"América Latina y los procesos de integración".

 

Dr. Helio Jaguaribe (Brasil).

Diciembre de 2001

 

INTRODUCCIÓN

El entendimiento de la posición de América Latina en el mundo, a comienzos del siglo XXI, particularmente en lo que se refiere a corrientes o posibles procesos de integración, requiere una doble reflexión previa. Por un lado, importa analizar las principales características del sistema internacional presente y de sus tendencias evolutivas, notablemente en lo que concierne la formación de un nuevo orden mundial, en sustitución del precedente régimen bipolar. Por otro lado, es necesario analizar las distintas situaciones en que se encuentran los países latinoamericanos, notablemente en lo que se refiere a México, países centroamericanos y caribeños, por un lado y a Sudamérica, por el otro. Importa, igualmente, en ese contexto, considerar las principales características y consecuencias del corriente proceso de globalización.


II. SISTEMA INTERNACIONAL.

 

"Unimultipolaridad"


La implosión de la Unión Soviética, en 1991, dejó Estados Unidos de América (EUA) como única superpotencia. Entre las muchas consecuencias de ese hecho, habría que subrayar dos de ellas. En primer lugar, el hecho de que la condición de única superpotencia proporcionó a EUA un status que se aproxima, corrientemente, a la hegemonía mundial, pero que no la configura plenamente, en virtud de resistencias internas y externas.


El ejercicio de una efectiva hegemonía mundial requiere, de parte de la potencia hegemónica, capacidad de imponer su hegemonía y disposición para emplear al efecto, los medios necesarios. EUA dispone de condiciones económico-tecnológicas y militares suficientes para ejercer una hegemonía mundial. No dispone, todavía, de condiciones psico-culturales e institucionales adecuadas para utilizar todos los medios que puedan ser necesarios para imponer tal hegemonía. Del punto de vista psicológico y cultural, los valores de la sociedad americana son contrarios a las formas discriminatorias y arbitrarias de ejercicio de la violencia, aunque sea en beneficio del interés nacional. Necesitan los EUA, por esa razón, de legitimación internacional para actuar coercitivamente sobre otros países. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas confirió tal legitimidad a la intervención norteamericana en la Guerra del Golfo. En grado menos aceptable, pero en el límite de lo tolerable, la NATO legitimó la intervención norteamericana en Kosovo. Asimismo, como en los casos referidos, la legitimación de la intervención, ante los ojos del propio público americano, requirió, previamente, la "demonización" del enemigo (Saddam Hussein o Milosevic).


Por otro lado, aún con relación a las limitaciones domésticas, el pleno ejercicio de una hegemonía es poco compatible con instituciones democráticas. Todos los imperios históricos fueron ejercidos por sociedades no democráticas. Es interesante observar, en el caso del Imperio Británico, que se inició bajo una democracia aristocrática autoritaria, en el siglo XVIII y principios del XIX como, en la medida en que Inglaterra se tornaba una democracia de clase media, con Gladstone, se fue inviabilizando domésticamente la práctica del imperio. Eso resultó imposible bajo Attlee y la democracia de masas. Además de limitaciones domésticas, EUA sufren limitaciones externas para el ejercicio de una abierta hegemonía mundial. La Unión Europea (UE), aunque siga básicamente el liderazgo norteamericano, se opone a que asuma un aspecto unilateral y hegemónico. Así mismo, contrastando con el amplio "atlanticismo" de Gran Bretaña y, básicamente de los Nórdicos, los demás miembros de la UE son más bien "europeístas" y favorecen el desarrollo de una política externa y de defensa independiente. A las resistencias europeas a una desinhibida hegemonía norteamericana hay que agregar la resistencia, todavía más acentuada, de países como China, Rusia e India y, con menor peso, Irán y otros países islámicos.


Ante ese conjunto de impedimentos, Samuel Huntington caracterizó la actual situación americana como de "unimultipolaridad". Representa el status de una semi-hegemonía mundial, que se ejerce con bastante amplitud en ciertas áreas del mundo y, mucho más restrictivamente, en otras.

