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Brasil y las dos Américas Luiz Alberto Moniz Bandeira Octubre de 2005 El entendimiento de Brasil siempre fue el de que hay dos Américas, la
del Norte y la del Sur, distintas no tanto por sus orígenes étnicos o aún por
la diferencia de idiomas, sino, sobretodo, por la geografía, con sus
implicancias geopolíticas. Este fue el parámetro por el cual se orientó
su política exterior. Brasil, en el curso del siglo XIX, se abstuvo de todo
involucramiento en América del Norte, en América Central y en el Caribe,
mientras resguardaba a América del Sur como su esfera de influencia.
Dentro de América del Sur, sin embargo, el interés fundamental de Brasil, desde
los tiempos de la colonización, se centró, principalmente en los países de la
Cuenca del Plata: Argentina, Uruguay, Paraguay y, de cierto modo, Bolivia. Lo que amplificó aún más la importancia geopolítica de la Región, primero para Portugal durante la colonización y para Brasil después de la separación, fue el hecho de que el abastecimiento de Mato Grosso, Goiás y parte de San Pablo dependía, casi en su totalidad, de la navegación fluvial. El bloqueo de la libre navegación a través de los ríos de la Cuenca del Plata configuraba casus belli para el gobierno imperial. Con las
repúblicas del Pacífico, separadas por selvas y por la cordillera de los Andes,
las relaciones de Brasil nunca adquirieron un mayor peso y densidad, hasta la
primera mitad del siglo XX. El interés primordial de Brasil consistió en
buscar una solución para los temas de límites y de la libre navegación fluvial,
a través del Amazonas. De ahí las misiones de Duarte da Ponte Ribeiro (1851),
Miguel María Lisboa (1853), Joao da Costa Rego Monteiro, Felipe Lopes Neto,
Joaquim Maria Nascentes de Azambuja (1866/1867), enviadas a las repúblicas del Pacífico
(Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela). La doctrina del uti possidetis
sirvió de base para la demarcación de las fronteras, con la superioridad de la
idea de la nacionalidad, que confirió a la política brasileña coherencia,
racionalidad y continuidad, como Amado Luiz Cervo y Clodoaldo Buenos
destacaron. Brasil trató de asegurar su soberanía sobre la Amazonia, antes
de abril el río a la navegación internacional, evitando que las repúblicas del
Pacífico fuesen inducidas por los Estados Unidos a atacarlo al norte,
aprovechando su involucramiento en la guerra contra el Paraguay
(1864/1870). José María da
Silva Paranhos, Barón de Río Branco, cuando ocupó el cargo de ministro de
Relaciones Exteriores (1903/1912), buscó consolidar las fronteras de Brasil,
con todos sus vecinos. Su política exterior se pautó por directrices similares
a las del tiempo de la monarquía (1822/1889), al considerar el continente una
especie de condominio, en que Brasil ejercería libremente su influencia sobre
América del Sur, mientras las Américas del Norte y Central, así como el Caribe
tendrían en los Estados Unidos su centro de gravitación. Cuando en 1903,
Panamá se separó de Colombia, con el apoyo de los Estados Unidos, Río Branco,
no obstante lamentar el acontecimiento, no protestó. Reconoció a la nueva
república de acuerdo con Argentina y Chile, a fin de mantener la unidad de los
tres países, con los cuales pretendía establecer un acuerdo diplomático,
conocido como ABC (Argentina, Brasil y Chile). En 1908, sin embargo,
Branco reaccionó enérgicamente contra la actitud de los Estados Unidos, que
pretendía favorecer a Perú en el litigio sobre los territorios Purus y Juruá,
afirmando el "derecho nuestro (brasileño) de actuar políticamente en esta
parte sin tener que pedir liderazgo o dar explicaciones" al gobierno
americano, que, según sus palabras, no debía involucrarse "para ayudar a
nuestros adversarios, en las cuestiones en las que estamos
empeñados". Un año después, 1909, amenazó romper las relaciones con
Estados Unidos, si el presidente William Howard Taft ejecutaba el ultimatum
dado a Chile para pagar dentro de diez días el monto de U$S 1 millón de
dólares, reclamado por la empresa norteamericana Alsop & Co. Mientras
tanto, en 1910, Río Branco no atendió a un llamado de Nicaragua para que la
ayudase a impedir que un barco de guerra americano apoyase una revolución que
surgía entonces en aquel país. No tenía interés en la cuestión. Unido a la
Argentina y a Chile, configuró el Bloque conocido como ABC, actuando como
mediador para evitar una guerra entre Méjico y los Estados Unidos, cuyos
