FUNDAMENTOS PARA EL ESTUDIO DE LA ESTRATEGIA NACIONAL

COMENTARIOS AL LIBRO DE DARC COSTA (*)

 

 

 

Alberto J. Sosa

 

Diciembre 2010

 

 

Aquí comentamos el libro de Darc Costa titulado “Fundamentos para o Estudo da Estratégia Nacional”, publicado por la editorial Paz e Terra.

 

El autor es ingeniero civil, doctor en ingeniería de producción y durante muchos años fue funcionario de carrera del Banco Nacional de Desenvolvimento Económico e Social (BNDES) del Brasil al cual ingresó por concurso en 1975. En el periodo 2003/04 fue vicepresidente del BNDES acompañando la gestión del profesor Carlos Lessa. Actualmente desempeña diversas actividades académicas como conferencista de la Escuela de Políticas Públicas y de Gobierno de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ); consejero del Centro de Estudios Estratégicos de la Escuela Superior de Guerra (ESG), donde fue coordinador entre los años 1999/2002; y corresponsal extranjero de la Academia Internacional de Cultura Portuguesa. Asimismo, es un estudioso de las cuestiones estratégicas y uno de los principales estrategas de su país.

 

Durante su etapa como coordinador de la ESG desempeñó un rol clave desarticulando el esquema armado por los neoliberales del hemisferio que pretendían la adhesión sumisa de su país y del resto de América Latina al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Conjuntamente con el embajador Samuel Pinheiro Guimaraes y los profesores Luiz Alberto Moniz Bandeira y Marco Aurelio García, formuló la idea de que Brasil precisaba desarrollar una estrategia multipolar de afirmación de su soberanía, de construcción paciente y pertinaz de un bloque suramericano, de reducción de las desigualdades y de realización del potencial de dichos países. Cuando el presidente Lula Da Silva asume su primera presidencia, el mundo y dentro del mismo la América Latina y del Sur vivían bajo el arbitrio de la concentración de poder  de diverso tipo en manos de los EUA. A partir de entonces, el Brasil y su Ministerio de Relaciones Exteriores reorientaron su política externa con serenidad y firmeza, fortaleciendo la alianza con Argentina, el MERCOSUR y la integración suramericana, así como la cooperación Sur-Sur, sin descuidar sus relaciones con los EUA, la UE y Japón.

 

Según expresa Darc Costa en la presentación de su libro, el mismo es resultado de la experiencia que tuvo como Coordinador del Centro de Estudios Estratégicos de la Escuela Superior de Guerra cuando organizó sus ideas para estructurar la discusión que se daba en el ámbito de esta institución con el objeto de formular una nueva estrategia nacional de Brasil, en un contexto suramericano. Asimismo, es fruto del curso que dio sobre estrategia nacional en el Programa de Pos-graduación en Ingeniería de la producción de la UFRJ. Siguiendo la dinámica del citado curso, que se dividía en tres materias, el texto que comentamos contiene un conjunto de ideas que fundamentan la estructuración de una estrategia nacional, precedidas de una trilogía: Aspectos de la Civilización Occidental; Aspectos de las Naciones; Aspectos de la Inserción. En esta trilogía cada parte tiene vida propia y puede leerse independientemente de las otras. Sin embargo, la visión del conjunto permite bosquejar una estrategia nacional.

 

El autor aclara que este trabajo está dirigido especialmente al funcionario o “servidor público” sea este civil o militar, sea un político o un simple ciudadano interesado en las causas nacionales o en participar en discusiones sobre estrategia nacional.

 

Costa no se dedica a observar y analizar el mundo como si fuese exclusivamente un mercado en el que se intercambian bienes, servicios y capitales, sino que lo considera fundamentalmente como un espacio en que se desarrollan los seres humanos portadores de sueños. El autor estima que el mayor de ellos es el que trasciende al individuo y penetra y contagia lo colectivo: en estas tierras, el sueño es la construcción de una nación que no es únicamente la brasileña sino la suramericana.

