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POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO
RADICAL (1983/86) Alberto J. Sosa
Septiembre de 1987
1.- INTRODUCCIÓN La Argentina anglófila y
anti-estadounidense dentro del sistema panamericano y aislacionista respecto de
América Latina, había perdido en 1930, no sólo su estabilidad institucional
sino la inserción internacional que le imprimieron sus sectores dominantes
alrededor de la década del 80 del siglo XIX.
Desde aquél momento, comenzó su declinación según las estadísticas que
reflejan el ranking de los Estados del mundo. Recurrentes golpes militares, con sus secuelas de
proscripciones populares y lecturas simplistas y regresivas del sistema mundial
agravaron el zigzagueo de las relaciones exteriores del país. A partir de los 60’ (siglo XX), los sucesivos gobiernos, casi
sin excepción, adhirieron a lecturas obsoletas de la realidad internacional. A
pesar del proceso de descolonización y la coexistencia entre las grandes
potencias, los sectores dirigentes argentinos- en modo especial sus Fuerzas
Armadas (FFAA)- se abrevaron en esquemas tipo “doctrina de la seguridad
nacional” (DSN) y en políticas de poder subRegionales que las condujeron a
sustantivar problemas de seguridad doméstica y también de carácter territorial. Durante sus siete años de gestión, el último gobierno militar
llevó al país al descrédito y aislamiento internacionales. Los criterios
geopolíticos que guiaron su actuación en Cono Sur, la violación de los derechos
humanos y la fallida acción malvinense fueron los datos que emblematizaron la
erraticidad y parroquialidad de sus
relaciones exteriores. El contexto internacional en el que desenvuelve su gestión
internacional el Gobierno Radical es complejo. Del conjunto de conflictos
existentes, aquí consideramos aquellos tres que se nos ocurren de mayor
entidad. El primero es el que involucra a Estados Unidos de América
(EUA) y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en el nivel
diplomático estratégico global. Dicho conflicto ha recrudecido debido a la
política militarista desplegada por la Administración Reagan, a través de la
Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), que pretende militarizar el espacio
ultraterrestre, a pesar de la legislación vigente en la materia a escala
internacional global. Un segundo grupo de contradicciones es el que experimenta el
mundo capitalista en su interior, ya que la superioridad económica, financiera
y tecnológica de EUA ha sido sometida a prueba por los países de Europa
Occidental (CEE) y por Japón. Por último, el núcleo
de contradicciones que enfrenta a países y pueblos del Tercer Mundo con el
conjunto de países desarrollados de economía de mercado, que diseñaron el orden
mundial de la segunda posguerra, en momentos en que los primeros estaban sujetos,
en su mayoría, a una dominación de carácter colonial. Dentro de este marco internacional intentamos analizar las
relaciones exteriores argentinas, durante la primera mitad de la gestión del
Gobierno Constitucional. Si bien las relaciones exteriores
argentinas involucran una enorme cantidad de temas, problemas y países, optamos
en este primer abordaje por algunos de ellos. Así es que sistematizamos las
acciones desarrolladas con relación a Europa Occidental, EUA , la URSS,
participación argentina en el Movimiento de No Alineados (MONOAL), el Grupo de
los Seis, Contadora y Grupo de Apoyo, Atlántico Sur, Acuerdos Argentina –
Brasil y Consenso de Cartagena. Al referirnos a las relaciones exteriores, consideramos
únicamente las estrategias diseñadas desde el Ministerio de Relaciones
Exteriores, ya que no nos ocupamos de las acciones desplegadas en este ámbito
por actores privados u otros de carácter estatal. Concluimos el trabajo formulando consideraciones sobre la
inserción internacional del país y en relación con los Estados, entidades,
problemas y temas aquí abordados. 2.- RELACIONES CON EUROPA
OCCIDENTAL El Gobierno Radical puso sus expectativas en una relación
satisfactoria con los países de Europa Occidental, que le permitiera balancear
sus vínculos con EUA y encontrar un contexto favorable para el encauzamiento de
sus problemas económicos. El restablecimiento de la democracia y la política de
promoción de los derechos humanos, pronosticaron una recomposición de la
relación, que se había deteriorado durante la última dictadura militar. El enjuiciamiento de las tres primeras juntas militares de la
última dictadura -responsables del terrorismo de Estado- y la adhesión
argentina a una serie de convenciones internacionales -que garantizan un
estándar mínimo de protección y respeto de los derechos humanos-, constituyeron
el núcleo de la recomposición de la relación. En una primera etapa de su gestión, el Gobierno Radical
confió en la “comprensión” de algunos países de Europa Occidental (Francia,
Italia, España, etc) como forma de apoyo y solidaridad operativa hacia la
restablecida democracia. Sin embargo, el resultado de la primera gira efectuada
por el Presidente Alfonsín a Europa Occidental y el consejo del entonces
Ministro francés de Relaciones
Exteriores (Cheysson): “antes que nada, Uds. deben negociar con el FMI”,
desvaneció la esperanza de que se produjese una fisura dentro del universo
acreedor, que pudiese ser aprovechada por el Gobierno argentino1. La “alternativa europea” resultó, en el tema deuda externa,
un mito, ya que no pudo utilizarse para hacer frente a exigencias de la banca
privada transnacional. La unidad y homogeneidad del universo acreedor devolvió al
Gobierno argentino a la realidad de tener que negociar, en condiciones
asimétricas, con la banca privada, previo paso por el FMI. Por otra parte, en el comercio agrícola, no se produjo cambio
alguno a favor de los intereses argentinos, a pesar de su recuperación
institucional. Desde hace años la Comunidad Económica Europea (CEE) mantiene una
política agrícola de subsidios y discriminación hacia la Argentina. La misma se
agudizó recientemente, ya que dicha política comunitaria a través del dumping
conquista terceros mercados en perjuicio de nuestro país. A pesar de la complicidad de los gobiernos de los países
europeos -miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)-
con la política de militarización desarrollada por el gobierno británico en el
Atlántico Sur (v.g. fortaleza Falkland), el Gobierno argentino mantuvo una
relación amistosa con ellos, dada la comunidad ideológica existente. Respecto
al tema Malvinas logro que países que callaron ante la política de poder del
Reino Unido en el Atlántico Sur, modificaran el sentido de su voto en la
Asamblea General de Naciones Unidas (v.g. Francia). Quizás contribuyó a ello el
menor nivel de reclamos de Argentina en este tema y el prestigio de su
democracia. Las posturas asumidas en relación con otra conflictiva zona
de América Latina, la centroamericana, fue lugar de coincidencias entre
el Gobierno argentino y algunos gobiernos de Europa Occidental. Por lo menos,
en aspectos relacionados con una solución político- diplomática del problema. Otro tema que relacionó a Argentina con Europa Occidental es
su eventual participación en el Plan Eureka2, en proyectos que involucran a los sectores de
biotecnología, telecomunicaciones, tecnología de la información, robótica y
técnicas avanzadas de fabricación industrial, nuevos materiales, tecnologías
marinas y técnicas de control del medio ambiente. 3.- RELACIONES CON EUA A diferencia de los 60’, en que EUA hizo de la díada
“desarrollo- seguridad” el eje de su política exterior hacia América Latina, en
los 80’ transformó su discurso poniendo el acento en la “democracia y la
seguridad”3. La Administración Republicana simula
desvincular a EUA de los conflictos de América Latina y resto del Tercer Mundo, a través de la concepción y
aplicación de la doctrina de los conflictos de baja intensidad (CBI)4. La estrategia de los CBI, se implementa
a través de distintas modalidades. La primera es a través del apoyo financiero,
logístico, armamentista, etc. que el Gobierno de EUA suministra a grupos
armados restauracionistas5. La
segunda, es la utilización de fuerzas de rápido despliegue 6
y la tercera, la contrainsurgencia clásica7. Con relación a las democracias,
recientemente instaladas en América Latina, la derecha estadounidense mixtura
un discurso “anticomunista” con otro apologético de la “democracia”, de modo
que las únicas “democracias posibles” son aquellas que no colisionen con los
intereses de EUA, manteniéndose dentro de las líneas de borde que les impone la
política imperial. Conforme a este enfoque, la crisis ya no se resuelve a
través del “desarrollo económico”, sino por medio del “ajuste estructural”
(Plan Baker) y de “democracias controladas”, que garanticen la gobernabilidad y
el pago del servicio de la deuda externa. Coincidiendo con la primera visita
oficial del Presidente Alfonsín a EUA (Septiembre 1984) y fracasada la
“alternativa europea”, el Gobierno argentino emprendió el “giro realista” de su
política exterior. El Presidente argentino, dejó en claro que las dos áreas
geográficas prioritarias de la política exterior eran EUA y América Latina. De
estos dos ejes la relación con EUA constituía el continente de sus relaciones
exteriores ya que se desechaban posturas que
confrontasen al país con la potencia imperial. Al tomar esta decisión
-de alineamiento no automático-, el Gobierno argentino evaluó que ninguna
democracia latinoamericana puede sobrevivir, si confronta con EUA. Por lo
tanto, los márgenes autonómicos de las relaciones exteriores argentinas debían
procurarse dentro, pero nunca fuera, del sistema impuesto por el hegemón. El Gobierno Constitucional se propuso
obtener una “relación madura” con la potencia hegemónica, garantizando a sus
sectores dominantes una conducta previsible ante determinados temas y
problemas. Esta conducta excluía la erraticidad del último Gobierno militar.
