|
Abril de 2004 1.
La política internacional y la política externa tienen una importancia decisiva
para los destinos de la sociedad brasileña; pero, paradojalmente, no se
encuentran en el centro del debate doméstico, a no ser en sus aspectos
económicos más inmediatos, como la necesidad de generar superávits comerciales
y de superar la crisis del MERCOSUR. El desconocimiento de la historia de
la política exterior brasileña y de la situación estratégica de América del Sur
en el mundo serían responsables de esta atención marginal. De ahí la
fundamental importancia de este libro de Luis Alberto Moniz Bandeira sobre la
historia de las relaciones entre Brasil, Argentina y los EUA, en el marco
de la política sudamericana, así como de toda su obra anterior, donde se
destacan El expansionismo brasileño y la formación de los Estados de la
Cuenca del Plata (1974); Presencia de los EUA en el Brasil (1973); El eje
Argentina-Brasil: el proceso de integración en América Latina (1987); Brasil y
EUA: la rivalidad emergente (1989); Estado Nacional y Política Internacional en
América Latina (1993); De Martí a Fidel: la revolución cubana y América Latina
(1998). Estos estudios históricos, realizados con gran rigor de
investigación y aguda articulación de los eventos, deberían ser lectura
obligatoria de todo político brasileño, así como de economistas y científicos
sociales. 2.
La marginalidad de la política internacional no fue siempre un trazo de la
política brasileña. La importancia de la política exterior y de América
del Sur fue, al tiempo del Imperio y de Río Branco, percibida con
claridad. Las fronteras del Estado eran aún indefinidas, las presiones
inglesas contra el tráfico habían sido intensas, y la Guerra del Paraguay y las
intervenciones en Uruguay y Argentina y en toda la formación de los Estados en
la región del Río de la Plata eran episodios aún recientes a principios del
Siglo XX. Luego de la Segunda Guerra Mundial, esa percepción se fue
diluyendo tal vez debido a la consolidación jurídica y al “vacío” demográfico
de las fronteras, del proyecto de desarrollo del mercado interno y de la
sensación de distanciamiento geográfico y político en relación al centro de la
política mundial y del embate Este-Oeste que se verificaba en los teatros de
Europa y de Asia. 3.
Mientras ocurría esta disolución en el imaginario colectivo de la importancia
de la política exterior, el crecimiento acelerado del PBI y de la población, la
formación de un mercado interno y de un parque industrial relevante y
sofisticado; la diversificación de las exportaciones y la capacitación
tecnológica en áreas como la nuclear, la aeronáutica, la militar y la
informática, y la ocupación demográfica y económica de las zonas de frontera,
fueron contribuyendo para que Brasil adquiriese una creciente importancia en el
contexto internacional y para los EUA en particular. 4.
Los efectos, riesgos, amenazas y oportunidades de esta importancia estratégica
no son hasta hoy bien comprendidos en la sociedad brasileña, como se verifica
por el desinterés relativo del Congreso, por la lectura de los capítulos sobre
política externa de los programas partidarios y de las declaraciones de
candidatos en época de elecciones, que priman por concentrarse en un cierto
“comercialismo”. A veces se tiene la impresión de que las elites y el pueblo
tienden a ver al Brasil como si aún estuviese en situación de poder equivalente
a la que el país detentaba al comienzo del siglo XX: menos de veinte millones
de habitantes, distribuidos a lo largo del litoral, país de industria modesta y
simple, agro-exportador, sin capacidad tecnológica propia. Esencialmente
agrícola, mercantil y atrasado. Y, por lo tanto, sin condiciones de
participar de forma efectiva de la política internacional, inclusive porque el
Brasil continúa teniendo, según algunos, “una escasez de poder”. 5.
Hay otros que creen que el Brasil podría llegar, con esfuerzo, a la situación
de países de dimensiones medianas, más o menos exitosos, y citan los casos de
Portugal, España, Grecia e Italia como ejemplo a imitar. Todavía, el destino de
la sociedad brasileña jamás podrá ser moderado, teniendo en cuenta las
dimensiones de su territorio, de su población y de su PBI; su localización
geográfica y los desafíos de sus disparidades sociales y de sus
vulnerabilidades externas. El destino brasileño será de grandeza o de
caos. Sólo el Brasil, los EUA y la China, están, al mismo tiempo, en la
relación de los diez países de mayor territorio, los diez países más poblados y
los diez países de mayor PBI del mundo. El territorio brasileño no es
alcanzado por los desastres naturales ni por climas extremos y en él se
encuentra el mayor stock de biodiversidad y de agua potable del mundo, tierras
arables capaces de producir alimentos para 600 millones de personas,
yacimientos minerales variados, de gran potencial y calidad. La población
brasileña, utilizando una sola lengua y sin abrigar conflictos étnicos y
religiosos, crece a una tasa del 1,7% anual y deberá superar los 200 millones
en 2020, lo que permite articular un mercado de dimensión continental, menos
vulnerable a choques externos, capaz de albergar casi todas las actividades
productivas, cualquiera sea su escala mínima. En los últimos 100 años, el
PBI brasileño, fue el de mayor crecimiento en el mundo, lo que significa una
expresiva acumulación de capital, capacidad tecnológica adquirida por
empresarios, ingenieros y operarios y, por lo tanto, la posibilidad de
expandirse y diversificarse. Finalmente, la situación geográfica, con
14.000 km de fronteras terrestres con diez países, de tamaño medio o pequeño, ninguno
de ellos con territorio o población superior al 20% del Brasil, con excepción
de Argentina; sin que existan con ellos fronteras disputadas; y con 8.000 km de
litoral en frente a Africa Austral, confiere al Brasil una situación
geopolítica de gran relevancia y una posibilidad de acción política
internacional correspondiente. 6.
