarla por países, pues ese es uno de los objetos principales del curso. Digamos en
esta sección que el subcontinente ha perdido importancia y gravitación política
en el mundo, desde los años de la guerra fría. Durante la confrontación
EUA-URSS, América Latina tenía un importante valor estratégico, a partir sobre
todo de la instalación del régimen comunista cubano y el efecto de demostración
que el mismo tuvo sobre el resto de la región, alimentado por la Unión
Soviética, que obligó a los Estados Unidos a intervenir en la política interna
de la región. Esta intervención se efectuó apoyando directa o indirectamente a
gobiernos militares de corte dictatorial, desestabilizando a gobiernos de
izquierda, como en el caso Allende y
haciendo algunas concesiones de carácter económico y financiero, comenzando por
el proyecto de la Alianza para el Progreso y terminando por el plan Brady, que
siempre resultaron insuficientes. Esta situación de sensibilidad de la región
para las grandes potencias, permitió a algunos países de la misma, ensayar una
política pendular, que les dio ciertos resultados. En esta línea se destacó el
Brasil, país que por sus mayores recursos pudo jugar mejor el juego, sobre todo
en la época de Kubitschek, Quadros y Goulart, pero aún durante la dictadura militar (el reconocimiento del gobierno
marxista de Angola en 1976, por
ejemplo). Hoy en día, la posibilidad de obtener concesiones de uno y otro de
los actores de la Guerra Fría se ha evaporado con su finalización.
Asimismo, el tratar de sacar ventajas
en la competencia económica entre los Estados Unidos y la Unión Europea en la región se ha vuelto problemático, aunque
subsisten las posibilidades de negociar con unos y con otros, en un horizonte
2005 o más, buscando un equilibrio de influencias. Políticamente, pues,
Latinoamérica revista bastante abajo en la agenda mundial de los grandes países
y bloques. Este desinterés, fruto de la incapacidad relativa de sus países en
influir en la escena internacional tiene su lado bueno: permite que subsista
una intensa cooperación norteamericana con un gobierno chileno presidido por un
socialista; que el ascenso de la izquierda en un país de la importancia de
Brasil, aunque se trate de una izquierda intencionalmente aguada para hacerse
aceptable, no haya tenido ninguna reacción hostil en los Estados Unidos ni haya
habido ninguna conspiración de Wall Street o similar en contra de la misma, ni
se le haya privado del crédito internacional. La intervención norteamericana en
Colombia no está dictada por intenciones políticas, sino que se inscribe en un
esfuerzo de lucha contra la droga en sus fuentes. La no improbable injerencia
indirecta de los servicios de ese país en la resistencia contra el gobierno de
Chávez, que se debate en una crisis económica increíble para un país gran
productor de petróleo con valores en constante alza, está movida por el interés
en asegurarse esa fuente de
abastecimiento y eliminar cualquier probabilidad de chantaje de ese gobierno,
evocada más de una vez por la torpeza de Chávez, más que en motivos políticos.
Chávez ha permanecido en el poder, pero de un boycott petrolero a Estados
Unidos no se ha vuelto a hablar. El mantenimiento del embargo para con Cuba se
basa en consideraciones electoralistas de orden interno, debido a la
importancia electoral de la comunidad cubana, sobre todo en un estado clave como
Florida -que recientemente ha reiterado
su apoyo a los Bush, reeligiendo a Jeff, el hermano del presidente, como
gobernador- y no en una sistemática hostilidad a los gobiernos comunistas, que
no se manifiesta para con el mayor país comunista, como China y para Corea del
Norte, sólo por su presunta persistencia en seguir desarrollando el arma
nuclear. Todos estos hechos constituyen prueba del escaso valor político que
hoy tiene la región sudamericana, para su bien o para su mal, según las
circunstancias que se consideren. Podríamos tener unas palabras
para la concertación política
latinoamericana. Nacida a mediados de los años 80, con la recuperación de la
democracia en la generalidad de los países latinoamericanos, sirvió en la época para afirmar los principios
democráticos. Pero luego perdió momento
político, se convirtió en una sucesión de ociosas reuniones de presidentes, que
peroraron para la prensa internacional y, en el fondo, para sus audiencias
internas, pronunciando los mismos discursos gastados sobre necesidades y
desafíos impostergables, denuncias y reclamos y acciones a emprender, que ya
nadie escucha. La última reunión de presidentes iberoamericanos no aportó nada
nuevo. El hecho nuevo es el intento de
concertación de los gobiernos de izquierda
en Latinoamérica que, a iniciativa del Brasil se insinúa en discursos,
propuestas y expresión de objetivos. Aparentemente, su finalidad es, dentro de
la peculiar visión ideológica de la izquierda de ese continente, formar un bloque liderado por Brasil, capaz
de oponer una valla a la hegemonía
norteamericana, logrando un apreciable margen de autonomía externa e interna y
tendiendo a restablecer con otras
potencias, como China, India, Rusia e Irán y con ayuda de la Unión Europea la
vigencia de un mundo multipolar, pero sin pretender, como la izquierda
revolucionaria de los años 50 y 60, derrotar al capitalismo y al imperialismo e
imponer un mundo de países socialistas (cfr. Jaguaribe, 2000). 2.-
Desde el punto de vista económico, financiero y comercial Pasamos a analizar en este rubro, los fenómenos de origen económico, como la
globalización o mundialización y la
formación de bloques económicos regionales, que han adquirido tan relevancia en
la formulación de sistema internacional actual. En realidad este tema está
estrechamente relacionado con el anterior, ya que la sociedad mundial
constituye un todo, que los estudiosos por necesidades analíticas dividimos en
sistemas separados. Esa tarea analítica de deslinde de áreas de acción social
no puede negar la evidencia de que en la realidad funcionan tan estrechamente interrelacionadas que todo
intento de separación es en cierta medida arbitrario. Por cierto, la
globalización y la regionalización si
bien son fenómenos que se desarrollan, en principio, dentro del área económica,
tienen repercusiones políticas de primera magnitud, sobre todo en lo social. En
precedentes estudios (Ginesta, 1999 y 2001), ensayamos el diseño de un sistema
internacional donde se observa una tendencia a una mayor gravitación de los complejos económicos,
científico-tecnológicos y financieros, como actores privilegiados de ese
sistema internacional, sobre aquellos actores más clásicos como son los Estados
que, en las economías de mercado -hoy en día prácticamente todas- principalmente,
actúan en lo político, estratégico, diplomático y militar. En definitiva, como
estructuras de poder, estarían, sino
reemplazando, compitiendo exitosamente con aquellas que derivan de la
existencia política de los Estados, como resumen de la vida social. Es hora de
volver sobre esa presentación y ver en qué medida se está verificando esa interpretación, que no tiene sino un valor
de hipótesis de trabajo. El término globalización es a la vez descriptivo de un fenómeno observable y
que en cierta medida responde a la denominación. Pero tiene también un enorme
contenido ideológico, que los actores político-ideológicos manejan liberalmente
para servir a su prédica y a sus intereses. Los actores dominantes, para
inyectar la idea de que todo lo que suceda en ese proceso de globalización es
ineluctable y que, a la larga, beneficiará a todos; los contestatarios, para crear en torno al proceso un aura de
satanismo, contra el cual hay que librar una lucha sin cuartel, sin que nadie
se preocupe demasiado de definir los medios y hacia donde se va. Como todo
concepto de ese tipo, no tiene un contenido intelectual demasiado específico,
sino que gravita como idea-fuerza, núcleo emotivo y dinamizador de determinado
tipo de acción política o, por el
contrario, justificativo de un cierto
estado de cosas. Es indudable que la acción
económica ha encontrado las formas estructurales de organización y los
instrumentos para que grandes complejos económicos transnacionales actúen sobre
amplios espacios económicos con una oferta productiva de tales características
técnicas, de calidad y precio, que desplazan fácilmente a la oferta
tradicional, lo cual perjudica a la pequeña y mediana empresa de base nacional, que no puede competir, a la vez
que la progresiva tecnificación que la economía de escala permite, disminuye en
muchos sectores la oferta de empleo,
sobre todo del no calificado. Como consecuencia de ello, han desarrollado un
poder de acción que perfora la barrera institucional de los Estados,
restándoles capacidad de regulación y de detracción de los recursos de las sociedades que rigen, todo
lo cual significa pérdida de poder político del Estado. En los Estados más
pobres, este poder económico de la empresa transnacional le permite dictar las
condiciones de su implantación y de su desempeño: franquicias, exenciones de
impuestos, subsidios, libertad de exportación de capitales , importación de
bienes intermedios provenientes por sus subsidiarias en otros lugares, etc.
Incluso en los Estados más ricos, como
Francia y Alemania, que se han definido generalmente como sociedades de
bienestar, la capacidad de dichas
empresas de descentralizar y de deslocalizar
su actividad - que les permite buscar mercados más ventajosos, como
China y México, para sus inversiones y desde
ellos competir en los centrales con producción más barata -, limitan la
posibilidad de estos países de detraer recursos de la producción para sus
políticas sociales, cuando la carga impositiva
se hace demasiado exigente. En los Estados de economías
llamadas emergentes, sin embargo, la dependencia puede llegar a ser dramática.
Las pobres condiciones de desarrollo preexistentes y las cargas sociales que
representan grandes sectores de poblaciones en estado de pobreza crítica y
marginales, heredados de las etapas
oligárquicas tradicionales, muchas veces en crecimiento demográfico
exponencial, originan gastos que el Estado no puede soportar. Como
consecuencia, las instituciones sociales elaboradas en el papel con mucha
generosidad, no pueden cumplir con sus tareas básicas. Aquí interviene la
segunda pata del poder transnacional: el financiero. Como vimos en anteriores
trabajos, el auge de la economía simbólica y de servicios, proporciona una
enorme disponibilidad de capitales, sobre todo de origen institucional – fondos
de retiro, fondos de inversión- cuya
colocación constituye el rubro principal de la actividad bancaria
internacional. La competencia por la búsqueda de beneficios hace que las
colocaciones sean en época de auge, poco discriminatorias en cuanto a los
riesgos y tienen como objetivo natural los Estados necesitados de capitales, no
para cimentar su desarrollo, sino para cubrir sus déficits de gestión. Esta
fragilidad, hace que cuando se produce una crisis en cualquier país o región,
la misma se transmita automáticamente a los demás Estados de similar condición,
con efectos desastrosos, más para unos que para otros. México, economía
emergente, superó la crisis de 1994, debido a su asociación con los Estados
Unidos dentro del NAFTA. Los países del este y sudeste
asiático, vectores de la crisis de 1997, pudieron superarla, debido a la gran
inversión en el sector productivo nacional e internacional que existe en ellos,
y Rusia logró también salir de la misma, aunque con grandes daños y está en una etapa de crecimiento de más del
3% anual del PIB en 2002 , el cual, según lo pronostica Anne Krueger, ejecutiva
del FMI, podrá llegar al 5 o 6% en los próximos 15 años. La crisis brasileña de 1998, aunque muy
importante, no tuvo resultados desastrosos para el propio Brasil, pero provocó
la caída de la Argentina y del Uruguay, al quebrar el modelo regional del ancla
cambiaria, e inauguró un ciclo de
empobrecimiento muy marcado, que se
está procesando y del cual el Brasil no ha salido indemne. La crisis, como no
podía ser de otro modo, invalidó los efectos limitados, pero benéficos, del
MERCOSUR durante los años 90 y minó su relativa credibilidad. La asociación comercial lejos de producir efectos anticíclicos,
actuó como agente transmisor de la crisis al reducir drásticamente el comercio
recíproco, como consecuencia de las manipulaciones monetarias, la guerra
comercial y la ausencia de “affectio societatis” , ausencia que se tradujo por
la falta de un mínimo de solidaridad y acción concertada en beneficio de los
intereses comunes, demostrada por sus miembros. El tercer elemento de esta
trilogía es el comercio internacional.
En los últimos años, a través de la Organización Mundial de Comercio, heredera
del GATT, se renovaron los esfuerzos para liberalizar el comercio internacional
de bienes y servicios de sus trabas tradicionales, a la vez que dotarlo de
reglas de juego más justas y transparentes.
Se ha avanzado mucho en este sentido con relación al viejo GATT, salvo
en el sector agropecuario, donde los grandes centros consumidores mantienen un proteccionismo exagerado, a través
de barreras arancelarias y
principalmente no arancelarias y la práctica del dumping, en parte para
defender la propia producción y en parte para defender la de los países asociados,
en el área de productos ganaderos y tropicales. Sin embargo, este rubro es el
que afecta más el crecimiento exportador de los países latinoamericanos y de
buen número de países del Tercer Mundo. De este modo, tales países no pueden
crecer a través de sus exportaciones mundiales, porque les están vedados los
grandes mercados consumidores, teniendo a la vez muchas dificultades para
desarrollar sus mercados internos y regionales. Es así que lo líderes de la
región, concretamente es el caso
presidente Jorge Batlle de Uruguay, reclaman constantemente que se les
compre a estos países y no que se les preste, lo cual no deja de ser en alguna
medida, un recurso retórico, porque Uruguay,
como Argentina, Brasil y otros, ha recurrido inmoderadamente al crédito
externo. En la medida que el crecimiento exportador pueda tonificar la
capacidad contributiva del sector privado de
las economías, la necesidad de nuevos préstamos internacionales se vería
disminuida y la capacidad de repago de los existentes aumentaría, a condición, claro está, de que diminuya el
gasto del Estado y, a menudo, la
corrupción en las altas esferas. Sin embargo, el aumento de la exportación de
producción primaria, carente de valor agregado generador de empleo, no sería
bastante para equilibrar las economías regionales. En este sentido, existe en
los países más industrializados un proteccionismo de segundo nivel, que consiste en comprar solamente materias
primas, reservando para la producción fabril local su elaboración. La
asociación a una amplia zona de libre comercio como el ALCA o con la Unión
Europea, podría ser una solución para este problema, en la medida que aumente
la implantación industrial en la región, como es el caso de México, que hoy
exporta unas tres veces más que el Brasil. Pero hay más; la deslocalización de la
producción de tecnologías tradicionales, como la textil, vestimenta, zapatería
y juguetería, ha agregado un ingrediente maligno a este cuadro. Esta producción
es muy barata en los países que consienten el dumping social – salarios muy
bajos, largas jornadas laborales, baja protección social y sindicalización- y,
por consiguiente, agitación laboral inexistente. Éstos, como China Popular y
los países del sudeste asiático, se han tornado muy competitivos, desplazando de
esos rubros a otros países emergentes, que poseen estructuras de protección
laboral y social costosas y sobrecargadas, como son notoriamente los
latinoamericanos.
Como expusimos en anteriores
trabajos, la globalización perfecta no existe ni es posible alcanzarla; tampoco
aparece como factible la regulación de los flujos de capitales internacionales
y si fuera así, los primeros perjudicados serían algunos países prestatarios
como los latinoamericanos, que en actual sistema semi-anárquico tenían calificaciones
de riesgo país inverosímilmente bajas, en virtud de las cuáles seguían
recibiendo préstamos relativamente baratos, como es el caso del Uruguay, que
pasó de tener en diciembre del 2001 investment grade y 200 puntos básicos a
2000 en el curso del año 2002, lo cual indica lo poco fiable de la calificación
anterior. Ni siquiera es factible la liberalización total del comercio
internacional ni su regulación perfecta, aún cuando se ha avanzado en este
sentido con la creación de la OMC. Más utópico aún es pensar en un orden
económico internacional justo, donde, por ejemplo, se subsidien los precios de
los productos primarios y tropicales
para equilibrar los términos de intercambio. Veamos ahora qué ha sucedido con
las Asociaciones Regionales o de
integración, que constituyen el motivo principal del curso, en estos
últimos años. Sabemos que la idea de la integración regional se abrió paso en
Europa y en otras regiones en un sistema de comercio internacional muy cerrado,
del altos aranceles y un sinnúmero de barreras no arancelarias, sin un preciso
marco regulatorio que garantizara la libre competencia dentro del sistema del
GATT, que no abarcaba todos los aspectos del comercio. Esta situación
evolucionó con la eliminación o reducción de las tarifas para una mayoría de productos, excepto los catalogados como
sensibles para determinadas economías, que continuaron teniendo una protección
muy alta, llegándose a una media tarifaria mundial inferior al 3%. Sin embargo,
los principales países, la Unión Europea, Estados Unidos y Japón mantuvieron
otro tipo de obstáculos no arancelarios al comercio mundial , lo cual sigue
haciendo atractivas las formación de zonas de libre comercio con los mismos. Sin embargo, el optimismo que
predominó sobre las bondades de la integración entre países de economías emergentes
en la décadas de los sesentas a los noventas, se ha mitigado en el siglo
XXI, con la experiencias no concluyentes del MERCOSUR, la Comunidad Andina de
Naciones (CAN), el Mercado Común Centroamericano y otros, como incentivo para
el desarrollo sostenido de las mismas. Dicho optimismo fue fruto de dos hechos
que se produjeron en la última post-guerra. Por una parte, la experiencia, no
exenta de tensiones y traumas de la hoy Unión Europea, pero generalmente exitosa,
cuyas recetas y resultados se pretendieron trasladar a otras regiones del
mundo, como es el caso de la nuestra. Por otra parte, la regionalización,
definida como integración abierta, fue un proceso coincidente con la tendencia a la globalización de la
producción y la liberalización del intercambio comercial y de servicios y,
dentro de ciertos límites, con la expansión de las grandes empresas
transnacionales, que resultaron ser sus principales beneficiarios. Pero lo
cierto es que, si bien la regionalización resultó beneficiosa para Europa
y para Norteamérica con la ZLCAN-NAFTA,
no modificó la suerte de los países en desarrollo, donde no hubo posibilidad de
aplicar adecuadamente las reglas de juego básicas. ALADI, decana en
Latinoamérica de estos esfuerzos, es
una institución fantasma, que no ha pasado de ser un sistema deficiente de
preferencias arancelarias, que ya no
tiene su razón de ser original en un mundo de bajos aranceles y que podría ser
a corto plazo desplazada por el ALCSA
(área de libre comercio sudamericana) y el ALCA. La CAN no modificó la suerte
de países como Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, más allá de
algunos logros puntuales. Y el MERCOSUR, del cual hablaremos más extensamente,
por supuesto, no logró hasta ahora sus
objetivos fundamentales, que eran crear una zona de libre comercio con flujos
sostenidos y equilibrados, encuadrados en
políticas macroeconómicas armonizadas, por lo menos en los aspectos que
más influyen sobre el comercio, como las políticas monetarias y la reducción de
las barreras no arancelarias. En cambio, la propuesta de crear un mercado común
resultó grandilocuente y sustancialmente errada, por estar fuera de las posibilidades de la región y,
asimismo el establecimiento de un arancel externo común, que es un hito para
llegar al mercado común, no satisfizo a ninguna de las partes, como se puede
apreciar en las repetidas declaraciones contrarias al mismo desde ópticas
distintas, realizadas por responsables brasileños, argentinos y uruguayos, que
se pueden leer en los trabajos de este autor arriba señalados. De continuarse
con la grandilocuencia en las metas y en el discurso y las debilidades en la
realizaciones pragmáticas fundamentales, así como la subordinación a intereses estrechos y muchas veces espurios de
sus principales miembros, podrían comprometer la existencia del MERCOSUR en las
instancias que se avecinan, o por lo menos reducirlo a una institución parásita
y sin significado real. Por el contrario, el tratado del
NAFTA, cuyo objetivo se limitó pragmáticamente al establecimiento de una zona
de libre comercio, pero que abría el mercado más grande del mundo para sus
socios, tuvo buenos resultados al nivel del comercio y la producción, incluso
para México y Canadá. Sobre este modelo y de acuerdo a las reglas de la OMC, se
trabaja sobre la instauración de un área de libre comercio americana (ALCA),
que camina lentamente hacia su probable
meta en el 2005, meta que está sujeta no sólo a la visión que los gobiernos de izquierda de Venezuela, Brasil,
Ecuador y tal vez de Uruguay en el 2005, tengan de la misma, sino a la de los
propios Estados Unidos, cuyo gobierno, que cuenta ahora con el TPA, un
instrumento de negociación rápida aunque acotado en puntos clave, no se ha
mostrado hasta ahora demasiado interesado en
apurar el proceso, cuya culminación está prevista en el cronograma para
el 2005. Parecería que su estrategia está concentrada en realizar acuerdos
bilaterales de libre comercio, con los cuales tender una sólida red en torno a
los países recalcitrantes, en caso de que el ALCA llegara a fracasar. La
evaluación de las ventajas y probables perjuicios para los países
latinoamericanos se hace en la parte respectiva del curso. Aquí sólo diremos
que si bien los Estados Unidos exigen una apertura total o casi del comercio
de productos industrializados y de
servicios, la contrapartida de poder competir en ese gran mercado sin excesivas limitaciones, es considerada
en estos países un requisito de singular importancia para su desarrollo
exportador, sector que se estima clave para un cambio cualitativo en el desarrollo global, económico y social de la
región, especialmente en el Brasil, donde
ya está implantado un alto número de importantes transnacionales y tiene un parque industrial
bastante desarrollado. Ello hace pensar que el ALCA se concretará, pese a las
oposiciones que el proyecto despierta en algunos sectores políticos.
Como se verá, aunque la Unión
Europea es el principal socio comercial del MERCOSUR, como lo es de Chile, con
quien ha concretado un tratado de libre comercio, es incierto que se alcance en
la meta 2004, una zona de libre comercio entre ambos bloques, a causa de los
subsidios agrícolas europeos. Sin embargo,
desde el punto de vista estratégico este acuerdo sería muy importante
para el MERCOSUR, ya que permitiría
equilibrar la dependencia con Norteamérica, que necesariamente iría a
generar el ALCA. 3.- Desde el punto de vista cultural y social. El auge del materialismo en las dos principales potencias
mundiales –capitalista el uno y marxista el otro- que en cierto modo ejemplificaron la teoría del espejo en las
relaciones internacionales – cada una era una especie de imagen invertida de la
otra- encubrió procesos culturales que se iban desarrollando debajo de la
superficie de la Guerra Fría. El fin de la misma trajo a la vista estos
fenómenos, bajo diversas manifestaciones. Por un lado, se reafirmó la
imagen de la aldea mundial, de un civilización uniforme dominante de base
predominantemente norteamericana, que se extendió por todo el planeta,
conjuntamente con su idioma , su cultura, su música, su ciencia y su tecnología
y sus valores (y sus disvalores, para muchos). Pero, por otra parte, surgieron
o resurgieron otras manifestaciones que podrían haberse creído superadas apenas
unos años antes. El rebrote de la religión entre las masas de los países
comunistas y del Tercer Mundo, el resurgimiento de los nacionalismos en Europa
del Este y en el ex imperio soviético y
aún en Europa Occidental, la fractura de Yugoslavia a lo largo de las líneas de
quiebre religiosas – Bosnia- y culturales – Croacia- y en Africa el
resurgimiento de las luchas étnicas y religiosas, enmascaradas por el
colonialismo, son algunos ejemplos de cómo la antinomia entre capitalismo y
comunismo y la lucha de clases, no explicaban
otros fenómenos políticos, culturales y sociales y, por ende no agotaban
la lectura de la realidad. En este contexto, el fenómeno cultural y religioso de mayor
envergadura que se manifestó en los años 90 (siglo XX), es el crecimiento del fundamentalismo musulmán, que dio
origen a su vez a la aparición de ciertos gobiernos musulmanes como el de los
talibanes en Afganistán y alimentó una particular expresión del terrorismo,
como el de Al Qaeda y sus aliados. Este neo-fundamentalismo, reconoce su origen en la revolución islamita
de los ayatolahs chiitas de Irán de febrero de 1979, contra el shah, gobernante
modernizante, aunque corrupto. y aliado de los occidentales. Como vimos, se puede
distinguir de las demás expresiones de violencia árabe, como el terrorismo
palestino –que, sin embargo, es primo
hermano de aquel- porque plantea una
lucha de civilizaciones que no tiene objetivos definidos ni límites para cumplirlos. Es un guerra global lanzada
contra la civilización occidental, con la finalidad de destruirla, en nombre
de valores culturales de carácter no materialista vinculados a la religión
islámica. Esta finalidad se manifiesta claramente en el mensaje revolucionario
chiita iranio: “El Islam es la sola voluntad liberadora de la humanidad contra la iniquidad de las
grandes potencias.” Un mensaje que, al contrario del fascismo, por una parte
y el comunismo, por otra, es a la vez
exclusivista y ecuménico; esta última característica le ha valido la simpatía –
inexplicable- de los movimientos de izquierda y extrema izquierda en el mundo,
que, equivocadamente, creen encontrar con los neo-fundamentalistas un lenguaje
común. Como otros movimientos mesiánicos basados en el retorno a las raíces, es profundamente conservador, hasta el punto
de pretender restaurar en toda su pureza las costumbres, los estilos de vida y
hasta la instituciones y el derecho de la antigua civilización árabe, con un
rigor que quizá nunca existió. No creemos, sin embargo, que
tales expresiones de oposición contra la civilización occidental dominante –
hoy en su versión norteamericana- sean
una manifestación de la teoría del choque de las civilizaciones, sostenida por
Huntington. Tampoco creemos en la doctrina del fin de las ideologías y su
reemplazo por un pragmatismo intelectual y político total, porque es un tipo de
pensamiento colectivo humano inerradicable. _______________________________________________________________________________ Notas
bibliográficas
( * ) Continúa el
capítulo primero “Las nuevas tendencias del sistema internacional” del libro
“El MERCOSUR y su contexto regional e internacional” , Editora da Universidade,
Universidade Federal Do Río Grande do Sul, Porto Alegre 1998 y el capítulo
primero “El desarrollo de la economía global en la posguerra fría” en el
“MERCOSUR en Tiempos de Crisis”, biblioteca virtual del Cedep. UFRGS, 2002 . Jaguaribe de Mattos, Hélio “MERCOSUL: Problemática Factual e
Institucional”, IEPES, RJ CAPÍTULO SEGUNDO: LAS CRISIS FINANCIERAS Y ECONÓMICAS EN LOS PAÍSES DEL
MERCOSUR. ( * ) I.- LA ARGENTINA. Hacia fines del año 2001, el gobierno del presidente de la Rúa, habiendo perdido el
apoyo del FREPASO, el otro socio de la Alianza, y en buena parte de su propio
partido, dividido internamente y desautorizado por el pueblo en las elecciones
al Congreso del 13 de octubre, donde quedó en minoría, estaba llegando a una
situación de postración política. Con un presidente indeciso, víctima de las
tensiones de su gabinete, el gobierno de hecho estaba en manos del ministro de
economía, Cavallo, quien había ido perdiendo credibilidad y apoyo, por su
política compleja, entreverada y, sobre todo,
ineficaz. Es así que sobrevino una crisis bancaria
de enormes proporciones, cuando el ministro se hallaba abocado a la
renegociación de la deuda en bonos para reducir las tasas de interés, que él
mismo había aceptado en la anterior renegociación en el mismo año, con un alza
de intereses muy grande, a cambio de una refinanciación a más largo plazo. La fuga de depósitos, en la cual habrían
colaborado ilegalmente los bancos enviando clandestinamente grandes remesas al
exterior, obligó al gobierno a establecer el 3.12.2001, una prohibición de retiro de depósitos en dólares mayor de 250
U$D semanales durante 90 días, que afectó y enfureció a casi toda la población,
principalmente a las clases medias. A esta altura el gobierno tenía en su
contra a casi todo el mundo: a la falta de trabajo y el creciente número de
menesterosos, que afectaban a las clases pobres, se agregaba el descontento de
los empleados, de los comerciantes y de los empresarios, así como el de los
ahorristas. Enormes manifestaciones con episodios de violencia tuvieron lugar
frente a la sede del Ejecutivo, la Casa Rosada
y el Congreso, ante lo cual el gobierno decretó el 19 de diciembre el
estado de sitio por 30 días. Se
recurrió a la violencia policial para reprimir las asonadas, y la muerte de más de 30 personas en todo el
país, obligó al gobierno a renunciar el
20 de diciembre ante la presión del nuevo Congreso de mayoría peronista. Existen indicios de que esas asonadas fueron
alentadas y asistidas por los sindicatos peronistas y el propio Partido
Justicialista, amen de sectores de izquierda radical, que vieron una
oportunidad para intervenir, a fin de obligar a renunciar a un gobierno en
minoría parlamentaria. No habiendo vicepresidente para
reemplazar al presidente, pues el vicepresidente “Chacho” Alvarez había
renunciado mucho antes, el Congreso designó a su sucesor, designación que
recayó en el gobernador peronista de San Luis, Rodríguez Saá. Éste elaboró un plan drástico, que no contó con
el apoyo de gobernadores y congresistas de su partido, viéndose obligado a
renunciar a su vez el 30 de diciembre. Le sucedió por designación del Congreso,
Duhalde, ex gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires y ex candidato
a la presidencia, quien el 6 de enero de 2002 abandonó la convertibilidad,
devaluó el peso a 1.40 por dólar y pesificó las deudas en dólares uno a uno y los depósitos a uno con
cuarenta, terminando por establecer un tipo de cambio fluctuante comercial,
junto al oficial, a comienzos de febrero de 2002. El tema del llamado “corralito” siguió
acaparando la preocupación de políticos y banqueros, así como la de los jueces
y los integrantes de la Corte Suprema hasta mucho después, porque una sucesión
de recursos de amparo fue admitida por el Poder Judicial, consiguiendo muchos
retirar su dinero de los bancos, en lo
que se conoce como “goteo” del sistema financiero. A fines de 2002, la Corte
Suprema invalidó la pesificación de los depósitos en moneda extranjera por
inconstitucional, como efectivamente lo es. Durante todo el año 2002, el gobierno de
Duhalde se debatió entre el desempleo,
el hambre, la paralización parcial de la producción y el comercio, los reclamos de los depositarios, la
desconfianza generalizada y las demostraciones políticas antigubernamentales.
