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FUNDAMENTOS PARA EL ESTUDIO DE COMENTARIOS AL LIBRO DE
DARC COSTA (*) Alberto J. SosaDiciembre
2010 Aquí comentamos el libro de Darc
Costa titulado “Fundamentos para o Estudo da Estratégia Nacional”, publicado
por la editorial Paz e Terra. El autor es ingeniero civil, doctor en
ingeniería de producción y durante muchos años fue funcionario de carrera del
Banco Nacional de Desenvolvimento Económico e Social (BNDES) del Brasil al cual
ingresó por concurso en 1975. En el periodo 2003/04 fue vicepresidente del
BNDES acompañando la gestión del profesor Carlos Lessa. Actualmente desempeña
diversas actividades académicas como conferencista de Durante su etapa como coordinador de Según expresa Darc Costa en la presentación de su libro, el mismo es
resultado de la experiencia que tuvo como Coordinador del Centro de Estudios
Estratégicos de El autor aclara que este trabajo está dirigido especialmente al funcionario
o “servidor público” sea este civil o militar, sea un político o un simple
ciudadano interesado en las causas nacionales o en participar en discusiones
sobre estrategia nacional. Costa no se dedica a observar y analizar el mundo como si fuese exclusivamente
un mercado en el que se intercambian bienes, servicios y capitales, sino que lo
considera fundamentalmente como un espacio en que se desarrollan los seres
humanos portadores de sueños. El autor estima que el mayor de ellos es el que
trasciende al individuo y penetra y contagia lo colectivo: en estas tierras, el
sueño es la construcción de una nación que no es únicamente la brasileña sino
la suramericana. Una de las ideas liminares de Costa es que la dinámica del proceso de
avance de la civilización puede resumirse en que “toda periferia busca el
centro y toda barbarie busca la cultura”. Aún hoy como todos los que alcanzaron
el centro, Brasil y América del Sur, son consideradas bárbaras y periféricas.
Por ello a estos países se les presenta el dilema de resignarse a ser
dependientes o eventualmente contestadores o críticos o procurar alcanzar el
centro. El trabajo de Darc está guiado por esta última opción. Por ello, el
autor opina que para un país como Brasil
y también para el resto de los países suramericanos es fundamental estructurar
un pensamiento o discurso sobre estrategia nacional y Regional. A continuación realizamos una sumaria presentación de las que estimamos
principales ideas de Darc Costa en este libro. América del Sur: el primer
paso de la estrategia brasileña es plantearse la cooperación suramericana.
Brasil
conformó Cuando
aconteció la independencia de las Américas, la contraposición entre Brasil
optó por la visión inglesa, por la doctrina anglosajona de América, porque
estaba cercado por un cordón de países hispánicos -desde el Tratado de San
Ildefonso- y veía en Europa, luego del Congreso de Viena, a una amenaza que
procuraba recolonizar al continente. Por ello, abandonó el sueño español, la
utopía de Bolívar y la visión de una unión de los pueblos de América
meridional, que dicho sea de paso se perdió
con la división de Sin
embargo, ¿en esta etapa histórica (se interroga el autor), como terceros
interesados y América portuguesa, no nos cabe mudar de posición, abandonando la
posición pendular reconstruyendo el sueño de Bolívar, procurando la integración
con los demás países de origen ibérico? Darc Costa
dictamina que la respuesta es afirmativa y pasa obligatoriamente por el proceso
de cooperación suramericana, indispensable para la integración de América del
Sur. Considera que bosquejar y programar este proceso representa la mayor
prioridad de Brasil en términos de relaciones internacionales. Este es el
camino para la inserción de Brasil en el mundo. Esta conclusión no es autónoma
ni empírica y no fue hecha de forma aislada, es fruto de una reflexión profunda
que pasa por la evaluación del sistema económico y político mundial y de las
vulnerabilidades de Brasil delante de los demás países. Opina que el MERCOSUR
es la respuesta a algunas de dichas vulnerabilidades. Fue una respuesta inicial
que se inserta en nuestra concepción estratégica. ¿Y cuál es la concepción
estratégica del Brasil? Una
estrategia de desarrollo anclada en la cooperación suramericana. Costa
entiende que, desde el punto de vista geográfico, América del Sur es el mayor
continente del hemisferio Sur. Por esa posición geográfica, Brasil y América
