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"América Latina y los
procesos de integración". Dr.
Helio Jaguaribe (Brasil). Diciembre de 2001 INTRODUCCIÓN
"Unimultipolaridad"
Las
características domésticas e internacionales precedentemente referidas hacen de
suerte a que lo que ocurre llamarse de "imperio americano", resulta
ser algo muy distinto de los imperios tradicionales. Se trata, en verdad, de un
"campo", en sentido análogo al que empleamos cuando hablamos de
"campo magnético" o "campo gravitacional". El campo de
predominio americano, además de no ser global, como precedentemente se
mencionó, adonde actúa -en partes de América Latina, de Asia y de Africa- lo
hace por condicionamientos económico-tecnológicos y sólo en casos limitados
(Panamá, Grenada, Somalia), por directa intervención militar. Globalización Conexo
con la existencia de un campo de condicionamiento americano, hay que considerar
el corriente fenómeno de globalización. Como lo señaló Aldo Ferrer, tratase de
la tercera y más completa ola de un proceso que se inició con los
descubrimientos marítimos y la revolución mercantil, prosiguió con la
revolución industrial y alcanzó su actual nivel con la revolución tecnológica
de las últimas décadas del siglo XX.
Una nueva estratificación internacional Como
resultado de los procesos precedentemente referidos, el mundo actual se
enfrenta con una nueva estratificación internacional. En la cumbre se encuentra
EUA, acompañado, en grado de menor influencia, por la UE y Japón. En la base,
se encuentran los países dependientes, o sea, la mayor parte de los países. En
nivel intermediario, se sitúan algunos países que no participan de la cumbre
directiva pero que disponen de significativa capacidad de resistencia a la
hegemonía americana. Es el caso, en primer lugar, de China seguida por Rusia y,
en grado menor, India. Irán se aproxima de ese nivel y también, a su modo,
Brasil en el ámbito de MERCOSUR. Tendencias evolutivas. La
presente situación internacional no se reviste de larga estabilidad. A largo
plazo, o bien EUA logran consolidar su hegemonía, pasando del status de
"unimultipolaridad" para el de "unipolaridad" o bien se
desarrollan fuerzas independientes formativas de uno o más polos alternativos
de poder, generándose un régimen mundial de efectiva multipolaridad.
La
formación de un sistema mundial multipolar deberá repetir, como sucedió con el
precedente sistema bipolar, la imposibilidad de una solución militar, porque
conduciría a un suicidio planetario. Así, es de suponerse que, después de un
período, más o menos largo, de grandes tensiones, el mundo sea compelido a una
convivencia pacífica, aunque en régimen de recíproca vigilancia, lo que, a lo
largo tenderá a desembocar, como ya lo preveía Kant, en las distintas
condiciones del siglo XVIII, en una Pax Universalis. La
actual estratificación internacional presenta, frente a las tendencias
evolutivas del sistema internacional, alternativas de suprema gravedad para los
países que se encuentren en nivel intermediario - que denominaremos de nivel de
resistencia - y en nivel de dependencia. Los
países en nivel de resistencia, como en los casos típicos de China y Rusia,
disponen de plazos relativamente cortos, que se agotan en mediados del siglo,
para consolidar su desarrollo y sus potencialidades, so pena de caer en un
estado de dependencia, probablemente sufriendo serios procesos disruptivos. Si
tienen éxito, tendrán acceso al nivel superior y participarán de un directorio
mundial que, formal o informalmente, regulará el nuevo orden mundial. A
su vez, los países actualmente en nivel de dependencia se confrontan, a plazos
todavía más cortos, del orden de un par de décadas, con la alternativa de -o
bien completan su desarrollo e incrementan significativamente su capacidad
económico-tecnológica, elevándose al nivel de resistencia, o pierden el margen
del que todavía dispongan de autonomía interna y externa. Se tornarán - aunque
conservando la parafernalia formal de la soberanía - meros segmentos del
mercado internacional, dirigidos exógenamente por multinacionales y grandes
potencias. Esa alternativa es particularmente grave para los países
subdesarrollados de grandes poblaciones, como India, Indonesia, Brasil o
México, casos en los cuales ese proceso de degradación acarreará terribles
efectos sociales y fuertes tendencias disruptivas.