Las ventajas brasileñas de territorio, población y PBI son afectadas
negativamente por las disparidades y vulnerabilidades. Las actuales
disparidades sociales pueden ser consideradas como resultado del latifundio y
de la esclavitud, que sobrevivió hasta 1888, pero también de la permanencia
hasta los tiempos actuales de una estructura agraria arcaica, caracterizada por
grandes unidades de expansión. Esas propiedades, cuando son
improductivas, dificultan la fijación del hombre en el campo y en general
corresponden a sistemas políticos oligárquicos y clientelistas. Las
grandes propiedades, cuando son altamente productivas, expulsan mano de obra y,
muchas veces, agreden el medio ambiente, debido al monocultivo, a la
mecanización, a la utilización intensa de agro-tóxicos y a la contaminación de
las aguas. Al lado del latifundio y de la concentración de riqueza
inmobiliaria en manos de una ínfima parte de la población, la ausencia de
políticas públicas de generación gradual de renta y riqueza y de
fortalecimiento de capital y de la empresa brasileña viene contribuyendo en el
agravamiento de esas disparidades. 7.
La sacralidad de la propiedad agraria (aún siendo improductiva) sólo ahora
viene siendo desmitificada, con dificultad, por el movimiento social
organizado; los esfuerzos de generación de tecnología continúan siendo
insuficientes e ironizados por los que consideran que es posible adquirir
tecnología en el mercado como si fuese un bien cualquiera; en el pasado, las
políticas tributarias y de crédito contribuyeron en la concentración de la
renta, a través de exenciones, de créditos a intereses inferiores a la
inflación y de la connivencia con la supresión y la evasión fiscal.
Finalmente, en los últimos años, la política económica se esforzó en
privilegiar el capital y la empresa extranjeros y en fragilizar el capital y la
empresa brasileños, considerados, aunque implícitamente, ineficientes, arcaicos
y corruptos, y por esto indignos de apoyo y defensa del Estado en su
competencia con el mega-capital multinacional. Fueron precisos la
sucesión de escándalos en las mega-empresas americanas, la catástrofe
argentina, los fracasos de privatización y la crisis de pago/estancamiento
brasileñas para que el mito del capital extranjero sumamente eficiente, honesto
y modernizador, fuese mínimamente abatido, aunque sus defensores ya implementen
la operación ideológica de recuperación de imagen que se inicia por la retirada
del tema del foco de las noticias y por la “personalización” de la culpa que
pasa a recaer sobre ejecutivos que no llegan, todavía, a ser calificados de
corruptos. 8.
La síntesis de las disparidades nacionales es el hecho de que cerca de 50
millones de brasileños viven bajo la línea de pobreza, de los cuales 23
millones pasan hambre diariamente. Son éstos los que no tuvieron y no
tienen acceso a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte decente,
a la justicia, a la seguridad en su hogar, y que son las principales víctimas
de la discriminación y de la violencia racial, social, económica y
política. Estos brasileños no se encuentran en regiones aisladas, sino en
la periferia de las ciudades, participan cada cuatro años del proceso político,
por lo tanto manipulados por los medios y por el clientelismo privado y
público. Su contingente crece más de lo que crece la parcela menos
miserable aunque pobre de la población o que la diminuta clase media y la
ínfima clase de ricos, cuyos padrones de riqueza y consumo son tan elevados
como los de los individuos más ricos en los países más ricos. 9.
El gran desafío brasileño es incorporar esa masa de miserables al proceso
económico a través del aumento de su capacidad productiva y no mantenerlos
sobrevivientes a través de un asistencialismo indigno; integrarlos al proceso
político como ciudadanos y no manipularlos periódicamente como espectadores sin
esperanza; e incluirlos en el proceso social como seres humanos de enorme
potencial, dignos de una vida cultural y espiritual elevadas, y no de un
vegetal frente a la pequeña pantalla, ideal modesto, por lo tanto casi
inalcanzable para la enorme mayoría. 10. Las
vulnerabilidades externas crónicas de Brasil se iniciaron con las exigencias
hechas por Lisboa para reconocer la Independencia, entre ellas la de que el
Brasil asumiese el pago del préstamo contraído por la Corona Portuguesa junto a
banqueros ingleses para combatir la Independencia de Brasil. Nacía para
el Brasil la comunidad financiera internacional, el “mercado”. 11. De 1822
para acá, se esgrimían en Brasil dos corrientes de pensamiento y de acción
política. La primera, representada por el Barón de Mauá, Alves Branco,
Roberto Simonsen, Getúlio Vargas, Juscelino Kubitscheck; Celso Furtado y Ernesto
Geisel, es la de los patriotas que comprendieron la necesidad de promover la
industrialización del país, de construir, expandir e integrar su mercado
interno, de desarrollar su capacidad tecnológica, de diversificar sus
relaciones con el exterior y de reducir su vulnerabilidad y dependencia en
relación a las llamadas Grandes Potencias, ex metrópolis coloniales o
metrópolis neo-coloniales. 12. La
segunda corriente de pensamiento y acción tiene como exponentes al Visconde de
