ROL DE ARGENTINA EN EL MARCO DEL
MERCADO DEL CONO SUR Luis Dallanegra Pedraza (*) Alberto J. Sosa (**) Diciembre de 1990 INTRODUCCIÓN
Nos hemos planteado como
Tesis Central de este artículo: ¿Cómo debe insertarse Argentina, dentro de las
grandes tendencias mundiales? : a) ¿cómo Estado individual? ; o b) ¿a partir del proceso de integración
iniciado en el Cono Sur? Pero además resulta
importante establecer las bases de lo que consideramos integración y cuáles son
las posibilidades de que los países de nuestra Región logren integrarse, a fin
de maximizar su capacidad de desempeño internacional. Para ello nos planteamos
una serie de definiciones previas que, a nuestro criterio, es necesario tener
en cuenta, ya que existe confusión acerca de “qué es?” y “para qué sirve?” la
integración; cuál es el objeto de la misma? y cómo se puede alcanzar? 1.- OBJETIVO (GENERAL) DE LA INTEGRACIÓN La integración como
instrumento de una Mejor Inserción Básicamente se dan tres
situaciones que pueden o no desembocar en la integración: a) las relaciones
internacionales constituyen un proceso de interacción que no necesariamente
implica “interdependencia”. Por ejemplo, el caso de las relaciones de Argentina con Nigeria o con
Hungría; b) el proceso interactivo
que se maneja en función de intereses, necesidades y poderes, produce una interdependencia entre los actores. Por
ejemplo, los países del bloque occidental, o del mundo industrializado, o los
del “Sur” subdesarrollado, en relación con el “Norte” industrializado; c) la interdependencia,
que implica una relación estrecha, en la que la “dependencia” entre los actores
conlleva a la integración entre
ellos. ¿Qué es la integración?
a) Integración
institucionalizada y no institucionalizada. Cuando se habla de
integración, la concebimos en forma “institucionalizada”,
por ejemplo, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC)
–Asociación Latinoamericana de Integración ( ALADI), la Comunidad Económica
Europea (CEE), etc. No obstante ello, la “división internacional de trabajo” –
como uno de los tantos ejemplos que se pueden dar – es una forma “no
institucionalizada” de integración. b) Temas de la
integración: i) económica, por ejemplo : la CEE o la división internacional
del trabajo; ii) política, por ejemplo: la Organización de las naciones
Unidas (ONU), la Organización de los Estados Americanos (OEA), o el marco
hemisférico liderado por Estados Unidos de América (EUA); iii) militar o de seguridad, por ejemplo: la Organización del
Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca (TIAR), o el marco doctrinario planteado por las Conferencias de
Ejércitos Americanos (CEA). ¿Para qué es la integración? En términos generales,
el para qué considera los aspectos
siguientes: a) maximizar la capacidad
de desempeño, de los actores miembros y del proceso; b) mejorar su inserción
internacional; c) lograr un nivel de
producción o de tecnología, que individualmente no alcanzarían; d) encontrar una forma de
dejar de reaccionar (política externa
como “solución de problemas”) frente
a los “impactos” provenientes del sistema internacional y poder accionar, en
función de objetivos propios (política externa como “acción externa”). Tipos de integración. Hay tres “tipos” básicos1 de procesos integrativos, cuyas
características son: a) (T) Territorial
(contigüidad geográfica): como la Cuenca del Plata o el Pacto Amazónico; b) (O) Organizativo (es
vertical y heterogéneo; no reparte justicia entre los miembros; los valores son
impuestos por los poderosos). Por ejemplo, la “división internacional del
trabajo”; el funcionamiento del TIAR bajo el “control” de EUA; ALALC con el
predominio de los “tres países grandes”, respecto de los de “mediano” y “menor”
desarrollo relativo; c) (A) Asociativo (horizontal; homogéneo;
reparte justicia entre los miembros; apunta a similares valores y objetivos).