 

Las características domésticas e internacionales precedentemente referidas hacen de suerte a que lo que ocurre llamarse de "imperio americano", resulta ser algo muy distinto de los imperios tradicionales. Se trata, en verdad, de un "campo", en sentido análogo al que empleamos cuando hablamos de "campo magnético" o "campo gravitacional". El campo de predominio americano, además de no ser global, como precedentemente se mencionó, adonde actúa -en partes de América Latina, de Asia y de Africa- lo hace por condicionamientos económico-tecnológicos y sólo en casos limitados (Panamá, Grenada, Somalia), por directa intervención militar.

 

Globalización

Conexo con la existencia de un campo de condicionamiento americano, hay que considerar el corriente fenómeno de globalización. Como lo señaló Aldo Ferrer, tratase de la tercera y más completa ola de un proceso que se inició con los descubrimientos marítimos y la revolución mercantil, prosiguió con la revolución industrial y alcanzó su actual nivel con la revolución tecnológica de las últimas décadas del siglo XX.


Este último proceso de globalización resultó de las innovaciones en los medios de información, comunicación y transporte. No fue deliberado de ninguna potencia o grupo económico. Sin embargo, en la medida en que conduzca a la supresión de barreras aduaneras y a la minimización del área de actuación del Estado, favorece el creciente control del mercado mundial por un reducido número de empresas multinacionales, de procedencia americana o fuertemente influenciadas por los capitales americanos. La globalización, en la práctica, equivale a la americanización del mercado mundial.

 

Una nueva estratificación internacional

 

Como resultado de los procesos precedentemente referidos, el mundo actual se enfrenta con una nueva estratificación internacional. En la cumbre se encuentra EUA, acompañado, en grado de menor influencia, por la UE y Japón. En la base, se encuentran los países dependientes, o sea, la mayor parte de los países. En nivel intermediario, se sitúan algunos países que no participan de la cumbre directiva pero que disponen de significativa capacidad de resistencia a la hegemonía americana. Es el caso, en primer lugar, de China seguida por Rusia y, en grado menor, India. Irán se aproxima de ese nivel y también, a su modo, Brasil en el ámbito de MERCOSUR.

 

Tendencias evolutivas.

 

La presente situación internacional no se reviste de larga estabilidad. A largo plazo, o bien EUA logran consolidar su hegemonía, pasando del status de "unimultipolaridad" para el de "unipolaridad" o bien se desarrollan fuerzas independientes formativas de uno o más polos alternativos de poder, generándose un régimen mundial de efectiva multipolaridad.


El escenario de consolidación de EUA depende en la medida en que, por un lado, no prosperen las tendencias independentistas en Europa y, por otro, que países como China, Rusia, India y otros, no logren aún a largo plazo, un nivel de equivalencia con Estados Unidos. El escenario de futura multipolaridad depende de la medida en que se acentúe la independencia de la política externa y de defensa de la UE y de la medida en que China logre alcanzar un nivel de equivalencia con EUA en la segunda mitad del siglo; en que Rusia recupere, posiblemente a más corto plazo, su precedente condición de superpotencia y en qué importantes desarrollos ocurran en países como India, Brasil, Irán y otros. Aunque sea imposible prever cuál de los dos escenarios se verificará, diversas indicaciones hacen suponer como más probable que se configure un sistema multipolar en la segunda mitad del siglo.

 

La formación de un sistema mundial multipolar deberá repetir, como sucedió con el precedente sistema bipolar, la imposibilidad de una solución militar, porque conduciría a un suicidio planetario. Así, es de suponerse que, después de un período, más o menos largo, de grandes tensiones, el mundo sea compelido a una convivencia pacífica, aunque en régimen de recíproca vigilancia, lo que, a lo largo tenderá a desembocar, como ya lo preveía Kant, en las distintas condiciones del siglo XVIII, en una Pax Universalis.

 

La actual estratificación internacional presenta, frente a las tendencias evolutivas del sistema internacional, alternativas de suprema gravedad para los países que se encuentren en nivel intermediario - que denominaremos de nivel de resistencia - y en nivel de dependencia.

 

Los países en nivel de resistencia, como en los casos típicos de China y Rusia, disponen de plazos relativamente cortos, que se agotan en mediados del siglo, para consolidar su desarrollo y sus potencialidades, so pena de caer en un estado de dependencia, probablemente sufriendo serios procesos disruptivos. Si tienen éxito, tendrán acceso al nivel superior y participarán de un directorio mundial que, formal o informalmente, regulará el nuevo orden mundial.