Cairú, Tavares Bastos, Joaquin Murtinho, Carlos Lacerda, Roberto Campos,
Castelo Branco, Fernando Collor y otros más recientes. Para esos
paladines de la dependencia, la inserción de Brasil debería ser hecha a través
de sus ventajas comparativas de suelo y clima; del privilegio al capital,
empresa y tecnología extranjeras; de hiper-valorización de la estabilidad
monetaria y de la libertad de cambio; y de la visión de que el Brasil debe
conformarse con un papel secundario y respetuoso de las Grandes Potencias, país
desarmado y discreto, consciente de su escasez de poder y de su inferioridad
cultural. 13. Desde
1989, con la elección de Fernando Collor, la vulnerabilidad externa brasileña
viene aumentando exponencialmente, al mismo tiempo en que se multiplicaron las
amenazas, los riesgos y la violencia en el escenario regional e internacional
capaces de afectar aún más nuestra trayectoria, ya tan irregular y
decepcionante en los últimos veinte años. 14. En la
economía, la síntesis de la vulnerabilidad externa se revela por la dependencia
tecnológica, por la creciente desnacionalización, en especial del sector
financiero y de servicios públicos, por la dolarización de la deuda interna,
por el aumento de la deuda externa, en especial de empresas privadas y por la
dificultad en expandir y diversificar exportaciones. Esa vulnerabilidad
externa, de forma general, se resume por la necesidad de levantar en el mercado
internacional entre 40 y 50 billones de dólares por año para enfrentar los
compromisos con intereses, lucros, fletes, royalties y con las amortizaciones
de préstamos y así cerrar las cuentas externas. 15. En el
campo militar, en estos últimos doce años, se desarticuló la industria nacional
de armamentos, se redujeron las dotaciones presupuestarias, lo que llevó a la
licencia de reservistas del Ejército, a la incapacitación de la Fuerza Aérea y
a la atracada forzada de navíos de guerra. El Brasil adhirió a tratados
militares desiguales, por ejemplo a Tratados que permiten a las Grandes
Potencias mantener y desarrollar sus stocks y su capacidad tecnológica en armas
de destrucción en masa o en tecnología dual, mientras que el Brasil renuncia a
su derecho inalienable de defensa y al principio de la igualdad soberana entre
Estados en nombre de un pacifismo servil o utópico. Además, y para
coronar una estrategia que en la práctica llevó al debilitamiento, desarme y
sujeción militar del Brasil a las Grandes Potencias, fue firmado un memorandum
de alquiler del centro de Lanzamientos de Alcántara, aceptando graves
restricciones a la soberanía y abriendo la posibilidad del establecimiento de
enclaves americanos en territorio brasileño. 16. La
vulnerabilidad ideológica externa es, tal vez, la más grave, pues no sólo
condiciona el proceso de formación de la visión del mundo y de la sociedad
brasileña por parte de sus elites intelectuales y dirigentes y, por lo tanto,
la orientación estratégica de desarrollo y de política exterior, sino que
corroe la autoestima de la población. La comprensión del proceso de
formación de esa visión depende en gran medida del conocimiento de la historia
brasileña y, por lo tanto, ésta es una razón más de la importancia de este
libro de Moniz Bandeira. 17. La
vulnerabilidad ideológica aumentó en los últimos doce años por la erosión de la
autoestima del pueblo; por la campaña de descrédito de las instituciones; por
la difusión de teorías de “fin de las fronteras” y de globalización caritativa
y de una correspondiente desmoralización de los conceptos de nación y de país;
por la penetración abrumadora en todos los medios del producto ideológico
extranjero; desde las películas de cine y televisión hasta el espacio conferido
en la prensa a artículos de ideólogos extranjeros y finalmente a la idea de que
sólo hay una salida para el Brasil; que es la obediencia a los deseos del
“mercado” y a las políticas “inducidas” por el FMI y sus mentores, ya sean el
Departamento del Tesoro y los megabancos multinaciones. En Brasil, esta
vulnerabilidad externa ideológica se agudizó por el ascenso a puestos de
decisión de tecnócratas fundamentalistas ideológicos neoliberales, formados
principalmente en universidades americanas, imbuidos del llamado pensamiento
único y de su papel de salvadores de la patria, que impusieron políticas
contabilistas, recesionistas y endeudantes explosivas, sin pudor de sumisión a
agencias extranjeras. La apertura al capital extranjero de los medios de
comunicación amplió la posibilidad de influencia externa sobre la formación del
imaginario brasileño y sobre el propio cotidiano político. 18. En este explosivo
marco de disparidades, vulnerabilidades y de degradación de infraestructura
física y social, cuyos ejemplos máximos fueron la crisis energética y la crisis
de seguridad, la realización del último desafío, como ser la transición de un
sistema político plutocrático, mediático y excluyente para un régimen
democrático, informativo y participativo, se torna llena de escollos,
precipicios y abismos, que los defensores del actual modelo económico y social,
concentrador y explosivo, desprecian o ignoran en su temeraria “apuesta”. Objetivos estratégicos de las grandes potencias para América del Sur 19. Frente al conocimiento del potencial brasileño, de la percepción de
