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Globalización y ultra-imperialismo Luiz Alberto Moniz Bandeira* Agosto de 2005 A pesar de las diferencias cualitativas debido a
determinadas mutaciones cuantitativas, acontecidas a lo largo de la historia,
por el progreso científico y tecnológico, lo que se denominó globalización de
la economía en los años 90 del siglo XX, comenzó, en rigor, con los viajes de
circunnavegación, muchos de los cuales fueron financiados, al final de siglo
XV, por banqueros florentinos. Entre ellos se encontraban Bartholomeu Marchioni,
Girolamo Frescobaldi, Lucas Geraldi, Giovanni Battista Rovelasca, Filippo
Gualterotti, agente de Giovanni Francesco de Allfaiati (Flandes) y también
Girolamo Sernigi, quien financió la expedición de Pedro Álvares Cabral a la
India1, cuando ésta derivó para occidente y alcanzó la costa del
Brasil en 1500. Banqueros y mercaderes alemanes también participaron
de esos emprendimientos. Simon Seitz,
Antonio Welser y Conrad Vöhlin, en 1503, recibieron permiso de Don Manuel, rey
de Portugal, para establecer sus casas comerciales en Lisboa y promover sus
negocios bajo las condiciones2 más liberales. Los recursos financieros de la casa
comercial de la familia Fugger, de Augsburg (Alemania), que se tornara
acreedora de los reyes de Portugal y España, contribuyeron a las expediciones
de Cristóbal de Haro al Río de la Plata, en 1514, y de Fray García Jofre de
Loaisa a Maluco (Molucas), en 15253. La clase mercantil en Portugal, cuyo núcleo era fundamentalmente
de extracción judia, ganaba entonces enormes fortunas y adquiría superioridad
en los negocios, debido a la rapidez con que hacía circular los fondos
obtenidos con las letras de cambio y la capacidad de transferir con presteza,
aprovechando la instalación, en el siglo XVI, de las ligaciones postales ordinarias,
grandes créditos de Lisboa a Sevilla, Madrid, Antwerp, Flandes, Lyon, Génova y
Burgos. A mediados del siglo XIX, el propio Karl Marx, luego
de destacar, en el Manifest der
Kommunistischen Partei, de 1848, que la burguesía desempeñará el “más alto
papel revolucionario”4, en la historia, y creará “maravillas
completamente diversas de las Pirámides de Egipto, de los acueductos romanos y
de las catedrales góticas”, observó que aquélla, a través de la explotación del
mercado mundial, daba un “carácter cosmopolita a la producción y al consumo de
todos los países” y “con gran pesar para los reaccionarios”, retiraba de la
industria su base nacional5.
Ya en aquellos tiempos, según agregó, las antiguas industrias eran o
serían inclusive diariamente destruidas, suplantadas por nuevas, cuya
introducción se convertía “en cuestión vital para todas las naciones
civilizadas” ya que no empleaban más
materias primas domésticas, sino oriundas de las más distantes regiones y cuyos
productos se consumían no sólo en el propio país, si no en todas partes del
mundo6. Al arruinar las
economías naturales y pre-capitalistas, el capitalismo vinculó todos los
pueblos en un sistema de vasos comunicantes, tornando las sociedades
interdependientes, a pesar y/o en consecuencia de la diversidad de sus grados
de progreso y civilización. Desde el mercantilismo, su evolución constituyó un processus de continua globalización de
la economía, con la implantación del sistema colonial en las Américas, África y
Asia, la división internacional del trabajo y la creación del mercado mundial,
paralelamente a la conformación de Estados nacionales. No fue por otra razón que Marx lanzó el
llamado: “Proletarier aller Länder,
vereinigt euch!”7. La esperanza de Marx y Engels, cuando lanzaron ese llamado,
en el Manifest der Kommunistischen Partei
de 1848, consistía en que la transformación social ocurriera en los países
industrializados de Europa, especialmente en Alemania, ya en las vísperas de
una revolución burguesa. Si ésta revolución acontecía, según percibían, bajo
las condiciones de mayor progreso de la civilización, en aquel continente y con
un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra, en el siglo XVII,
o el de Francia en el siglo XVIII, no podría ser sino el preludio de la revolución
proletaria. Esa perspectiva, que Marx
vislumbrara, no se efectivizó, sobretodo porque – como él mismo concluiría y
enunciaría, en el prefacio de Zur Kritik
del Politschen Ökonomie - una formación social nunca se desmorona sin que
las fuerzas productivas dentro de ella estén suficientemente desarrolladas y
las nuevas relaciones de producción superiores jamás aparecen, antes que las
condiciones materiales de su existencia sean incubadas en las entrañas de la
propia sociedad antigua8. No
era esa la situación del capitalismo en Alemania, donde la revolución de 1848
