ÁFRICA EN EL SISTEMA MULTIPOLAR
Tiberio Graziani *
Diciembre 2009
En el nuevo orden multipolar, en plena fase de consolidación, África
corre el riesgo de convertirse, por razones económicas y geoestratégicas, en la
apuesta entre el sistema occidental guiado por los Estados Unidos y las
potencias eurasiáticas, Rusia, China e India. Con el fin de evitar y
obstaculizar tal eventualidad, y sobre todo para adquirir una determinante
función global a medio y largo plazo, la integración continental de África parece
una necesidad y un desafío, a los cuales han de dar respuesta urgentemente las
clases dirigentes africanas. De forma verosímil, tal integración se debería
configurar sobre una base regional, siguiendo tres directrices principales,
constituidas respectivamente por el Mar Mediterráneo, el Océano Índico y el
Océano Atlántico.
El
multipolarismo: un escenario en vías de consolidación
Múltiples factores, entre los cuales se
encuentran principalmente: a) la incapacidad estadounidense de gestionar la
fase post-bipolar, surgida después del
colapso soviético; b) la reafirmación de Rusia llevada a cabo por Putin y
consolidada por Medvedev; c) el crecimiento económico y el peso político que
han alcanzado dos naciones-continente como China e India; d) la desvinculación
de algunos países importantes de la América Meridional
respecto a la tutela de Washington, han planteado las precondiciones para la
constitución de un sistema multipolar.
El nuevo escenario geopolítico, después
de una primera fase de gestación, por otra parte continuamente minada por
Washington, Londres y por las oligarquías europeas a cuya cabeza se encuentran
Sarkozy y Merkel, está en estos momentos en vía de consolidación, gracias a las
continuas actividades de colaboración que tienen lugar entre Moscú, Pekín y
Nueva Delhi en referencia a grandes temas cruciales, como los siguientes: el
aprovisionamiento y la distribución de recursos energéticos, la seguridad
continental, la soluciones que se van adoptando con respecto a la crisis
económico-financiera, el refuerzo de algunas instituciones de valor
multi-regional, o incluso continental, como, por ejemplo, la organización para
la cooperación de Shanghai, las posturas realistas sobre varias cuestiones
impuestas por los EUA en el debate internacional, desde la referente al tema
nuclear iraní hasta la temática de los derechos humanos en China, Rusia, Irán y
últimamente también en India (1). Más allá del proceso de integración
eurasiático, es preciso indicar que el nuevo marco internacional se va consolidando
ulteriormente también por efecto de los acuerdos estratégicos que algunos
países eurasiáticos (Rusia, Irán y China) han alcanzado con importantes
naciones sudamericanas como Brasil, Venezuela y Argentina (en el caso de
Argentina-Irán las relaciones diplomáticas se encuentran actualmente
suspendidas), en el ámbito económico y en algunos casos también en el militar.
A la luz de las consideraciones que
acabamos de exponer, los rasgos que distinguen el nuevo marco geopolítico
parecen ser esencialmente dos:
a)
uno –relativo a la constitución y a la existencia misma
del nuevo orden internacional –parece
surgir de la sinergia de intenciones que animan a los mayores países
eurasiáticos y a los países de la América Indiolatina.
Los desiderata de las elites dirigentes
de Moscú, Pekín, Nueva Delhi, Teherán y últimamente también Ankara (2)
convergen con los de Brasilia, Caracas y Buenos Aires y tienden a
materializarse en prácticas geopolíticas que prevén, a través de relaciones
estratégicas, el debilitamiento de los EUA que -de potencia mundial- pasaría a
potencia Regional. A finales de la primera década del siglo actual, Eurasia y la América Indiolatina
(3) parecen constituir los pilares sobre los que se apoya el actual sistema
internacional. Sobre la integración interna, o mejor, sobre el grado de
cohesión interno de las dos grandes masas continentales, muy probablemente, se
disputará a medio y largo plazo toda la apuesta multipolar.
