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Tiberio Graziani Marzo
2009 El aventurerismo estadounidense en Georgia
y la profunda crisis económico-financiera que afecta a todo el sistema
occidental han evidenciado definitivamente la incapacidad de los Estados Unidos
para gestionar el actual momento histórico. Los paradigmas interpretativos
basados en las dicotomías Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia no parece que
sean válidos para delinear los próximos escenarios geopolíticos. Una lectura
continental y multipolar de las alianzas y de las tensiones entre los actores
globales nos permite identificar en La incapacidad estadounidense de gobernar
La reciente cuestión georgiana ha
supuesto definitivamente el certificado de defunción del llamado unipolarismo estadounidense y, sobre todo, parece que ha
hecho efectivo un sistema articulado sobre polos continentales, es decir, un
sistema multipolar. Esto no ha sido captado en absoluto por la mayor parte de los observadores y analistas, que, pese a ser conscientes del crepúsculo de la “nación indispensable” (según la atrevida definición de la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright), con motivo de la crisis de Agosto entre Moscú y Tbilisi han hecho referencia, reiteradamente, a un nuevo bipolarismo y a una reformulación de la “Guerra Fría”. En realidad, estamos muy lejos de la reedición del viejo sistema bipolar, y no sólo porque las motivaciones ideológicas (entre las cuales se encuentran las antítesis comunismo-capitalismo y totalitarismo-democracia), que caracterizaron la posguerra desde 1945 hasta 1989 y que, por tanto dieron vida al equilibrio bipolar, han desaparecido, sino, sobre todo, porque grandes países de dimensiones continentales, como China, India y Brasil, como consecuencia de su desarrollo económico y gracias a la conciencia geopolítica que anima desde hace casi toda una década a sus clases dirigentes, tienen la ambición de asumir responsablemente compromisos políticos, económicos y sociales a nivel planetario. No obstante, hay que decir inmediatamente que el declive del
sistema unipolar guiado por los Estados Unidos no significa en absoluto el fin
de la hegemonía de Washington, hasta ahora presente, incluso militarmente, en
amplias áreas del planeta. La hegemonía de Washington es por el momento una
hegemonía reducida con la cual las nuevas entidades geopolíticas tendrán que
enfrentarse todavía durante algunos años. Una hegemonía, hemos de subrayar,
quizás más peligrosa que la pasada para la estabilidad internacional porque
precisamente al resultar oscilante es, por tanto, susceptible de ser gestionada
por Washington y por el Pentágono con escaso equilibrio, tal y como la crisis
georgiana ha demostrado ampliamente. La profunda crisis estructural de la economía de los EUA (1)
ha contribuido a acelerar un proceso de redimensionamiento de todo el “sistema
occidental” que, aunque iniciado a mitad de los años 90, sólo en los primeros
años del siglo actual fue registrado por autores como Chalmer
Johnson y Emmanuel Todd, en
los respectivos análisis sobre las consecuencias con que los Estados Unidos
acabarían por encontrarse (2), como única potencia mundial, así como sobre la
descomposición de su sistema (3).