no consiguió siquiera unificar y forjar el Estado nacional, a pesar de que el Zollverein (mercado común), instituido
en 1827, impulsara la industrialización extinguiendo las aduanas internas que
la dividían en cerca de tres decenas de pequeños reinos. Le correspondió a Otto von Bismarck,
príncipe regente de Prusia, hacerlo en 1870/71, dividiendo la propia
nacionalidad, con la exclusión de Austria del Reich alemán9, por
medio de una frontera estatal. En efecto, en 1848, el capitalismo no agotaría sus
posibilidades de desarrollo, ni en Alemania ni en los demás países
industrializados de Europa, mucho menos en los EUA, pues constituía el primer
sistema económico con capacidad de expandirse mundialmente y de mantener la
continuidad del proceso de acumulación, eliminando progresivamente, todos los
demás modos de producción, las formaciones pre-capitalistas, las economías
naturales y las economías simples de mercado, de las cuales podía disponer como
para la colocación de su excedente económico, como fuente de medio de
producción y reserva de fuerza de trabajo. El progreso de la industria pesada,
el descubrimiento de la energía eléctrica, la transmisión a distancia, el navío
a vapor y las carreteras de hierro impulsaron aún más la internacionalización o
globalización de la economía, en la segunda mitad del siglo XIX. Esas conquistas tecnológicas no solamente
redujeron el tiempo de circulación de las mercadería sino que también
modificaron las formas y los métodos de guerra, favoreciendo la monopolización
de la fuerza armada por los Estados nacionales, cuyo robustecimiento político y
militar exigía la expansión internacional del capitalismo. A partir de la crisis económica de 1873, que
duró más de 20 años, el proceso de concentración y centralización de capitales
se intensificó, sobre todo en la industria pesada. Los bancos pasaron a
desempeñar un papel decisivo en el fomento de la producción, en la medida en
que suministraban a las industrias los recursos financieros de los que ellas
carecían. Nuevas formas de organización
empresarial – trusts, carteles, sindicatos de empresas y consorcios de bancos –
se constituirían procurando establecer el monopolio o la reserva de mercado, a
fin de sustentar internamente los precios de los productos, al mismo tiempo que
se lanzaban en el comercio de exportación. La monopolización de los mercados domésticos impelió a
los grandes conglomerados (Konzern) a
buscar la monopolización de los mercados en el exterior, reactivando la
expansión colonial, adormecida en la época en que el laissez-faire, o sea, el
liberalismo de Manchester, predominó en la economía. El capitalismo, que antes se oponía al Estado, pasó a utilizarlo
para su expansión, demandando la superación de las formas débiles de Estado,
generadas en la época de la economía natural y de la economía simple de
mercado. Por ejemplo, a través de la reorganización de las superestructuras
políticas, mediante el robustecimiento de un poder central o con la formación
de un Estado unitario, que sirviese como palanca de expansión de los mercados y
asegurase la continuidad del proceso de acumulación. La industria pesada – no ya la textil – adquirió una importancia
cada vez mayor en la economía, en la medida en que la carrera armamentista se
intensificó debido a la lucha por los
mercados y las fuentes de materias primas.
De esta forma, al mismo tiempo en que asumía el carácter financiero y
generaba modelos monopolísticos de organización empresarial, el capitalismo necesitó
de Estados poderosos, para garantizar el mercado nacional mediante protección y
servir para la apertura de los mercados exteriores, así como para transformar
todas las regiones del mundo en zonas de inversión. El poder político y militar de los Estados devino un elemento
decisivo en la competencia económica, que ya no sólo se limitó al mercado para
la colocación de manufacturas, en los cuales apenas se decidía el precio. Se extendió al mercado de capitales, con la
oferta de préstamos, condicionados a la posterior absorción de productos
industriales, no ya solamente de tejidos y/o bienes no durables de consumo,
sino de equipamiento ferroviario, cañones y otros pertrechos bélicos,
necesarios para la formación de un moderno aparato de Estado. Esas exportaciones de bienes de capital
contribuyeron al surgimiento de la industria de bienes de consumo, en los
países más atrasados. Los ferrocarriles y los armamentos, facilitados por los
préstamos externos, constituyeron las bases en las que los Estados-naciones
sedimentaron su unidad. Así como, paradojalmente, marcaron una nueva etapa en
la internacionalización de la economía.