que la superación de las disparidades y vulnerabilidades son condiciones para
realizarlo, de las extraordinarias oportunidades de lucro a corto plazo
existentes para las mega-empresas en el Brasil, de que la realización del
potencial brasileño alteraría profundamente la correlación de fuerzas a nivel
Regional y mundial en detrimento de Potencias que hoy en ella detentan un lugar
privilegiado, las Grandes Potencias, en especial los EUA, consideran a Brasil
una pieza importante en su planeamiento estratégico y para el Brasil ellas
tienen objetivos. 20. Los
objetivos de las Grandes Potencias en relación a los grandes Estados de la
periferia son garantizar que su desarrollo político, militar y económico no
afecte sus intereses locales, Regionales y mundiales. De esta manera,
procuran inicialmente, a través de los medios y de programas de formación de
las futuras elites, convencer a la población y asociar a las elites para un
proyecto de comunidad internacional en el que esos grandes Estados de la
periferia (inclusive el Brasil) se contenten con una posición subordinada y en
que se mantengan los privilegios de que gozan los intereses comerciales,
financieros y de inversiones extranjeras en estos Estados periféricos. 21. En el
proceso de implementación de sus objetivos, procuran maniatar la capacidad de
los grandes Estados de la periferia de ejecutar estrategias de superación del
subdesarrollo y de la dependencia, pues estas pueden afectar sus intereses, a
través de la construcción de una telaraña de acuerdos y de agencias que
consagren aquellos privilegios y les den a ellos la naturaleza de status
jurídico internacional, revestidos de la sacralidad del principio “pacta sunt
servanda”. Es esta estrategia, procuran obtener la participación de los
Estados periféricos, esencial para otorgar la apariencia de legitimidad y
universalidad a construcciones jurídicas extremadamente asimétricas como la
propia Organización Mundial de Comercio (OMC), el Tratado de no Proliferación
Nuclear (TNP) y el Régimen de Control de Tecnología y Misiles (MTCR), que son
presentados como victorias progresistas y pacifistas, pero cuya finalidad es
mantener privilegios económicos y edulcorar la violencia unilateral contra los
Estados que se resisten a dejarse asociar, absorber y someter. 22. En esta
estrategia está siempre presente la idea, sin embargo disfrazada, de desintegrar
territorialmente o desarticular políticamente los grandes Estados periféricos
por el estímulo a rivalidades regionales, raciales y religiosas donde existen,
y de otro lado, a impedir que los grandes Estados se articulen, a nivel
Regional o a nivel internacional, para enfrentar la acción y la presión de las
Grandes Potencias, las cuales procuran, además, permanentemente articularse y
coordinar su acción en relación a los Estados menores y de la periferia, como
hacían desde el distante pasado de la Santa Alianza y de las reuniones del
Concierto de las Naciones y lo hacen hoy a través de agencias como la OCDE
(Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) y la OTAN (Organización
del Tratado del Atlántico Norte). 23. La
importancia para la política externa brasileña de Asia, de Africa (y hasta
incluso de cierta forma de Europa) ha sido, desde 1945, y continuará siendo
relativamente marginal cuando se compara con la importancia central de los EUA
en la propia política interna brasileña y en la política sudamericana y, en
segundo lugar, de la Argentina, relacionamiento éste esencial para cualquier
estrategia brasileña en el sub-Continente, base necesaria de toda su política
exterior en un mundo que será multipolar. Las manifestaciones retóricas y
los objetivos bien intencionados de expansión de las relaciones de Brasil con
Asia y con Africa y de articulación de alianzas políticas se enfrentan con
obstáculos de toda índole, tales como la distancia geográfica, la ausencia de
líneas de navegación, los intereses económicos recíprocos reducidos, los tenues
lazos políticos y culturales, la desnacionalización de la economía brasileña y
la debilidad del Estado para articular políticas efectivas de apoyo a los
intereses brasileños. Todas aquellas manifestaciones, que al mantenerse
retóricas y utópicas, rápidamente se desvanecen, aunque indiquen,
correctamente, el destino necesario del futuro. 24. Por esta
razón, el análisis de la estrategia norteamericana para América del Sur y para
el Brasil en particular, es de preliminar importancia para definir y ejecutar
una política exterior eficaz. De ahí la importancia extraordinaria de
la obra de Moniz Bandeira que, al quitarle la venda a la dinámica histórica de
las relaciones entre Brasil, EUA y Argentina, permite identificar, a lo largo
del tiempo, la permanencia de los objetivos políticos norteamericanos. 25. La
estrategia americana para las Américas se desarrolló en varias fases, pero con
el objetivo permanente, claramente definido y perseguido, de establecer y
consolidar su hegemonía en el Continente. La primera fase correspondió a
la exclusión de la influencia política y económica europea en América Central y
el Caribe, áreas esenciales para garantizar la inviolabilidad de la República y
la seguridad de la integración económica de su territorio continental.