 

Una de las ideas liminares de Costa es que la dinámica del proceso de avance de la civilización puede resumirse en que “toda periferia busca el centro y toda barbarie busca la cultura”. Aún hoy como todos los que alcanzaron el centro, Brasil y América del Sur, son consideradas bárbaras y periféricas. Por ello a estos países se les presenta el dilema de resignarse a ser dependientes o eventualmente contestadores o críticos o procurar alcanzar el centro. El trabajo de Darc está guiado por esta última opción. Por ello, el autor opina que  para un país como Brasil y también para el resto de los países suramericanos es fundamental estructurar un pensamiento o discurso sobre estrategia nacional y Regional.

 

A continuación realizamos una sumaria presentación de las que estimamos principales ideas de Darc Costa en este libro.

 

América del Sur: el primer paso de la estrategia brasileña es plantearse la cooperación suramericana.

 

Brasil conformó la América portuguesa, puesta delante de una dualidad clara que contrapuso a la América española con la América inglesa. El proceso de colonización española en América fue siempre contestado por los ingleses, mientras que la colonización portuguesa, como tercera interesada, acompañó dicha impugnación en la etapa colonial.

 

Cuando aconteció la independencia de las Américas, la contraposición entre la América inglesa y la española se mantuvo. Detrás del imaginario inglés había una visión pragmática y realista de fuente shakespeareana, mientras que el imaginario español se basó en una visión soñadora y no pragmática, constructiva de mundos ideales como ocurrió en la obra de Cervantes. Costa expresa que entonces Brasil también representó a la América portuguesa y continuó, aunque en otro contexto y con otros intereses y aspiraciones, actuando como un tercero interesado.

 

Brasil optó por la visión inglesa, por la doctrina anglosajona de América, porque estaba cercado por un cordón de países hispánicos -desde el Tratado de San Ildefonso- y veía en Europa, luego del Congreso de Viena, a una amenaza que procuraba recolonizar al continente. Por ello, abandonó el sueño español, la utopía de Bolívar y la visión de una unión de los pueblos de América meridional, que dicho sea de paso se perdió  con la división de la América española. Hasta el final del siglo pasado, Brasil se mantuvo vinculado a la Doctrina Monroe.

 

Sin embargo, ¿en esta etapa histórica (se interroga el autor), como terceros interesados y América portuguesa, no nos cabe mudar de posición, abandonando la posición pendular reconstruyendo el sueño de Bolívar, procurando la integración con los demás países de origen ibérico?

 

Darc Costa dictamina que la respuesta es afirmativa y pasa obligatoriamente por el proceso de cooperación suramericana, indispensable para la integración de América del Sur. Considera que bosquejar y programar este proceso representa la mayor prioridad de Brasil en términos de relaciones internacionales. Este es el camino para la inserción de Brasil en el mundo. Esta conclusión no es autónoma ni empírica y no fue hecha de forma aislada, es fruto de una reflexión profunda que pasa por la evaluación del sistema económico y político mundial y de las vulnerabilidades de Brasil delante de los demás países. Opina que el MERCOSUR es la respuesta a algunas de dichas vulnerabilidades. Fue una respuesta inicial que se inserta en nuestra concepción estratégica. ¿Y cuál es la concepción estratégica del Brasil?

Una estrategia de desarrollo anclada en la cooperación suramericana.

 

Costa entiende que, desde el punto de vista geográfico, América del Sur es el mayor continente del hemisferio Sur. Por esa posición geográfica, Brasil y la América del Sur están apartados de las rutas internacionales de comercio, con desventaja operacional sobre las mismas porque dichas rutas actúan básicamente en la parte norte del hemisferio (Europa, Asia y EUA). América del Sur es un personaje marginal del comercio mundial, lo cual puede ser un problema, aunque también una solución. ¿Porqué Costa asevera esto? Porque revisando la historia, puede concluirse que determinados países de la periferia pudieron conquistar el centro. Como ejemplos consigna los casos de Portugal y España durante el siglo XVI; el de Inglaterra durante el siglo XVIII; y el de los EUA durante el XX.

