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ARGENTINA EN EL MOVIMIENTO DE NO ALINEADOS Alberto J. Sosa
Septiembre 1988 1.- Introducción: 1.1. Significado y orígenes 1.2. Etapas 1.3. Precisiones conceptuales 1.3.1. Tercer Mundo y No
Alineamiento 1.3.2. Distintas lecturas del No
Alineamiento 1.3.3. No Alineamiento y Tercera
Posición 1.3.4. Logros y Limitaciones 2. Política exterior argentina 2.1. PEA Global (1973/83) 2.2. Argentina en MONOAL 2.3. Situación argentina en MONOAL
respecto a temas específicos 2.3.1. Descolonización 2.3.2. Racismo 2.3.3. Bases militares y zonas de
tensión 2.3.4. Desarme 2.3.5. NOEI 2.3.6. Antártida 3.- Consideraciones y
perspectivas Notas y referencia bibliográficas. El objetivo de este trabajo es analizar el
comportamiento argentino en el Movimiento de No Alineados (MONOAL), en el
período comprendido entre 1973 (ingreso como miembro pleno en la IV Cumbre de
Argel) y 1983 (VII Cumbre en Nueva Delhi). Dicho comportamiento se estudiará en
relación con el funcionamiento y algunos de los principales principios y
propósitos del MONOAL y con la política exterior global formulada y ejecutada
en el período. La hipótesis de este trabajo es que la incorporación de la
República Argentina como miembro pleno al MONOAL, no constituyó una excepción a
su visión desactualizada del mundo, ya que mantuvo, hasta 1982/83, un nivel de
participación difuso y de escaso compromiso respecto de los principales
problemas y aspiraciones del MONOAL. Dentro de los principios y propósitos que guiaron el
desenvolvimiento del MONOAL en el período objeto de estudio, se concentra la
atención sobre los siguientes temas: 1) descolonización; 2) racismo; 3) bases
militares y zonas de tensión; 4) desarme; 5) Nuevo Orden Económico Internacional
(NOEI) ; 6) Antártida. Respecto del comportamiento argentino en MONOAL se considera la perfomance del Ministerio de
Relaciones Exteriores (MRREE), aunque también la de otras instancias de poder
político (v.g. “diplomacia militar”). Se analiza el nivel de las
representaciones oficiales que participaron en las reuniones y compromiso
argentino respecto de las temáticas planteadas por sus representantes. En el tratamiento de la política exterior, se detectan los
problemas que demandaron el interés prioritario de las relaciones exteriores y
se analiza la incidencia del carácter constitucional o de facto de los
gobiernos argentinos, respecto del comportamiento en el MONOAL. En este trabajo se pretende caracterizar el perfil del comportamiento
argentino en el MONOAL, en función de la visión del mundo que tenían sus actores hegemónicos domésticos. Se pretende sistematizar la información sobre la
participación argentina en el MONOAL y detectar las ideas que guiaron la conducta
de los sucesivos gobiernos argentinos en dicho organismo. El presente trabajo constituye una unidad y consta de tres
capítulos. Un primer capítulo, introductorio, sobre el significado y
orígenes del MONOAL; sus principales etapas y algunas precisiones conceptuales.
El segundo capítulo, analiza a nivel global la política
exterior de la República Argentina, concentrando el estudio en la conducta en
el seno de -y respecto del- MONOAL. Finalmente, en el capítulo tercero, se incluyen algunas
consideraciones y perspectivas respecto de la participación argentina en el
MONOAL y sobre el propio Movimiento. 1. Introducción 1.1. Significado y orígenes No hay uniformidad de criterio
respecto de los orígenes doctrinarios en los que abrevó el MONOAL ya que
diversos países -o grupos sociales de éstos últimos-, reivindican su
paternidad. Sectores de Estados Unidos de América (EUA), consideran que la
génesis del Movimiento se halla en los “14 puntos del presidente Wilson”,
recogidos en el mensaje al Congreso de su país (1918), en lo que atañe a “la
autodeterminación de los pueblos” que, en aquella época, estaban atados a la
dominación colonialista europea. El Partido Comunista de la Unión Soviética
(PCUS), estima que la Revolución Bolchevique
cumplió un rol precursor en la atención y tratamiento de los movimientos de
liberación asiáticos y de los países de la periferia del sistema internacional,
estructurados en la primera posguerra, no sólo a través de la labor intelectual
del jefe del partido bolchevique (“El imperialismo fase superior del
capitalismo”; “El derecho de las naciones a la autodeterminación”), sino con
acciones como la convocatoria del Congreso de Baku (1920) [1], en el que se
vincularon reivindicaciones sociales y nacionales (“proletarios y pueblos
oprimidos unios”). También tercian en la disputa países del Tercer Mundo,
reivindicando la autoría político intelectual del MONOAL ya que el Kuomintang
chino y el Partido de la Revolución mexicana convocaron en Bruselas (1927), a
partidos y movimientos de liberación, que pugnaban por la independencia de sus
países, creando la llamada “Liga antiimperialista”[2]. Un dato común a todas estas tentativas de la primera
posguerra, es que aluden a países y pueblos oprimidos, desbordando el marco
estatalista surgido en el Congreso de Westfalia (1648). El Estado no es el
único sujeto o actor político del sistema internacional sino que los pueblos,
partidos, frentes o movimientos anticoloniales, son homologados a los países y
se les reconoce un status jurídico-político internacional[3]. Además de la
administración colonialista localizada en el Tercer Mundo coexiste, conforme
está perspectiva, el pueblo organizado políticamente que está en conflicto con
aquélla y que pugna por su emancipación. El Partido del Congreso Indio, evoca la conexidad doctrinaria
entre los principios contenidos en el Pancha Shila budista (no violencia,
neutralismo positivo, etc.) y los principios fundacionales del MONOAL coexistencia,
descolonización, neutralismo activo, etc.[4] El Movimiento es tributario de los “padres fundadores del
MONOAL“, que impusieron su impronta personal en la etapa preparatoria de su
creación (Sukarno, Nasser, Tito, Nehru, etc.), en Bandung (Indonesia) y Brioni
(Yugoslavia) [5]. La oleada anticolonialista asiática (Indonesia, India, etc.)
sumada a situaciones de independencia y equilibrio que debían resguardar
algunos países (Egipto y Yugoslavia), contribuyeron a que un grupo de ellos
decidiesen no implicarse en la política de guerra fría, contención y seguridad regional formulada y ejecutada por
las potencias hegemónicas (EUA-URSS) de la segunda posguerra. La institucionalización de la políticas de bloques militares
que implicó a EUA y sus aliados en la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y
a la URSS y las denominadas democracias populares de Europa Oriental en el
Pacto Varsovia, amenazó y restringió los márgenes de maniobra de los países que
acuñaron los conceptos de no alineación y neutralismo activo [6]. Probablemente todas las vertientes aquí señaladas, hayan
contribuido a la sistematización de un conjunto de principios y a la
formulación de estrategias, que permitieron el surgimiento del MONOAL como
actor internacional . Las elites de los países del denominado Tercer Mundo
analizaron, hasta fecha no demasiado lejana, el sistema internacional de
acuerdo con pautas y criterios elaborados en EUA, en Europa Occidental y aún en
la URSS. El MONOAL , implicó una tentativa de lectura del mundo (desde
la periferia), con una perspectiva que resguardase el interés de sectores
sociales y grupos corporativos predominantes en los países del Tercer Mundo
[7]. El objetivo central de los No Alineados fue la búsqueda , a
partir de una visión propia de los problemas mundiales , de un conjunto de
principios de política internacional que diesen seguridad a sus Estados
-pueblos y regiones subestatales- , y que les permitiese alcanzar una
participación relativa en el sistema mundial.
Las categorías “no
alineamiento” y “neutralismo positivo” fueron el anverso y reverso de una misma
moneda . El “no alineamiento” es la no participación en ninguno de los bloques
de seguridad colectivos de la guerra fría y el “neutralismo positivo” una participación
activa por la expansión de las zonas de paz . La combinación de estas dos ideas
tendía a boicotear los bloques de seguridad Regional, institucionalizados por
las grandes potencias, que mediatizaban la performance internacional de países
localizados en la periferia del planeta ; así como a ensanchar los espacios de
paz, a través de la vigencia de principios y propósitos relacionados con la
coexistencia y la descolonización. El pensamiento que guiaba estos comportamientos estimaba que
debía desecharse el neutralismo o neutralidad, en los términos históricos en
que se lo conocía, ya que no se trataba de no inmiscuirse o de permanecer ajeno
a los problemas del mundo, sino de no involucrarse en políticas diseñadas por
potencias metropolitanas, que no coincidían con los intereses de los grupos
hegemónicos de los países del Tercer Mundo.
Dicho neutralismo poco tenia que ver con el status suizo (1815) o el
austriaco (1955) y mucho con una
lectura autocentrada, que aspiraba a resguardar el interés de los países y pueblos, que habían carecido
de voz y voto hasta la fecha y pugnaban por el ensanchamiento de los espacios
de paz y desarme a nivel mundial. El “neutralismo activo” era un rechazo la guerra fría y un compromiso
con la coexistencia pacifica, el pluralismo ideológico , la descolonización y
la democratización de las relaciones internacionales [8]. Conforme a las ideas fundacionales del MONOAL, no se
pretendía crear una tercera fuerza o bloque competidor de los dos existentes,
sino que, a través de un “discurso no
violento”, se promovían ideas tendientes a crear un escenario internacional
distendido que favoreciese la emancipación de países y pueblos del Tercer Mundo
[9]. 1.2. Etapas La fecha de surgimiento del MONOAL (Belgrado, 1961)
coincidió con el establecimiento de la coexistencia entre las grandes
potencias, la profundización del proceso descolonizador y la expansión de las
empresas transnacionales –Ets- (v.g. automotriz y de electrodomésticos) hacia
países del Tercer Mundo. En los ‘60, el motor de la expansión capitalista se desplaza
de la industria de bienes homogéneos (siderurgia , bienes de equipamiento)
hacia la producción de bienes de consumo diferenciado, modificando las condiciones
del proceso de acumulación de los países industrializados de economía de
mercado y el funcionamiento de la economía mundial. La competencia respecto del mercado consumidor de los países
centrales, acarrea gastos en función de las modas o de la introducción de innovaciones
en los bienes durables. Una manera de disminuir costos y de ampliar el ciclo
del producto en el mercado, es que las matrices de estos grupos empresariales
expandan sus actividades, localizándose en países del Tercer Mundo, mediante la
oferta del productos ya amortizados y considerados técnicamente obsoletos en
los centros. A su vez, los países periféricos dictan políticas tuitivas de las
industrias allí localizadas y de desaliento a las importaciones. La
localización de dichos grupos oligopólicos en el Tercer Mundo, transnacionaliza
la actividad productiva y prolonga el lapso de utilización de equipos y
tecnología en proceso de obsolescencia [10]. El ingreso de países recientemente descolonizados a las
Naciones Unidas y su participación en el examen de los asuntos mundiales, fue
homologado al otorgamiento del voto al conjunto de la ciudadanía, a nivel
doméstico [11]. Dentro del marco de lo que se denominó “La 1ra. Década del
Desarrollo”, impulsada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, nace la
UNCTAD y se organiza en su interior el “Grupo de los 77”, especie de correlato
económico de lo que era MONOAL a nivel político. El acuerdo en la Cumbre, si bien estipula reglas de juego que
flexibilizan las relaciones de las superpotencias entre sí, no ocasiona lo
mismo respecto de las relaciones de éstas con los países del Tercer Mundo. En Asia se legitiman los procesos emancipatorios pero,
simultáneamente, se crean Organismos de seguridad colectiva (SEATO, ANZUS,
CENTO) que implican a países de dicha Región –dentro de un clima de guerra
fría-, en una política de contención del comunismo [12]. Africa negra accede a su independencia política, en algunos
casos, a través de negociaciones entre los movimientos anticoloniales y las
administraciones metropolitanas; en otros, a través de la acción armada
hegemonizada por dichos movimientos de
liberación, cuando la reluctancia del poder colonial no deja
alternativa. La descolonización de Africa negra significa la retirada del poder
colonial europeo y su reemplazo por relaciones que implican -para las ex
colonias- nuevos lazos de subordinación; así como la influencia soviética, a
través del apoyo brindado a los movimientos de liberación en su lucha por la independencia política. La Organización de la Unidad Africana (OUA), creada en Addis
Abeba (1961), contribuyó a sustraer a los países de este continente del
conflicto Este-Oeste, ya que reafirmó el “no alineamiento” y evitó el establecimiento
de organismos de seguridad colectiva [13]. En América Latina el acceso al poder de la revolución
castrista en Cuba y el discurso de la II Declaración de la Habana (1962),
dentro de la zona de influencia de EUA, producen la reformulación de los
contenidos del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR). Si al
momento de suscribirse el Tratado de Río de Janeiro, la hipótesis de conflicto
estaba representada por la URSS, localizada a miles de kilómetros de América
Latina, la revolución cubana interioriza el conflicto ya que el enemigo,
conforme al nuevo discurso de seguridad colectiva, opera en el interior de los
países de la Región. Así como la Revolución Cubana era el paradigma de la
expansión soviética en el Caribe Hispano, los movimientos guerrilleros y
diversos movimientos políticos, sociales y estudiantiles de América Latina
fueron considerados reflejo de la penetración soviético-cubana en el continente
[14]. Las Fuerzas Armadas de América Latina, no debían combatir
contra el Ejercito soviético, auxiliando a los EUA, en el hipotético caso de
invasión, sino contra los enemigos infiltrados en el interior de sus países. Los ’60 implicaron para América Latina y el Caribe el ingreso
pleno a la etapa de guerra fría, caracterizada por un mayor control militar
sobre los gobiernos. Los convenios de asistencia bilateral, con EUA,
perfeccionaron y complementaron el TIAR [15]. Si bien los acuerdos entre las superpotencias y la
“Resolución 1514 (XV), Sobre la Concesión de la Independencia a los Países y
Pueblos coloniales”, coincidían con los propósitos iniciales de MONOAL
(coexistencia y descolonización), de facto ignoraron -o soslayaron- las
transformaciones operadas a nivel político y económico, así como su impacto
sobre los países del Tercer Mundo. Dicha circunstancia produjo una crisis en el
Movimiento que va desde la Cumbre del Cairo (1964) hasta la Cumbre de Argel
(1973), en la que se incorporó la
problemática del NOEI, de carácter global y no particularista [16]. A principios de los ´70 la URSS y EUA iniciaron el proceso de
distensión, con la firma del SALT I, sobre la limitación de armas estratégicas.
