ANTECEDENTES Y VISION DOCTRINARIA DE LA INTERVENCION MILITAR ARGENTINA EN EL SALVADOR*

 

Ponencia presentada en Seminario internacional “Por la autodeterminación y la no intervención en América Central” coorganizado por el IRI-SERPAJ en la Fac. de Odontología de la UBA en 1986

 

                                                                              Alberto J. Sosa

 

 

Profesor Titular de Política Exterior Argentina en las Universidades de La Plata y El Salvador.

 

 

 

1.- Introducción.

 

                        El propósito de éste trabajo es analizar el marco conceptual en el que se inscribió la política exterior del gobierno militar argentino hacia América Central y en modo especial hacia El Salvador, en el período octubre 1979-abril 1982. A partir de su estudio percibimos la vinculación existente entre los intereses y aspiraciones de los actores dominantes, a nivel doméstico, en la Argentina con sectores ultraconservadores de EUA y de América Central. Asimismo, nos permite comprender las razones de la intervención de las fuerzas armadas argentinas en los asuntos de El Salvador y como se apuntó a transformar la inserción argentina en el mundo y las estrategias y políticas de sus relaciones exteriores.

                        Los expertos en política exterior argentina coinciden en la existencia de tres grandes tendencias históricas definidoras de la inserción del país en el mundo: la afiliación a la esfera de influencia británica, el antinorteamericanismo dentro del sistema panamericano y el aislamiento respecto de América Latina (1). Dichas tendencias son detectables en el medio siglo (1880-1930), en el que la burguesía agraria de la pampa húmeda bonaerense compatibilizó el crecimiento económico del país con una inserción adscripta a la esfera de influencia británica.

                        Los sectores dominantes de Argentina habían establecido una “sólida mutualidad de intereses” con el Reino Unido. En el contexto de la división internacional del trabajo la Argentina proveía alimentos al Reino Unido, a cambio de bienes industriales, inversiones, empréstitos, etc. La complementariedad económica engendró la ilusión de un funcionamiento pleno de la teoría ricardiana de los costos comparativos.

                        La primera posguerra marcó la declinación del esquema del poder eurocéntrico y en modo especial el del Reino Unido, hasta entonces primera potencia mundial.

                        Mientras tanto, en los años veinte,  EUA acentuó su penetración en el Caribe español y en América Central y se expandió en Sudamérica (2).

                        La “crisis del 30” acarreó el fin de la “pax britannica”.

                         El orden oligárquico argentino no se pudo mantener y reproducir en un contexto mundial y doméstico distintos de aquéllos que le dieron origen (3).

                        A partir de los años treinta, la Argentina transitó una etapa caracterizada por la inestabilidad institucional doméstica y la discontinuidad de sus relaciones exteriores.

                        El gobierno constitucional argentino surgido en la segunda posguerra intentó de  manera infructuosa (1946-55), constituir un bloque austral sudamericano basado en la complementación económica y la solidaridad política, en un contexto de guerra fría (4). Por esos años se inició el proceso de descolonización de Asia y de Africa que inauguró horizontes inéditos  en el sistema internacional bipolar. El ingreso de los países y pueblos, recientemente descolonizados, a las Naciones Unidas y su participación en el exámen de los asuntos mundiales fue homologado al otorgamiento del voto universal al conjunto de la ciudadanía, a nivel doméstico. Los Estados y pueblos miembros del Movimiento de No Alineados, confundidos con el bloque afroasiático del sistema de Naciones Unidas, controlaron las votaciones de la Asamblea General, aunque sin modificar el curso general del sistema mundial férreamente conducido desde el Consejo de Seguridad a través del veto de las grandes potencias. Sin embargo, los actores dominantes de la sociedad argentina subestimaron las mudanzas del sistema internacional y limitaron la política exterior a las reivindicaciones territoriales (6) y a la doctrina de la seguridad nacional.

                        Desde principios de los años sesenta y hasta el golpe de estado de 1976, la política exterior argentina tuvo tres rasgos distintivos: la erraticidad, el parroquialismo y la obsolescencia doctrinaria de sus grupos económicos, militares, políticos y sociales dominantes.