Por ejemplo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la CEE;
el Pacto Andino del marco de ALALC – ALADI; la CECLA y luego el Sistema Económico
Latinoamericano (SELA), en el marco latinoamericano y el Grupo de los 77, en el
marco del Tercer Mundo, en el contexto de las conferencias de la Organización
de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). Requisitos Básicos para Alcanzar la “Integración” Según la Definición y el “Para Qué”. Deben darse, por lo
menos, tres requisitos básicos2, sin los
cuales, a nuestro criterio, la integración es imposible: a) percepción conjunta de lo que ocurre en el contexto internacional y
cómo la Región – y/o sus miembros individualmente – se inserta/n en ese
contexto; b) coherencia interna e interregional en las grandes políticas y – dándose un mínimo de coherencia – coordinación entre las políticas
exteriores de los países de la Región; c) las variables de cooperación deben superar a las
variables de conflicto. Objetivos de la Integración. Cuando los países se
integran – independientemente del tipo de gobierno que tengan –, lo hacen – en
principio3 – con objetivos propios, dentro del
marco del sistema mundial. Lo hacen teóricamente4
para maximizar su capacidad de desempeño, o para operar en una escala económica
mayor y de esta manera lograr que sus agentes económicos alcancen niveles
superiores de competitividad. Cuando se habla de
“integrarse”, sea a nivel Organizativo o Asociativo,
lo que se pretende es acceder a niveles de mayores ventajas competitivas: por
ejemplo, abandonar el comportamiento “reactivo” e incidir dentro de las
posibilidades que brinda el sistema internacional y en el contexto de las
nuevas tendencias vigentes (reducción de la carrera de armamentos, la
reestructuración productiva, la modernización tecnológica, la formación de
nuevos bloques, etc.). a)
Una alternativa – en la mente de los decisores – en el marco de la
integración organizativa, es mejorar la ventaja comparativa dentro de ese mismo
marco, sin cuestionarse el proceso integrativo global – v. gr. Japón (por lo
menos hasta la crisis energética, en que comienza a adoptar una posición más autónoma), México y Chile . b) Otra alternativa, es
la de sentirse disconforme con el estado de cosas (OPEP, CEE) y procurar
“horizontalizar” el sistema de relaciones para vincularse con la integración
organizativa desde una plataforma distinta . Argentina- Brasil parecieran
seguir el modelo de la CEE. Agentes y Causas Impulsoras de la Integración. Las distintas
experiencias de integración nacional y/o Regional han tenido diversos agentes o
causas impulsoras que es conveniente señalar. En el caso EUA en el
siglo XIX fueron grupos industriales del norte y el ejército de la Unión,
vencedores en la guerra de secesión, frente a los productores algodoneros del
sur, los que impusieron el modelo de desarrollo, industrial- proteccionista
(hasta principios del siglo XX). En el caso de Alemania,
también en el siglo XIX, fueron los junkers prusianos – el sector militar-
empresarial – los que impulsaron la unificación. En la URSS el ejército
rojo y el partido comunista fueron los factores coaligantes y unificadores. El acuerdo Franco –
Alemán del Carbón y el Acero, en el que convergen gobierno y sector privado, ha
sido el impulsor del proceso comunitario europeo. La CEE tiene un doble
objetivo. Por un lado, maximizar su desempeño en el marco interno (Regional)
para el desarrollo y por otro actuar frente a actores como EUA y Japón en el
mercado mundial. En el caso de América se
dan situaciones particulares: a)
EUA en el norte y quizás Brasil en el sur, constituyen fuerzas
centrípetas, capaces de generar sistemas integrados que rigen en su rededor. b)
en el caso latinoamericano, el objetivo de procesos como ALALC – ALADI
no ha sido maximizar el desempeño, sea para el desarrollo interno Regional o
internacional, sino para “liberarse” del artículo 1° del GATT, acogiéndose al
artículo XXIV que otorga la excepción a la extensión automática de la cláusula
de la nación más favorecida, mediante sistemas de integración. A la vez, se
procuró seguir el proyecto “cepalino”, de búsqueda de ampliación de mercados,
en un proceso de sustitución de importaciones que rebasó las fronteras
nacionales. c)
los factores coaligantes (o disolventes?) en América Latina, han estado
fuera de la Región (inversiones, deuda, presiones de organismos multilaterales
de pago, etc.) más que dentro de ella. En el caso de EUA o Europa, el sector privado
y el gobierno tienen una actitud convergente. d)