La República Federal Alemana (W. Brandt
), inauguró la “Ospolitik”, mediante la normalización de relaciones
diplomáticas y la intensificación de los intercambios comerciales con los
países socialistas del Este europeo. El momento cenital de la “distensión”, se
vivió en ocasión de la Conferencia de Helsinki (1975). Sin embargo, a fines de
la década, diversas circunstancias contribuyeron a obstaculizar la citada
política. En lo económico se asistió, en el primer lustro de los ´70, a la
crisis del orden financiero–monetario institucionalizado en Bretton Woods y a
la finalización de la “era keynesiana y del crecimiento sostenido”. La crisis energética
favoreció el surgimiento de los países miembros de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP) y de la banca privada transnacional. Los
recursos financieros -apropiados por los países de la OPEP-, se depositaron en bancos privados de alcance
transnacional, que ocasionan la desregulación del régimen de Bretton Woods y el
aparente debilitamiento de los Organismos multilaterales de crédito (FMI-BM). A mediados de los ’70 se inicia, en determinados países
capitalistas industrializados, una mutación tecnológica que da prioridad a las
inversiones en sus mercados domésticos, en la producción de bienes
diferenciados de alta complejidad tecnológica, como los nuevos materiales
(sucedáneos de materias primas), la informática, la biotecnología, las
telecomunicaciones, etc. La dinámica del crecimiento de los países industrializados de
economía de mercado, encuentra dos obstáculos. Uno, representado por la
saturación de la demanda de los bienes de consumo durable, producidos por las
ramas motoras del crecimiento económico. Otro, el incremento de los costos de
producción: el salarial y el energético. Así es que las grandes firmas se ven
obligadas a definir nuevas estrategias de acumulación, tendientes a disminuir
costos, descomponiendo el proceso de producción en operaciones simples o
complejas, dispersas en el espacio del mercado mundial. La minimización de
costos de producción y especialmente los salariales, contribuyen a la
desconcentración de la gran unidad de producción, reubicándola en países del
Tercer Mundo que disponían de mano de obra barata y abundante [17].
Simultáneamente, países del Tercer Mundo contratan préstamos incondicionados,
con la banca privada transnacional, provocando el fenómeno del endeudamiento
externo. Así como en los ’60 la transnacionalización, se efectuó a
través de la inversión extranjera directa de las Ets; el nuevo ciclo combina el
empréstito financiero, los créditos y la inversión productiva, en países donde
se lleva a cabo una fase del proceso productivo, aprovechando el régimen de
flexibilización de la mano de obra. Las transformaciones económico–financieras y tecnológicas de
los ‘70 produjeron ajustes a nivel del sistema interestatal. Los países que
lideraron la revolución tecnológica (Japón, Rep. Federal Alemania, EUA, etc.)
obtuvieron ventajas respecto de la URSS y los países socialistas. El destino que los países del Tercer Mundo dieron a los empréstitos y demás flujos
financieros, produjeron clivajes en su interior, que cuestionaron la hipotética
homogeneidad y solidaridad de aquél
[18]. Los Nics asiáticos y Brasil utilizaron el endeudamiento para
reorganizar sus respectivas economías y conectarse de manera relativamente
activa al mercado mundial. Sin embargo, la mayoría de los países del Tercer
Mundo, no invirtió provechosamente los empréstitos, ya que el endeudamiento
produjo un retroceso respecto de los países industrializados de economía de
mercado, a nivel económico-social [19]. El MONOAL, repetía sus errores de diagnóstico.. Así como en
los ´60 “descuidó” -en sus análisis- la operatoria de las Ets; en los ´70,
concentró su atención en ellas, pero ignoró la mutación tecnológica, la
reestructuración industrial, la transnacionalización financiera privada y la
nueva operatoria de las Ets en los
países del Tercer Mundo. 1.3. Precisiones conceptuales 1.3.1. Tercer Mundo y No
Alineamiento Es común que se utilicen como sinónimos las expresiones
Tercer Mundo y MONOAL, cuando tienen distintos significados. La expresión
Tercer Mundo fue acuñada por A. Sauvy [20] para caracterizar a países y pueblos
de Asia, Africa, América Latina y el Caribe. La noción Tercer Mundo, designa a
todo aquel conjunto de países y pueblos que no son encuadrables dentro de los
parámetros que caracterizan a los países industrializados de economía de
mercado (1er. mundo); ni tampoco dentro de los parámetros que caracterizan a
los países de economía colectivista (2do. Mundo). El Tercer Mundo, a nivel del sistema internacional, es el
Tercer Estado del abate Siéyes, o sea el conjunto de países que componen la
periferia el sistema mundial y que actúan como recipiendarios de las decisiones
que se adoptan en los mundos 1° y 2°. Se trata, de un concepto que pretende
englobar a países y pueblos con
tradiciones y culturas diferentes y sujetos a dominaciones diversas. El MONOAL, a diferencia del concepto Tercer Mundo, no es un
criterio geográfico sino político, ya que “no alineado” es todo aquel país que
pugna por el logro de la coexistencia, la descolonización, el antirracismo, el
pluralismo ideológico, la democratización de las relaciones internacionales y
además pretende tener una visión propia del sistema mundial y de los problemas
que le atañen. Así es que un país del Tercer Mundo puede ser alineado respecto
de una superpotencia y – a la inversa – un país no tercermundista (europeo)
puede ser “no alineado” (Yugoslavia, Malta) [21]. No todos los países del Tercer Mundo son “no alineados” y no
todo país “no alineado” pertenece al Tercer Mundo. La noción de “no alineamiento” admite múltiples lecturas,
quizás tantas como países que se reivindican tales, ya que depende de su propia
visión respecto de aquellos problemas y temáticas que influyen en su desempeño
internacional [22]. 1.3.2. Distintas lecturas del No
Alineamiento A pesar de que las Conferencias de Bandung, Bogor, Brioni y
la I Cumbre de MONOAL, estipularon una serie de requisitos a los que debía
darse cumplimiento para el ingreso y permanencia en el MONOAL, si analizamos el
grado de adecuación de los países miembros respecto de dichas condiciones,
comprobamos que pocos son los que observan los “principios del no alineamiento”. Las dos reglas básicas que deben respetar los países miembro
son: 1) no formar parte de esquemas de seguridad colectiva, en los que esté
implicada una de las superpotencias; 2) tampoco pueden aprobar tratados de
cooperación y asistencia militar, de carácter bilateral inscriptos dentro del
clima de guerra fría [23]. Si efectuamos un examen de todos y cada uno de los países
miembro, comprobamos que pocos son los que cumplen con estas dos reglas. Cada país tiene su propia visión respecto del “no
alineamiento” y respecto de los problemas del sistema internacional que le
incumben. Yugoslavia, es un país que no es miembro pleno de la OTAN o del Pacto de Varsovia, puesto
que considera que, tanto la URSS como EUA, constituyen un riesgo para el
interés nacional del país. Asimismo,
considera que la política de distensión y de descolonización, desacelera la carrera armamentista y amplía el espectro
de países periféricos que se incorporan al sistema de Naciones Unidas. El “no
alineamiento”, pergeñado por Tito, guarda equidistancia tanto respecto del
“imperialismo estadounidense” como del “hegemonismo soviético”. Para la “concepción titoísta”, existe un 1er .mundo
capitalista – imperialista; un 2do mundo, hegemonizado por la URSS; y un Tercer
Mundo, “no alineado” que pretende romper la política de bloques militares [24]. Cuba considera que si bien hay tres mundos :capitalista,
socialista y tercermundista, el conflicto básico del sistema internacional es
el que protagonizan el imperialismo con países y pueblos del Tercer Mundo, sujetos
a lazos coloniales y/o neocoloniales respecto de aquél. El 2do. Mundo
(socialista), opera como aliado de los países y pueblos oprimidos en su
conflicto con el imperialismo de los países centrales capitalistas. El “no
alineamiento”, en esta lectura, pasa por una alianza estratégica entre países y
pueblos del Tercer Mundo con la URSS y demás países socialistas en contra del
imperialismo [25]. La República Popular China, a pesar de que no es miembro
pleno del MONOAL, aportó su propia perspectiva respecto de lo que debe
entenderse por “no alineamiento”. Los standards chinos para clasificar a los países, según su
pertenencia a uno de los tres mundos, revela una dosis de originalidad. La URSS
y EUA, conforme esta visión, integran el 1er. Mundo; Europa Oriental, Europa
Occidental, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, etc., conforman el 2do. Mundo;
mientras que los países de Asia, Africa, América Latina y el Caribe
-acaudillados por la República Popular China- integran el Tercer Mundo. El “no alineamiento”, según la lectura china, consiste en la
alianza entre los mundos 2do. y 3ª, para contrarrestar y debilitar el
condominio oligárquico del imperialismo estadounidense con el social
–imperialismo soviético [26]. Argelia , a través de su mandatario H. Boumedienne, explicitó
en Argel su caracterización del “no alineamiento”. Conforme a la visión
argelina, el mundo tiene como principal conflicto al económico – social que
confronta a los países del Tercer Mundo (hemisferio Sur ), con los países
industrializados (hemisferio Norte), cualquiera sea el signo ideológico de
éstos. La lectura argelina del “no alineamiento” considera que la
pugna por un NOEI confronta al mundo subdesarrollado (Tercer Mundo) con el orbe
desarrollado (1ero y 2do Mundo) [27].
