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En la era Lula, Brasil Cynara Menezes Diciembre 2009 Después de años en el Itamaraty, ¿a
usted le llama la atención el cambio hacia otro ministerio? No. En mi carrera, trabajé en Cuando el ministro Celso Amorim era
presidente (en 1982), ¿no es así? Esta sociedad viene de larga data. Somos amigos desde 1962, yo estaba
en segundo año en el Instituto Río Branco y él en primero. Trabajamos juntos
varias veces dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores. Y nos convertimos
en consuegros: mi hija está casada con un hijo de él. Usted llegó a tener un cargo en el
gobierno de Fernando Henrique Cardoso, del cual fue apartado por hacer declaraciones
públicas contrarias al ingreso de Brasil al Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), ¿no es así? En 1995, fui designado director del
Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales y permanecí en el
cargo hasta 2001. Expresé mi opinión sobre lo que consideraba riesgoso para la
economía brasileña, en caso de que el país participara en el ALCA. En
entrevistas, artículos e incluso en mi libro “Quinientos Años…”, que es
anterior a 1999, donde hay todo un capítulo sobre este tema. Dos años después,
entendieron que el debate no era oportuno. Y yo entendí que lo era. El tiempo demostró que Usted estaba
en lo cierto. Sí, habría sido gravísimo. Hoy no
tendríamos el Banco do Brasil como banco estatal, ni Usted se ha involucrado en el tema
energético. ¿Será ésta una de sus prioridades en Una de las áreas que el presidente
marcó fue el desarrollo de un proyecto para Brasil en 2022. Eso abarca,
naturalmente, la energía. A nosotros nos gustaría, también, que Brasil tuviese
cierto nivel de renta. Esto significa un aumento de la producción y de las
inversiones, inclusive en el área de la energía. Otra cuestión importante es
definir una estrategia de desarrollo de ¿Usted se considera un nacionalista? Considero que ubico los intereses de
Brasil, de los brasileños, de las empresas brasileñas, por encima de los
intereses de los que no lo son. La política Sur-Sur, ¿fue idea suya? No me considero el impulsor de la
política externa. El presidente y el ministro Celso Amorim tenían una idea muy
precisa de las prioridades. La primera era la relación con los vecinos de
América del Sur, después África. Sólo ahí ya tenemos prácticamente dos tercios
del Sur. El presidente, cuando asumió, tenía una vastísima experiencia
internacional que, en aquel momento, no tuvieron en cuenta, había hecho más de
una centena de viajes al exterior. El primer mandatario extranjero que recibió
en su casa fue a Helmut Schmidt (canciller alemán de Cuando visitó Libia por primera vez
como presidente, con gran preocupación por parte de la prensa, ya había ido
tres veces antes, conocía al líder de la revolución. Era totalmente experimentado
en el trato de las cuestiones internacionales. Y Celso Amorim ya había sido
embajador adjunto en las Naciones Unidas, en Ginebra, en Londres. También tenía
una vasta experiencia internacional, en temas políticos y económicos, lo que no
es muy común. Tal vez, por lo que ya escribí, haya tenido la posibilidad de
colaborar para que ciertos temas fuesen considerados estratégicos, como la
cuestión de la integración sudamericana. ¿Brasil se está despegando de la
periferia, sobre la que Usted trata en su libro? Aún queda mucho por hacer, pero, sin
duda, se está alejando el número de personas bajo la línea de pobreza, que decayó,
creció la
llamada clase media. Aumentó el número de personas pobres en la
universidad, a través de ProUni, los empleos formales. El salario mínimo subió
por encima de la inflación. Brasil es el segundo mayor país subdesarrollado en
términos de ingreso de capitales, después de China. Y los capitales extranjeros