Pero, quizá su batalla más dura fue contra el Fondo Monetario internacional
para obtener nuevos préstamos a fin de pagar los vencimientos de la enorme
deuda externa del país – calculada en 150.000 millones de dólares- y no caer en
default, sin que el Fondo cediera en sus exigencias. El default, aunque sea
técnicamente, se produjo finalmente, al pagar el país los intereses de unos 800
millones de dólares, sin reintegrar el capital, pero a nadie le convino
admitirlo. Los únicos datos alentadores fueron los de las exportaciones,
que aumentaron debido a la mayor competitividad ganada por la devaluación, con
alguna repercusión sobre la actividad económica y la disminución de las
importaciones. Aunque esta baja se
debió a la caída de la producción, lo que no es un buen indicio en la
economía, sirvió para aliviar la balanza comercial, que cerró con superávit en
el primer trimestre del 2003. La crisis política persistió durante el gobierno de Duhalde, dentro y fuera
del partido de gobierno. Para salir de ella, Duhalde decidió – o lo obligaron-
a llamar a elecciones presidenciales anticipadas, que serían precedidas por elecciones
internas de los partidos, para instalar un nuevo gobierno en mayo de 2003.
Rodríguez Saa, Menem, de la Sota y
Kirchner, fueron los principales candidatos del justicialismo y Elisa Carrió –
una pintoresca diputada ex radical, que se hizo famosa por sus persistentes
denuncias de corrupción contra los principales actores políticos- fue candidata
de una coalición populista de izquierda, el ARI, bastante bien colocada
en las encuestas. Completó el cuadro de candidatos, el economista López Murphy,
un liberal duro. La crisis económica persistió en casi
toda su crudeza y la única señal alentadora es que desde el último trimestre
del año 2002, el déficit desestacionalizado del producto habría ido bajando. ¿Por qué Argentina se precipitó en la
catástrofe económica, financiera,
política y social? No es fácil hacer un diagnóstico de lo ocurrido,
aunque sea “ex post facto” . López Murphy,
que fue ministro de economía por quince días, ensayó una explicación en una conferencia dictada en Montevideo
(López Murphy, 2.8.2002). Señala que entre 1991 y el 2000, el incremento del
producto fue de un 40%, mientras el gasto creció en un 150%. Ese crecimiento
del gasto fue financiado con un gran aumento de la tributación y con un enorme
endeudamiento. El crecimiento del gasto –prosigue-
generó enormes presiones en los mercados de capitales, afectando mucho el crédito, el empleo, la competitividad, hasta que
finalmente eso dio por tierra con la convertibilidad cambiaria, con un costo
muy grande porque esa institucionalidad no había sido adoptada
como producto de la lucidez . Más que eso,
fue un acto de necesidad porque se adoptó después de haberle quitado 13
ceros a la moneda en los 20 años
anteriores. Cada cero es mil por ciento de devaluación. Luego de tantas
devaluaciones, para recobrar cierta confianza había que adoptar un régimen de
gran previsibilidad. Cuando se logró la estabilización de la
moneda y hacer reformas importantes en materia de privatización y seguridad
social, a principios de los 90s (siglo XX), se vivió un clima de euforia que
impidió ver los efectos a largo plazo de la expansión del gasto, del déficit
y del endeudamiento, que impidió hacer
políticas anticíclicas y forzar el superávit fiscal en momentos de auge, para
poder enfrentar los momentos de
recesión o crisis. La rápida salida del efecto tequila, la crisis mexicana,
aumentó la creencia de que se había creado una economía sólida, inmune a las
crisis externas. La crisis de 1998, vulnera la dependencia del país en la
exportación de los commodities, en el
financiamiento externo y en la región, o sea el Brasil. Cuando el Brasil devalúa en enero de 1999, la
competitividad en la región desaparece. El ingreso del país por exportaciones
baja a la mitad y encarece en la misma proporción el financiamiento externo.
Debió hacerse rápidamente una gran corrección fiscal, que se hizo tardíamente y
no alcanzó. Según López Murphy, el fracaso de la
corrección fiscal se debe en gran parte a lo inadecuado de las instituciones
fiscales y financieras argentinas, que permiten una enorme transferencia de
fondos a las provincias, sin tener control sobre el gasto de las mismas, lo
cual se ve agravado en momentos de competencia electoral. El caso más patético,
que no cita el conferencista es el de la Provincia de Formosa, una de las más
pobres del país, que se convirtió en un paradigma de la corrupción y el
despilfarro ( Diario Clarín, 2002). Pero –sigue diciendo López Murphy- en el
Estado federal también hubo un problema de similar magnitud. Entre 1991 y el
2000 se gastaron 50.000 millones de dólares registrados en el presupuesto, pero también 60.000 millones de
dólares de gasto que son producto de decisiones parlamentarias y judiciales,
sin que haya ningún control sobre el gasto, debiendo colocarse una enorme
cantidad de bonos cada año para financiar ese tipo de operaciones. Ese cuadro, si bien acertado en sus
consideraciones, no es necesariamente completo, pues deberían agregarse
consideraciones respecto a la poca solidez del crecimiento económico en esos
años y el insuficiente crecimiento industrial de un país, que siguió siendo
hasta hoy predominantemente agrario. Volviendo al proceso electoral durante
el gobierno de Duhalde, se decidieron las elecciones para mayo del 2002, sin
estar precedidas por las internas partidarias, lo que posibilitó que por el peronismo concurrieran tres
candidatos separadamente, los señores Menem, Kirchner y Rodriguez Saá. Se dio
entonces la paradoja de que siendo Menem quien recogiera mayor número de votos,
aunque por poco margen, se viera enfrentado en la segunda vuelta a una aplastante coalición antimenemista, que
determinó su muy criticada renuncia a presentarse a ella. Como consecuencia,
llega a la presidencia Kirchner, ex juventud peronista regionales del peronismo
(fracción de izquierda de la década de 1970), gobernador de la sureña y
marginal pero rica provincia de Santa Cruz con
21% de los votos expresados, pero con el apoyo virtual del 70% del
electorado. Fundamentalmente, el discurso del nuevo presidente en sintonía con
las reclamaciones populares y con las fracciones de izquierda, trajo una tregua
social beneficiosa para el país.
La nueva presidencia es ayudada por una serie de buenas noticias, que
encubrieron otras no tan buenas. En
primer lugar se produjo un vigoroso aumento de las exportaciones, que ya se
había insinuado durante la presidencia de Duhalde, y de una muy importante baja
de las importaciones, consecuencia de la drástica devaluación monetaria que
llegó a un techo del 380% para luego bajar al 30% por ciento, y por
la tonificación de los precios internacionales de muchos “commodities”.
En el primer trimestre de 2003, comparado con igual período del año anterior,
las cantidades aumentaron un 0.7 por ciento y los precios un 9%. Según el Ministro Lavagna, en junio del 2003
las exportaciones aumentaron en el porcentaje record del 28% con respecto al
mismo mes del 2002. La subsecuente tonificación del dólar y el aumento de la
producción interna, sin embargo, sólo dejan margen para un modesto aumento de las importaciones.
(Diario “El País”, Montevideo, 6 de julio de 2003). El patrón exportador, sin
embargo, sigue siendo el mismo de hace muchos años, o sea productos con baja
mano de obra agregada: soja, maíz, cereales, carnes miel, frutas frescas, etc. La actividad industrial, en cambio, luego de haber registrado
subas desde el tercer trimestre del 2002, experimentó en el segundo trimestre
del 2003 un descenso del 2.4%, atribuida al estancamiento de la economía brasileña,
la baja o la estabilización del dólar y la falta de inversión en el sector. El
sector contribuye muy poco, igualmente, al aumento de las exportaciones, lo que
redunda en el escaso valor agregado de las mismas y siguen haciendo del país un
exportador casi exclusivamente del productos primarios. El ministro Lavagna, reelegido por
Kirchner para seguir dirigiendo la economía,
estimó recientemente que en el 2003 el producto bruto crecerá en un 5%,
lo cual compensa sólo en parte la caída acumulada del 20% entre 1999 y 2002. Otra noticia positiva es el control de
la inflación, que estará en el año entre el 6% y 8%. Sin embargo, como en
Uruguay, este bajo incremento es
producto de la profunda recesión interna que no permite la movilidad de los
precios. El
desempleo habría bajado del 21% al 15%, según informe del INDEC, pero,
una vez más esta caída no es producto de la creación de empleos genuinos, sino
de los planes sociales del gobierno, que económicamente significan subsidios. El
porcentaje de pobres e indigentes en la población total asciende a un
estimado y aterrador 50% . En lo exterior, la postura “progresista” del nuevo gobierno, se reflejó en una posición más dura frente al Fondo Monetario Internacional,
repitiendo que el país pagará en la medida que no comprometa su crecimiento,
que coincidió otra más benévola del Sr. Kölher, director-gerente del organismo,
comparada con la anterior del Sr. Aninat, sub-director gerente saliente. Lo cierto es que en agosto del 2003, la
Argentina enfrenta pagos por más de 6.000 millones de dólares y muchos más por
venir y la situación no está resuelta. Otro aspecto a destacar fue el reforzamiento de las relaciones con el Brasil (coincidencias en MERCOSUR y ALCA) y
un cierto distanciamiento con los Estados Unidos. Sin embargo, esta posición parece ser
más verbal y electoralista que real y está cambiando, luego de la visita del
Kirchner al presidente Bush, que se describió como muy cordial, en buena parte
por la necesidad del gobierno de obtener apoyo del norteamericano para negociar
con el FMI. El ministro Lavagna, a principios de agosto de 2003 viajó a
entrevistarse con el Secretario del Tesoro John Snow, para obtener su apoyo en
las negociaciones en curso con el Fondo. Las mismas siguen el patrón
tradicional de ajuste fiscal y exigencias de reformas estructurales; la
divergencia consiste en el monto del ajuste: el gobierno ofreció para el 2004,
un superávit primario de 12.000 millones de pesos (aproximadamente 4.100
millones de dólares) y el Fondo pedía 16.000, pudiendo transarse en un punto
medio o sea 14.000 millones, un 3.5%
del producto bruto. El tema es muy sensible, pues, si bien se dejarían de lado
recursos para planes sociales, aumentos de salario e inversión en obras, el éxito
de la renegociación con el Fondo arrojaría luz sobre la intención de comenzar a
pagar los bonos de deuda pública que dejaron de pagarse en el 2001 (76.000
millones de dólares).Sin ello, el país, virtualmente en “default” no podría
razonablemente esperar que se restablezca la confianza de los eventuales
inversores, se repatríen capitales y se invierta en la reactivación de la
economía. La reestructuración financiera es una asignatura pendiente, así como
la reestructuración industrial, ambas fundamentales para el despegue del país. El otro tema a dilucidar con el Fondo es
la exigencia de reformas estructurales: impositiva, eliminación gradual de las
retenciones al campo y del impuesto a los sueldos y reformulación del régimen
de reparto de los impuestos entre la Nación y las provincias, depositando más
responsabilidad de recaudación en éstas ; reestructuración total del sistema
financiero, reduciendo el número de actores, planteándose también para los
bancos la devolución de las pérdidas por diferencias
cambiarias; el ajuste de tarifas a los concesionarios de servicios públicos,
y el pago a acreedores privados e institucionales, que son resistidas por el
gobierno. II. EL BRASIL En comparación con la Argentina, el
Brasil, responsable de la crisis regional
de 1998, a principios del 2002, vivió
su crisis más pausadamente que sus vecinos. Es cierto que en el 2002 la banca
sufrió el impacto de la crisis argentina, el riesgo país se acercó a los 2000
puntos, la bolsa bajó un 30% , el real trepó hasta los 3.70 por dólar y las
exportaciones a la región bajaron enormemente – 68% a la Argentina en el primer
trimestre de 2002. Es también cierto que el país acumuló una deuda
catastrófica, cuyo servicio en el 2002 exigía pagos por U$S 16.700 millones. Sin embargo, el desempleo se mantuvo
alrededor del 9%, la inflación no se disparó tanto como lo indicaría una
devaluación de más de 300%, alcanzando un 2% mensual en agosto y setiembre y las industrias siguieron trabajando. Es
cierto que durante parte del período, el país ganó en competitividad debido a
la alta devaluación y que no tuvo, como Argentina y Uruguay el problema de la
dolarización de la economía, que destruyó la banca de estos países. El problema de fondo es el escaso
crecimiento del PIB, que desde 1994 aumentó a un promedio del 2,5% anual y en
el 2002 fue de algo más del 1%, cuando
se requeriría un crecimiento sostenido del 5% durante muchos años para
compensar el crecimiento demográfico de alrededor del 1.8%. Esta es la razón
fundamental del alto endeudamiento brasileño y ese tema no se soluciona sólo
con buena voluntad. Se sumó a estos problemas la realidad de
un año electoral y no un año electoral cualquiera, sino uno en que la izquierda
del PT podía alcanzar la presidencia. En la segunda vuelta sólo quedó el
candidato oficialista Serra, para enfrentarse a candidatos de diversas
izquierdas, Inácio Lula Da Silva, Ciro Gómez y Antony Garotinho . A medida que
Lula subía en las encuestas, las predicciones de una catástrofe económica en un
ambiente propicio fueron aumentando: la economía entró en un ritmo cada vez más
lento y la especulación con la moneda y los títulos públicos alcanzó máximo
nivel. Sin embargo, el gobierno del presidente
Cardoso no especuló con la situación y salió a apoyar ante el Fondo Monetario
Internacional al gobierno que saliera de las urnas, fuere cual fuere,
obteniendo de éste un préstamo de 30.000 millones de dólares, 10.000 de
inmediato y 20.000 a entregar al nuevo gobierno, de cumplirse con las reglas. Por su parte, Lula, el candidato con
mayores posibilidades, hizo todo lo que estaba a su alcance para apaciguar a
los mercados, abandonando su imagen de obrero revolucionario por la de un señor
respetable del “establishment”. Eligió como vicepresidente un empresario
liberal protestante y adoptó un discurso
muy razonable, de corte social-demócrata, dando toda clase de seguridades a
Estados Unidos, al Fondo Monetario, a la banca y a los empresarios. El Lula de
hoy contó con un inédito respaldo empresarial. Nombres como Eugenio Staub,
dueño de la Gradiente, gigante del sector electro-electrónico, Ivo Rosset, del
sector de ropas íntimas femeninas y José Pessoa de Quiroz, productor del sector
del azúcar y del alcohol y quinientos empresarios más manifestaron su apoyo al
candidato. Sin embargo, el candidato mantuvo sus promesas electorales en el
ámbito social, de escasa viabilidad y dudoso cumplimiento, por lo menos en la
coyuntura, dada la situación comprometida del país y la magnitud de sus problemas tradicionales. Elegido
presidente, Lula Da Silva trató de formar un gabinete que diera
confianza a los inversores y a los empresarios y que fuera garantía del
mantenimiento de los compromisos internacionales y, en definitiva la transición
estuvo lejos de ser catastrófica, como muchos auguraban, repuntando, en cambio,
los indicadores económicos y financieros. Y lo que es muy significativo, es que es
la segunda vez, desde Allende, que en Latinoamérica una coalición de izquierda
llega al poder por elección popular, si dejamos intencionalmente de lado el
actual gobierno chileno, que si bien tiene a su cabeza un presidente
socialista, éste ejerce sus poderes constitucionalmente acotados en el seno de
una coalición cuya fuerza principal es un partido de centro. Hoy, fuera del
contexto de la Guerra Fría, el acceso al poder de la izquierda se realiza
democráticamente en forma pacífica y
civilizada, en un contexto pluralista y hasta con cierta ayuda del gobierno
saliente para evitar conmociones.
Cierto es, también que esa izquierda se ha alejado del modelo marxista-leninista, que prescribe el
abandono del pluralismo y el ejercicio del poder en forma autoritaria,
monopolística e intransigente, según los cánones de la dictadura del
proletariado, ni hay señales de que en el futuro se vaya a intentar
instaurar un régimen de partido
único y economía centralizada, sino todo lo contrario. Ello sería muy difícil y traumático en
un país con la estructura y la mentalidad política del Brasil. En la relación institucional de poderes en la
República Federativa del Brasil , el PT
no cuenta con la mayoría de los gobernadores, muy poderosos en sus
estados, ni con mayoría en el Senado, debiendo recurrir a sus aliados para
obtener mayorías circunstanciales en el Congreso, de modo que el logro de por
lo menos algunos objetivos dependerá de la habilidad negociadora de la
dirigencia del gobierno, que hasta ahora no ha faltado. Sin embargo, al aceptar su papel de izquierda social-demócrata de tipo
europeo, el PT ha tenido que renunciar
en buena parte al arma ideológica y al carisma del discurso populista-revolucionario propio de las
izquierdas latinoamericanas en la oposición, que les permite obtener la
adhesión de las masas en la carrera hacia el poder en función de las carencias
de la estructura, las injusticias del sistema y los errores de los gobernantes.
Como sucede en las sociedades abiertas, el PT en el poder será juzgado en el
seno de la población en general por su obras y por el grado de cumplimiento de
sus promesas. A partir de esa situación,
fue motivo de especulación el cómo
reaccionarían los sectores más radicales del PT frente al hecho de que todas
esas concesiones necesarias en la sociedad democrática van diluyendo el
programa original del partido y que en
muchas ocasiones no habrá salida política dentro del sistema para imponerlo. En
ese aspecto conviene destacar el papel
articulador de Lula da Silva, que se ha revelado como gran figura
política, de Joseph Dirceu y otras
importantes figuras del partido, otrora muy radicales. El polítólogo uruguayo Oscar Botinelli,
director de la encuestadora Factum (Botinelli, 2002)se preguntaba en una
entrevista poco después de las elecciones “¿cuánto quedó por el camino desde el día de las elecciones hasta
hoy o hasta el 1º de enero? ¿Cuánto el armado del gabinete, el armado de los
planes de gobierno, las negociaciones internacionales, las negociaciones con el
Parlamento, van diluyendo lo que puede
ser el programa original del PT y cuánto
se mantiene en vigencia? ¿Cuánto pesarán en estos años los sectores más principistas del PT, los que algunos
califican como los más radicales, los que adhieren más a las fuentes
originarias? Y estos sectores, ¿cuánto
van a aceptar, cuánto tiempo, hasta dónde, una política más socialdemócrata? “ A mediados del año 2003, el presidente
Lula no ha perdido carisma y se sigue manejando con sensatez y pragmatismo,
reiterando sus promesas y reclamando paciencia, pero su gobierno se está
enfrentando con las primeras reclamaciones por las expectativas no cumplidas.
Por el momento, las fricciones se han producido en dos frentes: el Movimiento
de los Sin Tierra y los empleados federales. El movimiento de los Sin Tierra, sobre
el cual se apoyó mucho el PT, encuentra que no se esta procediendo con
diligencia a la reforma agraria prometida y en algunos casos se han producido
ocupaciones ilegales de haciendas, que han sido condenadas por la Justicia, que
ordenó su desalojo. De este movimiento, que cuenta con alas radicales, podría surgir la mayor oposición al gobierno.