Los países del Caribe anglófono, tienen otra visión del “no
alineamiento”, ya que dan prioridad a sus vínculos con el Reino Unido dentro
del Commonwealth y no la a política de descolonización de enclaves imperiales
como Malvinas [28]. El gobierno argentino del Presidente Alfonsín, definió a la
Argentina como país occidental, “no alineado” y en vías de desarrollo. La
política exterior se define por su pertenencia a “occidente”, a través del
respeto al régimen de propiedad privada, garantizado por su Carta Magna; por la
observancia de la democracia pluralista; por su condición de país del Tercer
Mundo (en vías de desarrollo) ; y por
el “no alineamiento”, que consiste en reivindicar su propia lectura del
sistema internacional y obrar en resguardo del interés del país, dentro de los
parámetros del capitalismo, la
democracia y los compromisos de seguridad asumidos a nivel hemisférico [29]. Los ejemplos citados abonan la tesis de que no existe una
noción unívoca del “no alineamiento”, sino muchas exégesis. 1.3.3. No Alineamiento y Tercera Posición La “Tercera Posición” fue enunciada por el Presidente Perón
(1946) y consistió en una política exterior que pretendía guardar relativa
equidistancia respecto de las superpotencias y de sus respectivos esquemas de
seguridad colectivos. Asimismo, pretendía convertirse en una tercera fuerza en los asuntos
internacionales que atañían a la República Argentina [30]. Los gobiernos
justicialistas establecieron relaciones diplomáticas con la URSS (1946),
incorporaron al país como miembro pleno en el MONOAL (1973), suscribieron
acuerdos de cooperación comercial con países de Europa del Este y con Cuba
(1974). Sin embargo, esta visión “desideologizada” de la relaciones internacionales reconocía las
líneas de borde estipuladas por la potencia hegemónica a nivel hemisférico
(EUA), ya que el gobierno argentino aprueba el TIAR (1950), primer pacto
militar de la guerra fría, que vincula a los ejércitos de América Latina con el
de EUA, dentro del marco de su política de contención del comunismo en el
hemisferio americano. El Presidente Perón repetía: “en el mundo somos
occidentales y en América argentinos”, con lo cual dejaba en claro el alcance
del autonomismo argentino. Las disimilitudes entre el
“no alineamiento” de los “padres fundadores” y el discurso y praxis
justicialista de la “Tercera Posición” son, a juicio nuestro, las que siguen:
mientras que el MONOAL rechaza los esquemas de seguridad colectivos, la
“Tercera Posición” se inscribe dentro del TIAR (sin perjuicio de que el
gobierno del Presidente Perón no suscribe y/o aprueba convenios de asistencia
militar con EUA, para otorgarle operatividad al TIAR). El anti-occidentalismo de los países afroasiáticos
se diluye dentro del “realismo periférico” de la Tercera Posición que admite
las líneas de borde, estipuladas por la superpotencia de su zona de influencia
(no es ésta, la situación de países de Africa, Medio Oriente o Asia, que se
encuentran ubicados en áreas geográficas que disputan EUA-URSS ). El Presidente Perón durante
su primera etapa de gestión gubernamental (1946/55), implementa Acuerdos de
Complementación Económico-Comercial con Chile, Paraguay, Bolivia y Ecuador, a
pesar de que no pudo concretar su proyecto del ABC, alianza estratégica,
asentada en el eje Buenos Aires- Río de Janeiro- Santiago de Chile. Argentina;
no adherirá al FMI y tampoco al BM y al Acuerdo General de Tarifas y Comercio
(GATT). El anticolonialismo ortodoxo del MONOAL, se morigera en el
discurso justicialista ya que las reivindicaciones anticoloniales, si bien
criticas respecto del colonialismo extra – hemisférico (v.g. Guayanas y
Malvinas), se detienen a las puertas del colonialismo intra – hemisférico (EUA
y su rol en el Canal de Panamá , Guantánamo y Puerto Rico) [31]. A diferencia del “neutralismo positivo” del “no alineamiento”, que procura evitar la
tercera guerra mundial, la “Tercera Posición” cree en su inevitabilidad. La
neutralidad argentina durante las dos grandes guerras del siglo XX, se sitúa
dentro del modelo suizo de neutralidad, ya que la neutralidad le permite
comerciar y mantener relaciones con todos los Estados beligerantes. El MONOAL (1era.etapa) hace hincapié en la distensión
militar y en el discurso anticolonial, mientras que la “Tercera Posición
Justicialista”, enfatiza la temática económico-social y la formación de
espacios de integración continental, a partir del acuerdo Argentina – Brasil –
Chile (ABC) [32]. La temática económico-social
recién tiñe el discurso del MONOAL, a partir de la Cumbre de Argel
(1973). La “autonomía secesionista” de los padres fundadores
del MONOAL, no armoniza con la “autonomía heterodoxa” del discurso
justicialista; autonomía dentro del
bloque pero no respecto de él (independencia en los aspectos económico-sociales y políticos, pero no en los militares) [33].
La gran similitud que encontramos, al margen de las
diferencias de percepción, entre el discurso del MONOAL y el de la “Tercera Posición
Justicialista”, es que, en ambos casos, se formula una visión propia –VISION
SUR- del sistema internacional, conforme al interés de países periféricos en un
escenario de guerra fría y con una presencia distinta, por parte de la primera
potencia mundial, según la Región de que se trate (en América Latina EUA
mandaba en forma irrefutable). 1.3.4. Logros y limitaciones A pesar de la importancia
relativa que cobró el MONOAL dentro del sistema internacional, es conveniente
señalar también sus limitaciones. Los 21 países miembros del MONOAL de la Cumbre (Belgrado
, 1961), ascendieron a 104 en la VIII Cumbre (Nueva Delhi , 1983), deviniendo
“un grupo de presión” dentro del sistema de Naciones Unidas ya que la eclosión
descolonizadora y el acceso de los países emancipados a su Asamblea General,
produjo una modificación en su agenda
de trabajo controlada, desde entonces, por la mayoría automática constituida
por los países del Tercer Mundo, apoyados por los países socialistas [34]. El
cambio en las temáticas y en el contenido de las Resoluciones de la Asamblea
General, originó una normativa internacional (soft law) que -si bien carece de
coactividad- no deja de cumplir un rol
doctrinario. Los países del Tercer Mundo ya no actuaban como recipiendarios
de las ideas, normas y principios de los países del mundo desarrollado sino que
contribuían, a través de su propia visión de los asuntos internacionales, a
crear normas, ideas y principios. La influencia ejercida por los países del Tercer Mundo,
el MONOAL y el Grupo de los 77 se detuvo, en la antesala de los Organismos
especializados del sistema de Naciones Unidas (FMI, BM-GATT), que continuaron
administrándose de acuerdo con los criterios y pautas de los países con voto
ponderado (EUA, Reino Unido, Francia, Japón, etc.). Las representaciones diplomáticas de los países miembro
del MONOAL, tuvieron un comportamiento esquizofrénico, ya que fueron críticos
respecto de las iniquidades del sistema internacional, en la medida que éste no
tomaba en cuenta sus reivindicaciones, o mejor dicho de los grupos hegemónicos de sus respectivos países, pero nada
dijeron respecto de las causas domésticas de las iniquidades sociales. Así fue
que las causas de todos los males se endosaron a los países (o a sus grupos
hegemónicos) desarrollados. Los grupos hegemónicos de los países del MONOAL, pugnaron
hasta la fecha y durante el periodo objeto de estudio, por modificar la
estructura de poder internacional dejando intocadas las injustas estructuras
domésticas de dominación. Sus reclamos y orientaciones fueron la defensa de los
precios de las materias primas, creación de cartels de países exportadores de
un mismo commodity, fondo de reservas para evitar la desvalorización de la producción
primaria pero, salvo excepciones, no emprendieron transformaciones
estructurales domésticas a nivel político y económico – social para alcanzar
niveles de justicia social. La percepción internacional de los grupos hegemónicos de
los países del MONOAL, no registró -o no quiso registrar- que un país es
autónomo internacionalmente no por su discurso contestatario, respecto de una
potencia o superpotencia, sino por su relevancia o actuación dentro del sistema
internacional. La inserción de un país periférico se caracteriza por la
manera en que su producción se relaciona con la economía internacional. Un país
monoproductor y monoexportador -de determinada materia prima- padece una
inserción pasiva o reactiva. Un país que diversifica y moderniza su actividad económica y su comercio
internacional, disfruta de una conexión activa con el mercado mundial. No siempre coinciden la “autonomía” y la “conexión activa” dentro del sistema mundial
ya que un país aparentemente “autónomo” (México), carece de independencia
efectiva, para asumir un comportamiento activo, dado que la mayor parte de la
inversión extranjera directa y de su comercio internacional tiene su origen y es con grupos económicos
domésticos de EUA. Otros, quizás no asuman conductas “tácticamente”
contestatarias (Japón), respecto del hegemón pero -a través de la
diversificación de su estructura productiva y de su vinculación con el mercado
mundial- operan activamente con sentido transformador, a pesar de su “aparente
disciplina diplomática”. Las tipologías señaladas son casos extremos, dentro de los que
hallamos matices, ya que algunos países del Tercer Mundo (miembros plenos o no
del MONOAL) combinaron -según las circunstancias y posibilidades autonómicas y
enmarcados en las líneas de borde estipuladas por la potencia hegemónica-, el
discurso diplomático autonómico con la
conexión relativamente activa (Brasil, India, etc. ).