en los 80’ se comienza a dar una tendencia a la “concertación” – aunque
exista en forma institucionalizada desde 1964 con CECLA y desde 1975 con el
SELA-, fundamentalmente a partir de CONTADORA, Grupo de Apoyo y Grupo de Río (G8). 2.- OBJETIVO DE UN “MERCOSUR” (El Marco del Sistema
Internacional) Un objetivo central es
adquirir competencia estructural – en
términos de conseguir una mayor capacidad de desempeño internacional, no basada en las ventajas comparativas
“ricardianas” –; otro es realizar un esfuerzo concertado para incorporar valor
agregado y dotar de complejidad tecnológica a las exportaciones
latinoamericanas, así como profundizar el vínculo entre sector industrial,
exportaciones y desarrollo tecnológico. En el marco de esta competencia estructural, se plantearía: a)
un subRegionalismo, para que la inserción
internacional se haga entre actores con problemáticas, valores y objetivos
similares. b)
un neomercantilismo, que maximice
exportaciones de modo que permita un saldo favorable en la balanza comercial,
para atender a las necesidades de estos países en materia de endeudamiento y
desarrollo. c).- un proteccionismo sectorial, en términos de desarrollar vínculos
“selectivos” con otros países/Regiones del mundo, para organizar zonas de libre
comercio (ZLC) que permitan el desarrollo de determinados sectores o el ingreso
a mercados, en función de priorizar sectores, según las zonas, atendiendo a
ventajas competitivas en cada caso especifico5. El nuevo
paradigma tecno – económico está
sustentado más en el conocimiento y la información, que en la posesión de
materia prima y mano de obra barata. ¿Integración o Soberanía? 6 En sus orígenes,
predominó y se desarrolló una concepción integracionista de carácter
“globalista” y “estatalista”, en el marco de lo que se conoce como ALALC –
ALADI, que favoreció el intercambio
comercial intrarregional, pero no permitió la cooperación y la integración
industrial y productiva – pese a los Acuerdos de Complementación Industrial,
que fueron aprovechados por las subsidiarias de las transnacionales –. La idea de integración
implica declinación de determinados atributos de soberanía, por ejemplo, cuando
se crea un Banco Central común o una moneda común o se armonizan variables
macroeconómicas o jurídicas entre los países miembros, o cuando se coordinan
políticas exteriores o se crean autoridades supraestatales. Los defensores del
concepto “bodiniano”7 de soberanía se oponen a
la integración, a la que visualizan como menoscabo a los atributos del Estado.
Por su parte, los defensores de la integración consideran que, en nuestro
tiempo, sólo se puede avanzar hacia la autonomía, si se abdica de determinados
atributos soberanos. Un país, conforme esta última argumentación, como la
República Argentina, puede definir su inserción en el sistema mundial, a partir
de una base territorial nacional o desde una subRegional Cono – Sudamericana, que le permita
fortalecer su capacidad de maniobra y acción en un mundo en el que predominan y
disputan entre sí bloques económico – políticos 8.
Este razonamiento concluye expresando que, si la República Argentina no tuvo
éxito cuando pretendió vincularse desde una base estatal nacional, en un
sistema interestatal asimétrico, peor le irá si reincide en un escenario
internacional en el que el Estado “bodiniano” fue erosionado simultáneamente
por el transnacionalismo y por “un nuevo Regionalismo”. Pero además, la
coordinación de políticas y la administración del proceso, requieren de un
régimen. La pregunta es, ¿qué tipo de régimen debería imperar en un proceso
latinoamericano?, que no sólo administre la integración, sino que también
dirima conflictos: ¿régimen hegemónico? o ¿régimen pluralista? 3.- ARGENTINA Y BRASIL EN EL MARCO DE LA INTEGRACIÓN
LATINOAMERICANA Argentina y Brasil
recurrieron a la vía integracionista con criterio selectivo, ya que priorizaron
los vínculos bilaterales, en el marco de ALADI, utilizando un esquema
“dirigista”, en el que los Estados desempeñaron un rol impulsor, creando un
marco jurídico y un conjunto de reglas del juego que facilitasen la integración
productiva. Se concedió importancia
al desarrollo del sector bienes de capital, en el que predominan PYME’s –
Pequeñas y Medianas Empresas – de capital local, en uno y otro país, por el
impacto que ejercería sobre el conjunto del aparato productivo del eventual
mercado ampliado. a) Comparación entre el proceso Argentina – Brasil y Canadá – EUA. El nivel de intercambio
(Argentina-Brasil) desde el que se partió es bajo, si se lo compara, con el de