                        Las marchas y contramarchas de la política doméstica determinaron que  Argentina  vagase por el mundo como un país errante, sin hallar una nueva inserción.

 

 

 

 

2.-Golpe de estado del 76- Antecedentes

 

                        El golpe militar desatado por los grupos sociales hegemónicos en connubio con las fuerzas armadas fue el más salvaje de la historia  argentina.

                        La dictadura supuso un mundo en el que se estaba librando la “tercera guerra mundial”.

                        El acceso al poder del castrismo en Cuba, llevó al gobierno de los EUA a la reformulación de la doctrina de la “Seguridad Hemisférica”. La agresión comunista no residía en un eventual ataque soviético (7), sino que el enemigo se hallaba en el interior de las poblaciones locales latinoamericanas.  Las fuerzas armadas debían entrenarse y prepararse para combatir no a tropas extranjeras, invasoras de su territorio nacional, en un marco de ataque extra-hemisférico, sino a  grupos políticos y sociales comunistas “infiltrados” en el interior de sus instituciones y colaborando con organizaciones subversivas(8). Las fábricas, las universidades, los sindicatos, los barrios, los colegios y los partidos políticos, eran considerados dignos de sospecha y a veces “objetivos de guerra”. El mundo, para este tipo de razonamiento, era un campo de batalla, permanente y encubierto, entre las fuerzas armadas del “mundo libre” y las del “marxismo internacional”.

 

3.-Terrorismo estatal

 

 Esta maniquea percepción del mundo, llevó al gobierno militar argentino a estructurar un plan de terrorismo estatal que se tradujo en una sistemática violación de los derechos humanos. Dicha práctica abarcó los derechos individuales más elementales, como el derecho a la vida; los derechos sociales, ignorados por un plan económico que legalizó la usura y la especulación y que endeudó irresponsablemente el país; y desconoció el derecho de la ciudadanía a expresarse a través del voto.

                       

El comportamiento del gobierno militar, lo condujo al aislamiento internacional.

                       

 Relación con EUA

                         

La dictadura argentina mantuvo ( a partir de enero de 1977) un permanente desencuentro diplomático con la administración Carter, por sus prácticas violatorias de los derechos humanos. Sin perjuicio de ello, el elenco civil del gobierno militar (controlaba el ministerio de economía), estableció una estrecha vinculación con influyentes sectores  financieros  estadounidenses.

 

 

 

 

 

 Conflictos territoriales.

                         

La agenda de la política exterior argentina incluyó (hasta 1979) problemas de tinte territorial. El Beagle, el archipiélago de las Malvinas, la Cuenca del Plata y Antártida fueron los temas dominantes.

 

 “Exito” del modelo.

                       

El gobierno militar argentino firmó (octubre 1979), con su homólogo brasileño, un acuerdo que puso fin a la disputa relacionada con las represas del alto Paraná (Cuenca del Plata). Por otra parte, el régimen militar estimaba que había hecho un aporte a la “lucha antimarxista”, librada en el contexto de la “tercera guerra mundial”.

                        Eliminado el enemigo interior, postergado el conflicto con Chile por el canal de Beagle (9) y solucionada la disputa con Brasil (su rival en la arena sudamericana), la dictadura militar consideró que la administración demócrata estadounidense era débil e impotente para defender los “valores del occidente capitalista”. Habia llegado el momento de exportar a latinoamerica, su experiencia terrorista estatal para frenar el avance del “marxismo internacional” (10).

 

 Relación con la URSS

                       

No obstante, la Argentina militar tuvo una relación especial con la URSS. Durante su gestión cobró importancia el nivel de exportaciones agrarias a este país (11). El gobierno de las fuerzas armadas no habia adherido al embargo cerealero decretado por la administración Carter contra la URSS, luego de los sucesos acaecidos en Afganistán (12).

                        A pesar de la disimilitud y antagonismo ideológicos existentes, entre el régimen militar argentino y la URSS,  sectores hegemónicos de Argentina explicaron las exportaciones arguyendo que los dos Estados tenían fuerzas armadas victoriosas y que se trataba  de una relación “entre iguales” (13).