Hay ejemplos de países que, sin haber diversificado su estructura productiva
(Cuba), aprovecharon intersticios del sistema internacional, a partir de
relaciones con una potencia extra- bloque,
que les posibilitó detentar alguna capacidad de maniobra a nivel
internacional. Sin embargo, dicha capacidad de maniobra, (Cuba respecto de
EUA), deriva menos del poder propio del país (modelo japonés) que de un contra
poder o poder prestado, que le provee asistencia para resistir la
confrontación. Yugoslavia, es un caso análogo a Cuba dentro del bloque
soviético. Su capacidad de maniobra deriva del liderazgo de Tito (como de
Castro, en el caso cubano) y del apoyo del occidente capitalista. 2. Política exterior argentina (PEA) 2.1.PEA global (1973/1983)
La crisis de 1930 sacudió a la República Argentina ya que durante medio
siglo había experimentado un sostenido crecimiento, basado en las ventajas
comparativas de la producción agraria de la pampa húmeda, que asoció a sus
sectores dominantes con grupos económicos y políticos del Reino Unido y de
otros países de Europa Occidental. La antedicha crisis contribuyó a reordenar
las relaciones internacionales, debilitando la influencia británica y
vulnerando la “sociedad anglo–argentina”, en desmedro del sector agrario
argentino. Coincidentemente con la crisis, Argentina inició una etapa
caracterizada por su inestabilidad institucional y la discontinuidad de su
relaciones exteriores, ya que el agotamiento de la renta de los sectores
agrarios implicaba el deterioro del proceso de acumulación y crecimiento
inaugurado en 1880. Los
recurrentes golpes militares agudizaron la erraticidad de la PEA. A partir de mediados de los ’60 (siglo XX),
hay que añadir a aquélla, una percepción parroquial del mundo, por parte de sus
grupos dominantes, que aisló al país del contexto internacional y de sus
problemas más importantes. La aludida
percepción abrevó en perspectivas geopolíticas que sustantivaron cuestiones de carácter territorial y de
seguridad doméstica. El retorno del justicialismo al gobierno (1973), implicó la
diversificación de las relaciones exteriores al ampliarse el espectro de las
vinculaciones con países de economía socialista y la incorporación del país
como miembro pleno al MONOAL [35]. El Presidente Perón pretendió conformar -a
nivel doméstico- un bloque de poder, sobre la alianza Confederación General de
Trabajo (CGT)- Confederación General Económica (CGE) que, a través de la
diversificación productiva, vinculara al país con la totalidad de los países
del mundo, sin respetar “las fronteras ideológicas”. Como en otras experiencias gubernamentales anteriores y
tal como acaece en países periféricos, el Ministerio de Economía se convirtió
en una fuente de formulación y ejecución de la políticas que vincularon al país con el mundo,
mientras que el MRREE, muchas veces, operó dentro del escenario que creó aquél. Las negociaciones económico - comerciales con la URSS y
la firma de convenios bilaterales con otros países socialistas, implicaron una
tentativa de universalizacion de las relaciones exteriores de la Argentina y el ensanchamiento de su
escenario de actuación [36]. El Ministro de Economía (Gelbard), representante de la
CGE, entidad que reúne a pequeñas y medianas empresas, contribuyó a incrementar
el espacio económico y político en el que podía y debía actuar el MRREE. En el
caso de la URSS, la vinculación estaba dada por la exportación de commodities
agrarios argentinos. Las contradicciones existentes en el interior del
Movimiento Justicialista, el fallecimiento del Presidente Perón, el deterioro
de la alianza CGE-CGT y el retiro de
Gelbard, precipitaron la crisis del gobierno. Las represas del Alto Paraná; Antártida; y Malvinas se
transformaron en dominantes, cuando no excluyentes, en la agenda del MRREE,
desvinculando al país de las tendencias por las que discurría el sistema
internacional [37]. La gestión exterior peronista coincidió con una etapa
de distensión a nivel internacional global y de críticas al sistema
interamericano, instituido en la segunda posguerra. En la 3a. Asamblea General de la Organización de
Estados Americanos (OEA), se
presentaron propuestas para modificar las relaciones interamericanas y se incluyó la temática del pluralismo
ideológico, como presupuesto de la solidaridad hemisférica. En la X Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA - Caracas
1973), Perú y Argentina reivindicaron la necesidad de reformular las bases del
TIAR, concediendo espacio a la temática de la seguridad económica intra –
hemisférica, dado que los países de América Latina se veían, sometidos a
coerciones de carácter económico [38]. Este nuevo clima de ideas (coexistencia y pluralismo ideológico)
vigente a nivel internacional, no pudo efectivizarse a pesar de
suscribirse el proyecto de Protocolo de
Reformas al TIAR o, anteriormente (Tlatelolco 1974), cuando EUA inauguró
respecto de América Latina el denominado “Nuevo Diálogo”. Respecto de América Latina , el gobierno argentino
suscribió el Tratado de Montevideo, con la República Oriental del Uruguay, que puso fin al diferendo sobre
el Río de la Plata y dejó expedito el camino para iniciar la construcción de la
represa binacional de Salto Grande y acordar en ALADI, un acuerdo de alcance
parcial de complementación económico – comercial . El gobierno justicialista adhirió al Sistema Económico
Latinoamericano (SELA) y a la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE). El ente oficial de hidrocarburos firmó convenios de
cooperación horizontal, con sus homólogos de Perú , Uruguay , Bolivia y Ecuador
[39]. Con Brasil hubo una primera etapa de
contenciosidad, relacionada con las
represas del Alto Paraná y luego una deserción en la disputa , por parte de
argentina , a través del retiro del
embajador acreditado en Brasilia. La institucionalización de los militares en el poder
(1976) trató de recrear el “paraíso perdido en 1930” para garantizar una era de
acumulación y crecimiento, que reinsertase al país en el mundo . Así fue que se
utilizaron el terrorismo de Estado y la apertura de la economía para exterminar
al Bloque de Poder (Pymes – Sindicatos), creado dentro del marco de la
“política de industrialización sustitutiva fácil”. La Argentina contrajo una abultada deuda a través de
créditos otorgados por la banca privada a tasa de interés variable . El
endeudamiento tuvo como destino fines especulativos , fuga de capitales , adquisición
de armamentos y financiamiento del déficit de las empresas publicas . El gobierno militar no efectuó inversiones que
fortaleciesen y saneasen la economía del país, posibilitando una inserción
activa dentro del mercado internacional . La apertura de la economía , la reforma
financiera y el endeudamiento, debilitaron al bloque popular y agudizaron la
crisis del sector publico [40]. Las consecuencias dicha política fueron el surgimiento
y consolidación de grupos económicos concentrados que diversificaron sus actividades [41]y endosaron al Estado el endeudamiento
que habían contraído en el extranjero. El gobierno militar creyó
hallarse inmerso en una “ tercera guerra mundial” . Dicha guerra se
desarrollaba en el interior de la sociedad y a vanguardia militar de dicha
lucha estaba representada por las fuerzas armadas, defensoras del modo de vida
tradicional [42]. El mundo era un campo de combate , permanente y
encubierto , entre las fuerzas del mundo libre y las del marxismo internacional. El gobierno militar mantuvo (a partir de Enero
1977), un desencuentro diplomático con la administración Carter, respecto del
tema derechos humanos , sin perjuicio de que el elenco civil , que controlaba
el Ministerio de Economía, estableciera una estrecha vinculación con sectores
del capital financiero privado de EUA
[43].
La temática de los derechos humanos tiñó, casi toda la gestión militar,
provocando una conducta reactiva respecto de las criticas emitidas por
gobiernos y sectores de la opinión publica de
EUA y de Europa Occidental. En una primera etapa, las temática geopolítica y
de seguridad interna dominaron su problemática internacional. El Beagle, el
archipiélago de las Malvinas, las represas del alto Paraná y la Antártida,
fueron temas prioritarios. A partir de 1979/80 , las prioridades de la política exterior
fueron, además del tema derechos humanos , cuestiones de seguridad
continental (v.g. Bolivia, Nicaragua ,
El Salvador) e internacional ( Medio
Oriente). Solucionada la disputa con Brasil (Acuerdo Tripartito en el que
también participó Paraguay , Octubre 1979) ,eliminado el “enemigo interior” y
postergado el conflicto del Beagle con Chile; el gobierno militar estimó que la
administración Cárter era débil e impotente para contener el comunismo en el
continente y para defender los valores del occidente capitalista . Una manera
de contribuir a la defensa de dichos valores, era asumir responsabilidades
directas a nivel continental (América Latina) [44]. En la Xlll Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA),
celebrada en Bogotá, Noviembre 1979, el gobierno de las Fuerzas Armadas, expuso
su plan de seguridad latinoamericano, para contener el marxismo internacional.
Las bases doctrinarias que sustentaron el plan, perseguían el objetivo de
romper el aislamiento diplomático
argentino , en base a una activa y solidaria acción internacional, con
regímenes de igual o parecido signo ideológico (Sudáfrica , Israel, Paraguay ,
Uruguay, Chile , etc.). En 1979 , se produjeron dos hechos significativos
en América Central . La caída de la dinastía somocista y el golpe cívico militar en El Salvador, que
derrocó a la dictadura de Carlos Humberto Romero. América Latina exhibía -para esa época-, desde la
perspectiva de los sectores hegemónicos de EUA, el siguiente panorama : el Cono
Sur , bajo control de sectores locales ultraconservadores ; el Pacto Andino,
operando como actor contestatario respecto de EUA (evocar XVII Reunión de
Consulta) ; por ultimo, Centroamérica – Caribe involucrada en una situación de
conmoción social y de transformaciones, que vulneraban la hegemonía
estadounidense , en Nicaragua , El Salvador, Grenada y Panamá [45]. En este contexto, se percibe una reorientación en la
política exterior de EUA respecto de América Latina. En los años 1979/80, se
desvaneció la política de la administración Carter en materia de derechos
humanos y prosperó la nueva derecha estadounidense. El discurso
ideológico del gobierno militar no fue óbice para que, durante su gestión,
cobrara importancia el nivel de exportaciones respecto de la URSS. Cuando la
administración Carter decretó el boicot cerealero a la superpotencia
colectivista, en ocasión de la invasión militar que éste país protagonizara en
Afganistán, el gobierno argentino no adhirió al mismo.
El triunfo electoral de la derecha republicana , que accedió al gobierno
de EUA (Enero 1981), significó un cambio de política respecto de la temática de
los derechos humanos, en modo especial
respecto de América Latina [46]. La llamada “discreción diplomática” sería, desde
entonces, la norma del Departamento de Estado en sus planteos a los gobiernos
autoritarios de América Latina. La Argentina militar , a pesar de su superávit
comercial con la URSS , no quiso obtener de este país equipamiento industrial y
asistencia tecnológica, adecuados a los intereses y necesidades del país. En esa época (1980/81), uno de los temas que preocupó
a la élite empresarial – militar argentino, fue la reestructuración industrial
de los países capitalistas desarrollados. Se consideró que, si el gobierno
recomponía su relación con EUA, podía convertirse en uno de los usufructuarios
del “redespliegue industrial”, orientado hacia países del Tercer Mundo, que
actuasen como aliados de los países capitalistas desarrollados. Se evocaba
la relación que las autoridades
brasileñas establecieron en los ´40, con el gobierno de Franklin D. Roosevelt .
Según esta visión, Argentina, no obstante su rol protagónico en 3ra . guerra
mundial, fue incomprendida y reprendida por la administración Carter . Sin
embargo, EUA se encontraba en una encrucijada ya que el marxismo internacional
continuaba su avance en América Central
y el Caribe. Si sectores del Congreso y de la opinión pública
de EUA se mostraban renuentes a
intervenciones militares, con fuerza propia , en la zona antedicha, debido al
“síndrome de Vietnam”, la Argentina podía subrogarlo, enviando sus fuerzas
armadas a la zona centroamericana , con el fin de contener el avance marxista. La cúpula militar se impuso como meta de la política
exterior de la República Argentina, recomponer el vínculo con EUA y establecer una relación especial con
dicho país, para convertirse en una aliada preferencial . La actitud
contestataria del Pacto Andino, respecto de América Central en la XVII Reunión
de Consulta del Organo Interamericano y “el pragmatismo responsable” del
Itamaraty [47], dejaban a la República
Argentina en el papel de aliada incondicional de los intereses
estratégicos de EUA en América Latina. Las condiciones para la alianza estaban dadas. Las
Fuerzas Armadas argentinas asumirían tareas de contrainsurgencia en América
Central, dentro del contexto de la nueva doctrina de la intervención
(conflictos de baja intensidad) [48] y el gobierno republicano las
recompensaría, estimulando las radicaciones de capital estadounidense en actividades
económicas argentinas. Además, respaldaría la recuperación de las Islas
Malvinas , Georgias del Sur y Sandwich del Sur . Dicha recuperación, pretendía legitimar a nivel doméstico, al
gobierno de las Fuerzas Armadas y ceder el nombrado archipiélago al gobierno de
los EUA como base militar (viaje del
general Galtieri a EUA, donde recibe respaldo político) [49]. La situación América Central se complicaba para el
gobierno de EUA, que no estaba dispuesto a convivir con las nuevas realidades
de su patio trasero . Así fue que coordinó con el gobierno argentino el
denominado “Plan Charlie” [50]. A fines de 1981, coincidiendo con su retorno de EUA ,
donde había participado en las deliberaciones de la XIV CEA , el general
Galtieri , desplazó de la Presidencia de la República al general Viola y nombró
al Dr. Costa Méndez, en la cartera de Relaciones Exteriores. El flamante Canciller emitió (Enero 1982) declaraciones
respecto del carácter “occidental y alineado del gobierno de las Fuerzas
Armadas”. Consideraba inexplicable la pertenencia al MONOAL y por ello, había
llegado el momento de abandonar “las zonas grises de la política exterior
argentina” [51]. En el marco conceptual del Dr. Costa Méndez, sólo tenía cabida
el conflicto Este – Oeste y la República Argentina debía alinearse detrás de la
defensa de los intereses y valores del mundo occidental.