del Sur es el continente donde están localizados los mayores recursos
estratégicos del mundo: agroalimentos, energía, minerales y agua dulce. Además
el mercado potencial latente de bienes industriales es otro patrimonio de Según
Costa -y sintetizando su pensamiento- es preciso tener un proyecto de
desarrollo económico orientado hacia el continente suramericano para que se
pueda promover efectivamente la integración de todos sus países y conformar un
Megaestado que garantice su desempeño e inserción en el mundo, dentro de otro
contexto. El éxito del proyecto nacional brasileño pasa (se confunde) por una
integración Regional exitosa de América del Sur. Teoría del
retardo: el estudio acredita la importancia de la idea de la solidaridad nacional
y de la utilización del planeamiento gubernamental para construir una
alternativa, que posibilite edificar un espacio civilizado que pueda llegar a
suplantar la visión nacional o las respectivas visiones, tradicionalmente
hegemónicas en nuestros países. A pesar de la campaña contraria que ha sufrido
el planeamiento gubernamental fue, y posiblemente sea, un instrumento al
servicio de la actuación del Estado nacional o de conglomerados como el
MERCOSUR o Señala Costa que, cuando se analiza la formación de la vida social y
política de las civilizaciones y de los pactos que en ellas se procesaron, se
puede extraer la siguiente enseñanza: la importancia de la fe, de la voluntad
conciente y de la razón para el avance de cualquier movimiento exitoso del
género humano. Si se estudia la etapa comprendida entre la caída del Imperio
Romano y la actualidad no es difícil colegir que los pactos conducen a la formación
del Estado. Costa no comparte el pensamiento relacionado con la existencia de
sociedades dependientes, teoría que Cardoso y Faletto y otros intentaron y aún
intentan divulgar. Estima que existen sociedades retardatorias o rezagadas,
cuya característica fundamental es el retardo. El autor tampoco comulga con la teoría de la modernización de Rostow que
divide a las sociedades humanas en modernas y atrasadas, considerando que éstas
alcanzarán el nivel de aquéllas a través del desarrollo impulsado fundamentalmente
por las fuerzas del mercado y la inversión y “ayuda” extranjeras. Los economistas clásicos fueron los que abordaron el estudio de la
economía con una visión que se asentaba en la especialización y el mercado.
Deseaban determinar las causas del crecimiento de la renta nacional a largo
plazo y descubrir el proceso por el cual se daba el mismo. Estimaban que si
cada miembro de la sociedad fuese libre para buscar sus propios intereses se
tendría como resultado un orden económico armonioso y benéfico. La famosa “mano
invisible” que aseguraba el objetivo. Una mayor división del trabajo inducía a
la especialización y esta conducía a un aumento de la destreza de los
trabajadores, a una reducción del tiempo necesario de producción y a la
invención de mejoras en el proceso productivo. Para los economistas clásicos la
principal característica del desarrollo es la acumulación del capital y su
visión prospectiva se apoyaba en la teoría de los rendimientos decrecientes y
el principio maltusiano de la población. Asimismo, defendían la idea de la
intervención mínima del gobierno y pensaban que así se estimularía el
desarrollo económico. La primera reacción a las tesis económicas difundidas por los ingleses,
en especial por el liberalismo económico, fruto de la primacía de su proceso de
industrialización, se produjo en los EUA. Esta contestación produjo una nueva
forma de conducción de los negocios públicos por el Estado nacional. Alexander
Hamilton (1755/1804), Secretario de Hacienda del gobierno de George Washington,
redactó tres Informes: El Crédito Público; El Banco Nacional; y Asuntos de las
Manufacturas. En éste último trabajo rechazaba la visión de la “espontaneidad
económica” presente en las tesis inglesas y reivindicaba la necesidad de
promover y proteger la industria por razones de seguridad nacional. Más adelante le tocó al alemán Friedrich List (1789/1846) contestar a las
doctrinas económicas inglesas cuando abordó las cuestiones del desarrollo
económico, dentro de un sistema nacional de economía política, justificando la
intervención gubernamental en razones de desarrollo, de seguridad nacional y
justicia social. En este caso, el crecimiento o desarrollo económico no era
resultado de la mano invisible “de las fuerzas naturales” del mercado, sino de