 

A su vez, los países actualmente en nivel de dependencia se confrontan, a plazos todavía más cortos, del orden de un par de décadas, con la alternativa de -o bien completan su desarrollo e incrementan significativamente su capacidad económico-tecnológica, elevándose al nivel de resistencia, o pierden el margen del que todavía dispongan de autonomía interna y externa. Se tornarán - aunque conservando la parafernalia formal de la soberanía - meros segmentos del mercado internacional, dirigidos exógenamente por multinacionales y grandes potencias. Esa alternativa es particularmente grave para los países subdesarrollados de grandes poblaciones, como India, Indonesia, Brasil o México, casos en los cuales ese proceso de degradación acarreará terribles efectos sociales y fuertes tendencias disruptivas.



III. AMÉRICA LATINA.

 

Problemática

América Latina presenta un elevado grado de unidad cultural, que deviene de su colonización ibérica, en que las diferencias entre la colonización portuguesa y la española, aunque significativas, son poco relevantes si se confrontan con el resto del mundo. Es cierto que distintos factores, además de los resultantes de diferencias geoclimáticas, operaron en el sentido de aumentar diferencias, como las que resultaron de la más o menos grande influencia de preexistentes poblaciones indígenas, o del posterior ingreso de pueblos negros y otros. La evolución histórico-social de América Latina, sin embargo, siguió un camino semejante, lo que acentuó las comunes características culturales de la Región. Tales circunstancias y condiciones condujeron, a su tiempo a la CEPAL, bajo Raúl Prebisch y, el BID, bajo Felipe Herrera, a preconizar la integración económica de toda América Latina. Diversos esfuerzos se han hecho en esa dirección, como la ALALC, y la ALADI, pero con resultados modestos, además de intentos de integración subRegional o temática, más exitosos, como, principalmente, el MERCOSUR.

 

Decisivas circunstancias geoeconómicas, sin embargo, condujeron a Latinoamérica, en las últimas décadas del siglo XX, a una división, en términos económicos. México entró en NAFTA, con Canadá y Estados Unidos. Centroamérica y el Caribe sufren una irresistible atracción hacia el polo norteamericano. En cambio, en Sudamérica se constituyó una importante integración subRegional, MERCOSUR, reuniendo Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Se constituyó, igualmente, otra integración subRegional, la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Están en marcha, asimismo, diversas otras propuestas. MERCOSUR aspira a incorporar otros participantes, estando en vías de concretar la adhesión de Venezuela. Entendimientos entre MERCOSUR y el Pacto Andino, como la cúpula presidencial que se reunió en Brasilia en julio-agosto de 2000, conducen al proyecto de un sistema sudamericano de cooperación y de libre comercio, programado para concretar antes de 2002 y emprender, hasta el año 2010, con asistencia del BID, la integración física del continente, con una comprensiva red de energía eléctrica, de carreteras y ferrovías y de telecomunicaciones.

 

Caminando en dirección opuesta, EUA propone, con el ALCA, un sistema panamericano de libre comercio, que implicaría, aunque retóricamente se pretenda negarlo, la supresión de las demás formas integracionistas de América Latina. ¿Qué consecuencias hay que sacar de todo eso?

 

Hay que diferenciar, en el caso, tres aspectos, que integran círculos bastante autónomos: el económico, el cultural y el político. En las líneas siguientes se intentará en forma breve, discutir esos tres círculos.

 

Círculo económico.

 

La polarización económica de América Latina entre el norte y el sur resulta un hecho con características estables, aunque pueda cambiar de sentido si el proyecto ALCA venga a realizarse plenamente, o sea, con la inclusión de Brasil.


La integración económica de toda América Latina en el sistema de ALCA, como proponen los EUA, en vista de su evidente interés nacional, presenta indudables dificultades, resultantes de la gigantesca asimetría entre la economía norteamericana y la latinoamericana. Un régimen de libre comercio entre la más competitiva economía del mundo y las subcompetitivas economías de América Latina tendría por inevitable efecto la reducción del sistema productivo latinoamericano al nivel de productos primarios o de "commodities", de bajo valor agregado, como el acero. Mientras tanto, los productos de alto valor agregado, producidos en EUA, tendrían libre acceso a los mercados latinoamericanos, eliminando su subcompetitiva concurrencia.