La policía federal advierte a éste que hay indicios de que podrían formarse
grupos guerrilleros en Minas Gerais y Rondônia
del tipo Sendero Luminoso y las FARC, en torno a la llamada Liga
Operaria Campesina y Movimiento Revolucionario de los Sin Tierra.( O Estado de Sâo Paulo, 10.8.03). La necesaria reforma de la seguridad
social (previdencia), netamente deficitaria, encontró una cerrada oposición de
los trabajadores federales, que protagonizaron una dura huelga de más de un
mes. La aprobación de la ley en Diputados en primera vuelta, con votos de la
oposición, despertó la furia de los empleados estatales y una violenta reacción
ante el Congreso, y provocó crisis y rupturas en el partido oficialista, que
expulsó inmediatamente a los cuatro diputados petistas que votaron en contra y
piensa sancionar a quienes se
abstuvieron. (Clarín.com, 6.8.2002). Sin embargo, la reforma es muy razonable
en cuánto a elevar la edad mínima para
jubilarse -60 años para el hombre y 53 para la mujer- y años de servicio para
jubilarse –35- y un poco menos al imponer topes de ingresos en dólares –800- y
contribuciones de quienes ganen más de
determinada cantidad –400-. Este resultado, que pone a prueba la popularidad
del gobierno y la cohesión interna del partido, es considerado como un triunfo
personal de Lula, que sale victorioso de una
prueba que enfrenta al ex sindicalista con un poderoso sindicato, en
beneficio de la sociedad en general y,
en su visión, de los menos favorecidos dentro de la misma. Sólo el futuro dirá si la gestión de
Lula, o más bien si este pasaje del PT por el gobierno podrá generar la
mutación fundamental que el Brasil espera desde hace tanto tiempo, pero que, de
ser factible, requerirá décadas para su concreción. La tarea es difícil porque
la economía brasileña sigue estancada, y el presidente brasileño corre el peligro, a cada momento, de ser
obligado por su propio partido y las fuerzas sociales aliadas, a abordar la
problemática del país con más voluntarismo populista que lucidez. Respecto de este punto Botinelli
(op.cit.) dice: “Hay un tercer tema que son los riesgos que tiene Lula hacia
la población brasileña. Lula asume el
1º de enero con una esperanza formidable de punta a punta de Brasil, la gente
pone una esperanza formidable en lo que prometió, pero no tanto en lo que prometió
ni en lo que fue el programa del PT, sino que por ese fenómeno que ocurre muy
seguido, la gente, sin que medie promesa alguna, deposita en el voto a alguien
–en este caso Lula– todas sus esperanzas,
prometidas o no, posibles o no. En Brasil esto significa comida para el
que come poco, tierra para el sin tierra, casa para el sin techo, trabajo para el desempleado. No hay que
olvidar que este Brasil tan imponente
sigue siendo lo que se ha llamado Belindia, es decir el país donde conviven el
esplendor de Bélgica y la vasta pobreza de la India. No muy lejos de la mitad
de la población está fuera de la sociedad de consumo, de la sociedad moderna,
de las necesidades básicas mismas. “ En cuánto a la política exterior, y en
especial el MERCOSUR, el ALCA y la UE, la posición del nuevo gobierno es
trascendente, debido al peso que indudablemente tiene el Brasil en estos ámbitos de integración. El presidente Lula, en su discurso de toma de posesión del mando,
delinea los principales objetivos de la política exterior de su gobierno. A
estar al discurso, el mismo se regirá por los objetivos de democratización de
las relaciones internacionales y la contribución brasileña a la estructuración
de un mundo multipolar, procurando un mayor protagonismo en la ONU y en los
demás organismos internacionales, de acuerdo con su peso . Se da énfasis a la
región sobre la base de la reconstrucción del MERCOSUR y la integración
sudamericana como un espacio para el liderazgo brasileño y su proyección
mundial, además de la solidaridad con África y el establecimiento de una
asociación estratégica con potencias emergentes como China, India, Rusia y
Africa del Sur y lograr la asociación
comercial con la Unión Europea. Esas prioridades, no obstan al mantenimiento de
los canales de relacionamiento con las grandes potencias, pero creando las
condiciones para un espacio mayor de negociación; en este punto el nuevo
gobierno asume todos los compromisos internacionales y las obligaciones de la
deuda externa brasileña, con miras a facilitar
los flujos de inversión extranjera en capitales y tecnología. Quizá el
aspecto más novedoso de esta definición política está en la campaña de combate al hambre, no sólo en el plano
doméstico sino en el plano
internacional, como lo demostró luego el presidente, llevando al seno del G8 una propuesta concreta de financiación de
una lucha internacional contra este flagelo, con un impuesto a la venta de
armas, que aparentemente no tuvo eco. En realidad, esas propuestas corresponden
a un nuevo abordaje de los problemas sociales mundiales y domésticos, que,
frente a la globalización neoliberal
requerirían la formulación de un nuevo orden internacional, tantas veces
reclamado en el pasado.(ver Vizentini, 2003). El nuevo Secretario General del Ministerio,
Samuel Pinheiro Guimarâes, cuyos trabajos ha citado repetidamente el autor de
este estudio, formula los lineamientos generales de la política brasileña en
su discurso de toma de posesión del
cargo, en consonancia con las declaraciones del Ministro de Relaciones Celso
Amorín y el propio presidente de la República.
Respecto de las relaciones internacionales, expresa que la política
brasileña se orientará a la reducción de las desigualdades económicas,
sociales, étnicas y de género y de las vulnerabilidades externas que clasifica
en: económicas, centradas en el elevado déficit en las transacciones
corrientes; tecnológicas, la reducida participación en la generación de
tecnologías y producción innovadoras; políticas, la escasa participación del
país en los principales centros de decisión mundial; militar, causada por la
inmensidad del territorio brasileño y la inestabilidad mundial. El desafío
brasileño consiste principalmente en la construcción de una democracia efectiva
que forme ciudadanos que participen en la formulación de las políticas y en el
desarrollo del potencial nacional. Concretamente en el área de la política
externa, el Brasil se empeñará en la construcción de un mundo multipolar sin
hegemonías, ampliando la cooperación con los Estados Unidos, basada en las
ideas comunes de democracia, justicia y soberanía, así como con Europa, África
y Asia. Atenderá a la promoción de sus intereses internacionales de largo
plazo, cumpliendo y exigiendo el cumplimiento con los principios de la Carta de
las Naciones Unidas: igualdad entre los Estados, autodeterminación, no
intervención y solución pacífica de controversias. En cuánto a América del Sur y MERCOSUR
se prestará particular atención a la construcción de la integración económica y
la cooperación política y social, procurando la eliminación de las asimetrías
de la región, atendiendo particularmente a las negociaciones económicas en la
OMC, MERCOSUR y ALCA. Estas enunciaciones, de carácter muy
general, no rompen la continuidad de la
política exterior brasileña, sino que afirman una política de Estado.
Cualquiera que analice las declaraciones
internacionales del presidente Cardoso, por ejemplo, va a encontrar
importantes puntos de coincidencia. La diferencia puede estar en el énfasis que
se le dé a la prosecución de los diferentes objetivos y la capacidad y energía
con que se intente llevarlos a cabo. Justamente, el PT ha acusado al ex
presidente de quedarse en el discurso vacío, y de inoperancia en defender los intereses brasileños; le toca ahora
demostrar su capacidad para lograr la consecución de los intereses nacionales.
Inteligentemente, el nuevo gobierno, a pesar de una postura de izquierda,
no presenta al Brasil como un Estado
contestatario, que podría marginarlo del escenario mundial, sin procurarle
ningún tipo de beneficios. Sí, en algunos puntos básicos, puede estar en
discordancia con la posición de destacadas figuras del PT, en cuánto a la
oposición a la globalización, las relaciones con los Estados Unidos y a un
acuerdo con el ALCA (Jaguaribe, 2000), y mismo con respecto a algunas
expresiones aisladas sobre la
profundización del MERCOSUR comercial (Reinaldo Gonçalves 2002). Para cerrar esta breve exposición de la
política exterior brasileña, creo oportuno transcribir la opinión de Botinelli, el cientista político más arriba nombrado, que puede reflejar el
punto del vista uruguayo. Dice:
“ Hay un tema que preocupa
mucho a Uruguay, que es Lula y el MERCOSUR.”
“El MERCOSUR estuvo bastante frenado, abandonado desde muchos
lados, sobre todo desde Brasil; también
desde Argentina con su crisis y de
Uruguay, desde la Presidencia de la República que lo bombardeó mucho, no
como política de Estado o de cancillería, pero sí desde el presidente. Este MERCOSUR tan averiado
empieza a tener un relanzamiento, se
vio cuando el presidente saliente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, estuvo
en Montevideo en su despedida semanas atrás; también en los discursos de Lula. Pero también está en juego el tema del destino
nacional de Brasil. Brasil siempre ha
buscado tener un destino que –sin darle ningún carácter peyorativo– muchas veces ha sido llamado “destino
imperial”, pretender ser una potencia a escala planetaria por lo que le da su
tamaño, en economía, en población geográfica, en ubicación geopolítica prácticamente lindante con
todos los países de América del Sur, excepto Chile. Ese destino lo lleva a que
sus intereses nacionales coincidan con
los de un gran bloque regional, siendo el líder de ese bloque regional. “ “Pero esto se ve permanentemente frenado porque quien pretenda
liderar una región tiene que ser generoso con sus socios y la generosidad va en
contra de los intereses de las regiones pobres
del propio Brasil, de los intereses inmediatos de Rio Grande do Sul, de
los estados del sur o de São Paulo; cada estado encuentra en los bloques regionales, en los tratados de libre
comercio o en el mercado común
perjuicios para el día de hoy, lo que hace que se petardee ese destino nacional de Brasil.” Sigue Bottinelli con el ALCA: “Está de
por medio el ALCA, esta zona de libre comercio de todas las Américas, Brasil
siempre tuvo reticencia al ALCA y ahora se produce este abrazo o reunión sonriente de Lula con Bush. ¿Qué quiere
decir? ¿Cambia la política de Brasil?,
¿es la misma por métodos más diplomáticos? Esas posturas antiestadounidenses de
Lula o del PT, ¿son la reedición del viejo antiimperialismo latinoamericanista,
o es el viejo y redivivo nacionalismo imperial de Brasil, que pone frenos a otro intento de hegemonía en la
región y que es la continuación del sueño hasta ahora malogrado de
transformarse en potencia política
mundial?” Lo cierto es que el nuevo gobierno
brasileño dio un ímpetu negociador a todos los temas de integración, muchos de
los cuáles anteriormente el propio Brasil había frenado u obstaculizado en el
pasado. Por supuesto que todo esto se reduce, por ahora, a una serie de
propuestas, en general compatibles para sus demás socios, en la medida que el
natural liderazgo brasileño se ajuste a los principios de solidaridad
enunciados y que sea seguidas por acciones concretas para lograr credibilidad;
pero las mismas constituyen una buena señal para relanzar y profundizar un
MERCOSUR, cuyo futuro pasó por momentos de gran zozobra. III.- El URUGUAY Desde principios del 2002, la profunda
crisis argentina, que tuvo su punto culminante el 20 de diciembre de 2001, con
la renuncia del presidente de la Rúa y
que determinó la congelación de los depósitos bancarios y su pesificación, así como la de las deudas,
entre otras medidas lesivas para la población, repercutió con toda crudeza en
el Uruguay. El flujo de retiro de los
trece mil millones de dólares de depósitos que había en los bancos, aumentó desde
el mes de enero hasta el mes de julio en forma tan vertiginosa, que amenazó con
drenar todos los haberes depositados en los bancos. Al mismo tiempo la caída de
las reservas internacionales fue enorme hasta un piso de 400 millones de
dólares. El ministro de Economía,
Bensión, aumentó el ritmo devaluatorio
y amplió el ancho de la banda cambiaria para dar más competitividad a las exportaciones y aflojar la presión
sobre el tipo de cambio, pero la
solución resultó infructuosa, por lo que optó por dejarlo fluctuar libremente, produciéndose una
devaluación monetaria que llegó de alrededor de diecisiete a casi los treinta pesos por dólar y terminó por
desequilibrar el pago de las deudas y
transacciones en dólares y perjudicando enormemente la solvencia del
sistema bancario. En ese lapso quebraron varios bancos y se produjeron grandes
escándalos financieros, cuyos efectos se sentirán por mucho tiempo.
Concomitantemente, se produjo una muy severa retracción de la inversión, del
consumo y de la actividad productiva y empresarial. El punto culminante de la crisis se
produjo en julio de 2002, cuando una delegación uruguaya debió ir a negociar
con el Fondo Monetario Internacional, el otorgamiento de fondos frescos para hace frente a los vencimientos de la deuda.
El Fondo , estudiando la situación catastrófica de las finanzas públicas y de
la mayoría de la banca pública y privada, exigió que el país siguiera el mismo
camino que la Argentina, congelando todos los depósitos bancarios y hasta
sugirió la liquidación del Banco de la República Oriental del Uruguay. El
gobierno no accedió a ello y propuso una fórmula alternativa que se concretó
con una ley del 5 de agosto de 2002, que siguió a un feriado bancario de una
semana. Mientras tanto obtuvo un préstamo puente de 1.500 millones de dólares
del Tesoro norteamericano, que permitió
crear lo que se llamó el “Fondo de
estabilidad del sistema bancario”. Mediante los recursos del mismo, se pudo
devolver, al reabrirse la banca, los depósitos a la vista en moneda extranjera
del Banco de la República y del Banco Hipotecario del Uruguay , así como aquellos bancos privados que requirieran
asistencia financiera. Los depósitos a plazo fijo en moneda extranjera quedaron
congelados bajo diferentes modalidades, programándose para los bancos del
Estado devoluciones en tres anualidades del 25, 35 y 40% del total. Finalmente, para solucionar el problema de la acumulación de pagos de la
deuda externa por más de 2000 millones de dólares en el año 2003 y los
sucesivos vencimientos de la misma, se lanzó un programa de canje voluntario de
la deuda externa, sin quitas ni rebajas de intereses, pero con una ampliación
de los plazos generosa , que culminó el 22 de mayo del 2003, con una adhesión
casi total de los tenedores de bonos internos y casi del 90% de los tenedores
externos. Como consecuencia de este canje, que
evitó un default, el riesgo país bajó de más de dos mil puntos a setecientos
puntos, lo cual no significa que por ello vaya a aumentar la inversión en bonos
a largo plazo, ni que el país esté en condiciones de pagar más intereses,
servicios y vencimientos. El Tesoro Público se nutre con la emisión de letras de Tesorería en dólares y en pesos a plazos cortos que
van de 60 a 180 días, con intereses que rondan entre el 5 y 10% en dólares y
que hoy superan los 500 millones de dólares. Por supuesto, la confianza pública fue
seriamente quebrantada y el nivel de depósitos bancarios no ha aumentado en
este período, ni los bancos conceden préstamos importantes. El sindicato
bancario, que había disfrutado de la bonanza de las transacciones riesgosas en
su época de crecimiento ,se vio obligado a aceptar despidos y restricciones
salariales, aunque las mismas no están en consonancia con la drástica reducción
de los depósitos, de 13.000 millones de dólares a poco menos de 7.000 millones
y la caída del nivel de actividad. Soluciones parciales, como la de crear
el llamado “Nuevo Banco Comercial “, entidad pública de derecho privado,
sobre los despojos de algunos bancos quebrados, con fondos suministrados por el
Estado, es una riesgosa apuesta a futuro. El empobrecimiento de la población es
notorio, registrándose una drástica caída del ingreso y eso repercutió sobre la
recaudación fiscal, que en los últimos meses, sin embargo, se ha estabilizado.
El sector privado ha sido el más castigado, por las reducciones voluntarias de
salarios y los abundantes despidos. La micro y pequeña empresa ha sufrido
seriamente por la situación y el cierre de negocios es continuo, situación que
se ha trasladado a muchas empresas medianas.
Como consecuencia de todo ello, el nivel del desempleo rondó el 19%, con
una leve tendencia posterior a la baja. Un estudio realizado por el Instituto
de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República
, prevé que a tasas de crecimiento del
2%, el desempleo podrá reducirse al 13% recién en el año 2011. Corolario de todo esto es el aumento vertiginoso de la
miseria, la marginalidad, la delincuencia y la drogadicción. Las
exportaciones, que habían caído durante el año 2002 a niveles sin precedentes, se están
reponiendo lentamente, gracias a la lenta reapertura del mercado cárnico y a la
mayor competitividad ganada por la severa
devaluación, frente a los socios del MERCOSUR. Ello permitió, ayudado
por la drástica baja de las importaciones, registrar por primera vez en varios
años, un pequeño saldo positivo en la balanza comercial. La política exterior del actual gobierno
de Batlle que llegó al poder al final
de la crisis del MERCOSUR de 1998, se
propuso tomar distancia del MERCOSUR,
sin abandonarlo, y abrir nuevos mercados fuera del sistema regional, buscando
especialmente un tratado bilateral de libre comercio con los Estados Unidos. En
ese sentido, siguió la estrategia del gobierno menemista, como forma de
contrabalancear el mayor poder del
Brasil en el MERCOSUR. Aparte del préstamo puente concedido por el gobierno
norteamericano del que hemos hablado y el apoyo de este país para que el Fondo
Monetario ayudara a superar la crisis
de julio del 2002, no se consiguió otra cosa de ese país. La búsqueda de la
relación privilegiada con los Estados Unidos se fue deteriorando, a raíz de
la ambigua declaración del Uruguay con respecto a la invasión de
Irak, cuando el gobierno de Bush demandaba un apoyo pleno, y luego con la
negativa del gobierno uruguayo – absolutamente correcta y respondiendo a su
tradición de independencia- de firmar un acuerdo bilateral con la superpotencia, exceptuando a los
ciudadanos norteamericanos de los compromisos asumidos por la adhesión al
Tratado que crea el Tribunal Penal Internacional. Como resultado, la dependencia del país
respecto de Argentina y Brasil se acentuó en la misma medida que se redujeron sus opciones de negociación.
Anteriormente, el gobierno había declarado que adhería a la negociación en
bloque dentro del ALCA con sus socios del MERCOSUR, lo cual dificulta que dentro de ese ámbito, la negociación
última, que deberá ser entre Estados Unidos y el Brasil, incluya
los intereses específicos del
Uruguay , como podía haberlo hecho un tratado bilateral. (ver capítulo IV,
sección 4.2.3.3.) El Frente Amplio- Encuentro Progresista
, el partido de izquierda, probable
ganador de las elecciones del 2004, seducido por las coincidencias
ideológico-partidarias con el gobernante PT brasileño y con el sesgo izquierdizante del nuevo gobierno
peronista de Kirchner en Argentina, no vacila en apoyar la idea de Lula de un
“MERCOSUR político”, que en los hechos se traduce en la creación de un
Parlamento del MERCOSUR, elegido por voto popular y, tal vez, un concertación
bajo liderazgo brasileño contra la globalización y la hegemonía norteamericana.
Los otros dos grandes partidos se oponen: el Partido Colorado, arguyendo que
debe priorizarse el perfeccionamiento de los instrumentos económicos, como la
armonización de las políticas macroeconómicas y dejar la instrumentación
política para una etapa posterior . El Dr. Julio María Sanguinetti, ex
presidente de la República ( El Espectador.com.30.6. 2003) sostiene una opinión más matizada que el presidente de la
República, Dr. Batlle, como suelen ser las suyas. Admite la importancia del
MERCOSUR como medio prioritario de inserción internacional y saluda su relanzamiento por Argentina y
Uruguay, pero cree que la exploración
hecha por Uruguay sobre la factibilidad de un contrato bilateral con Estados
Unidos y la concreción de un nuevo acuerdo bilateral con México no son
contradictorios con la pertenencia al MERCOSUR, sino que son ampliatorios de
esa proyección al exterior. Considera sí relevante, encarar el tema de las
asimetrías entre los países y paliarlas mediante medidas compensatorias, sin
llegar al establecimiento de fondos estructurales como en Europa, por los
cuales los países más ricos ayudan al desarrollo de los menos desarrollados.
Respecto del “MERCOSUR Político”, entiende que el sistema tiene ya un carácter
político al haber admitido la cláusula
democrática, pero que es inconveniente pensar en esta etapa en un Parlamento MERCOSUR,
con carácter legislativo, constituyendo un obstáculo enorme la diferencia de
población entre los países, que le daría al Brasil el 70% de la representación. Dentro del Partido Nacional, el Dr. Lacalle, se opone tajantemente a
la formación de un bloque político, que significa una resignación inconveniente
de soberanía para un país pequeño como el Uruguay y sostiene el carácter
exclusivamente económico-comercial del MERCOSUR. Lo cierto es que el Uruguay no logró
desarrollar una estrategia autónoma y pragmática, como Chile que, presidido por
el socialista Lagos, tiene una política
de Estado que incluye a casi todos los sectores y que ha logrado suscribir varios tratados de libre comercio,
entre ellos con el MERCOSUR, sin caer en la dependencia de ningún bloque; y eso
no es deseable para un país tan pequeño, inmerso en un bloque que, hasta el
momento, se ha demostrado incapaz de un trato compensatorio con sus miembros
más débiles . IV.- El PARAGUAY Luego de las tensiones políticas
provocadas por el asesinato de Argaña y la posterior renuncia del presidente
Cubas, el país entró en una relativa normalidad política con la asunción de
González Macchi, que se acaba de asentar en el año 2003, con las elecciones
formalmente democráticas que llevan al poder a otro miembro del perennemente
gobernante Partido Colorado, Nicanor
Duarte Frutos, que asumió el 15 agosto
de ese año. La herencia dejada al nuevo gobierno por el anterior de González
Macchi, que a su vez recogió el tremendo legado de todos los anteriores es de
inseguridad, desempleo, corrupción, aguda recesión económica y desprestigio
internacional. Desde el punto de vista
económico, ante la crisis generalizada de la región, era lógico que la economía
más débil e inestructurada del MERCOSUR, sufriera las más serias consecuencias.
Sin embargo, ello no comprometió la estabilidad institucional y la
participación del país en el proceso de integración a la par de los otros
socios. En mayo de 2003, el presidente electo, Duarte Frutos realizó una gira
por la región reclamando apoyo, en la cual el presidente Lula le prometió
préstamos sociales para el desarrollo, a condición de que el próximo gobierno
combata la ilegalidad, la corrupción, la falsificación, el contrabando y el
lavado de dinero en la Triple Frontera, para lo cual contaría con la ayuda del
Brasil. En la última reunión de presidentes realizada en Asunción, el
presidente saliente, González Macchi, reclamó una solución al problema de las
asimetrías, que está nuevamente en la agenda del MERCOSUR. Notas bibliográficas ( * ) Continúa
el capítulo cuarto “Noticia política y económica sobre los países del MERCOSUR
y asociados en “El MERCOSUR y su contexto regional e internacional” y el
capítulo segundo “Las crisis financieras de 1997-98 y su repercusión en los
países del MERCOSUR” , en “El MERCOSUR
en tiempos de crisis”. Clarín.com.
Informe especial de Mariana García: “Formosa, una provincia pobre con políticos
muy prósperos”. López
Murphy, Ricardo . Conferencia dictada el 2.8.2002 en el Complejo Punta Cala,
Dpto. de Canelones, organizada por la Asociación Cristiana de Dirigentes de
Empresas, transcripta en la web El Espectador.com. Botinelli,
Oscar: Entrevista radial sobre el resultado de las elecciones brasileñas y
perspectivas del nuevo gobierno, Montevideo, noviembre 2002, El Espectador.com. Clarín.com. “El triunfo legislativo de Lula por la
aprobación de la reforma previsional causó la furia de estatales” Miércoles 6
de agosto de 2003, año VII No. 2684. José
Corrêa Leite, Entrevista a Reinaldo Gonçalves, en td teoria e debate 52.dez
2002/jan/fev 2003 Donde
este economista del PT afirma: “O Brasil debe, em primeiro lugar; em segundo,
com relaçao ao MERCOSUR, minha ideia e un desengajamento gradual em quanto un
acordo comercial”. Vizentini,
Paulo Fagundes: As três dimensões das Relações Internacionais do governo
Lula.http.www.terra.com.br/vizentini/ 2003. Jaguaribe,
Hélio, op. cit. Pág.14. Entiende que la formación de un área sudamericana de
libre comercio representa una ventajosa alternativa al proyecto ALCA. El Espectador.com. Entrevista al Dr. Julio
María Sanguinetti, el 30.6.2003 CAPÍTULO
TERCERO: LA EVOLUCION DEL MERCOSUR. SUS NUEVOS AMBITOS DE ACCION ( * ) I.- INTRODUCCIÓN La crisis del MERCOSUR a que asistimos
durante lo años 1999 y 2000, centrada fundamentalmente en la guerra comercial
desatada entre los principales socios del sistema, seguida del colapso
argentino en diciembre del 2001 y la crisis uruguaya desencadenada en el 2002, unidas a la precaria situación
financiera del Brasil, para no mencionar la mala situación política, económica
y financiera paraguaya, causaron caídas espectaculares en el comercio recíproco
intrazona hasta el punto de seguir socavando la imagen del sistema. Este es
visto en todas partes con gran escepticismo, sobre todo por los países pequeños
del mismo, especialmente el Uruguay,
cuyo gobierno se empeñó en una ofensiva internacional tendiente a hacer
menos dependiente al país del comercio intrazona, debiendo reconocerse que su
éxito ha sido relativo, salvo los acuerdos con México y con China, la reapertura del mercado canadiense para
las carnes uruguayas y ahora del norteamericano. Se explica así que el año 2002 se cierre
en el MERCOSUR con escasos progresos reales, aunque en el segundo semestre del
año se pueden contabilizar algunas iniciativas, especialmente a cargo del
presidente Cardoso, quien, aparentemente, desea dejar un legado positivo en las
relaciones entre los países de intrazona, con el acostumbrado exceso de discurso de fin de mandato y pocos avances positivos. La crisis argentina determinó que se
arbitraran dentro del MERCOSUR algunas soluciones que significaron un
apartamiento del régimen general de la zona de libre comercio y de la unión
aduanera, para proporcionar a ese país
un alivio en esa difícil situación. Ello se reflejó en algunas decisiones del
Consejo Mercado Común adoptadas en el correr del año 2001 y año 2002. La
decisión No. 1 autoriza a ese país a aplicar alícuotas extraordinarias de
importación desde terceros países, para
reducir la competencia de esas
mercaderías en el mercado interno. II.- LA ZONA DE
LIBRE COMERCIO. II.1.- el sector automotor. En el marco de esta reactivación de la
colaboración recíproca, que termina de poner fin a los enfrentamientos de los
años anteriores, y con la intención de reducir el impacto de la crisis que
azota a la región en el comercio recíproco, se reunieron en Brasilia el
presidente Duhalde y el presidente Cardoso, el 26 de setiembre del 2002 y firmaron dos convenios bilaterales, uno
de ellos relativo al sector automotor. Por este acuerdo, precedido por sendas
reuniones realizadas el 6 de febrero y
el 14 e marzo de 2002, Argentina, durante el resto del 2002 pudo vender al
Brasil dos dólares en vehículos y repuestos, por cada dólar que le compraba el
Brasil, mejorando sustancialmente la relación de 1 a 1 que establecía la
cuotificación precedente. En el 2003 la relación crecerá a 2.2,
en el 2004 a 2.4 y en el 2005 a 2.6, liberándose totalmente el comercio automotor
para el 2006, de acuerdo con las metas establecidas precedentemente. Igualmente
el convenio exonera las multas en que incurrieron en el pasado los exportadores
argentinos por haber vendido más de lo que les autorizaba el cupo. Este acuerdo
flexibiliza el sistema de cupos de exportación de uno de los dos sectores aún
no liberalizados en el MERCOSUR, que representa el 25% de comercio bilateral y
se cree que por el mismo, Argentina podrá vender al Brasil unos 100.000 autos
por año. Recordemos que este sector, conjuntamente con el azucarero son los
únicos que no están liberalizados
dentro de la zona de libre comercio y se rigen por acuerdos específicos. Los
acuerdos sobre automotores rigen hasta el 2006. II.2. El sector servicios. En la reunión de presidentes de
Brasilia, el 5 y 6 de diciembre del 2002, se urgió la pronta ratificación del
Protocolo sobre comercio de servicios, aprobado por decisión del No. 11 del
2001, para complementar la liberación de los servicios en un plazo máximo de
diez años y en la reunión de presidentes de Asunción 2003, se volvió a urgir la
misma. II.3.- La integración fronteriza Se creó por decisión No.5 del 2002 del
CMC, un grupo ad hoc sobre este tema que inició los trabajos en el curso de ese
año para profundizar la integración de
las colectividades fronterizas y
promover su desarrollo, así como la mejora de la calidad de vida en las mismas. El programa brasileño “Objetivo 2006”,
presentado en la reunión de Asunción de junio de 2003, contiene igualmente un
programa de integración fronteriza. II.4.- Compras gubernamentales En Buenos Aires, el 22 de
julio de 1998, el Grupo del Mercado Común aprobó lineamientos sobre criterios,
procedimientos y plazos para negociar un régimen de compras gubernamentales de
bienes y servicios en el MERCOSUR, elaborado por el Grupo Ad Hoc de Compras
Gubernamentales. Los lineamientos contienen los siguientes criterios: a) Trato
nacional para los bienes, servicios y proveedores de los demás países miembros.