Para caracterizar el perfil de este tipo de vinculación se ha dicho que “con
EUA hay coincidencias ideológicas y discrepancias metodológicas”. Existe un nivel
de coincidencias ideológicas (defensa de la democracia pluralista, respeto de
los derechos humanos, protección a la propiedad privada) y un nivel de
discrepancias en la metodología, cuando se instrumentan decisiones para
implementar valores compartidos.8 Sin embargo, temas como
endeudamiento externo, usos pacíficos de la energía nuclear, comercio con la
URSS, los subsidios agrícolas, Malvinas y el Atlántico Sur, el conflicto
centroamericano y el Operativo Unitas, puntos sobresalientes de la agenda
bilateral, parecieran, por lo menos en el corto y mediano plazo, no favorecer
un mayor acercamiento en las
posiciones. 4.- RELACIONES
CON LA URSS La complementariedad de los exportables
agrarios argentinos con las necesidades de la economía soviética se manifestó
ya en los 70’. El Presidente Lanusse suscribió un convenio comercial con la
URSS (cfr. Ley 19.549); el Gobierno Justicialista, a su vez, firmó (13 Febrero 1974) un acuerdo sobre el desarrollo
de la cooperación económico- comercial y científico- técnica que fue aprobado y
promulgado por la última dictadura militar
(cfr. Ley 21.614). El gobierno militar, efectuó a la URSS
ventas significativas de commodities agrícolas (1980), con un balance comercial superavitario para la Argentina. Durante la gestión radical, esta
situación se mantuvo. Las ventas que la URSS efectuó a gobiernos de
provincias no modificaron el saldo favorable a la Argentina (v.g. Chaco).9 A pesar de
que las prioridades del Gobierno Radical en materia de relaciones exteriores
son EUA y América Latina, el Dr. Caputo (1985) y el Dr. Alfonsín (1986) se
convirtieron, respectivamente, en el primer Canciller y el primer Presidente
argentinos que visitaron oficialmente la URSS. Durante el viaje del
Canciller Caputo a la URSS se suscribieron, entre ambos países, convenios sobre
cooperación cultural y científica; sobre venta de cereales argentinos para el
periodo 1986/1990; y se intercambiaron cartas reversales sobre suministro de
máquinas y equipos soviéticos a la Argentina,
en igual lapso. El convenio sobre
cooperación pesquera con la URSS suscripto (y aprobado) por el gobierno
argentino10 colisionó con la
decisión británica de decretar una “zona de conservación y protección
pesquera”, alrededor de las Malvinas. Dicho convenio, tiene como objetivos
recoger el espíritu de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho
del Mar y reactivar la producción y el trabajo pesquero domésticos. La
instrumentación del mismo se realizará mediante asociaciones empresariales
binacionales, que operaran bajo la forma de joint ventures. La URSS aportará
tecnología y capitales para la promoción de la producción y de las
exportaciones pesqueras. En este último tema,
como en los más importantes de la agenda de la política exterior argentina
-deuda externa, Atlántico Sur, conflicto centroamericano, estabilidad
institucional, búsqueda y resguardo de la paz y seguridad internacional,
Acuerdo Argentina-Brasil-, no existen intereses contradictorios con la URSS. La relación argentino-
soviética, mantuvo una continuidad que manifiesta la existencia de intereses
complementarios, al margen de las diferencias ideológicas. 5.- PARTICIPACIÓN
ARGENTINA EN EL MONOAL Desde sus orígenes,
el MONOAL, actúa como foro de los países y pueblos del Tercer Mundo, en el
sistema internacional. Asimismo, contribuye a que formulen un diagnóstico y
plan de acción propios de y para los asuntos mundiales para alcanzar la distensión, el establecimiento
de un Nuevo Orden Internacional y el respaldo a los Movimientos de Liberación
Nacional y Social.11 El Gobierno, a través
de diversos discursos del Ministro de Relaciones Exteriores, reivindicó el
carácter de país occidental, no alineado y en vías de desarrollo de la
Argentina.12 El no alineamiento
argentino se define a partir de la no pertenencia del país a ninguna de las dos
grandes alianzas militares existentes en el mundo (OTAN y Pacto de Varsovia),
omitiendo toda referencia a su condición de Estado Miembro del Trabajo
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), primer pacto militar de la
guerra fría y a las ligazones que vinculan a las FFAA argentinas con las de
EUA, a través del Memoradum de Entendimiento de 1964, que se inscribe dentro
del clima de guerra fría.13 Según el
discurso oficial, la “occidentalidad” ideológica del país se morigera con su
pertenencia al MONOAL (no alineado) y al Grupo de los Setenta y Siete (Foro
Económico-Comercial de países en vías de desarrollo). El papel desempeñado
por los sucesivos gobiernos argentinos en el MONOAL fue desdibujado (1964:
Observador y 1973: Miembro Pleno), ya que su participación se orientó hacia
temas puntuales que hacían a su particular interés (v.g. Malvinas, alto Paraná,
Antártida)15. Por su parte, la
errática conducta de la última dictadura militar desacreditó a la República
Argentina dentro del MONOAL.16 El debut del Gobierno Radical en el
MONOAL se produjo en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de Luanda
(Septiembre 1985), a la que concurrió el Canciller Caputo. Su agenda de trabajo
reivindicó los contenidos fundacionales del Movimiento y el rol “moderado”,
racional y previsible de la política exterior argentina. De este modo,
contribuyó a relajar el aislamiento en que la dictadura militar había dejado
sumido al país, involucrándose en problemas que otrora se consideraban extraños
al interés nacional. Los problemas del Africa Austral (Namibia, Apartheid,
etc.) y de América Central dejaron de percibirse como propios del conflicto
Este- Oeste, para abordarse desde una
óptica distinta de la Doctrina de la
Seguridad Nacional y de las “fronteras ideológicas”. Si bien el tema
Malvinas fue prioritario para Argentina en este Organismo, se lo desvinculó de
la problemática global del Atlántico Sur.17 El endeudamiento
externo fue propuesto como tema de debate. A pesar de los reparos opuestos por
algunos países miembros18, se
celebró en Lima (Noviembre 1986) una Reunión de Ministros de Países del MONOAL,
en la que se intercambiaron ideas y experiencias sobre la deuda externa en
diversos países del Tercer Mundo. El Gobierno Argentino
declinó un ofrecimiento para ser país sede de la próxima Cumbre de MONOAL
(1989) y ocupar su Presidencia, en el turno siguiente, con el no declarado
propósito de no romper el “delicado equilibrio”, derivado de su doble condición
de “occidental y no alineado”.19 En la 8ª. Cumbre de
Jefes de Estado y de Gobierno del
MONOAL, realizada en Harare (1986), el Gobierno Argentino, que ya había roto
relaciones diplomáticas con el régimen racista sudafricano, se comprometió a
brindar asistencia alimentaria y financiera a los países de la “Línea del
Frente” y a los Movimientos de Liberación de Sudáfrica y Namibia, mediante su
participación en el “Fondo Africano”.20
En esta Cumbre, el Gobierno Argentino se opuso a la candidatura de Nicaragua
para la Presidencia de la Cumbre de 1989, evitando “discusiones prematuras”.21 El Ministerio
de Relaciones Exteriores jerarquizó el nivel otorgado al MONOAL ya que la
