Dimensión estratégica y
política externa de los Estados
Unidos
Luiz Alberto Moniz Bandeira
Diciembre 2008
“…America is too
democratic at home
to be autocratic abroad. This limits the
use of America’s
power, especially
its capacity for military intimidation”.
Zbigniew Brzezinski[i]
Eurasia es la masa
de tierra que se extiende desde Europa hasta Asia, separada por la cordillera
de los Montes Urales, teniendo Rusia y Turquía parte
de sus territorios en los dos continentes. Su heartland,
situado, fundamentalmente, entre Asia Central y el Mar Caspio, abarca Kazakistán, Armenia, Azerbayán, Kirguistán, Tadjikistán,
Turkmenistán, Usbekistán, Siberia
Occidental y parte septentrional de Pakistán, y es circundado por Afganistán,
Rusia, China, India e Irán. Sir Halford John Mackinder, a principios del
siglo XX, en conferencia, en la
London’s
Royal Geographical Society,
bajo el título "The Geographical
Pivot of History"[i], sustentó que este "closed heartland of Euro-Asia" era el "pivot"
del equilibrio global y el Estado que lo controlase tendría posibilidades de
proyectar el poder al otro de la región. Allí el poder terrestre tendría
una ventaja mayor, debido al hecho de que sus ríos fluían hacia mares
mediterráneos, tornando inaccesible el heartland a
una fuerza naval, a través del Océano Ártico, y podría no sólo explotar los
recursos naturales allá existentes sino usar los medios de comunicación
terrestre, más rápidos que los marítimos. El Estado que dominase el heartland, “the greatest natural fortress on earth”, tendría, por lo
tanto, la posibilidad de comandar a toda Eurasia,
llamada por Mackinder de World Island[ii].

Asia Central - Heartland
Durante el gobierno Presidente James
Earl Carter (1977/1981), Zbigniew Brzezinski, su asesor de
Seguridad Nacional, trató de orientar la política externa, dentro de los mismos
parámetros de Mackinder. Él consideraba que, en aquel
contexto de la
Guerra Fría, la forma como los Estados manejaban Eurasia era crítica y enfatizó la doctrina según la cual el
Estado que dominase este vasto continente, que constituía un eje geopolítico,
controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del
mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía
geopolíticamente periféricos. Allí, en Eurasia, vivía
el 75% de la población mundial y estaban depositadas 3/4 de las fuentes de
energía conocidas en todo el mundo.[i] Con esta percepción, Brzezinski indujo al Presidente Carter
a abrir un tercer front, en la Guerra Fría,
instigando a los pueblos islámicos de Asia Central contra Moscú, en el heartland de Eurasia e
integrantes de la Unión Soviética, con el objetivo de formar un green belt[ii]
y contener el avance de los comunistas en la dirección de las aguas calientes
del Golfo Pérsico y de los campos de petróleo del Oriente Medio.[iii]
Brzezinski, en su libro Game
Plan – How to Conduct the U.S. – Soviet Contest, reconoció que la contienda entre los Estados
Unidos y la
Unión Soviética no era entre dos naciones. Era “between two empires”, i. e., entre dos naciones que habían
adquirido “imperial attributes even
before their post-World War II colision”.[iv] La Unión Soviética se desmoronó,
entre 1989 y 1991, cuando perdió el dominio no sólo sobre los Estados del
Este-Europeo sino, también, sobre otras Repúblicas que la integraban, inclusive
las del Báltico y de Asia Central, abriendo un vacuum
político, que los Estados Unidos aprovecharon para ocupar. Y una consecuencia
geopolítica, producida por el fin de la Guerra Fría, fue azuzar la disputa en torno de
las inmensas fuentes de energía – gas y petróleo – existentes en aquella parte
del heartland euro-asiático. Con independencia
de las cinco Repúblicas soviéticas de Asia Central y la debilidad de los nuevos
Estados emergentes de los escombros de la Unión Soviética,
los Estados Unidos aprovecharon el vacuum y
avanzaron sobre la región. Expandieron la OTAN a las fronteras de Rusia, incorporando
algunos Estados que antes pertenecieron al Bloque Socialista, impusieron su
superioridad en los Balcanes, con el desmembramiento de la antigua Yugoslavia,
y emprendieron guerras hacia la ocupación de Afganistán e Irak.
En el gobierno del Presidente George H. W. Bush (1989/1993),
período en que ocurrió el desmoronamiento de la Unión Soviética
y de todo el Bloque Socialista, el General Colin Powell, como Jefe del Estado-Mayor Conjunto de las Fuerzas
Armadas, recomendó que el gobierno preservase la “credible
capability to forestall any potential
adversary from competing militarily” con los
Estados Unidos[v],
impidiese a la
Unión Europea tornarse una potencia militar, fuera de la OTAN, la re-militarización de
Japón y de Rusia, y desanimase cualquier desafío a su preponderancia o
tentativa de revertir el orden económico y político internacionalmente
establecido. Y señaló para las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos
sus nuevas misiones, que consistían en
“to
maintain only such military capabilities as are necessary for self-defense and
alliance commitments counter-narcotrafic efforts,
disaster relief, international peacekeeping forces and consistent with
their laws and constitutions and other missions, with the principles of the
Organization of American States and United Nations Charters”.[vi]
En
la misma época, 1992, Dick Cheney,
Secretario de Defensa del Gobierno de George H. W. Bush, divulgó un documento, en el cual confirmó que la
primera misión política y militar de los Estados Unidos post-Guerra Fría
consistía en impedir el surgimiento de algún poder rival en Europa, en Asia y
en la extinta Unión Soviética.