Johnson, profundo
conocedor de Asia y, en particular, de Japón, observaba, entre los años 1999 y
2000, que los EUA no estarían en condiciones de gestionar su relación con Asia
si continuaban “las reiteradas tentativas de su gobierno de dominar la escena
mundial” (4). Entre los cambios ya visibles, que en el futuro próximo trazarían
un nuevo marco geopolítico, Johnson situaba su
atención en la creciente tentativa de China de emular a las otras economías de
crecimiento intensivo de Asia oriental (5). El mismo autor, refiriéndose al
despiadado análisis ilustrado por David Calleo (6) en el lejano 1987, sobre la
disgregación del sistema internacional, consideraba que los Estados Unidos de
finales de siglo eran “una entidad hegemónica rapaz” “dotada de escaso sentido
del equilibrio”. También el francés Todd, como el americano Johnson,
consideraban que los EUA, a causa de las guerras en Oriente Medio y en
Yugoslavia, estaban ya convirtiéndose en un elemento de desorden de todo el
sistema internacional. Según Todd, además, la
interdependencia económica redundaba en perjuicio de la economía
estadounidense, como, indudablemente, demostraba el crecimiento de su déficit de la última
década. Algunos años después, en Enero de 2005, un agudo y
brillante observador como Michael Lind, de Más recientemente (2007), Luca Lauriola (8) ha afirmado
sustancialmente los mismos conceptos, que citamos aquí en palabras de Claudio Mutti: “Lauriola se propone
demostrar algunas tesis que pueden ser resumidas esquemáticamente en los
siguientes términos: 1) los EUA no son ya la mayor potencia mundial; 2) la
potencia tecnológica rusa supera hoy la estadounidense; 3) el entendimiento
estratégico entre Rusia, China e India configura un área geopolítica
alternativa a la estadounidense; 4) los EUA se encuentran en una gravísima
crisis financiera y económica, que es el preludio de un auténtico hundimiento;
5) en tal situación, la potencia estadounidense está “perdida y enloquecida” de
modo que Moscú, Pekín y Nueva Delhi la tratan pretendiendo no provocar
reacciones que podrían causar catástrofes mundiales; 6) la administración Bush prosigue impertérrita hacia el precipicio, inventando
continuamente mentiras que justifiquen la función mundial de los EUA; 7) las
condiciones de vida de gran parte de la población estadounidense son similares
a las de muchos países subdesarrollados; 8) la imagen actual de los EUA no es
una excepción de su historia, sino que reproduce fielmente la que siempre ha
tenido ( desde el genocidio de los Pieles Rojas hasta el terrorismo practicado
en Vietnam); 8) en los EUA, un función política eminente es desempeñada por el
mismo lobby mesiánico que ya se había destacado en la nomenclatura soviética”
(9).
Pero, ¿cómo puede ser que la hiperpotencia
estadounidense, en el breve transcurso de apenas veinte años, esté a punto de
colapsar? ¿Por qué un actor global como los EUA no ha sido capaz de gobernar e
imponer su tan proclamado “New Order”,
democrático y liberal? Las respuestas a tales cuestiones
no han de ser buscadas solamente en los – al fin y al cabo –fáciles análisis
que tanto gustan a los economistas y/o en las contradicciones políticas dentro
del sistema occidental. A nuestro juicio, hay que buscarlas precisamente en los
análisis de las doctrinas geopolíticas de la potencia estadounidense. Los
Estados Unidos de América – potencia talasocrática
mundial –siempre han buscado, desde su expansión en el subcontinente
sudamericano, una praxis geopolítica que en otro lugar hemos definido como “del caos” (10), es decir, la geopolítica
de la “perturbación continua” de los espacios territoriales susceptibles de ser
situados bajo su influencia o su propio dominio; de ahí la incapacidad de
realizar un auténtico y articulado orden internacional, como cabría esperar de
quien tiene por ambición el liderazgo mundial. Dos geopolíticos italianos, Agostino
Degli Espinosa y Carlo
Maria Santoro, en épocas distintas y muy lejanas
entre sí, respectivamente en los años 30´ y 90´, han constatado una importante
característica de los EUA, la de estar incapacitados para gobernar, para
administrar. Escribía en el lejano 1932 Agostino Degli Espinosa; “América
no quiere gobernar, quiere simplemente poseer de la manera más simple, es
decir, con el dominio de sus dólares”, y continuaba afirmando que gobernar “no
significa únicamente imponer leyes y voluntades: significa dictar una ley a la
cual el espíritu del pueblo o de los pueblos se adhiera de modo que entre el
gobierno y los gobernados se forme una unidad espiritual organizada” (11).
