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ENTREVISTA AL DOCTOR MONIZ BANDEIRA, La ONDA Digital Agosto de 2004 "La
mayor preocupación de Brasil es evitar que haya una intervención extranjera en
Venezuela, lo que podría ocurrir en caso de una guerra civil" Nuestros
lectores semana a semana leen los artículos de Luiz Alberto Moniz Bandeira, doctor
y profesor en ciencia política. Cientos de carta llegan a diario a La ONDA
digital comentando estas notas, muchas de ellas con juicios polémicos. Esto nos
motivó a hacerle una entrevista para acercarnos a su personalidad y a su rica
trayectoria académica y política, que coincide con las transformaciones del
Brasil contemporáneo. En
esta entrevista el doctor Moniz recorre el proceso de su vida, incluyendo los
años de exilio que vivió en Montevideo, los años de la dictadura brasileña y
relata un exhaustivo análisis histórico del ejercito brasileño, los principales
hitos de los fenómenos del mundo contemporáneo, desde la óptica de un
especialista en las relaciones internacionales. Con una mirada aguda aborda la acción y el pensamiento de Marx,
Lenin, Getulio Vargas, Fidel Castro, Fernando Henrique Cardoso, Lula y George
W. Bush, entre otros. En el 2002 la unión de escritores brasileños le otorgó el primer premio en
la categoría ensayo por el libro “O Feudo - A Casa da Torre de García
d’Ávila”. En marzo
(2004) se lanza su nuevo libro - Conflictos
e integração na América do Sul: Brasil, Argentina, Estados Unidos ( Da Tríplice
Alianza ao MERCOSUL ), cuyo prefacio es del embajador Samuel Pinheiro
Guimarães, a quién el presidente Lula nombró Secretario General del Itamaraty,
o sea, Vice-ministro de Relaciones Exteriores. Lo que sigue es el contenido de
ese extenso diálogo. - ¿En qué ciudad nació? - Nací en Salvador, Bahía, ciudad que el primer gobernador-general
de Brasil, Thomé de Sousa, fundó en 1549, como proyecto del Estado portugués,
para ser la capital de la colonia, lo que fue hasta que se cambió por Río de Janeiro, en 1776. Uno de los
antepasados míos, Diogo Moniz Barreto, noble portugués que acompaño a Thomé de
Sousa, fue su primer alcalde. Otro antepasado mío, García d’Ávila, que también
viajó con Thomé de Sousa a Bahía, empezando entonces la conquista del Nordeste.
Las sucesivas generaciones de la familia alargaron la posesión de tierra y
mantuvieron un dominio sobre cerca de 300.000km2, hasta la mitad del
siglo XIX, cuando comenzó la decadencia económica de las tradicionales familias
aristocráticas luso-brasileñas,
establecidas en Bahía y vinculadas a la producción de azúcar. - ¿Cuándo surge en usted la vocación por el estudio de la
Ciencia Política? - No sé exactamente cuando surgió mi vocación para el estudio de
la Ciencia Política. Viví toda mi infancia bajo el signo de la Segunda Guerra
Mundial, de la cual Brasil participó,
enviando soldados a Italia. Recuerdo cuando las tropas británicas, que fueron a
combatir en el norte de África, pasaron por Bahía, donde los EUA también
instalaron una base naval. Cuando tenía 11 años leía todas las noticias sobre la guerra civil en el Paraguay. Creo que
esos acontecimientos concurrieron para que yo desde niño me interesase por la
política internacional y además recibí enorme influencia del ambiente
intelectual que se vivía en mi familia. Mi tercer abuelo, el filósofo Antonio
Ferrão Moniz de Aragão, que yo no conocí, porque se murió antes de mi
nacimiento, fue uno de los introductores del positivismo en Brasil. Su memoria
estuvo siempre muy presente en mi familia como un intelectual destacado, lo
tomé como ejemplo, que pautó mi vocación, y entre los catorce y quince años de
edad empecé a leer libros de ciencias sociales. Enorme influencia intelectual
también recibí de mi tío Edmundo Ferrão Moniz de Aragão, profundo conocedor de
las teorías de Hegel, Marx y otros pensadores. El fue para mí como un segundo
padre. Y debido a ese interés por las ciencias sociales y la política, abandoné
los cursos que hacia para seguir la
carrera de oficial de la Marina de Guerra y fui a estudiar en la Facultad de
Derecho, que comencé en Bahía y concluí en Río de Janeiro. La disciplina que
más me interesó fue la Teoría General del Estado, que no es otra cosa que la
Ciencia Política. Fui así diplomado como abogado, pero preferí ejercer el
magisterio y hice mi doctorado en Ciencia Política, en la Universidad de Sao Paulo,
teniendo como área específica de investigación y estudio la política exterior y
las relaciones internaciones de Brasil, principalmente con los EUA y los países
de la Cuenca del Plata. Mi tesis de doctorado fue sobre el rol de Brasil en la
Cuenca del Plata, en la cual yo estudié la formación de los Estados de Argentina, Uruguay y Paraguay. - ¿Aquel Brasil de su niñez era muy distinto al de hoy? - Viví hasta los 18/19 años en Salvador, ciudad que entonces tenía
solamente 500.000 habitantes y Brasil no estaba todavía completamente industrializado. El Estado de Bahía menos
aún. Todos los aparatos domésticos, radio, heladera etc., eran importados.
Hasta la mantequilla llegaba de Holanda. No había propiamente una mentalidad
capitalista. Las tradiciones aun se mantenían muy fuertes en Bahía y la cultura
de la elite era predominantemente europea. Pero, a partir de los años 50, todo
en Brasil cambió, como resultado del
proceso de industrialización y urbanización, acelerado, sobre todo, durante el
gobierno del presidente Juscelino Kubitschek (1956/1961). La ciudad de
Salvador, en el que yo viví, ya no existe más. El Río de Janeiro y Sao Paulo,
que conocí y adonde me radiqué , después de adulto, también han desaparecido.
Son actualmente ciudades muy distintas. Todo eso ha resultado de un rápido
crecimiento, y de un implacable desarrollo, que ha destruido el pasado y todas
las referencias de la memoria. No reconozco Salvador, Río de Janeiro o Sao Paulo como las ciudades en que viví durante
mi infancia y juventud. - ¿Qué hecho político o social recuerda como un
acontecimiento que lo impactó en esos años de adolescencia? - El acontecimiento que más me impactó, en los años de
adolescencia, fueron el suicidio del presidente Getulio Vargas, el 24 de agosto
de 1954, y la explosión de las masas populares, que ocurrió espontáneamente en
todas las principales ciudades de Brasil, tras la divulgación de su
carta-testamento, en la cual denunció como responsables por la crisis política,
por la campaña contra su gobierno, a los EUA y a los grupos económicos
nacionales e internacionales que se
oponían al régimen de garantía del trabajo y a la defensa de los intereses
nacionales de Brasil. Durante varios días las masas atacaron a las empresas americanas y
a los periódicos de la oposición, lo que asustó a los adversarios de Vargas,
los militares vinculados a la Cruzada Democrática y políticos de la Unión
Democrática Nacional, impidiendo que ellos rompiesen la legalidad democrática e
instaurasen el “Estado de excepción”, o sea, el régimen autoritario. El
acontecimiento fue tan impresionante y dramático que el Partido Comunista, que
hasta la víspera del 24 de agosto
atacaba el gobierno de Vargas, tuvo que cambiar de posición. - Luego llegó la dictadura en los años 60 a Brasil, ¿cómo fueron
para usted esos años sin libertades? - El régimen autoritario fue implantado en Brasil en medio de
muchas contradicciones. Los militares buscaron mantener los aspectos formales
de la mecánica democrática-representativa y la represión fue selectiva. El
Congreso no fue cerrado, pero, tanto a nivel federal como en los Estados, los
parlamentarios que se oponían al golpe perdieron sus mandatos, por actos
arbitrarios del gobierno militar, con base en las Actas Institucionales. La
prensa no fue censurada. Pero, profesores e intelectuales fueron
arrestados. En aquel entonces, 1964, yo
tenía 28 años y, además de actividades académicas, era jefe de la sección
política del Diário de Notícias, uno de los periódicos más importantes
de Río de Janeiro. Simultáneamente asesoraba al diputado federal Sérgio
Magalhães, del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), presidente del Frente
Parlamentario Nacionalista y vice-presidente de la Cámara de Diputados. Como el
golpe militar de 1964 tuvo como principal objetivo reprimir no solamente a los
comunistas, pero también a los nacionalistas, trabalhistas, socialistas. Yo,
como tantos otros brasileños, que defendíamos el gobierno constitucional de
João Goulart, tuve que asilarme, lo que hice en la Embajada del Uruguay. En
resumen, durante el régimen militar, estuve casi dos años en el exilio, del
cual volví a Brasil, secretamente en 1965 y viví en la clandestinidad, durante
algún tiempo, en Sao Paulo. Después estuve preso dos años por la Marina de Guerra: una vez en 1969/70,
y otra, en 1963. A un oficial que me
interrogó por aquellos años, le dije, que yo había pretendido ingresar
en la Marina a través de la Escuela Naval y terminé por entrar por la puerta
del Presidio Naval. Solamente después de liberado, en víspera de la Navidad, pude
volver a Sao Paulo, al comienzo de 1974. Luego retomé las actividades
académicas en Sao Paulo, desarrollando docencia en la Escuela de Sociología y
Política. - ¿Fue distinta la dictadura brasileña, a la de Pinochet o a
la de los militares uruguayos? - Sin ninguna sombra de
duda, el régimen autoritario en Brasil fue muy distinto de la dictadura de
Pinochet, en Chile, y de la que existió en la Argentina. El régimen autoritario
en Brasil, asentado sobre las Actas Institucionales, coexistió con las instituciones democráticas,
mantenidas formalmente, al contrario de lo que ocurrió en Chile o en la
Argentina. Los generales se institucionalizaron en el poder, mediante una
elección formal por el Congreso, cuyas actividades fueron solamente suspendidas
una o dos veces, y por poco tiempo.