b)
el otro rasgo, que, a nuestro juicio, se referiría a la
naturaleza del nuevo contexto geopolítico, parece consistir en la articulación continental
con la que aquél tiende a manifestarse (4)
Ante la consolidación de tal escenario
nuevo, sin embargo, hay que tener presente que el sistema occidental guiado por
los EUA, aunque esté en fase declinante, o quizás precisamente por eso, parece
acentuar, pese a la retórica de la nueva administración, su carácter expansionista
y agresivo. Esto no sólo alimentará los actuales enfrentamientos, sino que
generará otros adicionales, que, con verosimilitud, se descargarán en las áreas
geopolítica y geo-estratégicamente más frágiles. Y África es una de estas.
La
fragilidad de África y la penetración estadounidense en el hemisferio sur
En tal marco de
referencia, altamente cargado de tensiones ya que, como hemos puesto de relieve,
está determinado por la contraposición entre el nuevo sistema multipolar en
fase de acelerada definición y el sistema centrado en los EUA, a África le
resulta difícil encontrar una posición propia clara, por tanto, le cuesta concebirse
como una entidad geopolítica unitaria, si bien muy compleja, si atendemos a las
profundas y variadas heterogeneidades culturales, étnicas, confesionales,
climáticas, económicas y sociales que todo el continente presenta (5).
Sin embargo,
desde el lejano 1919 (por tanto, en un contexto completamente distinto, pero
también entonces en fase de transición, vale la pena subrayarlo) con la
conferencia de París, los africanos expresan la necesidad de unificar su
continente (6). Anteriormente, el movimiento panafricanista, surgido en los EUA
y en las Antillas a finales del siglo XIX sobre la base de las ideas del
mestizo americano William Edward Burghardt Du Bois, cantor de movimiento
‘pan-negro’, y del jamaicano Marcus Garvey, acuñador del lema ‘retorno a
África’ y del llamado ‘sionismo negro’, trataba principalmente de la unidad
cultural de los pueblos africanos. En el plano netamente político, el
movimiento panafricanista contribuyó, durante el proceso de descolonización, a
la creación de la ‘Organización de la Unidad Africana’, hoy conocida
como ‘Unión Africana’.
En nuestros
días, después de casi un siglo de cumbres y conferencias inconclusas dedicadas
a la unidad (o a la integración) continental (entendida y teorizada de formas
distintas), los obstáculos que se interponen para su realización parecen
residir en las habituales cuestiones histórico-políticas nunca resueltas que
comprenden, entre otras cosas, los clásicos problemas referentes a la ausencia
de infraestructuras, a la fragmentación política en Estados modulados según el
paradigma occidental (7), a la incapacidad de las clases dirigentes locales
para gestionar los diversos tribalismos en una lógica unitaria y
pro-continental, a la herencia colonial y, sobre todo, a los apetitos
occidentales, adicionalmente aumentados en estos últimos años, en virtud de la
sinérgica política africana llevada a cabo por los EUA y su aliado regional,
Israel (8).
Una lectura
veloz y superficial de los acontecimientos africanos llevaría al analista a
añadir a los apetitos occidentales, también los de los chinos, rusos e indios.
A tal respecto, sin embargo, hay que observar que los intereses asiáticos, o
mejor, eurasiáticos en África tienen un valor particular del que, a la larga,
se beneficiaría precisamente África en su conjunto, ya que facilitaría su
inserción en el nuevo sistema multipolar y, por tanto, lo situaría
geopolíticamente en la masa continental eurasiática. África, en tal escenario
futuro, constituiría el tercer polo del espacio euro-afro-asiático.