El papel de vicario militar de EUA en América Central , el retiro del
MONOAL y la recuperación de Malvinas, constituían los primeros pasos del
itinerario que reinsertarse al país en Occidente. Los sucesos acaecidos con
motivo de la fallida recuperación de Malvinas y la reacción de EUA, Europa
Occidental , Japón y la OTAN, no dejaron dudas respecto de la falaz y obsoleta
visión del grupo militar – empresarial, que abrigó dicha “fantasía
retrospectiva”. Luego de la Guerra de Malvinas y como derivación de la derrota, se
produjo un cambio en la orientación de la política exterior argentina, a través
de un discurso y praxis “latinoamericanista”, “tercermundista” y
“anti-occidental”. 2.2. Argentina en MONOAL La República Argentina se incorporó en carácter de observador (con
voz y sin voto) en la II Cumbre de El Cairo (1964). El ingreso como miembro
pleno (con voz y voto) en el MONOAL data de 1973, por decisión del gobierno
justicialista. La primera participación del gobierno argentino (como
miembro pleno), tuvo lugar en la Cumbre de Argel, donde el gobierno
justicialista envió una delegación co -presidida por el entonces Ministro de
Bienestar Social (José López Rega) y por el Ministerio de Relaciones Exteriores
(Juan Carlos Vignes). El propósito de la participación, fue lograr la
inclusión de temas como el del archipiélago de Malvinas y las represas del Alto Paraná; los usos pacíficos de la
energía nuclear; así como evitar la discusión de proyectos de Resolución,
tendientes a declarar a la Antártida “patrimonio común de la humanidad” [52]. A través del discurso remitido por el Presidente Perón
(leído por López Rega), se presentó a la “Tercera Posición Justicialista”, como
antecedente del “no alineamiento”. El ingreso argentino, coincidió con el “boom energético” de los
países exportadores de petróleo, así como con el rol predominante de los países
árabes que acumularon capitales, como consecuencia del incremento de la
cotización del barril de petróleo. Dicha época coincidía con la derrota de EUA en Vietnam y con las tentativas de los países del Tercer
Mundo de instaurar un NOEI, que descansase en políticas de cooperación y no de
poder. Los grupos hegemónicos del MONOAL, lo constituían el
africano -con sus reivindicaciones en contra del apartheid (Sudáfrica) y el
colonialismo (Namibia)- ; y el árabe que reivindicaba la lucha contra el
“sionismo” (al que consideraban una especie, dentro del género racismo) y el
derecho del pueblo palestino a organizarse estatalmente [53]. El gobierno argentino, si bien mejoró las relaciones con
el mundo árabe (misión López a Libia), no modificó su vinculación diplomática
con el régimen racista sudafricano. La preocupación por la temática económica y el giro a la
izquierda, fueron las dos tendencias predominantes en el MONOAL, de mediados de
los ´70. Dichas tendencias se afirmaron en la reunión de
Ministros de Relaciones Exteriores (Lima, 1975), en un contexto internacional
de distensión entre las superpotencias,
retomándose la temática del NOEI, como instrumento orientado a fortalecer la
solidaridad de los miembros del MONOAL. En esta reunión, la República Argentina
logró la inclusión del tema Malvinas en la agenda de trabajo, fortaleciendo su
posición en el Comité de Descolonización y en la Asamblea General de Naciones
Unidas. La Resolución del MONOAL, respaldó los derechos soberanos argentinos y
precedió al mayoritario apoyo que sus miembros brindaron a la Argentina, en las
votaciones que se llevaron a cabo en la Asamblea General de la ONU . Dicho
apoyo no fue óbice para que el gobierno argentino formulara reservas a una
serie de temáticas prioritarias para el bloque árabe (ingreso de la
Organización de Liberación de Palestina-OLP- como miembro pleno y considerar al
“sionismo” como una nueva forma de racismo). La Argentina , con el propósito de
fortalecer el Grupo Latinoamericano (GRULA) dentro del MONOAL , respaldó el
ingreso de Ecuador, Panamá , Colombia , Venezuela y México con suerte
variada [54]. El escenario internacional caracterizado
por los acuerdos de distensión de Helsinki (1975); el “retiro del hombre
blanco” del sudeste asiático; la disgregación de la política colonial
portuguesa en Africa negra; y el injusto orden internacional,
profundizaron el interés del MONOAL por posturas radicales (reclamo del NOEI,
declaraciones condenatorias de las políticas de EUA e Israel en Medio Oriente,
etc.).
Hasta el derrocamiento del gobierno justicialista de María Estela Martínez de Perón, a través del golpe
militar de 1976, la Argentina mantuvo inalterada su postura de apoyo al MONOAL,
aún cuando se plantearon reservas en temas importantes. La institucionalización de las Fuerzas Armadas en el
gobierno, provocó un alineamiento externo que reivindicó la pertenencia del
país al mundo occidental . Sin embargo, el gobierno militar decidió permanecer
en el MONOAL. El aislamiento del gobierno militar de la Argentina,
respecto de los gobiernos de los países capitalistas desarrollados, por su
política en materia de derechos humanos , lo llevó a permanecer en el
Movimiento, para garantizar el apoyo numérico de sus países miembros en las
votaciones de Naciones Unidas respecto de Malvinas. Una delegación poco representativa y demostrativa del
bajo perfil del país, concurre a la V Cumbre de Colombo (Sri Lanka, 1976) [55]
. La Conferencia se efectúa en un contexto, en el que se están gestando
transformaciones en determinados países industrializados de economía de
mercado, que son ignoradas por el MONOAL. Cuando se
examinaron y votaron las cuestiones de Palestina , Sudáfrica , Chipre , Corea y
desmilitarización del Indico , salvo en éste último punto, la delegación
argentina opuso reservas a todas ellas [56]. La VI Cumbre (La Habana, 1979) agudizó el proceso de
radicalización del MONOAL y la brecha ideológica entre el discurso monoalista y
la postura del gobierno militar. El Ministerio de RREE argentino, hizo saber al
gobierno de Cuba ,encargado de la Presidencia del Movimiento, que la Declaración
Final de la Cumbre resultaba inaceptable para nuestro país, por su ideología
marxista y su parcialidad política . En dicha Reunión, la delegación argentina
formuló reservas a la mayoría de las Resoluciones que se votaron, entre las que
se encuentran las relacionadas con las temáticas Puerto Rico, Chile, Guantánamo , Sudáfrica , “sionismo” ,
Nicaragua , etc. [57] Dichos contenciosos condujeron al Ministro de RREE
argentino (Costa Méndez)a presentar un memorándum para que funcionarios de la
Cancillería analizaran el retiro del MONOAL (Enero 1982). El conflicto de Malvinas , archivó el asunto y reorientó
la postura del gobierno argentino dentro del Movimiento, debido al apoyo que
recibió en la Reunión del Buró de Coordinación (La Habana , Junio 2/5, 1982).
El gobierno militar, varió el discurso y la praxis dentro del MONOAL y éste se
transformó en un pilar de su política exterior, como recipiendario y portavoz
de sus reclamos sobre Malvinas. La “malvinizacion” de la política exterior
explica que la delegación que concurrió a la VII Cumbre (Nueva Delhi, 1983),
fuese la más importante de todas las que participaron, desde su ingreso al
Movimiento (encabezada por el Presidente de la República: el general Bignone).
El costo político que pagó el gobierno argentino para obtener respaldo
diplomático para la reivindicación malvinense fue gravoso: condenó el
apartheid, la política israelí en Oriente Medio y el papel desempeñado por
Sudáfrica en Namibia; además, se pronunció a favor de la creación del Estado
Palestino . Por otra parte, instó a que se buscase una solución política al
problema afgano y caracterizó a la cuestión centroamericana como producto de la
crisis económica y social que experimentaba el área [58]. 2.3. Actuación argentina en MONOAL
respecto a temática especificas 2.3.1. Descolonización: para la República Argentina la temática descolonizadora tiene
particularidades propias de la realidad latinoamericana, que la distinguen de las que asume en países
de Asia y de Africa Negra . Para los países de América
Latina, no sólo para Argentina, la problemática descolonizadora estuvo
vinculada a cuestiones de reivindicaciones soberanas de orden territorial
(Malvinas para Argentina , Guyana Esequibo para Venezuela, Belice para
Guatemala, el Canal de Panamá , etc.). Salvo el caso del Canal de Panamá, las
posturas argentinas no reivindicaron los reclamos de soberanía de orden
territorial, que colisionaban con EUA,
como Guantánamo y Puerto Rico. La problemática descolonizadora de
países y pueblos de Asia y Africa tiene
connotaciones diferentes de las de América Latina -y de Argentina en
particular- , ya que concentran su atención en las acciones de los Movimientos
de Liberación, que intentan romper los lazos de dominación colonial con los
imperialismos de turno [59]. La República Argentina, dentro de la problemática
descolonizadora, dio prioridad al tema Malvinas. Desde su ingreso, planteó el reclamo sobre las Islas
. En Argel se propuso, infructuosamente, incluir un parágrafo sobre la
cuestión, en un documento sobre neocolonialismo, debido a la oposición de las
delegaciones de Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago, que manifestaron que no estaban dispuestas a aceptarlo.
La V Reunión de Ministros de RREE -efectuada en Lima (1975)- aprobó por consenso una Declaración apoyando
la postura argentina, reivindicando su soberanía sobre las Islas Malvinas . La
Declaración apoyó “el justo reclamo de la República Argentina”, instando al
gobierno del Reino Unido a proseguir las negociaciones “con el objeto de
restituir dicho territorio a la soberanía argentina y poner fin a esa situación
ilegal”. La Declaración diferencia la situación de las Malvinas y el principio de autodeterminación de los pueblos no aplicable, en este caso,
debido a que la población de Malvinas (los kelpers), constituye población transplantada
por la potencia colonialista, una vez expulsada la nativa. En las
sucesivas reuniones, las delegaciones argentinas obtuvieron la reiteración del
apoyo al reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas , “a fortiori” durante y
después de la guerra desatada en el Atlántico Sur. 2.3.2. Racismo: la lucha
contra el racismo, en cualquiera de sus manifestaciones, fue uno de los
objetivos prioritarios del MONOAL a instancias de las gestiones efectuadas por
el grupo árabe y por el africano. Las temáticas anticolonialistas y antirracistas se
encuentran imbricadas, en los casos de Palestina, Sudáfrica y Namibia. La OLP,
considerada legitima representante del pueblo palestino por el Movimiento,
pugnó por la constitución del Estado Palestino y por la reprobación de la
política instrumentada por Israel, en detrimento de las poblaciones de los
territorios Árabes ocupados y respecto de los palestinos. Dicha política,
aplicada de manera coactiva y sistemática por los israelíes , fue calificada de
“sionista”. La lucha anticolonialista y antirracista de la SWAPO
(Movimiento de Liberación Namibio) y del Congreso Nacional Africano (Movimiento
de Liberación Sudafricano), en contra del régimen racista de Pretoria fue una
de las constantes del MONOAL, en el periodo 1973/83. La República Argentina , a través del gobierno
justicialista solicitó el ingreso, como miembro pleno , (Agosto 9, 1973) ,
mediante nota dirigida al representante de Zambia , quien actuaba como
coordinador del Movimiento . Dicha solicitud , tuvo un tramite accidentado dado
que varios gobiernos de países africanos objetaron el ingreso por las
relaciones que mantenía con el régimen racista sudafricano . La actitud
constructiva de los Ministros de RREE de Tanzania y Zambia, logró superar la dificultad ya que únicamente Ghana
mantuvo una postura critica respecto de la participación argentina , por las
razones apuntadas [60] . A pesar de que el grupo afroarabe hegemonizaba el MONOAL, la Argentina, durante el periodo 1973/83 , no efectuó
concesiones respecto de las reivindicaciones de aquéllos , ya que opuso
reservas a las Declaraciones sobre Oriente Medio , por considerarlas
incompatibles con las Resoluciones de la Asamblea General de Naciones Unidas .