También la violencia no alcanzó los niveles que en Chile, Argentina y
Uruguay. Durante los 20 años de régimen militar en Brasil, o sea, de 1964 hasta
1985, cuando José Sarney, el primer civil electo presidente por el Congreso, asumió
el gobierno, no hubo mucho más de 400 muertos y desaparecidos, mientras que el
número de asesinados y desaparecidos, en Chile, es calculado entre 10.000 a
20.000, así como en la Argentina. En Uruguay, tengo la información de que cerca
de 374 integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T)
fueron muertos en distintas circunstancias, y más 36 desaparecieron. Supe que
Luis Martirena - con quien tuve buenas relaciones de amistad, murió en
Montevideo, en 1964/65 -asesinado de forma bárbara, delante de la familia.
Además se conoce que, entre 1973/85, desaparecieron 164 personas, de ellas,
aproximadamente 127 en la Argentina y el resto en el Uruguay, Chile y Paraguay. Son números casi iguales
a los registrados en Brasil, pero demuestran la magnitud de la violencia en el
Uruguay, cuando se compara su población, de cerca de 3 millones de habitantes,
con la de Brasil, de aproximadamente 100 millones en los años 70. - Algunos historiadores hablan de una dictadura con rasgos
acentuadamente nacionalistas, principalmente
en el plano económico, ¿es correcto? - Es correcto. Escribí sobre ese tema en mi libro Brasil-Estados
Unidos: a rivalidade emergente, cuya segunda edición revisada y actualizada
fue publicada en 1999 como segundo volumen de mi obra Relações
Brasil-Estados Unidos no contexto da globalização. Intentaré aquí una
explicación sintética y esquemática, pues, para comprender porque la dictadura
en Brasil ha tenido rasgos acentuadamente nacionalistas, principalmente en el
plano económico, es necesario conocer su historia. El Ejército brasileño tuvo decisivo rol en toda la lucha por la
industrialización del país, debido en gran medida al hecho de que la mayor
parte de su oficialidad provenía de las clases medias, con una fuerte
conciencia nacionalista. Desde el inicio del siglo XX ya estaba planteada la
necesidad de instalar una siderurgia, para transformar el hierro, del cual
Brasil tenía y tiene abundantes reservas, en acero y de esta manera
garantizarle mayor independencia económica y la seguridad nacional. Durante los
años 30, ese problema se hizo urgente, en virtud del proceso de sustitución de
las importaciones. La gran mayoría de los oficiales, tanto del Ejército como en
la Marina, era nacionalista. Algunos oficiales del Ejército, como el capitán
Luiz Carlos Prestes y el teniente Agildo Barata, han adherido al comunismo.
Oficiales de la Marina simpatizan con la doctrina integralista, la versión
brasileña del nacionalismo fascista. Fueron también las Fuerzas Armadas que en 1937 indujeron al
presidente Getulio Vargas a dar un golpe de Estado e imponer una dictadura de
carácter nacionalista. La gran mayoría de los militares, cuando irrumpió la Segunda
Guerra Mundial, simpatizaba con las potencias del Eje, la Italia fascista y la
Alemania nazista. Y el gobierno de Vargas solamente se alió a los EUA, porque el presidente Franklin Roosevelt,
debido a la importancia estratégica de Brasil por su confrontación geográfica
con África, decidió conceder los recursos para la implantación de la siderurgia,
a cambio de la permisión para establecer bases militares a lo largo de su
litoral, evitando así un conflicto militar. Después de la guerra, un sector de
la oficialidad, que participara con los americanos de la lucha en Italia, se
volvió contra Vargas, que fue derribado en 1945. Ha partir de entonces, dos
corrientes políticas se formaron en las Fuerzas Armadas, influidas por la
guerra fría: una corriente - la Cruzada Democrática - contraria a Vargas y
pro-EUA; y otra, a la izquierda, nacionalista y estatizante, que ha
desencadenado la campaña por la nacionalización del petróleo, a fin de los años
40 y principio de los 50. Esas dos corrientes, más politizadas, no
representaban, cada una, más que 25 % de las Fuerzas Armadas, cuya mayoría era,
sin embargo, nacionalista, legalista y anti-comunista. Esa mayoría fue la que
defendió la legalidad, en oposición a
los ministros militares conservadores, que intentaron impedir la asunción de
João Goulart a la presidencia, tras la renuncia de Janio Quadros en 1961. Para
llevar esa mayoría a apoyar el golpe de Estado, en 1964, la CIA, aliada a la
corriente militar que se oponía a Goulart, promovió spoling actions,
manipulando las contradicciones sociales e instigando la sublevación de
sargentos y marineros. En cuanto a esto no hay la menor duda. El Cabo Anselmo, quien
comandó la revuelta de los marineros en abril de 1964, era un agente de la CIA, hecho que fue posteriormente comprobado. El objetivo
de la revuelta fue caracterizar la supuesta amenaza comunista y asustar toda la
oficialidad con la ruptura de la disciplina y de la jerarquía en las Fuerzas
Armadas. En tales condiciones se
produjo el golpe de Estado, con el respaldo abierto de los EUA. El mariscal Humberto Castelo Branco, amigo del general (entonces
coronel y Attaché Militar americano en Brasil) Vernon Walters desde la guerra
en Italia, asumió el gobierno, electo por un Congreso del cual fueron
expurgados los representantes trabalhistas y nacionalistas, y trató de implementar la política económica
y la política exterior de Brasil, conforme las directivas de Washington,
rompiendo desde luego las relaciones diplomáticas con Cuba. En seguida, fueron
expurgados cerca de 4.500 militares, oficiales y sargentos que apoyaron al
gobierno de Goulart. Pero, aplastada en las Fuerzas Armadas la corriente que
tendía hacia la izquierda, el nacionalismo se manifestó por la derecha, por
medio de los oficiales línea dura, que eran radicalmente anti-izquierda,
pero no aceptaban una política económica contraria al desarrollo de Brasil y se
oponían a la corrupción y a la ostentación de riqueza del capitalismo. Se produjo una fuerte resistencia en los cuarteles, y el gobierno
de Castelo Branco no pudo privatizar la Petrobrás y las compañías de energía
eléctrica, tuvo que retroceder en su planteamiento de la interdependencia entre
los Estados latino-americanos y a favor de la creación de una fuerza
interamericana de paz, además de necesitar hacer masivas inversiones públicas
para sacar el país de la recesión económica. En tales circunstancias, los
militares de los cuarteles, impusieron el nombre del mariscal Arthur da Costa e
Silva para suceder a Castelo Branco. Solamente cuando Brasil volvió a crecer, a partir de 1967/68, los
capitales extranjeros empezaron otra vez a afluir en su economía, a pesar de que el gobierno del mariscal Costa e
Silva retomara las líneas de la política exterior, similares a las del gobierno
de João Goulart. En resumen, el primero gobierno militar, del mariscal Castelo
Branco, intentó eliminar las “áreas de
fricción” con los EUA. No lo consiguió. El régimen autoritario, por él modelado
para garantizar un clima favorable a los capitales extranjeros, solamente
podría subsistir si atendía a las necesidades nacionales de desarrollo del
Brasil, y estas a su vez determinaban una política exterior diferente y
contradictorias con las directivas de los EUA. - ¿Es Brasil un país más nacionalista en términos político -
culturales que sus hermanos latinoamericanos? - Un diplomático francés, M. Maillefer, que sirvió en Montevideo
en 1854, dijo que Brasil era la “Rusia tropical”, que tenía la “ventaja de la
organización y la perseverancia en medio de los Estados turbulentos y mal
constituidos” de América del Sur. De hecho, mientras la conformación definitiva
y centralizada de los otros Estados solamente ocurrió en la segunda mitad del
siglo XIX, Brasil en aquel entonces, mitad del siglo XIX, ya poseía un aparato
