Por qué todavía necesitamos imperios.
Robert Cooper
Abril de 2002
En el
mundo de la Antigüedad, orden significaba imperio. Aquellos que estaban dentro
del imperio tenían orden, cultura y civilización. Fuera de él estaban situados
los bárbaros, el caos y el desorden. La imagen de paz y orden mediante un
centro de poder único ha permanecido sólida. Pero los imperios están mal
diseñados para la promoción del cambio. Mantener un imperio unido usualmente
requiere un estilo político autoritario, donde la innovación conduce a la
inestabilidad. Históricamente, los imperios han sido estáticos. Pero el sistema
de balance de poder que reemplazó al imperio en Europa también tenía una
inestabilidad inherente: el siempre presente riesgo de la guerra. Después de 1945,
una simplificación final convirtió el balance de poder multilateral en Europa
en un balance bilateral del terror. Pero tampoco estaba construido para durar.
El fin del balance de poder en 1989 también marcó el debilitamiento del impulso
imperial. Un mundo que comenzó el siglo pasado dividido entre los imperios
europeos, finalizó con todos o casi
todos ellos desaparecidos: Los imperios otomano, germano, austríaco, francés,
británico y soviético son ahora sólo un recuerdo.
En cambio, tenemos dos nuevos tipos de Estado. Primero, están los Estados
premodernos - a menudo antiguas colonias - cuyas fallas han llevado a una
guerra hobbesiana de todos contra todos: países como Somalia y, hasta
recientemente, Afganistán. Segundo, están los Estados pos-imperiales, posmodernos,
los cuales no piensan más en la seguridad, primordialmente en términos de
conquista. Una tercera clase son los tradicionales Estados
"modernos", tales como la India, Paquistán o China, los cuales se han
conducido como Estados siempre teniendo, persiguiendo, intereses, poder y
"raison d'ètat". El sistema posmoderno, en el cual vivimos nosotros
los europeos no confía en el balance, no enfatiza la soberanía o la separación
de los asuntos domésticos e internacionales. La Unión Europea (UE) ha devenido
en un sistema altamente desarrollado para la interferencia mutua en los asuntos
domésticos de cada uno de los otros, alcanzando a la cerveza y a las
salchichas. Los miembros del mundo posmoderno no consideran invadirse el uno al
otro. Pero ambas zonas moderna y premoderna plantean amenazas a nuestra
seguridad. Estamos familiarizados con la amenaza desde el mundo moderno. Si
tiene que haber estabilidad entre los Estados que todavía operan por los
principios de imperio y la supremacía del interés nacional, vendrá de un
balance entre las fuerzas agresivas. Hay pocas áreas en el mundo donde un
balance tal existe. Un elemento nuclear en la ecuación agudiza el riesgo en
algunas áreas. El mundo posmoderno tiene que comenzar a conseguir que sea
utilizado un doble estándar. Entre nosotros, operamos sobre la base de leyes y
seguridad cooperativa abierta. Pero, cuando tratamos con Estados a la vieja
usanza fuera del continente posmoderno de Europa, necesitamos volver a los
métodos rudos de una era más temprana: la fuerza, el ataque preventivo, el
engaño, cualquier cosa es necesaria para tratar con aquellos que todavía viven
en el mundo del siglo XIX de cada Estado por sí mismo. Entre nosotros
mantenemos la ley pero cuando estamos operando en la selva también debemos usar
las leyes de la selva. El prolongado período de paz en Europa ha creado una
peligrosa tentación de descuidar nuestras defensas, tanto físicas como
psicológicas. El desafío planteado por el mundo premoderno de Estados fallidos
es nuevo. El mundo premoderno es un mundo de Estados frustrados, los cuales han
perdido el monopolio de o la legitimidad para el uso de la fuerza, con
frecuencia ambos. Los ejemplos de colapso total son relativamente escasos, pero
el número de países en riesgo crece todo el tiempo. Algunas áreas de la antigua
Unión Soviética son candidatos, incluyendo Chechenia. Todas las principales
áreas del mundo productoras de drogas son parte del mundo premoderno. Hasta
recientemente no había autoridad soberana en Afganistán, no la hay en Burma o
en partes de Sudamérica, donde los barones de la droga amenazan el monopolio de
la fuerza del Estado. Todos los países de África están en riesgo. En tales
áreas el caos es la norma y la guerra es un modo de vida. Usualmente, cuando
hay un gobierno que opera en una forma similar al crimen organizado. El Estado
premoderno puede ser demasiado débil incluso para asegurar su propio
territorio, no ya para plantear por sí mismo una amenaza internacional, pero
puede proveer una base para actores no estatales que pueden representar un
peligro para el mundo posmoderno. Si los sindicatos de la droga, el crimen o el
terrorismo utilizan bases premodernas para ataques contra las partes más
ordenadas del mundo, entonces los Estados organizados deben tener que responder.