 

 Doctrina Viola.

                        En la XIII Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA), celebrada en Caracas (noviembre 1979), el gobierno de las fuerzas armadas argentinas expuso su plan (doctrina Viola) de latinoamericanización del modelo terrorista estatal (14). Las bases doctrinarias que sustentaron este plan perseguían el objetivo más amplio de romper el aislamiento diplomático argentino, en base a una activa y solidaria acción internacional, con regímenes autoritarios de igual o parecida ideología (Sudáfrica (15); Israel (16); países del Cono Sur americano y de América Central.

                        El pueblo de Bolivia fue el cobayo de la doctrina Viola, en Julio de 1980 (17).

 

 

 

 

 

4.- América Central.

 

  En 1979, se produjeron dos hechos significativos en América Central. La caída de la dinastía  Somoza en Nicaragua y el golpe cívico-militar de El Salvador que derrocó a la dictadura militar de Carlos Humberto Romero.

 

 La XVII Reunión de Consulta.

                       

Con respecto al caso nicaragüense (en septiembre de 1978), el gobierno venezolano había pedido la convocatoria de la XVII Reunión de Consulta, dentro de la normativa del artículo 59 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con el fin de tratar las violaciones a los derechos humanos practicadas por el régimen de Somoza (19).

                        Dicha reunión señaló un hito en las relaciones interamericanas. El gobierno de EUA, por primera vez, no pudo manejar las deliberaciones de la reunión de ministros de relaciones exteriores hemisféricos. La misma se llevó a cabo cuando el frente sandinista de liberación (FSL) estaba acorralando al régimen de Somoza y se examinaron tres posturas. El gobierno de EUA propuso medidas de corte intervencionista (20) con el fin de impedir que Nicaragua cayera en manos de los sandinistas; México y Grenada reivindicaron el “sagrado derecho del pueblo de Nicaragua a rebelarse contra el régimen de Somoza” (21); el Pacto Andino sostuvo una postura intermedia entre las anteriores al subordinar el principio de la no intervención a la obligación internacional de respetar los derechos humanos (22).

                        Finalmente, en la sesión del 23 de Junio de 1979 quedó consagrada la siguiente resolución:

                        1. el reemplazo inmediato y definitivo del régimen somocista;

                        2. instalación en el territorio de Nicaragua de un gobierno democrático;

                        3. garantía del respeto de los derechos humanos;

                        4. realización de elecciones libres a la brevedad posible (23).

                       

 El Salvador

 

 En el Salvador ( octubre de 1979), se instaló un gobierno cívico-militar representativo de una alianza constituída por socialdemócratas, democristianos y oficiales jóvenes del ejército, bajo el liderazgo del coronel Majano, que adoptó un rumbo reformista.

                        Desde la instalación del gobierno cívico-militar, distintas fuerzas sociales pugnaron por imponer su propia propuesta. Aquí mencionaremos sólo tres de ellas. El proyecto reformista democrático, respaldado por fuerzas sociales democráticas y de izquierda. El reformista-contrainsurgente, patrocinado por fuerzas democráticas y sectores de la industria y las finanzas; y un tercero, oligárquico-contrainsurgente, impulsado por sectores de la oligarquía exportadora, del empresariado ultraconservador y por fuerzas civiles y militares involucradas con la represión durante anteriores gobiernos (24).

                        Los elementos progresistas de la junta cívico-militar fueron desplazados, en los primeros meses de 1980, constituyéndose, la segunda junta de gobierno como producto de un pacto político entre las fuerzas armadas del Salvador y el partido demócrata cristiano, gracias a la mediación de la embajada de EUA acreditada en dicho Estado.

                        Excluídos del poder los sectores sociales que impulsaron el proyecto reformista democrático, la disputa por el control del aparato estatal se redujo a sectores sociales sostenedores del modelo patrocinado por la administración Carter (reforma-contrainsurgencia) y a los sectores ultraconservadores de la sociedad salvadoreña (propuesta oligárquico-contrainsurgente). No obstante,  surgieron en la escena nuevos actores (1980): la alianza del frente democrático revolucionario (FDR) y el frente Farabundo Martí para la liberación nacional (FMLN), que antagonizaron con los grupos dominantes. El  conflicto sociopolítico asumió ribetes de violencia generalizada.