burocrático-militar capaz de imponer, tanto interna cuanto externamente, la
voluntad social de sus clases dirigentes, tenía una conciencia nacional. Fue el Estado-Imperio que construyó la
nación. Y ahí está la diferencia entre Brasil y los demás países de América
Latina. El Estado brasileño no es simple sucesor del Estado portugués. Es el
propio Estado portugués que fue trasladado a otra región geográfica y ajustado
a sus condiciones económicas, sociales y políticas. No sufrió discontinuidad en
la mudanza. Conservó la contextura institucional, asentada en el dogma de la
soberanía, una e indivisible de la Corona, la jerarquía, las leyes civiles, los
métodos administrativos, el estilo político, el instrumental bélico y
diplomático, con experiencia internacional, y el sentido de su potencia. Eso se debe al hecho de que la Corte de Lisboa fue transferida a
Río de Janeiro y el rey Dom João VI no solamente acabó el régimen colonial,
cuando abrió los puertos en 1808, como alzó a Brasil, en 1815, al status de
Reino Unido a Portugal, o sea, lo tornó Estado soberano, personalidad jurídica
del Derecho Internacional. La ruptura con Portugal, en 1822, no fue un acto de subversión,
sino un acto para la conservación del status que ya tenía. El príncipe Dom
Pedro declaró a Brasil independiente de
Portugal, no para conquistar, sino para conservar la soberanía del Estado, que
su padre, Dom João VI, le confiara, antes de volver a Lisboa, presionado por
los liberales, que pretendían restaurar en Brasil el régimen colonial. Brasil,
que ya constituía un reino soberano, unido a Portugal, siguió con la monarquía,
tras la separación de las dos ramas del Estado portugués, en 1822. Y la monarquía, manteniendo al Brasil como
Estado unitario y centralizado, consolidó la nación, al contrario de lo que
pasó en la América española, que se desintegró en varios Estados, en que los
caudillos regionales pasaron a predominar. Ese es uno de los factores que
determinaron que en Brasil haya una conciencia políticamente más nacionalista.
Brasil es la América portuguesa que no se desintegró. - Sabemos que en
determinado momento de su vida usted
vivió en Uruguay, ¿cuándo fue y qué
recuerdos le dejó este país? - Como consecuencia del golpe de Estado en Brasil y de la
represión que los militares desencadenaron, me asilé en la Embajada de Uruguay,
y llegue a Montevideo, transportado por un avión de la Fuerza Aérea
Uruguaya, en el inicio de junio de
1964. Radicado en Uruguay hice el
enlace entre los líderes brasileños que se asilaron en el Uruguay y ciertas corrientes políticas que
organizaban la resistencia al régimen militar en Brasil. Volví clandestinamente al Brasil en el curso
de 1965 y he dejado muchos amigos en Montevideo, donde colaboré con artículos
para el periódico Época, entonces bajo la dirección de Eduardo Galeano,
por quien tengo una gran admiración y amistad.
Además de Galeano, me acuerdo de Hugo Cardozo, Manrique Salbarrey,
Germán Vidal, Vívian Trías, entre otros amigos que hice en Montevideo, adonde
volví algunas veces en 1975/76, para hacer investigación sobre las relaciones
internacionales en la Cuenca del Plata. - Entre los libros
escritos figura uno sobre la formación de nuestro Estado nacional, ¿cuándo surge y porqué? - Mi tesis de doctorado fue sobre “El rol de Brasil en la Cuenca
del Plata”, que más tarde amplié y publiqué como libro, bajo el título O
expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na Bacia do Prata: Da
colonização à Guerra da Tríplice Alianza, cuya tercera edición fue lanzada
en 1998. En esa obra yo trato de estudiar la formación de los Estados en la
Argentina, Uruguay y Paraguay, así como en Brasil que, entretanto, pudo ejercer
enorme influencia en la Región, por las
razón que explique, en las preguntas anteriores, o sea, la de que Brasil ya era
una Estado políticamente organizado, con un ejército permanente y un servicio
diplomático, que heredó de Portugal, cuando los dos reinos se divorciaron. Pero
trato también del Uruguay en otros libros, incluso en el que va a ser lanzado
en marzo, bajo el título Da Guerra do Paraguai ao MERCOSUL: conflitos e
integração no continente (Brasil, EUA, Argentina), con prefácio del Embaixador
Samuel Pinheiro Guimarães, que ahora es el Secretario-General del Itamaraty.
Esa obra es una continuación de la otra - O expansionismo brasileiro e a
formação dos Estados na Bacia do Prata - y en ella también son enfocados los otros países de América del
Sur, particularmente el Uruguay. En cuanto a la pregunta de cuando y porque surgió el propósito de
escribir sobre la formación del Uruguay, quiero precisar que la mayoría de mis
obras mantiene una unidad temática, que consiste en la política exterior y las
relaciones internacionales de Brasil. Después de haber escrito y publicado, en
1973, Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois séculos de historia),
yo tenía de profundizar la investigación sobre la Cuenca del Plata, como la
otra principal vertiente de la política exterior y de las relaciones
internacionales de Brasil y adonde también en el siglo XIX las divergencias con
los Estados Unidos se manifestaron, particularmente en la guerra de la Triple
Alianza. La formación del Uruguay está, por lo tanto, en el contexto de las
relaciones de Brasil con la Cuenca del Plata, que fue y sigue siendo la
principal área de sus intereses en la América del Sur, desde los tiempos de la
colonización, hasta la actualidad, por
motivos económicos, políticos y estratégicos. De ahí el proyecto del MERCOSUR. - Sabemos que usted,
junto a personalidades como el ex presidente Cardoso y varios de quienes
fueron sus ministros de gobierno
jugaron un rol importante en los acontecimientos que llevaron a la derrota de
la dictadura en su país, ¿puede
contarnos en qué consistió el papel de ustedes y cómo vivieron aquellos acontecimientos? - Cada uno de nosotros jugó un papel distinto en los primeros años
del régimen militar. Yo fui al Uruguay, como ya dije, viví clandestinamente en
Sao Paulo. Entre 1969 y 1974, bajo el gobierno del general Emílio Garrastazu
Médici la represión fue muy dura y
estuve dos años preso (1969/70 y 1973). Fernando Henrique Cardoso fue a Chile y
no me acuerdo cuando volvió al Brasil. Pero, a partir de 1974, él, Francisco Weffort, que fue su Ministro
de Cultura, yo y algunos otros profesores, con el apoyo de los estudiantes y
del Movimiento Democrático Brasileiro (MDB), el partido de la oposición legal,
pasamos a hacer conferencias en las Universidades, criticando el régimen
militar y movilizando la opinión pública a favor de la redemocratización. Me
acuerdo que el presidente João Goulart, una de las veces en que lo visité en el
Uruguay, me dijo: “Los militares dejan que tu hables, hagas conferencias, criticando
el gobierno, porque están interesados en saber lo que pensamos y muchos están
de acuerdo con nosotros”. - ¿Es por aquellos días que también conoce de cerca al hoy presidente Lula y a algunos de los
dirigentes del PT? - Conocí, personalmente, al presidente Lula en 1980, cuando el era
dirigente sindical y comandó un paro de los metalúrgicos en Sao Bernardo do
Campo, ciudad industrial que está integrada al Gran São Paulo. Yo era profesor
en la Universidad Católica y en el Instituto Benett, en Río de Janeiro, y al
mismo tiempo asesor del Prefecto de Osasco, ciudad también integrada al Gran
Sao Paulo, adonde vivía de martes a viernes. En ese entonces, como
representante del Prefecto de Osasco, yo y otro colega, profesor en la
Universidad de Sao Paulo, fuimos a llevar la solidaridad y el apoyo a Lula. Ese
paro que él dirigió fue un grande desafío a la dictadura. En aquel entonces,
Lula conjuntamente con otros dirigentes sindicales y profesores, como Francisco
Weffort, ya estaban organizando el PT.