soldados habían ocupado la ciudad portuaria de Vera cruz, bajo el pretexto de
capturar un cargamento de armas alemanas, transportado por el navío Ypiranga,
de la Compañía Hamburg-Sûd. En 1927, sin
embargo, el diplomático Ronald de Carvalho, en el "Informe Reservado"
sobre la Política Exterior de Brasil y la de los Países de América del Sur,
organizado por orden del entonces canciller Octavio Mangabeira, dejó bien claro
la pretensión de Brasil, afirmando,
luego de definir varios objetivos a cumplir, que "volveremos a ocupar, en
virtud del crecimiento natural de nuestra población y del desarrollo de
nuestras riquezas, el lugar que nos cabe en América del Sur", o, en otras
palabras, la preeminencia que tuviera durante el siglo XIX. Oswaldo Aranha,
cuando era Embajador de Brasil en Washington, tomó en 1935 una actitud similar
a la del Barón de Río Branco, de cara a la intromisión de los Estados Unidos en
los asuntos de los países con los países vecinos. Advirtió el Secretario
de Estado, Summer Welles de que "nada explicaba nuestro (brasileño) apoyo
a los Estados Unidos en sus asuntos en América Central, sin actitud recíproca
de apoyo a Brasil en América del Sur". Posteriormente, en la condición de
ministro de Relaciones Exteriores del presidente Getúlio Vargas (1930/1945),
firmó, con Enrique Ruiz-Guiñazú, canciller de Argentina, el Tratado del 21 de
Noviembre de 1941, cuyo objetivo era "establecer, de forma progresiva, un
régimen de intercambio libre, que permitiese llegar a una unión aduanera /.../,
abierta a la adhesión de los países limítrofes", es decir abierta a la
adhesión de los países de América del Sur. Argentina se configuraba como
un socio comercial cada vez más importante de Brasil, escurridero natural para
sus productos agrícolas y manufacturas. El presidente Getúlio Vargas,
durante la Conferencia de Río de Janeiro, luego de la cual rompió las
relaciones con los países del Eje, no quiso forzar a que Brasil se apartase de
la Argentina, por cuanto consideraba a la amistad entre los dos países
"parte integrante de un programa de gobierno". El Tratado de
1941, para el establecimiento de la unión aduanera, no se efectivizó debido al
ataque de Japón a la base americana de Pearl Harbor, el 7 de Diciembre de 1941,
involucrando directamente al hemisferio en la Segunda Guerra Mundial, luego de
la cual comenzó a ganar fuerza el concepto de América Latina, utilizado por
las organizaciones multilaterales, post Segunda Guerra Mundial, para
designar a la Región, o sea, a todos los países debajo de Río Grande.
Mientras tanto, aunque Brasil se refería a América Latina lo que estaba
subyacente era la idea de América del Sur, de la cual asumió abiertamente el
liderazgo, cuando el presidente Juscelino Kubitschek lanzó, en 1958, la
Operación Panamericana, tendiendo a reformular los términos de la relación con
los Estados Unidos. "Verifico que en Brasil - y creo que en los
demás países del continente" maduró la conciencia de que no conviene más
formar un mero conjunto coral, una retaguardia sin carácter, un simple fondo de
cuadro", declaró Kubitschek. En aquellas
condiciones, el continente significaba, sobre todo, América del Sur. El
formidable impulso que tomara el proceso de industrialización de Brasil, como
consecuencia de la implantación del parque siderúrgico de Volta Redonda, fue el
que aumentó y robusteció su pretensión de asumir su liderazgo vis-a-vis los Estados Unidos. Su papel se
revistió de una importancia mayor, en la primera mitad de los años 60, al
defender los principios de no-intervención y autodeterminación de los pueblos,
compitiendo decisivamente para impedir que los Estados Unidos consiguiesen el
apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) a su propósito de
intervenir militarmente en Cuba y derrocar el régimen instituido por Fidel
Castro. Se trataba de una cuestión fuera de su órbita,
América del Sur, pero involucraba a la OEA y, consecuentemente, a todo el
hemisferio. Solamente, en 1965, sin embargo, Brasil rompió su tradición
de no intervenir directamente en cuestiones de América Central y en el
Caribe. A pedido de Washington, envió un contingente militar, en la
condición de fuerza interamericana de paz, para coadyuvar en la ocupación de la
República Dominicana, luego de la invasión ordenada por el presidente Lyndon
Johnson. En el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, se
despachó un contingente, bajo la égida de la ONU, para mantener la paz en
Haití. |