Así, fueron adquiridos los territorios de la Florida, de Lousiania, de Oregón,
conquistados los territorios indios, concluido el proceso con la anexión de
Texas, que acarreó la Guerra con Méjico, Arizona y California, y la guerra con
España la cual garantizó su exclusión de Puerto Rico, además de colocar un
puesto americano avanzado en Asia, en las Filipinas. La formación del
Estado de Panamá y la concesión de la Zona del Canal garantizaron la influencia
política americana en el Caribe, consolidada a través de largas ocupaciones
militares de diversos países, la cual garantizó la seguridad de la conexión
interoceánica de las costas Este y Oeste de los EUA. 26. Solamente
no fueron anexadas otras regiones de América Central y del Caribe al territorio
americano, tales como República Dominicana y Yucatán, debido a la profunda
aversión y recelo de las elites americanas en absorber en la República
poblaciones de origen ibérico, miscigenada, católica, de hábitos considerados
atrasados e inferiores y que irían a “corromper” la gran República White, Anglo
Saxon, Protestant. 27. La
influencia inglesa, francesa y alemana en América del Sur, en especial en
Argentina, en Uruguay, en Brasil y en Chile, tuvo que esperar la derrota
europea en la Segunda Guerra Mundial para ser reducida y casi extinta,
sustituida por la avasalladora presencia norteamericana. La distancia
geográfica, las dimensiones de estos Estados, la ideología anti-imperialista,
la lucha anti-nazista y después anti-comunista, la acción económica
multilateralista harían que no pudiesen siquiera surgir y prosperar veleidades
de anexión territorial de estas áreas, e hicieron prevalecer la estrategia de
mantener la influencia política y económica excluyente de Potencias europeas (y
de ahí el horror al ejemplo de la Revolución Cubana) y de ejercer un derecho
natural de policía, al decir de Theodore Roosevelt, para disciplinar y reformar
países jóvenes, inmaduros, irresponsables, turbulentos y estafadores. 28. La
propuesta americana de unión aduanera de las Américas, presentada en la
Conferencia Interamericana de 1889, renovada en 1948 y la negociación de
acuerdos preferenciales de comercio, inclusive con el Brasil, fueron
manifestaciones de objetivo permanente de consolidar la influencia económica,
abrir mercados para bienes e inversiones y garantizar el acceso a materias
primas. El ALCA es la más reciente, aunque más amplia iniciativa en el
marco de esta estrategia, pues tiende a construir un territorio económico
único, donde los estados subdesarrollados no podrán tener política comercial,
industrial y tecnológica y, por lo tanto, proyectos nacionales de desarrollo. 29. En la
estrategia sudamericana de los EUA, dos países tenían y tienen una importancia
crucial, que son Brasil y Argentina. Cualquier estratega del Departamento
de Estado, de Defensa o del Tesoro reconoce que la construcción de vínculos
estrechos de cooperación política y económica entre Brasil y Argentina, con el
objetivo de fortalecimiento tecnológico, político, militar y económico y de
reducción de su dependencia externa, crearía, con el tiempo, un centro de poder
en América del Sur que afectaría profundamente la influencia política,
militar, económica e ideológica norteamericana en la Región y, en consecuencia,
su capacidad de acción a nivel mundial. De ahí la estrategia de mantener
alejados uno del otro a Brasil y Argentina, de estimular sentimiento de
rivalidad y de provocar con alianzas privilegiadas a uno y otro país alternadamente
para que no se vengan a unir en la defensa y promoción de sus intereses, tarea
fácil cuando se considera la historia de las disputas entre Portugal y España,
de la formación territorial de Brasil y de Argentina, de los conflictos por el
control del Río de la Plata y de la situación impar de Brasil, como ex colonia
lusitana que permaneció íntegra y monárquica, en una América del Sur
fragmentada, republicana e hispánica, y de la reversión de asimetrías de poder
entre los dos países a favor de Brasil. 30. Las
relaciones entre Brasil y Argentina fueron caracterizadas por la rivalidad, con
momentos de aproximación, en general frustrados por la acción de Grandes
Potencias. Esas rivalidades tuvieron inicio con la expansión territorial
brasileña y la disputa por el Río de la Plata, vía de acceso esencial al
interior del continente y a sus supuestas fabulosas riquezas minerales.
La lucha por la posesión de la Colonia del Sacramento frente a Buenos Aires y
de la Provincia Cisplatina, y la disputa por la influencia en el Paraguay y
Bolivia, son episodios de esa rivalidad así como la utopía argentina de
reconstrucción del Virreinato del Río de la Plata, a través de esquemas
preferenciales de comercio entre sus antiguas partes, episodios tan bien
presentados y analizados por Moniz Bandeira. 31. Un hecho
de relevancia mayor con repercusiones políticas hasta hoy sobre la psiquis
colectiva platina fue la extraordinaria ascensión económica de Argentina a
comienzos del siglo XX con base en la agro exportación y más tarde su
industrialización que, a pesar de las fragilidades apuntadas, llegó a responder
por el 30% del parque industrial sudamericano y a ser, en esa época, mucho más
avanzada que la brasileña. 32. En la
historia de las relaciones entre Brasil y Argentina, episodios como la política
de Río Branco de aproximación con los EUA, principal cliente de las
exportaciones brasileñas en especial de café y caucho, mientras que Argentina
se mantenía en la esfera de influencia británica, la rivalidad entre Argentina
y EUA en el mercado brasileño de trigo, en relación al cual los EUA obtuvieron
en el Brasil preferencias comerciales; y, finalmente, la Segunda Guerra
Mundial, en que el Brasil se tornó aliado de primera hora de los EUA, mientras
que Argentina se mantuvo neutral, aunque con el objetivo de poder abastecer a
Gran Bretaña, habiendo sufrido por esto una fortísima presión americana,
estimularon la desconfianza entre las elites y los pueblos de Argentina y
Brasil. 33. La
aceleración del progreso industrial brasileño acompañado de políticas de
protección, con Getúlio Vargas y Juscelino Kubitscheck (1950 – 1960), en que
Brasil superó ampliamente a la Argentina, cuyos regímenes militares a partir de
1955 vendrían, a través de programas neoliberales, a desarticular la industria
en la tentativa de retornar a la época dorada de la agro-exportación y del
libre comercio, consolidaron en Argentina el sentimiento de que la llave del
éxito brasileño había sido la política de cooperación con los EUA. El
fracaso de la tentativa de reconquista militar de las Malvinas facilitó y
aceleró el proceso de revisionismo histórico en Argentina y abrió las puertas a
la política de “relaciones carnales” con los EUA y de cooperación/rivalidad con
el Brasil. 34. La nueva
política exterior argentina de Carlos Saúl Menem tuvo como meollo la concepción
estratégica denominada realismo periférico, que penetró en mayor o menor
escala, con mayores o menores disfraces y matices, el pensamiento de las elites
argentinas. Esa teoría considera que los países periféricos como
Argentina, debido a la disparidad de fuerzas, solamente han perdido, y
solamente continuarían perdiendo, en caso de que continuasen confrontando con
los EUA, aisladamente o participando de grupos como el Movimiento de los No Alineados.