Por otro lado, Fernando Henrique Cardoso entendía que se debía permanecer en el
MDB, que después pasó a ser PMDB (Partido do Movimento Democrático
Brasileiro), en ese momento yo estaba a colaborando con Leonel Brizola en la
articulación del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), que después, por una
decisión de la Justicia, no pudo mantener esa sigla y se registró como Partido
Democrático Trabalhista (PDT). Todos teníamos el mismo propósito y las
discrepancias eran básicamente en cuanto a los caminos partidarios. Eran,
generalmente, discrepancias formales.
Pero éramos amigos y nos entendíamos. - ¿Está Usted vinculado a algún partido político? ¿Cual su
posición ideológica) ¿Es usted
marxista? - No estoy afiliado a ningún partido político. Tampoco puedo decir
que tengo una posición ideológica, pues me considero un libre pensador. La
ideología es la conciencia falsa e impide una clara percepción de la realidad,
que es permanentemente mutante. He estudiado las obras de Karl Marx, pero nunca
pertenecí al Partido Comunista. Siempre he condenado los métodos stalinistas y
el régimen vigente en la URSS. Siempre creí, desde joven, que aquel tipo de
socialismo totalitario, aunque hubiera durado más de 70 años, estaba destinado
a desplomarse. Lo que se llamó de marxismo-leninismo fue una contrahechura de
Stalin y sus epígonos para justificar sus políticas. La verdad es que Marx no
elaboró ningún sistema de ideas, axiomático, cerrado, o sea, completo y
conclusivo. Por eso dijo que no era marxista. Es necesario considerar que la permanencia de las
palabras tiende a imprimir estabilidad al concepto, pero la realidad, que el
concepto pretende representar y la palabra exprimir, cambia a cada instante,
está en movimiento, es un constante devenir, un continuo flujo en lo cual el ser y el
no-ser se integran, de modo que el concepto no puede estabilizarse, en la
medida en que debe acompañar y reflejar la realidad.
Decirse
marxista no sólo es contrario a la
dialéctica que Marx adoptó como método de investigación, pues la realidad es mutante,
como implica empobrecer su pensamiento, tornarlo estático, dañarlo, y reducirlo
a una posición política, de militancia, un catecismo, lo que restringe la
comprensión de los acontecimientos históricos. El método gnoseológico de Hegel, aplicado a las ciencias sociales y
a la interpretación de los fenómenos históricos, es lo más importante en la
obra de Marx, lo que perdura como contribución de Marx, pues le permitió
desvendar las leyes que regían el capitalismo, en una determinada etapa
histórica, esto es, la economía de Inglaterra en la primera mitad del siglo
XIX. Recordar a Rosa Luxemburg, que demostró el error de Marx en su teoría
sobre el desarrollo del capitalismo, cuyo colapso no se efectuó como el había
profetizado. Esta circunstancia ha impuesto la revisión de muchos de sus
pronósticos y fue lo que hizo Eduard Bernstein, delante de las transformaciones
que a partir del segundo cuarto del siglo XIX se produjeran dentro del sistema
capitalista. Bernstein constató que en la obra de Marx había un “dualismus”, pues, siendo una
investigación científica, ya presentaba
una tesis pronta y un resultado predeterminado. Las previsiones de Edward Bernstein y Kart Kautsky, atacados por
los comunistas, se mostraron más acertadas que las de Lenin. Lenin adaptó el
pensamiento de Marx a las condiciones culturales de Rusia, lo interpretó según
sus objetivos políticos inmediatos, le dio pragmáticamente una versión y la
dogmatizó. El bolchevismo fue un fenómeno ruso, exclusivamente ruso, y hasta
hoy las corrientes que se dicen de izquierda no se liberaron de su influencia,
de los esquemas establecidos por Lenin, que vivió muchos años en la Europa
Occidental, pero nunca verdaderamente la comprendió. A la contribución de Marx
y su discípulos al estudio de la economía y de las ciencias sociales, hay que
sumar el aporte de muchos otros pensadores, que no se afilian a la misma
escuela de pensamiento, entre los cuales Max Weber se destaca. - ¿Cuál es su
formación filosófica? - Mi formación filosófica
fue esencialmente influenciada por Hegel. Considero la dialéctica, que Hegel
desarrolló, lo que hay de más avanzado en la gnoseología, el método de
conocimiento más rico y más ágil aún que la inferencia matemática. La
dialéctica permite comprender lo que está más allá de la estricta identidad. También acepto el concepto hegeliano de que el Estado es un
organismo vivo, que ha surgido en determinadas condiciones de la evolución
histórica. Hegel escribió que el pueblo como Estado es el espíritu (Geist)
en su sustancial racionalidad e inmediata realidad y de ahí el absoluto poder
en la tierra. Entiendo ese espíritu (Geist) como la cultura del pueblo que se
encarna en el Estado y que influencia su comportamiento y sus políticas. Y porque mi formación filosófica es esencialmente hegeliana,
entendiendo que los fenómenos políticos, cuando se manifiestan, resultan de
transformaciones cuantitativas y cualitativas de tendencias históricas, razón
por la cual deben ser estudiados y comprendidos en su encadenamiento mediato,
en su condicionalidad esencial, y en su constante devenir. La ciencia política
sin historia no pasa de simples ejercicios impresionistas, que no alcanza y no
demuestra la condicionalidad esencial del fenómeno, pero solamente su
accidentalidad. Para que se pueda ver el futuro es necesario conocer el pasado.
Esa identificación del pasado con el presente y el futuro está en la propia
mitología germánica. El mito Norse personifica los tres elementos del
tiempo/causalidad. Urddhr ou Wyrd
personifica el destino, es la Norn de todo lo que vino del pasado y que
modela lo que vendrá a ser; Verdhandi representa el presente, el momento
del cambio; y Skuld es la personificación de lo que debe desarrollarse.