la intervención gubernamental y la planificación. Según el autor, al país retardatorio se le presentan las siguientes
posibilidades: ser dependiente o ser contestador. Expresar esto es relevante,
pues la visión de la dependencia, que aún cuenta con defensores en la
intelectualidad contemporánea, crea obligatoriamente una ligazón subordinada
entre las sociedades y las traslada a los Estados nacionales. El Estado nacional existe quizás como el mejor instrumento, ya concebido,
para romper la distancia entre las sociedades. Si se minimiza al Estado -en una
situación de dependencia- no se llega a buen puerto, en términos de bienestar
para las respectivas poblaciones. La idea del Estado es un concepto elaborado,
ya que presupone caminar por una línea continua de ideas, a través del tiempo y
del espacio, que conecta a las hordas con las grandes potencias. El Estado
constituye el resultado de soluciones silenciosas y progresivas de cuestiones
que surgen de pugnas y conflictos que atraviesan la convivencia humana. Sea que
haya resultado de la imposición del más poderoso y por lo tanto derivado de la
racionalización de las desventajas; sea que derive de la composición o acuerdo
de las voluntades y resulte de la
racionalización de las ventajas. El pacto es ante todo un producto de la razón. La línea que conecta a las
hordas con la sociedad actual es un continuo de pactos. El Estado es la
estación más reciente de la citada línea de acuerdos, por lo tanto conocer a un
determinado Estado nacional es conocer la historia de la razón y de los
sucesivos pactos que han saldado conflictos. Nada explica mejor la dinámica del proceso de civilización que la
constatación de su retardo y de las rupturas provocadas por la acción del
hombre. Hay acciones que desencadenan el desorden y otras que, después de una
ruptura, restablecen el viejo orden o establecen uno nuevo, en otro nivel,
dando inicio a otro desorden. Por ello el autor y utiliza ciertos conceptos en un sentido figurado como
“centro y periferia” y “cultura y barbarie”, expresando que ningún país
eterniza su dominación o hegemonía sobre los demás. Con razón cita el ejemplo
de la dominación persa en un momento en que Grecia formaba parte de la
periferia y era considerada bárbara. Luego Grecia devino hegemónica y “culta”,
sitial del cual fue desplazada por Roma y ésta por el Imperio de Bizancio, el
cual fue reemplazado a su vez por la dominación musulmana. Después continuó el
turno de sucesivas dominaciones con sus respectivos centros culturales
hegemónicos, como aconteció con la península ibérica, Inglaterra y los Estados
Unidos de América. El futuro es
incierto. Estos ejemplos muestran de manera didáctica el predominio o hegemonía
transitoria de una determinada elite durante el proceso de avance de una
determinada cultura y la ruptura o establecimiento de un nuevo orden u otros
regímenes, en el devenir del proceso. La simplificación arriba consignada, permite concluir que la dinámica del
proceso de avance de la civilización que Darc Costa denomina como teoría del
retardo, puede resumirse de la siguiente forma: determinada periferia busca el centro y cierta barbarie
busca la cultura. Existen y existieron determinadas sociedades y culturas que
construyeron identidades de resistencia basadas en principios opuestos o
diferentes a los que impregnan las instituciones hegemónicas. También
existieron y existen, aunque en menor medida, sociedades y culturas que
elaboran identidades de proyecto, basándose en los materiales culturales de los
que disponen, procurando mudar su posición en el contexto contiguo o en el
mundo y al hacerlo buscan transformar la estructura social. El centro ejerce sobre la periferia dos roles: el de rechazarla o
articularla. El centro es frecuentemente estático, no se traslada y carece de
dinámica, atributo éste casi exclusivo de la periferia. El centro siempre debe
ser visto como un castillo asediado que puede llegar a ser ocupado y en esta
hipótesis el centro es desplazado. Cuando el centro actúa como expulsor desarrolla la capacidad de repeler
lo que Costa llama fuerzas del atraso o del avance, que son consecuencia de la
búsqueda del centro por parte de la periferia. Dentro de estas fuerzas cita a
la migración, al comercio, al flujo de ideas, etc. Cuanto más éxito tiene el
centro en el rechazo de dichas fuerzas, mayores son sus posibilidades de