“Oficina” que funcionaba en la Cancillería se transformó en “Dirección”. 6.- PARTICIPACIÓN ARGENTINA EN EL GRUPO DE LOS SEIS. Dentro de su
política de búsqueda y resguardo de la paz y seguridad internacional, el
Gobierno Argentino se incorporó, en carácter de miembro pleno, a una serie de
reuniones internacionales, junto a los jefes de Estados o de Gobiernos de
México, la India, Tanzania, Suecia, y Grecia, en la “Iniciativa de los Cinco
Continentes para la Paz y el Desarme”. El Presidente Argentino definió al Grupo
de los Seis (G-6) “como un movimiento de opinión en contra de la carrera
armamentista ... no como terceros mediadores del problema, sino como defensores
de nuestros propios derechos...”22. La
Iniciativa del G-6 tiene dos objetivos, en el corto y mediano plazo. Uno de
ellos está relacionado con la inmediata suspensión de los ensayos, producción y
emplazamiento de armas nucleares y de sus sistemas de lanzamiento23. Dicha moratoria “no debe ser un fin en
sí mismo ya que debe seguirse inmediatamente de reducciones sustanciales de las
fuerzas nucleares que permitan alcanzar un desarme general y completo”24. Para ello se propone un sistema de
inspección y vigilancia - en caso de una hipotética moratoria conjunta de URSS
y EUA - como medio verificación de la suspensión de los ensayos.25 El otro
objetivo, está vinculado a la prevención de la carrera de armamentos en el
espacio ultraterrestre, ya que éste “pertenece a la humanidad y como
beneficiarios de esta herencia común a todos los hombres, nos oponemos al mal
uso del espacio ultraterrestre de nuestro planeta para fines destructivos”.26 En respuesta al
llamamiento del G-6, la URSS suspendió unilateralmente los ensayos nucleares.
Mientras tanto el Gobierno de EUA, prosiguió con dichas pruebas. También
fueron distintas las actitudes de las superpotencias con respecto a la
militarización del espacio ultraterrestre. Mientras el Gobierno de EUA insiste
con su IDE, el Gobierno de la URSS se opone a este proyecto. Los
documentos emitidos por el G-6, reivindican el derecho a la autodeterminación
de los pueblos, el respeto al orden jurídico vigente, el fortalecimiento del
Sistema de Naciones Unidas, el derecho a la paz, a la vida y al desarrollo. Se
considera que un mundo libre de amenazas nucleares y de armamentos, permitirá
un racional aprovechamiento de los “recursos de la tierra, de modo tal que cada
pueblo pueda gozar de una vida segura y digna en un sistema internacional libre
de guerras y basado en la paz y en la justicia”.27 7.- PARTICIPACIÓN ARGENTINA EN EL CONSENSO DE CARTAGENA El orden
financiero- monetario internacional establecido en Bretton Woods -por los
Estados capitalistas desarrollados- experimentó cambios en los 60’ y 70’ a
través de la acción desplegada por la banca privada, que complementa a los
organismos multilaterales de crédito (BM- FMI), en su rol de proveedora de
fondos a los países del Tercer Mundo.28 La crisis en
las economías de los países capitalistas desarrollados, divorció a los
instrumentos de producción de los de financiamiento, poniendo término al ciclo
de crecimiento y bienestar de la segunda posguerra. En el Tercer
Mundo la crisis se tradujo en recesión económica, declinación de las condiciones
de vida y de trabajo de los sectores populares y un abultado endeudamiento
externo que opera como obstáculo principal a su recuperación y desarrollo. El
incumplimiento en la amortización de la deuda, por parte de los países
subdesarrollados, llevó a que los gobiernos de los países capitalistas
desarrollados, la banca privada internacional y el FMI- BM, diseñaran una
estrategia de negociación, caso por caso, previo acuerdo y auditoria del FMI,
que evidencia un tratamiento técnico- financiero del problema. El
endeudamiento externo fue uno de los ejes de la campaña electoral del Partido
Radical. Durante la misma, vaticinó que discriminaría entre deuda legítima e
ilegítima y que sólo reconocería a la primera. Durante la
gestión del Ministro de Economía
Grinspun, el Gobierno se mostró reacio a subordinarse a las pautas y criterios
de condicionalidad que el FMI impone a los países del Tercer Mundo. Consideró
que un Acuerdo con el FMI no debía subordinar el crecimiento económico del mercado
doméstico y el ingreso de los asalariados. El Canciller
Caputo (Enero 1984) concurrió a la Conferencia Económica Latinoamericana
(CELA), en la que se emitieron la Declaración y el Plan de Acción de Quito29 en los que se puntualizó la necesidad de
dedicar al pago del servicio de la deuda un porcentaje del ingreso por
exportaciones, siempre que no perjudicase la reproducción y crecimiento de la
economías nacionales. El Gobierno
Argentino se convirtió en uno de los mentores de la Reunión que -sobre el tema
endeudamiento- se celebraría en Cartagena de Indias (Julio 1984). En la misma
buscó infructuosamente respaldo para su proyecto de convocatoria de una Cumbre
Presidencial, que se abocase al tratamiento del tema y formulase propuestas
operativas. La Reunión
de Cartagena culminó con una Declaración que hizo hincapié en el carácter
político de la deuda externa, en la necesidad de abandonar su exclusivo
tratamiento técnico- financiero; en la corresponsabilidad acreedor- deudor; y
en la conveniencia de que el tema se abordase en una Reunión de Estados
deudores y Estados acreedores, banca privada transnacional y entidades
multilaterales de crédito. Asimismo, se
formularon críticas al alza de las tasas de interés; al proteccionismo y
dumping de los países industrializados de economía de mercado; al deterioro de
los términos del intercambio; y al drenaje financiero soportado por los países
de la Región.30 Cartagena,
continuadora de la Conferencia de Quito, congregó sólo a nueve países latinoamericanos,
en su mayoría, los más endeudados, excluyendo a países que se consideraron
“irritativos” para las altas finanzas internacionales (Cuba y Nicaragua). El
Sistema Económico Latinoamericano (SELA), organismo idóneo, por sus
antecedentes y objetivos, para el manejo de la cuestión de la deuda, fue dejado
de lado al crearse una instancia paralela. Reuniones
sucesivas realizadas en Mar del Plata, Montevideo y Santo Domingo no lograron
dar operatividad a las metas del Consenso de Cartagena. “Los Siete” países industrializados de
economía de mercado, en sus reuniones cimeras, desconocieron los reclamos y la
personería económico- diplomática del nuevo actor latinoamericano. Las
dificultades fiscales y financieras del plan Grinspun, añadido a su rechazo a
las tradicionales recetas del FMI, produjeron su desplazamiento. Así fue que
(Junio 1985), se inició otra etapa en la que, por medio de llamado “Plan
Austral”, se intenta poner coto a la inflación y al déficit fiscal modificando
la estrategia de negociación y de entendimiento con el FMI y la banca privada
transnacional. El fracaso
de la “conexión europea” -en el tema endeudamiento- produjo el acercamiento a
EUA y el abandono de los planteos de politización de la deuda. En este tema hay
que discriminar tres niveles de negociación. El primero, referido al manejo de
la deuda propia, en el que corresponde tener en claro que entre la declaración
unilateral de la moratoria y el pago puntual del servicio existe un espacio de
maniobra política que podría utilizarse, con la seriedad que el caso requiere.