Esos efectos adquirirán características todavía más catastróficas si, como casi inevitablemente ocurrirá, el Congreso americano se negara a suprimir las barreras no tarifarías que protegen, bajo varias modalidades, los sectores en que EUA son menos competitivos que los latinoamericanos, desde el acero y el azúcar, a jugos de frutas, artefactos de cuero, textiles y otros.


Podría ocurrir, para países latinoamericanos de pequeña población, como los centroamericanos, los del Caribe y algunos pocos más, que la apertura del mercado americano para algunos rubros de su producción, no discriminados por barreras no aduanales, resulte ventajosa. Pero al precio de renunciar a la posibilidad de su futura industrialización. Son esas las razones que llevan MERCOSUR, en general y Brasil, en particular, a oponerse, de una manera general al ALCA y, en particular, a un ALCA que mantenga barreras no aduanales.

 

La integración económica de México con EUA, sin embargo, obedece a condiciones distintas y, por tal razón, presenta un saldo favorable, aunque a un elevado precio en otras dimensiones. En efecto, reduciendo la cuestión a sus aspectos esenciales, se observa que, en virtud de la larguísima frontera territorial entre México y EUA, atravesada por excelentes carreteras y ferrovías y medios de comunicación, la integración condujo a importantes industrias norteamericanas a desplazar, algunos kilómetros al sur de la frontera, sus unidades productivas, gozando así de condiciones más baratas de producción. Con tal ventaja, exportan masivamente sus productos hacia el norte, contribuyendo para que se eleve a la significativa cifra de 150 mil millones de dólares las exportaciones mexicanas (comparada a los 60 mil millones de Brasil), más de 80% destinadas a EUA.

 

El régimen del ALCA, aunque manteniendo discriminaciones no tarifarías, podría ser favorable para Centroamérica y el Caribe, porque ampliaría significativamente sus exportaciones de bienes primarios, que son los únicos que hacen y les proporcionaría productos americanos más baratos, además de facilidades financieras. Pero en ese caso se trataría, más bien, de una ampliación de NAFTA. Serán tales ventajas extensibles a países de Suramérica?.

 

En lo que se refiere a Suramérica, importa hacer distinciones entre tres casos: (1) el de los países de avanzada industrialización; (2) el de los que se encuentran insertados en una integración subRegional que podría abrirles espacios apropiados para su industrialización y (3) el de países que podrían ingresar en una integración subRegional y disponer de las facilidades precedentemente mencionadas.


El caso del país de avanzada industrialización se aplica, en primer lugar, a Brasil. Eso explica porque ese país hesita en ingresar en ALCA y se niega a hacerlo si todas las barreras no aduanales no fueren suprimidas, lo que difícilmente ocurrirá. Ese es también el caso de Argentina, aunque ese país, insensatamente, haya sacrificado importantes segmentos de su industria durante el período militar. Las excelentes condiciones de Argentina para tener alta competitividad en industrias livianas o de relevante cuota de "design", como en el caso de Italia, hacen muy fácil y rápida la recuperación industrial de Argentina en el ámbito de MERCOSUR, siempre que adopte firmemente esa política y que Brasil, como no puede dejar de hacerlo, le dé total respaldo.

 

El caso de países como Paraguay y Uruguay, insertados en MERCOSUR, presenta grandes oportunidades para una concertada especialización industrial, en el ámbito del sistema. Importa por tanto que los países miembros abandonen sus más recientes conductas neoliberales, asumidas por influencia norteamericana, y vuelvan a la postura originaria de MERCOSUR - que pasa ahora por una seria crisis - postura esa que es la de crear, concertadamente, condiciones para la optimización económica de todos los miembros. Una vez más, Brasil y Argentina necesariamente, deberán respaldar tal política.


Es en función de esas consideraciones que debe ser visto el próximo posible ingreso de Venezuela en MERCOSUR y la deseable reconversión de Chile a MERCOSUR. Un acuerdo de libre comercio entre Chile y EUA, como ahora pretende aquél país, consiste en cambiar por un confortable presente mediocre un viable excelente futuro. Chile puede ser una gran Costa Rica y tenderá a serlo ingresando a NAFTA, pero también podría ser una Suecia del sur, si se articula adecuadamente con MERCOSUR.