Washington, en
el último año de la administración Bush, empantanado en los conflictos medio-orientales
(Irak y Afganistán), obstaculizado por Rusia y China en su marcha de
aproximación hacia las repúblicas centroasiáticas, habiendo perdido, junto a
Londres y a la Unión
Europea, la partida en la disputa ruso-ucraniana sobre el
gas, habiendo salido con la cabeza gacha de la aventura georgiana (Agosto de
2008), habiendo digerido mal la autonomía turca sobre el proyecto del South
Stream (9), ha intensificado su política exterior en el sur del planeta,
respectivamente en la América
Meridional y en África.
En el curso del
bienio 2007/2008, los EUA han tratado de desarticular el BRIC (Brasil, Rusia,
India y China), el nuevo eje geo-económico que se ha establecido entre Eurasia
y la
América Indiolatina, y ha tratado de minar los acuerdos
orientados a la integración sudamericana, presionando principalmente a Brasil y
a Venezuela. En tal estrategia, que podemos definir como ‘estrategia para la
recuperación del control del patio trasero’, se sitúan, por ejemplo, tanto la exhumación
de la Cuarta Flota,
como episodios como el de los movimientos secesionistas en la región de la
media luna boliviana, orquestados, según diversos analistas sudamericanos,
entre ellos el brasileño Moniz Bandeira, precisamente por Washington. Tal
renovado interés estadounidense por el control de la
América Meridional, iniciado por la
precedente administración republicana, es igualmente continuado por la actual
administración, guiada por el demócrata Obama, como han demostrado dos casos
emblemáticos: el de la intromisión
estadounidense en el golpe de estado de Honduras y, sobre todo, el referente a
la instalación de bases militares en Colombia.
Respecto a la
corriente penetración estadounidense en África, esta es para los EUA un pasaje
obligado debido a tres razones principales.
Una se refiere
a la cuestión energética. Según un estudio encargado en el año 2000 por el National Intelligence Council a algunos
expertos, los EUA esperan poder disfrutar para el 2015 de al menos el 25% de
petróleo procedente de África (10). La búsqueda y el control de fuentes
energéticas en África responden a dos exigencias consideradas prioritarias por
Washington y por los grupos petroleros que dirigen y sustentan su política energética
(11). La primera exigencia deriva obviamente de las estrategias destinadas a
buscar fuentes de aprovisionamiento energético, diversificadas y alternativas a
las medio-orientales; la segunda, en cambio, afecta a la protección de la
función hegemónica, que los EUA adquirieron durante el siglo pasado, en
referencia al control y a la distribución de los recursos energéticos
mundiales. Tal función atraviesa actualmente una fase muy crítica, a causa de
las recientes y sinérgicas políticas llevadas a cabo por Rusia, China y por
algunos países sudamericanos en el sector energético. El antagonista en África
de los EUA es, como se sabe, China. La República Popular
China, en la última década, ha reforzado e implementado las relaciones y el
lanzamiento de inversiones, en particular, en infraestructuras en el continente
africano, prosiguiendo, por otra parte, una política puesta en marcha ya en el
curso de la Guerra
Fría. China no sólo está interesada en el petróleo africano,
sino también en el gas (12) y en los materiales considerados estratégicos para
su desarrollo como el carbón, el cobalto y el cobre. En el frente energético,
un ejemplo, importante para las consecuencias sobre las relaciones entre las
potencias de China y los EUA., lo proporciona la fundamental contribución China
a Sudán para la exportación del petróleo. Sudán, como se sabe, gracias a la
ayuda china exporta petróleo desde 1999; esto ha llevado a que Jartum reciba
las ‘particulares’ atenciones y cuidados de Washington. Recientemente (27 de Octubre
de 2009), la Casa Blanca
ha renovado formalmente las sanciones económicas a Sudán por la cuestión de los
derechos de las poblaciones de Darfur.