Nuestro país ostenta una situación atípica, con relación a la generalidad de
los deudores del Tercer Mundo, ya que sus acreedores se domicilian en los
países industrializados de economía de mercado, mientras que la URSS es su
principal proveedora de divisas. Este divorcio existente entre el universo
acreedor y el proveedor de divisas, ofrece un espacio de maniobra política que
entendemos no ha sido aprovechado. En un
segundo nivel, el latinoamericano, podrían intensificarse las acciones
tendientes a transitar la ruta de la negociación colectiva, homogeneizando
pautas y criterios, para debatir el tema con el FMI- BM, con la banca privada
transnacional y con los Gobiernos de los países industrializados de economía de
mercado. El último
nivel, el internacional global, en el que el Gobierno podría perseguir la
materialización de los objetivos consagrados en los principales documentos
económicos del MONOAL, del G-77 y de la Asamblea General de Naciones Unidas,
relacionados con la participación del Tercer Mundo en la reestructuración del
sistema monetario- financiero internacional. Por otra parte, estimamos que
dicha reestructuración sólo es viable si se realizan concomitantemente transformaciones
políticas y sociales en las múltiples y diversas unidades estatales del Tercer
Mundo. 8.- PARTICIPACION ARGENTINA EN CONTADORA Y GRUPO DE APOYO Los sucesos
centroamericanos de fines de los 70’, produjeron un cambio en la relación de
los actores -estatales y no estatales- de la zona con EUA. La
influencia de la superpotencia occidental experimentó un enervamiento en una
zona situada en su ámbito hegemónico. Debe tolerar las acciones diplomáticas de
las Cancillerías de los Gobiernos de la Europa Comunitaria, del Gobierno de
Canadá y de los Gobiernos de los dos cuadriláteros diplomáticos
latinoamericanos (Contadora y Apoyo), en resguardo de la paz y seguridad zonal. Una
situación que en los 60’ hubiese resultado casi impensable, hoy evidencia una
relativa pérdida de influencia de EUA, respecto de otros actores estatales
occidentales. La XVII
reunión del Órgano de Consulta del Sistema Interamericano (1979), que debatió
la cuestión de la violación -por parte del Gobierno de Somoza-, a la obligación
internacional de respetar los derechos humanos, significó una derrota
diplomática de EUA ya que, en aquella Reunión, se resolvió reconocer la
autoridad del Frente Sandinista en Nicaragua y desconocer la del somocismo por
ilegítima31. La “Declaración franco-
mexicana” (1981) significó el reconocimiento del status político- diplomático
de la alianza del Frente Democrático Revolucionario- Frente Farabundo Martí
Liberación Nacional (FDR- FMLN) en El Salvador y la “ingerencia francesa en el
patio trasero de EUA”32.
Finalmente, la XX Reunión del Órgano de Consulta que debatió el tema Malvinas
(1982) resquebrajó, aún más, el Sistema Interamericano. La
Administración Republicana, esbozó un plan de acción para América Latina y el
Caribe (Documento de Santa Fe), tendiente a restablecer la hegemonía de EUA en el hemisferio americano. A partir de
1981, se instrumenta en Nicaragua, por parte de sectores gubernamentales
estadounidenses, la estrategia de los Conflictos de Baja Intensidad. Sectores
somocistas, desplazados del poder por la “revolución sandinista”, situados en
el sur de territorio hondureño y en el norte de Costa Rica, emprendieron
ataques relámpagos y sabotajes en el interior de Nicaragua, con el patrocinio
del Gobierno de EUA. A fin de
paliar la crisis descripta, los Gobiernos de México, Panamá, Colombia y
Venezuela -reunidos en la isla de Contadora (Enero 1983)- emiten, por
intermedio de sus Ministros de Relaciones Exteriores, un documento en el que
ofrecen sus buenos oficios a los países de América Central. Este mismo año el
Grupo de Contadora desarrolla un cronograma de actividades que comprende la
realización de un trabajo de campo que sirva de diagnóstico de situación, al
definir los principales temas de controversia33. Las
dificultades del Gobierno Conservador colombiano a nivel doméstico; la
agudización de las condiciones del endeudamiento de México y de Venezuela, por
la caída de los valores de los exportables petroleros y las presiones de EUA
-en su carácter de acreedor-; así como la presidencia de Barletta en Panamá,
desdibujaron el perfil de Contadora como un modelo latinoamericano de solución
de controversias.
Simultáneamente la Administración Republicana profundizó su
intervencionismo en Nicaragua, minó los puertos de Corinto y Bluffield; decretó
un embargo comercial sobre las exportaciones de Nicaragua hacia EUA; y desacató
las Resoluciones de la Corte Internacional de La Haya que la conminaban a cesar
en los citados comportamientos, violatorios de la normativa internacional34. En general,
América Central no fue área de interés para Argentina. Situaciones límites como
la invasión de la Administración Wilson a México o el problema cubano obligaron
a un compromiso diplomático. No obstante, la crítica al intervencionismo
estadounidense no excedió el terreno de la retórica. Las
relaciones exteriores de la Argentina hacia América Central se caracterizaron
por un relativo interés, salvo el caso de conflictos que impactaron en el interior
de la sociedad civil. En este tipo de situaciones se verificaron tres momentos.
El primero, en que se manifestó un interés, invocando los principios de
autodeterminación y de no intervención. Una segunda etapa, en la que, ante la
exacerbación del conflicto, se degrada el nivel de condena. Finalmente,
consumada la intervención militar, un manto de olvido encubre la agresión de
EUA35. Las
autoridades elegidas a fines de 1983, debieron remontar una difícil situación
en el área, debido al negativo desempeño de la dictadura militar en El
Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua36.