b) Cobertura: definición de las jurisdicciones, entidades y empresas, así como
bienes y servicios comprendidos dentro del régimen. c)Reglas de transparencia
que aseguren el acceso a la información y el acceso a los derechos de los
interesados. d) solución de controversias: tomar en consideración tanto las
legislaciones nacionales como los acuerdos internacionales en la materia. Se
prevé, además, un anexo sobre la cobertura (listas negativas y positivas de
productos y servicios, niveles de gobierno, empresas estatales, etc. y otro
referido a un glosario de definiciones de términos usuales en la materia). Los lineamientos establecieron un
cronograma de negociación en dos fases; la primera hasta diciembre de 1998
correspondía a las negociaciones del marco normativo y la segunda, hasta junio
de 1999, se destinaría a la negociación de un anexo de cobertura. Como en todos los aspectos sensibles del
MERCOSUR, los plazos se fueron alargando y si bien se llegó a la formulación de
un acuerdo, en la reunión de Brasilia, del 5 y 6 de diciembre del 2002, los
presidentes urgen, todavía, la pronta ratificación del Protocolo de Compras
Gubernamentales, que facilitaría el libre acceso de los oferentes originarios
del sistema en las compras gubernamentales, las cuáles constituirían casi la
mitad de todas las compras intrazona. II.5.- Medidas antidumping y derechos compensatorios. La decisión No.7/01 del CMC daba, dentro
del programa de relanzamiento del MERCOSUR, plazo hasta el 3l de diciembre del 2001 para la eliminación
gradual de medidas antidumping y derechos compensatorios en el comercio
intrazona. Asimismo dentro de las medidas de defensa del comercio, se instruía
para estudiar medidas antidumping y derechos compensatorios de terceros países. III.- ARANCEL EXTERNO COMÚN. UNIÓN ADUANERA En lo concerniente al arancel externo
común, recordemos que la decisión No. 1 del CMC, de enero de 2001, autorizó a la Argentina a aplicar
alícuotas extraordinarias de importación superiores al arancel para treinta
países de fuera de la región, para ayudar a paliar su crisis de la balanza
comercial. Se prorroga la exención del Arancel
Externo Común para la zonas francas de Colonia y Manaos, establecida por el PEC
entre Brasil y Uruguay. El arancel externo común fue varias veces modificado, siempre hacia
el alza, en forma circunstancial o definitiva, según los intereses de los
actores. Actualmente está vigente el
aprobado por la Res. 65/01 del GMC,
modificado por actualización del 11 de octubre de 2002. Rige hasta 1.1.2003, un
incremento general que abarca a todo el arancel del 1.5% En cuánto a la Unión Aduanera, en la reunión del Consejo Mercado Común y de
Presidentes en Brasilia, el 6 de diciembre de 2002, se reitera la necesidad de
incorporar las normas aduaneras comunes a las legislaciones respectivas, asunto
en el que aún no se ha logrado un acuerdo. La situación al día de hoy , obsta a la
plena vigencia de la Unión Aduanera. En efecto; Gustavo Magariños (Magariños,
julio 2000), en una obra de reciente aparición hace un listado de aquellos
requisitos necesarios para conformar una Unión Aduanera perfecta: comercio
libre en un mercado único; normas técnicas de origen comunes; reglas de competencia y de defensa del
consumidor que eviten intervenciones excesivas de los Estados y posiciones
dominantes de empresas en la zona; aplicación del arancel externo común a la
totalidad de los productos; aplicación de una política externa común frente a
terceros países; adopción de un Código Aduanero Común; implementación de
mecanismos idóneos para la administración del sistema; un ordenamiento legal
que asegure el cumplimiento automático del derecho comunitario; y un mecanismo
ágil de solución de controversias. Si bien alguno de estos rasgos no son
básicos para el funcionamiento de la Unión Aduanera, es innegable que aún se
está muy lejos de este desideratum en aspectos esenciales. En la reunión de presidentes de
Asunción, el 18 de junio del 2003, se hace una nueva reiteración del tema,
recomendando esta vez la búsqueda de mecanismos para la aplicación inmediata de
aquellas normas que no requieran trámite legislativo. IV.- INVERSIONES,
PRODUCCIÓN Y EXPORTACIÓN. El programa de Relanzamiento del
MERCOSUR aprobado en marzo del 2000 en Florianópolis, propone establecer disciplinas comunes para la utilización de
incentivos a las inversiones, a la producción y a la exportación, incorporando
a los regímenes de zonas francas,
admisión temporaria y otros regímenes especiales. V.-LAS METAS DE ARMONIZACIÓN MACROECONÓMICA Debe recordarse que el 13 de
diciembre del 2000, los ministros de economía y los presidentes de los bancos
centrales del MERCOSUR, Chile y
Bolivia, reunidos en Florianópolis acordaron las metas y mecanismos de
convergencia macroeconómica para la inflación, el déficit fiscal y el
porcentaje de la deuda pública con el PBI
nominal, creando a los efectos un Grupo de Monitoreo Macroeconómico,
precediendo a la 19a. cumbre presidencial del sistema de integración. Estas metas acordadas son “grosso
modo” las siguientes: -profundizar el pleno
acceso a los mercados -ratificar la plena
vigencia del programa de Asunción -reforzar los incentivos
para las inversiones, la producción y la
exportaciones -llegar a la plena vigencia
del arancel externo común -perfeccionar los
mecanismos de defensa comercial y asegurar la
competencia -perfeccionar el sistema de
solución de controversias -progresiva incorporación
de la normativa del MERCOSUR a las legislaciones locales -fortalecimiento
institucional del MERCOSUR En el contexto en que se efectuaron
estos acuerdos, que auguraba la profundización de la crisis del MERCOSUR y de sus países miembros, este esfuerzo debe
considerarse como una mera maniobra propagandística, a la que son tan afectos,
desgraciadamente, nuestros políticos,
destinada fortalecer la credibilidad de un MERCOSUR al borde del colapso. La brutal crisis argentina, seguida de
la apenas menos profunda del Uruguay
dio al traste con todo tipo de previsiones reales o fingidas. Sin embargo, el
ejercicio de sobrefiscalización abusiva, empobrecimiento por desempleo,
devaluación e inflación, y despojo colectivo de depósitos bancarios a que se
entregaron Argentina y Uruguay – aquella en forma más burda que éste-
incrementado por la constante
desvalorización del real en Brasil,
tuvo para el canciller argentino Ruckauf el “benéfico” efecto de colocar casi a
la par el real y el peso argentino, como si hubiera habido una armonización
voluntaria. Olvidó el canciller que esta equiparación, sin duda deseable para
sincerar y estabilizar los flujos de
comercio es circunstancial, sujeta a
las urgencias de la crisis y que no está acompañada de ninguno de los
demás factores que aseguran normalmente la estabilidad y crecimiento de los
flujos de comercio. En la reunión de presidentes del
MERCOSUR en Asunción el 18 de junio del 2003, en una atmósfera más distendida y
de franco y hasta excesivo optimismo, se toma nota del informe de los ministros
de Economía sobre la importancia de avanzar en la armonización de las variables
macroeconómicas – ¡vaya novedad! - y se acuerda en mantener las metas de
Florianópolis arriba expresadas- que son el ABC de toda zona de libre comercio. VI.- LA MONEDA COMÚN. Este tema tiene lejanos antecedentes en
la historia de la integración regional. En el marco de la ALALC-ALADI, ante la
imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre el tema monetario, se creó un
sistema multilateral de pagos y créditos basado en registros contables en
dólares nominales y compensaciones periódicas de saldos. Ya dentro del Programa de Cooperación e Integración Económica
firmado en Buenos Aires en 1986 por Argentina y Brasil, se incluyó
posteriormente un protocolo que creaba una moneda de cuenta que se denominó el
gaucho, que nunca se puso en práctica.
Posteriormente, en diversas ocasiones se retomó la idea en propuestas de
Menem y Cardoso, pero nunca se avanzó en su implementación, debido a las
dificultades y falta de voluntad política de buscar una armonización de las
políticas macroeconómicas y sobre todo las monetarias, para cuya vigencia el
sistema no está maduro. Es curioso que estas propuestas
surgieran no en momentos de estabilidad cambiaria y económica, sino,
paradójicamente, en momentos de crisis económicas y financieras y divergencias
profundas en las políticas cambiarias y
monetarias. Como apunta Magariños (op.cit.) “la
moneda única corresponde en la integración financiera a un estadio similar al
del mercado único en la integración comercial. En ambos casos se produce la
unificación de las políticas nacionales pertinentes mediante una asimilación total
de las preexistentes o a través de la adopción de una política comunitaria que
las sustituya.” Y sigue: “ la
instauración de una unión monetaria presupone la existencia de un mercado
financiero común en el que rijan el derecho de establecimiento , la libertad de
ofrecer y de adquirir servicios sin consideración de la nacionalidad de
proveedores y consumidores, la libre
movilidad de capitales y en el que puedan realizarse operaciones de valores sin
limitaciones ni obstáculos.” No son estas las circunstancias del
MERCOSUR y no lo serán por mucho tiempo, pero aún en la etapa de zona de libre
comercio es indispensable cierta convergencia de las políticas monetarias y
cambiarias para no alterar nocivamente los flujos de comercio, como ha
sucedido. Para evitar variaciones inconsultas y repentinas, es necesario
establecer algún mecanismo multilateral que preserve por períodos extensos y
previsibles el valor recíproco de las monedas como la serpiente monetaria o el
sistema monetario europeo (SME). En tal situación se puede crear una moneda de
cuenta común que sirva de referencia. Es en ese espíritu que se puede examinar
la propuesta presentada por el presidente argentino en la reunión de
presidentes en Asunción de junio de 2003, en el sentido de estudiar la creación
de un Instituto Monetario. VII.- LA
INTEGRACIÓN CULTURAL Se firmó un Protocolo de integración
educativa y reconocimiento de certificados títulos y estudios de nivel básico y
medio no técnico entre los países del MERCOSUR, Bolivia y Chile, que se suma a
los acuerdos anteriores sobre enseñanza de postgrado y culturales. Los presidentes reunidos en Asunción en
junio de 2003 enfatizan la necesidad de profundizar este tema, entre otros. VIII.- LOS ASPECTOS INSTITUCIONALES VIII.1.-Solución de controversias.- Recordemos que, en
las reuniones previas al Tratado de Asunción, se rechazó de plano,
fundamentalmente por parte del Brasil, la creación de un Tribunal de Justicia
del MERCOSUR para resolver las controversias en el seno del mismo, que pudiera imponer sus sentencias a los
Estados Parte y a otras partes litigantes, tal como lo pretendían los Estados
menores, esto es Uruguay y Paraguay. El Tratado estableció un mecanismo de
solución de controversias muy esquemático y similar al que es común en el
derecho internacional entre países que no forman parte de esquemas de integración. Este mecanismo fue
perfeccionado por el llamado Protocolo de Brasilia, pero manteniendo los mismos
lineamientos o sea similares carencias.
Pese a nuevos intentos de los países menores de crear el Tribunal de
Justicia, el Protocolo de Ouro Preto mantiene el mismo sistema. Sin embargo, se
adopta una variante respecto de las
directivas de la Comisión de Comercio, las cuáles podrán ser reclamadas
por las secciones Nacionales de la Comisión, en representación de los Estados
Parte o por particulares en determinadas situaciones, mediante un procedimiento
especial, contenido en un anexo del Protocolo. Más recientemente, el Grupo Mercado
Común adoptó una resolución para revisar el mecanismo de Solución de
Controversias del Protocolo de Brasilia, a efectos de colmar sus lagunas. Esta
revisión culminó en el año 2002 con la
aprobación del llamado Protocolo de Olivos, suscrito el 18 de febrero de 2002,
que deroga el régimen del Protocolo de Brasilia y su reglamentación. Veamos los rasgos principales de este nuevo
Protocolo. - Abarca las controversias que surjan entre los Estados
Partes sobre interpretación, aplicación o incumplimiento del Tratado de
Asunción, del Protocolo de Ouro Preto y demás Protocolos bajo el Tratado, las
decisiones del Consejo Mercado Común, de las resoluciones del Grupo Mercado
Común, y de las Directivas de la Comisión de Comercio. -Cuando dichas controversias puedan ser a la vez sometidas a
la Organización Mundial del Comercio o de otros esquemas preferenciales de que
sean parte individualmente los Estados miembros del MERCOSUR, el demandante
podrá optar por uno de esos foros. -Los Estados partes deberán optar ante todo por
negociaciones directas, con plazo determinado. -Si no hubiera acuerdo total o parcial, se recurrirá al
procedimiento arbitral, salvo que las partes decidan someter la controversia
ante el Grupo Mercado Común. También podrá hacerlo un Estado que no sea parte
de ella. El Grupo Mercado Común
formulará recomendaciones dentro de un plazo establecido. -Cuando tenga lugar el procedimiento arbitral , éste se
sustanciará ante un tribunal ad-hoc
compuesto de 3 árbitros, designados uno por cada parte litigante y un
presidente por acuerdo de partes, de
una lista constituida previamente de 12 árbitros por cada Estado parte y una
lista de 4 terceros árbitros por cada Estado parte . Si no hubiere acuerdo en las designaciones, ésta se hará por sorteo. - Fijado el objeto de la controversia y sustanciada la
misma, el Tribunal Arbitral dictará un laudo, susceptible de un recurso de
revisión sobre los aspectos jurídicos tratados en la controversia, ante el
Tribunal Permanente de Revisión. -El Tribunal Permanente de Revisión estará integrado por cinco árbitros,
nombrados a razón de uno por cada Estado parte y un quinto nombrado por todos
unánimemente, o por sorteo en caso de no obtenerse unanimidad. Dicho Tribunal
podrá confirmar, modificar o revocar los fundamentos jurídicos y las decisiones
del Tribunal Ad Hoc. - Los laudos de los Tribunales
Arbitrales son obligatorios y tendrán fuerza de cosa juzgada, vencido el plazo
para instaurar el recurso de revisión.
Los laudos del Tribunal Permanente de
Revisión son inapelables y tendrán fuerza de cosa juzgada para las partes. -Los laudos son obligatorios y deberán
ser cumplidos dentro de los plazos que el tribunal respectivo establezca. -Si un Estado parte de la controversia
no cumpliera con el laudo, el perjudicado tendrá durante un año la facultad de
iniciar la aplicación de medidas compensatorias temporarias, tales como la
suspensión de las concesiones u otras obligaciones equivalentes. -El derecho aplicable será el originario
y derivado emanado del MERCOSUR y supletoriamente de los principios y
disposiciones aplicables al Derecho Internacional. Si las partes lo acordaren,
el tribunal podrá decidir la controversia ex aequo et bono.
Se crea, además un procedimiento especial para las reclamaciones de los
particulares con motivo de la
sanción o aplicación por cualquiera de los Estados partes, de medidas legales o
administrativas violatorias del derecho del MERCOSUR. Estos deberán presentar
sus reclamos ante la Sección Nacional del Grupo Mercado Común del país donde
tengan su residencia habitual. Esta deberá iniciar consultas con la sección
nacional correspondiente del país al que se atribuye la violación. Si no se
alcanzare una solución, se elevará sin más trámite ante el Grupo Mercado Común.
Si no hubiere acuerdo en el Grupo Mercado Común, éste convocará a un grupo de expertos, que deberá emitir un dictamen.
Los expertos en número de 3 serán designados por el Grupo Mercado Común o a
falta de acuerdo, éstos serán elegidos por votación que realizarán los Estados
partes, de una lista preestablecida de 24 miembros. -
Si el dictamen unánime de los expertos
verificare la procedencia del reclamo
formulado, cualquier Estado parte podrá requerir la adopción de medidas
correctivas o anulación de las que son
objeto del recurso. Si esto no se verificare, el Estado demandante podrá
recurrir al procedimiento arbitral arriba señalado, lo mismo que en el
caso que el dictamen no sea unánime. La adhesión al Tratado significa la
adhesión ipso jure a este Protocolo y su denuncia implica denuncia del Tratado. El Uruguay fue el primer país en servirse del Protocolo de Olivos. Con
fecha 1º. de marzo del 2002, presentó
un recurso ante el Tribunal Permanente de
Revisión. Este Protocolo trae consigo un avance en
el tratamiento de la solución de las controversias en el MERCOSUR. Implica el
tratamiento jurídico de las controversias , salvo excepciones, luego de
fracasada la instancia de negociación directa, que es eminentemente de carácter
político. Implica asimismo la obligatoriedad de los laudos emitidos y la
existencia de un mecanismo compulsivo de su cumplimiento a cargo del Estado
lesionado y, en ciertos casos, de la comunidad de los Estados partes. Establece
asimismo la adhesión automática e irrenunciable al sistema en cuanto miembro
del MERCOSUR. Lejos estamos aún, sin embargo, de los mecanismos existentes en
la Unión Europea. VIII.2.- la Secretaría Técnica. Por decisión No.1 del CMC del 2002, se instruyó al Sub-Grupo de Trabajo No.2 sobre aspectos institucionales,
para estudiar la transformación de la Secretaría Administrativa, en una
Secretaría Técnica que sirva de asesoría técnica para las actividades de los demás órganos del MERCOSUR. Esa
transformación se concretó y se espera que su funcionamiento refuerce las
instituciones del sistema de Integración. VIII.3.- El Parlamento del MERCOSUR El presidente electo del Brasil Inácio
Lula Da Silva propuso la transformación
de la Comisión Parlamentaria del MERCOSUR en un verdadero Parlamento que
represente la voluntad de los pueblos del MERCOSUR, elegido por voto directo.
Esta idea no es congruente con la etapa por la que atraviesa el MERCOSUR, como
un organismo intergubernamental integrado por representantes de gobiernos y con
un proceso decisorio bajo la regla del consenso, sin siquiera un embrión de
ejecutivo comunitario. Basta recordar las limitadas competencias que tiene el
Parlamento Europeo, elegido por sufragio popular y luego de un prolongado ciclo
de maduración del sistema de integración , mucho más evolucionado que el
nuestro, para darse cuenta que esa propuesta
es difícilmente practicable para
un MERCOSUR acotado a cuatro países de tan desigual población -Uruguay tiene el
2% de la población del Brasil y menos del 10% de la de Argentina y Paraguay
algo más- y en un grado de evolución limitado a lo económico. Para muchos, esta propuesta no está, por
el momento, en el meollo de la recuperación del MERCOSUR. Sin embargo, el
Brasil parece estar muy interesado en impulsarla, puesto que en Asunción 2003,
los presidentes decidieron convocar a una reunión extraordinaria dentro de 60
días para considerar el tema. A pesar de las evidente dificultades de organizar
la representación de los países integrantes, siempre es posible crear de alguna
forma, más que un parlamento como tal, un foro de debate que se adscriba
simbólicamente a la soberanía popular
regional. Será necesario esperar la formulación de una propuesta concreta y el
debate consiguiente para evaluar mejor el destino de esta propuesta. IX.- LA IMPLEMENTACIÓN DEL MERCADO COMÚN. La implementación del mercado común para
el año 1995, propuesta en el Tratado de Asunción había quedado congelada desde
diciembre de 1993 ,cuando los gobiernos decidieron que era un objetivo muy
ambicioso para la etapa de la evolución del sistema. La libre circulación de personas y
la capacidad de establecerse en los
países del MERCOSUR, es uno de los requisitos fundamentales de todo mercado
común y como tal es recogido en el artículo 1º. del Tratado de Asunción. Sin
embargo, en este punto como en otros, se ha avanzado lentamente. Dicho progreso
consiste en la ratificación del
“Acuerdo sobre Regularización Migratoria Interna” y del “Acuerdo sobre
Residencia para los Ciudadanos del MERCOSUR,
Bolivia y Chile”. En la cumbre de Asunción de junio de
2003 se retoma el tema programáticamente , ya que al referirse a la dimensión
social del MERCOSUR, los presidentes evocan medidas tendientes a “facilitar la
circulación de los trabajadores”. La propuesta brasileña llamada “
Objetivo 2006”, retoma el desafío al proponer
la búsqueda de bases para
efectivizar el mercado común. Se está lejos aún de este propósito y, como se
dijo más arriba, probablemente no sea
la mejor idea repetir el proceso europeo. X.- POLÍTICA COMERCIAL COMÚN FRENTE A TERCEROS PAÍSES. Dando un principio de cumpliendo con las normas del Tratado de Asunción, se
estableció una oficina comercial conjunta en la ciudad de Berlín. En la reunión de presidentes de Asunción del 18 de junio del 2003,
se insiste en la necesidad de fortalecer la acción comercial conjunta y la
formación de consorcios exportadores del MERCOSUR. En el ámbito de las
negociaciones del Programa de Doha y en todas las que el MERCOSUR mantiene con
otros bloques y países existe un programa de negociación comercial conjunta en
desarrollo. XI.- LA DIMENSIÓN POLÍTICA
Y SOCIAL DEL MERCOSUR. XI.1.- La concertación política.- Desde el acceso al poder
del Partido de los Trabajadores, el presidente Lula ha lanzado una serie de
temas relacionados con una más profunda concertación política no sólo dentro
del MERCOSUR, sino también en el ámbito de América del Sur. Esta línea de
acción combina los temas clásicos de la postura de izquierda con la
búsqueda de liderazgo en la región que es una constante de la política
brasileña. Esa posición encontró eco en el gobierno argentino de Duhalde, pero
con más énfasis en el reciente gobierno de Kirchner, que parece determinado a
profundizar la alianza política con Brasil, contrastando con la anterior posición de los gobiernos de
Menem, quien buscó una relación privilegiada con los Estados Unidos, en un
intento de contrarrestar el mayor peso
brasileño dentro del sistema. En esta
búsqueda de profundización de la concertación, ambos gobiernos son
acompañados en el Uruguay por la oposición frenteamplista y un estímulo
oratorio del presidente de Chile, partícipe de
las reuniones de presidente como país asociado. La posición chilena es particularmente
curiosa porque tanto el presidente Lagos, como su canciller Soledad Alvear
enfatizaron que Chile integra y estimula el MERCOSUR político y social, pero
reivindicaron la independencia chilena en el ámbito del relacionamiento
comercial bilateral con países extrazona, cuando el Tratado de Asunción es un
Tratado ciento por ciento comercial. En efecto; el Tratado del MERCOSUR es un
tratado comercial de lo más escueto, vinculado en su preámbulo a un proyecto de desarrollo económico con
justicia social, pero no un tratado de concertación política, aunque la
dimensión política no esté totalmente ausente del mismo, como por ejemplo la
defensa común de sus intereses económicos frente a terceros países y la
posibilidad de políticas económicas comunes, inherentes a un mercado común. La
llamada “cláusula democrática”, que rige también en la Unión Europea, es sólo
un requisito de admisión para adherir o permanecer en el sistema, que no tiene
base en el tratado mismo, pero no convierte al MERCOSUR en un tratado político.