La estrategia internacional más provechosa para esos países sería reconocer su
inferioridad, alinearse irrestrictamente con las políticas americanas y adoptar
con entusiasmo el modelo económico neoliberal. Esta estrategia permitiría
a la Argentina evitar represalias y convertirse en una aliado preferencial de
los EUA en la Región, recuperar su credibilidad internacional como país “de
hecho europeo” y hasta obtener la soberanía sobre las Malvinas. En esta
estrategia, las relaciones con el Brasil tendrían dos caras: primero, atraer a
Brasil para adherir a las reivindicaciones estratégicas americanas vitales y
así cooperar con la política americana y, segundo, aprovechar la apertura del
mercado brasileño propiciada por el MERCOSUR, sin perder de vista el objetivo
de integrarse al mercado americano, como procuró hacer a través de su
candidatura aislada al ALCA, y al sistema militar americano, donde llegó a
obtener el status de aliado extra OTAN. 35. La
estrategia argentina, que rindió frutos a la política en el Continente, tuvo
entusiastas que no se cansaban de abogar su adopción por el Brasil. Hoy,
la catástrofe económica, social, política e institucional en Argentina demostró
haber sido el realismo periférico un absoluto fracaso en todas sus dimensiones.
50% de la población bajo la línea de pobreza, violencia y exclusión crecientes,
desarticulación institucional y política, desprestigio internacional y,
finalmente, el “abandono” por los EUA y por las agencias internacionales los
cuales, además de todo, ironía de las ironías, atribuyen a los argentinos toda
la culpa por el fracaso. 36. En todo
este proceso, es notable la duplicidad y la miopía de la estrategia brasileña
frente a lo que pasaba en la Argentina y frente a la estrategia y a los intereses
norteamericanos en América del Sur. Brasil utilizó el pretexto
suministrado por las supuestas exigencias de una “alianza estratégica” con
Argentina para adherir a todas las iniciativas americanas, en especial en el
área militar (TNP, MTCR, armas químicas, seguridad cooperativa) y utilizó el
ejemplo supuestamente exitoso argentino para emular al país vecino en términos
de liberalismo económico y de atracción competitiva de capitales extranjeros,
lo que benefició a estos últimos. Se alegaba que Brasil no podía ni
“quedar atrás” de Argentina ni ejercer una acción antagónica, aún cuando ésta
“desconocía” o contrariaba a Brasil en varios intereses y temas, tales como la
candidatura brasileña al Consejo de Seguridad, la candidatura a aliado extra
OTAN y el apoyo a las propuestas americanas en el ALCA, todo debido a la
suprema importancia de preservar el MERCOSUR como un bloque para enfrentar a
los EUA. 37. La miopía
de la estrategia brasileña al abandonar el modelo político de cooperación
Brasil-Argentina y cambiarlo por el modelo neoliberal comercialista de
integración preconizado por el Tratado de Asunción, fue notable. El
esquema del MERCOSUR, frente a las asimetrías excesivas aún entre los dos
principales países, de la inexistencia de políticas económicas comunes y de las
tensiones políticas causadas por los otros dos socios mucho menores, libre
cambistas e importadores, llevaría a maniatar la política comercial brasileña
(y argentina), a la crisis interna del MERCOSUR y a tentativas de resolverla a
través de la “radicalización” del MERCOSUR en términos de liberalización
comercial y de propuestas utópicas, como la de una moneda común, reiteradas
incluso en situaciones tan graves como la actual. El MERCOSUR y su TEC,
las políticas cambiarias como la currency board argentina y el cambio casi fijo
brasileño y las políticas de privatización y desregulacion, solamente podrían
llevar a lo que llevaron: desnacionalización de las economías, aumento de la
vulnerabilidad externa, la amenaza permanente de una crisis de pago, la
subordinación creciente al FMI (y a los EUA), la exclusión social, la
desarticulación institucional, el resentimiento entre los dos países, fenómenos
que solamente no son tan graves en el Brasil como en la Argentina debido al
hecho de que la ejecución de estas políticas fue desacelerada entre 1992 y
1994. 38. Frente a
este panorama, la estrategia económica americana para América del Sur, matizada
y agravada hoy por el nuevo enemigo, el terror internacional, cuya existencia
maléfica, difusa y terrible lo justifica todo, sigue, en su esencia,
siendo la misma: mantener los lazos de dependencia económica y financiera de
los dos principales Estados de América del Sur utilizando los acuerdos con el
FMI y su creciente administración directa; abrir y mantener abiertos sus
mercados para bienes, servicios y capitales y el acceso a materias primas
estratégicas como la biodiversidad y el agua, a través de la consolidación
interna de estas políticas por la legislación doméstica, por la creación de agencias
reguladoras “técnicas”, por la negociación de acuerdos de libre comercio
