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El G-20 es
una alianza para decir no Rudolfo Lago y Octávio Costa Septiembre
2008 El embajador Rubens Ricupero se rodea de
cuidados para criticar al gobierno de Lula. Después de todo, hasta hoy está
pagando por el “escándalo de la parabólica”, que llevó a su dimisión del
Ministerio de Hacienda en el gobierno del Presidente Itamar
Franco. Allí, cuando se preparaba la campaña de Fernando Henrique
Cardoso para suceder a Itamar, Ricupero
fue encontrado in fraganti haciendo comentarios indiscretos a un periodista
antes de dar una entrevista en la televisión. Así, Ricupero,
actualmente Director de ISTOÉ - El
Brasil apostó todas sus fichas al éxito de Rubens Ricupero – La apuesta brasileña en ISTOÉ – ¿Entonces,
no tenemos salida? Ricupero - Tenemos que esperar que ocurra ahora lo
que aconteció en ISTOÉ – ¿Fue equivocada la táctica
del Brasil de dar la espalda a sus
socios tradicionales y quedar en una posición autónoma? Ricupero - El G-20 era una alianza para decir no
y no para decir sí. Era una alianza construida en Septiembre de 2003 para hacer
la oposición a lo que los americanos y los europeos desearon imponer en Cancún,
eso era una solución muy desequilibrada e insatisfactoria en el tema
agricultura. Allí, Brasil se unió a un grupo muy poderoso, pero también
desatinado. El Brasil tenía un interés genuino en la liberalización del
comercio agrícola, mientras que ISTOÉ – ¿El G-20
está acabado? Ricupero - Todos los países implicados van a decir
que el G-20 permanece. Si el problema es utilizar de nuevo la táctica de resistir
las imposiciones de americanos y de europeos, el G-20 sirve. Pero, si es para
negociar, no sirve. No es una alianza para ganar el juego, es una alianza para
empatar el juego. Para nosotros ganar el juego significa aumentar nuestro acceso no sólo a
los mercados agrícolas de Europa o del Japón, sino también de China y de India. ISTOÉ – ¿Si el
G-20 no está para ganar el juego, cuál debe ser la estrategia del Brasil en el
momento en que se retomen las negociaciones multilaterales? Ricupero - Interesa solamente al Brasil que el G
20 permanezca hasta el final de la negociación si esto no significa el cierre
del acceso brasileño a los mercados agrícolas de China y de India. El futuro de
las materias primas en el mundo no está en los países ricos, sino en ISTOÉ – ¿Y en
cuanto a la conquista de estos mercados? Ricupero - El ideal sería que Brasil haga el
máximo de acuerdos con el MERCOSUR. Pero no sé si el presidente Lula va a
desear hacer frente a los problemas que derivan de esto. La complicación del
MERCOSUR no es sólo la inestabilidad de ISTOÉ – ¿Cuál
es el futuro, ahora? ¿Cuál es la manera de seguir mientras está en
aire Ricupero – ISTOÉ – ¿Por
qué!? Ricupero - La política externa del gobierno de
Lula tenía tres focos: 1) obtener un asiento permanente en el Consejo de ISTOÉ – ¿Entonces,
fracasó la política externa del gobierno de Lula? Ricupero - La política externa es algo que depende
mucho de aquello que Maquiavelo consigna en el
Príncipe: “El príncipe precisa de la virtud y de la fortuna.” Fortuna como
sinónimo de suerte. En la política externa, falló la fortuna. En política
externa, aunque se haga todo acertadamente, el éxito también depende de otros.
Entrar al Consejo de Seguridad no sólo depende de nosotros. Aquí, en el caso
del MERCOSUR, las circunstancias mudaron. La tónica hoy en el continente no es
más la convergencia, sino la divergencia. ISTOÉ – ¿Pero
Brasil percibió esto? ¿No se dieron pasos equivocados? ¿Por ejemplo, haber dado
apoyo a las FARC, o haber amparado a Hugo Chávez? Ricupero - Encuentro que el presidente Lula,
concientemente o no, es un discípulo de la forma de gobernar de Getúlio Vargas. Getúlio gobernó
siempre balanceando a las posiciones opuestas en su gabinete. Cuando el cayó,
en 1945, estaba en el centro de la creación de dos partidos, el PSD y el PTB,
uno rural y conservador; el otro urbano y progresista. Se identificó siempre
con el PTB, pero gobernó con los dos. Siempre tenía en sus gobiernos a gente
que representaba a posiciones opuestas y él quedaba en la condición de árbitro.
El presidente Lula hace exactamente lo mismo. En la política económica, tiene a
Henrique Meirelles en el
Banco Central representando a la derecha, conservadora, que combate la
inflación, y a Guido Mantega, en el Ministerio de
Hacienda, con un equipo crítico, alternativo. En Justicia, tiene a Tarso Genro con esas declaraciones sobre el castigo para la
tortura, y a Nelson Jobim del otro lado. En Agricultura,
tiene el Ministerio del agro-negocio y al de ISTOÉ – ¿Y
en el Itamaraty? Ricupero – Hay allí un equipo de diplomáticos y
fuera de él está el grupo conducido por Marco Aurélio
Garcia. Éste es el hombre del partido, que tiene
simpatías por las FARC. Antiguamente se decía que el Partido Revolucionario
Institucional (PRI, el partido entonces en el poder en México) tenía una
política económica conservadora, aunque una política externa progresista, de
crítica a los EUA, como forma de mantenerse apegado a los orígenes remotos de ISTOÉ – El
ministro Celso Amorim fue blanco de muchas críticas
al final de la reunión de Ginebra. ¿Ud. encuentra que
el ministro se desgastó como negociador? Ricupero - No creo. El ministro tuvo momentos poco
felices, como cuando él citó la frase de Goebbels
(Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen
nazi). Pero esto se justifica por el nerviosismo de la negociación. Es un
hombre extremadamente inteligente, un diplomático audaz. Hace algunos años,
cuando se hablaba de la ampliación del Consejo de Seguridad, siempre se citaba
también a México y a Argentina como posibles candidatos. Exactamente que esto
sea una discusión fuera de la agenda actual, hoy se habla solamente de Brasil
como candidato a una vacante. Éste es un mérito de la política externa
brasileña. Donde el Brasil habría podido hacer más es en la cuestión ambiental,
en la discusión sobre el calentamiento global. El Brasil detenta el bosque
tropical más grande del mundo, tiene la biodiversidad más grande, tiene una
matriz limpia de la energía y 30 años de experiencia en la tecnología de bio-combustibles. Faltó inteligencia, en el momento en que
se malograron los tres focos en los que apostó su política externa, ya que no
se levantó aquélla bandera. ISTOÉ – El gobierno
viene adoptando el alza de la tasa de interés como instrumento principal de
combate a la inflación. ¿Ésta
es la manera correcta? Ricupero - La amenaza de la
inflación es verdadera. La mayor parte de de esta amenaza viene del exterior, de una coyuntura
mundial difícil. Entonces, aumentar la tasa de interés no va a resolver mucho.
Internamente, hay medidas que, en mi opinión, son contradictorias con el
combate a la inflación. No veo, por ejemplo, como se puede conciliar el combate
a la inflación con una expansión desmesurada de la producción de los automóviles,
agregada a la ayuda de los instrumentos de crédito. La promoción 20 millones de
personas de las clases D y E para la clase C es agradable. Pero esto se
justifica en el consumo de alimentos, de artículos de primera necesidad. El
automóvil no es un bien de primera necesidad.
Estimular esto es algo que yo solamente puedo rotular de populismo. |