BRICS: LOS LADRILLOS DEL
EDIFICIO MULTIPOLAR
Tiberio
Graziani* Diciembre 2011 Hace diez
años el acrónimo Bric entraba a formar parte del léxico de la economía y de las
finanzas internacionales. Desde aquel momento la cooperación de los países
emergentes que agrupa esta sigla ha adquirido cada vez más un valor de carácter
geoeconómico y geopolítico. El afianzamiento de las relaciones entre Brasil,
Rusia, India, China y, desde el 2010, Sudáfrica fue posible no sólo debido a
las evidentes necesidades económicas comunes en asuntos de modernización y
desarrollo – típicas de los países emergentes – sino que también gracias a una
compartida visión de la política internacional. La coordinación política
desarrollada en el ámbito del BRICS en el transcurso de pocos semestres
constituye un elemento de aceleración de la transición multipolar. Los
BRICS entre geoeconomía y geopolítica En otoño de 2011, el analista Jim
O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos
macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la
demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos,
certificaba con el acrónimo BRIC un nuevo agregado de potencial geoeconómico.
Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia,
India y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la
economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía
necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso
soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los países BRIC,
como sucesivamente se los denominó, buscaban desde aquel momento, pero
unilateralmente, una propia colocación geopolítica en el tablero global.
Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus
propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una
articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e
internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes,
indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el
escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba
reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, su propia primacía, después
de la desastrosa presidencia de El’cin. En el transcurso de pocos años, la
nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica,
útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo
XXI, en un actor global de hecho. La agenda de los valores del forum de
los países BRIC a esta altura contiene todos los puntos cruciales de la
economía mundial: desde la cuestión
climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los
procesos de modernización y desarrollo innovador a los que atañe a la seguridad
de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se
pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los
dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales.
Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado
partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislacionismo de
Siria, principalmente actuado por los
euroatlánticos, el haber expresado su voto a favor del reconocimiento de
Palestina en el ámbito de La coordinación entre los países del
club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Sudáfrica[1],
ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de de
incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una
perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de
hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las
premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece
confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2],
según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos
por América indiolatina y por Eurasia. De hecho, los BRICS no sólo
influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e
industriales[3],
sino también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al
orden jurídico internacional. El
club BRICS y el ámbito geoestratégico Por lo que se refiere el ámbito
geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países
BRICS representa de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental
del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional
(América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos
definidos respectivamente por la trayectoria horizontal (Este – Oeste) y vertical
(Norte – Sur), a los que nos había acostumbrado la prensa de propaganda de los
períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres
núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice
sudafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y
largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción
americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar. El orden BRICS, por ahora solamente
diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y
por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta
organizada hacia la “marcha” de los EUA que, avanzando a lo largo de la
directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los
países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa
euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce
años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política
exterior del sistema Usacéntrico, actuada por la varias administraciones de
allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento
de la praxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendiente a la
fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y
el Norte de África[5]. Desde el punto de vista diplomático,
económico y militar el club BRICS se presenta desequilibrado a favor de su
componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles
escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio
plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la
nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadounidense por parte de
Brasil y tal vez de Sudáfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más
realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la
integración pro continental de América meridional, fundada en el polo
Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable,
puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el
elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, Un
nuevo modelo de cooperación multipolar Por lo que concierne a la incidencia
por parte de los países del BRIC en el orden jurídico internacional,
concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho
internacional en El nuevo club, aun cuando haya surgido
por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una
concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un
sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7],
atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas
comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones. La nueva
perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra
“reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la
cual “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento
único “democrático”, rehusando las diversidades culturales de las distintas
poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del
“choque de civilizaciones”)[8].
De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS
atestigua el fin o la reorientación de *Tiberio Graziani es director de
“Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de
Ciencias Auxiliarias. (trad. di V. Paglione)
[1]
La inclusión de Sudáfrica en el Nuevo club multipolar, preanuncia la
posibilidad de agregación de parte de otras naciones, entre ellas, Turquía;
véase al respecto: Aldo Braccio, E se
il BRICS diventasse BRICST? Dati e
prospettive dei cinque emergenti più [2] Tiberio
Graziani, America indiolatina ed
Eurasia: i pilastri del nuovo sistema multipolare, Eurasia. Rivista di
Studi Geopolitici, a. V, n. 3/2008. [3] Los
países BRICS en su conjunto constituyen alrededor del 27% del territorio, el
43% de la población y el 15% del PIB mundial. [4] Alessandro
Lattanzio, Le forze strategiche del
BRICS, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n.
3/2011. [5] Pietro
Longo, Daniele Scalea, Capire le
rivolte arabe, Avatar – IsAG, Dublino 2011. [6] Paulo
Borba Casella, BRIC: a l’heure d’un
nouvel ordre juridique, Edition A. Pedone, Paris 2011. [7] Ignazio
Castellucci, Il diritto nel mondo dei molti “imperi”, Eurasia. Rivista di Studi
Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n. 3/2011. [8] Tiberio
Graziani, Prefazione a Claudio
Mutti, Esploratori del Continente. L’unità
eurasiatica nello specchio della filosofia e dell’orientalistica,
Edizioni Effepi, Genova 2011. |