El G-20 es una alianza para decir no
(Entrevista a Rubens Ricupero)

 

Rudolfo Lago y Octávio Costa

Septiembre 2008

 

El embajador Rubens Ricupero se rodea de cuidados para criticar al gobierno de Lula. Después de todo, hasta hoy está pagando por el “escándalo de la parabólica”, que llevó a su dimisión del Ministerio de Hacienda en el gobierno del Presidente Itamar Franco. Allí, cuando se preparaba la campaña de Fernando Henrique Cardoso para suceder a Itamar, Ricupero fue encontrado in fraganti haciendo comentarios indiscretos a un periodista antes de dar una entrevista en la televisión. Así, Ricupero, actualmente Director de la Fundación Armando Álvares Penteado (FAAP), de São Paulo, se esfuerza en equilibrar críticas y elogios, cuando analiza la política externa y comercial de Lula. Con la autoridad, sin embargo, de quién fue Secretario- General de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), Ricupero evalúa que Brasil pagará un gran precio por el fracaso de la Ronda de Doha, de negociación de las reglas para el comercio internacional  Para el ex-embajador brasileño en los Estados Unidos, Doha era el último vértice de un trípode en el que Brasil se apoyó. Las otras dos puntas, el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y el establecimiento del MERCOSUR como el único Bloque de los países en el continente se habían malogrado  El fracaso de Doha representa la derrota de la última gran apuesta brasileña en el campo internacional. El Brasil, insiste Ricupero, no erró en la tesis. Pero no tuvo suerte. “El príncipe precisa de la virtud y de la fortuna (suerte)”, dice Ricupero, citando a Maquiavelo. “En la política externa, faltó la fortuna”, aclarando que su evaluación no es crítica, sino más bien objetiva.

ISTOÉ - El Brasil apostó todas sus fichas al éxito de la Ronda de Doha, pero ésta falló. ¿Qué se proyecta ahora para el país?

 Rubens Ricupero – La apuesta brasileña en la Organización Mundial de Comercio (OMC) era una imposición de nuestra realidad. Un país que tiene su competitividad concentrada en la agricultura, no tiene otro camino. Los problemas más grandes de agricultura derivan sobretodo de los subsidios y de las barreras que los países desarrollados utilizan. Los europeos no van a abrir la mano de sus subsidios o de sus barreras si los americanos no lo hacen. Por lo tanto, no van a negociar nada de esto con el Brasil porque lo que está en juego para ellos no es el Brasil, sino los Estados Unidos. Entonces, esto se decide solamente en el ámbito multilateral. Infelizmente, para el Brasil, no hay alternativa sino en las negociaciones en la OMC.

ISTOÉ ¿Entonces, no tenemos salida?

Ricupero - Tenemos que esperar que ocurra ahora lo que aconteció en la Ronda Uruguay (la serie de negociaciones comerciales anteriores a la Ronda de Doha). Allí, la reunión que debía ser la final, en Bruselas, en Diciembre de 1990, terminó con un fracaso total. Dos años más tarde, la Ronda se reactivó y acabó en un nivel muy bueno, que también condujo a la creación de la propia OMC.

ISTOÉ ¿Fue equivocada la táctica del Brasil de dar la espalda  a sus socios tradicionales y quedar en una posición autónoma?

Ricupero - El G-20 era una alianza para decir no y no para decir sí. Era una alianza construida en Septiembre de 2003 para hacer la oposición a lo que los americanos y los europeos desearon imponer en Cancún, eso era una solución muy desequilibrada e insatisfactoria en el tema agricultura. Allí, Brasil se unió a un grupo muy poderoso, pero también desatinado. El Brasil tenía un interés genuino en la liberalización del comercio agrícola, mientras que la India y China habían sido siempre contrarias a la misma. La alianza era útil mientras se trataba de resistir las imposiciones americanas y europeas. Pero llegó un momento en que Brasil hizo un balance de que, lo que ahora ofrecían los americanos y europeos era más satisfactorio.

ISTOÉ¿El G-20 está acabado?

 

Ricupero - Todos los países implicados van a decir que el G-20 permanece. Si el problema es utilizar de nuevo la táctica de resistir las imposiciones de americanos y de europeos, el G-20 sirve. Pero, si es para negociar, no sirve. No es una alianza para ganar el juego, es una alianza para empatar el juego.