bilaterales al estilo de Chile o multilaterales, como el ALCA, y finalmente por
la elección de candidatos proclives a tales políticas. 39. En la
vertiente militar de su estrategia de hegemonía continental, los EUA
difundieron con éxito la idea de que, en el nuevo orden mundial, América del
Sur era un continente de paz, que la existencia de ejércitos nacionales era la
única causa de autoritarismo, de nacionalismo arcaico y de tensiones aunque
pocas, que la reducción de gastos militares liberaría recursos para el
desarrollo y la implantación de nuevas políticas liberales y que había una
carrera armamentista entre Brasil y Argentina. Así, los países
sudamericanos deberían cooperar con los esfuerzos de paz mundial adhiriendo a
los acuerdos asimétricos de no-proliferación, reducir sus fuerzas
convencionales, establecer mecanismos de seguridad cooperativa, desmontar sus
industrias bélicas, cooperar en la lucha contra las “nuevas amenazas” y
transformar sus Fuerzas Armadas en fuerzas policiales. De otro lado, los
EUA procuraron aumentar su presencia militar directa a través de asesores
militares, de ejercicios militares conjuntos y de la eventual instalación de
bases permanentes en el sub-Continente. 40. Las
estrategias ideológicas y económicas americanas en América del Sur, se
entrelazan y se refuerzan mutuamente. Los programas de formación de
científicos sociales y economistas, ejecutados desde la década del 60, llevaron
a la ascensión de tecnócratas al comando de las estructuras del Estado, como
integrantes de los equipos que implementaron las políticas de apertura,
desregulación y atracción de capital multinacional. Estas políticas, a su
vez, ampliaron la presencia en la economía de estos países de las mega-empresas
multinacionales y esa presencia aumentó su influencia política, tanto en la
difusión de visiones del mundo, como en la defensa de las estrategias
implementadas por aquellos equipos. Por otro lado, el control de los
medios de difusión audiovisuales, en especial el cine y la televisión, permitió
una influencia extraordinaria en la formación de hábitos de consumo y de los
valores sociales típicos de la sociedad de consumo conspicuo, depredadora,
individualista y apolítica. Esa visión colectiva de los objetivos de la
vida en sociedad, refuerza el apoyo a las políticas ejecutadas por aquellos
“equipos económicos” que, a su vez, refuerzan el proceso de desnacionalización
y generan las excusas para la actitud de supervivencia a los objetivos
políticos de los EUA y a la estrategia económica abogada por el FMI como
representante de los intereses del Departamento del Tesoro y éste, a su vez, de
los mega-bancos norteamericanos. 41. En este
complejo, en que se entrelazan las convicciones ideológicas y los intereses
materiales de las elites intelectuales y políticas cómplices y alienadas; de
las mega-empresas norteamericanas, tanto financieras como productivas; de las
elites dirigentes de Washington y de los tecnócratas del FMI; de los
empresarios locales sobrevivientes; sólo el fracaso catastrófico del modelo
neoliberal y la revuelta de los movimientos sociales frente a la acelerada
concentración de poder y de riqueza y de la creciente y espantosa exclusión
social pueden hacer interrumpir el curso de las sociedades sudamericanas rumbo
a la convulsión social, a la desarticulación institucional, al colapso
democrático. La situación en América del Sur, en los países que son
vecinos de Brasil, es semejante a la brasileña en su estructura y dinámica y es
tal vez la más grave desde 1900. Esta situación calamitosa se da en un
momento extraordinario de transformación del orden mundial creado en 1946, con
las Naciones Unidas. El dilema mundial 42. La
política mundial vive un extraordinario dilema. Los principios de
funcionamiento suave del sistema de condominio hegemónico bajo el liderazgo
americano, creado luego de la Segunda Guerra Mundial, están siendo desafiados
por la situación en el centro del sistema, los EUA, país que representa el 30%
del PBI y del comercio mundial, con capacidad militar equivalente a la suma de
las capacidades de las nueve potencias militares siguientes, generador del 50%
de las nuevas patentes solicitadas cada año, y por la acción de su Gobierno republicano.
43. El
sistema de condominio hegemónico, para obtener el reconocimiento y la
legitimidad internacional, exige que la Potencia líder proyecte la imagen de
una democracia perfecta, que promueve los derechos civiles y humanos y los
defiende en el mundo de forma imparcial; de ser el sistema económico más
dinámico y más honesto del mundo; de tener el Estado que más respeta la ley y
el orden, inclusive el derecho internacional; de ser un país generoso y
dispuesto a ayudar a los Estados desvalidos y en crisis; de ser una sociedad
progresista, liberal y humana, abierta a la crítica y a la divergencia.