Pero,
desde la administración del Presidente Ronald Reagan (1981/1989), el Pentágono, estaba gestando nuevas amenazas,
como justificación para los voluminosos recursos presupuestales con los cuales
financiaba el complejo industrial-militar y toda su cadena productiva, así como
la cadena de bases militares y tropas en las más diversas regiones del mundo.
El “peligro verde”, identificado con el fundamentalismo islámico, comenzó a
sustituir al “peligro rojo”, representado por la Unión Soviética,
y el “terrorismo internacional” pasó a ocupar un espacio relevante en la agenda
internacional de los Estados Unidos. En 1984, sin embargo, Reagan
tomó como principal blanco, ya no a las organizaciones responsables por los
atentados, sino a algunos Estados, en el Tercer Mundo, a los cuales clasificó
como “rogue states”
(Estados irresponsables, indisciplinados) y los acusó de patrocinar el
terrorismo (state-sponsored
terrorism). Y luego del desmoronamiento de la Unión Soviética
y de todo el Bloque Socialista, el terrorismo y el narcotráfico configuraron
los nuevos enemigos a combatir[vii], por cuanto ya no había otro Estado
o bloque de Estados con capacidad de desafiar y poner en riesgo al sistema
económico, social y político de los Estados Unidos, cuya fuerza militar se
había tornado, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la única en el mundo que
tuvo como principal misión, no la defensiva, sino la ofensiva, no la de
resguardar las fronteras nacionales, sino la de proyectar su poder sobre todos
los continentes, en los cuales instaló seis comandos militares, que
caracterizan el dominio imperial.[viii]

Fuente : http://www.defenselink.mil/specials/unifiedcommand/
Aunque buscase un mayor compromiso
multilateral, el Presidente William “Bill” Clinton (1993/2001), del Partido Demócrata, mantuvo
sustancialmente la agenda política externa de sus antecesores del Partido
Republicano, Ronald Reagan
y George H. H. Bush. El “counter-terrorism”
fue “a top priority for the Clinton
Administration”, según la Casa Blanca anunció en
1995.[i] Y Madeleine Albright, Secretaria de
Estado en su Administración, enfatizó que el terrorismo constituía la más
importante amenaza que los Estados Unidos y el mundo enfrentarían a comienzos
del siglo XXI. Altos funcionarios norteamericanos reconocieron que los
terroristas, más que nunca, estaban en condiciones de obtener y usar armas
nucleares, químicas y biológicas.
Lo que predominó en Washington, en
los años 1990, fue la doctrina, según la cual los Estados Unidos deberían
ejercer su “unrivaled power”,
como un imperio, a fin de traer estabilidad internacional, resolver los
problemas del terrorismo, de las “rogue nations”, de las armas de destrucción masiva, etc. Las
propuestas para tornar a los Estados Unidos en un imperio no eran
intelectualmente serias, en opinión del periodista William Pfaff,
del International Herald
Tribune, pero eran significativas, porque la
clase política y la burocracia estaban enamoradas del poder internacional y “they want more”[ii].
La enorme cadena de bases militares, que los Estados Unidos mantienen en todos
los continentes, excepto la
Antártida, configura, de hecho, una
forma de imperio.[iii]
De acuerdo, con las estadísticas del Departamento de Defensa, había cerca de
725 bases militares de los Estados Unidos, en 38 países, alrededor de 2003, y
en torno de 100.000 soldados en toda Europa[iv].
Sólo en Alemania, incluso después de finalizada la Guerra Fría y
la retirada de las tropas por parte de la extinta Unión Soviética, los Estados
Unidos poseían cerca de 17 bases militares y cuarteles (facilities),
debido a la ventaja de estar más cerca del Oriente Medio y de Asia Central, en
un país con una democracia estable y condiciones de vida, que proporcionaban un
mejor confort y comodidad a sus tropas, cuyo total era de aproximadamente
75.000 soldados, en 2004.
Los Estados Unidos, por medio del
poder militar, con el apoyo de los medios de comunicación, pasaron a dominar el
mundo y conformaron un imperio informal, a partir de la derrota de Alemania y
de Japón, en 1945. Según resaltó el periodista William Pfaff,
“Washington ignores whenever convenient”[v]
los principios de la soberanía nacional y de la igualdad de las naciones, que
desde el siglo XVII, cuando fue celebrado, el 30 de Enero de 1648, el Tratado
de Westfalia, en Münster
(Alemania), poniendo fin a la
Guerra de los 30 Años, constituyeron los fundamentos del
Derecho Internacional. Fue basado en dichos principios que el gran jurista
brasileño Rui Barbosa, como jefe de la Delegación de
Brasil, en la
Segunda Conferencia de Paz, en La Haya (1907), proclamó que “la
souverainité est la grande muraille de la patrie y defendió la “l’égalité des Etats souverains”, contra la posición de los Estados Unidos y
otras grandes potencias, que pretendían crear un Supremo Tribunal Arbitral,
discriminando a los demás países en su composición.[vi]
Con la ascensión de George W. Bush a la presidencia,
los neo-conservadores, conocidos como neocons,
la “hard right”
del Partido Conservador, trataron de orientar la política internacional de los
Estados Unidos, según el Project for the New American
Century (PNAC), que consistía en aumentar los
gastos en defensa, fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los
“regímenes hostiles a los intereses y valores” americanos, promover la
“libertad política” en todo el mundo, y aceptar para los Estados Unidos el
papel exclusivo en “preservar y extender un orden internacional amigable (friendly) a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y
nuestros principios”. Con todo, la primer prioridad del Presidente George W. Bush, cuando inauguró
el gobierno a comienzos de 2001, no fue combatir el terrorismo o la
proliferación de armas de destrucción masiva, sino aumentar el flujo de
petróleo del exterior, debido a la reducción de los stocks
de petróleo y de gas natural, en los Estados Unidos, evidenciada por los blackouts ocurridos en California, mientras las
importaciones de petróleo estaban sobrepasando el 50% del consumo interno. Y
los atentados del 11 de Septiembre de 2001 contra las torres-gemelas del World Trade Center, en Nueva York, permitieron que el Gobierno de Washington, bajo la
consigna de la “war on
terrorism”, intensificase la militarización de la
política externa y emprendiese la campaña para asegurar las fuentes de energía
– gas y petróleo – y las rutas de abastecimiento, una “vital sphere” de intereses de los Estados Unidos, de la
cordillera de Hindu Kush,
en Afganistán y el nordeste de Pakistán, involucrando a Irán y al Oriente
Medio, hasta el Bósforo.[vii] Así, la guerra
contra el terrorismo constituyó una mera figura de retórica, un eufemismo, para
disfrazar los objetivos reales del Presidente George
W. Bush, que consistían en vencer la resistencia y/o
la insurgencia islámica, y controlar a Asia Central y al Oriente Medio, con sus
enormes yacimientos de gas y petróleo. La convergencia de las necesidades de la
economía mundial capitalista y los intereses de las grandes corporaciones pautó
su política internacional.