Para nosotros ganar el juego significa aumentar nuestro acceso no sólo a los mercados agrícolas de Europa o del Japón, sino también de China y de India.

 

ISTOÉ¿Si el G-20 no está para ganar el juego, cuál debe ser la estrategia del Brasil en el momento en que se retomen las negociaciones multilaterales?

 

Ricupero - Interesa solamente al Brasil que el G 20 permanezca hasta el final de la negociación si esto no significa el cierre del acceso brasileño a los mercados agrícolas de China y de India. El futuro de las materias primas en el mundo no está en los países ricos, sino en la India, China y en los países asiáticos. Allí está el mercado. Es una razón fácil de entender: la Europa y el Japón tienen una población declinante. Como usted no puede alimentarse más allá de un determinado límite, no existe gran posibilidad de aumentar las ventas allí.

 

ISTOɿY en cuanto a la conquista de estos mercados?

 

Ricupero - El ideal sería que Brasil haga el máximo de acuerdos con el MERCOSUR. Pero no sé si el presidente Lula va a desear hacer frente a los problemas que derivan de esto. La complicación del MERCOSUR no es sólo la inestabilidad de la Argentina o los problemas que derivarían de la adhesión de Venezuela. El problema más grande es que el MERCOSUR no tiene un mecanismo que le permita hablar con una voz sola como lo tiene Europa. La Unión Europea negocia el comercio por su Comisión en Bruselas. El MERCOSUR no tiene una estructura así. No tiene un ejecutivo para negociar como Bloque único. Negociar en Bloque implicaría para el MERCOSUR crear un ejecutivo único, y no sé si el Brasil desea esto exactamente, porque también significaría abrir mano de su autonomía.

 

ISTOÉ ¿Cuál es el futuro, ahora? ¿Cuál es la manera de seguir mientras está en aire la Ronda de Doha?

 

RicuperoLa Ronda de Doha, en el corto plazo, difícilmente se restablecerá. También tendrán lugar elecciones en los Estados Unidos y en la India. Mientras tanto, estos países no van a moverse. Pero, en un período de un año, no encuentro imposible que las negociaciones se reanuden. La verdad es que, en negociaciones bilaterales, el Brasil sólo puede obtener resultados limitados, en un producto o en otro. No podemos negociar solos, porque somos parte de una unión aduanera, que es el MERCOSUR. El Brasil solamente puede hacer un acuerdo si todos los países del MERCOSUR, también lo hacen. Nosotros tenemos socios complicados. Es importante, para nosotros, cerrar un acuerdo en Doha. Estratégicamente, para el país, este fracaso es malo.

 

ISTOÉ ¿Por qué!?

 

Ricupero - La política externa del gobierno de Lula tenía tres focos: 1) obtener un asiento permanente en el Consejo de la Seguridad del ONU; 2) la idea de utilizar al MERCOSUR como la semilla de una unión comercial y económica de América del Sur;  y 3) un acuerdo agrícola en la Ronda de Doha. Debo decir que estoy de acuerdo con los tres, pero la verdad es que este trípode fracasó. La ampliación del Consejo de Seguridad es una discusión que salió de la agenda. El MERCOSUR como única alianza en Suramérica no es algo más viable, después que Chile, Perú y Colombia firmaron con los Estados Unidos la entrada en el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Lo que faltaba era la conclusión de la Ronda de Doha.

 

ISTOÉ ¿Entonces, fracasó la política externa del gobierno de Lula?

 

Ricupero - La política externa es algo que depende mucho de aquello que Maquiavelo consigna en el Príncipe: “El príncipe precisa de la virtud y de la fortuna.” Fortuna como sinónimo de suerte. En la política externa, falló la fortuna. En política externa, aunque se haga todo acertadamente, el éxito también depende de otros. Entrar al Consejo de Seguridad no sólo depende de nosotros. Aquí, en el caso del MERCOSUR, las circunstancias mudaron. La tónica hoy en el continente no es más la convergencia, sino la divergencia.

 

ISTOÉ ¿Pero Brasil percibió esto? ¿No se dieron pasos equivocados? ¿Por ejemplo, haber dado apoyo a las FARC, o haber amparado a Hugo Chávez?