La otra razón
por la cual la política africana constituye una de las prioridades
estadounidenses de la próxima década es de orden geopolítico y estratégico. En
medio de la actual crisis económico-financiera, Washington debería, en cuanto
gran actor global, dirigir sus esfuerzos hacia el mantenimiento de sus
posiciones en el tablero global, a riesgo de que, en el mejor de los casos,
tenga lugar una rápida reducción de su papel a potencia Regional media, o, en
el peor, un desastroso colapso, difícil de superar a corto plazo. Sin embargo,
en línea con la tradicional geopolítica expansionista que desde siempre
caracteriza sus relaciones con las otras partes del planeta, Washington ha
elegido a África como amplio espacio de maniobra, desde el cual relanzar su
peso militar en el plano global con el fin de disputar a las potencias
asiáticas la primacía mundial. En tal aventurada iniciativa, Washington
obviamente implicará a toda Europa. La nueva política estadounidense en África
se debe al hecho de que los EUA encuentran cerradas dos de las principales vías
anteriormente elegidas para acceder al espacio eurasiático: la Europa centro-oriental y
Oriente Próximo y Medio. La primera vía, tras la ráfaga de victoriosas
revoluciones naranjas que habían atraído al espacio geopolítico hegemonizado
por los EUA a los países del exterior próximo ruso (la llamada Nueva Europa),
parece por ahora un camino difícil de seguir, ya que Moscú ha elevado el nivel
de guardia. A tal respecto, son indicativas las dificultades encontradas por
los EUA en la cuestión del escudo espacial. La segunda vía es la trazada, ya
desde hace años, por la doctrina llamada del Gran Oriente Medio: control total
del mar Mediterráneo, eliminación de Irak, ocupación militar de Afganistán,
penetración en las repúblicas centroasiáticas. La aplicación de esta doctrina
geopolítica, sin embargo, no ha producido los resultados que Washington y el
Vaticano esperaban en tiempos razonablemente breves, sino que, al contrario, se
ha revelado negativa a causa del duradero y desgastador conflicto afgano y de la no resuelta cuestión
iraquí y, sobre todo, de la política eurasiática de Moscú, orientada a
recuperar prestigio e importancia en el espacio centroasiático.
La tercera
razón, finalmente, es de orden preventivo. Está conectada a la política que
actualmente los Estados Unidos conducen en el hemisferio meridional del
planeta, con el fin de invalidar el eje Sur-Sur, fatigosamente en vías de
definición entre muchas naciones africanas y sudamericanas. Los principales
jefes de Estado de la América
Indiolatina y de África han vuelto a confirmar recientemente,
en Septiembre de 2009, durante la cumbre de Isla Margarita (Venezuela) la
voluntad de continuar en el proyecto estratégico de ‘‘Cooperación Sur-Sur’’
entre África y América Meridional puesto en marcha en Diciembre de 2006 en
Nigeria, en Abuja.
Los
instrumentos de penetración que Washington ha adoptado para controlar el espacio
africano son de tres órdenes: de orden militar, a través del AFRICOM (13), es
decir, el Mando militar de los Estados Unidos para África, creado en 2007 y
activado al año siguiente; de orden económico-financiero (véase el caso de las
sanciones a Sudán y la intromisión del Fondo Monetario Internacional y del
Banco Mundial en las relaciones entre la República
Democrática del Congo y China) (14); y, finalmente, otro
referente a la estrategia de comunicación ejemplificada gráficamente por los ya
considerados ‘históricos’ discursos de Obama pronunciados respectivamente en
Cairo y Accra. Sobre el plano militar, es importante observar que la
penetración estadounidense parece privilegiar, como cabeza de puente para neutralizar
a Sudán y a la
República Democrática del Congo, el área
constituida por Tanzania, Burundi, Kenia, Uganda y Ruanda. Hay que subrayar que
el control militar total constituye una importante pieza en la estrategia
estadounidense para la hegemonía del océano Índico.