Nada obliga a los miembros del MERCOSUR a adoptar posiciones comunes sobre
temas intrínsecamente políticos. El MERCOSUR Político sería una figura de
lenguaje que no tienen alcance legal, por lo menos en el derecho originario. El
MERCOSUR Social está implicado en el preámbulo mismo, como se vio, y está
institucionalizado a través del Foro Consultivo Económico y Social; y el
MERCOSUR Cultural ha sido adoptado en los programas de trabajo y en algunas
disposiciones del derecho derivado. La nueva tendencia, que es resistida por
los ortodoxos del tratado (ver, por ejemplo la posición de Lacalle en la
sección dedicada a Uruguay), responde, como se vio, a la iniciativa brasileña
del gobierno de Lula. En la reunión de presidentes en Asunción 2003, el Brasil
presentó una propuesta llamada “Objetivo 2006”, que contiene un Programa
Político, Social y Cultural, Bases para el Mercado Común, un Programa “de la
“Nueva Integración” y un Programa de Integración Fronteriza. La propuesta
busca, entre otras cosas, reforzar los objetivos político y social,
conjuntamente con la propuesta de creación del Parlamento del MERCOSUR. Dentro de esa dimensión política, pero
también tocante con lo económico, aparece por primera vez expresado en Asunción
el propósito de tratar las asimetrías entre los Estados parte, por lo cual se
instruye a los órganos competentes para que dentro de seis meses se definan e
implementen medidas conducentes a ese objetivo. Dejando de lado el hecho de que
parece ingenuo pensar que en ese escueto lapso y por órganos subordinados, se
puedan implementar medidas de importancia
para resolver este gran tema , el hecho es que significa el
reconocimiento de que el pretendido tratamiento igualitario del Tratado de
Asunción es en realidad un trato discriminatorio para los países menores, y que
el tema requiere una voluntad política superior para superar el plano de los
intereses económicos específicos en el que se ha venido desarrollando el
Tratado. XI.2.- La dimensión social.-
Los nuevos gobiernos enfatizan la dimensión social del MERCOSUR, que
aparece expresada en el preámbulo de Tratado de Asunción, pero que hasta el
momento ha tenido muy escasa implementación dentro del mismo. En la mentada
reunión de presidentes de Asunción de junio 2003, el Brasil dentro del paquete
“Objetivo 2006” presenta un programa social, con el que su presidente está muy
comprometido, especialmente en el capítulo de lucha contra el hambre. Por otra
parte, el comunicado de los presidentes demanda incorporar a la agenda, la
proposición de medidas concretas tendientes a la inclusión de los grupos más
vulnerables, la erradicación del trabajo infantil, la facilitación de la
circulación de los trabajadores y la promoción del empleo. XII.- EVALUACIÓN
CRÍTICA DEL PERÍODO. Las fuertes críticas y el escepticismo
sobre su porvenir que nos mereció y mereció en general, la evolución del MERCOSUR a partir de 1998,
que se pueden leer en “El MERCOSUR en tiempos de crisis” , se mantienen, aún luego de haber cesado la guerra comercial
que opuso a la Argentina y al Brasil en 1999 y parte del 2000, que repercutió
también sobre el Uruguay. Durante la crisis se conculcaron los principios
básicos que garantizan la existencia de una zona de libre comercio y estuvo ausente el mínimo de cooperación
indispensable para afrontar conjuntamente los efectos dañosos de la misma. En
estos enfrentamientos, se puso de
manifiesto la ausencia de normativa en aspectos tan fundamentales como qué tipo
de restricciones no arancelarias son
admisibles en el sistema, cómo debe operar un sistema de solución de
controversias eficiente y cómo preservar
una convergencia macroeconómica mínima que garantice la supervivencia de
los flujos de comercio. Las consecuencias para el comercio intrazonal y
exterior han sido catastróficas y han ambientado, aún hoy, un gran escepticismo
sobre la eficiencia del MERCOSUR. En el Uruguay, por ejemplo, se desarrolló una tendencia bastante
generalizada a considerar que el país debe abrirse al exterior para buscar en
el incremento de las exportaciones extrazona, como una de las pocas salidas
a la crisis profunda que lo aqueja, en
gran parte como consecuencia de la tremenda crisis argentina y la anterior
brasileña. Se depositó en muchos sectores, esperanzas en un tratado bilateral
con los Estados Unidos, como el que este país firmó con Chile, lo cual ya no
aparece como factible (ver Uruguay en el capítulo anterior). Justifican este escepticismo no
solamente la caída de los flujos de comercio en un 50% o más, producto
igualmente de la crisis interna de sus miembros, sino la omisión o lentitud en
implementar las garantías básicas para un funcionamiento eficiente de una zona
de libre comercio, como el acceso a los mercados de bienes y servicios, compras
gubernamentales, eliminación de restricciones al comercio, defensa comercial y
de la competencia, regulación de las inversiones, uniformización y
complementación de los procedimientos aduaneros, la creación de fondos financieros y de ayuda a los países
menores, así como el acatamiento de los
principios de transparencia, seguridad y certidumbre. A ello debe añadirse el trato bilateral que Argentina y Brasil
otorgan a sus problemas más importantes, dejando con frecuencia afuera de sus
conversaciones y soluciones a los socios menores. Es difícil, igualmente, prever qué consecuencias traerán la firma
del ALCA y la UE al funcionamiento y
desarrollo del MERCOSUR, la cual podría producirse en las fechas establecidas,
lo que significa que la misma tomará al sistema, en el mejor de los casos, en
el proceso de su reconstitución
institucional y económicamente débil.
Es muy probable que el Brasil sea el árbitro de la armonización entre los
sistemas, lo cual , en principio podría no ser conveniente para los demás
socios de un sistema extremadamente asimétrico. Dicho todo ello, es necesario hacer
caudal de un cambio de actitudes dentro del MERCOSUR, que implica la toma de
conciencia de que se ha ido demasiado lejos en los obstáculos y los
enfrentamientos en medio de una crisis extremadamente aguda, y de que es
necesaria una mayor cooperación para preservarlo y consolidarlo en sus aspectos
básicos para bien de todos. Resultado de ello, son los lentos y trabajosos
procesos del relanzamiento, de que hemos dado cuenta más arriba. Debe
resaltarse, dentro de este contexto, la firma del nuevo acuerdo automotor entre
Argentina y Brasil, que permite a aquélla exportar más automóviles y piezas
antes de la liberalización completa del sector, prevista para el 2006. Se advertirá igualmente en estas páginas
el abandono por parte del autor, de los objetivos maximalistas que planteaba en
el capítulo 6º del “MERCOSUR y su contexto regional e internacional” “Políticas
y estratégicas implícitas , explícitas y posibles”, sobre todo de las políticas
y estratégicas posibles, que acercaban
al MERCOSUR a una Unión ideal, que ni aún la Unión Europea ha alcanzado
plenamente, con motores poderosos como Alemania. Estos objetivos son,
evidentemente, demasiado utópicos a la luz de lo que da el MERCOSUR real. Hoy en día, en una óptica pragmática, sería
deseable una zona de libre comercio integral, con mecanismos regulatorios
claros, transparentes, basados en un pacto creíble de estabilidad macroeconómica, que permitan un funcionamiento
armónico y previsible de los intercambios comerciales. Con el ascenso de los gobiernos
progresistas de Lula y Kirchner y una fuerte presencia mediática del Encuentro
Progresista-Frente Amplio en el tema y de su líder Tabaré Vázquez visitando a
dichos mandatarios, el MERCOSUR retoma la vía idealista del preámbulo del
tratado de Asunción, lanzándose un semillero de promesas y proyectos de
revitalización y profundización del sistema, con nuevas propuestas en las
dimensiones política y social, a las cuáles se les da prioridad, que llevarían
al MERCOSUR, hasta ahora inscripto en el paradigma democrático-conservador, por
la acción de los gobiernos predominantemente neoliberales, a aproximase al paradigma
democrático-progresista propuestos por este autor en obras anteriores (Ginesta,
1998). Por ahora, en el plano práctico, sólo se
pueden capitalizar las ofertas de créditos ofrecidos por el gobierno brasileño
al Uruguay y al Paraguay para el desarrollo social por lo que habrá que
aguardar nuevos planes de ayuda sustancial para que, por lo menos, no se
ahonden las asimetrías entre los países miembros y sus regiones. Esta tendencia es intrínsecamente buena,
en la medida que sea acompañada por realizaciones concretas, sobre cuyas
posibilidades, hoy en día hay derecho a ser escéptico, habiendo, como lo hay en
la región, escaso margen para el voluntarismo. Ya hemos hecho un estudio de los
grandes problemas estructurales del MERCOSUR y su escasez de masa crítica para lanzar procesos de desarrollo
sostenidos y profundos. Los dos grandes países que lo integran no pueden jugar
en el sistema el papel dinamizador que Alemania y Francia en la Comunidad
Europea y Uruguay y Paraguay no son al sistema lo que Bélgica y Holanda, sino
más bien Portugal y Grecia. Se hace difícil, en estas circunstancias pretender
que Brasil y Argentina puedan participar con contribuciones masivas a la formación de fondos estructurales
regionales para el desarrollo, por más visión progresista que tengan esos
gobiernos del sistema de integración. _______________________________________________________________________________ Notas bibliográficas Continúa el capítulo séptimo “ La evolución del tratado
del MERCOSUR” en “El MERCOSUR y su contexto regional e internacional” y el
capítulo tercero “ La evolución del MERCOSUR y sus nuevos ámbitos de acción”,
en “El MERCOSUR en tiempos de crisis” Magariños,
Gustavo: “Integración Multinacional, Teoría y sistemas”, Ed. ORT y ALADI,
Montevideo, julio de 2000. Ginesta,
Jacques, El MERCOSUR y su contexto regional e internacional” págs. 33 a 39. CAPITULO CUARTO: EL PROCESO DE
INSERCION INTERNACIONAL DEL
MERCOSUR EN EL SIGLO XXI.- ( * ) 4.1.- EL MARCO NORMATIVO MUNDIAL: LA ORGANIZACIÓN
INTERNACIONAL DEL COMERCIO. En las décadas de los 80s
y de los 90s se producen dos procesos de cambio en el comercio
internacional, que están en consonancia con la afirmación de las economías de
escala y la globalización de las relaciones internacionales, sobre todo en el
área de la producción, el comercio y las finanzas: la afirmación del modelo
de integraciones regionales abiertas y
un vigoroso impulso hacia el libre comercio mundial, con la culminación de la
ronda Uruguay en Marrakech, donde se decide la creación de la Organización
Mundial de Comercio. Como esta última determina cada vez más el marco y las
posibilidades de las integraciones regionales, se hace indispensable a esta
altura, hacer un estudio somero de la evolución
mundial hacia la liberalización del comercio. Entre 1944 y 1948 se
emprendió la creación de grandes organizaciones internacionales, tales como el
Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Internacional
del Trabajo y la Organización Internacional del Comercio, con el objetivo de
lograr la paz, el progreso y el bienestar mundial. Todas esas instituciones
fueron creadas, menos la Organización Internacional del Comercio, cuya
constitución fracasó en la Conferencia de la Habana de 1948. A falta de este
instrumento, el GATT , aprobado como un acuerdo interino en 1947 por un
reducido número de países en Ginebra, que durante casi medio siglo sirvió de
cuadro a las organizaciones comerciales internacionales ( Dorval Brunelle,
2002). Desde su creación hasta
los años 1970, las negociaciones comerciales giraron casi exclusivamente sobre
la reducción de las barreras tarifarias de determinados bienes. Entre 1973 y
1979, durante la ronda Tokyo se incluyeron en las conversaciones las barreras
no tarifarias, no arrojando resultados concluyentes. Durante la vigencia del
GATT, se realizaron ocho rondas, de las cuáles la más importante fue la Ronda
Uruguay, lanzada en setiembre de 1986, en Punta del Este. Las negociaciones duraron
siete años y medio y varias veces llegaron al borde de la ruptura, pero
sorpresivamente, el 15 de diciembre de 1993, los 123 países participantes pusieron un término a las negociaciones y,
cuatro meses más tarde, 112 de ellos firmaron en Marrakech el acta final de la
Ronda Uruguay, que crea la Organización Mundial del Comercio. Este acuerdo marca un hito
histórico para las negociaciones comerciales internacionales por diversas
razones. Primeramente, se sustituye un acuerdo “provisorio” por otro
permanente. En segundo lugar, conjuntamente con la revisión de los acuerdos
existentes sobre el comercio de bienes, se firman otros importantes acuerdos
sobre el comercio de bienes agrícolas (anteriormente excluidos del GATT), que
entró en vigor en 1995, de servicios (AGCS),
sobre propiedad intelectual (ADPIC) y otro sobre un sistema de solución
de controversias y decisiones sobre medidas para favorecer a los países menos
avanzados, para mencionar sólo algunos. También en la Ronda Uruguay, se
firmaron varios acuerdos de clarificación, relativos a la aplicación de algunos
artículos litigiosos, de las medidas de salvaguardia, las subvenciones y los
derechos compensatorios, las reglas de origen y los obstáculos técnicos al
comercio. Sobre otros aspectos como las inversiones, los servicios financieros
y las telecomunicaciones no hubo acuerdo. Muchos de los acuerdos
incorporaban un calendario y un programa de negociaciones, lo que tenía la
ventaja de permitir la continuación permanente de las negociaciones. No obstante, los Estados
Unidos insistieron en lanzar una nueva ronda de negociaciones, ya que las
discusiones, a su entender, eran demasiado sectoriales y faltaba un marco más general para las
negociaciones globales. Aunque se demostró una
voluntad de seguir negociando, en las cuatro conferencias ministeriales
posteriores a Marrakech, se comprobó que seguía un áspero enfrentamiento entre
los Estados Unidos y la Unión Europea, por un lado, y entre los países
industrializados y los países en desarrollo, por otro. En diciembre de 1996, en
Singapur, la idea de introducir normas sociales en los acuerdos comerciales,
fue totalmente rechazada por muchos países en desarrollo y el asunto fue
finalmente enviado a la OIT. Pero el punto más controvertido fue el del
tratamiento a los países emergentes, a quienes no les pareció suficiente el
“tratamiento especial diferencial”, que les fuera acordado en la Ronda Uruguay.
Por otra parte, en materia de relaciones entre el comercio y la inversión, de
interacción del comercio y la política
de competencia, la transparencia en materia de apertura en mercados públicos y
de medidas de facilitación de los intercambios (llamados los cuatro puntos de
Singapur), estos países consideraron que las propuestas estaban conculcando el principio del
tratamiento especial diferencial. La segunda conferencia
ministerial que tuvo lugar en Ginebra en 1998 no aportó nada positivo y durante
el año siguiente las posiciones se endurecieron entre los países desarrollados
y los países emergentes en torno al nombramiento del nuevo director general,
llegándose a una curiosa fórmula de compromiso: del 1º de septiembre de 1999 al
1º de septiembre del 2002, se nombró a Michael Moore, ex primer ministro de
Nueva Zelanda y a partir de esa fecha asumió el ex ministro de comercio de
Tailandia, Supachai Panichpakdi. Como consecuencia, la tercera conferencia de
Seattle del 30 de noviembre de 1999, que debía lanzar la llamada ronda del
milenio, realizada sobre un fondo de anti-mundialización violento, resultó igualmente inoperante. Esta vez, el enfrentamiento de intereses
entre los Estados Unidos, la Unión Europea y el Japón dominó la escena. La búsqueda de nuevos
acuerdos quedó, pues, relegada a una nueva conferencia, la cuarta, que tuvo
lugar en Doha, Quatar, un país alejado, para reducir los tumultos que
acompañaban regularmente a cada conferencia. En Doha se pudo llegar a un
consenso ente los países desarrollados nombrados y Canadá sobre la nueva agenda de negociaciones. Se convino dejar
de lado los diferendos comerciales y centrar la atención sobre el desarrollo y
la integración de los países en desarrollo
a la economía mundial. Los países
industrializados estaban dispuestos a hacer concesiones sobre lo concerniente a
la salud pública y estudiar soluciones para los países menos desarrollados.
Sobre una agenda bien preparada, el debate se concentró en temas precisos: agricultura, la aplicación
de los acuerdos de la OMC existentes, el medio ambiente, los asuntos
reglamentarios y los cuatro puntos suscitados en Singapur. La conferencia de
Doha se cerró con un éxito relativo. Los países en desarrollo lograron que se
adoptara respecto de ellos de un programa, llamado programa de Doha y los
países industrializados lograron el lanzamiento de una nueva ronda sobre un
programa de 21 puntos. La declaración ministerial de Doha reconoce
ciertos principios a favor de los países subdesarrollados: se afirma que el
comercio internacional puede tener un papel mayor en la promoción del
desarrollo económico y la reducción de la pobreza; que los mercados no son un
fin en sí, sino que están también al servicio de los fines sociales; y que hay
un interés primordial en mantener un sistema de comercio abierto y no
discriminatorio. Se reconoce además que los países tienen derecho a tomar
medidas para asegurar la vida y la salud de las personas, los animales y los
vegetales y la protección del medio ambiente. Este derecho tiene dos
limitaciones fundamentales: que no sean aplicadas de manera de constituir, sea
un medio de discriminación arbitrario o injustificable o una restricción
disfrazada al comercio internacional. La segunda limitación es que las medidas
sean conformes a los acuerdos de la OMC. Una tercera restricción está dada
indirectamente cuando se reconoce la protección intelectual de los medicamentos,
para el desarrollo de nuevos productos. En Doha se lanza, además,
el retardado nuevo ciclo de negociaciones multilaterales, que comenzó el 1º de
enero del 2002 y que se extenderá hasta el 1º de enero del 2005 sobre el
programa de trabajo de 21 puntos elaborados allí. Estos puntos contemplan el
mejor funcionamiento de la institución y la eficacia de la vigilancia del
cumplimiento de los acuerdos, pero no agregan mucho sobre la ampliación de las
competencias de la organización ni sobre los cuatro puntos de Singapur (ver más
arriba). Sobre estos puntos, se acordó proseguir la actividad de lo grupos de
trabajo creados en Singapur y abrir las negociaciones luego de la quinta conferencia. Se acordó también sobre
las modalidades de organización de la negociaciones y que las mismas se
realizarán en el cuadro del nuevo Comité de Negociaciones Comerciales,
presidido por el Director General
(Deblock, Christien, 2002). Respecto del sector
agrícola, de fundamental importancia para los países del MERCOSUR, ya vimos
que, hasta Marrakech, estaba excluido del sistema del GATT. Las partes
contratantes tenían plena libertad para establecer sus políticas agrícolas
destinadas, por una parte, a proteger la producción nacional contra la
competencia extranjera y por otra parte a subsidiar las exportaciones al
exterior. La entrada en vigor del acuerdo sobre la agricultura en 1995,
contempla sólo una primera etapa de la liberalización de los intercambios
comerciales: establece sólo restricciones sobre las medidas susceptibles de
causar distorsiones sobre los mercados interiores e internacionales de
productos agrícolas. Se traducen en reglas de acceso a los mercados , de
protección interna y de los subsidios a la exportación. Sobre el acceso a los
mercados se estatuye que todos los obstáculos no tarifarios a la entrada de las
importaciones agrícolas de otros países
son convertidos en equivalentes tarifarios, en vez de ser abolidos. Los
equivalentes tarifarios y las tarifas aduaneras en vigor fueron reducidas en un
36% a lo largo de seis años para los países desarrollados y en un 24% a lo
largo de diez años para los países subdesarrollados. Además, los países
miembros se acordaron un acceso mínimo del 5% el consumo interno para los
productos importados por la vía de los continentes tarifarios. Las disciplinas relativas
a la ayuda interna se aplican a las
subvenciones gubernamentales otorgadas a la producción interna y tienen por
objeto neutralizar dichas medidas, o sea sin efectos distorsivos sobre el comercio
de productos agrícolas. En cuánto a los subsidios
a la exportación, se establecen medidas destinadas a reducirlos
sustancialmente. Así, entre 1995 y 2001, los gastos presupuestales con ese fin
debieron ser reducidos en un 36% para los países desarrollados y en un 24% para
los países en desarrollo. En ese mismo período, el volumen de producciones
subvencionadas debió reducirse en un 21% para los países desarrollados y en un
14% para los países no desarrollados. Por diversas razones, el
efecto benéfico de estas medidas ha sido relativo. La violación más flagrante
corre por cuenta de los Estados Unidos. Luego de aprobarse la llamada Freedom
to Farm Act en 1996, que establecía reducciones en la ayuda a la agricultura
norteamericana en cumplimiento del acuerdo agrícola, la administración Bush
hizo aprobar por el Congreso la Farm Security and Rural Investment Act del
2002, que se traduce en un aumento del 70 al 80% de los subsidios a los
agricultores norteamericanos sobre un período de diez años, lo que suscitó
indignadas protestas de los demás estados miembros( Dufour, Sophie, 2002). Cabe recordar aquí que la
declaración de los presidentes del MERCOSUR del 18 de junio del 2003 en
Asunción hace hincapié en la importancia de que se cumplan los compromisos del
programa de Doha y depositan sus esperanzas en la próxima conferencia
ministerial de Cancún. 4.2.-ACUERDOS
INTERNACIONALES EXTRARREGIONALES REALIZADOS O EN PROCESO DE NEGOCIACIÓN CON EL MERCOSUR 4.2.1.-
Acuerdo del Jardín de las Rosas. En el marco del acuerdo cuatro más uno o del Jardín de las Rosas, que más bien había languidecido hasta ese momento, se reunieron los cuatro ministros del MERCOSUR con el representante del USTR (Estados Unidos) en el campo del comercio internacional, Robert Zoelick. 4.2.2.- Proceso del acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea. El trámite
del acuerdo del MERCOSUR con la Unión Europea
prosiguió su difícil derrotero durante la segunda mitad del año 2001. El
cuatro de octubre tuvo lugar en
Montevideo, la firma de la propuesta de acuerdo sobre política tarifaria, para
ser tratada en la reunión del Comité de Negociaciones en Bruselas. Poco
después, el 20 de noviembre, la Unión Europea manifiesta su disposición de
anticipar para el 2004, la finalización de las negociaciones del acuerdo de
libre comercio, en un obvio intento de adelantarse a la conclusión del acuerdo del ALCA. En ese entendido,
prosiguieron los trabajos durante el año 2002. Como quedó previsto en la Cumbre
de Madrid de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE y el MERCOSUR, el 22 de
julio se reunieron en Río los comisarios europeos de Relaciones Exteriores,
Christofer Patten y de Comercio Pascal Lamy con el MERCOSUR, quienes
descartaron rápidos acuerdos comerciales, con sus pares del MERCOSUR, ya que éste no ha avanzado en su propia
integración y debería eliminar todas las tarifas comerciales internas antes de
seguir negociando. Brasil criticó, por su parte, los subsidios a la agricultura
de la Comunidad y las tarifas a las importaciones textiles, dos rubros muy
sensibles para las exportaciones del MERCOSUR. Sin embargo, el 14 de noviembre concluyó en Brasilia la
octava ronda de negociaciones para el Acuerdo de Asociación, con progresos
sustanciales en los temas habituales, acceso a mercados de bienes y servicios,
normas técnicas, competencia, reglas de origen, derechos de propiedad
intelectual, procedimientos aduaneros y solución de controversias, según se anunció. El propósito era avanzar
hacia la redacción de un documento común para ser tratado en la próxima ronda
de negociaciones, que tendría lugar en Bruselas entre el 17 y 23 de marzo de
2003. Pese a la aceleración del ritmo
de las negociaciones, las dificultades en otra parte reseñadas,
fundamentalmente las derivadas de la protección agrícola subsisten y deberán
ser resueltas en forma satisfactoria, por lo menos gradualmente dentro de un
cronograma. En la reunión de presidentes del MERCOSUR en Asunción,el 18 de
junio del 2003, se emite una nota
optimista sobre estas negociaciones,
destacando los esfuerzos del sistema por mejorar las ofertas en materia de
bienes y la presentación de ofertas iniciales de servicios e inversiones. Contrastando con las largas negociaciones con el
MERCOSUR, el 4 de marzo del 2002, la UE inició en Santiago de Chile, las
negociaciones para concluir un tratado de libre comercio con este país. El l7 de mayo se anuncia en la II
reunión de los países de América Latina-Caribe con la UE , la conclusión de
este acuerdo, que finalmente se firma, y estaba a fines de noviembre de 2002 en
trámite de ratificación en el parlamento chileno. El acuerdo libera alrededor
del 85% de los productos de la nomenclatura arancelaria. La razón de esta
celeridad, que permite la exportación a Chile de productos industriales y de
alta tecnología de la UE y la instalación
de más empresas europeas en ese país, es que los productos chilenos,
básicamente frutícolas, hortícolas, vitivinícolas y extractivos, no compiten
con aquellos productos agropecuarios europeos fuertemente subsidiados. Otra
razón es que, siendo Chile un país pequeño, su entrada en la zona de libre
comercio europea no produciría un impacto importante en la Unión, teniendo la
ventaja de que la misma, principal socio comercial del país transandino, se
hace de una cabecera de puente importante
en la región a poco costo. Chile, que firmó también un acuerdo similar
con Corea del Sur, culminó las largas negociaciones con Estados Unidos firmando
un tratado de libre comercio que libera casi de inmediato el 87% del horizonte
arancelario. 4.2.3.- El proceso del
ALCA. 4.2.3.1.-
Generalidades.- El proceso del ALCA siguió avanzando en su
faz técnica, pero no en la política. El 6 de diciembre del 2001, el Congreso norteamericano aprobó la Trade Position Authority, o sea la
autorización al Ejecutivo para negociar acuerdos globales con países o bloques,
llamada antes “fast track”. Pero esta autorización dejó afuera dos de los
aspectos más importantes para los países latinoamericanos: los subsidios
agrícolas y la modificación de la
legislación antidumping. Las sensibilidades que tradicionalmente han
existido con respecto a la liberalización de estos productos en EUA, se
hicieron más evidentes en el texto de
la Autoridad para Negociar tratados Comerciales (TPA). El TPA obliga al ejecutivo
a un complejo mecanismo de consultas con el congreso para incluir los productos
y servicios más sensibles en cualquier negociación comercial. La
exclusión de tales productos
de esta autorización, mereció muy justamente una viva protesta del
presidente Cardoso del Brasil, pues son dos puntos de importancia fundamental,
sin incluir los cuáles no es posible negociar ningún acuerdo global. Esta
actitud del congreso
norteamericano augura un proceso
negociador más duro y difícil, con lo que podrían no cumplirse las fecha establecidas en el cronograma. El 1º. de abril de 2002 se
produjo un nuevo encuentro del ALCA en Panamá y el 22 del mismo mes tuvo lugar
en Isla Margarita, Venezuela, una nueva reunión de los viceministros de
comercio de los 34 países participantes en el proceso. El 11 de noviembre de 2002, durante la
séptima reunión de Ministros de Comercio Exterior de los 34 países
negociadores, en ocasión de la transmisión de la presidencia del proceso del
ALCA de Ecuador al Brasil y a los Estados Unidos, el ministro de relaciones
exteriores del Brasil, Celso Lafer, expresó su convicción de que este proceso
llegaría a su culminación satisfactoriamente en el plazo de dos años, logrando
un resultado que promueva el comercio, la generación de empleos y el desarrollo
con justicia social. Sigue a continuación una información complementaria extraída del
sitio WEB del ALCA en Internet: “En la
Sexta Reunión Ministerial, celebrada en Buenos Aires y en la Tercera Cumbre de las Américas, en Quebec,
Canadá en abril de 2001, se adoptaron una
serie de decisiones de gran importancia para el proceso de negociaciones del ALCA. Los grupos de
negociación sometieron a los Ministros
un borrador de acuerdo ALCA y, en una decisión sin precedentes, los Ministros recomendaron a los Jefes de Estado y
de Gobierno hacer público el borrador
del acuerdo para aumentar la transparencia del proceso y su carácter
participativo. El 3 de Julio de 2001 se publicó el borrador del Acuerdo ALCA en
los cuatro idiomas oficiales. Los
Ministros también destacaron la necesidad de incrementar el diálogo con la sociedad civil. En este sentido, se
acordó publicar en el sitio oficial del ALCA los resúmenes de las
contribuciones de la sociedad civil
presentados en la segunda invitación pública. También destacaron la importancia de la asistencia técnica a las
economías más pequeñas para facilitar su participación en el ALCA. Se establecieron fechas límite para la
conclusión de las negociaciones y el establecimiento del acuerdo. Las
negociaciones concluirán, a más tardar,
en enero de 2005 y se procurará la entrada
en vigencia del acuerdo no más allá de diciembre de 2005. Según las directivas de los Ministros
responsables de Comercio, las recomendaciones sobre métodos y modalidades para
las negociaciones se sometieron hasta
1 de abril de 2002 y las negociaciones de acceso a mercados se iniciaron el 15 de mayo de 2002. Los principios y
pautas para estas negociaciones están establecidos en el documento sobre
Métodos y Modalidades para las Negociaciones. Una segunda versión del borrador del Acuerdo del ALCA
sería preparada durante esta tercera
fase de negociación, para ser sometida en
la Séptima Reunión Ministerial, realizada en Ecuador en octubre de 2002. Se han acordado una serie de principios rectores para
las negociaciones del ALCA.