Durante la gestión militar, Argentina, mantuvo una actitud de oposición
en las temáticas referentes a caracterizar al “sionismo”, como una peculiar
manifestación de racismo ;en las que aprobaban el recurso a la lucha armada,
por parte de los Movimientos de Liberación que pugnaban por organizarse
estatalmente ; por el reconocimiento de la personería político – diplomática de
los Movimientos de Liberación ; en las que incluían la mención de países
industrializados de economía de mercado , implicados en el sostenimiento del
régimen sudafricano ; y en las referidas al status de territorios bajo
dominación extranjera, no incluidos en la agenda del Consejo de Administración
Fiduciaria del Comité Especial sobre Descolonización de Naciones Unidas [61] . Las relaciones del gobierno militar con Sudáfrica e
Israel fueron cordiales , especialmente en el ámbito de la cooperación militar
. Con el gobierno de Sudáfrica se mantuvieron excelentes relaciones antes ,
durante y después de la guerra Malvinas , a tal punto que se esbozó la
constitución del eje naval – militar
Pretoria – Buenos Aires , con participación de países con intereses en el
Atlántico Sur. El gobierno militar brasileño (dados sus intereses económico –
comerciales con países de Africa negra) y el conflicto del Beagle con Chile,
desbarataron dicho proyecto [62]. 2.3.3. Bases militares y zonas de tensión: estos
problemas constituyeron preocupación permanente del MONOAL, dado que conspiran
contra principios y propósitos que hacen a la sustancia de su funcionamiento ,
tales como la coexistencia pacifica , indivisibilidad de la paz y la seguridad
; no injerencia y no intervención en los asuntos internos de otros países ;
libertad de todos los Estados para determinar sus sistemas políticos y realizar
su desarrollo económico , social y cultural sin intimidaciones , obstáculos ni
presiones ; oposición a la división del mundo en alianzas, a los bloques político – militares antagónicos y
rechazo de doctrinas tales como “esferas de influencia” y “equilibrio del
terror” ; arreglo pacifico de las controversias ; derecho de todos los pueblos
sometidos a la dominación colonial y extranjera, a la libre determinación e
independencia y apoyo constante a la lucha de los Movimientos de Liberación
Nacional , etc. La cuestión de las bases militares en colonias ,
territorios no autónomos o Estados sometidos a algún tipo de vinculación
neocolonial, fue estimado por el Movimiento, como obstáculo al cumplimiento de
la Resolución 1514 (XV), sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos
coloniales .
La actitud argentina respecto de las bases militares localizadas en
Guantánamo , Puerto Rico y Panamá fue de desinterés , quizás porque la
reprobación implicaba a la potencia hemisférica. Respecto de la problemática de las zonas de tensión , durante la
gestión justicialista, la Argentina, contribuyó con su voto a condenar la
expansión militar de la base anglonorteamericana en la isla Diego García [63] . El régimen militar se despreocupó por esta
problemática hasta la crisis de Malvinas, que reafirmó la presencia colonial
británica en el Atlántico Sur, mediante la instalación de una base militar ,
con el silencio cómplice de los demás países miembros de la OTAN . El gobierno militar mantuvo un conflicto con las
posiciones del MONOAL ya que consideró a los Movimientos de Liberación del
Tercer Mundo, que pugnaban por el acceso a la independencia o por el
quebrantamiento de los lazos de dominación neocolonial, -especialmente a los
que actuaban en países de América Latina-, como consecuencia de la política
expansionista soviético – cubana, en desmedro del mundo libre. La perspectiva de guerra fría, a pesar de su permanencia
en el Movimiento, lo condujo a adoptar actitudes antitercermundistas, alineadas
y de espaldas a América Latina, hasta el conflicto de Malvinas. Dicha
percepción, llevó al gobierno a inmiscuirse en “políticas de contención del
comunismo” en América Central y Bolivia, así como a intentar involucrarse en la
fuerza internacional que debía constituirse (fuera del ámbito de Naciones
Unidas), como consecuencia de la celebración de los acuerdos de Camp David y
del Tratado de Paz (1979), entre Egipto e Israel [64]. La guerra del Atlántico Sur modificó la estrategia, buscando
respaldo en el MONOAL y en América Latina contra las políticas implementadas
por el Reino Unido, EUA y la CEE. 2.3.4. Desarme: la Argentina ha participado en el grupo de
trabajo sobre desarme y seguridad internacional y en el de los países coordinadores
en materia de usos pacíficos de la energía nuclear, cuya primera sesión se
realizo en Buenos Aires (1980). En esta última temática ha desempeñado un rol
preponderante ya que logró que el MONOAL asumiese la mayoría de las posiciones
sostenidas por la Argentina. Dicha postura comprende tanto al gobierno
justicialista como al militar. La República Argentina, mantuvo en el MONOAL una
política que reivindicó el uso pacifico de la energía nuclear, el derecho al
desarrollo de tecnologías propias (científicas e industriales) y la protección
de los procesos de origen nacional [65]. En su carácter de Presidente del grupo de países
coordinadores en materia de usos pacíficos de la energía nuclear, la delegación
argentina (Cfr. Ministros de RREE, Nueva Delhi, Febrero 1981), convocó a una
serie de reuniones que fueron atendidas por la mayoría de los Estados miembro
de dicho Grupo y obtuvo la inclusión de los párrafos 39 y 40 (Declaración
Política), 155 (Declaración Económica) y 253, 254 y 255 (Programa de Acción en
Materia de Cooperación Económica). Todos los párrafos recogieron la posición
que la Argentina sostuvo en esta
temática. A pesar de no haber suscripto el
Tratado de No Proliferación (TNP) y de no haber aprobado el Tratado de
Tlatelolco, por estimar que no estaban dadas las condiciones que permitieran su
observancia, por parte de las potencias nucleares, suministró, a través de
convenios de cooperación técnica, asistencia a casi todos los países de América
Latina. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA), a través de
Investigaciones Aplicadas Sociedad de Estado (INVAP S.E.) conquistó mercados,
-exportando tecnología-, en países capitalistas desarrollados y del Tercer
Mundo. La República Argentina, a fines de 1983 completó el
ciclo de enriquecimiento del uranio, conquistado una posición de liderazgo en
materia de unos pacíficos de la energía nuclear en América Latina y de
relevancia dentro del Tercer Mundo. Respecto de la seguridad internacional, la República
Argentina mantuvo una política de no agresión, no injerencia en los asuntos
internos de otros Estados y de solución pacifica de las controversias que opacó
-y hasta renegó de ella- durante la gestión del “Proceso de Reorganización
Nacional”. 2.3.5. NOEI: el establecimiento de un NOEI fue el
principal tema de debate del MONOAL en el periodo 1973/83. Desde la Cumbre de
Argel hasta la de la Nueva Delhi, pasando por las de Colombo y La Habana, se
desplegó una intensa actividad, en concordancia con el Grupo de los 77, a fin
de diseñar estrategias que fortaleciesen el poder de negociación de los países
del Tercer Mundo. Hipótesis de trabajo como el rol del
Estado para el logro del desarrollo económico – social; la creación de
asociaciones de países productores de materias primas; así como los mecanismos
de solidaridad y ayuda entre los países no alineados, que favoreciesen la
seguridad económica y la acción colectiva, para confrontar con los países
industrializados de economía de mercado, no fueron funcionales a los fines de
lograr el establecimiento del NOEI. La República Argentina durante la gestión justicialista y
aún durante la militar respaldó las Resoluciones y Declaraciones del MONOAL
respecto del NOEI. En este ultimo periodo (1976/82) si bien no formuló reservas
a las resoluciones y declaraciones NOEI, su política económica neoliberal
aperturista y los lineamientos de su política exterior, contradijeron dicha
posición. El grupo hegemónico doméstico estimó, -a pesar de la
declinación argentina -, que el país se
hallaba dentro del conjunto de “potencias medianas”, y por ello podía
desempeñar un rol de intermediario entre los países del mundo desarrollado y
los del Tercer Mundo [66]. 2.3.6. Antártida: este tema se debatió, por vez primera, en el
ámbito del MONOAL en la VI Cumbre de Colombo (1976), cuando el gobierno de Sri
Lanka pretendió, infructuosamente, que se aprobase una propuesta que declarase
a la Antártida “patrimonio común de la humanidad”. Dicha propuesta fue
presentada por ante la Comisión Económica y Política y se reiteró en la sesión
de clausura. La delegación Argentina neutralizó la iniciativa, contando con el
respaldo de varios Estados africanos y árabes. Como consecuencia de dicho antecedente, los países
miembros consultivos del Tratado Antártico (1959) decidieron favorecer el
ingreso de nuevos miembros consultivos y adherentes, con el objeto de mantener
el statu quo. Asimismo, informaron a la opinión publica internacional sobre el
contenido del Tratado y sobre las actividades desplegadas por las partes;
efectuaron una labor docente a nivel de las relaciones bilaterales entre los
Estados Parte del Tratado de 1959 y los demás países del mundo. A tales fines,
la República Argentina, dada su doble condición de parte consultiva del Tratado
Antártico y miembro activo del MONOAL, se ocupó de este tema en el Movimiento,
con el propósito de neutralizar cualquier presentación tendiente a declarar al
Continente Blanco “patrimonio común de la humanidad” [67] . 3. Consideraciones y perspectivas La República Argentina, a partir de 1975 (en
coincidencia con la reestructuración industrial y la mutación tecnológica de
ciertos países del mundo industrializado), inició una etapa caracterizada por
el estancamiento de su economía y un creciente endeudamiento externo, que
vulneró las condiciones de vida y de trabajo de su población. La participación en el MONOAL fue difusa y de escaso compromiso.
Temáticas como las de NOEI, bases militares y zonas de tensión, racismo y
descolonización, no fueron de su interés. Si la lectura del sistema internacional efectuada por el
MONOAL devino obsoleta, por no percibir las transformaciones económico –
financieras de un mundo en transición; la visión de los sectores dominantes de
la Argentina constituyó una retrospección ahistórica, porque el país se
desempeñó como si actuase en un contexto de guerra fría, en el que se
desarrollaba “la tercera guerra mundial”. Dicha visión, caracterizó al país como una “potencia
mediana” dentro del sistema interestatal mundial, aunque probablemente la
adhesión argentina a las estrategias y propósitos del Movimiento tampoco
hubiesen mejorado la actuación externa. Si bien el comportamiento de la República Argentina dentro
del sistema internacional y del MONOAL en particular, no merece calificarse de
“no alineada”, conviene precisar las diferencias de percepción entre las
administraciones Justicialistas y la del “Proceso de Reorganización Nacional”. El gobierno Justicialista incorporó a la Argentina como
miembro pleno en el Movimiento y quizás como producto de su discurso
“tercerista” y “latinoamericanista”, mantuvo un comportamiento de adhesión a
los postulados del MONOAL, dentro de una perspectiva moderada. Sus prioridades
fueron las relacionadas con el reclamo de soberanía territorial de Malvinas, el
uso y explotación de los ríos internacionales y la reivindicación de su porción
territorial antártica. El gobierno surgido del golpe de estado de 1976,
implementó una política exterior que se reivindicó “occidental y alineada”.