 

América del Sur es el continente donde están localizados los mayores recursos estratégicos del mundo: agroalimentos, energía, minerales y agua dulce. Además el mercado potencial latente de bienes industriales es otro patrimonio de la Región. No obstante, la integración de todos estos recursos puede concretarse con una efectiva cooperación entre sus países, mediante una acción planificada y orientada al desarrollo, considerando las ventajas comparativas de cada país y estableciendo una infraestructura vial (ferrovial, hidrovial, rodovial) y energética que corrija los obstáculos que hacen que varios países permanezcan orientados hacia el Pacífico y otros hacia el Atlántico, aunque desconectados entre sí.

 

Según Costa -y sintetizando su pensamiento- es preciso tener un proyecto de desarrollo económico orientado hacia el continente suramericano para que se pueda promover efectivamente la integración de todos sus países y conformar un Megaestado que garantice su desempeño e inserción en el mundo, dentro de otro contexto. El éxito del proyecto nacional brasileño pasa (se confunde) por una integración Regional exitosa de América del Sur.

 

Teoría del retardo:  el estudio acredita la importancia de la idea de la solidaridad nacional y de la utilización del planeamiento gubernamental para construir una alternativa, que posibilite edificar un espacio civilizado que pueda llegar a suplantar la visión nacional o las respectivas visiones, tradicionalmente hegemónicas en nuestros países. A pesar de la campaña contraria que ha sufrido el planeamiento gubernamental fue, y posiblemente sea, un instrumento al servicio de la actuación del Estado nacional o de conglomerados como el MERCOSUR o la UNASUR.

 

Señala Costa que, cuando se analiza la formación de la vida social y política de las civilizaciones y de los pactos que en ellas se procesaron, se puede extraer la siguiente enseñanza: la importancia de la fe, de la voluntad conciente y de la razón para el avance de cualquier movimiento exitoso del género humano. Si se estudia la etapa comprendida entre la caída del Imperio Romano y la actualidad no es difícil colegir que los pactos conducen a la formación del Estado.

 

Costa no comparte el pensamiento relacionado con la existencia de sociedades dependientes, teoría que Cardoso y Faletto y otros intentaron y aún intentan divulgar. Estima que existen sociedades retardatorias o rezagadas, cuya característica fundamental es el retardo.

 

El autor tampoco comulga con la teoría de la modernización de Rostow que divide a las sociedades humanas en modernas y atrasadas, considerando que éstas alcanzarán el nivel de aquéllas a través del desarrollo impulsado fundamentalmente por las fuerzas del mercado y la inversión y “ayuda” extranjeras.

 

Los economistas clásicos fueron los que abordaron el estudio de la economía con una visión que se asentaba en la especialización y el mercado. Deseaban determinar las causas del crecimiento de la renta nacional a largo plazo y descubrir el proceso por el cual se daba el mismo. Estimaban que si cada miembro de la sociedad fuese libre para buscar sus propios intereses se tendría como resultado un orden económico armonioso y benéfico. La famosa “mano invisible” que aseguraba el objetivo. Una mayor división del trabajo inducía a la especialización y esta conducía a un aumento de la destreza de los trabajadores, a una reducción del tiempo necesario de producción y a la invención de mejoras en el proceso productivo. Para los economistas clásicos la principal característica del desarrollo es la acumulación del capital y su visión prospectiva se apoyaba en la teoría de los rendimientos decrecientes y el principio maltusiano de la población. Asimismo, defendían la idea de la intervención mínima del gobierno y pensaban que así se estimularía el desarrollo económico.

 

La primera reacción a las tesis económicas difundidas por los ingleses, en especial por el liberalismo económico, fruto de la primacía de su proceso de industrialización, se produjo en los EUA. Esta contestación produjo una nueva forma de conducción de los negocios públicos por el Estado nacional. Alexander Hamilton (1755/1804), Secretario de Hacienda del gobierno de George Washington, redactó tres Informes: El Crédito Público; El Banco Nacional; y Asuntos de las Manufacturas. En éste último trabajo rechazaba la visión de la “espontaneidad económica” presente en las tesis inglesas y reivindicaba la necesidad de promover y proteger la industria por razones de seguridad nacional.