Así es que decidieron instrumentar una política en América Central que
restañara el intervencionismo de la dictadura a la par que le permitiera
colaborar en la solución de la crisis. El Gobierno
Argentino -a principios de 1984- desarrolla algún tipo de colaboración con el
Grupo de Contadora, incorporándose al cuadrilátero diplomático. El Gobierno
mexicano, considerando que el ingreso argentino podía constituir un precedente
que permitiera la futura participación de países en el Grupo que pudieran
actuar como “caballo de Troya” estadounidense, se opuso a ello. A partir del
viaje del Presidente Alfonsín a EUA (Septiembre 1984), decayó temporariamente
el nivel de interés del gobierno por denunciar la agresión estadounidense en la
zona. El “giro realista” del Gobierno Radical, explica su silencio ante el
embargo decretado por EUA contra Nicaragua. La escalada
del conflicto y el debilitamiento de Contadora suscitaron preocupación en
algunos Gobiernos sudamericanos que creyeron necesario articular un Grupo de
Apoyo a Contadora, auxiliándolo en sus gestiones de paz ante los países
centroamericanos, ante los países con intereses y vínculos en la zona (EUA y
Cuba) y ante los Gobiernos de países occidentales interesados en la paz. El Grupo de
Lima o de Apoyo a Contadora, se constituyó (Julio- Agosto 1985) con la
participación de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. El Gobierno
de Nicaragua consideró que la Administración Republicana debía comprometerse a
respetar la paz y la seguridad de la zona, suscribiendo un Protocolo que
integrase el Acta de Paz y Cooperación de Contadora. El planteo sandinista era
que “la contra” se mantiene en
operaciones por el respaldo militar, logístico y financiero del Gobierno de EUA
y que éste y no aquélla, es su interlocutor para alcanzar la paz. El Grupo de
Lima trató de brindar una respuesta parcial a las inquietudes del Gobierno de
Nicaragua, a fin de alcanzar la paz. El Gobierno Argentino, dentro del citado
Grupo, cooperó en el encauzamiento y regulación del conflicto dentro de la
normativa internacional. Así es que,
en un momento de gravedad (Enero 1986), se formularon en Caraballeda las bases
permanentes y las acciones para la paz. En dichas bases se insistió en la
necesidad de una solución latinoamericana del problema y en la vigencia de los
principios de autodeterminación de los pueblos, no intervención, integridad
territorial y democracia pluralista. El activismo diplomático argentino es
explicable, en el cuadro del agravamiento de la situación centroamericana y de
las objeciones formuladas a lo que se consideró lectura maniquea de la crisis,
por parte del Gobierno de EUA. Para el
Gobierno Argentino, el problema radica en el impacto negativo que el
escalamiento de la situación puede tener sobre su régimen democrático. Una
profundización de la intervención estadounidense, podría desencadenar una
guerra civil en toda América Central, limitando los márgenes de maniobra del
Gobierno Argentino en el ámbito intencional. Además, están presentes las
consecuencias que se derivaron de las acciones emprendidas oportunamente contra
la Revolución Cubana (Bahía de Cochinos, bloqueo, exclusión del sistema interamericano,
etc.): Gobiernos militares que abrazaron las Doctrinas de la Seguridad Nacional
y de las “fronteras ideológicas”, para enfrentar la “subversión doméstica y la
exportación de la guerra de guerrillas”. Un mayor
intervencionismo estadounidense tensa la “relación madura” con el Gobierno
Republicano, si la Argentina mantiene o profundiza su nivel de críticas. Si se
alinea detrás de la política exterior Republicana facilita el resurgimiento, a
nivel doméstico, de enfoques reivindicatorios de la DSN. Si condena u
obstaculiza el intervencionismo, mediante acciones de solidaridad respecto de
Nicaragua, se expone a penalizaciones en los temas endeudamiento externo y
Malvinas. Los últimos
acontecimientos de la crisis centroamericana revelan las falencias de Contadora
y su Grupo de Apoyo, en la búsqueda de la paz y seguridad zonal. A pesar de los
esfuerzos desplegados, no lograron comprometer a EUA en las negociaciones. Su
incorporación a las mismas es conditio sine que non para la vigencia de las
normas internacionales. Ninguno de
los dos Grupos propagó -ante la opinión pública latinoamericana y/o ante
sectores de la sociedad civil estadounidense-, su “desobediencia” a las
Resoluciones de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Los Grupos de Contadora y de Lima, con el patrocinio de la Secretaria
General de las Naciones Unidas deberían constituir comisiones de prevención e
inspección integradas por observadores civiles (frontera Costa Rica- Nicaragua)
y/o por fuerzas militares (v.g. Canadá) en la frontera Honduras- Nicaragua. El Gobierno
Argentino podría contribuir a paliar la crisis alimentaria de un país agredido
como Nicaragua, en el contexto de la Decisión 113 (1982) del SELA. 9.- MALVINAS Y ATLANTICO SUR Cuando el
Gobierno Constitucional reivindicó el procedimiento diplomático como único
medio idóneo para recuperar el irredento archipiélago, se produjo un cambio en
la gestión del conflicto. La
Administración Conservadora británica endureció su propuesta y desplegó una
política de poder, desobedeciendo Resoluciones de la Asamblea General de
Naciones Unidas. La comunidad internacional brindó respaldo al Gobierno
democrático argentino en las negociaciones sobre la soberanía, sin expedirse
acerca de la titularidad. La
Argentina, en estos años, utilizó Foros como ONU, OEA, MONOAL, etc. para su
reclamo de negociaciones sobre la soberanía. Además, hubo un fallido
acercamiento bilateral, gracias a los buenos oficios suizo- brasileños, que se
clausuraron ante la negativa británica a incluir la cuestión de la soberanía en
la agenda de debate. La acción
multilateral argentina rebajó -a partir del 40° periodo de sesiones ordinarias
de la Asamblea Gral. de Naciones Unidas-, el nivel de los reclamos al consentir
el debate de una agenda amplia que incluyera, entre otros temas, el de la
soberanía. Pero así posibilitó el respaldo de una serie de países vinculados al
Reino Unido que modificaron el sentido de su voto, en las sesiones ordinarias
de 1985 y 1986 del citado órgano de Naciones Unidas (v.g. Francia, Canadá,
Australia, EUA, etc.).