                        A esta altura de las circunstancias, se dibujaron dos perspectivas para resolver la crisis salvadoreña. Una de ellas,  promovida por la Declaración franco-mexicana (28/8/81),  proponía una solución política global de la crisis salvadoreña, con participación de todos los actores involucrados (incluso, la alianza FDR-FMLN). La segunda, “militar-electoral”, patrocinada por sectores ultraconservadores del Salvador, la derecha estadounidense y el gobierno castrense argentino.

 

5.-La percepción de EUA del cuadro latinoamericano.

 

 El cuadro regional exhibía (1981), la siguiente situación, desde la perspectiva de EUA: El Cono sur, en poder de sectores ultraconservadores; el Pacto Andino (25) operando como un actor contestatario; y Centroamérica-Caribe involucrada en una situación de conmoción social y con procesos de transformación ( Nicaragua (26); El Salvador (27); Grenada (28); y Panamá (29).

 

 

 Reorientación de la política exterior de EUA

                       

En este contexto se percibía una reorientación en la política exterior de EUA hacia América Latina. En los años 79-80, comenzó el desdibujamiento de la política de la administración demócrata en materia de derechos humanos y sincrónicamente el avance de la nueva derecha estadounidense.

                        El triunfo electoral de la derecha republicana (R. Reagan accedió al gobierno en enero de 1981), significó un cambio en materia de derechos humanos, en modo especial, respecto de América Latina.

                        Los grupos hegemónicos del Cono Sur celebraron el triunfo republicano, como si fuera propio. Se especuló con la culminación de la política de crítica por las violaciones a los derechos humanos y con que (en el caso de Argentina y Chile), se levantarían sanciones unilaterales como la enmienda Humphrey-Kennedy ( prohibió la venta de armas estadounidenses a gobiernos que violasen los derechos humanos).

                        Dentro del elenco de asesores del candidato republicano, R.Reagan, se destacaron los autores del “Documento de Santa Fé”(30), y  la profesora J.Kirkpatrick (31).

                        La visita de R.Fontaine (asesor de Reagan para asuntos latinoamericanos), los antecedentes “académicos” de los autores del Documento de Santa Fé y de la profesora Kirkpatrick y la entrevista concedida por el presidente Reagan (en EUA), al general-presidente  Viola abrieron una expectativa esperanzada en el gobierno castrense argentino.

                        A partir de enero de 1981, la administración Reagan modificó el modus operandi, en materia de derechos humanos. La llamada “discreción en los “procedimientos” sería la norma del departamento de estado en sus planteos a los gobiernos autoritarios de América Latina.

 

6.-Argentina militar: su fantasía retrospectiva.

 

                        6.1 La dictadura militar, a pesar del superávit comercial con la URSS no quería obtener de éste país auxilio financiero, tecnológico o equipamiento industrial adecuados a las necesidades argentinas. Además, uno de los temas que preocupó al horizonte directivo argentino (1980/81)fue el denominado “redespliegue industrial” de los países industrializados de economía de mercado. Si el gobierno de las fuerzas armadas recomponía su deteriorada relación con los EUA podía transformarse en una de las principales usufructuarias de dicho “redespliegue”. Se evocaba la relación especial que las autoridades brasileñas establecieron, en los años cuarenta, con el gobierno demócrata estadounidense. Dicho país sudamericano fue el principal beneficiario de la ley de préstamos y arriendos de bienes y equipos militares de EUA. Las fuerzas armadas del Brasil de Vargas y de Dutra devinieron en serias rivales de las argentinas. Asimismo, el Brasil varguista recibió de EUA en compensación por su activa colaboración, durante la segunda guerra mundial, la planta siderúrgica de Volta Redonda (32).

 

Argentina y su papel en la “3a. guerra mundial”.