Canadá – EUA que, cuando negocian el Tratado de Libre Comercio Canadá-EUA
(CUFTA, siglas en inglés), tenían un alto porcentaje de comercio bilateral y
representaban la asociación comercial más importante del planeta. Mientras en el proceso
Argentina – Brasil se trató de gestar algo nuevo, en la ZLC Canadá – EUA se
homologó algo existente. En el proceso Canadá –
EUA fue el sector privado quien llevó adelante el proceso, y los Estados
generaron un marco ex post facto; en
el caso del Acuerdo Argentino – Brasileño fue el Estado quién (o quienes) –
aunque débil e incapaz – dirigió el proceso hacia la integración arrastrando,
en cierta medida al sector privado. b) Características del proceso Por intermedio del
Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo (nov. de 1988), los gobiernos
de Argentina y de Brasil decidieron avanzar en la integración, en detrimento de
la “soberanía”. A fin de que no decayera
en proceso de integración, debido a los problemas que sufrían los Estados, los
gobiernos de ambos países decidieron en 1989 “atenuar” el dirigismo inicial,
favoreciendo el desempeño de los actores económicos, de uno y otro país, con
ventajas comparativas y competitivas, permitiendo un mayor protagonismo
empresarial privado. Además de favorecer el
proceso productivo, los gobiernos suscribieron
acuerdos en materia nuclear; de coparticipación en el proyecto de la
hidrovia Paraguay – Paraná; copatrocinaron la Resolución de la Asamblea General
de la ONU declarando al Atlántico Sur Zona de Paz y Cooperación Internacional,
y dentro del Grupo de Río, contribuyeron en la formulación del paradigma
latinoamericano basado en la democracia, el desarrollo, la integración y la
solución política de los conflictos9. 4.- POSIBILIDADES DEL “MERCOSUR” EN EL MARCO DEL ACUERDO
ARGENTINO – BRASILEÑO Si bien Argentina y
Brasil priorizaron sus relaciones bilaterales, desecharon por igual el
bilateralismo como multilateralismo, ya que decidieron avanzar, a través del
“selectivismo”, en la creación de un Mercado Común del Sur (MERCOSUR),
asociándose con Paraguay y Uruguay. Estos países tienen en Brasil y Argentina a
dos de sus principales socios comerciales, por lo que la constitución del
MERCOSUR los sitúa en una disyuntiva. Si deciden no adherir al mismo, se
arriesgan a desvincularse de dos relevantes socios; en cambio, si ingresan al
MERCOSUR deben negociar las condiciones y plazos de su incorporación, dado su
status de países de menor desarrollo económico relativo. El proceso se llevaría a
cabo mediante la firma de un Tratado cuatripartito que coexistirá con el
Acuerdo Bipartito Argentina – Brasil y con los Acuerdos Bilaterales que éstos
últimos hayan firmado con Paraguay y Uruguay10.
Lo importante es que esta coexistencia permita una agregación y coordinación de
los procesos –spill over – y no que
se paralicen y terminen entorpeciendo el objetivo integracionista, a través de
sistemas distintos – spill around – 11. 5.- INCIDENCIA DE LA INICIATIVA PARA LAS AMERICAS DE BUSH La iniciativa para las
Américas del Presidente Bush (padre) se
basa en dos problemáticas: a)
una externa, relacionada con la pérdida de los “socios europeos”, que se
“cierran” en su propio proceso integracionista y compiten con EUA, al igual que
Japón y los Nic’s asiáticos. Por lo tanto EUA, se vuelca hacia el marco
hemisférico tratando de controlar un mercado importante, pero estableciendo sus
propias reglas (Iniciativa). b)
la otra, interna, que sigue el
criterio avalado por economistas como Peter Drucker, que plantean que para
solucionar los problemas económicos de déficit comercial EUA (no lo puede hacer con Japón y los Nic’s
Asiáticos ni con la CEE), debe tratar de vender más a América Latina,
particularmente bienes de capital. Además, procura
solucionar los problemas de seguridad; esta vez, no como los que se planteaban
durante la guerra fría, sino vinculados a problemáticas como el narcotráfico,
el medio ambiente, la subversión al estilo Sendero Luminoso en Perú y las
cuestiones sociales provocadas por crisis económicas hiperinflacionarias, tipo
“caracazo”. La “amenaza comunista” es
sustituida por las nuevas hipótesis de conflictos ya mencionadas, entre las que
se destaca el narcotráfico. Esta última, a diferencia del comunismo marxista,
no propone un modelo alternativo, sino que tiene una estructura capitalista. Con el comunismo como
hipótesis de conflicto, las agencias gubernamentales norteamericanas se
asociaban con las corporaciones militares latinoamericanas para erradicarlo.