Las consideraciones precedentes se aplican, mutatis mutandi, a los demás países andinos. Convendría reconocer, para Colombia, Ecuador y Perú, la conveniencia de pasar por un estadio previo, como se previó en la cúpula presidencial de Brasilia. Un acuerdo de libre comercio de esos países con MERCOSUR les daría una gigantesca ampliación de sus mercados y permitiría la concertación de una futura política de espacios industriales preferenciales en el sistema de MERCOSUR. Cabría, concomitantemente, proceder a una amplia reorganización de MERCOSUR, haciendo de él un sistema de equitativa optimización económica para todos los partícipes.


Resta a esos países la alternativa de ALCA. En esa alternativa tendrían las ventajas que se abren para Centroamérica y el Caribe. Pero esos países tienen poblaciones más grandes que los precedentemente referidos y significativas posibilidades industriales a medio plazo en su articulación con un MERCOSUR debidamente reestructurado, posibilidades a la que renunciarían, definitivamente, ingresando en ALCA.

 

El ALCA, sin embargo, puede dejar de ser un acucioso instrumento a servicio de las exportaciones americanas si, en lugar de un régimen de libre comercio, instituye un ecuánime régimen de intercambio. Se trata, en lo fundamental, de abrir el mercado norteamericano a las exportaciones latinoamericanas, a cambio de una equilibrada apertura de América Latina a inversiones americanas productivas, que incrementen la capacidad tecnológica y exportadora de Latinoamérica. Una más extensa discusión de esa cuestión requeriría, entretanto, un estudio propio.

 

Círculo cultural.

 

Como se mencionó precedentemente, América Latina presenta un alto nivel de unidad cultural. Ninguna otra Región del mundo ostenta esa condición. Inútil subrayar la pluralidad cultural y lingüística de Europa que, sin embargo, logró su unidad en la UE. Lo mismo cabe decir de Africa y Asia. Y si es cierto que el Islam proporciona a los países que lo integran un elevado nivel de unidad cultural, hay que reconocer que sus lenguas no permiten un recíproco (como básicamente ocurre entre el portugués y el español) directo entendimiento oral. Sólo son inteligibles por escrito. La unidad cultural de América Latina es un raro tesoro de que disponen sus países y que obviamente hay que cultivar.


¿Qué problemas y qué tareas se imponen a América Latina, en lo que hace a su unidad cultural? Hay que distinguir dos principales cuestiones: la relativa a la preservación de esa unidad cultural y la relativa a la utilización que convenga darle.

 

Todas las culturas contemporáneas están expuestas, en más grande o más pequeño grado, a la influencia cultural del inglés que se tornó, como el latín en la Edad Media o el francés, en la Ilustración, la lengua franca del mundo civilizado. Esa influencia es mucho más fuerte en Latinoamérica, por causa de la poderosa influencia americana y la inmediata vecindad de EUA, en el norte de América Latina. ¿Y entonces, qué pasa y qué hacer?


La experiencia histórica muestra que, a largo plazo, las culturas que pierden su independencia política pierden el comando de su propia cultura y son colonizadas por la cultura políticamente predominante. Eso pasó con la dominación de las culturas orientales antiguas por la cultura griega, después de las conquistas de Alejandro. Y pasó una vez más con el latín, en la secuencia de la formación del Imperio Romano.


¿Estará eso pasando en América Latina? La respuesta, al presente, comporta una cautelosa reserva. En el caso más inmediatamente expuesto que es el de México, particularmente en las regiones fronterizas, se observa que, entre las dos culturas, a nivel popular, la americana predomina en el dominio de los "gadgets" y la mexicana en el dominio de los usos y valores. Los instrumentos domésticos, "freezer", "washing machine" y otros, son fácilmente denominados en inglés, en el lado mexicano de la frontera. Pero en el lado americano de la frontera la gente hace cocina mexicana y baila y canta músicas mexicanas.


Algo distinto ocurre en la cultura erudita. Los latinoamericanos cultivados, mantienen en buen nivel su propio idioma pero se encuentran obligados a usar el inglés para sus comunicaciones internacionales. Eso, sin embargo, también ocurre con los europeos de lengua no inglesa. La universalización del inglés, como ocurrió con el francés y el latín, en sus respectivos períodos de predominio, es inevitable y constituye una entre muchas señales de la actual predominancia americana.


Ante tal situación, lo que importa es lo que hay que hacer para la preservación en América Latina de su propia cultura y, aún más, para su posible y deseable proyección internacional.