vienen porque es lucrativo, no vendrían para perder. No quiere decir que muchas
cosas no existiesen, pero existe una diferencia en la calidad y en la cantidad,
muy grande. Las exportaciones se multiplicaron por cuatro, el comercio con
África se quintuplicó. Sin embargo, existe un manto de silencio conveniente
sobre los acontecimientos. Siempre se puede decir: se multiplicó por cinco,
pero… Es la famosa palabra que hoy encontramos con frecuencia, “pero”… Como un
titular que leí el otro día: “El empleo aumentó, pero la informalidad no
disminuyó”. Siempre hay un “pero”. ¿Usted cree que existe mala voluntad
hacia el gobierno? No es mala voluntad. Hoy en día,
específicamente, existe un asunto político, de embate político entre partidos. ¿La prensa está incluida en esto? Diría que existe una cobertura
insuficiente de los logros y una excesiva cobertura de los pequeños eventos. Se
toma una cosa nimia, se crea una enorme repercusión y enseguida desaparece. No
se comprueba y desaparece. Pero la población brasileña sabe de los logros del
gobierno. Nadie tiene estos índices de popularidad luego de seis años y medio
por casualidad. Luego de la elección de Río para las
Olimpíadas, comenzó a releerse el libro “Brasil, el País del Futuro” de Stefan
Zweig, antes visto de forma peyorativa, como si Brasil nunca fuese hacia… Sí, la idea despreciativa de que
Brasil pertenece al presente, nunca al futuro. Tal vez Zweig haya sido un profeta,
tal vez el futuro ya ha llegado. El futuro está en curso. El presidente Lula lo llama el gurú
de Hugo Chávez. ¿Cómo es eso? El presidente Chávez conoció mi
libro Quinientos Años… y lo leyó, según dijo, varias veces. De modo que es una
forma cariñosa de manifestarse. Es una exageración. Chávez no necesita de un
gurú. Últimamente, el ex-ministro de
Relaciones Exteriores mexicano, Jorge Castañeda, insinuó en una entrevista que
la idea de darle asilo a Manuel Zelaya en la embajada brasileña en Honduras fue
suya. No hay nada de eso. El presidente
Zelaya procuró Usted tiene fama de ser un profesor
muy estricto en el Instituto Río Branco. ¿Es tan así? Al contrario, soy un profesor muy
indulgente. ¿Usted vio mi reloj de arena? (Se publicó que Guimarães contaba el
tiempo de sus subordinados con un reloj de arena) Nunca existió. La gente
inventa cosas. Usted fue acusado de adoctrinar
diplomáticos, obligándolos a leer libros supuestamente izquierdistas. Era una idea de reciclaje. Cuando el
diplomático retornaba a Brasil, antes de volver a trabajar, le pedía que
leyesen ciertos libros. Primero, la vida del Barón de Río Branco: la gente debe
conocer al patrono de su casa. Es un libro de Álvaro Lins, considerado la mejor
biografía del barón. Después, un libro sobre la economía de Brasil de ¿Cómo responde Usted a las
acusaciones de que es anti-estadounidense? No me considero anti-estadounidense,
estoy siempre a favor de Brasil. Los EUA son el país más importante del mundo.
En todos los temas, la posición americana es muy importante, fundamental. Medio
ambiente, comercio, asuntos militares, políticos. Pero la visión de los EUA a
veces es distinta de la de Brasil, es eso y nada más. Ahora, en muchas
ocasiones del pasado, la gente juzgaba que era conveniente para Brasil
alinearse con los EUA de una forma, en mi opinión, excesiva. Leí que usted también detesta la
globalización… Nadie puede detestar un fenómeno, la
globalización es un proceso histórico. Pero quizás el mundo estuviese más
integrado antes de ¿Cómo siendo comunista se afilió al
PRB, partido del obispo Marcelo Crivella, de Es otra desinformación. Fui
propuesto por el PRB para el cargo, pero no soy afiliado al partido. ¿Y, es comunista? Creo que eso no se pone… No soy
afiliado a ningún partido, ni al PT. Soy un progresista. |