Complementando su acción multilateral, el Gobierno Argentino instrumentó
estrategias para operar sobre el frente político doméstico británico, a fin de
debilitar a la Administración Conservadora en este tema. Fruto de las mismas
fueron los encuentros- y sus respectivos Comunicados- del Presidente Alfonsín
con el líder de la oposición Laborista (Kinnock, Mayo 1985) y con el jefe de la
oposición Liberal (Steel, Junio 1985) del Reino Unido37. No obstante
los esfuerzos desplegados por la diplomacia argentina, dentro de la normativa
internacional, el Gobierno del Reino Unido respondió con una política de poder
que se tradujo en la instalación de la “ Fortaleza Falkland” y de una zona de
“conservación pesquera”, que añadieron nuevos elementos de tensión en el
Atlántico Sur. El conflicto
argentino- británico, en esta cuestión, admite más de un abordaje. Uno, es el
que circunscribe el tema a la disputa por la soberanía de Malvinas; otro es
aquél en el que el foco de la atención se amplia y atiende a la situación del
Atlántico Sur y en el que el primero se incluye38. La ocupación
de Namibia por el régimen racista sudafricano, sus sistemáticos ataques al
gobierno y pueblo de Angola y a los países de la “Línea del Frente”, evidencian
que África austral se convirtió en una de las áreas más conflictivas del mundo
y que dicha situación podría exacerbarse. Otro
ingrediente lo constituye el hecho de que buques pesqueros soviéticos, de otros
países socialistas, japoneses y surcoreanos operan desde hace tiempo en la zona
del Atlántico sudoccidental, sin someterse a regulación alguna. El Gobierno
Conservador británico y la Administración Republicana estadounidense se
convirtieron en los principales avales del régimen sudafricano, por intermedio
de la política del “compromiso constructivo”, que apuntala el apartheid, la
ocupación del territorio de Namibia y a la agresión contra los países de la
“Línea del Frente”. El Gobierno
Constitucional formuló e instrumentó para los problemas vigentes en el área
nombrada, una política que involucró un cambio respecto de administraciones que
le precedieron. Reencauzó la disputa de soberanía sobre Malvinas por procedimientos
diplomáticos; rompió relaciones con el régimen sudafricano; apoyó la Resolución
de la Asamblea General de Naciones Unidas que declaró al Atlántico Sur Zona de
Paz y Cooperación; y se incorporó al “Fondo Africano” del MONOAL. No obstante,
el Gobierno Argentino, en su accionar en el tema Malvinas consideró que en el
Atlántico Sur hay dos cuestiones distintas: la de los pueblos del Africa
austral y la de Malvinas. Esta desvinculación de problemas explica que rebaje
el nivel de sus reclamos en Malvinas con la esperanza de que aliados
influyentes del Reino Unido (v.g. EUA) persuadan a su Gobierno para que se
siente a negociar, a fin de que no se produzcan nuevos incidentes y/o
escaramuzas que agraven el resquebrajamiento del sistema interamericano (TIAR,
OEA, etc.). El problema
del Atlántico Sur podría abordarse -por nuestra diplomacia- como un problema
único e indivisible, en el que los temas desmilitarización y cooperación (afro-
latinoamericana) sean sus prioridades. Por otra
parte, resultaría necesario priorizar la latinoamericanización e incluso la
tercer- mundización de la cuestión y simultáneamente profundizar las acciones
tendientes a crear fisuras en el frente doméstico británico, como dos elementos
claves para compeler a Reino Unido a negociar la soberanía del archipiélago en
disputa. No debe
cometerse el “error” de delegar autoridad y responsabilidad en un tercer país
(EUA), aliado del Reino Unido, con el propósito de que éste se siente a
negociar sobre la soberanía, primero pero no único objetivo de nuestro país, ya
que una hipotética reiniciación de las negociaciones no garantiza que el
Gobierno Británico se comporte de manera distinta de cómo lo hiciera en el
pasado. EUA, además de su estrecha sociedad con el Reino Unido, es un país con
el cual el nuestro mantiene divergencias en asuntos prioritarios, circunstancia
que le permitiría, en caso de una eventual gestión de buenos oficios, ejercer
presiones que pueden devenir irresistibles. 10.- ACUERDOS ARGENTINA-BRASIL
Históricamente, la relación Argentina- Brasil se caracterizó por su
nivel de conflictividad. Dichos países heredaron en el Nuevo Mundo la rivalidad
luso- hispana y salvo excepciones, la relación bilateral estuvo signada por el
conflicto y la competencia por la hegemonía Regional (América del Sur). Los años 70’
fueron testigos de un recrudecimiento de la conflictiva relación bilateral,
aunque no por la hegemonía Regional[1],
sino por las represas del Alto Paraná. Dicha disputa culminó con un acuerdo
trinacional (Brasil, Paraguay, Argentina), sobre la compatibilización de Corpus
e Itaipú (Octubre 1979). Asimismo, se firmaron notas reversales (Junio de 1980)
sobre este tema y se realizaron acuerdos sobre intercambio comercial y
cooperación nuclear. A partir de estos acuerdos la relación bilateral adquirió
un sesgo cada vez más cooperativo. Recuperada
la institucionalidad democrática en ambos países, se profundizó el compromiso
en favor de la cooperación y de la integración. Así fue que en la localidad de
Foz de Iguazú (Diciembre 1985), se realizaron las tareas preparatorias de los
Acuerdos que se firmaron en 1986. Las citadas actividades se vieron estimuladas
por análogas percepciones y comportamientos de los dos Gobiernos en problemas
de carácter mundial y Regional, que involucran a América Latina. El
cuadrilátero de la isla de Contadora encontró respaldo a su gestión
pacificadora en el Grupo de Lima
integrado, entre otros, por los Gobiernos de Brasil y Argentina. En la
cuestión endeudamiento externo -abordado en la Reunión de Cartagena de Indias-
se fijaron pautas y criterios comunes entre los Gobiernos de los países
deudores de América Latina. Las representaciones de Argentina y de Brasil
participaron activamente. Un tercer
problema de alcance Regional, es la militarización del Atlántico Sur. Ambos
Estados exhibieron una solidaridad operativa, sea en la representación política
que inviste el Gobierno de Brasil de los derechos e intereses argentinos en el
asunto Malvinas, sea en el proyecto del Gobierno de Brasil que declaró al
Atlántico Sur Zona de Paz y Cooperación, con respaldo del Gobierno argentino. Los
respectivos planes económicos (Austral y Cruzado) guardaron, cierta similitud39. A pesar de las analogías, debe
reconocerse que el Cruzado se aplicó a una economía que, si bien con alta tasa
de inflación, en contraste con la Argentina, se hallaba en crecimiento. Dicha
circunstancia, añadido a vocación autonómica de la coalición social gobernante
en Brasil, se tradujo en una conducta más defensiva del interés nacional, en el
tema endeudamiento externo. El Gobierno del Presidente Sarney rehusó someterse al “régimen de
condicionalidad” del FMI. En los debates en el seno del Acuerdo General de
Tarifas y Comercio (GATT), Montevideo, se opuso a que los servicios se
incluyeran en la Rueda de negociaciones del citado Organismo. En Julio
1986 se suscribió el Acta de Cooperación e Integración y doce (12) Protocolos,
los que fueron complementados por la firma de otros cinco (5) en Brasilia
(Diciembre 1986). Los presupuestos sobre los que se asientan estos acuerdos son
“la consolidación de la democracia” y la “paz
y seguridad Regional” (América Central y Atlántico Sur). El principal
objetivo integracionista es “potenciar la autonomía” de los dos países; y los
instrumentos que se utilizarán para el logro de ese objetivo son la
modernización tecnológica y las asociaciones productivas binacionales (crecer
juntos)40. Un caso
distinto, pero complementario del Acuerdo reseñado, es el de Latinequip SA.