Pero cuando el narcotráfico ocupa el centro de las preocupaciones de EUA, las
fuerzas armadas latinoamericanas – en modo especial los ejércitos –
experimentaron una “ devaluación política” ya que el combate del narcotráfico
puede realizarse con grupos policiales especializados. Además, las experiencias
de Malvinas (1982) y del Gral. Noriega (1989), confirmaron en el “establishment” de EUA, la percepción de
que los militares latinoamericanos no son confiables. Así como bajo la
hipótesis del “peligro comunista”, la
alianza con las corporaciones militares es prioritaria para EUA, bajo la
hipótesis de amenaza del narcotráfico (y de la deuda externa; por ejemplo,
extensión de los “caracazos”) la alianza
prioritaria es con las corporaciones económicas privadas, para recrear un
escenario de libertad de mercados a través de la inversión privada (no de la
ayuda de Estado a Estado), de la renegociación de la deuda (?) y de la creación
de una ZLC. La Iniciativa para las
Américas, propone que EUA se vincule con grupos de países de América Latina y
no con toda la Región o con países individualmente, salvo el caso especial de
México. EUA pretende negociar con
grupos de países tales como el Pacto Andino, América Central y el Caribe
(existe como antecedente la Iniciativa de la Cuenca del Caribe “ICC”) y el Cono Sur. Los países -o grupos de países-
del hemisferio no tienen un mismo nivel de prioridad para EUA, ya que hay
países o grupos de ellos que le interesan más que otros. México es el país prioritario, y le siguen
en orden de importancia los andinos,
por la problemática del narcotráfico y los centroamericanos y caribeños
por su proximidad y “el residual peligro comunista” (v. gr. Farabundo Martí en
El Salvador y el Sandinismo en Nicaragua). En orden de importancia política, el
MERCOSUR, a nivel estratégico, es el menos relevante para el establishment de EUA; en cambio, a nivel
económico puede adquirir relevancia por las dimensiones de su mercado, el más
grande de América Latina. La dirigencia
latinoamericana no debe adherir a la Iniciativa para las Américas, sino a
partir de un proyecto propio y no como única alternativa. Podría negociar en
forma “selectiva” su incorporación, aunque sin abandonar la idea de celebrar
también otros acuerdos con la CEE, con Japón, con los Nics y otros países del Tercer Mundo. El proyecto propio debería
partir desde el MERCOSUR y no como una
alternativa a éste. 6.- EL “MERCOSUR” Y LAS “NUEVAS TENDENCIAS MUNDIALES” HACIA
LA REGIONALIZACION Vincularse con un mundo
en cambio, no significa abandonar las viejas relaciones, sino intentar tener, de
una vez por todas – ahora que ya no interviene como “factor catalizador” la
variable ideológica – una política
“planetaria” de relaciones con todos, ricos y pobres, en forma selectiva y
según las conveniencias y ventajas cooperativas. Esto implicaría la
“convergencia” de MERCOSUR con otros grupos sub-Regionales a nivel
latinoamericano – con el Pacto Andino o el MCCA o el Caricom – o a nivel
mundial – Iniciativas para las Américas + CEE + Japón y los Nic’s + otros
países del Tercer Mundo –, indistintamente, con cada área en un esquema
distinto, según las conveniencias estratégicas, pero favoreciendo, el desarrollo a nivel Regional y la mejor
inserción a nivel mundial. América Latina no está en
condiciones de decidir las pautas del “nuevo orden mundial”, pero sí puede – en
el mediano y largo plazo – insertarse activamente dentro de ese nuevo orden,
que tendrá características de competencia económico, financiera, tecnológico,
industrial, más que estratégico- militar, como
fue durante el orden bipolar. Cuando se habla de “nuevas tendencias mundiales a la
conformación de conglomerados Regionales”, se está hablando de una nueva
orientación del sistema internacional – dentro de ciclos sistémicos –, pero no
de una novedad en cuanto a las “tendencias”. Los “conglomerados Regionales”
existieron en el siglo pasado luego del reparto de Africa por las potencias
europeas en el Congreso de Berlín de 1885. Esos “conglomerados Regionales”,
estaban conformados por espacios coloniales y mano de obra esclava. Lo mismo se
puede decir de las relaciones “neocoloniales” de Gran Bretaña con los países de
América del Sur o de EUA con Centroamérica y el Caribe español. Las grandes potencias se