El cambio en la estrategia de
seguridad nacional de los Estados Unidos, sustituyendo la doctrina de containment and deterrence (contención y disuasión) por la de preemptive attacks,
i. e., de ataques preventivos, contra grupos terroristas o países percibidos
como amenaza, fue oficializada en Septiembre de 2002, con la emisión del
documento “The National Security Strategy of the United
States of America”.[viii]
Este cambio era necesario, como fundamento para las intervenciones militares,
que el Presidente George W. Bush
y los neocons pretendían promover,
apuntando a asegurar la superioridad militar, política y estratégica de los
Estados Unidos, mediante el control, sobre todo, de las fuentes de energía
existentes en Asia Central y en el Oriente Medio. La perspectiva era, entonces,
la de que la sociedad americana estaría enfrentando la mayor crisis de
suministros de energía, en las dos próximas décadas. Se preveía que, en los próximos
20 años, i. e., hasta el 2020, el consumo de petróleo por parte de los Estados
Unidos aumentaría a cerca de 6 millones de barriles por día, mientras su
producción declinaría a cerca de 1,5 millón de barriles por día y atendería a
menos del 25% del consumo. Al mismo tiempo, el consumo de gas natural crecería
cerca del 50%, pero la producción aumentaría apenas el 14%.[ix] Frente a dichas perspectivas, inmediatamente en los
primeros meses de la administración de George W. Bush, el 19 de Marzo de 2001,
el Secretario de Energía, Spencer Abraham, admitió en una conferencia en la National Energy
Summit que la “America faces a major energy supply crisis over the next two
decades," told The failure to meet this challenge will threaten our
nation’s economic prosperity, compromise our national security, and literally
alter the way we lead our lives."[x] En dichas circunstancias, cuando la
crisis de energía en California, en aquella época, comenzó a salirse del
control, Dick Cheney, Vice-Presidente de los Estados Unidos y ex-jefe ejecutivo
de la Halliburton,
se reunió, en secreto, con directores de las principales compañías de petróleo
y gas, a fin de debatir la cuestión energética. Y una Task
Force, nombrada por el Presidente George
W. Bush y dirigida por Dick
Cheney, formuló la National Energy Policy,
como un problema de seguridad nacional.
La seguridad nacional de los Estados
Unidos, por lo tanto, implicaba, necesariamente, el dominio de las fuentes de
energía, en el Oriente Medio, donde estaban depositadas cerca del 64,5% de las
reservas conocidas de petróleo, así como en Asia Central. Cualquier otra
potencia, que dominase aquellas regiones, tendría una poderosa arma para
amenazar a la sociedad americana, cuya seguridad energética se había tornado
bastante vulnerable, dado que más del 50% del consumo de petróleo en los
Estados Unidos dependía de las importaciones. De ahí el ataque a Afganistán,
por donde debería pasar un oleoducto, uniendo Turkmenistán a Pakistán, y la invasión y ocupación de Irak,
donde estaban las mayores reservas probadas de petróleo, algunas con bajo costo
de extracción. Y, con el objetivo estratégico de establecer plataformas aéreas
para eventuales guerras preventivas u otras misiones militares, los Estados
Unidos expandieron su aparato militar, mediante la construcción de un nuevo
arco de bases e instalaciones en las antiguas repúblicas soviéticas – Kirguistán, Tadjikistán y
Uzbekistán – en el heartland de Eurasia, así como en Pakistán, Qatar y Djibouti.

Documentos fechados en Marzo de
2001, que el Departamento de Comercio de los Estados Unidos tuvo que
desclasificar, a mediados de 2003, como resultado de un proceso promovido por
las organizaciones Sierra Club (ambientalista) y por la Judicial Watch,
revelaron que la Task Force,
dirigida por el Vice-Presidente Dick
Cheney, había elaborado dos mapas de los campos de
petróleo, oleoductos,
refinerías y terminales, así como dos mapas detallando los proyectos y las
compañías que pretendían ejecutarlos. [i]
Después de la invasión por parte de los Estados Unidos, en 2003, los geólogos
de las compañías transnacionales realizaron investigaciones y estimaron que en
los territorios relativamente no explotados los desiertos del oeste y sudeste
del país podían contener reservas adicionales de 45 a 100 mil millones de
barriles (bbls) de petróleo recuperable.[ii]
Y, el 19 de Junio de 2008, The New York Times publicó un
artículo titulado "Deals With Iraq Are Set
to Bring Oil Giants Back”, comprobando que la ocupación de Irak
apuntó realmente a capturar los campos de petróleo. Basado en informaciones de
funcionarios del ministerio responsable por el petróleo en Irak y de un
diplomático americano, mantenido en el anonimato, el periodista Andrew Kramer, en su artículo,
escribió que la "Exxon Mobil, Shell, Total and BP ... along
with Chevron and a number of
smaller oil companies, are
in talks with Iraq's Oil Ministry for no-bid contracts
to service Iraq's largest fields." [iii] De acuerdo con
el Oil and Gas Journal,
las reservas de petróleo probadas como existentes en Irak eran de 115 mil
millones de barriles, en 2001, pero posiblemente el número sería mucho mayor
aún.