Dicha tesitura lo llevó, en dos oportunidades, en 1976 y a fines de 1981, respectivamente, a plantearse
el retiro del Movimiento. Diversas circunstancias evitaron dicha decisión. El
Movimiento no registraba antecedentes de países que se hubiesen retirado. Sus
características admitían la permanencia de gobiernos como el argentino en sus
filas, ya que conviven en él gobiernos autoritarios y democrático –
pluralistas; países de economía de mercado y países de economía colectivista;
países “no alineados” y países alineados. Además, el caso de
aislamiento del gobierno chileno (Gral. Pinochet) sirvió como antecedente para
que no se abandonase el MONOAL[68], aunque sea para responder a las críticas
que se formulaban al gobierno militar en materia de violación a los derechos
humanos; o para sostener el reclamo malvinense; u oponerse a las
Resoluciones y Declaraciones incompatibles con la ideología oficial [69]. Percibiendo que los costos eran mayores que los beneficios -en el
caso de retirarse del Movimiento-, el gobierno militar mantuvo un bajo y
deslucido perfil, a través de delegaciones de escasa representatividad. Mientras
tanto profundizó sus lazos militares con los gobiernos de Sudáfrica y de Israel
(a pesar de la condena afro- árabe) y adoptó una actitud intervencionista en
América Central, con lo cual contradecía los contenidos y la orientación del
Movimiento. La guerra de Malvinas produjo un giro copernicano en el
discurso y la praxis oficial, ya que el gobierno militar asumió un activo
compromiso dentro del MONOAL, explicable
por su aislamiento internacional. En el tema descolonización, la Argentina impuso su criterio
de que en Malvinas, se de
prioridad al “principio de
integridad territorial” respecto del de “autodeterminación”. La continuidad en
este tema, refleja el interés que mereció a los sucesivos gobiernos argentinos,
constitucionales y dictatoriales. El racismo no
demandó mayor atención, por parte de la República Argentina, ya que durante el
periodo se constituyó en el único país miembro pleno, que mantuvo relaciones
diplomáticas con el gobierno sudafricano. La gestión militar transformó el bajo
perfil justicialista -respecto de Sudáfrica e Israel- en estrechas relaciones
diplomático – militares. Las bases militares y las zonas de tensión, como unidad,
no constituyeron preocupación de los sucesivos gobiernos argentinos, sino en la
etapa post – Malvinas, por la conducta del gobierno del Reino Unido en el
Atlántico Sur. Dicha circunstancia llevó al gobierno a prestar atención a otras
zonas calientes del mapa político mundial, en base a una visión ideologizada de
los conflictos. Los conflictos
Regionales no demandaron la preocupación de nuestro Ministerio de Relaciones
Exteriores, salvo durante la gestión militar, para denunciar el avance marxista. El comportamiento del gobierno militar –previo a la
guerra de Malvinas – produjo suspicacia, por parte de países africanos, que
no respaldaron la recuperación militar de las islas, porque
consideraron que la Argentina podía cederla a EUA como base militar,
contrariando los objetivos de paz y de cooperación en el Atlántico Sur y la
lucha antirracista y anticolonialista de los Movimientos de Liberación del
Africa austral y del MONOAL en su conjunto. El tema desarme,
no demandó el interés de la República Argentina, salvo en la cuestión de
los usos pacíficos de la energía nuclear. A pesar de participar en las
reuniones de los grupos de trabajo de desarme y seguridad internacional,
durante el gobierno militar, adoptó una actitud intervencionista en América
Central, Bolivia y Medio Oriente, distante del “neutralismo activo” del
Movimiento. La temática del NOEI, planteada en la IV Cumbre (1973),
contó con el respaldo del entonces gobierno constitucional argentino. El gobierno militar, a diferencia del justicialismo,
consideró que la Argentina no formaba parte del Tercer Mundo y sí de las
llamadas potencias medianas y que por ello
no debía confrontar con el mundo capitalista desarrollado, sino
desempeñar un rol de intermediación en la disputa entre el Primer y
Tercer Mundo. En el tema
antártico, reivindicó su porción territorial sobre el Continente Blanco
(gobierno constitucional) y se opuso a los proyectos de internacionalización
(gobierno militar), que perjudicaban el “interés nacional” de países que tenían
una prolongada presencia y años de investigación (la República Argentina desde
principios de 1900). Los temas que demandaron el interés permanente de la
República Argentina en el MONOAL (gobierno democrática o gobierno de facto),
fueron Malvinas, usos pacíficos de la
energía nuclear y Antártida. Cuestiones como el NOEI, descolonización, racismo,
desarme y seguridad internacional, bases militares y zonas de tensión, incluso
usos compartidos de ríos internacionales, demandaron un compromiso retórico o
bien discontinuado. Durante el período objeto de este trabajo, el MONOAL
concentró su discurso y su acción en temáticas como el rol del Estado en la
economía, la regulación de la operatoria de las Ets y la creación de cartels de
países productores de commodities, para lograr mejores precios en la
comercialización de las mismas. Dicho planteo estaba influido por la transnacionalización
de los ´60 y por la acción de la OPEP en los ’70. Sin embargo, durante el lapso 1973/83, las Ets retrajeron sus inversiones
de los países del Tercer Mundo (salvo casos como los Nics asiáticos) y las concentraron en el mundo capitalista
desarrollado. La acción de la banca privada transnacional, produjo un nuevo
tipo de vinculación entre los países industrializados de economía de mercado
y los
del Tercer Mundo. La mutación tecnológica y la reestructuración
industrial, que se produjo en países industrializados de economía de mercado,
desde mediados de los ’70; la relativa declinación económica de las superpotencias;
el surgimiento de bloques de poder
económico de tinte supraestatal; así como la transnacionalización de grupos
financieros privados; y la transitoriedad del boom de la OPEP, no fueron
percibidos por la mayoría de las élites del Tercer Mundo. Dicha miopía explica
el fracaso del MONOAL cuando diseñó objetivos y estrategias que devinieron
obsoletas. El énfasis en los temas señalados en la 2da. Década del
Desarrollo de Naciones Unidas; en la Declaración y el Programa de Acción para el
Establecimiento del NOEI; y en la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los
Estados, evidencian que los países miembro del MONOAL no anticiparon o
previeron las transformaciones del sistema internacional y tampoco pudieron
adecuarse a dichos cambios. La problemática de la valorización de los
exportables de los países del Tercer Mundo, señala el límite de su rebeldía, ya
que sus élites estaban más interesadas
en el mantenimiento de un statu quo, que preservase situaciones de privilegio,
que en la diversificación y modernización de las estructuras económicas
domésticas, los encadenamientos productivos y la distribución de la riqueza. El diagnóstico y
los objetivos de los países del MONOAL, estaban orientados a endosar
toda la responsabilidad de las injusticias sociales, existentes a nivel
doméstico, al sistema internacional, omitiendo toda crítica o autocrítica
relacionada con la necesidad de implementar reformas económicas internas.
Mientras MONOAL exigía la democratización del sistema mundial, las élites del
mundo desarrollado exigían la vigencia de la democracia a nivel de cada Estado
del Tercer Mundo. Las perspectivas que se inauguran para el MONOAL, dentro
del sistema internacional y para la República Argentina dentro del mismo, no son promisorias. Las
transformaciones operadas dentro del sistema internacional - en los
últimos años- sugieren la necesidad de una nueva aproximación y lectura sobre
el rol del MONOAL. El acuerdo Reagan – Gorbachov, tiende a revertir una
situación en la que el rol de las
superpotencias y su excesivo gasto armamentista, las condujo a involucrarse en
conflictos localizados en el Tercer Mundo, distrayendo recursos y esfuerzos
hacia finalidades que significaron un desmedro para ellas, respecto de países
como República Federal Alemana, Japón e Italia que invirtieron recursos y
esfuerzos en actividades productivas y tecnológicas, desvinculadas de la
carrera de armamentos. Los Estados industrializados de economía de mercado, se
reúnen o tienden a reunirse en mercados de dimensiones continentales. Los
gobiernos de EUA y Canadá ratificarían
(Enero 1989) un Tratado de Libre Comercio. La CEE se convertiría
(Diciembre 1992) en un actor internacional unitario, mediante la libre circulación
de capitales, personas y bienes. Japón, los Nics asiáticos, los países de la
ASEAN y la República Popular China, configuran
una de las áreas más dinámicas de la economía mundial, redimensionando
la Cuenca del Pacífico. La URSS, bajo la conducción de Gorbachov, ha iniciado un proceso
de reestructuración y modernización de la sociedad y el Estado soviéticos, que
implica democratización política, descentralización económica y la actuación de empresas privadas. . El acuerdo URSS-EUA podría
implicar, la reconversión de la industria militar, la desideologización
de los conflictos Regionales y la apertura de la cooperación empresarial
Este-Oeste.
Las relaciones económico – comerciales entre países desarrollados se
podrían intensificar más allá de sus diferencias ideológicas, mientras que el
Tercer Mundo experimenta restricciones financieras, tecnológicas y productivas,
que influyen sobre su “desempeño pasivo”
o “reactivo”, dentro del mercado mundial. El endeudamiento produjo clivajes dentro del Tercer Mundo,
ya que hubo países que diversificaron
su estructura productiva doméstica y se
“conectaron activamente” al mercado mundial. Los Nics asiáticos pagan el servicio de la deuda externa; la mayoría
de los latinoamericanos pagan
parcialmente los intereses de la deuda; mientras que los países de
Africa subsahariana se encuentran en situación de insolvencia. Si se confirman las tendencias enunciadas, cuestiones como
la descolonización, la coexistencia y el neocolonialismo -en su formulación
tradicional de confrontación con los países capitalistas desarrollados-,
perderían funcionalidad, como estrategias tendientes a cambiar el sistema
internacional y a mejorar el posicionamiento de los países del MONOAL. La “radicalidad” del discurso del MONOAL, lo llevó a
situarse a la izquierda de los países
socialistas, que comenzaron a transitar una etapa de cooperación con los países
capitalistas desarrollados que se encuentran a la vanguardia del proceso de
reestructuración industrial y de modernización tecnológica. El debilitamiento del eje estratégico – militar, la
revalorización del eje económico y la heterogeneidad de los países del Tercer
Mundo, constituyen datos de una realidad
que no debe ignorarse. La temática central
del MONOAL -y de la República Argentina como país localizado en América Latina-
la constituye su exclusión o “conexión activa” dentro del sistema internacional
[70]. La crisis de las estrategias multilaterales de cooperación
e integración en América Latina (v.g. ALALC-ALADI), deben conducir a revisar
los criterios de asociación con que se manejaron dichos países. En el caso de
la República Argentina, dicho criterio
asociativo Regional o Sub-Regional debería basarse en la selectividad
(por ej. Brasil y otros Estados de la vecindad geográfica). Los acuerdos
celebrados con Brasil y Uruguay, dentro del marco de ALADI, son congruentes con la estrategia señalada. Los procesos de integración con los Estados colindantes y
la convergencia Cono Sur- Pacto Andino, podrían configurar una prioridad en la
agenda de los Estados de América del Sur. El pretendido grupo sudamericano
podría relacionarse y negociar como conglomerado con EUA (o con el TLC
EUA-Canadá); con Japón; con la CEE; con
la República Popular China; con los
Nics asiáticos, con ASEAN, India; etc. La renovación del pensamiento del Movimiento, a través de la
incorporación de ideas de integración económica, industrialización sustitutiva
difícil y democratización, como las formuladas
por la doctrina de la “Tercera Posición”, por el pensamiento de la CEPAL y la reciente Alianza
Brasil-Argentina, podrían nutrir la actualización que requieren las estrategias
y los objetivos del MONOAL. Notas y
referencias bibliográficas
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liberación y el desarrollo”. Ed. Estudio, Buenos Aires, 1983, págs.16/17. 2- Pérez Llana, C. –
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“Política de poder en América Latina” (varios autores), Ed. Pleamar, Bs.
As. , 1974, pág.157. 3- Jouve E. “Du Tiers
Monde des Etats au Tiers Monde des peuples” en Le Tiers Monde dans la vie
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págs. 161/170. 4- Bondarevski G. et al. –ob. cit, en 1-, págs. 43/44; Worsley, P. –“El Tercer Mundo: una nueva
fuerza vital en los asuntos internacionales”, Ed. Siglo XXI, México 1971, págs.