 

Ricupero - Encuentro que el presidente Lula, concientemente o no, es un discípulo de la forma de gobernar de Getúlio Vargas. Getúlio gobernó siempre balanceando a las posiciones opuestas en su gabinete. Cuando el cayó, en 1945, estaba en el centro de la creación de dos partidos, el PSD y el PTB, uno rural y conservador; el otro urbano y progresista. Se identificó siempre con el PTB, pero gobernó con los dos. Siempre tenía en sus gobiernos a gente que representaba a posiciones opuestas y él quedaba en la condición de árbitro. El presidente Lula hace exactamente lo mismo. En la política económica, tiene a Henrique Meirelles en el Banco Central representando a la derecha, conservadora, que combate la inflación, y a Guido Mantega, en el Ministerio de Hacienda, con un equipo crítico, alternativo. En Justicia, tiene a Tarso Genro con esas declaraciones sobre el castigo para la tortura, y a Nelson Jobim del otro lado. En Agricultura, tiene el Ministerio del agro-negocio y al de la Reforma Agraria. “Marco Aurélio Garcia es el hombre del partido. Tiene que hacer ademanes a Chávez y a Fidel. Pero, a la hora de decidir, el gobierno es más conservador”

 

ISTOÉ ¿Y en el Itamaraty?

 

Ricupero – Hay allí un equipo de diplomáticos y fuera de él está el grupo conducido por Marco Aurélio Garcia. Éste es el hombre del partido, que tiene simpatías por las FARC. Antiguamente se decía que el Partido Revolucionario Institucional (PRI, el partido entonces en el poder en México) tenía una política económica conservadora, aunque una política externa progresista, de crítica a los EUA, como forma de mantenerse apegado a los orígenes remotos de la Revolución Mexicana. Igual ocurre con el PT. Tiene que dar apoyo simbólico al padre Camilo, que viene aquí representando a las FARC. Tiene que hacer ademanes a Hugo Chávez. Hacer un gesto en relación a Fidel Castro. Pero, sobre la hora a decidir, el gobierno es más conservador.

 

ISTOÉ El ministro Celso Amorim fue blanco de muchas críticas al final de la reunión de Ginebra. ¿Ud. encuentra que el ministro se desgastó como negociador?

 

Ricupero - No creo. El ministro tuvo momentos poco felices, como cuando él citó la frase de Goebbels (Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi). Pero esto se justifica por el nerviosismo de la negociación. Es un hombre extremadamente inteligente, un diplomático audaz. Hace algunos años, cuando se hablaba de la ampliación del Consejo de Seguridad, siempre se citaba también a México y a Argentina como posibles candidatos. Exactamente que esto sea una discusión fuera de la agenda actual, hoy se habla solamente de Brasil como candidato a una vacante. Éste es un mérito de la política externa brasileña. Donde el Brasil habría podido hacer más es en la cuestión ambiental, en la discusión sobre el calentamiento global. El Brasil detenta el bosque tropical más grande del mundo, tiene la biodiversidad más grande, tiene una matriz limpia de la energía y 30 años de experiencia en la tecnología de bio-combustibles. Faltó inteligencia, en el momento en que se malograron los tres focos en los que apostó su política externa, ya que no se levantó aquélla bandera.

 

ISTOÉEl gobierno viene adoptando el alza de la tasa de interés como instrumento principal de combate a la inflación. ¿Ésta es la manera correcta?

 

Ricupero - La amenaza de la inflación es verdadera. La mayor parte de de esta amenaza viene del exterior, de una coyuntura mundial difícil. Entonces, aumentar la tasa de interés no va a resolver mucho. Internamente, hay medidas que, en mi opinión, son contradictorias con el combate a la inflación. No veo, por ejemplo, como se puede conciliar el combate a la inflación con una expansión desmesurada de la producción de los automóviles, agregada a la ayuda de los instrumentos de crédito. La promoción 20 millones de personas de las clases D y E para la clase C es agradable. Pero esto se justifica en el consumo de alimentos, de artículos de primera necesidad. El automóvil no es un bien de primera necesidad. Estimular esto es algo que yo solamente puedo rotular de populismo.