Argentina, Brasil, Inglaterra  y la Guerra de la Triple Alianza

 

 

 

 

Luiz Alberto Moniz Bandeira

 

Marzo 2006

 

 

Cuando, durante 1971/72 escribí Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois Séculos de História), cuya primera edición apareció en 1973, observé que la Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) contra el Paraguay fue considerada por EUA como el resultado de una conspiración de los intereses europeos, particularmente de Inglaterra, que frecuentemente se valió del Imperio (brasileño) como “gendarme del Plata”. Posteriormente, al emprender a partir de 1974 la investigación para mi tesis de Doctorado sobre “El Papel del Brasil en la Cuenca del Plata”, constaté que, aunque la política continental del Brasil pareciera haber oscilado -en momentos distintos- entre una orientación que reflejaba los objetivos de las grandes naciones industriales y la iniciativa de interés nacional, el predominio inglés, como alegó Celso Lafer, “nunca fue pacíficamente consentido”. En verdad, el Brasil no articuló la Triple Alianza ni promovió la guerra contra el Paraguay, como instrumento de Gran Bretaña, tal como propalaron ciertos escritores, sobre todo en los países de la Cuenca del Plata. Por el contrario, había roto desde 1863 las relaciones diplomáticas con  Gran Bretaña, donde la firma John & Alfred Blyth y la casa bancaria del barón de Rothschild ya hacían negocios con el gobierno de Francisco Solano López y no tenían interés en el estallido de la guerra contra el Paraguay. El propio barón de Mauá, señalado equivocadamente por algunos autores hispanoamericanos, como representante financiero de Rothschild, hizo de todo para  evitarla, oponiéndose a la política del gobierno brasileño en la Cuenca del Plata y sólo se dispuso a concederle financiamiento, después de iniciadas las hostilidades, porque no tenía alternativa.

El resultado de la investigación tanto en archivos del Brasil, el Uruguay, la Argentina, el Paraguay como también de EUA, Gran Bretaña y Francia, se lo comuniqué a mi querido amigo, el profesor León Pomer, quien había publicado el libro La Guerra del Paraguay - Gran Negocio, donde sustentaba, como los historiadores de la escuela revisionista en la Argentina, aquella tesis sobre los intereses británicos en la deflagración de la Guerra de la Triple Alianza. Pomer, al demostrar su gran honestidad intelectual y seriedad científica, me escribió una carta en la cual, aunque buscase justificar su tesis, reconocía que

 

En cuanto a la Guerra estoy absolutamente persuadido que Inglaterra no la provocó, incluso es probable que la haya querido evitar. Entre tanto los intereses privados (Rothschild y Baring lo eran, y lo eran los ahorristas que compraban bonos de los respectivos empréstitos) la financiaron. No obstante que la mano no está directamente en la cosa, indirectamente los impulsos (materiales e ideológicos) actuaron de modo determinante”.

 

Sin duda alguna, el hecho es que, sin los recursos financieros proporcionados, sobre todo, por la casa Rothschild y Baring Brothers, los Aliados difícilmente hubieran podido sostener el esfuerzo de la guerra, durante cinco años. Pero no podía atribuirse a supuestos intereses de Gran Bretaña, como hicieron varios escritores, la responsabilidad por el estallido de la Guerra de la Triple Alianza, con miras a incorporar al Paraguay al mercado mundial o, entre otros motivos, a destruir un posible modelo de desarrollo económico alternativo al capitalismo. Esto lo demostré, documentadamente, en mi tesis de doctorado en Ciencia Política en la Universidad de San Paulo y que, tras algunos años, transformé en el libro La Formación de los Estados en la Cuenca del Plata, del cual ahora la Editora Ensaio publica una segunda edición.

Algún tiempo después, en 1989,  en la biblioteca del Instituto de América Latina de la Universidad de Estocolmo, donde me encontraba como profesor visitante, supe que dos paraguayos --Juan Carlos Herken Krauer y Maria Isabel Gimenez Herken-- habían publicado un pequeño libro, en el cual, con el apoyo de una sólida documentación, recogida casi en la misma época en que emprendí mi investigación, también sostenían como conclusión que

 

Argentina y, sobre todo, Brasil no tuvieron mayores problemas en conseguir los recursos financieros y bélicos que necesitaron durante el desarrollo de la guerra (contra el Paraguay), pero resultaría muy difícil utilizar este argumento como sustentador de una política oficial británica de apoyo a la causa aliada: más bien, prevalecieron los intereses de grupos privados de aprovechar al máximo oportunidades de negocios. Esto, por otra parte, se dio asimismo en otros países europeos, en especial Francia y Bélgica”.

 

            Herken Krauer y Giménez de Herken comprobaron que “el interés oficial y privado británico residió, en un primer momento, no en propulsar en forma considerable la vida comercial.Tras demostrar que Gran Bretaña, ya al final de la década de 1850, proporcionaba cerca del 75% de las importaciones efectuadas por el Paraguay, Herken Krauer y Giménez de Herken destacaron que el Paraguay no constituía una economía “cerrada” o “auto-suficiente” u opuesta, en términos estructurales, al proceso de expansión del capitalismo a escala Regional. Por el contrario, el orden y la estabilidad política, que López  aseguraba allá, permitían el avance económico continuo y, a los ojos de los hombres de negocios de la City y de los policy makers del Foreign Office, favorecían más los intereses de Gran Bretaña que el desorden y la anarquía reinantes en la Argentina.  Esta, fue la razón por la cual los hombres de negocios y las autoridades en Prusia y en los demás Estados alemanes manifestaban una gran simpatía por el Paraguay hasta la eclosión de la Guerra de la Triple Alianza, según lo demostrado por el académico alemán Heinz J. Dominick. Por otro lado, el representante del Gobierno francés en el Paraguay, M. de Curverville, fue acusado por el marqués de Caxias de favorecer al mariscal Francisco Solano López y de cuidar sus bienes personales, razón alegada para justificar la invasión y el pillaje (excepto de los archivos) de las sedes de los consulados franceses en Luque y Asunción.

Así, según Juan Carlos Herken Krauer y María Isabel Giménez de Herken, especular que Gran Bretaña no asumió un papel directo, para alcanzar el “objetivo estratégico” de destruir y subyugar al Paraguay, sino que dejó esa tarea a cargo de potencias “sub-imperiales”, como el Brasil y la Argentina, constituye una formulación teórica, que se basa en un “supuesto con escasa fundamentación documental y que requiere un alto grado de teorización conspiracional”. He querido añadir estas palabras, como prefacio a la segunda edición de este libro mío –La formación de los Estados en la Cuenca del Plata -  Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- a fin de presentar a los lectores, en resumen, las conclusiones a las que llegaron dos investigadores paraguayos y que confirman el resultado de la investigación realizada por mí hace 18/20 años atrás, sobre un tema tan controvertido: la Guerra de la Triple Alianza.

 

 

Nota

 

(*) Luiz Alberto Moniz Bandeira es doctor en Ciencia Polítca, profesor catedrático de la Historia de la Política Exterior de Brasil en la Universidad de Brasilia y tiene más de 20 obras publicadas, entre las cuales La Formación de los Estados en la Cuenca del Plata y Argentina, Brasil y Estados Unidos (De la Triple Alianza al MERCOSUR), publicado por la Editorial Norma en Argentina.