El militarismo se tornó un medio de primordial importancia para la
realización del excedente económico (Mehrwerts). Y posibilitó el advenimiento del
imperialismo, que Rosa Luxemburg definió como la expresión política de ese
proceso de acumulación de capital10, en su lucha para conquistar las
regiones no capitalistas, aún no dominadas e integradas en el sistema
capitalista mundial11. La
teoría de Marx sobre el colapso del capitalismo falló, fue “irrtümlich” (errónea), según Rosa Luxemburg demostró, en Die Akkumulation des Kapitals, obra
publicada en 1913, porque aquél había hecho su análisis “en una época en la
cual el imperialismo aún no había aparecido en el escenario mundial”12. Lo que impulsó el imperialismo, a partir de
la segunda mitad del siglo XIX, fue el rápido desarrollo de la industria, en
todos los países civilizados (Kulturländern),
sobre todo en América del Norte y en Alemania, estimulando la competencia en el
mercado mundial, según Friedrich Engels señaló en notas insertas en el tercer
tomo de Das Kapital13.
América del Norte, o sea, los EUA, considerada por
Marx “el país más avanzado” (das
vorgeschrittenste Land)14, sin el cual, si fuese tachado del
mapa, “habría una anarquía, una completa decadencia del comercio y de la
moderna civilización”15, saltó del quinto lugar, que ocupaba en 1840
en el ranking de las potencias industriales, para el cuarto, en 1860, para el
segundo en 1870 y para el primero en 189516, cuando ya estaba
produciendo más acero y carbón que Gran Bretaña y Alemania juntas17. La fabricación en serie, al reducir costos
de producción, permitió que, en algunos decenios, los EUA se convirtiesen en
una potencia económica, antes incluso de constituirse en una potencia política
y militar y conquistasen la supremacía del mercado mundial, además de disponer
de un enorme espacio económico, suficiente, inclusive para la era del
imperialismo, cuyo campo de expansión ya estaba geográficamente determinado,
con el movimiento panamericano18, que se iniciaba bajo la cobertura
de la Doctrina Monroe19. Esa
doctrina fue la expresión de una política unilateral de los EUA, que el
presidente Theodore Roosevelt (1901/1909) rejuveneció con un Corolario,
autorizando la intervención en otros Estados latinoamericanos. Dicha
intervención fue ejecutada con agresiva determinación en América Central y en
el Caribe para proteger la seguridad del canal de Panamá y para consolidar en
el continente el imperium informal
de los EUA. La convicción expresada por
Theodore Roosevelt y otros líderes norteamericanos era que la seguridad de los
EUA dependía de una hegemonía efectiva sobre su propio hemisferio20. Mientras tanto, en el inicio del siglo XX,
la hegemonía de los EUA no se limitaba sólo al hemisferio, donde eran
prácticamente “soberanos” y su fiat
tenía fuerza de ley21, de acuerdo a lo que proclamara el secretario
de Estado, Richard Olney en 1895. Se
extendía de las Indias Occidentales, en el Caribe, hasta Tutuila en el
archipiélago de Samoa y Guam, al sur del Pacífico, quince millas al este de las
Filipinas, colonias que conquistara de España en 1898, al derrotarla en la “splendid little war” por la
independencia de Cuba22. Con
la segunda mayor fuerza naval del mundo, antes inclusive de concluida la
apertura del Canal de Panamá (1914), dominando los dos océanos – el Atlántico y
el Pacífico – los EUA, bajo la presidencia de Theodor Roosevelt, consolidaron
su posición como potencia mundial. El social darwinismo constituyó la rationale de su política de expansión
imperial, interpretada como el avance de la civilización contra el salvajismo23.
Por su parte, Alemania, desde su unificación en 1871,
entraría igualmente en una etapa superior de industrialización, impulsada por
la conquista de la Alsacia y la Lorena, con sus ricos yacimientos de minas de
hierro y los cinco billones de francos-oro, que Francia, luego de la derrota en
la batalla de Sedan (1870), pagó como indemnización de guerra. En 1874, su red ferroviaria (más de 20.000
km) estaba prácticamente concluida, el volumen de su comercio en el mercado
mundial, era apenas inferior al de Gran Bretaña. Cerca de 25 años después, en 1900, Alemania, cuya población saltó
de 41,6 millones de personas en 1873 a 52 millones en 1895 y 67 millones en
191324, se convertiría en la segunda potencia industrial del mundo,
superada apenas por los EUA. Entre 1907
y 1913, en apenas seis años, su producción de carbón aumentó 1/3, subiendo de
143 a 191 millones de toneladas. La producción de acero creció cerca de 50%, al
saltar de 13 a 19,3 millones de toneladas25. También las industrias de material
eléctrico, representadas por la Siemens y AEG, así como las industrias de
productos químicos (BASF, Bayer y Hoechst) y de motores alcanzaron, en el mismo
período, extraordinarias tasas de crecimiento. El volumen de comercio exterior
de Alemania se elevó de 15,6 billones de marcos en 1907 a 20,9 billones en 191326. La situación en Europa, mientras tanto, era
diferente a la existente en América.