mantuvieron aisladas o independientes, porque así les convenía, mientras que
manejaban dentro de su esfera de influencia a los países hegemonizados. Ahora,
conforman “espacios Regionales ampliados” – v. gr. EUA- Canadá-México, porque
les conviene, no porque es la “nueva tendencia mundial”. El “nacionalismo” que
parecía perimido ahora aflora y probablemente
lo mismo ocurrirá dentro de cien o cuatrocientos años, si es necesario. El
sistema internacional “tenderá” a conformar espacios Regionales ampliados o se
manejará en forma “atomizada”, según la conveniencia o “interés ¿nacional?” de
los actores. Todo esto ocurre, porque
actores como EUA o Japón, o los europeos, se manejan por su interés nacional,
acorde con un proyecto y con una clara visión de lo que ocurre en el sistema
internacional. Inciden en él para protegerse de las situaciones que pueden
perjudicarlos. Por lo tanto, siguen la estrategia “atomizadora” o
“integracionista” según les convenga. Este debe ser el criterio
que siga América Latina(o el MERCOSUR o América del Sur) si quiere ser
protagonista dentro del sistema internacional que se está gestando. Esto lo
conseguirá con una estrategia y proyecto, no haciendo “buena letra” (?) en el
marco del conflicto del Golfo Pérsico o con EUA en el marco de la Iniciativa
para las Américas. * Doctor en Ciencia política y Relaciones
Internacionales (Universidad Nacional de Rosario). Profesor Titular de Teoría
de las Relaciones Internacionales y de Política Exterior Argentina en la
Universidad del Salvador (Buenos Aires). ** Abogado
Consultor del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Especialista en Política
Exterior Argentina. 1 .- Sobre
el particular ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Imperativo de la Integración
Latinoamericana: Integración Solución – Integración Problema, en “GEOSUR”,
vol., N° 14, octubre 1980. 2 .- Sobre
este tema ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, La Política Externa de América Latina,
en “GEOSUR”, vol. VI, N°60, abril 1985.
3 .- Decimos
“en principio” porque en la división internacional del trabajo, los objetivos
son impuestos por los más poderosos o desarrollados. 4 .-
“Teóricamente”, ya que un Estado puede “integrarse racionalmente” en forma
“dependiente”, al considerar su
élite que de esta forma,
obtendrá el máximo de ventaja, al menos en el corto y mediano plazo, hasta que se pueda alcanzar la autonomía. 5 .- Este
tema ha sido estudiado por Guadalupe GONZALEZ, La Asociación Económica de
México con EUA, no Excluye Otros Acuerdos, en El Cronista Comercial, diario del
domingo 7 de octubre de 1990, pág. 15. 6 .- Este
tema ha sido desarrollado en ARAUJO JR., José Tavares. Integración Económica en
América del Norte y el Cono Sur, en “Comercio Exterior”, vol. 40, N°8, México,
agosto de 1990, págs. 739-744. 7 .- En
relación al filósofo – político Jean Bodin. 8 .- V. gr. EUA – Canadá; CEE; Japón y los Nic’
asiáticos; URSS; etc. 9 .- Ver el acta del Acuerdo Argentino – Brasileño de
julio de 1986, firmada por Alfonsín – Sarney. El tema de la integración
argentino – brasileña, desde la perspectiva de la política internacional, fue
tratado por DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “O acordo de integracao Argentina –
Brasil da perspectiva da política
internacional, en Política e Estrategia, vol. VI, N° 1. Enero – marzo de 1988,
San Pablo, Brasil. También en serie de estudios ODELA (Instituto para la Integración
y el Desarrollo Latinoamericano), Universidad Nacional de Tucumán, Argentina,
N° 102, 1989. El análisis del “paradigma” latinoamericano ha sido analizado por
SOSA, Alberto J. y DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Grupo de los Ocho y el Futuro
de América Latina”, en “Perspectiva Internacional”, Buenos Aires, diciembre de
1989, vol. I, N° 2. 10 .- V. gr. CAUCE;
Brasil – Uruguay PEC; convenios varios Argentina – Paraguay de diciembre 1989;
etc. 11 .- Sobre el tema “Spill Over” y el “Spill Around”,
ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis,
“Integración Latinoamericana: Lo que los Latinoamericanos no hacen”, trabajo
presentado a la “Reunión de Expertos sobre Reformulación del Proceso de
Integración Latinoamericano”, convocada por la Universidad Nacional de Tucumán,
Argentina, agosto de 1986 (mimeo). |