Sin extender demasiado esta cuestión, que comportaría un amplio estudio propio, tres aspectos merecen breve referencia: (1) la intercomunicación en América Latina; (2) el empleo internacional del español, y (3) la específica contribución de la cultura latinoamericana al mundo.

 

La particular ventaja de América Latina, relativamente a otras Regiones del mundo, consiste en la recíproca directa comunicación oral de sus dos idiomas. Ese hecho, proveniente de las raíces comunes de las dos lenguas, mediatamente derivadas del latín, pero inmediatamente procedentes del gallego arcaico, requiere un consciente y deliberado fortalecimiento por la gente cultivada de la Región. El hábito de leer directamente el español, generalizado entre la gente cultivada de Brasil, no encuentra correspondiente práctica entre los fono-hispanos de América Latina, con la relativa excepción de Argentina y Uruguay. Esa práctica necesita de incentivo por parte de las autoridades públicas y de los intelectuales. El segundo aspecto a considerar deviene del hecho de que, en términos efectivos, el español se constituyó como la segunda lengua internacional de Occidente. Este hecho, que no fue provocado deliberadamente pero que se constituyó en algo corriente, merece sustentación por los latinoamericanos, incluso los de habla portuguesa, sin restricciones provocadas por infundados celos. Este breve estudio, escrito en español es una manifestación práctica de las convicciones a ese respecto por parte del intelectual brasileño que lo escribió. El tercer aspecto de la cuestión, precedentemente formulada, es el más importante. ¿Qué contribución puede dar la cultura latinoamericana del mundo? Es evidente que la literatura, la música y las artes plásticas de América Latina ocupan, merecidamente, un amplio espacio en el mundo. Hay que proseguir en esa influencia y desarrollarla. Sin embargo, todavía hay algo más que los latinoamericanos, y el mundo en general, no se enteraron debidamente. Se trata del hecho de que América Latina dispone, en su cultura, tanto a nivel popular como a nivel erudito, de una de las contribuciones que más necesita el mundo: el humanismo. Simplificando, al extremo, una cuestión muy compleja, se puede afirmar que el mundo contemporáneo y, más aún, el porvenir del mundo , dependen de una feliz articulación entre el progreso científico-tecnológico y el humanismo. EUA, más que todos los países, contribuye, actualmente, para el progreso científico-tecnológico del mundo, pero carece, dramáticamente, de algo que otorgue un significado y un valor superior a la vida: un nuevo humanismo. América Latina tiene y contiene ese humanismo, espontáneamente, a nivel del pueblo y articuladamente, a nivel de sus mejores intelectuales. Carece, sin embargo, para ultimar su modernización, de mejor desarrollo científico-tecnológico. En el mundo norteamericano se dispone de un gigantesco acervo de instrumentos y procesos al servicio de la vida (y también del exterminio de la vida) pero no se sabe lo que hacer de la vida. La gente es esclava del "gadge" y de una tecnología vacía de contenido propio. El mundo latinoamericano abunda, tanto a nivel popular como a nivel erudito, de humanismo, de ese humanismo nuevo, social y ecológico, de que depende la sobrevivencia del mundo. Pero carece de más competencia científico-tecnológica. Allí se encuentra el grande intercambio cultural de que necesita el mundo: modernización científico-tecnológica de América Latina y humanización de Estados Unidos y del mundo, en general.


La verdadera ALCA no debe consistir en un artificioso montaje de una libertad de comercio que solo favorecerá EUA. Debe constar de un amplio acuerdo cultural en que EUA contribuya con su precioso legado científico-tecnológico y América Latina con su aún más precioso legado humanista.

 

Círculo político.

 

Contrariamente a las apariencias y al entendimiento corriente de la cuestión, es en el círculo político, más que en el económico, que residen los intereses más fundamentales de América Latina y de sus procesos de integración. El asunto presenta dos aspectos principales: el que se relaciona con la autonomía de los países latinoamericanos y el que se relaciona con su posible contribución para la formación de un nuevo orden mundial, más equitativo y racional.