                       

Argentina, no obstante su rol protagónico, en la “3a. guerra mundial” fue reprobada y no recompensada por la administración demócrata de EUA. Sin embargo, el gobierno de EUA se encontraba en una encrucijada. El “marxismo internacional” continuaba su avance en América Latina. Una posibilidad, para EUA, era intervenir militar y unilateralmente, en su histórica zona de influencia. Otra posibilidad era requerir “el auxilio militar” de los gobiernos autoritarios del Cono Sur americano, sus aliados permanentes, más allá de la “querella transitoria” con la administración Carter. Era ésta la oportunidad para ofrecerle al gobierno republicano una “alternativa posible” para solucionar sus problemas en la zona centroamericana.

Sectores del Congreso y de la opinión pública estadounidense, se manifestaban opositores a eventuales intervenciones militares, con tropas propias, en dicha área, a causa del “síndrome de Vietnam”. La Argentina militar, luego de su “exitosa” experiencia terrorista estatal, podía reemplazar y representar el interés de la potencia hegemónica enviando grupos especiales de combate a la zona centroamericana para contener el “avance marxista”.

                        La cúpula militar se impuso como meta de la política exterior argentina recomponer el vínculo con EUA y establecer una relación especial con dicho país para convertir a la Argentina militar en su “aliada preferencial”. Los sectores militares y de la burguesía brasileños fueron el principal respaldo latinoamericano de los EUA durante la 2da.guerra mundial y por dicha razón  las administraciones demócratas recompensaron su aliadofilia. Argentina “debe”, siguiendo este razonamiento retrospectivo, convertirse en el Brasil de los años 80, en el contexto de la “3ra.guerra mundial”. Las fuerzas armadas argentinas derrotaron a la “subversión marxista” dentro de su país y con los aportes empíricos efectuados a la doctrina de la “Seguridad Nacional”, podían colaborar en la defensa del”mundo libre”. Además, Brasil no resultaba “confiable” para EUA. Los problemas relativos a las violaciones de los derechos humanos; los convenios nucleares suscriptos en la República Federal Alemana; y la denuncia brasileña del Tratado de Asistencia Militar que vinculaba sus fuerzas armadas a las de EUA, distanciaron a dichos países. (33) El “pragmatismo responsable” de Itamaraty se reflejó, en la zona de América Central, al desconocer la autoridad de Somoza en Nicaragua.

 

 

 El vicario militar.

                       

Las condiciones para la alianza estaban dadas. Las fuerzas armadas argentinas asumirían tareas “contrainsurgentes” en Centroamérica y el gobierno republicano las premiaría estimulando las radicaciones de capital estadounidense en la economía argentina y respaldando a nivel político-diplomático la recuperación de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Dicha recuperación suponía legitimar domésticamente el gobierno de las fuerzas armadas y ceder el nombrado archipiélago como base militar a los  EUA(34).

                        Los dos viajes del general Galtieri (1981), comandante en jefe del ejército argentino, a EUA, se inscribieron en el cuadro de situación antedicho. Galtieri conferenció sobre estos temas con funcionarios del departamento de defensa de EUA.

                        La situación de América Central se presentaba complicada para EUA porque no estaba dispuesto a convivir con las nuevas realidades que habían emergido en su “patio trasero”. El gobierno republicano coordinó con el gobierno argentino el denominado “Plan Charlie”(35).

                        El eslabonamiento de las fuerzas armada argentinas con los sectores de la nueva derecha estadounidense se efectuó debido a las gestiones desplegadas por el Gral. Mallea Gil, agregado militar argentino acreditado en Washington(36).

                        A fines de diciembre, coincidiendo con su “regreso triunfal” de EE.UU., donde había participado, en las deliberaciones de la XIV CEA, el general Galtieri, desplazó de la presidencia de la República al general Viola y nombró al Dr. Costa Méndez en la cartera de relaciones exteriores (37).

 

 Argentina: occidental “ a secas”.

                       

El flamante canciller argentino emitió (enero de 1982) declaraciones referidas al carácter occidental y alineado del gobierno de las fuerzas armadas y a su inexplicable pertenencia al Movimiento de Países No Alineados. A su criterio había llegado el momento de abandonar las “zonas grises de la política exterior argentina” (38).