El control de estas y otras reservas
de petróleo se tornó cada vez más fundamental para los Estados Unidos, por
cuanto sus importaciones totalizaron U$S 327 mil
millones en 2007 y, de acuerdo con las estimaciones, alcanzarían U$S 400 mil millones, en 2008, lo que representaba un
incremento del 300%, con relación al 2002. La cuenta del petróleo respondió por
35% al 40% de todo el déficit comercial de los Estados, en 2006, un porcentaje
mucho mayor que en 2002, que fue de apenas el 25%.[iv] En 2007, el
total del déficit comercial de los Estados Unidos fue U$S
708,5 mil millones[v].
Aunque fuese cerca de U$S 50 mil millones menor que
en el año anterior, 2006, gracias a la devaluación del dólar y, consecuentemente,
al aumento de las exportaciones, la tendencia, sin embargo, era aumentar cada
vez más. No sin razón, el Presidente George W. Bush, en la State of Union de 2006, advirtió que los Estados Unidos, para
mantener su producción competitiva, requería recursos energéticos baratos y ahí
estaba el grave problema: “America is addicted to
oil, which is often imported from unstable parts
of the world”[vi].
Los Estados Unidos, con el fin de
mantener la posición de potencia mundial, que hace más de un siglo alcanzaron,
dependen más y más de fuentes de energía confiables, especialmente petróleo,
cuyas importaciones, sobre todo de la región del Golfo Pérsico, tienden a
crecer, significativamente, en las próximas décadas. La expectativa era de que
la demanda mundial de petróleo saltaría de 82 millones de bpd,
en 2004, a
111 millones bpd en 2025, lo que representaría un
aumento del 35%. Y la
Energy Information
Administration (EIA), de acuerdo con el Annual Energy Outlook, preveía un
incremento aún mayor de la demanda de suministros de petróleo por parte de los
Estados Unidos y por los países emergentes de Asia – principalmente China – y,
consecuentemente, el aumento del precio, alrededor de
2030. Por otra parte, la seguridad nacional de los Estados Unidos pasó a
significar, también, seguridad energética, elemento central de su política
externa, y el Great Game[vii],
el juego de poder, se intensificó en el heartland
de Eurasia, debido a la emergencia de China y a la
recuperación económica de Rusia, involucrando a los países islámicos, con
reflejos directos sobre el escenario de guerra en el Oriente Medio.

Los Estados Unidos, desde el fin de la Guerra Fría,
avanzaron decididamente sobre Uzbekistán, Turkmenistán, Tadjikistán
y Kadzakistán, países de la margen oriental de la
bahía del Mar Caspio. Eran las repúblicas más pobres de la extinta Unión
Soviética, pero poseían vastas reservas de petróleo, iguales o mayores que las
de Arabia Saudita, y las más ricas reservas de gas natural del mundo, más de
236 trillones de metros cúbicos comprobados, prácticamente cerradas. El total
de las reservas de petróleo de toda la región podría sobrepasar los 60 mil
millones de barriles, llegando a alcanzar 200 mil millones, según reveló John J. Maresca, vice-presidente de relaciones internacionales de la Unocal
Corporation, en una declaración
efectuada al Subcommittee on
Asia and Pacific y al
Comité on International Relations de la
House of Representatives, el 12 de Febrero de 1998. Y las compañías
occidentales estaban en condiciones de aumentar en más del 500% la producción,
del orden de apenas 870.000 barriles en 1995, hasta 4,5 millones, en 2010, el
equivalente al 5% de la producción mundial de petróleo.[i]
Los Estados Unidos no son más el lonely power, que
predominó, como un global cop, a lo largo de
los años 1990, luego del colapso de la Unión Soviética
y el fin de la
Guerra Fría. China emergió como potencia económica, política
y militar cada vez más poderosa. Y Rusia, como sucesora jurídica, heredó todo
el poderío bélico de la extinta Unión Soviética, que había sido, militarmente,
derrotada en la
Guerra Fría, se recuperó, beneficiada, en gran medida, por el
alza de los precios de la energía y materias primas, y se tornó la décima
economía mundial, con un PBI del orden de U$S 2
trillones (est. 2007), según el método de la purchasing
power parity.[ii] Y no está
dispuesta a permitir que los Estados Unidos amplíen su presencia en Asia
Central y en el Cáucaso, amenazando su seguridad.
A comienzos de 2007, el entonces
Presidente de Rusia, Vladimir Putin,
advirtió que “los Estados Unidos habían sobrepasado sus fronteras nacionales en
todos los sectores”, lo que era “muy peligroso”, y se mostró contrario a la
expansión de la OTAN,
“una organización político-militar que refuerza su presencia en nuestras
fronteras”. Y agregó: “Un error” [iii].