Las diversas condiciones naturales, que dentro del amplio espacio
económico de los EUA favorecieron un rápido desarrollo, estaban en Europa
repartidas de manera casual e irracional entre una gran cantidad de pequeños
países y este factor forzó a las potencias industriales, como Gran Bretaña y
Francia, a la ampliación de sus imperios coloniales, con la conquista de
territorios en Asia y en África.
También Estados menores, por ejemplo Bélgica y Holanda, poseían
considerables posesiones en otros continentes.
Sin embargo, en contraste con sus principales competidores, Gran Bretaña
y sobre todo los EUA, para los cuales todo el continente americano tenía el
carácter de colonia, Alemania no tenía ningún dominio importante, un nuevo
territorio, con grandes área de economía no capitalista, al cual pudiese
extender el círculo de consumo para el capital, posibilitando el incremento de
la reproducción, p.ej., la continuidad de la acumulación. A fin de evitar conflicto con Gran Bretaña y
Francia, Bismarck se opuso a la idea de un Imperio Central Africano (Mittelafrika), propuesta en 1882 por
Carl Peters, dirigente de la Gessellschaft für deutsche Kolonisation27,
rechazando enérgicamente la sugestión de estimular la formación de un Estado
alemán independiente, en el sur de Brasil, cuando la República fue proclamada
en 1889, por no querer un enfrentamiento con los EUA.28. Apenas se apoderó en 1884, de Togo y
Camerún, en la costa occidental de África y de Tanganica, al lado del Océano
índico en 189529. De esta
manera, la contradicción entre la relativa estrechez de su espacio económico y
la extraordinaria expansión del capitalismo impulsaba a Alemania, en medio de
tensiones sociales y políticas domésticas, a una solución violenta, como Rudolf
Hilferding previó30. Kautsky y la
teoría del ultra imperialismo Alemania, donde la Krupp poseía un extraordinario
excedente de material bélico y maniobraba para provocar el conflicto31,
trató de ampliar por la fuerza su espacio económico. Victoriosa en las guerras de 1870, creía en la superioridad de su
pueblo y en la invencibilidad de sus soldados.
El conflicto armado irrumpió el 28 de Julio, cuando Austria declaró la
guerra a Serbia. Alemania,
inmediatamente, declaró la guerra a Rusia (el 1º de Agosto) y a Francia (3 de
Agosto), así como invadió a Bélgica (4 de Agosto). Gran Bretaña, que estableciera con Francia y Rusia una Entente Cordiale, no tardó en declarar
la guerra a Alemania (4 de Agosto) y la conflagración se explayó por toda
Europa, involucrando virtualmente cerca de 57 Estados, en los cuatro
continentes. Un mes después, en Die Neue Zeit del 11 de Septiembre de
1914, Karl Kautsky, el más importante teórico de la II Internacional o
Internacional Socialista, discípulo directo de Marx y Engels, publicó un
artículo titulado “Der Imperialismus”, en el cual destacó que se podía aplicar
al imperialismo lo mismo que Karl Marx dijera sobre el capitalismo, i.e., que
el monopolio generaba la competencia y la competencia generaba el monopolio32,
ponderando que, de la misma forma que la furiosa competencia de las firmas
gigantes, de los bancos gigantes y multimillonarios que absorbían a los
menores, llevaron a los grupos financieros a concebir la idea del cartel, la
guerra mundial podría obligar a las potencias imperialistas a formar una unión
y poner fin a la competencia en la producción de armamentos33. Según su opinión, no era imposible, desde
punto de vista puramente económico, que el capitalismo entrase en una nueva
fase marcada por la transferencia de los métodos de los carteles, para la
política internacional, la fase de ultra imperialismo, que también debía ser,
enérgicamente, combatida y cuyo peligro yacía en otra dirección y no en la
carrera armamentista y en la amenaza a la paz34. La libre competencia, en la economía capitalista,
equivalía a la ley de la selva, i.e., el principio de la selección de las
especies a través de la ley del más fuerte.
La guerra de la competencia era conducida por medio de la reducción de
los precios, lo que dependía de la productividad del trabajo y este de la escala de la producción, de modo que vencía
la empresa que poseyese más recursos tecnológicos, más capital, y/u otras
ventajas35. “Die größeren Kapitale schlagen daher die
kleineren (los grandes capitales derrotan a los pequeños) – dijo Marx,
explicando que la competencia se exacerbaba en relación directa con el número y
en relación inversa a la grandeza de los capitales que se rivalizaban. Dicha
competencia terminaba siempre con la derrota de los pequeños capitalistas,
cuyas empresas se iban a pique o pasaban a manos de los vencedores36.