Entre ellos, se incluyen los siguientes: -Las decisiones se adoptarán por consenso; -Las negociaciones estarán regidas por el principio
de transparencia - El ALCA será congruente con las reglas y
disciplinas de la OMC y se elaborará sobre la base de estas disciplinas
cuando ello sea posible y pertinente; - El ALCA constituirá un compromiso único
(single-undertaking); - El ALCA
puede coexistir con otros acuerdos bilaterales y subregionales y los países pueden negociar o
aceptar las obligaciones derivadas del ALCA en forma
individual, o como miembros de grupos de integración subregionales; y - Se prestará particular atención a las necesidades
de las economías más pequeñas. 4.2.3.2.-
Estructura y Organización
de las Negociaciones del ALCA Las negociaciones del ALCA
se desarrollarán de acuerdo a una estructura predeterminada por sus miembros,
que deberá asegurar una amplia representación geográfica de los países
participantes. Esta estructura prevé la
rotación de la Presidencia del proceso, de la
sede de las negociaciones y de los Presidentes y Vicepresidentes de los Grupos de Negociación y de los otros
comités y grupos. La Presidencia de las Negociaciones será
rotativa cada 18 meses, o en el momento de la conclusión de cada reunión
ministerial. Se ha designado,
sucesivamente, a los siguientes países como Presidentes del proceso del ALCA: Canadá, Argentina,
Ecuador y Brasil y los
Estados Unidos en forma conjunta. Los Ministros Responsables del Área de
Comercio tendrán a su cargo la
supervisión final de las negociaciones. Generalmente se reúnen cada 18 meses y, desde que se iniciaron las
negociaciones, lo han hecho en el país
que detenta la Presidencia del ALCA al momento de las reuniones.
Los Viceministros Responsables del Área
de Comercio, en su calidad de Comité de
Negociaciones Comerciales (CNC), tienen un papel central en la administración
de las negociaciones del ALCA. El CNC
orienta el trabajo de los grupos de negociación y de los otros comités y
grupos y tiene poder de decisión sobre la estructura general del acuerdo y otros temas institucionales. El CNC también
es responsable de asegurar la
participación plena de todos los países en el proceso del ALCA, asegurar la transparencia
de las negociaciones, supervisar la
tarea de la Secretaría Administrativa y
supervisar la identificación e implementación de medidas de facilitación de negocios. El Comité se reúne
tantas veces como es necesario y, como mínimo, dos veces al año en forma
rotativa en diferentes países del
hemisferio. Existen nueve Grupos de Negociación del
ALCA que poseen mandatos específicos
de los Ministros y del CNC, para negociar en diferentes áreas específicas. Se establecieron grupos
en las áreas de Acceso a Mercados;
Servicios; Inversión; Compras del Sector Público; Solución de Controversias;
Agricultura; Derechos de Propiedad Intelectual; Subsidios, Antidumping y
Derechos Compensatorios; y Política de Competencia. Los Grupos de Negociación
se reúnen regularmente a lo largo del
año. Hay tres comités y grupos que se encargan
de temas relevantes para las
negociaciones. El Grupo Consultivo sobre Economías más
Pequeñas sigue la evolución de las negociaciones evaluando las inquietudes e
intereses de estas economías y formula
recomendaciones al CNC. Este Grupo ha procurado identificar las necesidades de
las economías más pequeñas para
brindarles asistencia técnica en materia de comercio cuando participan de las negociaciones del ALCA y difundir información sobre otras fuentes de
asistencia técnica. Además, el Comité Tripartito
mantiene la Base de datos de educación en materia de comercio (TED), “un inventario de las oportunidades de capacitación en las áreas del ALCA
relacionadas con política comercial y
negociación para los funcionarios gubernamentales y del sector privado en la región, a fin de
facilitar el acceso a la asistencia
técnica” de acuerdo con lo solicitado por los ministros en el Ministerial de Toronto. Los Ministros crearon el Comité de
Representantes del Gobierno en la
Participación de la Sociedad Civil con el objetivo de aumentar la transparencia del proceso de negociación y
ampliar la comprensión y el apoyo del
público en general, respecto de éste. El Comité también fue creado para facilitar la participación de la
comunidad empresarial y de grupos de trabajadores, protección del medio
ambiente, académicos y otros grupos que desean presentar sus puntos de vista, de manera constructiva, sobre los
temas objeto de negociación y otros temas comerciales. El ALCA es el primer
proceso de negociación comercial
significativo donde se ha establecido un grupo de estas características, desde
el inicio de las negociaciones. En la primera etapa de negociaciones, el Comité
sobre la Participación de la Sociedad Civil formuló su primera invitación pública a la sociedad civil de los países
participantes del ALCA. A través de
este mecanismo, se invitó a las partes interesadas a presentar sus puntos de vista sobre el proceso ALCA en una forma
constructiva. Los documentos presentados fueron analizados por el Comité, que
presentó a los ministros resúmenes ejecutivos de los documentos presentados y preparó un informe resaltando la gama
de puntos de vista recibidos como
respuesta a la invitación pública. En
la reunión Ministerial de Toronto, los Ministros recibieron este informe y pidieron al Comité procurar “de
manera permanente la colaboración de la
sociedad civil en asuntos relacionados con el comercio de relevancia para el
ALCA.” Después de la Reunión Ministerial de Toronto se realizó una Segunda
Invitación Abierta y se solicitó al Comité que resumiera nuevamente las
opiniones recibidas para presentarlas a
los Ministros. Después de la Reunión
Ministerial de Buenos Aires, se publicó el informe del Comité, incluyendo los resúmenes ejecutivos, en la
página web oficial del ALCA. En este informe, los Ministros instaron a los
representantes de la sociedad civil “a
continuar brindando sus aportes de forma
constructiva sobre los asuntos relacionados con el comercio, de relevancia para el ALCA.” La invitación pública
a individuos y organizaciones de la sociedad civil se extendió de manera
permanente. Otra característica única del proceso
del ALCA es el Comité Conjunto de Expertos del Sector Público y Privado sobre
Comercio Electrónico que se creó para estudiar como ampliar los beneficios del
mercado de comercio electrónico en el hemisferio, y como manejar este tema
en el marco de las negociaciones.
En Toronto, se creó un grupo de expertos
ad hoc para que informara al CNC sobre la implementación de medidas de
facilitación de negocios relacionadas con asuntos aduaneros. Estas medidas
están diseñadas para facilitar el intercambio comercial en las Américas beneficiando a todas las partes;
no necesitan aprobación legislativa y pueden ser implementadas
administrativamente. Las medidas de
transparencia se difunden a través del sitio Web del ALCA y
procuran incrementar el flujo de
información sobre comercio y otros temas conexos entre los países de las
Américas. Apoyo Técnico y Analítico: El Comité Tripartito,
integrado por el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), la Organización de los
Estados Americanos (OEA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL),
brinda apoyo técnico, analítico y financiero al proceso del ALCA, y mantiene la
página oficial del ALCA. Las instituciones individualmente también brindan
asistencia técnica en temas relacionados con el ALCA, especialmente a las
economías más pequeñas. Apoyo Administrativo: La Secretaría
Administrativa del ALCA está
localizada en la misma sede de las reuniones de los grupos de negociación. La Secretaría apoya las
negociaciones desde el punto de vista
logístico y administrativo y provee servicios de traducción e interpretación de
documentos. Esta Secretaria es financiada por el Comité Tripartito. Sede de las Negociaciones: También es de
carácter rotativo. Se han designado
tres países anfitriones: Estados Unidos (Miami) desde mayo de 1998 a febrero de 2001; Panamá (Ciudad de
Panamá) desde marzo de 2001 a febrero
de 2003; y México (Ciudad de México) desde marzo de 2003 a diciembre de 2004. “ En la conferencia de presidentes del
MERCOSUR en Asunción, se destaca la acción coordinada del mismo, en la
presentación de la oferta inicial en materia de bienes agrícolas en el ALCA y
en el pedido de que el tema de los subsidios sea discutido en este ámbito,
además del de la OMC. 4.2.3.4. El impacto
del ALCA en las cadenas productivas brasileñas y uruguayas.- Si bien no disponemos estudios a fondo respecto del probable impacto del ALCA sobre las cadenas productivas del MERCOSUR, puede
resultar útil referirse aquí a dos
trabajos sobre dicho tema, correspondientes al Brasil y al Uruguay, que
proporcionan algunos datos de interés. El primero es un estudio coordinado por
la Unicamp (Luis Sugimoto, noviembre 2002) sobre el impacto que el ALCA o el
acuerdo de libre comercio con la Unión Europea podrían tener sobre veinte
cadenas productivas del Brasil. Partiendo de la base que se trata de la
economía más fuerte de América del Sur, se podría tomar el estudio como modelo
para los demás países del MERCOSUR. Considerando los tipos de empresas, sus
mercados y sus dificultades, los profesores Laplane y Coutinho (Unicamp) llegaron
a identificar cuatro grupos de sectores, cada uno de los cuales, en
menor o mayor medidas enfrentan amenazas y oportunidades . El primer grupo
incluye a los sectores con un grado mayor de competitividad, o sea siderurgia,
café, citrícola, papel y celulosa, textil y confecciones. Estos sectores tienen
buenas posibilidades siempre que los acuerdos les brinden una apertura efectiva
removiendo las barreras tarifarias y no tarifarias. Por su parte los mismos
deben agregar valor a lo que exportan,
como vender jugo de naranja pasteurizado en vez de concentrado o agregar
“design” a los calzados, en vez de vender zapatos de supermercado. La empresa
deberá, además internacionalizarse, asumiendo la distribución del producto en
el país comprador, por sí o por un socio local. Un segundo grupo constituido por la
petroquímica, plástico y bienes de capital, necesitan una reestructura total
para sobrevivir; de lo contrario, los acuerdos comerciales tendrían efectos
perversos sobre ellas. Requieren disminuir el número de empresas en los
sectores y fortaleciendo a las restantes por alianzas, fusiones y compras.
Deberán lograr más financiamiento para actualizarse, renovarse y aprender
nuevas técnicas. En ese caso, los
acuerdos deberán ganar tiempo para que se realice esa reconversión. Un tercer grupo integrado por los
sectores llamados poco sensibles es el de los cosméticos, cerámica, madera y
muebles. En este grupo sólo unas pocas empresas tienen reales oportunidades de
exportar y no se verían mayormente afectadas por los acuerdos. El cuarto grupo, que es el más
importante, es el mayoritariamente
integrado por empresas transnacionales. Es un grupo heterogéneo, pues hay
sectores, como el automovilístico, farmacéutico, informático,
telecomunicaciones y electrónica de consumo, unos más competitivos que otros. Todos,
sin embargo, tienen la característica común de tener un importante comercio intrafirma con sus matrices o filiales
extranjeras. El futuro de esas empresas requiere una negociación, tal vez
difícil con las matrices, para que
éstas inviertan en la transformación de las plantas locales en plataformas de
exportación, incentivadas, por ejemplo, por la existencia de capacidad ociosa y
por bajos costos. El segundo es un trabajo, encargado por
la Cámara de Comercio Uruguay- Estados Unidos a los Doctores Herminio Blanco y
Jaime Zabludovsky (Blanco, Herminio y otro, 2002). Si bien se trata de una
negociación bilateral y no en el ámbito del ALCA, identifica por esa razón más
claramente los intereses ofensivos y defensivos propios del Uruguay a la vez
que los de los Estados Unidos. Los autores
entienden el objetivo más importante
del Uruguay sería obtener un acceso libre y permanente en el mercado
norteamericano, para sus exportaciones agropecuarias, que representan casi la
mitad de su oferta exportable y que enfrentan una tasa promedio de arancel del
más del 7% para ingresar a ese mercado. Dentro de los productos agropecuarios,
las exportaciones más importantes de Uruguay son los cárnicos, los lácteos y derivados – entre ellos en especial
los quesos- y el arroz, en todos los cuales los Estados Unidos tienen aranceles
elevados. En efecto; de los primeros 24 capítulos de la tarifa de importación (
que identifican los productos agropecuarios, 6 tienen aranceles promedio
superiores al 10% y en 7 capítulos hay tasas mayores al 100%). Particularmente
sensibles son el azúcar, el jugo de naranja congelado, el tabaco y el
cacahuete. Estos productos entrarán sin duda en regímenes de excepción severos,
como se desprende del texto de la Autoridad para Negociar Tratados Comerciales
o TPA, que obliga al Ejecutivo a un complejo mecanismo de consultas para
incluir los productos más sensibles en un tratado comercial. En el sector manufacturero, el interés ofensivo
del Uruguay se concentra en el sector textil y las prendas de vestir, sobre
todo de lana. Dichos productos están gravados en Estados Unidos con aranceles
que rondan el 27%, sin contar que en materia textil hay una protección emanada
del régimen de cuotas que se aplica a dichos producto, que constituye una
barrera muy importante, hasta que se cumpla con el acuerdo Multifibras, que
determina la desaparición de las mismas. Los intereses defensivos específicos del
Uruguay son más difíciles de
identificar, a causa del Arancel Externo común, que muchas veces es impuesto por
los intereses de los socios mayores del MERCOSUR, tanto por su monto, como por los productos sobre los que recae. Lo
cierto es que son aranceles muy elevados, que
para una gran cantidad de productos son superiores al 20% y para 27 de
ellos del 15 al 20%. Pero también es cierto que el alto proteccionismo de
algunos de esos productos responde a sensibilidades propias del Uruguay,
manifestadas en las negociaciones del MERCOSUR, como el azúcar, los automóviles
y sus partes, los bienes de capital e informáticos y los de telecomunicaciones;
los farmacéuticos, las materias plásticas, los textiles y las prendas de vestir
, los lácteos, los duraznos en almíbar y los aceites comestibles. La
liberalización de estos productos sería un tema de difícil abordaje en una negociación con los Estados Unidos Las exportaciones norteamericanas corresponden
en un 90% al sector manufacturero, en el que se destacan la industria
electrónica y de cómputo, los vehículos automotores y sus autopartes y es,
justamente, la importación de productos de
esos sectores que están gravados con altos aranceles, respondiendo a un interés genuinamente uruguayo, por lo
que en estos rubros se colisiona con los intereses ofensivos norteamericanos. En cambio, los productos manufacturados norteamericanos
no están especialmente protegidos, por lo que en ese ámbito la negociación es
más fácil. Estos estudios no son totalmente coincidentes en
sus objetivos, pues el brasileño está enfocado principalmente a estudiar la
competitividad de la producción y el uruguayo a identificar los intereses de
las partes en una negociación, pero de ellos se pueden deducir algunas
conclusiones. La primera es que los intereses brasileños y uruguayos son
coincidentes en la perforación del mercado norteamericano en el sector
agropecuario, pero muchas veces no se trata de los mismos productos. También
son coincidentes en la defensa de ciertos sectores manufactureros sensibles. 4.2.3.5.- La estrategia del MERCOSUR en las
negociaciones. La estrategia del MERCOSUR
está condicionada por el peso del Brasil en el sistema y en las propias
negociaciones del ALCA. En lo principal,
el nuevo gobierno sigue los lineamientos políticos del presidente
Cardoso: negociación de bloques a partir del MERCOSUR y en lo posible, del Área de Libre Comercio Sudamericana, que
dicho gobierno se esforzó en poner en marcha, incluso por acuerdos bilaterales,
prescindiendo del MERCOSUR, y que podría concretarse, por lo menos en el papel,
con las negociaciones MERCOSUR-CAN; mientras que la posición norteamericana es
la negociación país con país y no por
bloques. El propósito fundamental es ganar poder de negociación para lograr,
por una parte, el acceso más vasto posible de los productos brasileños – y los de sus socios- principalmente agrícolas, pero también manufactureros como
la siderurgia, papel y celulosa, calzados, textil y
confecciones al mercado libre incluidos los Estados Unidos y la eliminación de
los subsidios norteamericanos a esos mismos productos, así como la modificación
de la legislación antidumping norteamericana. Y, por otra parte, un cronograma
de desgravaciones que de tiempo a la reconversión de las industrias brasileñas
viables, a fin de enfrentar la competencia de las exportaciones
norteamericanas. Sin embargo, la diferencia está en el grado de agresividad con que se
prosiguen las negociaciones, por parte de un gobierno con una base política
refractaria al acuerdo y que, por lo tanto, tiene que mostrarse más duro y
reticente, así como en el apoyo logrado
de parte de la Argentina con el acceso de Kirchner al poder, y el de Venezuela,
con un Chávez que emerge hasta ahora
victorioso de la dura confrontación con la oposición interna, en alguna medida
con apoyo brasileño. Esta mayor
agresividad se refleja en la reciente posición brasileña de negociar en el ALCA
sólo los temas de acceso a mercados y subsidios, de interés del Brasil-
MERCOSUR y en la Organización Mundial
de Comercio, lo que atañe a servicios, inversión, derechos de autor y patentes,
de interés norteamericano. Esta nueva postura podría llevar a los Estados
Unidos a aumentar sus concesiones en temas importantes o a bloquear las
negociaciones. Corresponde aquí plantearse la pregunta de quien necesita más la
zona de libre comercio. Si postulamos que las oportunidades de crecimiento
económico de los países latinoamericanos son mayores y más rápidas en el área
del comercio exterior extrarregional, que en el desarrollo de los mercados
internos, tenemos la respuesta: los países latinoamericanos excepto México, y
por lo tanto, les urge concluir un acuerdo.
Pero no un acuerdo donde expongan sus mercados internos a la competencia
norteamericana, sin obtener ventajas claras a cambio; es decir, en ese caso es
mejor ningún acuerdo que un mal acuerdo. Sin embargo, todos los países del
NAFTA o TLCAN también están interesados, aunque no en la misma medida, en
culminar el proceso y, deberán mejorar
su oferta ante la resistencia de sus contrapartes, en consonancia con su grado
de su interés. Por lo tanto, podemos considerar que ambas posturas son
transables, pero la asimetría de fuerzas y de necesidades juega a favor de los
Estados Unidos. Queda en pie el dilema de los países
pequeños: Paraguay, Uruguay, Bolivia, Ecuador, etc. En la negociación país por
país, la diferencia abismal de potencial opera en su contra; pero, al mismo
tiempo, la pequeñez de sus mercados, como sucedió en las negociaciones Chile-
EUA y Chile-UE, permite a la contraparte concederles ventajas diferenciales,
que no está dispuesta a extender a los más poderosos. En la negociación por
bloques, dichos países corren el riesgo de que sus intereses sólo estén
debidamente contemplados cuando coinciden con los de los países más poderosos
como Brasil y Argentina, lo que, felizmente, sucede a menudo. 4.-2.4.-
Negociaciones para un acuerdo con la CAN.- Como se recordará, durante las
negociaciones realizadas en 1999, no se
había logrado la meta de un acuerdo global entre el MERCOSUR y los países del
Pacto Andino, habiéndose optado por prorrogar los acuerdos bilaterales
existentes entre los países de ambos bloques, salvo el Brasil, que suscribió
unilateralmente un nuevo acuerdo de complementación con el bloque andino en
agosto de 1999. Las negociaciones colectivas, no obstante, prosiguieron durante
el año 2000 y el 2001. En enero de 2002, los países del bloque
andino acordaron dotarse de un arancel externo común y se avanzó durante ese año en la negociación del acuerdo entre
ambos bloques. En la reunión de Bávaro, República Dominicana de los presidentes de noviembre de 2002, se
realizó paralelamente una reunión de presidentes del MERCOSUR, en la cual el
presidente Duhalde, de Argentina, expresó sus esperanzas de que el acuerdo
pudiera firmarse antes de fin de año. En Asunción, julio del 2003, se reitera
la necesidad de concluir la negociación conjunta con los países andinos y en
especial de acuerdos bilaterales con Ecuador y Venezuela. Como vimos, las
negociaciones son muy complejas y ya llevan cinco años de duración. Con este
propósito, en Montevideo, el 4 de agosto del mismo año se reunieron en
Montevideo, los cancilleres de los países del MERCOSUR y la CAN . Según el comunicado oficial de la reunión,
la Comunidad Andina hizo entrega de una propuesta de trabajo, pautas para las
negociaciones, un programa y un cronograma, así como un programa de Cooperación
para funcionamiento e inversión e integración física (en el marco de las
acciones del IIRSA). Con estos propósitos, los cancilleres se reunirían en
ALADI mensualmente para concluir las negociaciones antes del 31 de diciembre de
2003. Se acordó, además, crear un foro permanente de empresarios e insistir en
la conclusión de las negociaciones MERCOSUR-Perú, que se encuentran en su etapa
final. 4.2.5.- Otros
Acuerdos. 4.2.5.1.- Acuerdo
de complementación económica MERCOSUR- México. Este acuerdo se suscribió en Buenos
Aires el 5 e julio del 2002 entre los Estados Parte del MERCOSUR y los Estados
Unidos Mexicanos, como un acuerdo de alcance parcial en el Marco del Tratado de
Montevideo de 1980 (ALADI) y está abierto
a los demás Estados miembros de este sistema de integración. El acuerdo
tiene como objetivo la creación de un área de libre comercio entre las partes.
Con ese objeto se propone establecer un marco normativo apropiado que dé
seguridad y transparencia a los agentes económicos y promueva la
complementación y la cooperación económica y comercial. La administración del
mismo estará a cargo de una comisión administradora integrada por el Grupo
Mercado Común del MERCOSUR y la Secretaría de Economía de los Estados Unidos
Mexicanos. El acuerdo ratifica la vigencia de los acuerdos celebrados o que se
celebren por las parte al abrigo del Tratado de Montevideo de 1980, comprendido
el acuerdo sobre el sector automotor entre el MERCOSUR y México y sus anexos.
Estos acuerdos estarán vigentes hasta que se implemente el acuerdo de libre
comercio que se firma, para lo cual se desarrollarán negociaciones periódicas y
se realizarán acciones tendientes a incrementar los intercambios de bienes y
servicios. Como se ve, incluso como acuerdo marco define muy poco, librando
todo a las negociaciones posteriores. El acuerdo sobre productos automotores
(bienes nuevos) comprendidos en las posiciones Naladisa (nomenclatura de la
ALADI) , tiene por objeto establecer una zona de libre comercio de los mismos
en forma gradual, tras un período de transición desde la entrada en vigor del
mismo hasta el 30 de junio de 2011. Durante el período de transición seguirán
vigentes los acuerdos firmados bilateralmente entre los países del MERCOSUR y
México. La administración de tal acuerdo y los acuerdos bilaterales estará a
cargo de un Comité Automotor, el cual
entenderá en primera instancia en la resolución de las controversias que se susciten, y de no
alcanzarse solución se recurrirá a los procedimientos de solución de
controversias establecidos en dichos tratados bilaterales. 4.2.5.2.-Acuerdo Marco con la India.- Se firmó un Acuerdo Marco con la India con el
objetivo de lograr en breve plazo un acuerdo puntual de libre comercio. Al
mismo tiempo, se está negociando un acuerdo de liberalización comercial con la República de Sudáfrica.
4.3.- LA EVOLUCIÓN DE LOS SISTEMAS CON LOS CUALES EL
MERCOSUR TIENE INTERÉS PRIORITARIO EN VINCULARSE 4.3.1.- Evolución del acuerdo del TLCAN (NAFTA) El TLCAN o sea el Tratado de Libre Comercio de América del Norte es un tratado libre comercio muy ambicioso, ya que va más allá de la liberalización generalizada del flujo de bienes, para incluir el comercio de servicios y disciplinas para la inversión extranjera, las compras del sector público y la protección de los derechos de propiedad intelectual, entre otras materias.
