POLITICA EXTERIOR DEL BRASIL

Un gigante despierta

 

 

 

 

Economist.com

 

Julio de 2004

 

 

Brasil está pujando por un status de gran poder. Qué clase de poder desea tener?

 

Es una fuerza pequeña, pero de una significación simbólica enorme. Este mes, 1200 tropas brasileñas llegaron a Haití, en el despliegue militar más grande del país en el extranjero, desde la 2ª Guerra Mundial. Brasil está comandando una fuerza de mantenimiento de paz de Naciones Unidas de 6700 soldados, principalmente de América Latina y 1600 policías, que están ocupando el puesto de fuerzas estadounidenses y francesas  en la isla del Caribe. Esto marca un nuevo rumbo. Brasil ha sido siempre un gigante apacible e introvertido, satisfecho de ser un espectador sobre el escenario mundial. Ahora eso está cambiando.

 

Luiz Inacio Lula Da Silva, Presidente del país de tendencia de izquierda,  está haciendo que Brasil asuma el rol de portavoz de los países más pobres, fundando el  Grupo  de los 20 (G20), para presionar a los países ricos para que abran su comercio agrícola. Su gobierno está desempeñando un rol más activo a través de América del Sur. Está buscando un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. “Brasil ha comenzado a flexionar sus músculos como una superpotencia Regional”, dice Miguel Diaz del Centre for Estrategic and International Studies, un think-tank domiciliado en Washington.

 

Si es así, es paradójico. Por un lado, el deseo más íntimo de Brasil es atenuar la dominación de EUA en los asuntos globales y de tal modo realzar su influencia. El Ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, reclama “un mundo más balanceado” y justifica  la misión a Haití, en parte, como un paso hacia dicho equilibrio. “Usted no puede ser un partidario del multilateralismo y cuando llega el momento de actuar, decir que es demasiado peligroso”, dice Amorim.

 

Por otro lado, el nuevo activismo del Brasil a menudo, aunque no siempre, coincide con los intereses de EUA. Ambos países desean democracia y estabilidad en los lugares de las Américas, en dónde aquéllas parecen frágiles. En algunos de esos lugares. El Brasil de Lula tiene más amigos e influencia que los abrasivos amigos de los EUA de George Bush. Los dos a veces se tornan rivales en dichos países, pero esto es una fuente de provecho para Brasil.

 

Tome Venezuela, donde están tensas las relaciones entre el Presidente Hugo Chávez y los EUA. Brasil formó “un grupo de amigos” (al cual pertenece EUA) para estimular una resolución legal de la confrontación entre el Sr. Chávez y la oposición. El “grupo” ha tenido un perfil bajo, a menudo al punto de la invisibilidad. Pero el Sr. Amorim está “ muy convencido de que ayudamos a crear las condiciones” para la decisión del Sr. Chávez de someterse a un referéndum revocatorio.

 

En Bolivia, adonde las demostraciones callejeras expulsaron el año pasado a un Presidente pro-EUA, Brasil está animando a intranquilos líderes radicales a que jueguen dentro de reglas democráticas. Amorim estima que el propio Lula que ascendió de muchacho lustrabotas a Presidente, tiene un efecto persuasivo. Evo Morales, líder del movimiento que desalojó al Presidente de Bolivia, considera a Lula “un hermano”. Pero EUA mira al Sr. Morales, líder de los trabajadores de la coca, como un aliado de los traficantes de droga.

 

Brasil  sospechó profundamente del Plan Colombia, el programa de ayuda de EUA, dirigido contra las guerrillas y los traficantes de drogas. Pero se ha preocupado por el efecto derrame de los conflictos de Colombia. Las guerrillas han colisionado con tropas brasileñas en la frontera y mucha de la violencia en las ciudades de Brasil está incentivada ahora por la droga. El gobierno de Lula ha mudado a una política de colaboración más estrecha con el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, el más estrecho aliado de EUA en América Latina. Brasil está compartiendo con el gobierno de Colombia inteligencia del SIVAM, su sistema de monitoreo satelital para la Amazonia. También se ha ofrecido como país anfitrión para las negociaciones entre el gobierno de Colombia y las guerrillas, si llegaran a ocurrir.

 

Cooperación y fricción

 

Brasil está tomando “más responsabilidades para serenar las cosas, abajo en la Región, que los EUA encuentran fantástico”, dice Alfredo Valladao del Institut d´Etudes Politiques en Paris. Esa es una razón por la que el Sr. Bush ha evitado confrontar con Brasil, a pesar de la oposición de Lula a la guerra  en Irak. Pero sobre algunos temas hay fricción.

 

Brasil rechazó permitir inspecciones internacionales de sus centrifugadoras para enriquecer uranio. Como signatario del Tratado de No Proliferación, reivindica tener impecables credenciales como custodia de la tecnología nuclear y dice que no está obligado a revelar la misma, que podría ser hurtada por competidores (aunque existe sospecha de que alguna de esta tecnología pudo haber venido del mismo mercado negro impulsado por Irán, Libia, Corea del Norte y otros). Pero EUA se decidió a tapar los escapes en el régimen internacional de no proliferación, lo cual “podría ser un punto muy enfadoso”, dice Peter Hakim del Inter.-American Dialogue, un think tank con sede en Washington. Brasil “nunca dijo que no firmaría” el Protocolo que ordena inspecciones, dice el Sr. Amorim (una pizca de conciliación quizás).

 

Lula no comenzó el activismo internacional de Brasil. En años recientes, tropas brasileñas se ensamblaron en misiones de Naciones Unidas en Timor del Este y en Angola. En 1996, Brasil actuó con Argentina y los EUA para impedir un golpe de estado en Paraguay (un reconocimiento que la defensa de la democracia en la Región, debería tener precedencia sobre una tradición de no intervención en los asuntos de los Estados vecinos).

 

La búsqueda de una América del Sur estable, ha sido por mucho tiempo un axioma de la política exterior del Brasil, aunque le ha dado más urgencia a lo demográfico. Los brasileños, descriptos una vez como aferrándose a la costa, cual cangrejos, se han corrido hacia el oeste y hacia el norte. La construcción de Brasilia, que sustituyó a Río de Janeiro como la capital en 1960, ayudó a incitar el desarrollo del interior, un proceso acelerado por el auge agrícola en los estados occidentales como Mato Grosso. Brasil está aprendiendo que la Amazonia, es tanto un recurso como un flanco vulnerable a las guerrillas, a los traficantes de drogas y a los usurpadores de tierras.

 

La mayor parte de su historia como país independiente, Brasil consideró a la Argentina como su principal rival y amenaza estratégica. Eso cambió con la formación del MERCOSUR, una incipiente unión aduanera que también implicaba a Paraguay y Uruguay. Esto ha permitido que Brasil cambie de lugar a gran parte de su ejército, desde su frontera meridional a las selvas del noroeste cerca de Colombia y de Perú.

 

El sentido de la vecindad puede ensancharse. Según opinión del Sr. Valladao, Brasil  aún no ha decidido que clase de vecino será. Ocasionalmente, se retrata a sí mismo como un jugador de equipo o colectivo. En teoría, negocia el comercio como miembro del MERCOSUR. Aunque también se ve a sí mismo como una “ballena”, con la influencia y el apetito para actuar por sí mismo. La respuesta del Sr. Amorim es que, en un mundo probablemente dominado por Bloques, la mejor opción de Brasil es cooperar tanto como sea posible con sus vecinos y otros países en vías de desarrollo. Las ballenas, advierte, “son animales gregarios”.