Si se transforman en demasiado peligrosos para ser tolerados por los Estados
establecidos, es posible imaginar un imperialismo defensivo. La respuesta de
Occidente a Afganistán puede ser vista bajo esta luz. ¿Cómo deberíamos tratar
con el caos premoderno? Resulta un
riesgo involucrarse en una zona de caos; si la intervención es prolongada puede
transformarse en insostenible para la opinión pública; si la intervención no es
exitosa puede ser dañina para el gobierno que la ordenó. Pero los riesgos de
dejar a los países desintegrarse, como Occidente hizo en Afganistán, pueden ser
aún mayores. La forma más lógica de tratar con el caos, la que fue empleada más
a menudo en el pasado, es la colonización. Pero esto es inaceptable para los
Estados posmodernos. Imperio e imperialismo son palabras que se han
transformado en una forma de abuso y no hay poderes coloniales deseosos de
tomar el trabajo, aunque las oportunidades - quizás incluso la necesidad – para
la colonización son tan grandes como siempre fue en el siglo XIX. Aquellos
dejados fuera de la economía global arriesgan la caída en un círculo vicioso.
Gobierno débil significa desorden y éste significa inversión decreciente. Todas
las condiciones para el imperialismo están allí, pero tanto la oferta como la demanda
de imperialismo han desaparecido. Y todavía un mundo en el cual el eficiente y
el bien gobernado exporte estabilidad y libertad parece eminentemente deseable.
Lo que es necesario es una nueva clase de imperialismo, uno compatible con los
derechos humanos y con los valores cosmopolitas: un imperialismo que apunte a
ofrecer orden y organización pero que descanse hoy sobre el principio
voluntario. Ya tenemos imperialismo voluntario de la economía global a través
de instituciones como el FMI o el Banco Mundial. Estas instituciones
multilaterales proveen ayuda a los Estados deseosos de encontrar su camino en
la economía global y en el círculo virtuoso de la inversión y la prosperidad.
En retorno, ellas formulan demandas, las cuales esperan enderecen las fallas
políticas y económicas que han contribuido a la necesidad original de
asistencia. La segunda forma de imperialismo posmoderno podría ser llamada el
imperialismo de los vecinos. La inestabilidad en su vecindad plantea amenazas
que ningún Estado puede ignorar. El mal gobierno, la violencia étnica y el
crimen en los Balcanes plantean una amenaza para Europa. La respuesta ha sido
crear algo similar a un protectorado de las Naciones Unidas voluntario en
Bosnia y en Kosovo. La comunidad internacional provee no sólo soldados sino
policías, jueces, funcionarios penitenciarios, banqueros y otros, así como el
monitoreo y la organización de las elecciones. El agrandamiento europeo (la
aceptación de nuevos miembros de la UE) muestra otra clase de imperialismo voluntario.
En el pasado, los imperios impusieron leyes y sistemas de gobierno; en el caso
de Europa nadie está imponiendo nada. Si usted es un candidato a la membrecía
de la UE tiene que aceptar lo que es dado - un conjunto completo de leyes y
regulaciones -, así como una vez lo hicieron los países sujetos. Pero el premio
es que una vez dentro tendrá una voz en la Comunidad. La Unión Europea
posmoderna ofrece una visión del imperio cooperativo, una libertad y seguridad
común sin la dominación étnica y el absolutismo centralizado a que los imperios
pasados habían estado sometidos, pero también sin la exclusividad étnica que
era el sello del Estado nación. El imperio cooperativo ofrece un marco político
doméstico en el cual cada uno tiene una parte en el gobierno, en el cual ningún
país domina y en el que los principios de gobierno no son étnicos sino legales.
La más liviana de las presiones será requerida desde el centro: la
"burocracia imperial" debe estar bajo control, obligada a rendir
cuentas y ser el sirviente, no el jefe, de la Comunidad. Una institución tal
debe estar dedicada a la libertad y la democracia como sus partes
constituyentes. Como Roma, esta Comunidad debería proveer a sus ciudadanos
algunas de sus leyes, algunas monedas y el camino ocasional. Sólo el tiempo
dirá si una visión tal puede ser realizada. En el mundo moderno la carrera
secreta para adquirir armas nucleares avanza. En el mundo premoderno los
intereses del crimen organizado – incluyendo el terrorismo internacional -
crece más y más rápido que el Estado.
Puede que
no quede mucho tiempo.