El mercado, en el cual los capitalistas hacían la
conversión monetaria del excedente económico, era el campo de batalla, la
selva, donde solamente los más aptos, los más fuertes, podían sobrevivir. Por esa razón, en 1862, Marx escribió a
Engels que se deleitaba con el hecho de que Charles Darwin reconoció, entre las
plantas y los animales, a la propia sociedad inglesa, con su división del
trabajo, competencia, apertura de nuevos mercados, invenciones y la “lucha por
la existencia”, de acuerdo a la teoría de Thomas Robert Malthus37
sobre el crecimiento poblacional. Era
el bellum ominium contra omnes38,
de Thomas Hobbes, que le hacía acordar a Phänomenologie39,
de Hegel, en la cual la sociedad burguesa se presentaba como el “geistiges Tierreich” (espíritu del
reino animal), mientras en la teoría de Darwin el reino animal figuraba como la
sociedad burguesa40. De la misma forma que la competencia entre las
firmas, posibilitó la concentración y la centralización del capital, a partir
de 1870 produjo monopolios y nuevas formas de organización empresarial, como
los trusts y sindicatos, en los que se avizoraban tendencias de cooperación
entre las potencias imperiales, con la formación de estructuras cartelizadas y
el potencial control de las crisis internas. Rudolf Hilferding observó41
que el progreso del capitalismo tornaba cada vez más intensa la
interdependencia internacional de los procesos económicos, razón por la cual
los fenómenos de un país, con todas las particularidades de su estado de
desarrollo temporal, técnico y organizativo, influenciaban también la crisis de
otros países42. Esa
percepción llevó a Kautsky a sospechar la posibilidad de que las grandes
potencias también extendieran y profundizaran su cooperación, en parte como
respuesta a la amenaza de revolución o de los movimientos de liberación
nacional, en los países coloniales. En un artículo publicado en Neue Zeit, el 30 de Abril de 1915, bajo
el título Zwei Schirften zum Umlernen43,
explicó: “El movimiento para revocar la protección aduanera en
Gran Bretaña, la baja de las tarifas en América, la tendencia al desarme, la
pronta baja en las exportaciones de
capital de Francia y de Alemania, en los años anteriores a la guerra y el
creciente entrelazamiento entre los varios cliques
del capital financiero, me llevan a considerar si no es posible que la actual
política imperialista sea superada por una nueva política ultra-imperialista,
que, en lugar de la lucha entre los capitales financieros nacionales,
establezca la explotación conjunta del mundo por el capital financiero
internacional. Esa nueva fase del
capital financiero es, en todo caso, concebible”44. Kautsky especuló con las probables consecuencias que
la guerra mundial, en curso, produciría sobre la evolución del capitalismo y
admitió la posibilidad de que el imperialismo evolucionase hacia una fase a la
que denominó ultra-imperialismo, a pesar de que reconociese la ausencia de
premisas suficientes para afirmar que ésta se realizaría. Su evaluación era consistente con el
análisis del proceso de concentración y centralización del capital hecha por
Marx, pues la guerra mundial, deflagrada en 1914, desdoblaba por medios militares
la competencia económica y comercial entre las potencias industriales de
Europa. Vladimir I. Lenin, en su famosa
obra El Imperialismo, fase superior del
capitalismo45, rechazó, sin embargo, la hipótesis de que el
imperialismo evolucionase hacia el ultra-imperialismo, diciendo que las “abstracciones
muertas” y las “divagaciones inconsistentes” de Kautsky estimulaban, entre
otras cosas, la “idea profundamente errónea” y que llevaba agua para el molino
de los apologistas del imperialismo, “según la cual la dominación del capital
financiero atenúa la desigualdad y
las contradicciones de la economía mundial, cuando, en realidad, lo que hace es
acentuarlas”46. Su
percepción era la de que el imperialismo configuraba el capitalismo en
“descomposición”, el “capitalismo de transición o, mas propiamente, agonizante”47,
que conducía a la plena socialización de la producción, en sus más variados
aspectos y arrastraba a los capitalistas, a pesar de su voluntad y conciencia,
a un cierto nuevo régimen social, de transición entre la plena libertad de competencia
y la socialización completa48.