Esos tres elementos son por veces interpretados como pasado, presente y futuro,
pero en la mitología germánica el tiempo no puede ser dividido, puesto que el
pasado es aún realidad viva y poderosa, que continuamente modela todo lo que
viene del pasado. La lengua alemana, que es conceptual, ha incorporado ese
elemento: el verbo auxiliar - werden - significa ser, no un ser formal,
pero un ser en movimiento, en mutación. - ¿Al desaparecer los países del “socialismo real” cómo se
ha modificado la política de los Estados Unidos? - La existencia de la URSS, con su poder militar, constituía un
factor de contención de los EUA, que emergieron de la Segunda Guerra Mundial
como la única potencia dominante, dentro de la economía capitalista. Ahí está
exactamente una cuestión en que Karl Kautsky tenía completa razón, cuando tras
la eclosión de la Primera Guerra Mundial, escribió que se podía aplicar al
imperialismo lo mismo que Karl Marx dijera sobre el capitalismo, o sea, que la
concurrencia engendra el monopolio. Así del mismo modo que la furiosa
competencia entre las firmas gigantes, los bancos gigantes y multi-millonarios,
que destruyeran a los menores, llevaron a los grupos financieros a concebir la
idea del cartel, la guerra mundial podría obligar a las potencias imperialistas
a formar una unión y por fin a la
concurrencia en la producción de armamentos. Conforme a esta opinión, no era
imposible desde el punto de vista
puramente económico, que el capitalismo entrase en una nueva fase marcada por
la transferencia de los métodos de los carteles, para la política
internacional. Esa es la fase actual, la fase del ultra-imperialismo, que se ha
formado a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, de la cual los EUA
emergieron como la potencia dominante en el sistema capitalista. La historia no confirmó la perspectiva de Lenin, que percibía el
imperialismo como el capitalismo en descomposición, como si fuera su última
fase, en la cual la guerra entre las grandes potencias resultaría en la revolución socialista
mundial. Al contrario, la historia dio razón a Kautsky. Actualmente, no hay una sola persona que pueda imaginar una guerra
entre los EUA contra Alemania, Gran-Bretaña, Francia o Japón. El G-7, integrado
por EUA, Alemania, Gran-Bretaña, Francia, Japón y Canadá - el cartel que los
países más industrializados han formado y cuya expresión militar es la OTAN. - ¿Usted viene estudiando las relaciones internacionales,
especialmente las interamericanas hace
más de treinta años, cuáles son los rasgos o tendencias dominantes en
este último periodo? - La nueva política nuclear de Bush representa el triunfo de un
pequeño círculo de teóricos conservadores que desde hace mucho tiempo venían
presionando para que los EUA alarguen el papel de las armas nucleares con el
objetivo de garantizar su superioridad militar y que les sirva como instrumento para ejercer influencia política y
estratégica. Esos ideólogos neo-conservadores de los institutos de estudios de
Washington, los jefes civiles del Pentágono y jóvenes que escriben artículos
para el Wall Street Journal defienden abiertamente una política imperialista, diciendo que los
EUA deben ejercer plenamente los poderes imperiales que detentan e imponer la pax
americana por la fuerza de sus armas. Es eso lo que los EUA están buscando hacer, desde que George
W. Bush ingresó al gobierno. Pero los americanos hacen la política inmediata,
del momento, y no piensan en las consecuencias futuras. Los golpes militares en
la América Latina fueron estimulados por el Pentágono y por la CIA, con base en
la doctrina de civic action, según la cual las Fuerzas Armadas, consideradas
la institución más estable y modernizadora en la América Latina, debían
participar del desarrollo económico,
social y político, o sea, hacer las reformas antes que los comunistas las
hiciesen. Lo que pasó fue que los militares, en Brasil y Perú, se volcaran
hacia políticas nacionalistas, contrarias a los intereses americanos. Al Qaeda
y Osama Bin Laden, como expresión del fundamentalismo islámico, surgieron y se
desarrollaron con los recursos que EUA
les entregaron, para combatir las fuerzas de la Unión Soviética en el
Afganistán y promover la subversión en las repúblicas que la integraban en la
región del Mar Caspio. Saddam Hussein fue también respaldado por los EUA, que
le proporcionaron inclusive armas químicas para atacar al Irán. Y George W. Bush
va a terminar por enemistar a los EUA con todos los pueblos. Si sigue así, en
pocos años, ninguna empresa americana, en cualquier parte del mundo, tendrá
seguridad. Su política conducirá y
provocará un desorden mundial. Si los EUA pueden denunciar el Tratado ABM, firmado con la Unión Soviética,
rechazar el Acuerdo de Kyoto y “unsign”, o sea, retirar su firma del
Tratado sobre Crímenes de Guerra, ¿por que la Corea del Norte no puede
abandonar el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares? Esa es la cuestión. Si los EUA, como una
gran potencia, da el ejemplo, los otros países también se sienten con el mismo
derecho de no respetar más a los tratados y compromisos internacionales. La
consecuencia es su desmoralización, como ahora ocurre con respecto a la guerra
contra el Irak. Una encuesta promovida por la revista americana Time, de
la semana de 09/01/2003, reveló que 67,4% de sus lectores consideran a los EUA
como la principal amenaza a la paz mundial, y 71,9% dicen que el objetivo de la
guerra contra Irak es la captura del petróleo. Sin moral, ninguna potencia
puede mantener su liderazgo. El poder militar tiene límites y la hegemonía
requiere también consentimiento de los pueblos. Los EUA, con esa política, van
a quedar aislados, como Henry Kissinger, que tiene el sentido de Realpolitik,
ha previsto en su última obra. - ¿En su opinión Cuba continua siendo un objetivo político y
militar a enfrentar y eventualmente a
destruir por parte de EUA? - Cuba no configura más ninguna amenaza para la política americana
en la América Latina. Su régimen ya no representa siquiera un modelo para otros
pueblos del hemisferio. El hecho de que Fidel Castro hace más de 40 años se
mantiene en el poder, sin embargo todos los esfuerzos de los gobiernos
americanos para derrocarlo, demuestran los límites políticos del poderío
militar de una superpotencia y a la vez
constituye una gran victoria para Castro.
Los EUA no lo perdonan por ello. Fidel Castro es solamente un símbolo de
resistencia a su hegemonía, pero no representa un objetivo político, mucho
menos militar, que los EUA tengan que enfrentar. Lo que hay, dentro del
gobierno de George W. Bush, es una fracción, representada por el embajador Otto
Reich, cubano-americano, que desea derrocar a Fidel Castro lo más pronto posible.
El representa la extrema-derecha concentrada en Miami. Pero derrocar a Castro
no constituye una prioridad en la agenda del gobierno americano, que está
consciente, creo, del enorme problema en que puede derivar para los EUA, si hay
una guerra civil en Cuba. Ese es un peligro real, los exiliados en Miami, tras
el fin del régimen de Castro, quieran recuperar sus propiedades que los otros,
que las ocupan en Cuba, no van a entregar, pacíficamente, sin resistencia.
