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Enero 2006 Con el fracaso, de la última,
reunión ministerial de Hong Kong, sufrió otro duro golpe el sistema
multilateral de la Organización Mundial de Comercio (OMC) fundada en 1995 como
consecuencia de los llamados Tratados de Marrakesch, firmados en 1994 al final
de la Ronda Uruguay del antiguo Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT).
Antes de este revés, dos graves fracasos ya habían sucedido en ocasión de las
reuniones (bienales) ministeriales de Seattle, en 1999, cuando se pretendió
lanzar una nueva ronda de negociaciones y en 2003, ya en el ámbito de la Ronda
Doha de Desarrollo, lanzada en Qatar, en Noviembre de 2001. El lanzamiento de la Ronda Doha se
siguió a la clara constatación de que el régimen jurídico de la OMC
contenía el mayor fraude jamás perpetrado contra los países en
desarrollo. Así, la OMC fue configurada de modo de promover la
prosperidad selectiva de unos pocos países desarrollados, en detrimento de la
mayoría de los 149 Estados miembros del sistema multilateral de comercio, los
países en desarrollo. Ya en el final de la Ronda
Uruguay, el Banco Mundial advertía que el 64% de las ganancias de la ronda de
negociaciones corresponderían a los países desarrollados. La realidad se
evidenció mucho peor: en 2001, el insospechado Fondo Monetario Internacional
(FMI) constató que el 73% de los beneficios correspondieron a los países
desarrollados. Este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
colocó los provechos de los países ricos en un 80%. De hecho, la formulación de la OMC
favoreció a los países ricos de múltiples formas, comenzando por la
inclusión de las llamadas áreas nuevas: servicios, propiedad intelectual e
inversiones. En el sector de servicios, fueron incluidos en el régimen
multilateral las modalidades de interés de los países desarrollados, por
ejemplo., de las grandes empresas transnacionales, mientras que las modalidades
de intereses de los países en desarrollo quedaron excluidas. Como resultado, los países ricos
dominan hoy, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el
Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), nada menos que el 80% del mercado internacional
de servicios. Peor aún es el hecho de que el crecimiento de las ventas
internacionales de servicios, es tres veces mayor para los países
desarrollados. Esto nos lleva al corolario
necesario de que, con el tiempo, los países en desarrollo serán alienados de
este importante segmento, a menos que se realicen profundas reformas.
Hoy, en todos los países en desarrollo, la participación del sector de
servicios en el PBI es de, por lo menos, el doble de las que corresponden a la
agricultura y a la industria. En el área de la propiedad
intelectual, el llamado Acuerdo TRIPS transformó a la OMC en una agencia de
recolección de royalties para las grandes empresas transnacionales; promovió
una orgía de subsidios gubernamentales en los países desarrollados; desarrolló
la concentración de las innovaciones en los países ricos; alentó prácticas
anti-competencia y de concentración de mercado; y, vergonzosamente, denegó los
derechos humanos de billones de personas en la salud pública. En lo que tiene que ver con las
llamadas medidas de inversión relacionadas con el comercio, objeto del Acuerdo
TRIMS, las políticas de desarrollo tradicionalmente aplicadas por los países
pobres fueron prohibidas, pero la cuestión de la asimetría en el acceso y costo
del crédito, por ejemplo, no fue considerada. La cooperación en el combate al
fraude fiscal no fue promovida. De la misma forma, el tema del impacto de
las compras gubernamentales, notoriamente en el sector militar, en la escala de
las empresas, no fue tratada. Por su parte, el sistema de
resolución de disputas de la OMC, que tantas esperanzas había dado a los países
en desarrollo, fue una gran desilusión. El sistema, desde el inicio
controlado por las agencias de inteligencia de los países hegemónicos, se
caracterizó por la falta de transparencia; por la usurpación de los derechos de
los países en desarrollo; por decisiones disparatadas; y por la no ejecución de
sus decisiones. La necesidad de la reforma del
sistema de resolución de disputas de la OMC, esencial para el reconocimiento de
los derechos y el combate a los abusos, fue ampliamente reconocida por los
Estados miembros del sistema multilateral de comercio. Así, fueron
sugeridas modificaciones para todos los artículos y anexos del Entendimiento
sobre la Resolución de Disputas, pero el proceso de reforma se encuentra
empantanado desde 2003 y no forma parte del llamado compromiso único de la
Ronda Doha. El mayor foco de las negociaciones
en el ámbito de la Ronda Doha, inclusive para Brasil, fue ubicado en el sector
agrícola. De hecho, este sector presenta distorsiones gravísimas con los
escandalosos subsidios de aproximadamente U$S 1 billón por día, desembolsados
por los países desarrollados, que promueven la miseria y la desesperanza en una
escala global. Sólo la Unión Europea dedica 43% de su presupuesto a los
subsidios agrícolas. Todavía, el área agrícola no
representa, ni por lejos, la única, ni la mayor anomalía de un sistema
multilateral de comercio que promueve la insostenible lógica de la prosperidad
selectiva de unos pocos, en detrimento de muchos. Este sistema, ya
largamente percibido como injusto y cruel por la opinión pública internacional,
carece de una reforma mucho más profunda. Mientras esta no se de, su crisis de
credibilidad comprometerá el desarrollo del derecho internacional. (*)Socio-senior
del escritorio Noronha Abogados y árbitro de Brasil en la OMC. |