El Presidente Vladimir Putin
siempre dejó en claro la decisión de no tolerar que la OTAN extendiese su máquina de
guerra hacia las fronteras de Rusia, amenazando su posición estratégica, ni el
estacionamiento del escudo anti-misiles, en los
territorios de Polonia y de la República Checa, según pretendía el Presidente George W. Bush, así como no
aceptaba la independencia de Kosovo, según el plan del ex-Presidente de
Finlandia y mediador de la ONU,
Martti Ahtisaari, que preveía el reconocimiento de una soberanía parcial de la región, bajo
vigilancia internacional. Rusia, al percibir la amenaza implícita en las
iniciativas militares de los Estados Unidos, dio una demostración de fuerza.
Restauró otra vez su flota en el Atlántico y en el Mediterráneo, así como trató
de transformar el puerto de Tartus, en Siria, en una
base naval para su flota en el Mar Negro, junto con la instalación de un
sistema de defensa anti-aérea, con misiles balísticos
S-300PMU-2 Favorit, capaces de alcanzar 200 km. Al mismo tiempo, reactivó los vuelos de patrullaje por
bombarderos atómicos, suspendidos desde 1992.
Los
objetivos estratégicos de los Estados Unidos y de la Unión Europea,
en Asia Central, colisionan con los intereses geopolíticos de Rusia, que se
siente gravemente afectada con el avance de la OTAN. Y el duro ataque
militar perpetrado contra las fuerzas de Georgia, que invadieron la región
separatista de Ossetia del Sur, constituyó una seria
advertencia de que aquella región, en el Cáucaso, al
margen del Mar Negro, está en su esfera de influencia y no permitirá una mayor
penetración de los Estados Unidos y de las potencias industriales del
Occidente. Así, con la invasión de Georgia para defender la autonomía de Ossetia del Sur, Rusia se vengó del apoyo que los Estados
Unidos y la Unión
Europea dieron a la independencia de Kosovo, instrumentando a
la OTAN (Operation Allied
Force) para bombardear a Yugoslavia en 1999. Y
demostró, como ejemplo, lo que podrá ocurrir si Polonia y la República Checa
permitieran la instalación, en su territorio, de las bases anti-misiles
pretendida por el Presidente George W. Bush.
Varios
y complejos factores naturalmente contribuyeron hacia la irrupción de este
conflicto armado. Georgia, de las antiguas repúblicas que antes integraron la Unión Soviética,
fue la que más estrechamente se alió a los Estados Unidos, después de la
llamada Revolución Rosa, el regime change manipulado por la CIA y por el Embajador Richard Miles[iv],
en Noviembre de 2003. Con
la ascensión al poder del abogado Mikhail Saakashvili, que había cursado la Columbia Law School y la George
Washington University Law School, en los años 1990, el
gobierno del Presidente George W. Bush,
ejecutó el Georgia Train and
Equip Program (GTEP), entre
2002 y 2004, y a partir de 2005, el Georgia Security and Stability Operations
Program (Georgia SSOP), enviando al Cáucaso asesores de la U.S. Special Operation
Forces (Green Berets), U.S. Marine Corps y otros para el entrenamiento contingentes militares
de Georgia. Estos contingentes participaron de las operaciones en Kosovo y,
después, de las guerras en Afganistán y en Irak. Posteriormente, en medio de
las tensiones con Abecasia y Ossetia
del Sur, regiones separatistas y que aspiran a la integración con Rusia, el
Presidente Mikhail Saakashvili,
alentado por los Estados Unidos, solicitó la adhesión de Georgia a la OTAN. Lo mismo hizo el
Presidente de Ucrania Victor A. Yushchenko,
que en Noviembre de 2004 asumiera el poder, mediante otra operación del regime change, la Revolución Naranja,
fomentada igualmente por la CIA,
teniendo como Vice-Presidenta, a la billonaria Yulia Timoshenko, conocida como la “princesa del gas”.[v]
Estos acontecimientos en Georgia y
en Ucrania resultaron de la política externa del Presidente George
W. Bush, orientada en el sentido de promover “freedom and democracy” en Asia Central, en el Oriente Medio y en
otras regiones del mundo, lo que significaba, de acuerdo con las directrices
del Project for New American Century (PNAC),
“desafiar los regímenes hostiles a los valores” americanos, y “preservar y
extender a una orden internacional (friendly) nuestra
seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”.[vi] En Mayo de
2005, el Presidente George W. Bush
visitó Tiflis, capital de Georgia, que pretendía transformar en beacon of democracy, dado que el control del sur del Cáucaso y de Asia Central era percibido como indispensable
al éxito de la guerra en Afganistán. Los Estados Unidos ya habían asegurado el
establecimiento de bases aéreas en Uzbekistán y en Kirguistán,
asentando su poder militar en el heartland de
Asia Central, y en el sur del Cáucaso, principalmente
en Georgia y en Azerbayán, cuyo espacio aéreo se
tornó esencial para el transporte de material bélico pesado y tropas de la OTAN, con destino a
Afganistán, primer campo de batalla del Presidente George
W. Bush, que denominó guerra contra el terrorismo.
Dentro de este esquema logístico,
las bases en Georgia debían servir como backup de las bases en
Turquía, mientras Azerbayán funcionaría como área de
sustento para eventuales operaciones militares de los Estados Unidos contra
Irán. El ataque para derrocar el régimen de Saddam Hussein mostró la importancia del establecimiento de dichas
bases en las inmediaciones del Oriente Medio, cuando el Parlamento de Turquía
prohibió que las tropas de los Estados Unidos abriesen un segundo frente en el
nordeste de Irak, a partir de su territorio.
Con todo, a pesar del empeño de los
Estados Unidos, Alemania y demás Estados europeos entendieron que todavía no
era el momento para admitir tanto a Georgia como a Ucrania en la OTAN, bajo el argumento de
que la situación de los dos países era aún inestable. En verdad, Alemania y
algunos Estados europeos no quisieron provocar a Rusia y crear una grave
crisis, con fuertes reflejos económicos, si la Gazprom[vii],
como represalia, cortaba el suministro de gas del cual dependían y dependen[viii] enormemente.