Esta multilatina financiera fue creada por el Banco del Estado de San Pablo, la
Nacional Financiera de México y el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Las
nombradas entidades son accionistas, por partes iguales, de esta financiera que
se constituyó de acuerdo a los lineamientos de la ley de sociedades anónimas de
Panamá. El objetivo
de la financiera es contribuir al fortalecimiento de la producción y
exportación de bienes de capital y servicios latinoamericanos, sustituyendo
bienes y servicios extra-Regionales. Otra meta es procurar una mayor
participación doméstica en el flujo intralatinoamericano de tecnología. En el ámbito
de la cooperación e integración latinoamericana, la acción más importante fue
el Acta de Cooperación e Integración Económica con Brasil. Este Acuerdo
constituye un marco o continente que aún no permite abrir juicio definitivo
acerca de él. Sin embargo, se nos ocurren tres reflexiones. La primera de ellas
es verificar, a través de su instrumentación, qué actores sociales se
convertirán en usufructuarios del Acuerdo. La segunda, es advertir que el
sector asalariado (a diferencia del empresario) no ha sido invitado a
participar en las negociaciones. En un
proceso que promueve una integración productiva intrasectorial, sin división
ricardiana del trabajo, es decisivo el papel que puede desempeñar el sector
sindical de ambos países ya que es el que puede garantizar que las fusiones y/o
asociaciones empresariales públicas y/o privadas no se realicen en desmedro de
los asalariados y que la integración dé cumplimiento al propósito de lograr “el
bienestar de los pueblos”41.
Tercero, debe estar abierto a la adhesión de otros países de América del Sur,
sobre la base de los principios de cooperación y de solidaridad, rechazando el
establecimiento de hegemonías, por parte de los países de mayor desarrollo
relativo, en detrimento de los de menor desarrollo económico relativo. 11.- CONSIDERACIONES FINALES El Gobierno
Constitucional instrumentó una política exterior que recompuso la imagen
externa del país a que lo condujo el errático comportamiento internacional de
la dictadura militar. La
Cancillería recuperó su rol de formuladora y ejecutora de las relaciones
exteriores, reivindicando funciones que había usurpado la “diplomacia militar”. Analizando
las relaciones con países o áreas geográficas, el Gobierno Radical estableció
el siguiente orden de precedencia diplomática: América Latina, Europa
Occidental, EUA, Japón, otros países del Tercer Mundo y por último la URSS y
demás países socialistas. La realidad
se encargó de trastrocar el citado orden de precedencia. Los núcleos
alrededor de los cuales se articularon las acciones del Gobierno, fueron la
búsqueda y resguardo de la paz y seguridad internacional, la politización de la
deuda y la inserción de América Latina. Asimismo, el fortalecimiento de la
democracia y la promoción y la protección de los derechos humanos guiaron su
conducta. Las acciones
tendientes a la búsqueda de la paz y seguridad internacional se desarrollaron
en el MONOAL; el G-6; en Contadora y Grupo de Apoyo; y en el Atlántico Sur. Los Grupos
de Contadora y Lima pudieron, a pesar de sus vacilaciones y del
condicionamiento del Gobierno de EUA, desarrollar acciones tendientes a
morigerar la agresión de la superpotencia. El Atlántico
Sur se plantea -para la Cancillería argentina- como un problema vinculado a la
reivindicación de soberanía sobre el archipiélago malvinense. Si nos atenemos
al estado de la cuestión, el estudio de casos análogos (Canal de Panamá, Hong
Kong, Gibraltar, etc.) no fue abordado o quizás se los desestimó como probables
paradigmas de negociación. El Atlántico
Sur es una zona de guerra o una zona de paz? Para los Gobiernos del Reino Unido
y de EUA es lo primero, mientras que para los países y pueblos de América del
Sur y de Africa, con litoral e intereses en aquél, es una zona de paz y de
cooperación Sur- Sur. El MONOAL y
el Consenso de Cartagena fueron los ámbitos utilizados por nuestra Cancillería
para debatir el endeudamiento externo, abandonando el análisis estrictamente
técnico- financiero. Sin embargo, los Gobiernos de los países industrializados
de economía de mercado, se movilizaron neutralizando las acciones tendientes a
politizar la deuda del Tercer Mundo. El Gobierno de EUA desempeñó un rol
decisivo, tanto en las negociaciones con el FMI como apoyando los criterios de la banca privada acreedora. El Gobierno
Argentino desarrolló -en una primera etapa de su gestión internacional-
acciones exploratorias, considerando que podía hallar respaldo, en relación al
tema deuda externa, en Gobiernos afines de Europa Occidental. Una falsa
lectura sobre los intereses y alineamientos de estos países en la cuestión
endeudamiento lo llevó a desarrollar una política de ensayo y error, que le
demostró que el mundo capitalista industrializado se comporta homogéneamente. A
partir de esta toma de conciencia, se produjo la implementación del “Plan Austral”
y el “giro realista” hacía EUA, admitiendo los condicionamientos del FMI-BM y
de la banca privada transnacional. Al no
encontrar intersticios dentro del bloque acreedor, el Gobierno Argentino no
atinó a seguir comportamientos heterodoxos como el de Brasil, Perú o Nigeria,
aprovechando su relación comercial con la URSS o insistiendo con acciones
dirigidas a crear un club de deudores. América
Latina (con base en el Cono Sur), es el área de concentración y de proyección
de las relaciones exteriores argentinas. Allí se encuentran radicados los
principales problemas, sus probables marcos de solución y las perspectivas de
proyección internacional. El Grupo de
los Ocho (G-8) o Grupo de Río puede
representar un cambio cualitativo para la Región, dadas las potencialidades que
encierra. Este Grupo, a diferencia de los de Contadora y Lima, no sólo opera
como un mecanismo informal para la solución pacífica de los conflictos sino que
puede devenir en un embrión de Órgano de Consulta Latinoamericano que
planifique un futuro autonómico para la Región. El abordaje
por el Órgano de Consulta de problemas como cooperación e integración Regional,
conflicto centroamericano, deuda externa, Atlántico Sur, creación de un club
tecnológico, estabilidad institucional de los procesos de democratización,
institucionalización del Parlamento Latinoamericano, etc. pueden otorgarle a
América Latina una capacidad de maniobra inédita. El Acuerdo
Alfonsín-Sarney es el más importante que ambos Estados han celebrado con
propósitos cooperativos e integrativos, en toda su historia. Las negociaciones
Vargas- Perón o la Declaración Quadros- Frondizi, son los antecedentes de esta
respuesta a la crisis compartida. La
estrategia diseñada excede el ámbito comercialista ya que en el Acta y los
Protocolos se esboza una integración productiva. La creación
de un mercado ampliado abre perspectivas promisorias para ciento sesenta (160)
millones de habitantes a través de un flujo mercantil recíproco que
sustituya importaciones
extra-Regionales por las binacionales. Los recursos técnicos, naturales y
humanos de ambos países otorgan viabilidad al proyecto, si se persigue el
bienestar de los pueblos y la proyección brasileño- argentina, a partir de
visiones similares sobre los problemas que los afectan y sobre sus probables
soluciones. Las
eventuales vinculaciones afro-argentinas están condicionadas por la situación
en el Atlántico Sur y por el desenvolvimiento de los Acuerdos Argentina-
Brasil, complementados por la acción de Latinequip S.A. Los rasgos
autonómicos exhibidos por las relaciones exteriores argentina, en los ejes
inserción en América Latina y búsqueda y resguardo de la paz y seguridad
internacional, tuvieron como contrapartida y condicionante la subordinación a
las pautas y criterios de los gobiernos de los países industrializados de
economía de mercado, de organismos como el FMI-BM y de la banca privada acreedora, en materia de endeudamiento
externo. Nuestro país
sólo participa en unos de los tres grandes núcleos de contradicciones que
sobrecogen al sistema mundial - que es
el que confronta a países y pueblos del Tercer Mundo con los países
industrializados de economía de mercado -, por ello debe procurar una inserción
internacional, a partir de una plataforma conosudamericana, arraigada en la
alianza Argentina-Brasil, acorde con sus intereses. Las
prioridades de sus relaciones exteriores- en el marco de una política No
Alineada- son el fortalecimiento de su inserción en América Latina (a partir de
la consolidación de la alianza brasileño-argentina); la intensificación de los
lazos que la vinculan a nivel comercial con la URSS; la exploración de las
posibilidades de cooperación e intercambio con la CEE, EUA, Asia y Africa. La
reorientación de las relaciones exteriores -que se propone- involucra profundizar lazos con Brasil y Estados de la
vecindad geográfica, así como diversificar las relaciones existentes para tener
más puntos de apoyo que contribuyan a garantizar una autonomía de desempeño
para el manejo y solución de la crisis. No obstante, debe tenerse en cuenta que
ninguna política exterior puede suplir -sino complementar- una política de
desarrollo y justicia social basada en un proyecto integrativo
conosudamericano.
