Teoría de la monarquía global.

 

Reportaje de Flavia Costa a Michael Hardt

Clarín, suplemento Cultura y Nación

22 de febrero del 2003

 

SEGÚN MICHAEL HARDT, EUROPA Y EUA  DISPUTAN LA FORMA DEL PODER MUNDIAL.

 

Desde la Universidad de Duke, donde dicta Literatura, Michael Hardt – coautor junto a Antonio Negri del libro “Imperio” – explica por qué cree que a las elites globales no les conviene la guerra con Irak. Además, se refiere a la disputa entre Europa y EUA donde, según él, se enfrentan dos modos de concebir la estructura del poder planetario: “una monarquía global vs. una aristocracia global”.

 

FC: En diciembre, usted escribió en el diario británico “The Guardian” que las elites globales deberían reconocer que la guerra y en general el “imperialismo norteamericano” (sic), no conviene a sus intereses. ¿Por qué no?

 MH: Desde varias perspectivas la guerra va contra los intereses de las elites globales. En lo económico, los líderes de los grandes negocios prefieren que los flujos permanezcan abiertos y no bajo el control de un solo país. Lo mismo sucede con la seguridad: es iluso suponer que esta guerra traerá paz. Las acciones unilaterales sólo expondrán aún más a las elites como blanco de posibles ataques. En este sentido es significativo que “The New York Times”, se haya posicionado en favor de las movilizaciones del 15/02 (del 2003), al afirmar que las marchas mostraron que el mundo está dividido en dos “superpoderes”: EUA y la opinión pública mundial. Esto para mí, es síntoma de que se consolida una oposición a las políticas de Bush entre las propias elites de EUA. Por otro lado, he pensado que no estuve bien al comparar en ese artículo  la administración Bush con el viejo imperialismo. Sería mejor describirlo como un segundo “golpe de estado” dentro del sistema global.

 

FC: ¿Qué significa un “golpe de Estado al sistema global”?

MH: Veámoslo así: Bush padre impulsó una suerte de golpe de estado con su idea de “Nuevo Orden Mundial”; lo cual produjo un reordenamiento de los asuntos globales, que posicionó a EUA  como una superpotencia. Hoy tenemos un segundo golpe dentro del sistema global, una especie de Segundo Imperio, sólo que en vez de un tío y un sobrino, como en el caso de los Bonaparte, se trata de un padre y un hijo. Pensar en términos de sistema global puede ayudarnos a entender el conflicto entre EUA y Europa: el conflicto entre unilateralismo y multilateralismo. Europa defiende que la toma de decisiones tenga un carácter más plural, mientras que la administración Bush está en una posición de monarca, unilateral. Algo así como la lucha de una monarquía global contra una aristocracia global.

 

FC: Con respecto a ese “superpoder” de la opinión pública global del que hablaba el “New York Times”, cuesta imaginarlo como una identidad política homogénea. Sin embargo, ¿qué intereses comunes lo constituyen y qué poder efectivo puede tener? El presidente Bush expresó que para él las marchas fueron “irrelevantes”.

MH: Es cierto, hablar de dos superpoderes no significa que sean homólogos. Uno es centralizado; el otro, mas bien disperso. En este especial contexto, los grupos más activos sobre el tema de la globalización se han unido, por ejemplo, con pacifistas tradicionales y con Chirac y Schroeder. Tenemos así una extraña alianza de fuerzas opuestas a la guerra: una alianza temporaria y específica. Esto no quiere decir que la opinión pública global no pueda tener efectos muy importantes en otros contextos, pero esta particular constelación está organizada sólo en relación a esta cuestión: es esencialmente un enorme referéndum sobre la política global de Bush.

 

FC: Según los observadores, una razón que movilizó a la gente fue la percepción de que la guerra sólo aumentará la conflictividad en el mundo. A la vez, la prensa señala dos tendencias preocupantes que han comenzado a crecer: un “anti – americanismo” fuera de EUA y un “anti – europeísmo” en el  interior (de EUA). ¿Cómo percibe esa situación?

MH:  Ciertamente la estrategia de la administración Bush y de EUA en general – hace tiempo viene provocando un cierto anti – americanismo en algunas zonas del mundo. También es cierto que hoy se percibe un anti – europeísmo en el gobierno y cierta prensa de EUA, que es ridículo. Creo sin embargo que ambos sentimientos confunden el fenómeno. Son formas anticuadas de pensar los problemas de un mundo global; perciben el poder a la vieja usanza, como algo que es propiedad de un país o un pueblo. Por esto creo que los movimientos alrededor de la globalización, como los de Seattle, están mucho más avanzados, tiene una visión más compleja y abierta sobre cómo es la trama del poder global; perciben el vinculo que conecta al gobierno de EUA con el Banco Mundial, el FMI, el G8, etc. Ven la red, la trama del poder planetario; no apuntan a una localización meramente geográfica.