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Ronda de Doha Durval de Noronha Goyos Abril 2006 Al final de febrero, en
el ámbito de las negociaciones de la Ronda de Doha de la Organización Mundial
de Comercio (OMC), un grupo de países desarrollados, liderados por los Estados
Unidos y la Unión Europea (UE), hizo en conjunto un, eufemísticamente
denominado, “pedido plurilateral” de liberalización de servicios a un grupo
de países en desarrollo. Entre estos están Brasil, China, India,
Indonesia, África del Sur, Filipinas y Turquía. Los países ricos desean
una apertura mayor de los mercados de los países en desarrollo que son blanco
de su política externa en los sectores de energía, servicios de medio ambiente,
servicios financieros, correos, telecomunicaciones, construcción, informática,
arquitectura, servicios jurídicos, educación, y servicios audiovisuales. Tradicionalmente, en el
ámbito del sistema multilateral de comercio, los pedidos de liberalización
comercial son hechos de país a país y una vez atendidos son multilateralizados
al final de la ronda de negociaciones, aplicándose a todos los miembros de la
OMC. No obstante, este mecanismo bilateral tiene dos inconvenientes para
un país desarrollado. En primer lugar, expone su política predatoria ante la
opinión pública doméstica e internacional, dejando mal parado al gobierno
respectivo. En segundo lugar, le da una oportunidad mayor de resistencia al
país grande en desarrollo. Los países predatorios
cartelizados le evitan a sus respectivos gobiernos el oprobio frente a la
opinión pública y aumentan aquello que consideran como una masa irresistible de
poder para doblegar la voluntad de las víctimas del sistema multilateral de
comercio: los países en desarrollo. En la Ronda Uruguay del GATT, los
países ricos uniformizaron sus leyes de inmigración para cerrar sus mercados a
los prestadores de servicios de los países en desarrollo. La victoria de los
países ricos en la uniformación del régimen de servicios en el ámbito de la OMC
fue tal, que ellos detentan casi el 80% de las ventas internacionales del
sector. Más aún, su participación en las ventas internacionales de
servicios crece cerca de cuatro veces más que las de los países en
desarrollo. Como consecuencia, los países en desarrollo están siendo
alejados de los mercados internacionales de servicios. La nueva acción del
Cartel de la Vergüenza desea anticipar tales efectos mortíferos y promover así
la prosperidad selectiva de unos pocos en detrimento de los muchos. La
hipocresía de los países ricos es tal que, unos días antes del “pedido
plurilateral”, el parlamento europeo aprobó una llamada Directiva Bolkenstein,
introduciendo innumerables restricciones al sector de servicios en el
territorio del bloque. De hecho, la UE excluyó
de la liberalización en su espacio común para sus propios 25 miembros a los
sectores de la radiodifusión audiovisual (que incluye cine y televisión),
correos, transportes públicos, servicios temporarios, salud pública y servicios
legales. Si tales sectores están excluidos para los propios estados
miembros de la Unión Europea, que no será para terceros, como los países en
desarrollo? Como si no bastara
con dicha acción, días atrás, en el área de energía, el gobierno francés
bloqueó la adquisición de una empresa local, la Suez, por una italiana, con
fundamentos nacionalistas. En el sector de transportes, hace cerca de dos
semanas, el Congreso de los EUA bloqueó la compra de una empresa de
administración de puertos por una compañía de los Emiratos Árabes Unidos.
Por otro lado, la empresa siderúrgica franco-belga-luxemburguesa Arcelor, sólo
admite una compra por parte de la siderúrgica Mital si ésta deja de ser india
(sic). Brasil es, junto con
China e India, uno de los mayores blancos de acción predatoria por parte de
los países ricos en el sector de servicios, que ya representa más del 50%
de nuestro Producto Bruto Interno. El Cartel de la Vergüenza pide la
liberalización de sectores en los que ni ellos, los países ricos, practican el
libre comercio. Unos son sensibles del punto de vista del orden
público, como los servicios legales, los culturales, como la educación y los
audiovisuales. Otros son estratégicos, como el sector energético. En el ámbito de la Ronda
de Doha, el gobierno brasileño ha insistido acertadamente en una liberalización
del sector agrícola, por parte de los países ricos, con la eliminación de los
subsidios. Hasta el momento se han obtenidos resultado altamente
insatisfactorios. Aunque nuestras pretensiones sean atendidas
íntegramente, lo que no sucederá, el precio reclamado por el Cartel de la
Vergüenza en el sector de servicios es prohibitivo. La Ronda de Doha debería
haber promovido el desarrollo en los países emergentes. Ya se puede
constatar que no lo hará. Tampoco promueve la moral, la decencia y la dignidad. |