 

Más adelante le tocó al alemán Friedrich List (1789/1846) contestar a las doctrinas económicas inglesas cuando abordó las cuestiones del desarrollo económico, dentro de un sistema nacional de economía política, justificando la intervención gubernamental en razones de desarrollo, de seguridad nacional y justicia social. En este caso, el crecimiento o desarrollo económico no era resultado de la mano invisible “de las fuerzas naturales” del mercado, sino de la intervención gubernamental y la planificación.

 

Según el autor, al país retardatorio se le presentan las siguientes posibilidades: ser dependiente o ser contestador. Expresar esto es relevante, pues la visión de la dependencia, que aún cuenta con defensores en la intelectualidad contemporánea, crea obligatoriamente una ligazón subordinada entre las sociedades y las traslada a los Estados nacionales.

 

El Estado nacional existe quizás como el mejor instrumento, ya concebido, para romper la distancia entre las sociedades. Si se minimiza al Estado -en una situación de dependencia- no se llega a buen puerto, en términos de bienestar para las respectivas poblaciones. La idea del Estado es un concepto elaborado, ya que presupone caminar por una línea continua de ideas, a través del tiempo y del espacio, que conecta a las hordas con las grandes potencias. El Estado constituye el resultado de soluciones silenciosas y progresivas de cuestiones que surgen de pugnas y conflictos que atraviesan la convivencia humana. Sea que haya resultado de la imposición del más poderoso y por lo tanto derivado de la racionalización de las desventajas; sea que derive de la composición o acuerdo de las voluntades y  resulte de la racionalización de las ventajas.

 

El pacto es ante todo un producto de la razón. La línea que conecta a las hordas con la sociedad actual es un continuo de pactos. El Estado es la estación más reciente de la citada línea de acuerdos, por lo tanto conocer a un determinado Estado nacional es conocer la historia de la razón y de los sucesivos pactos que han saldado conflictos.

 

Nada explica mejor la dinámica del proceso de civilización que la constatación de su retardo y de las rupturas provocadas por la acción del hombre. Hay acciones que desencadenan el desorden y otras que, después de una ruptura, restablecen el viejo orden o establecen uno nuevo, en otro nivel, dando inicio a otro desorden.

 

Por ello el autor y utiliza ciertos conceptos en un sentido figurado como “centro y periferia” y “cultura y barbarie”, expresando que ningún país eterniza su dominación o hegemonía sobre los demás. Con razón cita el ejemplo de la dominación persa en un momento en que Grecia formaba parte de la periferia y era considerada bárbara. Luego Grecia devino hegemónica y “culta”, sitial del cual fue desplazada por Roma y ésta por el Imperio de Bizancio, el cual fue reemplazado a su vez por la dominación musulmana. Después continuó el turno de sucesivas dominaciones con sus respectivos centros culturales hegemónicos, como aconteció con la península ibérica, Inglaterra y los Estados Unidos de América.  El futuro es incierto.

 

Estos ejemplos muestran de manera didáctica el predominio o hegemonía transitoria de una determinada elite durante el proceso de avance de una determinada cultura y la ruptura o establecimiento de un nuevo orden u otros regímenes, en el devenir del proceso.

 

La simplificación arriba consignada, permite concluir que la dinámica del proceso de avance de la civilización que Darc Costa denomina como teoría del retardo, puede resumirse de la siguiente forma: determinada  periferia busca el centro y cierta barbarie busca la cultura. Existen y existieron determinadas sociedades y culturas que construyeron identidades de resistencia basadas en principios opuestos o diferentes a los que impregnan las instituciones hegemónicas. También existieron y existen, aunque en menor medida, sociedades y culturas que elaboran identidades de proyecto, basándose en los materiales culturales de los que disponen, procurando mudar su posición en el contexto contiguo o en el mundo y al hacerlo buscan transformar la estructura social.

 

El centro ejerce sobre la periferia dos roles: el de rechazarla o articularla. El centro es frecuentemente estático, no se traslada y carece de dinámica, atributo éste casi exclusivo de la periferia. El centro siempre debe ser visto como un castillo asediado que puede llegar a ser ocupado y en esta hipótesis el centro es desplazado.