Carlo Maria Santoro, con una distancia de más de sesenta años,
afirmaba: “las potencias marítimas […] no saben imaginar, ni siquiera
conceptualmente, la conquista y la administración, es decir, la subdivisión
jerárquica de los grandes Imperios continentales” (12). La especificidad talasocrática de
los EUA, identificada por Santoro, y la incapacidad
de gobernar, en el sentido expuesto más arriba, de manera magistral, por Degli Espinosa, explican mejor que cualquier otro análisis
el declive de Recientemente también el
economista francés Jacques Sapir ha llegado a afirmar
la ineptitud de los EUA en la gestión del actual momento histórico. Para el
director de Es interesante observar que la
aceleración del proceso de reducción económica y política de los EUA
(2007/2008) ha tenido lugar precisamente cuando a la cabeza del país se
encuentra un grupo de poder que se remite a las ideas de los think tanks
neoconservadores. Los neocons,
como se sabe, han impulsado en la mayor medida posible a Washington para que
actúe en los últimos años –al menos a
partir de 1998, en que comienza la “revolución en los asuntos militares” –con
una política exterior agresiva y expansionista. Tal política ha sido llevada a
cabo en estricta coherencia con los principios veterotestamentarios
( el impulso mesiánico como componente del patriotismo
estadounidense y como constante del carácter nacional) que les distinguen y con
la particular declinación, en sentido conservador, de la conocida tesis trostkista de la revolución permanente. Esta tesis, además
de constituir en cierto sentido el sustrato teórico de la estrategia de la “permanent war”, definida por el
vicepresidente Dick Cheney
y puesta en práctica de forma escrupulosa por América Indiolatina y Eurasia Si bien, atrapados entre las necesidades de orden
estratégico (control de Rusia y de China en Eurasia;
y de Brasil , de Argentina y del área del Caribe en su
propio hemisferio) y una profunda crisis económico-financiera, los EUA parecen
confusos y oscilantes entre una política exterior -incluso más agresiva y
muscular respecto al pasado reciente- y una reconsideración realista de su
propio papel mundial. Los mayores países eurasiáticos, con Rusia y China a la
cabeza, y los más importantes países sudamericanos, Argentina y Brasil, parecen
cada vez más conscientes de sus propias potencialidades económicas, políticas y
geoestratégicas. Esto obliga a los analistas y a
los encargados de las decisiones políticas a utilizar nuevos paradigmas para
interpretar el presente. Los esquemas interpretativos del pasado, basados en
las dicotomías Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia, no parece que valgan
ya. Será conveniente analizar el presente, con la finalidad de captar los
elementos necesarios para trazar los posibles escenarios geopolíticos futuros,
desde la perspectiva continental y multipolar de las alianzas y de las
tensiones entre los actores globales. En particular, será preciso concentrar la
atención sobre los ejes intercontinentales, entre los dos hemisferios del
Planeta. El BRIC (Brasil, Rusia, India y
China), el nuevo eje geo-económico entre Eurasia y La intención de los nuevos países
emergentes de entrelazar ulteriormente sus relaciones económicas y políticas,
manifestada en la reciente cumbre de los Ministros de Asuntos exteriores de los
países del BRIC (Mayo 2008, Yekaterimburgo, Rusia),
ha sido percibida por los EUA como una auténtica afrenta. A esto hay que añadir
también la reunión de los Big Five (Brasil, India, China, Méjico y Sudáfrica) que
tuvo lugar en Sapporo en Julio de 2008 en coincidencia con la cumbre de Hokkaido del G8. Cuando Putin
se convierte en primer ministro de Mientras, el interés de China
hacia Los intereses rusos y chinos en América meridional, por
tanto, aumentan día tras día. El coloso ruso Gazprom
(junto a la italiana ENI) cierra contratos con Venezuela (Septiembre de 2008)
para la exploración de las áreas Blanquilla Este y Además, Pekín y Caracas, después
de los acuerdos cerrados en Mayo de 2008, en Septiembre del mismo año, alcanzan
acuerdos para la instalación de una refinería de propiedad común en Venezuela y
para la realización conjunta de una flota de cuatro petroleros gigantes, así
como para el aumento de los envíos de petróleo a China. Sin embargo, más allá de los
siempre importantes y necesarios acuerdos económicos, comerciales y políticos,
para que el nuevo sistema multipolar pueda desarrollarse adecuadamente, sus dos
pilares, Eurasia en el hemisferio nororiental y De hecho, para hacer frente a los
EUA –para encontrar, por tanto, soluciones razonables y equilibradas que