Problemática América
Latina presenta un elevado grado de unidad cultural, que deviene de su
colonización ibérica, en que las diferencias entre la colonización portuguesa y
la española, aunque significativas, son poco relevantes si se confrontan con el
resto del mundo. Es cierto que distintos factores, además de los resultantes de
diferencias geoclimáticas, operaron en el sentido de aumentar diferencias, como
las que resultaron de la más o menos grande influencia de preexistentes
poblaciones indígenas, o del posterior ingreso de pueblos negros y otros. La
evolución histórico-social de América Latina, sin embargo, siguió un camino
semejante, lo que acentuó las comunes características culturales de la Región.
Tales circunstancias y condiciones condujeron, a su tiempo a la CEPAL, bajo
Raúl Prebisch y, el BID, bajo Felipe Herrera, a preconizar la integración
económica de toda América Latina. Diversos esfuerzos se han hecho en esa
dirección, como la ALALC, y la ALADI, pero con resultados modestos, además de
intentos de integración subRegional o temática, más exitosos, como,
principalmente, el MERCOSUR. Decisivas
circunstancias geoeconómicas, sin embargo, condujeron a Latinoamérica, en las
últimas décadas del siglo XX, a una división, en términos económicos. México
entró en NAFTA, con Canadá y Estados Unidos. Centroamérica y el Caribe sufren
una irresistible atracción hacia el polo norteamericano. En cambio, en
Sudamérica se constituyó una importante integración subRegional, MERCOSUR,
reuniendo Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Se constituyó, igualmente,
otra integración subRegional, la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Están en
marcha, asimismo, diversas otras propuestas. MERCOSUR aspira a incorporar otros
participantes, estando en vías de concretar la adhesión de Venezuela.
Entendimientos entre MERCOSUR y el Pacto Andino, como la cúpula presidencial
que se reunió en Brasilia en julio-agosto de 2000, conducen al proyecto de un
sistema sudamericano de cooperación y de libre comercio, programado para
concretar antes de 2002 y emprender, hasta el año 2010, con asistencia del BID,
la integración física del continente, con una comprensiva red de energía
eléctrica, de carreteras y ferrovías y de telecomunicaciones. Caminando
en dirección opuesta, EUA propone, con el ALCA, un sistema panamericano de
libre comercio, que implicaría, aunque retóricamente se pretenda negarlo, la
supresión de las demás formas integracionistas de América Latina. ¿Qué
consecuencias hay que sacar de todo eso? Hay
que diferenciar, en el caso, tres aspectos, que integran círculos bastante
autónomos: el económico, el cultural y el político. En las líneas siguientes se
intentará en forma breve, discutir esos tres círculos. Círculo económico. La polarización
económica de América Latina entre el norte y el sur resulta un hecho con
características estables, aunque pueda cambiar de sentido si el proyecto ALCA
venga a realizarse plenamente, o sea, con la inclusión de Brasil.
La
integración económica de México con EUA, sin embargo, obedece a condiciones
distintas y, por tal razón, presenta un saldo favorable, aunque a un elevado
precio en otras dimensiones. En efecto, reduciendo la cuestión a sus aspectos
esenciales, se observa que, en virtud de la larguísima frontera territorial
entre México y EUA, atravesada por excelentes carreteras y ferrovías y medios
de comunicación, la integración condujo a importantes industrias
norteamericanas a desplazar, algunos kilómetros al sur de la frontera, sus
unidades productivas, gozando así de condiciones más baratas de producción. Con
tal ventaja, exportan masivamente sus productos hacia el norte, contribuyendo
para que se eleve a la significativa cifra de 150 mil millones de dólares las
exportaciones mexicanas (comparada a los 60 mil millones de Brasil), más de 80%
destinadas a EUA. El
régimen del ALCA, aunque manteniendo discriminaciones no tarifarías, podría ser
favorable para Centroamérica y el Caribe, porque ampliaría significativamente sus
exportaciones de bienes primarios, que son los únicos que hacen y les
proporcionaría productos americanos más baratos, además de facilidades
financieras. Pero en ese caso se trataría, más bien, de una ampliación de
NAFTA. Serán tales ventajas extensibles a países de Suramérica?. En
lo que se refiere a Suramérica, importa hacer distinciones entre tres casos:
(1) el de los países de avanzada industrialización; (2) el de los que se
encuentran insertados en una integración subRegional que podría abrirles espacios
apropiados para su industrialización y (3) el de países que podrían ingresar en
una integración subRegional y disponer de las facilidades precedentemente
mencionadas.