“El imperialismo es preludio de la revolución social del proletariado” –
pontificó Lenin, aduciendo que su pensamiento era confirmado, a escala mundial,
desde 191749, al contrario de Kautsky, que no consideró al imperialismo
como la fase final del capitalismo, de la cual la revolución socialista
resultaría, en un plazo histórico relativamente corto y admitió otras hipótesis
sobre su desarrollo. La actitud de Lenin, acusando a Kautsky de romper “irremediablemente y decididamente con el marxismo”50 etc, no fue resultado de una reflexión teórica, con base científica, sino de una pasión política. El objetivo de las diatribas, con las que él contribuyó a dogmatizar el marxismo, no consistió en convencer, sino en vencer, en estigmatizar a los que pensaban diferente, pues todo su esfuerzo apuntaba, antes y más que nada, a promover la revolución en Rusia y en el resto de Europa. El propio Kautsky reconoció que Lenin había sido uno de los hombres más persistente, inquebrantable, con una voluntad desafiante y lo comparó con Bismarck51. Inclusive por comprender muy bien el significado de la fuerza armada, en la política y aplicarla, implacablemente, en el momento decisivo. Consideró, sin embargo, que, al contrario de Bismarck, que estudiaba cuidadosamente los Estados con los cuales tenía que vincular su poder y las relaciones de clase en ellos existentes, Lenin nunca consiguió entender completamente las peculiaridades sociales y políticas de Europa Occidental, a pesar de que hubiese vivido allí, como emigrante, varias décadas. Su política, adaptada completamente a las peculiaridades de Rusia fue, con respecto a los países extranjeros, basada en la expectativa de la revolución mundial, la cual, desde el comienzo, le debería haber parecido una ilusión a todo aquel que conociera Europa Occidental, adujo Kautsky52. En efecto, la política de Lenin, su concepción del partido y su comportamiento político, marcado por el voluntarismo, reflejaron las idiosincrasias culturales de Rusia, donde el 8 de Marzo de 1917 (23 de Febrero para el calendario gregoriano53) finalmente irrumpió la revolución, posibilitando el resurgimiento del Soviet de Diputados Operarios y Soldados y obligando al Zar Nicolás II a abdicar del trono. La revolución socialista no se extendió a toda
Europa. La historia que se desenvolvió
con la Segunda Guerra Mundial y el desmoronamiento de la URSS, demostró que la
hipótesis de Kautsky era más correcta y estaba más próxima a la realidad que la
expectativa de Lenin. Las grandes
potencias formaron un gran cartel, el G7 (el grupo de las siete naciones más
industrializadas), para ajustar los problemas económicos y tiene en la OTAN su
instrumento bélico. El
ultra-imperialismo se configuró con la supremacía de los EUA, desde el fin de
la Segunda Guerra Mundial pero, sobre todo, luego del colapso del Bloque
Soviético cuando se abrieron nuevos mercados que impulsaron el proceso de
internacionalización o de globalización de la economía capitalista. Las contradicciones de intereses entre las
potencias industriales, por cierto, no desaparecieron completamente, aunque
nada autoriza a suponer que ellas, entre sí, puedan llegar a un conflicto
armado. Las guerras pasaron a tener
lugar con los países que se encuentran en la periferia del sistema. NOTAS *Luiz Alberto Moniz Bandeira é cientista político, professor titular (aposentado) da Universidade de
Brasília e autor de várias obras, entre as quais A Reunificação da Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global,
De Marti a Fidel: a Revolução Cubana e a
América Latina e Conflito e
integração na América do Sul – Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice
Aliança ao Mercosul). 1 Mathew, K. S, 1997, p. 6. 2 Id., ibid., p. 7/8 3 “Die
Bourgeoisie hat in der Geschichte eine höchst revolutionäre Rolle gespielt”.
.Marx, Karl - Engels, Friedrich - “Manifest der Kommunistischen Partei”, in Marx & Engels, 1980, Band 4, p.