 

El proceso de globalización, en general, notoriamente en el caso de América Latina, tiene poderosos y terribles efectos desnacionalizantes, particularmente sobre los países menos desarrollados. La minimización del Estado, la apertura del mercado a las fuerzas internacionales y la supresión de regulaciones, bajo la suposición de que el mercado se auto-regula de forma optimizante para la economía, conducen a la desnacionalización de los países, tanto más fuertemente cuanto más subdesarrollados y periféricos sean. Persiste, en tales países, la soberanía formal: himno, bandera, ejércitos de parada y la elección, cuando democráticos, de sus dirigentes. Todas las decisiones relevantes, entretanto, son exógenas, dictadas por multinacionales y por la potencia hegemónica. Esos países se convierten en meros segmentos del mercado mundial y sus autoridades, subordinadas a las conveniencias de ese mercado son, independientemente de su voluntad (cuando tal voluntad exista) meros administradores de fuerzas exógenas. ¿Qué puede hacer América Latina ante el rol compresor de la globalización?


El problema resulta muy complicado por el hecho de que, en las actuales condiciones, el antiguo proteccionismo, además de prácticamente fuera del poder de los países débiles, presenta efectos negativos, por exacerbar el retraso tecnológico y la carencia de capitales. Por otra parte, la apertura neoliberal conduce a la liquidación del Estado, y la dominación exógena de tales países. ¿Qué se puede entonces hacer?


La respuesta, que todavía no está disponible para todos los países subdesarrollados (caso de muchos países africanos), consiste en la preservación del más amplio margen posible de su autonomía interna, a través de procesos de integración Regional o subRegional. Esa es la principal contribución de MERCOSUR (con sus posibles y necesarios perfeccionamientos) para sus partícipes. Será la principal contribución de un sistema sudamericano de cooperación y libre comercio, como ha sido propuesto por la cumbre de presidentes sudamericanos en Brasilia. En el ámbito de tales sistemas los países dispondrán de condiciones para un desarrollo satisfactoriamente autónomo y así de condiciones para generar y perfeccionar sectores productivos, que alcancen competitividad internacional.

 

La preservación, mediante apropiados mecanismos integradores, del más amplio margen posible de su autonomía constituye, para los países subdesarrollados, notadamente en el caso de América Latina, el modo por el cual pueden mantener su identidad nacional en el curso de las próximas décadas, cuando estarán bajo fuerte presión hegemónica por parte de EUA.


Si logran hacerlo, en el caso más probable de que el mundo venga a ser regular, en la segunda mitad del siglo, por un orden multipolar, esos países podrán superar su actual condición de dependencia y elevarse a aquel nivel intermediario de resistencia, precedentemente referido. Procediendo así, dispondrían de un margen de autonomía mucho más satisfactorio, cuando y si se constituye en el mundo un régimen multipolar. Si acaso, venga distintamente a configurar la consolidación de la hegemonía mundial norteamericana, los países que, mientras tanto, tengan preservado márgenes significativos de autonomía, ingresarán en el nuevo régimen en condiciones mucho mas favorables de los que desde ahora están satelizados. Es por tal razón que hay que consolidar, profundizar, perfeccionar y expandir MERCOSUR y constituir un sistema sudamericano de cooperación y libre comercio, fuera de la trampa del ALCA, tal como está presente en la propuesta de EUA.

 

La otra relevante dimensión de la cuestión política, para América Latina, consiste en la posibilidad de contribuir, mediante mecanismos de integración que preserven el más amplio margen posible de su autonomía y adopción de políticas consensuadas, que venga a configurar un nuevo orden mundial multilateral más equitativo, sin hegemonías dominantes. La contribución latinoamericana a ese objetivo tiene una relevancia de la que no se tiene todavía una debida apreciación. Esa relevancia tiene dos aspectos interrelacionados. Por un lado, deviene del hecho de que una posición de autonomía internacional por una América Latina, respaldada por apropiados mecanismos de integración, ejercerá poderosa influencia en el sentido de fomentar las tendencias a una política externa independiente por parte de la Europa "europeísta". Con eso, contribuirá, significativamente, para la edificación de un orden mundial multilateral y más equitativo.


Por otro lado, una política latinoamericana, apropiadamente respaldada, de autonomía internacional, concertada con los sectores europeizantes de la UE, tendrá un decisivo efecto en la formación de un nuevo orden mundial multipolar. Ese efecto consistirá en la formación de un importante polo, en el ámbito de ese nuevo sistema, que sea independiente de EUA pero no antinorteamericano, ni anti-occidental.