En su momento, esta negociación sirvió para dar el ímpetu
final a la Ronda Uruguay, estableciendo precedentes importantes que fueron
incorporados posteriormente en los acuerdos multilaterales del acta de
Marrakech, y que hoy son parte de toda negociación comercial. Finalmente, el
acuerdo trilateral ha servido de referencia obligada en el debate de la
política comercial de EUA. Defensores y opositores del libre comercio en EUA
han fijado sus posiciones a partir de lo que se negoció con México y Canadá
hace diez años. ( Herminio Blanco y otro, 2002). Los principios y aspiraciones que constituyen la esencia
del tratado son la expansión del
comercio y la inversión, la reducción de las distorsiones al comercio, y el
establecimiento de reglas claras que ofrezcan un marco previsible, así como la
creación de empleos que permitan mejorar
las condiciones de vida de la gente. En esta parte se expresan que el Tratado permitirá aumentar
la competitividad de las empresas de los tres países, de manera congruente con
la protección al medio ambiente. Asimismo, los países reiteran su obligación de
promover el desarrollo sostenible, así como su compromiso con los derechos y
las condiciones laborales. En el
capítulo inicial del tratado se
establecen los objetivos y principios básicos que rigen el TLCAN y su constitución formal en una zona de
libre comercio conforme a los dispuesto en el artículo XXIV del GATT -
requisitos para el establecimiento de acuerdos regionales de libre comercio.
Igualmente, se mencionan los principios
y reglas fundamentales que gobiernan el tratado: trato nacional, trato de
nación más favorecida y transparencia . Son estos principios, las bases para
obtener los objetivos del TLCAN: eliminar los obstáculos al comercio de bienes
y servicios, promover la competencia leal, aumentar las oportunidades de
inversión, proteger y hacer valer los derechos de propiedad intelectual, establecer procedimientos para
la aplicación y cumplimiento del tratado y la solución de controversias que
emanen de éste y fomentar la cooperación trilateral, regional y multilateral. En esta primera parte, los tres países confirman
sus derechos y obligaciones en el marco del GATT (hoy OMC) y de otros acuerdos
internacionales en los que sean parte. Se establece también que el TLCAN y sus
disposiciones prevalecen sobre otros convenios, salvo algunas excepciones
mencionadas específicamente (algunas disposiciones en materia comercial de
convenios ambientales). Por último, esta sección obliga a la adopción
del Tratado en los diferentes niveles de gobierno de cada país: federal,
estatal y provincial. En
el capítulo segundo se
definen los conceptos generales que se emplean en el Tratado, a fin de que
exista una interpretación común en los tres países. Incluye conceptos tales como: bienes de una Parte;
Código de Valoración Aduanero; comisión, empresa; empresa de una parte; empresa
del estado; nacional; originario, persona, persona de una parte; medida; principios de contabilidad
generalmente aceptados; secretariado, sistema armonizado, y territorio. Cada
país incluyó anexos definiendo, de acuerdo a su legislación doméstica, los
conceptos de territorio y nacional. El
capítulo tercero del TLCAN contiene
las disposiciones que regulan la liberalización del comercio de bienes en
América del Norte y es, por lo tanto, una de las partes centrales del acuerdo.
En principio, el contenido del capítulo se aplica a todos los bienes
susceptibles de ser comerciados, aunque hay algunos sectores que tienen
disposiciones adicionales establecidas en anexos (para los sectores automotriz
y textil y de prendas de vestir) o, incluso, en capítulos individuales (energía
y petroquímica básica y agricultura). Las principales disciplinas de acceso al mercado de bienes son: Trato
Nacional: EL TLAN incorpora el principio del trato
nacional del GATT, que establece que los bienes de un país que es parte del
acuerdo, procedente de otro país miembro, no serán objeto de discriminación,
salvo lo previsto explícitamente en los anexos. Eliminación
de aranceles: El TLCAN
establece la eliminación gradual de todos los aranceles sobre bienes
considerados de América del Norte, conforme a las reglas de origen. Los
aranceles serán desmantelados de manera inmediata, o de manera gradual en cinco
o diez etapas anuales iguales. Algunos productos sensibles gozarán de un
periodo extraordinario de hasta 15 años. Los calendarios de desgravación se encuentran
listados en un anexo que contiene todas las fracciones de las tarifas de
importación de los tres países. Se prevé la posibilidad de que los tres países
consulten y acuerden una eliminación arancelaria más acelerada a la
originalmente prevista. Asimismo, el tratado
establece que ninguna de las partes podrá incrementar ningún arancel
aduanero existente ni imponer uno nuevo, sobre bienes originarios (i.e. que
cumplen con las reglas de origen). Restricciones
a las importaciones y a las exportaciones: Los tres países eliminarán todas las prohibiciones y
restricciones cuantitativas, tales como cuotas o permisos de importación, salvo
lo previsto en el artículo XI del GATT – prohibiciones y restricciones
cuantitativas al comercio de bienes, originadas en una escasez crítica de
alimentos, en el respeto de normas y estándares o en la necesidad de controlar
déficit o superávits de productos agrícolas y pesqueros- o explícitamente en un anexo de reservas del tratado. Devolución
de aranceles (drawback). El tratado
establece reglas para los programas de devolución o exención de aranceles a los
insumos utilizados en la producción de bienes que serán exportados a otro país
miembro del TLCAN. Dichos programas fueron eliminados el 1° de enero de 2001
para el comercio con México y el primero de enero de 1996 para los flujos entre
EUA y Canadá. A partir de estas fechas, el monto de aranceles que un país puede
eximir o devolver no debe de exceder el menor de: a) los aranceles pagados o
que se adeuden sobre materiales importados no originarios de la región de
América del Norte y empleados en la producción de un bien que después se
exporte a otro país miembro del tratado; ó b) los aranceles pagados a ese país por concepto de la importación de ese
bien. Exención
de aranceles: El TLCAN prohibe
la adopción de nuevos programas de exención de aranceles o devolución de los
mismos con base en requisitos de desempeño. Los programas existentes en México
se eliminarían a más tardar el 1° de enero de 2001. Derechos
de trámite aduanero: Se acordó
que los tres países no aplicarían nuevos cargos como los llamados “derechos de
procesamiento de mercancías“ de EUA o los “derechos de trámite aduanero” de
México. El pago de dichos derechos se eliminaría a más tardar el 30 de junio de
1999 entre México y EUA. Impuestos
a la exportación: El tratado
prohibe fijar impuestos a la exportación, salvo cuando éstos también se
apliquen a los bienes destinados al consumo doméstico y a las exportaciones a
terceros países. Otras
restricciones a la exportación:
Las restricciones a la exportación justificadas al amparo de los artículos XI:
2(a) o XX(g) del GATT- que se refieren
a la posibilidad de los miembros de la OMC de imponer restricciones
temporales a la exportación en caso de escasez de productos esenciales o de
adoptar medidas destinadas a la conservación de recursos agotables- podrán ser
mantenidas o introducidas sólo sí: a) no se reduce la participación que las
exportaciones a un país parte representaban del total de la oferta del país que
introduzca la restricción, durante los 36 meses previos a la imposición de la
medida y b) no se impone un precio de exportación superior al precio doméstico
por medio de, por ejemplo, impuestos, licencias, cuotas o precios mínimos de
exportación. Bebidas
alcohólicas-productos distintivos: Los 3 países acordaron proteger como productos distintivos el tequila,
el mezcal, el whiskey canadiense, el Bourbon whiskey, y el Tennessee whiskey. Anexos
sectoriales del capítulo de acceso a mercado. El capítulo de acceso a mercado incluye dos
anexos para el sector automotriz y el de textiles y prendas de vestir con
disciplinas específicas para estas industrias, que van más allá de la
liberalización de los flujos de comercio. Se juzgó conveniente incluir estos
anexos debido a las condiciones prevalecientes en estos dos sectores al momento
de la negociación del TLCAN. Disposiciones
especiales para textiles y prendas de vestir: En el momento de la negociación, se establecieron reglas
especiales para el comercio de fibras, hilos, textiles y prendas de vestir. Se
contempla la eliminación de los aranceles en un periodo máximo de 10 años. EUA
eliminó de manera inmediata las cuotas de importación para los productos
mexicanos y de manera gradual para los productos manufacturados en México que
no cumplan con la regla de origen, las cuales en su mayoría son de “hilo en
adelante”, aunque para algunos productos son más estrictas: “fibra en adelante”
(hilos de algodón, y de fibras sintéticas). Para los bienes que no cumplan con
la regla de origen, se establecieron cupos de preferencia arancelaria. Un
comité sobre etiquetado trabajaría en el desarrollo de requisitos uniformes de
etiquetado. Disposiciones
especiales para productos automotrices: La importancia económica del sector automotriz en los tres
países de América del Norte y la existencia del decreto de promoción de esta
industria en México explican, en buena parte, la necesidad de un enfoque
integral del tema. Así, el anexo correspondiente incluye disposiciones no sólo
de comercio (incluyendo reglas de origen), sino también de inversión. El TLCAN prevé la eliminación de las barreras al
comercio de automóviles, camiones, autobuses y autopartes, así como la
eliminación de restricciones a la inversión en un periodo de 10 años. EUA
eliminó de inmediato sus aranceles a automóviles de pasajeros; redujo de forma
inmediata a 10% sus aranceles a camiones ligeros y el residual se comprometió a
eliminarlo en cinco años; y en 10 años los otros vehículos. Por su parte,
México redujo de inmediato en 50% sus aranceles para automóviles de pasajeros,
y se comprometió a eliminarlos en máximo 10 años; redujo en 50% sus aranceles
para camiones ligeros y los eliminó en 5 años; y se comprometió a reducir sus
aranceles de manera gradual para los demás vehículos en un período de 10 años.
En cuanto a autopartes, se acordó la desgravación inmediata para algunas de
ellas, mientras que otras en 5 años, y unas pocas en 10 años. En reglas de
origen, los productos automotrices deberán ir aumentando gradualmente su
contenido regional mínimo para alcanzar 62.5% para automóviles de pasajeros y
camiones ligeros, motores y transmisiones para esos vehículos y 60% para los
demás vehículos y autopartes. México se comprometió a eliminar, al término del
período de transición, el decreto para la promoción de la industria automotriz.
El
capítulo cuarto del tratado se
refiere a las reglas de origen. Los beneficios arancelarios a los bienes de
México, EUA y Canadá que otorga el TLCAN se determinan por las reglas de
origen. En este sentido el TLCAN
dispone que los bienes serán considerados originarios cuando se produzcan en su
totalidad en la región. En caso de que los bienes contengan insumos que no
provengan de ella, se considerarán originarios siempre y cuando dichos materiales
sufran una transformación suficiente, descrita, generalmente, utilizando el
método conocido como “brinco arancelario”.
En algunos casos, además de cumplir el requisito de cambio de
clasificación arancelaria, los bienes deberán incorporar cierto porcentaje de
contenido regional. En otros, se permite considerar a un bien como originario
cuando éste se clasifique en la misma subpartida arancelaria que sus
componentes y cumpla con el requisito de contenido regional. El Tratado establece dos métodos para calcular
el porcentaje de contenido regional: el de valor de transacción y el de costo
neto. El primero se basa en el precio pagado o a pagar por un bien. El método
de costo neto sustrae del costo total del bien los costos por regalías,
promoción de ventas, empaque y embarque. Este último método limita la carga
financiera que se puede incluir en el cálculo. El TLCAN dispone que los
productores tendrán la opción de cualquiera de los dos métodos, salvo en los
casos en que el costo neto deba utilizarse cuando el valor de transacción no
sea aceptable conforme al Código de Valoración Aduanera de la OMC o para
algunos productos como los de la industria automotriz. Respecto a la
acumulación, se establece que todos los materiales no originarios utilizados en
la producción del bien deberán sufrir el cambio de partida correspondiente de
clasificación arancelaria y cumplir otros requisitos de contenido regional. En el caso de los productos de la industria
automotriz, se pactó una transición al final de la cual deberán cumplir con un
determinado porcentaje de contenido regional basado en la fórmula de costo neto
(62.5% para automóviles de pasajeros, camiones ligeros, motores y transmisiones
para este tipo de vehículos; y 60% para los demás vehículos y auto partes). El TLCAN introduce una cláusula de minimis, mediante la cual se evita
que ciertos bienes pierdan la posibilidad de beneficiarse de un trato
preferencial por el hecho de contener cantidades muy reducidas de insumos no
originarios. Así, un bien se considerará originario de la región cuando el
valor de los insumos provenientes de países fuera de la región no exceda el 7%
del precio o del costo total del bien. El
capítulo quinto se
refiere a los procedimientos aduaneros para asegurar que sólo se otorgue trato preferencial
a los bienes que cumplan con la regla de origen, y para asegurar que los
inversionistas cuenten con certidumbre y no enfrenten procesos burocráticos
excesivos en la verificación del cumplimiento de las reglas de origen, el TLCAN
establece una serie de disposiciones en materia aduanera.
En el TLCAN se adoptan reglamentos que aseguran
la aplicación, administración e interpretación congruente de las reglas de
origen. Además, se establece un certificado de origen uniforme, así como
requisitos de certificación, procedimientos a seguir por los agentes económicos
que reclamen trato preferencial, y requisitos comunes para la contabilidad de
dichos bienes. El tratado también contempla reglas sobre la verificación del
origen de los bienes, tanto para los importadores y exportadores como para las
autoridades aduaneras. Los certificados son llenados por los
productores o exportadores, aunque una
Parte podría, por conducto de su autoridad aduanera, verificar el origen de un
producto mediante cuestionarios escritos dirigidos al exportador o productor en
territorio de otra parte, o incluso, mediante visitas a las instalaciones de un
exportador o de un productor en territorio de otra parte. El TLCAN prevé que cada una
de las Partes debe ofrece, por conducto de su autoridad aduanera, el
otorgamiento expedito de resoluciones anticipadas por escrito, previo a la
importación de un bien a su territorio, y debe otorgar derechos de revisión e
impugnación previstos para los importadores de su territorio. Finalmente, el tratado
establece plazos específicos para la pronta solución de controversias entre los
tres países en torno a las reglas de origen. El
capítulo sexto del TLCAN está
dedicado a la energía y petroquímica básica. En este sentido reconoce la
importancia de mejorar el comercio de bienes energéticos y petroquímicos
básicos en la región, mediante una liberalización gradual y sostenida. El
tratado establece que un país no puede imponer precios mínimos o máximos de
importación o exportación. Se establece que cada Parte podrá administrar
sistemas de permisos de importación o exportación siempre que se manejen de
conformidad con las disposiciones del tratado. Además, un país no podrá imponer
impuestos, derechos o cargos a la exportación de bienes energéticos o petroquímicos
básicos a menos que esos derechos se apliquen también al consumo interno.
Cualquier restricción a la importación o exportación de energía se limitará a
ciertas circunstancias específicas, como la conservación de los recursos
naturales agotables, una situación de escasez, la aplicación de un plan de
estabilización de precios, o cuestiones de seguridad nacional y, en todo caso,
las proporciones de la oferta total del bien energético o petroquímico en
cuestión que se exporte después de introducida la restricción no podrá ser
menor a la que prevalecía antes de la medida. Aunque, en principio, el capítulo se le aplica a
las tres partes del TLCAN, hay excepciones explícitas de buena parte de las
disciplinas para México, a fin de mantener las disposiciones constitucionales
que reservan al Estado las actividades de exploración, explotación, refinación
y procesamiento de petróleo y gas
natural, la producción de gas artificial y de petroquímicos básicos. También se
reserva al Estado mexicano el comercio internacional, la transportación,
almacenamiento y distribución de estos productos y el servicio público de
electricidad. Sin embargo, el TLCAN reconoce las nuevas oportunidades de
inversión privada en México en materia de bienes petroquímicos no básicos y en
instalaciones de generación eléctrica para autoconsumo, cogeneración, y
producción independiente, al permitir a los inversionistas de EUA y Canadá
adquirir, establecer y operar plantas en esas actividades. Éste fue uno de los capítulos más complejos de
negociar. El sector energético era uno de los intereses ofensivos más
importantes de EUA al tiempo que constituía el tema más sensible para México. El
capítulo séptimo, por su parte, se refiere al
Sector Agropecuario y Medidas Sanitarias y Fitosanitarias. El TLCAN establece compromisos bilaterales entre
México y Canadá y entre México y EUA para el comercio de productos
agropecuarios. La negociación del TLCAN concluyó antes de la Ronda Uruguay,
cuando todavía existían permisos previos de importación, licencias, cuotas y
otras restricciones no arancelarias. Como parte de los compromisos del
TLCAN, México y EUA aceptaron eliminar
sus barreras no arancelarias mediante su conversión a sistemas de arancel-cuota
(las cuotas se incrementarán un 3% anual), o bien a aranceles, los cuales se
reducirán gradualmente hasta llegar a cero en un período de 10 ó 15 años,
dependiendo del producto (dentro de los productos más sensibles se encuentran
el maíz y el fríjol para México y el jugo de naranja y el azúcar para EUA).
Asimismo, a la entrada en vigor del tratado, México y EUA eliminaron los
aranceles de una amplia gama de productos agropecuarios, cuyo valor equivalía a
aproximadamente la mitad del comercio bilateral agropecuario. La liberalización
comercial del sector agropecuario entre México y EUA prevista en el TLCAN es
universal: al final de los plazos de desgravación todos los productos-sin
excepción- estarán exentos de aranceles y barreras no arancelarias.
Por su parte, Canadá y
México eliminarían las barreras arancelarias y no arancelarias a su comercio
agropecuario, con excepción de productos lácteos, avícolas, huevo y azúcar
(productos que Canadá y EUA habían exceptuado en su tratado bilateral, cuyos
resultados fueron incorporados al TLCAN). Por lo general, los aranceles se
eliminarían gradualmente en un período de 10 años. Respecto a apoyos internos,
las partes pactaron esforzarse por avanzar hacia políticas de apoyo interno que
tengan efectos de distorsión mínimos o inexistentes sobre el comercio o la
producción, conforme a las disciplinas multilaterales. El capítulo también
establece que no es apropiado otorgar subsidios a la exportación a los mercados
de las otras partes, a menos que éstos sean necesarios para competir con
productos de terceros países cuyas exportaciones estén subvencionadas. El TLCAN confirma el derecho de cada país para
determinar el nivel de protección sanitaria o fitosanitaria que considere
adecuado y dispone que se puede alcanzar tal nivel de protección mediante
medidas sanitarias y fitosanitarias basadas en principios científicos y en una
evaluación del riesgo, y que no se traduzcan en una discriminación
injustificada o encubierta al comercio. El TLCAN alienta a los tres países a
utilizar las normas internacionales relevantes para el desarrollo de sus
medidas sanitarias y fitosanitarias, pero permite adoptar medidas más estrictas
siempre y cuando se justifiquen científicamente. Asimismo, el TLCAN promueve la
equivalencia de las medidas de tal forma que cada uno de los países acepte como
equivalentes las medidas sanitarias y fitosanitarias de los otros. El capítulo octavo se refiere a las medidas de
emergencia. Prevé el establecimiento de
medidas de salvaguardias tanto globales como bilaterales. Los procedimientos
disponen que las medidas serán sólo por un lapso limitado, y exige al país que
las adopte que otorgue una compensación a la contraparte afectada. Si no logran
llegar a un acuerdo sobre el monto de la compensación, el país exportador podrá
adoptar una medida con efectos equivalentes para compensar el efecto de la
salvaguarda. Salvaguarda bilateral:
Durante el periodo de transición, si como resultado de la reducción o
eliminación de un arancel estipulada en el tratado, un bien originario de
territorio de una Parte se importa al territorio en cantidades tan elevadas que
constituyen una amenaza o causa sustancial de daño serio, una industria
nacional que produzca un bien, la Parte afectada podrá adoptar medidas de
emergencia que suspendan temporalmente la eliminación de los aranceles
acordada, o bien, restablecer el arancel anterior a la entrada en vigor del
TLCAN. Esta salvaguarda podrá adoptarse por una sola ocasión y máximo por un
periodo de 3 años (en bienes extremadamente sensibles se podrá extender a 4
años). Salvaguarda global: El TLCAN dispone que cuando
un país adopte una salvaguarda global, de conformidad con el GATT, los países
miembros del TLCAN deberán quedar exentos de la aplicación de la medida, a
menos que sus exportaciones representen un parte sustancial de las importaciones
totales o contribuyan de manera importante al daño o amenaza de daño serio. El
capítulo noveno se refiere a
las medidas relativas a la normalización.
El TLCAN confirma los derechos y obligaciones de
cada país derivados del Código de Barreras Técnicas al Comercio del GATT (TBT
por sus siglas en inglés) y otros tratados internacionales. Asimismo, cada país
conserva el derecho de adoptar, aplicar y hacer cumplir sus medidas de
normalización, para establecer el nivel de protección que desee alcanzar con
ellas aunque deben ser aplicadas con el principio de no discriminación (trato
nacional y trato de nación más favorecida). El tratado prevé que cada país use las normas
internacionales como base para las suyas. Los países del TLCAN aceptaron trabajar
de manera conjunta para incrementar el nivel de seguridad y protección de la
salud y el medio ambiente y del consumidor. Así, acordaron procurar hacer
compatibles sus medidas de normalización y, para ello, el tratado considera
procedimientos de validación de la conformidad a fin de verificar el
cumplimiento de los requisitos establecidos por los reglamentos técnicos o
normas. Finalmente, se establece la obligación de
notificar con anterioridad a los otros países miembros la adopción o
modificación de las medidas de normalización que pudieran afectar el comercio. El
capítulo décimo se
refiere al importante tema de las compras del sector público. El tratado abre,
sobre una base no discriminatoria, una parte significativa del mercado de
compras del sector público de cada uno de los países del TLC para los
proveedores de los otros países. El TLCAN establece el requisito de trato
nacional y más favorable para los países miembros y obliga a las partes a
seguir procesos de licitaciones muy exigentes en términos de valoración de los
contratos; transparencia (publicación); plazos; especificaciones técnicas;
prohibición de condiciones compensatorias especiales; invitación y calificación
de proveedores; invitación restringida; presentación, recepción y apertura de
ofertas; adjudicación de contratos; y mecanismos de impugnación..
El capítulo abarca las compras realizadas por
dependencias y empresas del gobierno federal en cada uno de los países y se
aplica a las adquisiciones de las dependencias del gobierno federal cuyo monto
supera los $50 mil dólares para bienes y servicios, y $6.5 millones de dólares
para obra pública. Para las adquisiciones de las empresas públicas, los
umbrales son de $250 mil dólares para bienes y servicios, y 8 millones de
dólares para obra pública. Para México se acordó una reserva temporal que
permite excluir temporalmente una proporción decreciente de las compras
públicas de las disciplinas del capítulo y una reserva permanente que le
permite al Estado mexicano, asignar directamente, sin obligación de licitar, un
monto fijo del valor de los contratos de compra de bienes y servicios de PEMEX
y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), así como del valor de los
contratos para la compra de servicios de construcción para el sector no-energético.
EUA y Canadá, por su parte, excluyeron sus programas de pequeñas empresas y de
empresa manejadas por minorías. El tratado prevé la negociación futura de la
cobertura para que ésta se extienda a los gobiernos estaduales o provinciales
que acepten voluntariamente estos compromisos. El
capítulo décimo-primero se
refiere a las normas de inversión y al decir de muchos contiene las disciplinas
internacionales en la materia más ambiciosas que se hayan negociado. El tratado
elimina barreras importantes a los flujos de capital, otorga garantías básicas
a los inversionistas de los tres países y establece un mecanismo de solución de
controversias que pudieran surgir entre los inversionistas y un país del TLCAN.