 

Cuando el centro actúa como expulsor desarrolla la capacidad de repeler lo que Costa llama fuerzas del atraso o del avance, que son consecuencia de la búsqueda del centro por parte de la periferia. Dentro de estas fuerzas cita a la migración, al comercio, al flujo de ideas, etc. Cuanto más éxito tiene el centro en el rechazo de dichas fuerzas, mayores son sus posibilidades de conservar o consolidar su sitial de privilegio.

 

Como articulador, el centro desarrolla la capacidad de organizar a las fuerzas caóticas que existen en la periferia, representándolas o interpretándolas, procurando minimizar su resultado a una suma cero que, muchas veces, contribuye al ejercicio de su rol de actor que rechaza o contradice a los otros.

 

La cultura ejerce sobre la barbarie, entre otras, las siguientes acciones: la de atraer y la de organizar. Cuando atrae, opera movilizando a las demás sociedades produciendo la atracción o absorción de la periferia. Cuando organiza, conduce a la barbarie de acuerdo a los intereses del centro. La ruptura de este proceso acontece cuando la periferia tiene fuerza suficiente para imponerse. No se trata de un determinismo histórico. No toda periferia está predestinada a llegar al centro, así como no toda barbarie está destinada a llegar a la cultura. Puede decirse que es un fenómeno, dice el autor, de naturaleza similar a la fecundación: la búsqueda no implica materialización. Así como solamente el espermatozoide más competente consigue fecundar al óvulo, la barbarie más competente es la puede provocar la ruptura. La barbarie más competente impone su cultura y sus intereses. El primer paso para devenir competente es no ser conformista y no aceptar ser dependiente.

 

Principio del tercero interesado

 

La condición de neutralidad no existe. Toda observación conduce a una opinión. Toda intención constatada, toda acción emprendida, aún cuando uno no se involucre, demanda siempre un dictamen.

 

La estrategia es un instrumento de mediación que se procesa o desarrolla entre seres racionales y desde esta óptica la neutralidad es algo imposible. Esto ocurre por el hecho de que todo ser racional, al constatar un proceso de mediación en curso, aún cuando no esté inserto en el mismo, tiene una opinión y su consecuente posicionamiento. Esto se da tanto en la cooperación, como en la competición o el conflicto.

 

Durante el devenir  histórico, se puede constatar que la no inserción directa en una competencia o conflicto es una posición ventajosa y  a veces estratégica. Esta es la posición que Costa denomina del tercero interesado. Fue el caso de Inglaterra, cuando Holanda impugnó a la Unión Ibérica. Fue la posición de los Estados Unidos de América, cuando Alemania contradijo a Inglaterra. Más recientemente, fue la postura de China cuando Vietnam rechazó la invasión de los EUA.

 

La posición del tercero interesado actúa en diferentes gradaciones: va desde la posición de un mero observador interesado  hasta la de un actor secundario o de reparto. Estos matices varían y/ o reflejan necesariamente el tiempo intenso de la mediación. La ventaja de una pretendida neutralidad reside en el hecho de que no siendo la participación central y sí marginal, se incurre en riesgos menores y se obtienen mayores grados de libertad comparados con los actores directos de la mediación. Esto permite formular el siguiente principio para una apropiada estrategia: buscar siempre la posición de tercero interesado.

 

En la dialéctica que se establece entre el centro y la periferia y entre cultura y barbarie, con el propósito de avanzar adecuadamente en este proceso, se tendría que buscar la posición del tercero interesado, manteniendo la libertad de transitar de acuerdo con los propios intereses. No se es centro, aunque tampoco se es periferia. No se es culto, pero no se es bárbaro. La aparente neutralidad no nos coloca como periférico, a pesar de serlo. Tampoco nos coloca en el rol de bárbaro que no se asume en esta situación. La pretendida neutralidad, evita el choque directo, la confrontación abierta. Si bien la contestación es necesaria, no es suficiente. Siempre es mejor tener algún actor que asuma directamente la posición de impugnador o contradictor.