Las
directrices geopolíticas de África para el siglo XXI
Pese a las dificultades que
obstaculizan su unificación geopolítica, África, con el fin de salvaguardar sus
propios recursos y mantenerse fuera de las disputas entre EUA, China y, muy
probablemente, Rusia e India –disputas que se resolverán precisamente sobre su
territorio –necesita organizarse, al menos regionalmente, según tres
directrices principales que se apoyan respectivamente sobre la orilla
mediterránea, sobre el Océano Índico y sobre el Atlántico.
La activación de políticas de
cooperación económica y estratégica, al menos en lo referente a seguridad,
entre los países norteafricanos y Europa, por un lado, y, por otro, lo mismo
con India ( a tal respecto, hay que hacer referencia a la Declaración de
Delhi, firmada durante la
Cumbre 2008 India-África) (15) , además de cohesionar las
regiones africanas implicadas, predispondría las bases para una futura y
potencial unificación continental articulada sobre polos regionales e insertada
en un más amplio contexto euro-afro-asiático.
Igualmente, la directriz atlántica, es
decir, la continuación de una cooperación estratégica Sur-Sur entre África y la América Indiolatina,
favorecería, en este caso, la cohesión de las regiones del África occidental, y
contribuiría a la unificación del continente. En particular, el desarrollo de
la directriz atlántica reforzaría el peso africano con respecto a Asia, y con
respecto a China en primer lugar
La deseable
integración de África – sólo realmente posible si se estructura sobre polos
regionales –evoca el desarrollo histórico, anterior al periodo colonial, de las
formaciones políticas auténticamente africanas, que, conviene recordarlo, han
tenido lugar precisamente sobre bases regionales (16).
* Director de Eurasia. Rivista di studi
geopolitici – www.eurasia-rivista.org
- direzione@eurasia-rivista.org
(traducido por Javier Estrada)
1. Con respecto a India y a la violación de los derechos humanos, en
particular los referentes a la religión, véase el India Chapter del Annual Report of the United States Commission
on International Religious Freedom, ( http://www.uscirf.gov/ ) y el
interesante artículo crítico de M. V. Kamath, US must stop meddling in
India's internal problems, “The Free Press Journal”, 3 de Septiembre de
2009 (http://www.freepressjournal.in/ ), que denuncia la instrumentalización
llevada a cabo por Washington en referencia a los derechos humanos y a las
libertades civiles por evidentes finalidades geopolíticas.
2. En relación con la erosión de las relaciones entre la Turquía guiada por
Erdogan y Occidente, véase Soner Cagaptay, ¿Is Turkey Leaving the West?,
www.foreignaffairs.com, 26/10/2009
y el ensayo de Morton Abramowitz y Henri J. Barkey, Turkey’s Transformers,
Foreign Affairs, Noviembre/Diciembre 2009.
3. Recientemente (17/18 Octubre de 2009) los trece países
sudamericanos adheridos al ALBA han firmado el tratado constitutivo del sistema
unificado de compensación nacional (sucre), cuyo objetivo es la sustitución del
dólar en los intercambios comerciales a partir del 2010.
4. Tiberio Graziani, Il tempo dei continenti e la
destabilizzazione del pianeta, Eurasia. Rivista di studi geopolitici, n. 2,
2008.
5. Para una reseña de las cuestiones que impiden la
integración africana y sobre los factores de heterogeneidad, remitimos a Géopolitique de l’Afrique et du Moyen-Orient,
obra coordinada por Vincent Thébault, Nathan, Paris 2006, pp.69/220.
6. Diecinueve años antes, en Julio de 1900, había tenido
lugar en Londres el primer congreso dedicado a la unidad de los africanos y a
sus descendientes en las Américas.
7. África está subdividida en 53 Estados y en dos
enclaves españoles (Ceuta y Melilla), a los que hay que añadir los autoproclamados
Estados de El Ayún (Sahara occidental) y de Hargeisa (Somaliland).