Entre tanto, las potencias occidentales dejaron las puertas a Georgia y a
Ucrania para una eventual admisión, en el futuro, como miembros de la OTAN. Y, si esto realmente
se consumaba, los Estados Unidos y las potencias occidentales conquistarían una
enorme ventaja geoestratégica, cercando a Rusia con una poderosa estructura
militar, al armar los ejércitos de Ucrania y de Georgia e instalar bases de la OTAN en sus fronteras.
Esta posibilidad, amenazando
directamente los intereses vitales de Rusia, tornó previsible la intervención
en Georgia, en defensa de Ossetia del Sur. El Kremlin
señaló que reaccionaría, cuando aviones de su Fuerza Aérea Rusa entraron en el
espacio aéreo de Georgia y sobrevolaron el territorio de Ossetia
del Sur, pocas horas antes de la visita de la Secretaria de Estado Condollezza Rice a Tiflis y del inicio (15 de Julio) del
ejercicio militar Immediate Response 2008, en que 1.000 soldados de los
Estados Unidos entrenarían a las fuerzas de Georgia, Azerbayán,
Armenia y de Ucrania, en las inmediaciones de la base militar de Vaziani. El Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, declaró entonces
que las iniciativas de Tiflis representaban una “real amenaza a la paz y
seguridad”, lo que podría llegar “al borde de un nuevo conflicto armado, de
consecuencias imprevisibles”.[ix] El Presidente Mikhail Saakashvili
sabía y declaró que Georgia no estaba en condiciones de enfrentar a Rusia, sin
embargo podía usar los instrumentos políticos y diplomáticos para impedir su
intervención. Y emprendió la aventura, con el propósito de
retomar el control de Ossetia del Sur, por cierto imaginando que Rusia
no reaccionaría, militarmente, y esperando una eventual asistencia de los
Estados Unidos y demás miembros de la
OTAN, con la cual había firmado el Partnership Action Plan (IPAP),
para recibir su asistencia, con vista a la futura admisión como miembro.
Los vínculos militares establecidos
por los Estados Unidos con Georgia, inclusive incentivando su aspiración de
ingresar en la OTAN,
involucran igualmente un importante interés económico y geo-estratégico,
que es garantizar la seguridad de los oleoductos de petróleo y gas, entre los
cuales se encuentra el oleoducto Baku-Tiflis-Ceyhan (BTC). Este oleoducto, que pasa por el territorio de
Turquía, permite a las compañías occidentales desviar de Rusia y de Irán el
flujo de petróleo procedente de Azerbayán y de otras
Repúblicas de Asia Central, y por otro lado, reducir la dependencia del Golfo
Pérsico. Su construcción estuvo a cargo de las compañías BOTAS- Petroleum Pipeline

Ruta del oleoducto
Baku-Tiflis-Ceyhan
Corporation y Bechtel
Corporation (Bechtel Group), esta última íntimamente vinculada al Presidente de
los Estados Unidos, comenzó en 2002 y terminó en 2006, al mismo tiempo en que
los Estados Unidos trataban de estrechar las relaciones militares con Georgia,
mediante el envío de asesores con la misión de entrenar a su ejército. Este
oleoducto, con capacidad para transportar 1 millón de barriles de petróleo por
día, es el segundo mayor del mundo y se extiende por 1.768 km,
desde los campos de petróleo de Azeri-Chirag-Guneshli, al margen del
Mar Caspio. Liga Baku, capital de Azerbayán,
pasando por Tiflis, capital de Georgia, al puerto de Ceyhan,
en el sudeste del Mediterráneo, en la costa de Turquía. El oleoducto Baku-Supsa lleva 150.000 barriles
de petróleo por día del Mar Negro al puerto de Supsa
en Georgia. Y el gasoducto Baku-Tiflis-Erzrum (BTE) transporta, por año, 6 millones de metros cúbicos
de gas de Azerbayán hacia Turquía.

Fuente: BBC
Azerbayán y Georgia
son dos países claves, no sólo por su producción de gas y petróleo, sino porque
de ellos depende el establecimiento de un corredor que una el Cáucaso y Asia Central a Occidente, sin pasar por Rusia, y
del cual la piedra fundamental fue la construcción del oleoducto BTC. Entre
tanto, la intervención de Rusia en Georgia, el 8 de Agosto de 2008, para
defender la autonomía de Ossetia del Sur, así como la
autonomía de Abecasia, otra región separatista,
mostró que el transporte de petróleo y gas a través de los ductos
que atraviesan Georgia es tan vulnerable como a través del Golfo Pérsico. Sus
tropas conquistaron la ciudad de Gori, donde nació Stalin, y la garganta de Kodori,
ocupada por Georgia desde 2006, y destruyeron depósitos de armamentos y bases
militares. Los
oleoductos no fueron atacados, sino cerrados por las propias compañías, por
motivos de seguridad o precaución. Pero los proyectos de construcción de nuevos
ductos o expansión del BTC quedaron aparentemente
inviables, en virtud de la inestabilidad presentada por la región, alarmando a
las compañías que allá pretendían invertir.
Los Estados Unidos nada pudieron o
pueden hacer, sino protestar y enviar ayuda humanitaria a Georgia, a pesar de
que el Vice-Presidente Dick
Cheney proclamase que la intervención de Rusia en
defensa de Ossetia del Sur "must
not go unanswered”.