237/239. 5- Broz J. Tito
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integridad de los no alineados”, Ed. Izdaje, Belgrado, 1979, págs. 11/13. 6- Kardelj, E. –“Raíces
históricas de la no alineación”, Ed. Izdaje, Belgrado, 1979, págs. 21/27. 7- Dallanegra, L.
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Alineación”, Ed. Izdaje, Belgrado, 1979, págs. 113/118. 10- Ikonicoff, M. –“De la
cultura de la renta a la economía de producción”, Ed. Legasa, Bs. As. ,1989, pág. 118. 11- Pellet, A. –“Le droit
international du développement”, Ed. PUF Francia, 1978, pág. 124. 12- Guitard, O. –“Bandung y el despertar de los pueblos
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doctrina”. Ed. Revolución, Madrid, 1983, pág. 55. 17- Ikonicoff, M. –op.
cit. en 10), págs. 120/122. 18- Sosa, Alberto J. –“Aspectos de la política exterior del
gobierno argentino”, Ed. CFI, Bs.
As. , Dic. 1988, pág. 5. 19- Sosa, Alberto J. –“Argentina y su reinserción en el mundo”, en
prensa en el Boletín de Asoc. De Ciencia Política y RRII del Uruguay. 20- Jouve, E. –“Le Tiers Monde et la conscience de soi” en “Le
Tiers Monde dans...” Berger – Lavrault. Mondes en devenir ... París, Nov.
1983, pág. 17. 21- “Estudios : Política y Movimiento de No Alineación 1961-1979”.
Ed. Jugoslavenska Stvarnost, Belgrado 1979,
pág. 44. 22- Perez Llana, C.,
ob. cit. en 2), pág. 157. 23- Ob. cit. en 21) pág.
23. 24- Moita, L. op. cit. Pág. 92. 25- Moita, L. op. cit. Pág. 90. 26- Moita, L. op. cit.
Pág. 94. 27- Moita, L. op. cit.
Pág. 92. 28- Mendez, A. - Sosa, Alberto
J. –“Análisis de política exterior”, Ed. Fundari, Nro. 4, Mayo 1983,
pág. 17/18. 29- Argentina. Universidad de Bs. As. Carrera de Ciencias
Políticas. Disertación del canciller Dante Caputo: “Treinta meses de política
exterior en democracia”, Centro Cultural San Martín, Bs. As. Junio 4,
1986. 30- Ob. cit. en 15) pág.
78. 31- Sosa Alberto J.
–“Peronismo y unidad latinoamericana (1950-1955)” Ed. Fundari, Bs. As. 1983, Pág. 10. 32- Sosa, A. J. –ob. cit.
en 31), pág. 18. 33- Puig, J.C. –“La política exterior Argentina: incongruencia
epidérmica y coherencia estructural” en
“América Latina: políticas exteriores comparadas”. Ed. Gel. Bs. As., 1983 vol. I, pág. 137. 34- Bedjaoui, M –“Hacía un nuevo orden económico internacional”,
Ed. Sígueme UNESCO; Salamanca , 1979 , pág. 121/132. 35- Bordón J. O. –“Política Internacional del Partido
Justicialista” en Perspectiva Internacional – El pensamiento justicialista en
las RRII, Ed. Perspectiva, Bs. As. Mayo 1989, pág. 12. 36- La apertura de la política exterior a los países socialistas,
se tradujo en la suscripción de convenios con la URSS, sobre el desarrollo de
la cooperación económica, comercial y científico – técnica; convenio de
suministro de maquinarias y equipos de la URSS a la Argentina. También se
acordó la participación soviética en planes de desarrollo energético
argentinos; el otorgamiento de una línea de créditos soviéticos de hasta 600
millones de dólares y la adquisición, por parte de la URSS, de carnes argentinas.
Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Bulgaria y Rumania, también suscribieron
diversos convenios sobre cooperación económica y técnica con la Rep. Argentina
. 37- Sosa, Alberto J.
–“Antecedentes y visión doctrinaria de la intervención militar Argentina en El
Salvador”. Ponencia en “Coloquio sobre la paz, la autodeterminación y la no
intervención en El Salvador”, Univ. de Bs. As., Nov.1985, pág. 5. 38- Mercado Jarrin, E. –“Seguridad, política, estrategia “. Ed. Shapire, Lima, 1975, págs. 277/283. 39- Méndez, A.- Sosa Alberto J. et. al. –“La política exterior
justicialista en América Latina”, ed. Fundari,
Bs. As. 1983, pág. 7. 40- Azpiazu, D. ; Basualdo,
E.- Khavisse, M.-“El nuevo poder económico”, Ed. Legasa, Bs. As. 1987,págs. 186/189. 41- Basualdo, E. –“Deuda externa y poder económico en la Argentina
“, Ed. Nueva América, Bs. As. , Oct. 1987,págs. 78/79. 42- Sosa, A. J. ob. cit.
en 37), págs.3/4. 43- Durante la administración Cárter el gobierno de EUA votó en
contra o se abstuvo, en noventa y ocho (98) oportunidades, por razones de
derechos humanos, en organismos multilaterales de financiamiento, cuando se
discutía el otorgamiento de créditos al gobierno militar argentino. Lukez, B. “La política exterior
argentina en relación a América Latina (1976/1983), Instituto de Integración
Latinoamericana, Univ. De la Plata, Mimeo, La Plata, Agosto 1988, págs. 8 y 9. 44-Sosa, Alberto J. –ob.
cit. en 37) págs.12/14. 45-Sosa, Alberto J. –ob. cit.
en 37 págs. 9/10. 46- Dentro del elenco de asesores del presidente Reagan, (área de
América Latina), se destacaron los autores del “Documento de Santa Fe” y la
profesora J. Kirkpatrick, con sus ideas sobre los conflictos de baja intensidad
y la dicotomía gobiernos autoritarios – gobiernos totalitarios,
respectivamente. 47- Brasil suscribió un convenio nuclear con la Rep. Federal
Alemana; denunció el Tratado de Asistencia
Militar EUA – Brasil; implementó una política autónoma respecto de Africa
negra y el mundo árabe; y desconoció la autoridad de Somoza en Nicaragua. 48-Klare, M. –“La nueva doctrina de la intervención
norteamericana. Los conflictos de baja intensidad”. Le Monde Diplomatique ed.
Latinoamericana, año 1, N°1, 1986 págs. 1/2. 49-Cardoso, Oscar et. Al. –“Malvinas – La trama secreta”, ed.
Sudamericana Planeta, Bs. As., 1983, pág. 26 y 46. 50-Selser, G. –“Honduras la República alquilada” , ed. Mex – Sur ,
S. A. México DF, 1983, págs. 124/130 y 260/263. 51- Moneta, C. –“El conflicto de las islas Malvinas en el contexto
de la política exterior Argentina” en
“América Latina y la guerra del Atlántico Sur”, Ed. Belgrano, Bs. As. , 1984 pág. 30 . 52- Lanús, A. –ob. cit.
en 15), págs. 103/104. 53- Mendez, A.-Sosa Alberto J.
–“Análisis de política exterior “, ed. Fundari, Año 1, N°3 , Dic. 1982,
págs. 7/8. 54- Soukiassian, C. –“Argentina y el Movimiento de No Alineados”
Univ. Del Salvador, Mimeo, Bs. As. ,
1985, pág. 6. 55- Los órganos principales del Movimiento son los que siguen: 1)
La Cumbre o Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno; 2) la Conferencia de
Ministros de Relaciones Exteriores; 3) el Buró de Coordinación a nivel
ministerial (con sede en Nueva York); 4) el Buró de Coordinación a nivel de
representación permanente, con sede en Naciones Unidas. El Buró de Coordinación del
MONOAL, se reúne periódicamente en
Nueva York y debate la aplicación las decisiones adoptadas por las Conferencias
Cumbres y organiza trabajos y Conferencias a nivel ministerial, emitiendo
declaraciones sobre cuestiones políticas específicas. La actitud del régimen
militar respecto del MONOAL, se reflejó en su difusa y escasa participación en
el mismo. Las delegaciones enviadas a las reuniones internacionales las
componían un limitado número de personas y estaban presididas por funcionarios
de nivel medio y bajo. La Cumbre de Colombo (1976)estuvo presidida por el
embajador acreditado en la India; la de Jefes de Estado de la Habana por el
subsecretario de RREE; y la Conferencia de Cancilleres de Nueva Delhi (1981) por
el Director General de Política Exterior. La excepción la constituyó la
Conferencia de Ministros de RREE de Belgrado (1978), encabezada por el
Canciller Montes, en momentos en que el gobierno militar debió contrarrestar la
campaña internacional, provocada por su conducta violatoria de los derechos
humanos. 56-Soukiassian, C. –ob. cit. en, 54) pág. 7. 57-Lanús, A. –ob. cit. en
15), págs. 107/108. 58-Mendez, A. - Sosa, Alberto J. –“Análisis de política
exterior”. Ed. Fundari, año 1 N° 4 ,
Bs. As., Mayo 1983, págs. 17/18. 59- Dallanegra, L. –“Latin
American and the Caribbean countries in the Non Aligned Movement” en “The
Non Aligned World”, Vol. II N°2, 1984 New Delhi (versión castellana del
trabajo) págs. 5/6. 60- Ferrari Freyre, J. –“Argentina y el Movimiento de países No
Alineados”, Univ. Del Salvador, Mimeo, Bs. As. , Julio 1986, pág.12. 61- Lanús A, - ob. cit.
en 15) , págs. 103/108. 62- Alencastre, A. –“América Latina, Africa e Atlántico Sur”, ed.
Paralelo, Río de Janeiro, 1980, pág. 12/22. 63- Dallanegra, L. –ob.
cit. en 38) págs. 27/28. 64-Sosa, Alberto J. –ob. cit.
en 37), pág. 21. 65-Ferrari Freyre, J.
–ob. cit. en 60), pág. 13. 66- Dallanegra, L. –ob.
cit. en 38), pág. 40. 67- En defensa de la actitud adoptada por los países signatarios
del Tratado Antártico, cabe evocar que el sistema creado por el mismo está
abierto a la adhesión de cualquier Estado y no se lo puede considerar
excluyente o elitista. Dicho Tratado agrupa a países industrializados de
economía de mercado, a países socialistas y a países del Tercer Mundo, sin
discriminación de razas e idiosincrasias. La información científica obtenida en
las investigaciones llevadas a cabo en el Continente Blanco, están a
disposición de cualquier país, sea o no miembro del sistema. El continente
Antártico es uno de los pocos lugares del planeta con un efectivo régimen de no
proliferación, ya que los firmantes se comprometen a proscribir la localización
o utilización de cualquier tipo de armamento, sea convencional, nuclear,
químico o bacteriológico. 68- El gobierno militar argentino formuló reservas a las
resoluciones condenatorias del régimen chileno, por su política violatoria de
derechos humanos. 69- El
MONOAL es un foro multilateral que no toma decisiones, sino que emite
declaraciones. Es una herramienta que sirve para facilitar la obtención de
algunos objetivos de los Estados miembros, pero no para encauzar la totalidad
de las relaciones exteriores. Por lo tanto, las expectativas respecto del
MONOAL deben ser realistas y limitadas. Carece de Carta, Constitución o reglas
formales. Actúa sobre la base de declaraciones, resoluciones y textos que son
aprobados en las reuniones por consenso. Los miembros en desacuerdo, pueden
formular reservas. Ninguna decisión es vinculante, sino que cada país procede
de acuerdo con su propio interés. No posee secretariados y las reuniones son
organizadas por el país a cargo de la presidencia (país huésped de la última
Cumbre). 70- El “western way of life “sustituye al “american way of life”,
en este proceso de reordenamiento y de reoccidentalización de la economía
mundial. Los países industrializados de economía de mercado, a pesar de sus
diferencias, se colegian y reparten responsabilidades. La incógnita es ¿qué
papel desempeñarán la URSS y los países socialistas? Los Estados del Tercer
Mundo? Los de América del Sur |