conservar o consolidar su sitial de privilegio. Como articulador, el centro desarrolla la capacidad de organizar a las
fuerzas caóticas que existen en la periferia, representándolas o
interpretándolas, procurando minimizar su resultado a una suma cero que, muchas
veces, contribuye al ejercicio de su rol de actor que rechaza o contradice a
los otros. La cultura ejerce sobre la barbarie, entre otras, las siguientes
acciones: la de atraer y la de organizar. Cuando atrae, opera movilizando a las
demás sociedades produciendo la atracción o absorción de la periferia. Cuando
organiza, conduce a la barbarie de acuerdo a los intereses del centro. La
ruptura de este proceso acontece cuando la periferia tiene fuerza suficiente para
imponerse. No se trata de un determinismo histórico. No toda periferia está
predestinada a llegar al centro, así como no toda barbarie está destinada a
llegar a la cultura. Puede decirse que es un fenómeno, dice el autor, de
naturaleza similar a la fecundación: la búsqueda no implica materialización.
Así como solamente el espermatozoide más competente consigue fecundar al óvulo,
la barbarie más competente es la puede provocar la ruptura. La barbarie más
competente impone su cultura y sus intereses. El primer paso para devenir
competente es no ser conformista y no aceptar ser dependiente. Principio del tercero interesadoLa
condición de neutralidad no existe. Toda observación conduce a una opinión.
Toda intención constatada, toda acción emprendida, aún cuando uno no se
involucre, demanda siempre un dictamen. La
estrategia es un instrumento de mediación que se procesa o desarrolla entre
seres racionales y desde esta óptica la neutralidad es algo imposible. Esto
ocurre por el hecho de que todo ser racional, al constatar un proceso de
mediación en curso, aún cuando no esté inserto en el mismo, tiene una opinión y
su consecuente posicionamiento. Esto se da tanto en la cooperación, como en la
competición o el conflicto. Durante el
devenir histórico, se puede constatar que
la no inserción directa en una competencia o conflicto es una posición
ventajosa y a veces estratégica. Esta es
la posición que Costa denomina del tercero interesado. Fue el caso de
Inglaterra, cuando Holanda impugnó a La
posición del tercero interesado actúa en diferentes gradaciones: va desde la
posición de un mero observador interesado
hasta la de un actor secundario o de reparto. Estos matices varían y/ o
reflejan necesariamente el tiempo intenso de la mediación. La ventaja de una
pretendida neutralidad reside en el hecho de que no siendo la participación
central y sí marginal, se incurre en riesgos menores y se obtienen mayores
grados de libertad comparados con los actores directos de la mediación. Esto
permite formular el siguiente principio para una apropiada estrategia: buscar siempre la posición de tercero
interesado. En la
dialéctica que se establece entre el centro y la periferia y entre cultura y
barbarie, con el propósito de avanzar adecuadamente en este proceso, se tendría
que buscar la posición del tercero interesado, manteniendo la libertad de
transitar de acuerdo con los propios intereses. No se es centro, aunque tampoco
se es periferia. No se es culto, pero no se es bárbaro. La aparente neutralidad
no nos coloca como periférico, a pesar de serlo. Tampoco nos coloca en el rol de
bárbaro que no se asume en esta situación. La pretendida neutralidad, evita el
choque directo, la confrontación abierta. Si bien la contestación es necesaria,
no es suficiente. Siempre es mejor tener algún actor que asuma directamente la
posición de impugnador o contradictor. En el
comienzo de todo nuevo centro, se encuentra o está la otrora barbarie. La
civilización prosigue y el conocimiento acumulado permanece. La cultura es
universal y es resultado de un proceso de acumulación de conocimiento forjado por
la historia. Este
choque entre periferia y centro exige desde el lado de la barbarie una acción
ordenada para procesar la ruptura. Esa acción resulta de los pactos que se
procesan en el ámbito de las sociedades periféricas. Hoy, dada la complejidad
de las cuestiones señaladas por el autor esos pactos sólo podrían procesarse en
el ámbito del moderno Estado nacional y se tornarían viables por la
articulación colectiva expresada en una concepción estratégica y el montaje de
una voluntad colectiva. En tiempos de Regionalización es conveniente que esta
concepción estratégica nacional pueda insertarse en un Megaestado suramericano.