El
caso de países como Paraguay y Uruguay, insertados en MERCOSUR, presenta
grandes oportunidades para una concertada especialización industrial, en el
ámbito del sistema. Importa por tanto que los países miembros abandonen sus más
recientes conductas neoliberales, asumidas por influencia norteamericana, y
vuelvan a la postura originaria de MERCOSUR - que pasa ahora por una seria
crisis - postura esa que es la de crear, concertadamente, condiciones para la
optimización económica de todos los miembros. Una vez más, Brasil y Argentina
necesariamente, deberán respaldar tal política.
El
ALCA, sin embargo, puede dejar de ser un acucioso instrumento a servicio de las
exportaciones americanas si, en lugar de un régimen de libre comercio,
instituye un ecuánime régimen de intercambio. Se trata, en lo fundamental, de
abrir el mercado norteamericano a las exportaciones latinoamericanas, a cambio
de una equilibrada apertura de América Latina a inversiones americanas
productivas, que incrementen la capacidad tecnológica y exportadora de
Latinoamérica. Una más extensa discusión de esa cuestión requeriría, entretanto,
un estudio propio. Círculo cultural. Como
se mencionó precedentemente, América Latina presenta un alto nivel de unidad
cultural. Ninguna otra Región del mundo ostenta esa condición. Inútil subrayar
la pluralidad cultural y lingüística de Europa que, sin embargo, logró su
unidad en la UE. Lo mismo cabe decir de Africa y Asia. Y si es cierto que el
Islam proporciona a los países que lo integran un elevado nivel de unidad
cultural, hay que reconocer que sus lenguas no permiten un recíproco (como
básicamente ocurre entre el portugués y el español) directo entendimiento oral.
Sólo son inteligibles por escrito. La unidad cultural de América Latina es un
raro tesoro de que disponen sus países y que obviamente hay que cultivar.
Todas
las culturas contemporáneas están expuestas, en más grande o más pequeño grado,
a la influencia cultural del inglés que se tornó, como el latín en la Edad
Media o el francés, en la Ilustración, la lengua franca del mundo civilizado.
Esa influencia es mucho más fuerte en Latinoamérica, por causa de la poderosa
influencia americana y la inmediata vecindad de EUA, en el norte de América
Latina. ¿Y entonces, qué pasa y qué hacer?
La
particular ventaja de América Latina, relativamente a otras Regiones del mundo,
consiste en la recíproca directa comunicación oral de sus dos idiomas. Ese
hecho, proveniente de las raíces comunes de las dos lenguas, mediatamente
derivadas del latín, pero inmediatamente procedentes del gallego arcaico,
requiere un consciente y deliberado fortalecimiento por la gente cultivada de
la Región. El hábito de leer directamente el español, generalizado entre la
gente cultivada de Brasil, no encuentra correspondiente práctica entre los
fono-hispanos de América Latina, con la relativa excepción de Argentina y
Uruguay. Esa práctica necesita de incentivo por parte de las autoridades
públicas y de los intelectuales. El segundo aspecto a considerar deviene del
hecho de que, en términos efectivos, el español se constituyó como la segunda
lengua internacional de Occidente. Este hecho, que no fue provocado
deliberadamente pero que se constituyó en algo corriente, merece sustentación
por los latinoamericanos, incluso los de habla portuguesa, sin restricciones
provocadas por infundados celos. Este breve estudio, escrito en español es una
manifestación práctica de las convicciones a ese respecto por parte del
intelectual brasileño que lo escribió. El tercer aspecto de la cuestión,
precedentemente formulada, es el más importante. ¿Qué contribución puede dar la
cultura latinoamericana del mundo? Es evidente que la literatura, la música y
las artes plásticas de América Latina ocupan, merecidamente, un amplio espacio
en el mundo. Hay que proseguir en esa influencia y desarrollarla. Sin embargo,
todavía hay algo más que los latinoamericanos, y el mundo en general, no se
enteraron debidamente. Se trata del hecho de que América Latina dispone, en su
cultura, tanto a nivel popular como a nivel erudito, de una de las
contribuciones que más necesita el mundo: el humanismo. Simplificando, al
extremo, una cuestión muy compleja, se puede afirmar que el mundo contemporáneo
y, más aún, el porvenir del mundo , dependen de una feliz articulación entre el
progreso científico-tecnológico y el humanismo. EUA, más que todos los países,
contribuye, actualmente, para el progreso científico-tecnológico del mundo,
pero carece, dramáticamente, de algo que otorgue un significado y un valor
superior a la vida: un nuevo humanismo. América Latina tiene y contiene ese
humanismo, espontáneamente, a nivel del pueblo y articuladamente, a nivel de
sus mejores intelectuales. Carece, sin embargo, para ultimar su modernización,
de mejor desarrollo científico-tecnológico. En el mundo norteamericano se
dispone de un gigantesco acervo de instrumentos y procesos al servicio de la
vida (y también del exterminio de la vida) pero no se sabe lo que hacer de la
vida. La gente es esclava del "gadge" y de una tecnología vacía de
contenido propio. El mundo latinoamericano abunda, tanto a nivel popular como a
nivel erudito, de humanismo, de ese humanismo nuevo, social y ecológico, de que
depende la sobrevivencia del mundo. Pero carece de más competencia
científico-tecnológica. Allí se encuentra el grande intercambio cultural de que
necesita el mundo: modernización científico-tecnológica de América Latina y
humanización de Estados Unidos y del mundo, en general.