8. Para la reciente política israelí en África léase: Nicolas Michel, Le
grand retour de Israël en Afrique, Jeune Afrique
(http://www.jeuneafrique.com ), 3/9/2009; Philippe Perdrix,
F. Pompey, P.F. Naudé, Israël et l’Afrique :
le business avant tout, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com
), 3/9/2009; René Naba, Israël en Afrique, à la quête d’un paradis perdu,
http://www.renenaba.com/ , 10/10/2009.
9. El 6 de Agosto de 2009, Putin y Erdogan firmaron un acuerdo que prevé el
paso del gasoducto ruso por las aguas territoriales turcas, antagonista del
proyecto Nabucco, sostenido por los EUA y por la Unión Europea.
10. El estudio citado, Global Trends 2015. A dialogue about the Future with Nongovernment Experts,
Diciembre de 2000, se encuentra en el sitio gubernamental del Office of the
Director of National Intelligence, www.dni.gov/
11. African Oil: A
Priority for U. S. National Security And African Development, Proceedings
of an Institute Symposium, The Institute for Advanced Strategic and Political
Studies, Research Papers in Strategy, Maggio 2002, 14. El documento se encuentra en:
http://www.israeleconomy.org/.
12. “El continente africano posee
enormes reservas de gas natural que se estiman en 14,56 trillones de metros
cúbicos, es decir, el 7,9% del total mundial. Las reservas verificadas en
Nigeria y Argelia (5,22 e 4,5 trillones de metros cúbicos respectivamente) son
inferiores a las de Rusia (43,3 trillones de metros cúbicos) Irán (29,61),
Qatar (25,46), Turkmenistán (7,94), Arabia Saudita (7,57) Y Emiratos Árabes
Unidos (6.43,) pero superiores a las de Noruega (2,91), que es uno de los
países clave en la exportación del gas. Sin embargo, los niveles de producción
y consumo de gas natural en África son bastante bajos. La producción de gas en 2008 ha sido de 214,8
billones de metros cúbicos, es decir, el 7% del total mundial (un incremento de
4,85 respecto al 2007). Sudamérica ha sido el único continente que ha producido
menos gas natural en el mismo año. El consumo de gas natural en 2008 en África
ha sido de 94,9 billones de metros cúbicos, es decir, el 3,1% del total mundial
(un 6,1% de crecimiento respecto al 2007) que es el nivel más bajo a escala
mundial. Más del 50% del gas natural producido en África – 115,6 billones de
metros cúbicos –es exportado, por lo demás, como gas natural licuado (62,18
billones de metros cúbicos). La cuota de los países africanos (Argelia,
Nigeria, Egipto, Libia, Guinea Ecuatorial y Mozambique) en el suministro global
de gas es del 14,2 % pero el mismo nivel de gas natural licuado es mucho más
alto – 27,5%.”, Roman Tomberg, Le prospettive di Gazprom in Africa,
www.eurasia-rivista.org, 16 Octubre de 2009.
13. El proceso de militarización de
África se ha intensificado últimamente por parte de Washington. A tal respecto,
véase Kevin J. Kelley, Uganda: grande esercitazione militare degli USA nella
regione settentrionale, www.eurasia-rivista.org, 14 de Octubre de 2009.
14. Renaud Viviene et alii, L’ipocrita
ingerenza del FMI e della Banca mondiale nella Repubblica democratica del Congo,
www.eurasia-rivista.org , 19 de Octubre de 2009.
15. El texto de la Delhi Declaration
se encuentra en: http://www.africa-union.org.
16. A propósito del
carácter “regionalista” de África, observa el africanista francés Bernard Lugan
en la introducción a su ponderosa Histoire de l’Afrique, Ellipses,
Parigi 2009, p.3.: «El largo despliegue
de la historia del continente africano está ritmado por varias mutaciones o
rupturas que se produjeron según una periodización diferente a la de la
historia europea. Además, cuando en Europa los grandes fenómenos históricos o civilizatorios fueron continentales, en los africanos
tuvieron consecuencias regionales, excepto en el caso de la colonización ».