Cuando venció la revolución, en 1959, había en Cuba alrededor de 6 millones de
habitantes y cerca de 300.000, tal vez un poco más, emigraron para los EUA,
adonde suman hoy cerca de un millón. Cuba, por otro lado, tiene actualmente
alrededor de 12 millones de habitantes, el doble que hace 44 años. Y hay una
diferencia: cuando la revolución triunfó, Cuba económicamente era mucha más
rica que hoy, aunque la riqueza estuviera concentrada en pocas manos. Si hay
una guerra civil en Cuba, tras la caída del régimen de Fidel Castro, van a
emigrar más de 300.000, pueden llegar a ser 2 o 3 millones de cubanos, en busca
de alimentos. Serán el boat people, un gran problema para los países de
la Región, particularmente para los EUA. - Usted también ha
vivido en Washington en tiempos de Carter, ¿cuáles son las diferencias de
aquel Estados Unidos y el de hoy? - Yo viví algunos meses, en Washington, en 1977, y tenía contacto
con gente vinculada al presidente Jimmy Carter. El clima era otro. Los EUA
habían perdido la guerra en el Vietnam, la Comisión de Relaciones Exteriores
del Senado, bajo la presidencia de Frank Church, había revelado la
participación de la CIA en el golpe militar en Chile, los actos de terrorismo
que practicaba, los asesinatos, y todo eso chocó y despertó la conciencia
democrática que tiene el pueblo americano. El presidente Jimmy Carter había
comprendido que los EUA estaban por perder moral y políticamente la Guerra
Fría, que no podían justificar más el combate al comunismo, mientras apoyaban
las dictaduras militares que violaban a
los derechos humanos, en la América Latina. El consiguió recuperar la imagen de
los EUA. Hoy la situación es distinta. Hay visibles tendencias fascistoides en
el gobierno de George W. Bush. Los atentados terroristas del 11 de Septiembre
de 2001 han fortalecido a la extrema-derecha del complejo militar- industrial,
produciendo el presunto enemigo que les faltaba desde que terminó la Guerra
Fría. El espectro del terrorismo toma el lugar del comunismo en la definición y reorganización de las relaciones
internacionales. Es necesaria al gobierno Bush la existencia real de un enemigo que amenace de modo creíble la
seguridad y el bienestar del pueblo americano y de sus intereses nacionales en
otros países, para tornar posible la aprobación legislativa del presupuesto
militar y la manutención de lo que el presidente Dwight Eisenhower había
denunciado como el complejo industrial-militar. Los americanos creen que los
EUA constituyen la democracia más perfecta, la sociedad mejor organizada, la
economía más próspera, el más poderoso
Estado de todos los tempos, que tiene como misión defender y resguardar los valores de la civilización occidental y
cristiana. Al comenzar el año, 2002, el
diputado republicano
Tom De Lay dijo que se hallaba
en una misión emanada de Dios, para promover "una bíblica concepción del
mundo" y que había promovido el juicio político contra Clinton en parte
porque ese ex-presidente tenía "una concepción del mundo equivocada". Esa es la gente que
cerca a Bush. Un diplomático brasileño, Domício da Gama, embajador en
Washington, escribió en 1912 que
"los EUA, formados con el concurso de tantos pueblos, se juzgan diferentes de todos ellos y
superiores a ellos" y que "el
duro egoísmo individual se amplió a las proporciones de lo que se podría
llamar egoísmo nacional". Desde el
colapso de la URSS y de todo el Bloque Socialista, los americanos empezaron a
creer que los otros pueblos tienen envidia de su riqueza y bien-estar, y que
por eso quieren destruir el régimen de libre mercado. La extrema-derecha, que
capturó el gobierno con la ascensión de George W. Bush a la presidencia, por
medio de un golpe judicial, pasó a manipular esa creencia, como si la
inviolabilidad de su territorio y su way of life estuviesen amenazados,
para lanzar la doctrina de la guerra preventiva, como si fuese en legítima
defensa, para atacar otros países y así promover las guerras, que les permitan
experimentar en condiciones reales armamentos muy caros y vender los de
generación ya superadas a otros Estados. Esa política contribuye a
fomentar las tensiones en varias regiones, como el Oriente Medio, y justifica
los gastos con defensa ante los tax-payers americanos. - ¿Es autor del libro “de Martí a Fidel”? ¿Qué dice allí que
ya no se haya dicho sobre Fidel? - No se trata de un libro sobre Fidel, aunque él sea personaje de
los acontecimientos. De Marti a Fidel, como el título lo demarca, es el
período en que el processus de la revolución cubana se ha
desarrollado, desde la lucha por la independencia hasta constituir la
manifestación más radical del nacionalismo latino-americano. En esa obra, cuyo
título completo es De Martí a
Fidel - A Revolução Cubana e a América Latina, abordo los
diversos momentos del proceso revolucionario en Cuba, sobre todo a partir de los años 30, cuando en medio de una
revuelta popular el Sargento Fulgencio Baptista capturó el poder en la Habana.
Estudio el contexto de varias manifestaciones revolucionarias del nacionalismo
en la América Latina, entre otras, la
república socialista de 12 días, implantada en Chile por el Comodoro Marmaduke
Grove (1931), el Gobierno del General Lázaro Cárdenas, en México (1934/1940),
el peronismo en la Argentina (1945/1955), la revolución boliviana (1952/1964), dirigida por el
Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y el régimen reformista en
Guatemala (1944/1954), derrocado por la CIA. Y,
al insertar la revolución cubana en esa perspectiva continental, tuve como
objetivo demostrar como ella, históricamente, se encadenó con aquellas experiencias
revolucionarias anteriores. La implantación
de un régimen comunista en Cuba,
conforme al modelo de los países del Este Europeo, fue una contingencia
histórica, que ha resultado de una política emprendida, no por URSS, sino por
los EUA, que, sin respetar los principios de la soberanía nacional y
autodeterminación de los pueblos, no aceptaron los actos de la revolución, como
la reforma agraria, y transformaron contradicciones de intereses nacionales en
un problema del conflicto Este-Oeste. Esta obra la escribí investigando no solamente la documentación
americana, sino, principalmente la documentación secreta del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty) y otros acervos, entre ellos
documentación alemana. Así traté de acompañar la revolución cubana no
solamente a partir de la ”view from Washington”, como los americanos
normalmente hacen, también lo hice a partir
de la ”view from Brasilia”, demostrar el rol de la América Latina
y, en especial, de Brasil y México, cuya oposición frustró la intervención
militar en Cuba, bajo el manto de la OEA, como los EUA pretendían hacer, para
evitar una represalia de la URSS en Berlín o Turquía. - ¿En las actuales definiciones
políticas e ideológicas del gobierno de EUA, qué es lo determinante, la
personalidad del presidente Bush, o existe un lobby de opiniones teóricas
sociales que sustentan sus ideas y posturas políticas? ¿Hasta donde Europa
puede acompañar las actuales definiciones del presidente Bush? - Existe un lobby, no solamente de
opiniones teóricas y sociales, pero de intereses económicos, por detrás del
presidente George W. Bush, con lo cual su personalidad o falta de personalidad
se identifica. George W. Bush está
vinculado a la empresa de energía CEO, así como Cheney, que es accionista de la firma Halliburton
(petróleo, defensa, construcción) y cuya esposa, Lynn Cheney, es
vice-presidente y directora de la firma Lockheed Martin; Colin Powel es accionista de la General
Dynamics; Paul Wolfowitz es
co-presidente de la task force de Nunn-Wolfowitz, Hughes
Electronics; Donald H. Rumsfeld es director de Gilead Sciences
(biotecnología); Dov Zakheim,
sub-secretario de defensa, es vice-presidente de Systems Planning Corporation
(firma de consultoría en el área de defensa); el US Trade Representative, Robert Zoellick, que negocia el ALCA, es
integrante del Consejo Consultivo de la Enron, la firma que ha provocado un
escándalo; y Condoleezza Rice, asesora de seguridad de Bush, pertenece a la
dirección de la Chevron. Están todos
vinculados a muchas otras empresas. Eso no se restringe sólo a los nombres que
cito. Todos los otros miembros del gobierno Bush son representantes de esas
corporaciones vinculados al complejo industrial-militar-petrolífero, cuyas
ganancias aumentan con ese clima de guerra, gastos en defensa y conquista de áreas
de petróleo, en el Mar Caspio (Afganistán) y en el Golfo Pérsico (Irak). No sé si Bush tiene ideas, pero sus