 

Corre el mundo, en efecto, el riesgo de que la hegemonía mundial norteamericana, ora en avanzado estado de expansión, venga a ser contenida, exclusiva o predominantemente, por fuerzas potencialmente antinorteamericanas, como sería el caso de un orden mundial multipolar predominantemente fundado en la futura condición de superpotencias de China y de Rusia.


Si es cierto que la hegemonía norteamericana no es compatible con la libertad de los demás países, incluso con la preservación, en los propios EUA, de su libertad interna - porque toda hegemonía se convierte necesariamente en un sistema autoritario - no es menos cierto que un orden mundial efectivamente ecuánime y racional no puede ser anti-norteamericano, ni contrario a otro país. La formación de un sistema internacional independiente, comprendiendo América Latina y la UE, es la condición necesaria para que un futuro orden mundial multipolar, en que China, Rusia y otros países no occidentales tendrán importante peso, no quede exclusiva o predominantemente bajo la influencia de países hostiles a EUA. En ese sentido, contrariamente a la impresión superficial que predomina en EUA, una posición de independencia y autonomía de América Latina y de la UE viene al encuentro de los bien entendidos intereses norteamericanos. Una hegemonía completa norteamericana, tan cara a su elite de poder, sería incompatible con la preservación de la libertad interna y de una efectiva democracia en EUA. Si, en los países dominados, la soberanía se convertiría en una mera apariencia, con ejércitos de parada y políticos compelidos a atender a intereses exógenos, en EUA su hegemonía mundial convertiría la democracia norteamericana también en un régimen de parada, en que las autoridades electivas estarían compelidas a seguir los designios de la elite de poder. A la democracia norteamericana y al mundo, en general, el único orden mundial deseable y razonable es uno en que el resultante sistema multipolar no sea ni antinorteamericano, ni anti-chino o anti-ruso.

 

 

La particularidad mexicana.

 

Aunque un breve estudio como este tenga que limitarse a un restringido número de páginas, es indispensable, para el caso de América Latina, discutir, de forma extremadamente sucinta, la situación particular de México. ¿Cómo puede México compatibilizar su condición de miembro de NAFTA con la preservación de su identidad cultural y su autonomía interna y externa? Sobre la cuestión de la identidad cultural de México y su profundo carácter latinoamericano, no parece necesario agregar nada a lo que fue brevemente dicho en el tópico sobre el ámbito cultural. México y Argentina, entre los fono-hispanos y Brasil, por el otro lado, son los tres principales pilares de la cultura latinoamericana. Consta en el tópico sobre el círculo cultural lo que de más relevante habría que mencionar a ese respecto.


Lo que exige una breve aclaración final es la cuestión de cómo México pueda preservar satisfactorios márgenes de autonomía interna y externa, en el ámbito de NAFTA. Esta cuestión tiene varios aspectos, además del político. En lo esencial, las autoridades mexicanas ya lo comprendieron muy bien, al intentar, dentro de lo posible, diversificar sus relaciones de comercio. A ese respecto cabe a MERCOSUR y a los países andinos establecer con México regímenes equitativos de comercio, independientemente de NAFTA y en caso que se concrete el ALCA.


Es en la dimensión política, en la que reside la esencia del problema. Y esa dimensión depende, predominantemente, del propio México. Se trata, en suma, de lo siguiente: Si México, en el ámbito de NAFTA y siguiendo la orientación ideológica de EUA, adopta domésticamente una política neoliberal, como supuesta condición para mantenerse atractivo a los capitales norteamericanos, su autonomía interna irá gradual pero aceleradamente desapareciendo y, con ella, su autonomía externa. Si por el contrario, México, más allá de preservar condiciones adecuadas para atraer capitales extranjeros - y no solamente norteamericanos - mantuviera, no obstante, un Estado fuerte, autónomo y con satisfactoria capacidad regulatoria, sustentará, concomitantemente, su autonomía interna y externa.


A ese respecto, una vez más, compete a los países sudamericanos mantener una estrecha relación de cooperación internacional con México, orientada en el sentido de contribuir para la formación de un orden mundial multipolar, ni anti-norteamericano ni anti-chino, pero equitativo y racional. Si tal actitud refuerza las condiciones de autonomía en México, también reforzará la autonomía del conjunto latinoamericano. No puede haber América Latina sin México, como no la puede haber sin Argentina o Brasil.