EL MERCOSUR ES LA CLAVE
Diana Tussie
Mayo 2003
La guerra de Irak ha dejado al descubierto un
mundo mezquino signado por el
unilateralismo en lo político y por una carrera competitiva en lo comercial.
En este escenario la Argentina debe extremar su agudeza para diversificar el riesgo. El mundo que se
perfila requiere de mucha agilidad para moverse en terreno movedizo, con
alianzas en constante "zapping". El unilateralismo norteamericano ha
tensado las bases del sistema internacional y las alianzas que lo sostenían. De
manera más indirecta pero no menos profunda las relaciones comerciales crujen,
se dilatan y contraen para acomodarse al nuevo escenario de poder.
La guerra ha traído varias consecuencias sobre las relaciones comerciales. La
ya lenta recuperación económica del 2002 se frenó en el primer trimestre del
2003. El efecto más inmediato se refleja en
el precio de las materias primas. En este contexto, se desvanecen las
grandes promesas efectuadas en la OMC a través de la llamada "Ronda del
Desarrollo", lanzada en Doha en 2001. Los Estados Unidos han obligado a
los países a extremar alineamientos y la
relación comercial se usa como instrumento para el logro de objetivos políticos.
Aunque los cimbronazos de la guerra dejan huella en todos los ámbitos de
negociación, sus consecuencias difieren según la configuración de fuerzas e
intereses en cada ámbito.
Desafíos
Las negociaciones comerciales presentan dos desafíos de envergadura.
Una
perdida de centralidad de la OMC en las negociaciones de acceso mercado. La OMC
no ha traído mayores beneficios tangibles; pero su mera presencia ha servido de
contrapunto y de piso en las negociaciones bilaterales o Regionales de carácter
asimétrico. El avance de las
negociaciones está signado por la recesión internacional, que permite
justificar el incumplimiento de las promesas asumidas en la agenda de Doha.
Los plazos sufren postergaciones mientras se mantienen las rígidas aspiraciones
de máxima de los principales actores. Ni la supervivencia de la OMC ni la
finalización de una ronda (probablemente no en los plazos cronometrados pero sí
en algún momento) están en tela de juicio. Pero la acumulación de
incumplimientos constituye un problema no despreciable que tiende a erosionar y
des-legitimar las bases institucionales del foro multilateral. En la práctica,
este proceso culminaría con un cambio en el campo de acción de la OMC. En este
escenario, la OMC estaría volcada a la administración del patrimonio histórico
heredado de las rondas anteriores y a resolver las crecientes disputas de
interpretación de dicho patrimonio. Pero
perdería relevancia en las nuevas negociaciones de acceso a mercado.
Un activismo permanente en el tablero hemisférico. A diferencia de lo que
ocurre en la OMC, las negociaciones del
ALCA muestran un movimiento incesante. Pero no avanzan en definiciones de peso.
Simultáneamente, Estados Unidos ha puesto en práctica un operativo destinado a
acorralar a Brasil y de esta manera minar al menor costo posible las
resistencias de algunos sectores de participar más activamente. Esta operación
estratégica consiste de dos partes. Por un lado, a nivel del conjunto ofrece
acceso a su mercado a diferentes velocidades, velocidades que decrecen de Norte
a Sur. La oferta más generosa es para el Caribe; la menos para los países del
MERCOSUR.
Por el otro, Estados Unidos ha iniciado la apertura de negociaciones en
paralelo con todos los miembros potenciales del ALCA salvo el MERCOSUR. Estas
negociaciones aceleran los tiempos del ALCA; Estados Unidos diluye resistencias
y obtiene una cosecha temprana. Al mismo tiempo se erige en el eje de la
negociación. Y esto le permite moverse en un campo nivelado a su favor,
poniendo sobre la mesa, por ejemplo, una propuesta de desgravación arancelaria
de los productos agrícolas desvinculada de la discusión sobre los subsidios,
que remite a la OMC y sus tiempos.
Escenarios para la estrategia argentina
La conclusión tanto de la Ronda de Doha como de las negociaciones hemisféricas
están previstas para comienzos del 2005 (al igual que las negociaciones entre
el MERCOSUR y la UE). El cumplimiento de los plazos parece un ejercicio de
exagerado optimismo, aun teniendo en cuenta la presión generada por el embate
de las negociaciones bilaterales paralelas. Varios factores contribuyen a ello.
Las ofertas de los principales jugadores indican que aun no se han movido de sus posiciones de máxima. Tanto en uno
como en otro foro, las pretensiones son inversamente proporcionales a la
generosidad de sus propuestas.
A ello debe sumarse que la dificultad que tendrá la administración Bush para a realizar concesiones en un año
electoral como es el 2004, probablemente dedicado en buena parte a buscar
la reelección presidencial.
En esta situación, las negociaciones pronto se verán enfrentadas al dilema de
concertar una agenda más reducida o de alargar los plazos. Dado que una agenda
reducida no permite suficientes "trade-offs" entre temas y entre
participantes, es altamente previsible que haya una dilatación en los plazos,
probablemente hasta el año 2007.
Para el 2007 la Unión Europea deberá establecer los nuevos parámetros de la
Política Agraria Común para el período del 2007-2013 en vistas de la
incorporación paulatina de los nuevos miembros. Por su parte, en el 2007 el
Ejecutivo de los Estados Unidos deberá renovar la Autoridad de Promoción
Comercial que le otorgó el Congreso. A la vez es la fecha de vencimiento de la
actual Farm Bill. El cumplimiento de estos plazos legales impulsará un
acercamiento entre las posiciones de los principales actores.
Calma es la consigna
El atraso no debe ser motivo de pánico. Es más, es la práctica en este tipo de
negociación. No debe llevar a bajar los
brazos ni debe llevar a esfuerzos desesperados pagando costos innecesarios por
acelerar los plazos. No debe llevar a
aceptar propuestas económica o políticamente sin sentido. No hay duda que
debe apostarse a un buen funcionamiento de la OMC, que permite tanto piso como
techo para las otras negociaciones en curso. Pero este caminar más pausado de
lo anticipado se presenta como una ventana de oportunidad, para mejorar el
contenido y cobertura de cada una de las negociaciones; para renovar el sentido
del MERCOSUR y darle instrumentos para estas negociaciones.
La verdadera explosión de negociaciones comerciales requiere renovar bajo nuevas bases al proyecto del MERCOSUR, hoy una
herramienta fundamental para fortalecer la posición negociadora de la Argentina.
El MERCOSUR no es un sustituto de una estrategia puntual en múltiples frentes.
Pero sí es necesario fortalecer la acción colectiva a través de una agenda
ampliada que avance más allá de la liberalización de mercados y de los
instrumentos arancelarios. En el nuevo escenario competitivo e incierto que se
perfila para abrir mercados es necesario
que el MERCOSUR cuente con instancias de coordinación en los temas que luego
son motivo de negociaciones con terceros. De esta forma, no sólo se
generarán incentivos para contrarrestar las fuerzas centrífugas que han primado
dentro del bloque sino que también el MERCOSUR recuperaría su utilidad como instrumento para aumentar la capacidad
negociadora de sus miembros.