Círculo político. Contrariamente
a las apariencias y al entendimiento corriente de la cuestión, es en el círculo
político, más que en el económico, que residen los intereses más fundamentales
de América Latina y de sus procesos de integración. El asunto presenta dos
aspectos principales: el que se relaciona con la autonomía de los países
latinoamericanos y el que se relaciona con su posible contribución para la
formación de un nuevo orden mundial, más equitativo y racional. El
proceso de globalización, en general, notoriamente en el caso de América
Latina, tiene poderosos y terribles efectos desnacionalizantes, particularmente
sobre los países menos desarrollados. La minimización del Estado, la apertura
del mercado a las fuerzas internacionales y la supresión de regulaciones, bajo
la suposición de que el mercado se auto-regula de forma optimizante para la
economía, conducen a la desnacionalización de los países, tanto más fuertemente
cuanto más subdesarrollados y periféricos sean. Persiste, en tales países, la
soberanía formal: himno, bandera, ejércitos de parada y la elección, cuando
democráticos, de sus dirigentes. Todas las decisiones relevantes, entretanto,
son exógenas, dictadas por multinacionales y por la potencia hegemónica. Esos
países se convierten en meros segmentos del mercado mundial y sus autoridades,
subordinadas a las conveniencias de ese mercado son, independientemente de su
voluntad (cuando tal voluntad exista) meros administradores de fuerzas
exógenas. ¿Qué puede hacer América Latina ante el rol compresor de la
globalización?
La
preservación, mediante apropiados mecanismos integradores, del más amplio
margen posible de su autonomía constituye, para los países subdesarrollados,
notadamente en el caso de América Latina, el modo por el cual pueden mantener
su identidad nacional en el curso de las próximas décadas, cuando estarán bajo
fuerte presión hegemónica por parte de EUA.
La
otra relevante dimensión de la cuestión política, para América Latina, consiste
en la posibilidad de contribuir, mediante mecanismos de integración que
preserven el más amplio margen posible de su autonomía y adopción de políticas
consensuadas, que venga a configurar un nuevo orden mundial multilateral más
equitativo, sin hegemonías dominantes. La contribución latinoamericana a ese
objetivo tiene una relevancia de la que no se tiene todavía una debida
apreciación. Esa relevancia tiene dos aspectos interrelacionados. Por un lado,
deviene del hecho de que una posición de autonomía internacional por una
América Latina, respaldada por apropiados mecanismos de integración, ejercerá
poderosa influencia en el sentido de fomentar las tendencias a una política
externa independiente por parte de la Europa "europeísta". Con eso,
contribuirá, significativamente, para la edificación de un orden mundial
multilateral y más equitativo.
Corre
el mundo, en efecto, el riesgo de que la hegemonía mundial norteamericana, ora
en avanzado estado de expansión, venga a ser contenida, exclusiva o
predominantemente, por fuerzas potencialmente antinorteamericanas, como sería
el caso de un orden mundial multipolar predominantemente fundado en la futura
condición de superpotencias de China y de Rusia.
La particularidad mexicana. Aunque
un breve estudio como este tenga que limitarse a un restringido número de
páginas, es indispensable, para el caso de América Latina, discutir, de forma
extremadamente sucinta, la situación particular de México. ¿Cómo puede México
compatibilizar su condición de miembro de NAFTA con la preservación de su
identidad cultural y su autonomía interna y externa? Sobre la cuestión de la
identidad cultural de México y su profundo carácter latinoamericano, no parece
necesario agregar nada a lo que fue brevemente dicho en el tópico sobre el
ámbito cultural. México y Argentina, entre los fono-hispanos y Brasil, por el
otro lado, son los tres principales pilares de la cultura latinoamericana.
Consta en el tópico sobre el círculo cultural lo que de más relevante habría
que mencionar a ese respecto.
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