1 – Russell R. “Argentina un año de política exterior:
Las relaciones con los socios privilegiados”. Publ. Trim. Flacso Progr. Bs. As. América Latina/
Internacional. Vol. 2, N°3. Enero- Marzo 1985, pág. 55; 2 – Fernandez G. “Las relaciones con Europa
Occidental”. Publ. Trim. Flacso Progr. Bs. As.
América Latina... vol.3, N°8. Abril- Junio 1986, págs. 21/25; 3 – Abrams E. “Abrams habló sobre democracia a
militares de América Latina”. Servicio Cultural e Informativo de los Estados
Unidos de América. Junio 1986; 4 – Klare M. T. “La nueva doctrina de la intervención
norteamericana- Los conflictos de baja intensidad”. Le Monde Diplomatique,
ed. Latinoamericana. Año 1. N°1- 1986- págs. 1/ 2; 5 – v.g. “la Contra” en Nicaragua, Unita en Angola,
Renamo en Mozambique, guerrilla islámica en Afganistán; 6 – Selser G. “El ejército de los EUA en el Tercer
Mundo”. Le Monde Diplomatique, ed. Cono Sur. Año 1 N°4. Noviembre 1985,
págs. 32/ 33; 7 – v.g. El Salvador y Guatemala; 8 – Russell R. op. cit. en 1), págs. 49/ 53; 9 – Argentina. Provincia del Chaco. Boletín Oficial.
Ley 3184. Año XXXII. ed. N° 5543. Resistencia, 29 Septiembre 1986, págs. 1/ 4; 10 – Argentina. Congreso de la Nación. Dirección de
Información Parlamentaria. “Convenios pesqueros” N° 1885. Bs.As. 1986; 11 – Moita L. “El Movimiento de No Alineados- Historia
y doctrina” ed. Revolución. Madrid. 1983; 12 – Argentina. Univ. Bs. As. C. Ciencias
Políticas. Disertación del Canciller Dante Caputo: “Treinta meses de
política exterior en democracia”. Centro Cultural San Martín. Bs. As. 4 de
Junio 1986; 13 .Connell
Smith, G. A”Los Estados Unidos y la América Latina”, ed. FCE México,
1977, pág,.226 15 – Lanús J. A. “De Chapultepec al Begale- Política
Exterior Argentina 1945/ 80”. ed. Emecé.
Bs. As. Págs. 101/ 108; 16 – Sosa A. J. “ Una errática política exterior”. Rev.
El Periodista de Bs. As. Suplemento Espacial. Año 2 N° 80- 21/ 7 Marzo
1986; 17 – Sosa A.
J. “Malvinas: La clave está en el Atlántico Sur” Rev. El Periodista De Bs.
As. Año 3 N° 117- 5/ 11 Diciembre 1986; 18 – Si bien en MONOAL se encuentran los deudores,
también hay Gobiernos de países vinculados a la banca privada transnacional,
que se opusieron a esta discusión; 19 – La presidencia de MONOAL exige compromisos: a) con la descolonización; b)
con los Movimientos de Liberación Nacional y Social; c) con la no adscripción a
ninguna alianza militar; y d) con la reestructuración del orden
internacional; 20 – Declaración Especial de Harare sobre el África
Meridional- Fondo de Acción para rechazar la invasión, el colonialismo y el
apartheid. Rev. Política Internacional. Belgrado. Año XXXVII. N° 875, 20
Septiembre 1986, págs. 104/ 7; 21 –La presidencia, por parte de este país, en un
momento en que arreciaba el intervencionismo estadounidense, pretendía
facilitarle la denuncia de actuales y futuras agresiones; 22 – Diario La Razón de Buenos Aires, 26/ 03/ 85; 23 – Arg. Congreso de la Nación. Dirección de
Información Parlamentaria. “Grupo de los Seis”. N° 1886. Año 1986; 24 – op. cit. en 23; 25 – op. cit. en 23; 26 – op. cit. en 23; 27 – op. cit. en 23; 28 – Dicha privatización y transnacionalización del
sistema financiero internacional, se manifiesta en que el ochenta por ciento (80%) de la deuda de América Latina, se
contrajo con la banca privada y a tasas flotantes; 29 – Declaración de Quito y Plan de Acción de la
Conferencia Económica Latinoamericana. Rev. Comercio Exterior. Vol. 34.
N°2. México, Febrero 1984, págs. 176/ 184; 30 – Argentina. Congreso de la Nación. Dirección de
Información Parlamentaria. “El Consenso de Cartagena...”. Bs. As. 1986; 31 – OEA. Secr. Gral. Anuario Jurídico
Interamericano 1979. Puig J. C. “El principio de no intervención en el
derecho internacional público americano, influencia de las nuevas relaciones
internacionales”; op. cit.
Vazquez Carrizosa “El caso Nicaragua en la XVII Reunión de Consulta. Los
derechos humanos como fundamento de la acción internacional”; 32 – Jouve E. “Le Tiers Monde dans la vie
internacionale” ed. Berger- Levrault- Mondes en devenir- documents et
essais- París Nov. 1983, pág. 178; 33 – Argentina. Congreso de la Nación. Dirección de
Información Parlamentaria. “Contadora y Grupo de Apoyo”. Bs. As. 1986; 34 – Mattarollo R. “La causa de Nicaragua contra los
EUA frente al tribunal de La Haya”. Le Monde Diplomatique ed. Cono Sur.
Año 1. N° 1. Agosto 1985, págs. 10/ 11;
35 – Sosa A. J. “Política exterior argentina con
relación a América Latina”, Mimeo inédito. Bs. As. 1986; 36 – Russell R. y Tokatlian J. “Argentina y la crisis
centroamericana (1976/ 85)” ponencia preparada para el seminario “The United
States, Central America and Contadora”, realizado en J. Hopkins
School of Advanced International Studies, Febr. 1986; 37 – Russell R. “La política exterior Argentina en
1985”. “América Latina y el Caribe: políticas exteriores para sobrevivir.
Comp. Muñoz H., GEL ed. Bs. As.
1986, págs. 40/ 3; 38 – Sosa A. J. op. cit. en 17; 39 – La conducción económica Argentina reconoció
corresponsabilidad intelectual, en la autoría del plan “Austral” a académicos
brasileños de la Univ. de Campinas (San Pablo). Luego de varios meses de
experiencia del “Austral”, el Gobierno brasileño instrumentó el “Plan Cruzado”;
40 – Dallanegra L. “El acuerdo argentino- brasileño
desde la perspectiva de la política internacional”. Mimeo inédito. Bs. As. 1986; 41 – Acta de Cooperación e Integración Económica
argentino- brasileña.
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