                        Dentro del maniqueo marco conceptual del Dr.Costa Méndez, sólo tenía cabida el conflicto Este-Oeste y la Argentina debía alinearse detrás de la defensa de los intereses y valores del mundo occidental (39).

                        Las autoridades militares argentinas percibían al país occidental a secas, sin matices que lo distinguieran de los Estados del mundo desarrollado. Sin embargo, se afirmaba que la Argentina militar debía desempeñar un rol de mediador entre los Estados industrializados de economía de mercado y los del Tercer Mundo, en los temas relacionados con el Nuevo Orden Internacional ( la Argentina aparecía, desde este ángulo visual, fuera del tiempo y del espacio y también fuera y por encima del conflicto Norte-Sur). La aspiración de los grupos dominantes argentinos, era incorporar al país al “Club de los Grandes” (OCDE).

                        El papel del vicario militar de EUA en América Central, el retiro del Movimiento de Países No Alineados y la  temeraria recuperación del archipiélago de las Malvinas constituían los primeros pasos del itinerario para reinsertar el país en Occidente. Los sucesos ocurridos después del 2 de abril de 1982 (fallida recuperación de Malvinas) no dejaron dudas acerca de la falacia y obsolescencia de la percepción de las fuerzas armadas y de los grupos sociales que acompañaron dicha fantasia retrospectiva.

 

7. Conclusiones.

 

                       

La República Argentina había mantenido una continuidad en su política exterior en el período 1880-1930, manifestada en sus tres grandes tendencias: el probritanismo, el anti-norteamericanismo y el aislamiento respecto de América Latina. Debido a su política probritánica críticó el intervencionismo estadounidense, en América Central y el Caribe español, convirtiéndose en sostenedora de los principios de la autodeterminación de los pueblos y de la no intervención. A pesar de las presiones diplomáticas, mantuvo su neutralidad durante las dos guerras mundiales.

 

                        La etapa que se inició en octubre de 1979 y que culminó en abril de 1982, con la fallida recuperación del archipiélago de las Malvinas, es una de las más atípicas de la política exterior argentina. El gobierno de las fuerzas armadas rompió el tradicional neutralismo del país y se involucró en conflictos en los que defendió intereses que no eran los de su ciudadanía. Se mandaron oficiales de las fuerzas armadas para el cumplimiento de tareas “non sanctas” en Centroamérica. Ex abanderada de la no intervención y de la autodeterminación se trocó en transgresora de dichos principios. El  antinorteamericanismo, devino en el papel de vicario militar de EUA en su intento de sustituir a EUA en la salvaguardia del interés estratégico de Occidente o desempeñando el rol de “fuerza expedicionaria” de la superpotencia occidental. A pesar de su antimarxismo, la URSS se convirtió en su principal socia comercial. Su anglofilia fue repudiada no para emprender una acción descolonizadora, sino para poner el archipiélago de las Malvinas al servicio del interés estadounidense, en el marco del conflicto Este-Oeste. Hasta el parroquialismo y el aislamiento respecto de América Latina fueron abandonados puesto que en su proyecto de reinsertar, alineada y disciplinadamente, la Argentina en el mundo occidental, tomó participación activa en los asuntos centroamericanos no para descolonizar y libertar como lo hiciera el ejército emancipador de San Martín, sino para violar los principios de no intervención, autodeterminación y de soberania popular.

                        Los sucesos posteriores al “2 de abril” probaron que el gobierno castrense argentino tenía una errónea percepción acerca del sistema internacional, circunstancia que aceleró su caída. El proyecto de recuperación y ulterior arrendamiento del archipiélago de Malvinas a EUA, a cambio de su papel de “fuerza expedicionaria” en América Central, no resultó tentadora para la potencia hegemónica porque el Reino Unido es más importante para sus intereses estratégicos que la Argentina castrense. Asimismo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le es mucho más vital que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca(TIAR).