Son estas características de la imagen del centro que permiten a las elites
cómplices de los países periféricos controlar y conducir sus sistemas políticos
altamente asimétricos y de gran potencial explosivo y cooperar con los
objetivos del condominio en busca de un “mundo mejor”. 44. A partir
de 2001 con el Gobierno George W. Bush, el centro del sistema dejó de presentar
esas características necesarias al ejercicio del liderazgo del condominio
hegemónico. Las elecciones que resultaron en su victoria en el Colegio
Electoral fueron fraguadas y el candidato republicano no obtuvo la mayoría de
los votos populares. Los atentados terroristas crearon la justificación
para leyes que atentan contra los derechos civiles de la población
norteamericana. El apoyo a la estrategia de Ariel Sharon, cuya semejanza
con la política de limpieza étnica es evidente, establece el precedente para
que cualquier Estado pueda utilizar cualquier método contra quienquiera que sea
definido como “terrorista” o inclusive contra sus parientes. El rechazo
de los EUA en adherir al Tratado Penal Internacional y el esfuerzo para firmar
Tratados Bilaterales para excluir soldados (y autoridades) americanos de su
alcance, pueden ser interpretados como una aceptación implícita de genocidios
pasados y futuros. La imagen del dinamismo y honestidad del sistema
empresarial americano fue fuertemente abatido (y la confianza de grandes y
pequeños inversores en todo el mundo) por los mega-fraudes contables, de los
que participaron respetadas mega-empresas, mega-auditorías, mega-consultorías,
mega-bancos que lesionaron a millones de pequeños inversores. Autoridades
de primer nivel, entre ellas el Presidente y el Vicepresidente, son acusadas de
haber participado de operaciones similares en el pasado. La denuncia del
ABM (Acuerdo Anti-Balístico), el rechazo a participar del Protocolo de Kyoto
sobre cambios climáticos y las reiteradas declaraciones de que los EUA actuarán
unilateralmente siempre que lo consideren necesario para defender sus intereses
y de que son los mejores jueces para conocer qué es mejor para el mundo, aún
contra la opinión de sus aliados más próximos, reveló a los demás miembros del condominio
hegemónico que el respeto al Derecho Internacional pasó a ser oficialmente una
cuestión de conveniencia para la política americana y que la obediencia a los
compromisos internacionales sería exigida de los “otros”. El rechazo en
auxiliar a la Argentina en su crisis, en participar de la Conferencia de Durban
sobre racismo, la aversión en aceptar compromisos específicos en la Conferencia
de Johannesburgo tanto sobre medio ambiente como sobre cooperación para el
desarrollo, indican que la estrategia americana tiene, como única receta para
promover el desarrollo, eliminar la pobreza, proteger el medio ambiente y
combatir la xenofobia, la apertura de mercados de los países periféricos para
bienes y capitales de las grandes potencias, mientras éstas mantienen los
instrumentos de protección para sus economías. 45.
Finalmente, la adopción de la lucha contra un terrorismo internacional difuso,
omnipresente y maligno y las acusaciones a diversos países de ser conniventes
con el terrorismo, no sólo abrió la caja de Pandora del arbitrio internacional
que permite el uso unilateral de la fuerza en carácter preventivo, alegando
legítima defensa, como pretenden los EUA en Irak y como ya se ensaya en los
conflictos de Cachemira y del Cáucaso, sino que pasó a justificar cualquier
violación de derechos civiles en cualquier Estado, en especial contra
inmigrantes y poblaciones musulmanas, incitando la xenofobia y la legislación
restrictiva de todo tipo. La idea de que “quien no está con nosotros
(incondicionalmente) está contra nosotros (los EUA)”, de que la envidia es la
causa del anti-americanismo en el mundo, de que la guerra es inminente así como
nuevos atentados, genera las condiciones para mantener a la población americana
en estado de miedo permanente y el clima político para aprobar una legislación
restrictiva de los derechos civiles, al punto de institucionalizar y
generalizar el espionaje y la denuncia y de tornar a la crítica en sinónimo de
traición. 46. El pueblo
americano es democrático, pero su elite es imperial. Así, cada acto de
imperio, caracterizado por el arbitrio y por la violencia, debe ser justificado
como un acto de defensa de la democracia americana frente a una amenaza
concreta o como un acto indispensable para impedir una agresión al pueblo americano.
De este modo, es necesario crear una interpretación de cada situación,
divulgarla por los medios de comunicación de forma de sensibilizar y asustar a
la población, de ser preciso, inclusive, por la “fabricación” de eventos, como
ocurrió con el ataque a navíos americanos en el Golfo de Tonkin, que llevó a la
intervención americana en Vietman. 47. Las
políticas anti-democráticas y retrógradas socialmente, las políticas agresivas
al medio ambiente, la blandura con los fraudes empresariales, la estrategia del
miedo y de las intervenciones unilaterales y preventivas, seguramente no
contribuyen ni a la creación de las condiciones para reactivar la economía
americana y mundial y así reducir la expansión de las políticas de derecho en
el centro del sistema, ni a la reducción de las tensiones regionales y la
revuelta social contra las políticas neoliberales en la periferia. La
falta de respeto al Derecho Internacional, la decisión de controlar
directamente, sin disfraces, las agencias multilaterales, como ocurrió en el
caso de OPAQ, la falta de respeto abierto a los principios de las Naciones
Unidas de autodeterminación, soberanía y no-intervención corroen el sistema
ideológico, militar, político y económico establecido luego de la Segunda
Guerra Mundial, pero no lo sustituyen por otro sistema que pueda permitir la
continuidad “suave” de la hegemonía de las Grandes Potencias. La cuestión
que se plantea es la de la durabilidad de las mencionadas nuevas estrategias
articuladas por el centro del sistema. 48. Para
América del Sur, pero muy especialmente para el Brasil, el momento actual es
decisivo, pero el dilema siempre es el mismo: enfrentar el desafío de
desarrollar el potencial de la sociedad brasileña, superando sus
extraordinarias disparidades y vulnerabilidades a través de la ejecución ardua
y persistente de un proyecto nacional consciente, en un contexto de formación
de un polo sudamericano no hegemónico, en estrecha alianza con Argentina, o
incorporarse de forma subordinada al sistema económico y político americano,
confiando en que el libre juego de las fuerzas del mercado en el seno del ALCA
sea capaz de superar los desafíos y desarrollar el potencial de la sociedad
brasileña y sudamericana. El primer camino es extraordinariamente arduo,
pero presenta la perspectiva de construir un Brasil y una América del Sur
dignos de sus pueblos. El segundo es el camino de la sumisión política,
del atraso económico y del caos social. 49. Por esas
razones es que la obra de Moniz Bandeira es de fundamental importancia en el
momento actual de la coyuntura mundial y nacional, no sólo para los que tienen
la responsabilidad de decidir entre aquellos dos caminos, sino para todos los
que necesitan conocer mejor el pasado para comprender mejor el presente y construir
un futuro mejor. |