posturas políticas, arrogantes y prepotentes, revelan un individuo muy
primario. Falta junto a él un hombre como Henry Kissinger, que, sin perjuicio
de su responsabilidad en el golpe militar en Chile, manejó mejor la política
internacional de EUA, estableciendo las relaciones con China, firmando el
Tratado Cuatripartito con la URSS y las dos Alemanias, lo que acabó con las
tensiones por causa de Berlín, y celebró con la URSS un Tratado anti-balístico
(ABM). El
objetivo principal de los EUA hoy consiste en
la conquista de los recursos naturales y de la fuentes de energía no
renovable, bien como en obtener la apertura unilateral de los mercados para sus
exportaciones. Por eso recurre a todos
los medios, tanto militares, como el Plan Colombia, la ocupación del
Afganistán y la guerra contra el Irak, o proyectos económicos, como el Plan
Puebla Panamá (PPP) y la propuesta para la formación del ALCA. - ¿Las dificultades
actuales de autoridad de la ONU, dependen de la hegemonía de EUA, o de que el
derecho internacional está en crisis, de que el organismo internacional no es
el adecuado para este momento que vive el mundo? - Los EUA vienen violando y socavando cada vez más las leyes que
garantizan la seguridad internacional. Se apartan del dominio de la ley por el
dominio del poder. Esa tendencia empezó con el ex-presidente Clinton y se
aceleró con la ascensión de Bush al gobierno, lo que amenaza la seguridad no
solamente de la comunidad internacional, sino, también, la propia seguridad de
los EUA. Bush y su gente no
disimulan la pretensión de hacer de los EUA un global cop, que puede emplear el big stick
(grande cachiporra) en escala mundial, ampliando así la doctrina que el
presidente Theodore Roosevel formulara para la América Latina. El se declaró dispuesto a intervenir
militarmente en Irak, con el objetivo
de cambiar al régimen de Saddam Hussein. Aunque Saddam Hussein sea un dictador
sanguinario, Bush no es mejor que él, cuando deflagra una guerra de agresión,
que va costar muchas vidas. Su postura constituye una aberrante violación del
principio de no-intervención en los asuntos internos de otros países, acordados
en el Tratado de Westphalia, de 1648, y contraría el derecho internacional
moderno, que autoriza el uso de la fuerza en defensa propia solamente para
combatir amenazas reales, no potenciales, pero
no como acción preventiva y anticipada. La falta de sensibilidad
de Bush es tan grande que trató de crear una oficina de “diplomacia
pública”, de comunicación global, para mejorar la imagen de los EUA en el
exterior, pero al mismo tiempo buscó impedir que cualquier norteamericano,
acusado de crímenes de guerra o de abusos de los derechos humanos sea entregado a la Corte Penal
Internacional, instituida por la ONU en La Haya, amenazando cortar la
asistencia a los países que se negaren a firmar con los EUA un tratado, concediendo
ese status especial, o sea, un odioso privilegio, para sus ciudadanos. Lo que Bush quiere es
impunidad para que los norteamericanos puedan
cometer los crímenes de guerra, genocidio y abusar de los derechos
humanos. En tales circunstancias, de nada servirá la creación de esa oficina de
“diplomacia pública”, puesto que la imagen de los EUA no ha de mejorar. Al contrario, la percepción, cada vez más dominante en los países
de Europa y en otras partes del mundo es la de que los EUA son un “rogue
state”, un país irresponsable, que no respeta las leyes internacionales ni
tratados y acuerdos. Esa es la imagen que el presidente George W. Bush está a
proyectando, en el exterior, al mismo
tiempo en que su arrogancia y prepotencia aumentan la popularidad de Saddam
Hussein y de Osama Bin Laden, junto a las masas musulmanas. Ojalá que Bush, con las
nuevas directivas estratégicas, admitiendo el empleo preventivo de armas
nucleares contra diversos países, no termine por hacer parecer a Hitler un
santo y los hechos del nazismo, una obra humanitaria. - ¿Se puede esperar que acontecimientos como el de Colombia
o Venezuela deriven en conflictos
bélicos con la intervención directa de EUA?. -La verdad es que en Colombia, hay una guerra civil, en la cual los EUA
ya intervienen, aunque de forma velada y limitada y los resultados son
prácticamente nulos. Las hectáreas de cultivos de coca se
extendieron y las FARC y el ELN no rechazan un entendimiento. Recientemente, en enero de 2003, 70 asesores militares norteamericanos
llegaron a Arauca, y allá se quedarán por tres meses para entrenar 6.500 soldados
colombianos para proteger el
crucial oleoducto, que atraviesa aquella región, contra ataques de la
FARC. Ese desplazamiento del 7th Special Forces Group, con sede en Fort Brag,
ha resultado de una decisión de Bush, autorizado por el Congreso a expandir la
asistencia militar y combatir a los insurgentes, lo que antes, aparentemente,
se limitaba a la guerra contra el narcotráfico. Al mismo tiempo, el
presidente colombiano, Alvaro Uribe, dijo que el problema con el narcotráfico
constituye "una amenaza mayor para el mundo que el problema de Irak"
y pidió a los EUA un masivo despliegue
naval y aéreo para Colombia, como hace en el Golfo Pérsico. No creo que los EUA, que
intentaron hacer algo así durante la Administración Clinton, puedan atender a
tal solicitación. Eso evidenciaría el fracaso del Plan Colombia, a través de lo cual Washington destina
millones de dólares para combatir al narcotráfico y a los grupos insurgentes,
que considera terroristas. Además del mismo modo que ya lo hizo durante el gobierno de
Fernando Henrique Cardoso, Brasil no participaría y no permitiría el uso de su
territorio para cualquier operación, por avión o tropas terrestres, en
Colombia, país del cual es el mayor vecino. Venezuela, también e igualmente el
Ecuador, ahora bajo el gobierno del coronel Lucio Gutiérrez. Quedaría solamente el Perú, que tiene una
pequeña franja de frontera con la Colombia. En cuanto a Venezuela, no creo, que por ahora la crisis evolucione
hasta un conflicto bélico, aunque no se pueda descartar totalmente esa
posibilidad. A los EUA eso no le interesa, sin perjuicio de que algunos en
Washington quieren el derrocamiento de Chávez. Una guerra civil en Venezuela
complicaría aún más la situación internacional, tanto económica como política,
en un momento en que Bush quiere -a cualquier precio- hacer la guerra contra el
Irak. De cualquier modo, la mayor preocupación de Brasil es evitar que haya una
intervención extranjera en Venezuela,
lo que podría ocurrir en caso de una guerra civil. - ¿Para usted cuál es la primera causa de que las economías
de América del Sur se mantengan casi en una crisis permanente? - No se puede hablar de una crisis permanente de las economías de
América del Sur. Las economías de Argentina y de Uruguay, hasta los años 40,
fueron muy prósperas, a pesar de los problemas que sufrieron con la crisis
desencadenada en 1929, con la quiebra de la Bolsa de Nueva York, en la famosa
Black Friday (Viernes Negro). Brasil, por su vez, consiguió, después de la
Segunda Guerra Mundial, superar la condición de país agro-exportador y se tornó
el país más industrializado del hemisferio sur, siendo una de las diez mayores
masas económicas del mundo. Argentina y Uruguay siguen como países
agro-exportadores. Las causas de la crisis en las economías de Argentina y
Uruguay son, por lo tanto, distintas. También la asimetría existente entre esos
dos países y Brasil es enorme. Basta decir que el PIB de Argentina representa
menos de la mitad del PIB del Estado de Sao Paulo, donde solamente la región de
Ribeirao Preto, uno de sus municipios, tiene un PIB que es igual al PIB de
Chile. La economía brasileña - a pesar
de le crisis y de la deuda - es mayor que la economía de todos los otros países
sur-americanos juntos. Así que es muy difícil hacer generalización y comparaciones, y
explicar la causa o las causas primeras de las crisis de las economías de
América del Sur, que normalmente son cíclicas y en alguna medida reflejan
también la crisis en la economía mundial, como ocurrió en el inicio de los años
30. De cualquier modo, la crisis en Brasil es menos grave que en los
demás países de América del Sur y puede ser superada en un par de años. Pero
el fuerte y rápido deterioro de la
economía norteamericana, como lo demuestra el extraordinario crecimiento del déficit en cuenta corriente de la
balanza de pagos y el déficit del presupuesto, pueden producir repercusiones
muy negativas sobre su economía. En 2002, el déficit en la cuenta corriente de
los EUA alcanzó casi US$ 500 mil millones.
El problema no está tanto en el déficit, que se mantiene relativamente estable.