Están económica y financieramente agotados con dos guerras, en Afganistán y en
Irak, cuyos costos, incluyendo el alto precio del petróleo, los gastos de
tratamiento de los veteranos heridos y el pago de los intereses del dinero
prestado, totalizaban, en Noviembre de 2007, cerca de U$S
1,5 trillones, un 10% por encima del PBI (U$S 13,8
trillones, est. 2007[i]),
de acuerdo con un estudio hecho por los representantes del Partido Demócrata,
integrantes de la Comisión Económica Conjunta del Congreso
americano.[ii] Y la estimación
era de que, solamente en el año 2008, los gastos con las dos guerras sobrepasarían
los U$S 1,6 mil millones, el doble de U$S 804 mil millones, anunciado por el Presidente George W. Bush.
Con dichos gastos, la deuda pública
de los Estados Unidos, saltó de U$S 5,6 trillones, en
el año 2000, a
un total de aproximadamente U$S 9.5 trillones en
Abril de 2008[iii].
Y la deuda nacional (externa e interna) continúa creciendo cerca de U$S 1,82 mil millones por día, desde 2007. En Diciembre de
2007, China poseía reservas en dólares del orden de U$S
1,5 trillón (10% del PBI americano), de los cuales los títulos (securities) del Tesoro americano, en Junio de 2007,
totalizaban más de U$S 922 mil millones, superando en
61% a Japón como el mayor acreedor de los Estados Unidos.[iv]
De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, estas reservas representaban
el 23,9% de las reservas en dólares mantenidas por todos los países, cuyo total
era de U$S 6,4 trillones.[v] Esto significa
que el valor del dólar podría caer dramáticamente si la propia China, que es el
mayor comprador de títulos de los Estados Unidos, inclusive de la deuda
pública, colocase en el mercado mundial gran parte de las reservas que
mantiene.[vi] Y ya amenazó
con hacerlo.
Los Estados Unidos están dependiendo
fuertemente del flujo de capitales de otros países, sobre todo de China, a fin
de ayudar al desarrollo de su economía y cubrir el déficit fiscal. Son una
potencia, virtualmente, quebrada. Todavía no se dio el default
porque el dólar, en el esquema actual de fiat
money, es una moneda fiduciaria y el gobierno
tiene libertad para emitir la cantidad que quiera. Esto no significa que el
Gobierno de Washington pueda continuar emitiendo dólares indefinidamente. Al
contrario de China y de Japón, los Estados Unidos son actualmente deudores y
necesitan mantener la confianza de los inversores extranjeros. Sin embargo, más
temprano o más tarde, esta burbuja va a estallar, como ocurrió con los
financiamientos subprime, la burbuja
inmobiliaria. Ella se conjuga con la fragilidad del sistema financiero,
generando enormes riesgos no sólo para los Estados Unidos sino también para
todos los demás países. Y el Gobierno de Washington solamente estará en
condiciones de evitar una gran explosión, si recorta los gastos militares y,
por consiguiente, reduce su aparato bélico y su presencia en todas las
regiones, algo extremadamente difícil, dado los intereses económicos y
financieros implicados.
De cualquier forma, el hecho es que
los Estados Unidos pasaron a depender de China, así como Gran Bretaña, para
vencer en la Segunda
Guerra Mundial, pasó a depender financieramente de los
Estados Unidos, declinando, al punto de tornarse su satélite, según concluyó Correlli Barnett.[vii]
Sin las inversiones de otros países, como Japón y, sobre todo, China, que
compran títulos del Tesoro americano, los Estados Unidos no pueden sustentar
las guerras en Afganistán y en Irak, dos guerras perdidas. Y, apremiados
económica y financieramente, sufrieron un fuerte revés político y estratégico
con la intervención de Rusia en defensa de Ossetia
del Sur y de Abecasia. No podían correr el riesgo de
mandar tropas hacia Georgia, a fin de asumir el control de los puertos y
aeropuertos del país, según lo anunciado por el gobierno de Tiflis, y escalar
el conflicto, que podría resultar en un enfrentamiento armado con Rusia. La
dificultad de reclutar jóvenes – hombres y mujeres – para servir como soldados
en las Fuerzas Armadas se tornó cada vez mayor, después de la invasión de Irak.[viii] La creciente
oposición interna a la Guerra
en Irak, así como el miedo a la muerte o a la invalidez causada por las
heridas, produjo efectos sobre las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional,
dado que el Pentágono desde entonces no consigue alcanzar sus metas anuales de
reclutamiento[ix].
En 2007, el agotamiento y la fatiga
estaban abatiendo las tropas de los Estados Unidos en Irak y las deserciones
aumentaban.[x] Sería difícil
para Washington desatar y sustentar otra guerra convencional. Y el impasse
existente entre los Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, que culminó
dramáticamente con la crisis de los misiles instalados en Cuba (1962), demostró
que una guerra nuclear, según admitió el entonces Secretario de Defensa, Robert McNamara, era “unthinkable”[xi].
No habría vencedor. No habría beneficios para ninguna de las potencias. Solamente costos
inmensos, incalculables, en vidas y propiedades. Con razón Zbigniew
Brzezinski observó que las armas nucleares redujeron
prácticamente la utilidad de la guerra como instrumento de la política o
incluso como amenaza[xii].
Frente a tal situación, el poderío
militar de los Estados Unidos, por más grande que sea, tiene límites.