464. 4 “Die
uralten nationalen Industrien sind vernichtet worden und werden noch täglich
vernichtet. Sie werden verdrängt durch neue Industrien, deren Einführung eine
Lebensfrage für alle zivilisierten Nationen wird, durch Industrien, die nicht
mehr einheimische Rohstoffe, sonder den entlegensten Zonen angehörige Rohstoffe
verarbeiten und deren Fabrikate nur im
Lande selbst, sondern in allen Weltteilen zugleich verbraucht werden”. Id.,
ibid., p. 466. 5 “Proletários de todo o mundo, uni-vos”. Id. ibid.,
p. 493. 7 “Eine Gesellschaftsformation
geht nie unter, bevor alle Produktivkräfte entwickelt sind, Für die sie, weit
genug ist, und neue höhere Produktionsverhältnisse treten an die Stelle, bevor
die materiellen Existenzbedingungen derselben im Schoß der alten Gesellschaft
selbst ausgebrütet worden sind.” Marx, Karl, Zur
Kritik der Politischen Ökonomie ‑ Vorwort, in Marx & Engels,
1980, Band 13, pp. 8/9. 8 “Der
Imperialismus ist der politische Ausdruck des Prozesses der
Kapitalakkumulation in ihrem
Konkurrenzkampf um die Reste des noch nicht mit Beschlag belegten
nichtkapitalistischen Weltmilieu”. Luxemburg, Rosa. Die Akkumulation des Kapitals, in Luxemburg, 1990, Band 5, pp. 391 9 Id., ibid., p. 391. 10 Id. Ibid., p. 518. 11 Marx,
Karl. Das Kapital. Kritik del
politischen Ökonomie, Dritter Band, in Marx & Engels, Band 25, 1981,pp. 130, 453/454. Marx não chegou a concluir o terceiro tomo de Das Kapital, cujos últimos apontamentos
escreveu em 1865 . 12 Marx an
Pawel Wassiljewitsch Annenkow, Brüssel, 28/12/ [1846], in Marx & Elgels, Band 27, 1976, p. 458. 13 Ribeiro, 1970, p. 487. 14 A 1° Conferência Pan-Americana,
instalada em Washington, em
Novembro de 1889, deflagrou o
movimento pan-americanista. Ela foi convocada
por James G. Blaine, secretário de Estado no governo do
presidente Benjamin Harrison, com o objetivo de criar com os Estados latino-americanos
uma comunidade comercial, reunindo-os, sob sua égide, em uma espécie de
federação informal, de modo a alijar do continente a competição da Grã-Bretanha
e de outras potências industriais da Europa. A Doutrina Monroe, sintetizada no
lema “a América para os americanos”, funcionou então como justificativa
ideológica e o fato de que os EUA se tornavam a primeira potência industrial do
mundo deu-lhe maior densidade econômica e a mais ampla dimensão política. A
proposta da união aduaneira, entretanto, não foi aceita e o resultado mais concreto da 1° Conferência
Pan-Americana foi a instituição do
Bureau Internacional das Repúblicas Americanas. 15 Hilferding, 1968, Band II, pp. 445 e 446. A Doutrina Monroe, enunciada na mensagem ao Congresso
de 2 de Dezembro de 1823, fora inspirada
pelo isolacionismo de George Washington, segundo o qual “a Europa tinha
um conjunto de interesses elementares sem relação com os nossos ou senão muito
remotamente”, e desenvolvia o pensamento de Thomas Jefferson - “a América tem
um Hemisfério para si mesma” - que tanto poderia significar o continente como o
seu próprio país. Discurso de discurso de despedida do Presidente George
Washington, em 17/09/1796, , apud Morris,
1964, p. 98. Connell-Smith, 1966, pp. 2 e 3.A Doutrina Monroe representava séria advertência não só à Santa Aliança
como também à própria Grã-Bretanha, embora seu efeito imediato, quanto à defesa
dos novos Estados americanos, fosse puramente moral, dado que os interesses econômicos
e a capacidade política e militar dos EUA não ultrapassavam a região do Caribe.
De qualquer forma a Doutrina Monroe ajudou a Grã-Bretanha a frustrar os planos
de recolonização da América e permitiu que os EUA continuassem a dilatar suas
fronteiras na direção do Oeste, dizimando as tribos indígenas que lá habitavam.
16 Zimmermann, 2002, p. 496. 17 Nota à Grã-Bretanha, 20/06/1895, apud Hill, 1943, p. 602. Novins
& Commager, 1986, p. 396. 18 Através do Tratado de Paris,
de 10 de Dezembro de 1898, a Espanha, além de renunciar, definitivamente, à
soberania sobre Cuba, cedeu aos EUA, na condição de colônias, Porto Rico e
outras pequenas ilhas, no Caribe, bem como Guam e o arquipélago das Filipinas,
no Oceano Pacífico, onde o presidente William McKinley, naquele mesmo ano
adquirira também o Hawai. 19
Zimmermann, 2002, p. 458. 20 Wehler,
1993, p. 35/40. 21 Id.,
ibid., p. 43. 22 Id., ibid., 175. Westphal, 1991, pp. 61/65, 242/247. 23 Brunn, 1971, pp. 16/18. 24 Por volta de 1900, a
competição entre a França, Grã-Bretanha e Alemanha, bem como entre outras
potencias menores, Japão e Rússia teve como objetivo a conquista de mercados para seu excedente de
capital e manufaturas, bem como o domínio de fontes de matérias-primas. Essas
potências, estabeleceram colônias, semi-colônias, protetorados e esferas de
influência e negociaram tratados, mediante os quais obtiveram direitos
monopolísticos, tal como fizeram com a
China, em 1897/98, antes da rebelião dos Boxer. Os EUA, então sob a
presidência de William McKinley, protestou contra esses privilégios
especiais para investimentos e reserva
de Mercado, alegando que violavam as provisões dos tratados que firmara com a China e desde então
começou a opor-se à política de mercados fechados, desenvolvida pelos impérios,
como a Grã-Bretanha, França e Alemanha.