Las principales disciplinas del capítulo XI del TLCAN son: Definición
de inversión. El concepto de
inversión se define de manera amplia ya que abarca todas las formas de
propiedad y participación en las empresas, a la propiedad tangible o
intangible, y a aquélla que deriva de un contrato. Trato
no discriminatorio. Las
disciplinas de no discriminación son muy amplias, pues cada país otorgará a los inversionistas de un país del TLCAN
y a las inversiones que ellos realicen, trato no menos favorable que el que
otorga a sus propios inversionistas (trato nacional), a los inversionistas de
otros países (trato nación más favorecida), el mejor de cualquiera de éstos
(estándar de trato) y trato de acuerdo al derecho internacional, incluyendo
trato justo y equitativo (estándar mínimo de trato). Requisitos
de desempeño. El TLCAN también
prohibe la imposición de requisitos de desempeño a las inversiones en su
territorio, tales como niveles de exportación, contenido nacional, utilización
de bienes y servicios domésticos, transferencia de tecnología, etc. Transferencias. El tratado dispone que los inversionistas de un
país podrán convertir la moneda de curso legal en divisas, al tipo de cambio
que prevalezca en el mercado, sus ganancias, ingresos derivados de ventas, pago
de préstamos, u otras transacciones relacionadas con su inversión. Expropiación. Ningún país del TLCAN podrá expropiar, de
manera directa o indirecta, inversiones que realicen empresarios de los países
miembros del TLCAN, salvo, por causas de utilidad pública, de manera no
discriminatoria, y recibirán sin demora una indemnización conforme al valor de
mercado del bien expropiado. Mecanismo
de solución de controversias inversionista- Estado. El tratado establece un mecanismo de solución de
controversias mediante el cual los inversionistas de los países miembros podrán
reclamar el pago de daños pecuniarios por violaciones a las disposiciones del
TLCAN por parte del país receptor. Se contemplan procedimientos de arbitraje, o
recursos disponibles ante los tribunales nacionales de ese país. Las disciplinas del capítulo se aplican a todas
las actividades económicas, a menos de que estén listadas explícitamente en los
anexos de reservas al capítulo. En los
ocho años y medio de vigencia de este instrumento se han presentado casos del
capítulo 11 del TLCAN que, según algunos observadores, implican una lectura
demasiado amplia de las disciplinas del mecanismo inversionista-Estado que, en
los hechos, podría significar que los extranjeros cuentan con un recurso para demandar a los
Estados que no está disponible para los
nacionales. Esta preocupación llevó a que los países signatarios del TLCAN
negociaran en 2001 una nota interpretativa del capítulo 11 del acuerdo que
busca acotar su alcance. El
capítulo doce regula el
comercio transfronterizo de servicios. El enfoque adoptado para la liberalización de
los servicios en el TLCAN es también muy ambicioso. De forma similar al
capítulo de inversión y en contraste con las negociaciones multilaterales del
Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS), el tratado norteamericano
sigue un enfoque de listas negativas: todos los sectores están sujetos a las
disciplinas del capítulo, salvo lo expresamente contenido en los anexos de
reserva ( y lo dispuesto en los capítulos específicos para telecomunicaciones y
servicios financieros). Las principales disciplinas son: Trato
Nacional: El TLCAN extiende a
los servicios la obligación fundamental de otorgar trato nacional, la cual ha
sido aplicada a bienes a través del GATT. Cada país socio del TLCAN otorgará a
los prestadores de servicios de los otros dos países un trato no menos
favorable que el otorgado a sus propios prestadores de servicios, en
circunstancias similares. Trato
de Nación más Favorecida: El
tratado requiere que cada país miembro otorgue a los proveedores de servicios
de los otros dos países trato no menos favorable que el otorgado a prestadores
de servicios de cualquier otro país, en circunstancias similares. Nivel
de Trato: Las partes se
comprometen a dar el mejor de los
tratos nacional y de nación más favorecida. Presencia
Local: Conforme al tratado, un
prestador de servicios de otro país miembro no estará obligado a residir o
establecer en su territorio oficina alguna de representación, sucursal o
cualquier otro tipo de empresa como condición para prestar un servicio. A fin de evitar barreras innecesarias al
comercio, el TLCAN establece disposiciones relativas a los procedimientos de
expedición de licencias y certificación de profesionales. Se prevén mecanismos
para el reconocimiento mutuo de licencias y certificaciones. Los países
miembros eliminarán los requisitos de nacionalidad y residencia para el
otorgamiento de licencias y certificaciones a los prestadores de servicios
profesionales dentro de su territorio dos años después de la entrada en vigor
del tratado. Las disposiciones sobre servicios no se aplican
a rubros cubiertos explícitamente por el tratado, tales como compras de
gobierno, subsidios, servicios financieros, energía, servicios aéreos,
telecomunicaciones básicas, servicios sociales del gobierno, industria
marítima, y aquellos otros reservados al Estado. El
capítulo trece regula las
telecomunicaciones. El sector de telecomunicaciones fue uno en el cual las
partes del TLCAN se reservaron el derecho de establecer o mantener medidas discriminatorias
con respecto a la inversión o la prestación del servicio. Sin embargo, en el
capítulo correspondiente se incluyeron disciplinas para evitar la
discriminación en el acceso y uso de redes o servicios públicos de
telecomunicaciones y en el otorgamiento de licencias y concesiones de servicios
de valor agregado, así como para
asegurar que las medidas de normalización requeridas sean las necesarias para
impedir que se causen daños a la interconexión a las redes. El tratado reconoce que un país signatario puede
mantener o designar a un prestador monopólico de redes o servicios públicos.
Cada país buscará que un monopolio no abuse de su posición. El
capítulo catorce estatuye sobre
los servicios financieros. Conforme al tratado, los proveedores de servicios
financieros de un país miembro podrán establecerse en otro de los países
signatarios. Cada país permitirá a sus residentes adquirir servicios
financieros en territorio de otro país, y no podrá imponer restricciones a las
operaciones fronterizas en ningún sector financiero, adicionales a las
restricciones ya existentes, salvo que el país haya excluido específicamente a
algún sector de esta obligación. Cada país deberá otorgar trato nacional,
referido como trato a las oportunidades para competir, así como trato de nación
más favorecida a los prestadores de servicios financieros. Cada país
establecerá sus procedimientos de transparencia. Las autoridades de los países conservarán
facultades para expedir regulaciones que tengan el propósito de salvaguardar la
integridad y estabilidad del sistema financiero. Los países también podrán
adoptar, en circunstancias específicas, medidas que tengan el propósito de
proteger la balanza de pagos. México permitió a las empresas financieras
organizadas conforme a la ley de otro país miembro del TLCAN, establecer en su
territorio instituciones financieras, las que estarán sujetas a ciertos límites
de mercado aplicables durante un periodo de transición. El tratado también establece disposiciones especiales
para banca y casas de bolsa, aseguradoras, empresas financieras no bancarias, y
otras empresas. El
capítulo quince consagra las
políticas a seguir en materia de competencia, monopolios y empresas del Estado.
El tratado incluye disposiciones sobre
prácticas comerciales no competitivas, privadas y públicas. Así, cada país del
TLCAN adoptará o mantendrá medidas en contra de prácticas comerciales no
competitivas y cooperará en al aplicación y ejecución de la ley en materia de
competencia. Empresas
del Estado: El tratado requiere
que las empresas que pertenezcan o sean controladas por los gobiernos
federales, provinciales, o estaduales actúen de manera congruente con las
obligaciones del país en cuestión cuando ejerzan una función reglamentaria,
administrativa o de otra autoridad gubernamental, como en el caso del
otorgamiento de licencias. Monopolios: El TLCAN impone algunas disciplinas adicionales
aplicables a los monopolios federales propiedad del gobierno, así como a
cualquier monopolio privado que un país del TLCAN pueda designar en el futuro.
En la compra o venta de un bien o servicio de monopolio, éste no deberá
discriminar a bienes o negocios de los otros países del tratado. Cada país
deberá asegurarse que los monopolios no se valgan de su posición para involucrarse
en prácticas contrarias a la competencia en mercados no-monopólicos en su
territorio. Las disposiciones de este capítulo no son, sin embargo,
susceptibles de ser sometidas al mecanismo de solución de controversias del
tratado, lo que hace que este tema tenga un enfoque eminentemente cooperativo. El
capítulo dieciséis regula
las obligaciones en materia de entrada
temporal de personas de negocios. E tratado no se establece un mercado común
con libre movimiento de personas. Cada uno de los países conserva el derecho de
velar por la protección del empleo, y de adoptar la política migratoria que
juzgue conveniente. Los países miembros del TLCAN deberán, sin embargo,
autorizar la entrada temporal a cuatro categorías de personas de negocios:
visitantes de negocios; comerciantes; personal transferido dentro de una
compañía, y ciertas categorías de profesionales. El TLCAN contempla
definiciones para cada una de las categorías anteriores. EUA limita la entrada
temporal de profesionales de México a 5,500 personas. El
capítulo diecisiete trata de la
propiedad intelectual. Establece obligaciones sustanciales relativas a la
propiedad intelectual. Cada país protegerá adecuada y efectivamente los
derechos de propiedad intelectual con base en el principio de trato nacional, y
asegurará el cumplimiento efectivo de estos derechos, tanto a nivel nacional
como en las fronteras. El tratado
define compromisos específicos para la protección de: derechos de autor;
patentes; marcas; derechos de obtentores vegetales; diseños industriales;
secretos industriales; circuitos integrados; e indicciones geográficas. Derechos de autor: las obligaciones de los
países son: proteger los programas de cómputo como obras literarias, y las
bases de datos como compilaciones; conceder derechos de renta para los
programas de cómputo y fonogramas; y estipular un plazo de protección de por
los menos 50 años para los fonogramas. Patentes: El TLCAN otorga protección a las invenciones,
requiriendo a cada país: conceder patentes para productos y procesos en
prácticamente todo tipo de inventos, incluidos los farmacéuticos y los
agroquímicos; eliminar cualquier régimen especial para categorías especiales de
productos, cualquier disposición para la adquisición de los derechos de
patentes, y cualquier discriminación en la disponibilidad y goce de los
derechos de patentes que se otorguen localmente y en el extranjero; y brindar
la oportunidad a los titulares de las patentes, para que obtengan protección en
los inventos relativos a los productos farmacéuticos y agroquímicos, que antes
no estaban patentados. Además, el tratado establece reglas para
proteger otros derechos de propiedad intelectual, tales como: marcas de
servicios, señales codificadas por satélites, secretos industriales, circuitos
integrados, e indicaciones geográficas. Se incluyen también obligaciones detalladas
sobre los procedimientos judiciales para la puesta en práctica de los derechos
de propiedad intelectual, y el cumplimiento de los derechos de propiedad
intelectual en la frontera. El
capítulo dieciocho del TLCAN se
refiere a la publicación, notificación y administración de leyes. Establece reglas diseñadas para asegurar que
las leyes, reglamentaciones y otras medidas que afecten a comerciantes e
inversionistas sean accesibles y se administren por funcionarios de los tres
países con imparcialidad y de conformidad con los principios de legalidad. Las disposiciones sobre notificación e
intercambio de información darán a cada gobierno la oportunidad de consultar
cualquier acción adoptada por cualquier país que pudiera afectar la operación
del tratado y están diseñadas para apoyar a los países a evitar o reducir las
posibles controversias. Cada país designará un punto de enlace para
facilitar la comunicación entre los 3 países del TLCAN. El
capítulo diecinueve se refiere a la Revisión y
solución de controversias en materia de cuotas antidumping y compensatorias. El TLCAN confirma explícitamente el
derecho de cada país miembro a conservar la aplicación de su legislación en
materia de antidumping y cuotas compensatorias.
El Tratado establece un mecanismo para que tribunales
arbítrales independientes, de integración binacional, revisen las resoluciones
definitivas en materia de antidumping y cuotas compensatorias que hayan dictado
las autoridades de los países miembros. Dichos tribunales estarán integrados
por 5 individuos calificados, de los países involucrados. Como salvaguarda contra procedimientos incorrectos o errores
mayores por parte de los paneles que pudieran comprometer la integridad del
proceso, se contempla un "procedimiento para la impugnación
extraordinaria". En determinadas circunstancias preestablecidas, una de
las Partes interesadas puede apelar la decisión de un panel ante un comité de
tres jueces o ex-jueces. El comité llegaría luego a una decisión rápida según
la cual afirma, abandona o devuelve la decisión del panel. Se establece también un mecanismo por medio del cual se
salvaguarda y se asegura el sistema de revisiones por paneles. En los términos
de este capítulo se puede establecer un comité extraordinario compuesto de tres
miembros para examinar los alegatos de una de las partes en el sentido de que
la aplicación de las leyes nacionales de la otra parte hubiera estorbado el
buen funcionamiento del sistema de los paneles. El
Capítulo veinte del tratado establece las instituciones responsables de la aplicación del
mismo, y busca asegurar su administración conjunta, así como la prevención y
solución de controversias.
Comisión
de Comercio: Es la institución
central del tratado y está integrada por ministros o funcionarios a nivel de
gabinete de cada país. Secretariado: Su función es apoyar a la Comisión, así como a
otros grupos secundarios en la solución de controversias. Dar apoyo técnico y
administrativo a la Comisión. Solución
de Controversias: Consultas: constituye el primer paso en la búsqueda de la
solución de una controversia y favorece la conciliación entre las partes. Así,
cuando surja un asunto que pudiera afectar los derechos de un país derivados
del el tratado, ese país podrá solicitar consultas a los otros gobiernos
involucrados. Funciones
de la Comisión de Comercio: Si
las consultas no resuelven el asunto en un plazo de 30 a 45 días, cualquier
país podrá convocar a la Comisión de Comercio a una reunión plenaria. La
Comisión procurará una solución. Inicio
de procedimientos ante paneles:
Si la Comisión no logra una solución mutuamente satisfactoria, el país
involucrado podrá solicitar el establecimiento de un panel que considere la
controversia. En caso de que una controversia pueda someterse
tanto a instancias previstas por el GATT como a las que instituye el TLCAN, el
país demandante podrá elegir entre cualquiera de los dos foros, Una vez
seleccionado el foro, éste será excluyente del otro. Procedimientos
de los paneles: Una vez
solicitado y establecido el panel, éste tendrá a su cargo presentar
conclusiones de hechos y determinar si la acción impugnada es incompatible con
las obligaciones derivadas del TLCAN, y puede hacer recomendaciones para la solución
de la controversia. Los paneles se integraran por cinco miembros, y el TLCAN
establece un procedimiento para su selección. El panel deberá presentar un
informe preliminar con carácter confidencial a los contendientes dentro de un
plazo de 90 días. Éstos, a su vez, tendrán 14 días para comunicar al panel sus
comentarios. El panel presentará su informe final en un plazo de 30 días a
partir de que se presentó el informe preliminar, y será turnado a la Comisión
para su publicación. El capítulo
veintiuno de excepciones, incluye
disposiciones que aseguran que éste no afecte la capacidad de cada país para
proteger sus intereses nacionales. Excepciones
generales: Permiten a un país
adoptar medidas que en otras circunstancias serían incompatibles con sus
obligaciones: moral pública, seguridad, vida y salud humana, animal o vegetal,
tesoros nacionales, preservación de los recursos naturales. Tales medidas no
deberán resultar en discriminación arbitraria o en restricciones disfrazadas al
comercio. Seguridad
nacional: Nada de lo dispuesto
en el TLCAN afectará la capacidad de cualquiera de los países para adoptar
medidas que considere necesarias para proteger sus intereses esenciales de
seguridad. Tributación: El tratado dispone que los asuntos tributarios
se regirán por los acuerdos de doble tributación celebrados entre los países
miembros. Balanza
de pagos: Un país contratante
puede adoptar medidas que restrinjan el comercio para proteger su balanza de
pagos, sólo en circunstancias limitadas, de acuerdo con las reglas OMC.. El capítulo
veintitrés de disposiciones finales establece las
fechas para la entrada en vigor del TLCAN, así como lo relativo a la posible
admisión de otros países como miembros del mismo. Finalmente, se establecen
disposiciones para introducir reformas al tratado, así como denunciar el
tratado con notificación previa de seis meses.
4.3.-
Evaluación del TLCAN Este es un resumen del tratado. Interesa evaluar su impacto en una economía como la mexicana,
que tiene cierta afinidad con las latinoamericanas, para poder sacar
conclusiones respecto de lo que podría suceder con estas últimas dentro del
ALCA. En este aspecto nos remitimos a las conclusiones de Herminio Blanco,
principal negociador del tratado durante el período de su conclusión. Blanco
expresa que el principal objetivo de un tratado de libre comercio es generar
empleos bien pagos. Dichos acuerdos generan empleos de tres maneras: mediante
la eliminación de aranceles obstáculos y barreras al comercio, permite aumentar
las exportaciones; luego, el aumento de la competitividad que estimula el
desarrollo empresarial; y, finalmente por el incremento de las corrientes de
inversión nacionales y extranjeras. El tratado ofrece una estructura
institucional que constituye un marco óptimo para la realización de negocios, por lo que, además de facilitar el
acceso a los mercados, incluso las compras del sector público, se establecen
mecanismos destinados a la protección de la inversión, apertura de los
servicios y reglas de propiedad intelectual. Se determinan reglas para evitar
el dumping, para las cuotas compensatorias y la política de competencia. Se
estatuye igualmente sobre el régimen de solución de controversias.
En
los nueve años de vigencia del tratado se eliminaron casi todos los aranceles
entre los tres países signatarios. Entre México y Estados Unidos, para el 1º de
enero del 2003 se eliminaron los aranceles de todos los productos industriales,
con excepción de tres y todos los productos agrícolas, con excepción de cinco, entre
los cuales el maíz para México, el jugo
de naranja y el azúcar para Estados Unidos, llegándose al 2008 con una
eliminación total de aranceles, así como todos los impedimentos a las
exportaciones mutuas. En caso de Canadá la protección continúa para los
productos avícolas y cárnicos. El
crecimiento del comercio entre los signatarios se incrementó mucho más que el
comercio de los mismos con terceros países. Mientras que el comercio de Estados
Unidos se incrementó en un 79% entre 1994 y 2001, el comercio con México se
incrementó en un 180%. En 1993, México representada un 6,9% de las
importaciones de los Estados Unidos y hoy su penetración en ese mercado ha
aumentado hasta casi el doble. México exportó en el 2001 a Estados Unidos
130.000 millones de dólares, más que Alemania, el Reino Unido y China juntos,
más que Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong juntos y más del doble de
toda América Latina(compárese con el total de las exportaciones brasileñas).
Por otra parte, México se convirtió en el segundo mercado para las
exportaciones de los Estados Unidos con 114.000 millones de dólares. Año a año
México tuvo un superávit comercial de alrededor de 20.000 millones de dólares,
desmintiendo las previsiones pesimistas. Las exportaciones mexicanas han pasado
del ser el 15% del PBI a constituir el 30% hoy y ello se debe fundamentalmente
al tratado. Consecuentemente, un número mayor de empresas se ha estado
incorporando al sector exportador y esta actividad no se concentra solamente en
el norte del país, sino que muchos empresarios se han establecido en el Yucatán
y en el sur, en Chiapas y la frontera
con Guatemala en busca de mano de obra menos especializada y menores salarios, conforme éstos
aumentaron en los estados
fronterizos con los Estados
Unidos. En
el período del tratado, México ha recibido más de 120.000 millones de dólares
en inversión extranjera directa. En los años anteriores al tratado, esa
inversión no pasaba de 4.000 millones de dólares anuales, mientras que en los
años de vigencia del mismo se incrementó a un promedio de 14.000 millones de
dólares anuales. El
aumento de la inversión y las exportaciones generaron en el período
alrededor de un millón y medio de
empleos en el sector formal de la economía, con sueldos superiores a los del
resto de la economía. El 60% de los sectores que exportan más, pagan salarios
40% más altos que los del resto del país y las maquiladoras o montadoras pagan
salarios cinco veces superiores al salario mínimo. Los
beneficios de inversión y empleo son consecuencia del aumento de la
competitividad de México en los Estados Unidos, como consecuencia de la
eliminación de aranceles y barreras comerciales; provienen también del
abaratamiento de los insumos y mejoramiento de su calidad. Un
tratado de este tipo significa garantir la estabilidad de las reformas
estructurales que se producen por y como consecuencia del mismo, reformas
estructurales que de todos modos serían necesarias, pero que de un modo u otro
fueron aplazadas en el pasado por falta de estímulos o de ambiente político
propicio. La política económica ya no se podrá modificar más o menos
caprichosamente por los gobiernos de turno en respuesta a las dificultades o a
las crisis y ello coloca a los inversores al abrigo de políticas erráticas y
estimula los negocios. La
influencia del tratado, por último asegura el cumplimiento de las leyes, por
ejemplo la que rige los derechos de propiedad intelectual, reduciendo la
piratería y la transparencia en las licitaciones públicas, así como en la
generación de estándares y normas y en su cumplimiento. Todo
ello, así como la certidumbre de que se está entrando en un gran mercado, ha estimulado la inversión, y la inversión
ha dinamizado la producción y ha beneficiado la generación y mejora de las
condiciones de empleos y salarios.
Estas conclusiones podrían ser demasiado optimistas,
ya que las condiciones de la gran masa popular mexicana no han cambiado
demasiado y que, posiblemente, la vigencia
del tratado no contribuya a modificarlas en el mediano plazo, como lo prueba el descontento evidenciado por el
electorado con el gobierno de Vicente Fox en las últimas elecciones
legislativas y de gobernadores. Tampoco se puede esperar que un tratado de
libre comercio transforme la totalidad de una economía aquejada de enormes
disfunciones estructurales, sobre todo respecto de los sectores donde el
comercio exterior tiene poca o ninguna incidencia. con Sin embargo, la unión
jurídica de México a un enorme mercado, al que de hecho estaba unido sin la
misma protección legal, es un hecho probado y de significativa importancia, sin
que los costos que el país haya pagado por ello sean demasiado importantes.
Falta saber si similares procedimientos, aplicados al ALCA producirán efectos
propicios netamente superiores a las restricciones y cargas que el proyectado
tratado de libre comercio impondrá a las economías latinoamericanas. Una cosa
si es cierta: Latinoamérica no podrá desarrollarse convenientemente si no
consigue un acceso negociado a los grandes mercados internacionales, no
bastando el desarrollo interno nacional, ni aún tratándose del Brasil, o en los espacios subregionales
latinoamericanos para generar un desarrollo productivo acorde con las
necesidades de estos pueblos. También es incierto que las metas y objetivos
nacionales de desarrollo independiente y socialmente equilibrado, que
forzosamente se resignan, al menos en parte, al firmar tratados de esta
naturaleza, estén al alcance de los países latinoamericanos sin el conveniente
acceso a los grandes mercados mundiales, para lo cual deben abrir sus fronteras
a la poderosa competencia externa, cualquiera sea el tipo de gobierno que rija
sus destinos. 4.3.2.- LA EVOLUCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA. Para los antecedentes de este tema,
véase el capítulo segundo del libro “El MERCOSUR y su contexto regional e
internacional” (Ginesta, 1998). En este curso hemos presentado a la
Unión Europea como el ejemplo práctico que más se ha acercado al modelo teórico
de integración que manejan los estudiosos del tema. Es al mismo tiempo el banco
de prueba para el desarrollo futuro del
MERCOSUR, si es que se pretende aún ser un mercado común, pero incluso como lo
es como una zona de libre comercio eficiente.
El proceso de integración
requeriría en cierta etapa de su maduración, un grado de integración política que llegaría a culminar en un
super-Estado dotado de instituciones federales, con un gobierno supranacional,
al lado de los gobiernos nacionales, que conservarían un grado de autonomía
originaria. Como lo observa Romano Prodi, actual presidente de la Unión Europea
y decidido europeísta ( entrevista del diario Le Monde, 22.10.02), nadie tiene
en la Unión la autoridad necesaria para propiciar su evolución. Es demasiado tarde para retroceder, pero al mismo
tiempo no se tienen los suficientes poderes para asegurar el pacto de
estabilidad y menos para avanzar en las reformas necesarias, puesto que las
menores transformaciones requieren decenios para adoptarse. Habiendo culminado en lo esencial la formación del mercado único con la
adopción de la moneda única, subsisten graves excepciones en el terreno de la armonización de las
políticas. Citando nuevamente a Prodi, rigiendo la moneda única, si hay
divergencias económicas entre los países, es imposible modificar las tasas de
interés y devaluar la moneda, por lo que la idea de tener políticas económicas
diferentes es totalmente loca. Con la misma moneda se pueden tener tasas de
inflación diferentes durante un año, pero no por tres o cuatro años. El pacto
de estabilidad es la manera de estar juntos en la misma moneda. Prodi está
persuadido que la coordinación de las políticas económicas será requerida en
breve por los propios estados miembros; mientras tanto, ha sido necesario
conceder nuevas flexibilidades, llevando el requisito del equilibrio de las
finanzas públicas del 2004 al 2006, pidiendo como contrapartida a los Estados
la reducción en un 0.5% anual del PIB, su déficit estructural. El mantenimiento
del pacto de estabilidad es el mínimo minimorum del sistema. Otro punto que no satisface los
requisitos de un mercado único internamente abierto, es el de la
desmonopolización y la gestión en libre competencia de los servicios
públicos, que se trató en medio de agrias divergencias en la cumbre de
Barcelona del 16 de marzo del 2002. En ella los líderes de Europa decidieron
permitir a los grandes consumidores industriales y comerciales, abastecerse
de gas y electricidad en los diferentes
países de la Unión, a partir del 2004, a efectos de reducir los costos, entre
otras medidas para reforzar sus economías,
como aumentar la edad de la jubilación a los 65 años y aumentar la
movilidad laboral en la Unión. Esta medida no alcanza al mercado de los
consumidores privados , en una concesión a Francia, donde el servicio público
permanece en manos del Estado. Sin embargo, este mercado representa sólo el 30%
del total de consumos. Europa se encuentra, además del
reforzamiento de sus estructuras institucionales, abocada a la necesidad estratégica y también política, de
dar cabida en su seno a los pueblos de Europa del Este, liberados de la tutela de la Unión Soviética y de las
dictaduras comunistas locales, que plantea grandes desafíos en el terreno
económico, similares a los que en su momento enfrentó Alemania Federal al
incorporar a la Alemania del Este, pero más aún en el
terreno de la organización institucional y del balance del poder entre los
diversos Estados, apenas resuelto en instancias anteriores. Además de las
dificultades inherentes a la consecución de cada meta por separado, es evidente
que estos objetivos son en cierta medida antitéticos, ya que la incorporación
de muchos más países en distinto grado de desarrollo y con distinta
organización interna, no favorece la cohesión del sistema y dificulta el
reforzamiento de la autoridad central. La ampliación europea Respecto a la ampliación europea, por
encima de la Europa de los 15, ésta reconoce dos etapas: la adopción del
tratado de Niza , que aprobó la entrada
de 10 de los países candidatos el 1º. de mayo de 2004 y su ratificación por los
países miembros, que culminó con el segundo referéndum de Irlanda –antes hubo
un primer referéndum negativo, que paralizó el proceso, ya que para ampliar la Unión se requiere el voto unánime de los quince-
y la cumbre de Copenhague del 13 de
diciembre de 2002, que concluyó las difíciles negociaciones sobre la
financiación de la ampliación de la
Unión con los países candidatos. Estos son Estonia, Letonia, Lituania, Polonia,
República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Chipre y Malta. El proceso
culminará, sin embargo, cuando estos países aprueben por referéndum su adhesión
a la UE. Los costos de la adhesión serán cubiertos por una oferta financiera de
los quince que asciende a 40.400 millones de euros. Quedan afuera, por el
momento Bulgaria, Rumania y Turquía – país que cuenta con la oposición más
fuerte del lado europeo- por no responder a los criterios mínimos de adhesión. |