Washington no ponderó que Rusia había permanecido como una poderosa potencia militar
y que la paridad estratégica no había acabado, no obstante la desagregación de la Unión Soviética,
en 1991 Rusia actualmente cuenta con 1,2 millón de efectivos en sus Fuerzas
Armadas, un total 14.000 ojivas nucleares, de las cuales cerca de 5.192 (est.),
mientras que los Estados Unidos poseen 1,3 millón de militares en actividad,
5.400 ojivas, de las cuales 4.075 activas, además de 3.575 estratégicas y 500
no-estratégicas (est).[xiii]
Tanto los Estados Unidos como Rusia poco o nada hicieron para reducir el
inventario de armamentos nucleares, remanentes de la Guerra Fría, y
que permaneció, innecesariamente por encima de las necesidades de seguridad de
las dos potencias.
Entre tanto, el Presidente George W. Bush, como antes el
Presidente Bill Clinton,
continuó provocándola, humillándola. Inmediatamente después de asumir el
Gobierno, en 2001, retiró a los Estados Unidos del Tratado de Misiles Anti-balísticos (ABM), celebrado en 1972 con la Unión Soviética,
a fin de implementar el proyecto de construcción del sistema de defensa anti-misiles, y se empecinó no solamente en establecer
bases anti-misiles en Polonia y en la República Checa,
sino también en llevar a la OTAN
a las fronteras de Rusia, a través de Ucrania y de Georgia. Se rehusó incluso a
ratificar el Tratado de Prohibición Total de Pruebas, de 1996, y los cambios en
el SALT 2, sobre la limitación
y la reducción de los armamentos estratégicos. Y ordenó la invasión de Irak, como
iniciativa unilateral, ignorando al Consejo de Seguridad de la ONU. El Presidente George W. Bush derribó todos los
fundamentos del orden internacional y, consecuentemente, de la paz, que
posibilitó el fin de la
Guerra Fría. Sin embargo, no consiguió deshacer el equilibrio
de poder global, objetivo del proyecto de instalar las bases del sistema de
defensa anti-misiles en Polonia y en la República Checa.
Como el propio Mackinder había, resaltado Rusia es un
player state
y no un Estado periférico.[xiv] Está
directamente dentro de la pivot area de Eurasia. Puede usar
su influencia y dinero, dificultar o incluso suspender el suministro de energía
(gas y petróleo), que la Unión Europea tanto necesita, como socavar los
intereses de los Estados Unidos, en el Oriente Medio y en otras regiones,
vendiendo armamentos a Siria, Irán, etc., y ejercer su poder de veto en el
Consejo de Seguridad de la
ONU. Rusia tiene más condiciones de afectar a Occidente, que
precisa más de Rusia, que Occidente, de afectar a Rusia, que no precisa tanto
de Occidente. Así, económica y financieramente recuperada, Rusia volvió a
participar del Great Game,
el juego de poder en Asia Central. La Segunda Guerra Fría efectivamente comenzó.
Publicada en el sitio La Onda Digital de
Montevideo. La traducción al español es de Cristina Iriarte.
[i] CIA – Fact
Book - https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/us.html
[ii] Josh
White “Hidden Costs' Double Price Of Two Wars,
Democrats Say”. The Washington
Post, November 13, 2007, p. A14
[iii] The
Government Section of TreasuryDirect
http://www.treasurydirect.gov/govt/resources/faq/faq_publicdebt.htm
William
F. Shughart II. "Spending
Addicts”. The Washington
Times, 7/20/08)
U.S.
National Debt Clock - The Outstanding Public Debt las
of 18 Aug 2008 at 08:45. http://www.brillig.com/debt_clock/
[iv] CRS Report for Congress. China´s Holdings of U.S. securities
– Implications for the U.S. Economy. Updated May 19,
2008.
[v] IMF, International Financial Statistics, November 2007; IMF
Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves.
[vi] Federal Reserve
Statistical – Money Stock Measures
http://www.federalreserve.gov/releases/h6/current/
[vii] BARNETT, Correlli. The Collapse of British Power.Gloucester (Inglatterra):
Alan Sutton Publisher, 1987, pp. 585/593.
[viii] Robert Hodierne Concern over
US
army recruitment. BBC News-
Last Updated: Wednesday, BBC Radio 4's Crossing Continents 23 August 2006,
22:48 GMT 23:48 UK .
[ix] Ann
Scott Tyson “Army Having Difficulty Meeting Goals In
Recruiting
Fewer
Enlistees Are in Pipeline; Many Being Rushed Into Service”. Washington Post, February 21,
2005, p. A01
[x] Peter
Beaumont. “Fatigue cripples US
army in Iraq”.
The Observer, August 12 /2007.
[xi] Apud KISSINGER,
Henry. Diplomacy. Nova York Touchstone Book, 1994, p. 644.
[xii] BRZEZINSKI,
Zbigniew. The Grand Chessboard.
American Primacy ant its Geostrategic Imperatives.
Nova York:
Basic Books, 1997, p. 36.
[xiii] Center for Strategic and International Studies (CSIS).
Western Military Balance and
Defense Efforts. A Comparative Summary of Military. Expenditures; Manpower;
Land, Air,
Naval, and Nuclear Forces - Anthony
H. Cordesman & Arleigh
A. Burke Chair in Strategy
With the Assistance of Jennifer K. Moravitz
- CSIS January, 2002.
http://www.csis.org/media/csis/pubs/westmb012302%5B1%5D.pdf
NORRIS, Robert
S., and M. KRISTENSEN, "Russian nuclear forces, 2008", Bulletin of
the Atomic Scientists 64:1 (March/April 2008): 54/57. http://thebulletin.metapress.com/content/pr53n270241156n6/fulltext.pdf Department of Defense
– Active Duty Military Personal by Rank Grad – August 2007.
http://siadapp.dmdc.osd.mil/personnel/MILITARY/rg0708.pdf
[xiv] MACKINDER,
Sir Halford John. “The Geographical Pivot of History”, Geographical Journal,
Royal Geographical Society London,
April 1904 , vol. XXIII pp. 436.