reduzcan, a nivel planetario, sin ulteriores convulsiones, su grado de
perturbación –China y Rusia deben considerar que, actualmente, la ex hiperpotencia es seguramente una nación “perdida”, pero con
todo sigue siendo una entidad geopolítica de dimensiones continentales, dueña
de sus litorales y, todavía, con una potente flota naval (16), presente en
todos los tableros del Planeta. Recientemente, recordamos, Washington ha
reactivado Con el fin de comprender plenamente los futuros movimientos de la potencia, del otro lado del Océano, Pekín y Moscú harían bien en tener presente lo que escribía, hace no muchos años, Henry Kissinger: “Geopolíticamente América es una isla distante del gran continente eurasiático. El predomino por parte de una sola potencia de una de las dos esferas principales de Eurasia –Europa o Asia- constituye una buena definición de peligro estratégico para los Estados Unidos, con guerra fría o sin ella. Ese peligro debería ser frustrado aunque esa potencia no mostrase intenciones agresivas, ya que si éstas acabaran por desarrollarse después, América se encontraría con una capacidad muy disminuida de resistencia eficaz y con una incapacidad creciente de condicionar los acontecimientos” (18). De manera perfectamente especular al caso de Eurasia, un discurso análogo vale también para Para el equilibrio del Planeta,
sin embargo, hay que esperar sólo que los EUA tomen nota razonablemente de su
nueva dimensión y que no busquen, por tanto, insensatas estrategias de
revancha. Notas1. La actual crisis económico-financiera se remonta, según
algunos especialistas, entre los que se encuentra Jacques Sapir,
al trienio 1997/1999. Jacques Sapir, Le nouveau XXI siècle. Du siècle «américaine»
au retour des nations, Seuil, París
2008, p.11. Recordamos que los EUA desde 1992 hasta 1997, con la convicción de
ser ya la única potencia mundial, canalizaron, en apoyo a su estrategia de
dominio mundial, una “campaña ideológica destinada a abrir las economías del
mundo al libre comercio y al libre movimiento de los capitales, a escala
global” (Chalmer Johnson, Gli ultimi giorni dell'impero americano, Garzanti, Milán 2001, p. 290). 2. Chalmer Johnson,
Gli ultimi
giorni dell'impero
americano, Garzanti, Milano 2001, ediz. orig.
Blowback, The Costs and Consequences of
American Empire, Little Brown and Company, Londres
2000. 3. Emmanuel Todd, Après l’empire. Essai sur la décomposition du système américain,
Gallimard, Paris 2002. Ed.
italiana, Dopo l’impero, Tropea, Milán 2003. 4. Chalmer Johnson,
op. cit.,
p. 59. 5. Chalmer Johnson,
op. cit.,
p. 58. 6. “El sistema internacional se va disgregando no sólo
porque nuevas potencias agresivas dotadas de escaso sentido del equilibrio
tratan de dominar los países fronterizos, sino también porque las potencias en
proceso de declive, en lugar de regularse y adaptarse, tratan de cimentar su
propio predominio inestable, transformándolo en una hegemonía rapaz”, David. P.
Calleo, Beyond American Hegemony: The
future of the 7. Michael Lind,
How
the U.S. Became the World's Dispensable Nation in “Financial
Times”, 26 de Enero de 2005. 8. Luca Lauriola, Scacco
matto all'America e a Israele. Fine dell’ultimo Impero, Palomar, Bari 2007. 9. Claudio Mutti, Reseña a L. Lauriola, Scacco matto all’America
e a Israele, www.eurasia-org, 27 Enero 2008. 10. Tiberio Graziani, Geopolitica e diritto
internazionale nell’epoca dell’occidentalizzazione del pianeta,
en “Eurasia. Rivista di studi geopolitici”, 4/2007, p. 7. 11. Agostino Degli
Espinosa, Imperialismo USA, Augustea,
Roma-Milán 1932-X, p.521. 12. Carlo Maria Santoro, Studi di Geopolitica, G. Giappichelli,
Milán 1997, p. 84. 13. Jacques Sapir, op. cit.,
pp. 11/12. 14. Jacques Sapir, op. cit.,
pp. 63/64. 15. Sergio Romano, en relación a la política inglesa
antieuropea, respondía así a dos lectores del periódico “Corriere della sera”: “El objetivo inglés
es una gran comunidad atlántica, desde Turquía a California, de la cual
Londres, por supuesto, sería el eje y la bisagra”, Sergio Romano,
Perché è difficile fare l'
Europa con 16. Informa Alessandro Lattazione de que “la flota de EUA, hace diez años,
poseía 14 portaviones y sendos grupos de batalla. Hoy tiene, sobre el papel, 10
pero sólo 5/6 están operativos”.
Alessandro Lattanzio, La
guerra è finita?, informe presentado en el
FestivalStoria, Turín, 16 Octubre 2008. 17. Alessandro Lattanzio,
Il rilancio
navale della Russia, www.eurasia-rivista.org,
1 Octubre 2008. 18. Henry Kissinger, L’arte
della diplomazia, Sperling & Kupfer Editori, Milán 2006,
pp.634/635. 19. Como
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