                        Los cambios de rumbo de la política exterior argentina, antes y después de Malvinas, se pueden calificar de sorprendentes. La conducción militar recordó a la “legendaria Armada Brancaleone”. Inicialmente salió a combatir al “comunismo internacional” en América Central y a recuperar Malvinas para arrendarla a EUA, poniéndola al servicio de sus intereses en el Atlántico Sur. No obstante, luego de la “traición” estadounidense utilizó un discurso “latinoamericanista”, “no alineado” y sedicentemente crítico de las potencias industrializadas de occidente reflejando dos de los tres rasgos distintivos de la política exterior argentina del último cuarto de siglo: la erraticidad y la obsolescencia ideológica de los actores hegemónicos de la Argentina.

 

 

Referencias.

 

(1). Cf. Puig J.C. “ La política exterior argentina: incongruencia epidérmica y coherencia estructural” en Puig J.C. et al “América Latina: políticas exteriores comparadas” T.I. Ed.GEL, Bs.As. 1984; Ferrari G. “Esquema de la política exterior argentina”. Eudeba. Bs. As. 1981.

(2). Cf. Puig J.C. “Malvinas y régimen internacional” Ed. Depalma Bs.As. 1983, pág.76.

(3). Cf. Bunge A. “ Una nueva Argentina” ed. Hyspamerica. Madrid. 1984. Págs. 246/51.

(4). Cf. Carneiro G. “Lusardo O último caudilho-Entre Vargas e Perón”. ed.Nova Fronteira. Río de Janeiro. 1978. T. II, págs.361/476.

(5). La importancia de la CEE, de Japón, de Canadá, etc. El papel del bloque afroasiático, dentro de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el del Grupo de los 77, el del Movimiento de Países No Alineados, por mencionar algunos actores. Temas como el Nuevo Orden Económico Internacional y el Nuevo Orden Informativo Internacional no merecieron atención. Sólo una percepción parroquial del mundo y basada en un esquema ideológico obsoleto explica dicha conducta.

(6). Los últimos regímenes militares sustantivaron la denominada “lucha antimarxista”, en el contexto de la “doctrina de la Seguridad Nacional” y “la política de las fronteras ideológicas”.

(7). Cf. Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), primer pacto de seguridad colectiva de la guerra fría, arts. 3y 4.

(8). Cf. Veneroni H. “EUA. y las FF.AA. de América Latina” ed. Periferia. Bs.As. 1973. Págs. 65/86.

(9). La mediación papal estipulada en los Acuerdos de Montevideo, enero 1979, postergó un conflicto que en diciembre de 1978 parecía inevitable.

(10). Cf. Selser G. “Reagan: de El Salvador a Las Malvinas”. Mex-Sur. ed. SA, México D.F.1982, págs. 92/96.

(11). Balanza comercial Argentina-URSS ( en millones de U$S)

 

año                          exp.                       imp.                   saldo                 comercio global 

 

1980                      1614,1                      14,7                  1599,4                   1628,8

1981                      2959,7                        32,4                  2992,1                   2992,1

1982                      1585,1                      28,3                  1556,8                   1613,4

 

Fuente: INDEC.Cit. Bs.As. Clarín, Suplemento Económico 15/9/85, pág.11.

 

(12). Cf. Lanús J. A. “De Chapultepec al Beagle”. Emecé ed.Bs.As. 1984, págs.113/18.

(13). El ejército rojo fue un factor decisivo del triunfo aliado, en la segunda guerra mundial. Las fuerzas armadas argentinas libraron, según este razonamiento, una guerra victoriosa, en el marco de la “3ra. guerra mundial”. Se trataba de una relación comercial entre vencedores: la URSS en la 2da. guerra mundial y la Argentina militar durante la “3ra.”

(14). Cf. Selser G. ob. cit.

(15). La armada argentina intentó establecer una Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS) en connivencia con el régimen racista de Sudáfrica.

(16)

(17). El Gral. Viola proyectó ( 1981), remitir tropas de las fuerzas armadas al Sinaí, en respaldo a los acuerdos de Camp David.

(18). Cf. Selser G.”Bolivia y el cuartelazo de los cocadólares”.Mex-Sur ed.SA. México D.F. 1982.