Está en el modo que está siendo
financiado, esto es, por el resto del
mundo, particularmente Europa y Japón, que transfieren recursos para la
economía norte-americana, bajo la forma de inversiones o préstamos. Economistas
de varios países dicen que esa
situación es insostenible a largo plazo. Lo declaró también el propio Alan
Greenspan, presidente del Federal Reserve Board, (banco central americano). Es
lógico que si los otros países, por cualquier razón, cesaren de financiar ese
déficit, será inevitable la desvalorización del dólar en relación con otras
monedas fuertes. Desde Septiembre 2002, hasta Enero de este año (2003), el
dólar ya ha perdido 8,1% para el euro y 4,6% para el yen. Y si los extranjeros,
que hacen inversiones en los EUA, empiezan a percibir que están perdiendo en el
cambio más de lo que podrían obtener en ganancias o con los beneficios de sus
otras aplicaciones, muy difícilmente el gobierno americano podrá evitar la
desvalorización del dólar, acompañada por la inflación. También el déficit del presupuesto es otro factor que está afectando la confianza
en el dólar. El gobierno del
presidente Bill Clinton consiguió, en 2000, enorme superávit fiscal, de US$
236,5 mil millones, el más grande de la historia. Pero desde que inauguró su administración, en 2001, Bush ha
aumentado los gastos en defensa,
determinando la devolución de US$ 1,4
trillón en impuestos y, bajo el pretexto de reactivar la economía, impartió
otras medidas fiscales, que reducen la recaudación del gobierno, durante los
próximo diez años, en US$ 674 mil millones, de los cuales US$ 102 mil millones
solamente en 2003, lo que debe elevar el déficit del presupuesto, ese año, entre US$
300 mil millones y US$ 350 mil millones, eso sin contar con los gastos que la
guerra contra Saddam Hussein va a provocar y que el presupuesto de EUA no ha
previsto. Esos gastos seguramente superarán la suma de US$ 100 mil millones, pues solamente la
Guerra do Golfo, que no llegó al fin, costó US$ 80 mil millones, en 1991. La
pretensión de Bush de promover guerras a cualquier precio, para atender a los
intereses de la industria bélica y de las compañías petroleras, aumenta cada
vez más, en los países de Europa, la desconfianza en la recuperación de la economía
americana. La guerra contra el Irak puede, en su principio, reanimar la
economía americana, debido a los gastos
públicos, permitiendo el aumento de las ganancias de las corporaciones de las
que Bush y los miembros de su gobierno están vinculados. Pero será un desastre para la economía mundial y, a medio y a
largo plazo, para la economía americana, que Bush está manejando sin ninguna responsabilidad
fiscal, como el FMI exige de todos los otros países. - ¿Es el ALCA una
alternativa real para el desarrollo de las economías de los países americanos? - Sin perjuicio de su
discurso liberal, Bush alargó la
práctica proteccionista, tal como otro republicano, William Taft, que, después
de electo, en 1909, defendiendo un programa liberal, aumentó las tarifas, lo
que contribuyó a la Gran Depresión. Los EUA no son un país confiable. Además,
Brasil tendrá poco que ganar en términos de aumento de las exportaciones, tanto
con la formación del ALCA como en un
acuerdo comercial entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE), si todos los
aranceles aplicados al comercio fuesen
reducidos a cero. El crecimiento de las ventas de Brasil, según estudios
hechos por economistas seria de, un máximo, 5%. En la Argentina desaparecerá el
resto de la industria que aun existe. ¿Y los EUA le van a comprar más carne y
trigo, commodities que también producen y exportan y para las cuales
quieren abrir el mercado brasileño? Seguramente no. Lo mismo se puede decir con
respecto a los productos que Uruguay exporta. Pero el problema no está solamente
en el comercio de mercancías. Los países de América del Sur, particularmente el
Brasil, ya enfrentan fuertes presiones para que abran los mercados de
servicios, equipamientos y propiedad intelectual. Pero es necesario defender el
espacio para las políticas de
desarrollo social y regional, para el desarrollo de la producción agrícola y,
principalmente, industrial y tecnológica. - ¿Qué alternativa económica real tienen aquellos países o
gobiernos que se oponen al ALCA de llevar adelante políticas exitosas, cuando
Europa también cierra mercados, o
aplica proteccionismos excluyentes? - Creo que los acuerdos de comercio con los EUA deben ser
bilaterales. Es muy problemático y casi imposible compatibilizar en un solo
tratado los distintos intereses que tienen esos países. Brasil, por ejemplo,
posee un parque industrial bastante desarrollado, el mayor del hemisferio sur y
eficiente en su media. Debe, en cierta medida, protegerlo contra una política
predatoria, de las grandes firmas americanas, que quieren conquistar el mercado
brasileño y de otros países de la América del Sur. Al contrario de México, que
antes del NAFTA ya destinaba cerca de 90% de sus exportaciones al mercado
americano, y de algunos otros países, el comercio exterior de Brasil con los
EUA, gira en torno del 20%. El mercado
de la Unión Europea es más importante para Brasil, al que le destina cerca de
30% de sus exportaciones, y también el MERCOSUR es más importante que el
mercado americano. Brasil tiene, por consiguiente, varios intereses que son
distintos de los intereses de otros países del continente. - ¿ Que alternativa
real de transformación económica tiene el MERCOSUR que Lula propone a
sus demás integrantes? - La alternativa es profundizar el MERCOSUR, llevando adelante el
proyecto de perfeccionar la unión aduanera, que ya existe, y transformarla en
un mercado común, promoviendo al mismo tiempo la integración política, tal como
en la Unión Europea. - ¿Por qué sí al MERCOSUR y
ALCA con reservas, para el nuevo
gobierno de Brasil? - El MERCOSUR es un proyecto muy distinto de la propuesta del
ALCA. No es un proyecto solamente económico y comercial. Es político y
estratégico. Busca la formación de un mercado común, en que pueden circular
libremente no sólo mercancías y capitales, pero también la fuerza de trabajo,
con derechos iguales y una moneda única. Como la Unión Europea, definida en el
Tratado de Maastricht, el MERCOSUR debe evolucionar en el sentido de un Estado
supranacional, que tendrá mayor bargaining power, o sea, un poder de
negociación mayor, delante de otros bloques, que se formen, en virtud de que la
economía exige hoy cada vez más una
escala mayor de producción. El ALCA, empero, es solamente una área de libre comercio, que
permitirá a los EUA ampliar el acceso a los mercados de América del Sur, a sus
fuentes de materias primas y de energía, mientras mantienen sus barreras no
arancelarias. Además, con los aranceles eliminados, las empresas americanas no
tendrán mas interés en hacer inversiones en los países de América del Sur porque
pueden hacer libremente sus exportaciones a partir de los EUA. La América del
Sur quedará bajo el dominio completo de los EUA, anexada a su espacio económico
y sometida al dólar, a los intereses de las grandes corporaciones
transnacionales. ¿Y quién garantiza que, después de avanzar y ocupar los
mercados de América del Sur el gobierno americano no denunciará el Tratado y
impondrá otras barreras, cuando sea conveniente para sus intereses? Hay ahí
también una cuestión de credibilidad. - En el 2002 la Unión
de Escritores le otorgó el primer premio en la categoría ensayo, ¿cuál es la
temática de ese ensayo?. - El tema de ese libro - O Feudo - A Casa da Torre de Garcia
d’Ávila: da conquista dos sertões à independencia do Brasil - es la
conquista y colonización del Nordeste, por la Casa da Torre, una familia que
mantuvo por 300 años, de la mitad del siglo XVI a la mitad del siglo XIX, un
dominio sobre una extensión de tierra de cerca de 300.000km2, tres
veces mayor que Portugal (90.000 km2), y que tenía su propio
ejército. Fue el mayor latifundio de las Américas. Se extendía del Norte de
Salvador, Bahía, hasta los límites de los actuales estados de Piauí e Maranhão.
Esa familia tuvo importante rol político y militar en la guerra contra los
portugueses, que resistieron, después que el príncipe Don Pedro separó Brasil
de Portugal, el 7 de Septiembre de 1822, y pretendieron mantener su dominio en
Salvador, Bahía, de donde solamente fueron expulsados el 2 de Julio de 1823. - ¿En qué instancias académicas se puede estudiar las relaciones internacionales en su país? - Aparte del Instituto Río Branco, del Itamaraty, que forma los
diplomáticos brasileños, hay actualmente cursos de relaciones internacionales
en casi todas las principales universidades brasileñas, como la Universidad de
Brasilia, que fue la pionera por estar en la capital federal, Universidad de
Sao Paulo, Universidad Católica, de Río de Janeiro, y varias otras. En la
Universidad Federal de Pernambuco fue
creado un Núcleo de Estados Americanos, para el estudio e investigación de los
EUA. Hay en varias universidades, como en la Universidad Federal de Bahía y en
la Universidad de Sao Paulo, centros de estudio de África. Cada vez más crece entre los jóvenes brasileños el interés en las
relaciones internacionales. - ¿Qué planes como científico político tiene en su agenda de estudios? - En el momento estoy por concluir dos estudios, que se
complementan: uno, sobre crimen político y terrorismo, en sus aspectos
jurídicos y políticos, y el otro sobre los aspectos teóricos e históricos de la
globalización y el ultra-imperialismo, el cartel de naciones que el G-7 y la
OTAN están a configurar, bajo la hegemonía de los EUA. |