En este sentido, la política externa, deviene entonces un factor principal de
ordenamiento de la concepción estratégica nacional. Planeamiento
nacional
Darc Costa estima que cabe reflexionar sobre cómo determinados países de la periferia, por ejemplo, los del Cono Sur o de América del Sur pueden oponerse durante el inicio del siglo XXI al mantenimiento de la hegemonía vigente. En este sentido, observa que existe una dualidad primitiva del hombre con la naturaleza. La pregunta que se formula es quién conduce el proceso civilizador: ¿el hombre o la naturaleza? Cuando se inició el siglo XIX, esta demanda se había transformado en una dualidad
que oponía el orden racional a la ley natural. Aquél resultaba tanto de la
capacidad acreditada por los pensadores franceses de dar a la naturaleza una
descripción intelectual satisfactoria, como a la posición de la escuela
filosófica alemana, en especial Hegel, que veía en el hombre, en su espíritu y
razón, al demiurgo de la civilización y el progreso. Como se dijo más arriba,
la escuela inglesa ratificaba la fuerza “natural” del mercado y la necesidad de
evitar la intervención gubernamental. Los Estados nacionales modernos, por más que pueda decirse lo contrario,
casi nunca abandonaron la posibilidad de estructurar o darle forma al mercado,
así como la opción por la intervención de la voluntad política. Cuando se opta por la intervención, ésta opera sometida a los
determinantes de todos los procesos humanos, es decir al tiempo y al espacio.
La intervención se configura en un determinado tiempo y espacio y busca casi
siempre un fin a ser alcanzado y para ello precisa disponer de medios. La intervención se procesa de dos formas. La primera yuxtapone al hombre
con la naturaleza y tiene como mediación al trabajo; después al trabajo y a la
ciencia; y más recientemente al trabajo, a la ciencia y a la información. El
segundo tipo de intervención, es la que relaciona al hombre con el hombre y es
mediada por la estrategia. La mediación es la acción estratégica que se procesa entre los hombres o
las sociedades a través de una intervención. Algo que se expresa en este
análisis es el presupuesto racional de una intervención que envuelve o
desarrolla una acción colectiva siguiendo los senderos de la cooperación, de la
competición o del conflicto. O sea que toda mediación es una estrategia. Cuando se analiza el proceso de intervención, se observa que se la puede
representar como un triángulo indisoluble, cuyos vértices son: el poder, la
política y la estrategia. La política es el arte de establecer objetivos interpretando intereses y
aspiraciones y de orientar las acciones hacia la conquista y preservación de
los citados objetivos. La estrategia es el arte de preparar y aplicar los medios para conquistar
y mantener los objetivos pretendidos. El poder es la expresión o conjunción integrada de los medios o recursos
de que se dispone para conquistar y/ o mantener los objetivos pretendidos. La idea de la intervención se desarrolla sobre un tiempo y un espacio y
tiene que ser planeada. Por ello, toda intervención es una acción conciente,
racional y planificada y es resultado de la voluntad y del conocimiento. El citado triángulo indisoluble de la intervención, cuando se posiciona a
escala nacional articula a la política, a la estrategia y al poder nacional. (*) Darc
Costa. “Fundamentos para o Estudo da Estratégia Nacional”. Editora Paz e Terra
S. A. Sao Paulo 2009, 600 páginas. |