 

En el comienzo de todo nuevo centro, se encuentra o está la otrora barbarie. La civilización prosigue y el conocimiento acumulado permanece. La cultura es universal y es resultado de un proceso de acumulación de conocimiento forjado por la historia.

 

Este choque entre periferia y centro exige desde el lado de la barbarie una acción ordenada para procesar la ruptura. Esa acción resulta de los pactos que se procesan en el ámbito de las sociedades periféricas. Hoy, dada la complejidad de las cuestiones señaladas por el autor esos pactos sólo podrían procesarse en el ámbito del moderno Estado nacional y se tornarían viables por la articulación colectiva expresada en una concepción estratégica y el montaje de una voluntad colectiva. En tiempos de Regionalización es conveniente que esta concepción estratégica nacional pueda insertarse en un Megaestado suramericano. En este sentido, la política externa, deviene entonces un factor principal de ordenamiento de la concepción estratégica nacional.

 

Planeamiento nacional

 

Darc Costa estima que cabe reflexionar sobre cómo determinados países de la periferia, por ejemplo, los del Cono Sur o de América del Sur pueden oponerse durante el inicio del siglo XXI al mantenimiento de la hegemonía vigente. En este sentido, observa que existe una dualidad primitiva del hombre con la naturaleza. La pregunta que se formula es quién conduce el proceso civilizador: ¿el hombre o la naturaleza?

 

Cuando se inició el siglo XIX, esta demanda se había transformado en una dualidad que oponía el orden racional a la ley natural. Aquél resultaba tanto de la capacidad acreditada por los pensadores franceses de dar a la naturaleza una descripción intelectual satisfactoria, como a la posición de la escuela filosófica alemana, en especial Hegel, que veía en el hombre, en su espíritu y razón, al demiurgo de la civilización y el progreso. Como se dijo más arriba, la escuela inglesa ratificaba la fuerza “natural” del mercado y la necesidad de evitar la intervención gubernamental.

 

Los Estados nacionales modernos, por más que pueda decirse lo contrario, casi nunca abandonaron la posibilidad de estructurar o darle forma al mercado, así como la opción por la intervención de la voluntad política.

 

Cuando se opta por la intervención, ésta opera sometida a los determinantes de todos los procesos humanos, es decir al tiempo y al espacio. La intervención se configura en un determinado tiempo y espacio y busca casi siempre un fin a ser alcanzado y para ello precisa disponer de medios.

 

La intervención se procesa de dos formas. La primera yuxtapone al hombre con la naturaleza y tiene como mediación al trabajo; después al trabajo y a la ciencia; y más recientemente al trabajo, a la ciencia y a la información. El segundo tipo de intervención, es la que relaciona al hombre con el hombre y es mediada por la estrategia.

 

La mediación es la acción estratégica que se procesa entre los hombres o las sociedades a través de una intervención. Algo que se expresa en este análisis es el presupuesto racional de una intervención que envuelve o desarrolla una acción colectiva siguiendo los senderos de la cooperación, de la competición o del conflicto. O sea que toda mediación es una estrategia.

 

Cuando se analiza el proceso de intervención, se observa que se la puede representar como un triángulo indisoluble, cuyos vértices son: el poder, la política y la estrategia.

 

La política es el arte de establecer objetivos interpretando intereses y aspiraciones y de orientar las acciones hacia la conquista y preservación de los citados objetivos.

 

La estrategia es el arte de preparar y aplicar los medios para conquistar y mantener los objetivos pretendidos.

 

El poder es la expresión o conjunción integrada de los medios o recursos de que se dispone para conquistar y/ o mantener los objetivos pretendidos.

 

La idea de la intervención se desarrolla sobre un tiempo y un espacio y tiene que ser planeada. Por ello, toda intervención es una acción conciente, racional y planificada y es resultado de la voluntad y del conocimiento.

 

El citado triángulo indisoluble de la intervención, cuando se posiciona a escala nacional articula a la política, a la estrategia y al poder nacional.

 

 

(*) Darc Costa. “Fundamentos para o Estudo da Estratégia Nacional”. Editora Paz e Terra S. A. Sao Paulo 2009, 600 páginas.