25 Hilferding, 1968, Band II, p. 452. 26 A Krupp, para a qual Maxilian von Brandt conseguira subtrair inúmeros
documentos do Ministério da Defesa, financiou na imprensa francesa ataques à
Alemanha, com o objetivo de fomentar o patriotismo em Berlim e instigar o
espírito de guerra. Manchester, 1968, pp. 264/268. Liebknecht, 1973, pp.
XIII, XXI e 38. 27 Marx,
K.. Das Kapital. Kritik del
politischen Ökonomie, Dritter Band, in Marx & Engels, Band 25, 1981, pp.
130, 235, 453/454. 28 Kautsky, Karl. “Der Imperialismus”. In Die Neue Zeit, 11/09/1914, II, p. 921 - o.O.u.J..
Friedrich-Ebert-Stiftung Bibliothek - Signatur(en): A 26315; FA 26315 29 “Von rein ökonomischen Standpunkt ist es also nicht ausgesloschen,
daß der Kapitalismus noch eine neue Phase erlebte, die Übertragung der
Kartellpolitik, eine Phase des Ultraimperialismus, den wir natürlich ebenso
energisch bekämpfen müßten wie den Imperialismus, dessen Gefahren aber in
anderer Richtung lägen, nicht in der Wettrüstens und der gefährbung des Weltfriedens”. Kautsky, Karl. “Der Imperialismus”. In Die Neue Zeit, 11/09/1914, II, p. 921-
o.O.u.J.. Friedrich-Ebert-Stiftung Bibliothek - Signatur(en): A 26315; FA
26315. 30 Marx,
K.. Das Kapital, Erster Band, in
Marx & Engels, Band 24, 1982, pp.
654/655. 31 Id.,
ibid., p. 655, 32 Marx an
Engels, London, 18/06/1862, in Marx & Engels, 1974, Band 30, p. 249. 33 Guerra
de todos contra todos. 34 Alusão à
obra de G. W. F. Hegel, Phänomenologie
des Geistes. Vide “Das geistiges
Tierreich und der betrug oder die Sache selbst”, in Hegel, 1986, pp. 294/323 35 Marx an
Engels, London, 18/06/1862, in Marx & Engels, 1974, Band 30, p. 249. 36
Hilferding, 1974, Band II, pp. 389/404. 37“... Als
mit dem Fortschreiten des Kapitalismus die internationale Verflechtung der
Wirtschaftsvorgänge immer inniger wird, und daher auch bei den Krisen di
Erscheinungen des einen Landes mit all seinen Besonderheiten des zeitlichen,
technischen und organisatorischen Entwicklungsstadium”. Id., ibid., Band II, p. 389. 38 O artigo é dividido partes, publicadas em quatro edições de Die Neue Zeit. Kautsky,
Karl. “Zwei Schriften zum Umlernen“ –. Die
Neue Zeit, 09/04/1915; 16/04/1915; 23/04/1915; 30/04/1915. o.O.u.J.. Friedrich-Ebert-Stiftung Bibliothek - Signatur(en): A
26315; FA 26315. 39 Id., ibid., p. 144. 40 Essa obra foi escrita Zürich, entre Janeiro e Julho de 1916, e
publicada, pela primeira vez, em Abril de 1917, em Petogrado, com o título: N.
Lênin (V. Ilin), O imperialismo,
novíssima etapa do capitalismo. 41 Lenin, V. I..El imperialismo,
fase superior del capitalismo, in Lenin, 1948, Tomo I, p. 1033/1035. 42 Id.,
ibid., pp. 1040/1043 e 1066/1065 43 Id., ibid., p. 956. 44 Id., ibid., p. 1035, 1051/1053. 45 Após o falecimento de
Lenin, em 21 de Janeiro de 1924,
Panski-Solski, correspondente do Izvestia, em Berlim, enviou a Karl Kautsky, em
Viena, uma carta convidando-o a contribuir, com um artigo para as homenagens,
que lhe seriam prestadas. O texto de
Kautsky, sob a forma de carta a Panski-Solski datada de 28 de Janeiro de 1924,
saiu no Izvestia e
posteriormente foi reproduzido na publicação teórica dos autro-marxistas Der Kampf
(Vol.17, No.5, May
1924, pp.176/9). Transcription/Markup: Revolutionary History-Brian/Basen- Online Version: Kautsky Internet Archive (marxists.org) 2000. 46 Ibid. 47 O governo bolchevique, posteriormente, substituiu o calendário
gregoriano, adotado na Rússia ao tempo da monarquia, pelo calendário ocidental.
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