(19). CEA. Secr.Gral. Anuario Jurídico Interamericano 1979.

(20). Cf. Puig J.C. “ El principio de la no intervención en el derecho internacional público interamericano. Influencia de las nuevas relaciones internacionales”. OEA. Anuario Jurídico Interamericano. 1979, págs.55/87.

(21). Cf. Vázquez Carrizosa A. “ El caso de Nicaragua en la XVII Reunión de Consulta: los derechos humanos como fundamento de la acción internacional”. OEA. Anuario Jurídico Interamericano 1979, págs.3/36.

(22). Cf. Vázquez Carrizosa A. ob. cit.

(23). Cf. Vázquez Carrizosa A. ob. cit.

(24). Cf. Cuenca Breny-Schwartz C. “ El camino militar electoral de la administración Reagan para El Salvador versus la negociación política” en “ Centroamérica: crisis y política internacional”.ed. Siglo XXI-México. 1982, págs. 107/37.

(25). Cf. Morelli Pando J. “Política internacional del Perú” en “América Latina: políticas exteriores comparadas”. GEL.Bs.As. 1984. T. II, págs. 502/25.

(26). Cf. OEA ob. cit.; Selser G. “Reagan...”, pág.60.

(27). Cf. Selser G. “ Reagan: de El Salvador a ...L”, págs. 60/4.

(28). Triunfo de la rebelión popular, dirigida por M.Bishop, del movimiento nueva joya, en Grenada (13/3/79).

(29). Tratado Torrijos-Carter (7/9/77).

(30). Documento en el que el staff reaganiano diseñó su política hacia América Latina. Los problemas de la Región latinoamericana fueron percibidos bajo la óptica del conflicto  Este-Oeste.

(31). Embajadora de EE.UU. en las Naciones Unidas y autora del ensayo”Dictaduras y standards dobles” en el que estableció una diferenciación entre regímenes totalitarios (comunistas) y los autoritarios (vg. Argentina castrense). Según Kirkpatrick, los regímenes autoritarios, de derecha, son más permeables a las presiones democratizadoras y en determinadas circunstancias pueden favorecer una salida democrática. Asimismo, carecen de ambiciones territoriales. Los totalitarios son irreformables. Cf. Al respecto. Cardoso O. et al “Malvinas-la trama secreta”. ed.Sudamericana Planeta. Bs.As. 1983. Págs. 133 y 156.

(32). Cf. Bandeira M. “Presenca dos Estados Unidos no Brasil” ed. Civilizacao brasileira SA. Río de Janeiro. 1978. Págs. 264/89.

(33). Cf. Barros A. de. S.C. “ El proceso de formulación de la política exterior brasileñá y sus orientaciones básicas” en “Entre la autonomía y la subordinación-política exterior de los países latinoamericanos”. T.I. ed. GEL. Bs.As. 1984.Pág. 103.

(34). Cf. Cardoso O. et. al. ob. cit. págs. 26 y 46.

(35). “ El plan Charlie” era la consagración de la doctrina Viola (XIII CEA). Preveía la formación de una fuerza armada pan-latinoamericana ( Argentina, Honduras, El Salvador y ex guardias somocistas) hegemonizada por el ejército argentino. Dicha fuerza se encargaría de empujar “ a los izquierdistas de El Salvador tierra adentro hacia Honduras, donde el ejército de ese país los aplastaría en un movimiento de pinzas”. Cf. Cardoso O. et. al. ob. cit. págs.47/48, 63 y 133.- Selser G.”Honduras la República alquilada”ed. Mex-Sur SA.México DR. 1983, págs. 124/130 y 260/3.

(36). Cf. Cardoso O.et. al. ob. cit. pág. 75.

(37). Cf. Cardoso O. et. al. ob. cit. pág. 122.

(38). Cf. Moneta C. J. “ El conflicto de las islas Malvinas en el contexto de la política exterior argentina” en “América Latina y la guerra del Atlántico Sur”. ed. Belgrano. Bs.As. 1984, pág.30.

(39). Cf. Moneta C. J. Ob. cit. págs.13/15.