LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN EL MERCOSUR

 

Agueda S.P. de Menvielle(*)

Agosto de 2004


Los acuerdos para coordinar la actividad científica y tecnológica en el interior del MERCOSUR demuestran que es mucho lo que puede lograrse cuando se establece una interacción fluida entre investigadores de distintos países. Si el objetivo de la Alianza Regional es la integración productiva y el crecimiento económico de los socios, los proyectos de innovación comunes son sin duda la condición para alcanzar esa meta.

La cooperación internacional es un instrumento importante de la política científica y tecnológica, puesto que fortalece y complementa las capacidades nacionales en esas áreas, y permite sumar esfuerzos para impulsar programas de investigación y desarrollo (I+D) orientados hacia el crecimiento sostenible. A la vez, promueve la internacionalización de la comunidad científica y la Integración Regional, posibilitando la difusión y publicación de las actividades conjuntas.

En este artículo describiremos qué modalidades asumió la cooperación en materia de ciencia y tecnología entre los países del MERCOSUR (tanto en el plano de las relaciones bilaterales como en el ámbito Regional) y cuáles han sido los resultados de esa convergencia. También evaluaremos el rol de las transformaciones productivas en la integración económica.

Los acuerdos bilaterales

Biotecnología. A partir del Acuerdo Intergubernamental en Ciencia y Tecnología de 1980, Argentina y Brasil emprendieron acciones importantes para ambos países, con repercusiones a nivel Regional. Una de las iniciativas fue la creación del Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología (CABBIO), en 1986, que permitió nuclear grupos de trabajo –oficiales y privados– de los dos países, mediante proyectos con correlato productivo.

Las tareas realizadas en 86 Proyectos Binacionales CABBIO han llevado a cabo desarrollos relevantes en el área de la Biotecnología. Los temas abordados conjuntamente han sido tan diversos como importantes, y abarcan desde los anticuerpos monoclonales, la obtención de maíz transgénico resistente a herbicidas o plagas y los estudios fenotípicos de cancro cítrico para determinar variaciones de interés comercial, hasta las enzimas industriales para la clarificación de jugo de fruta. También se han realizado avances para lograr una vacuna triple, el ajo libre de virus y los crustáceos peneidos. Investigadores de ambos países desarrollaron un método de biolixiviación para conservar el 100% del manganeso y aumentar la recuperación de plata del 30% al 60%. Además, se alcanzaron resultados en el mejoramiento de plantas forrajeras y de especies forestales y en las investigaciones sobre la expresión y secreción de las proteínas de superficie del virus de la Hepatitis B. También se construyeron un banco de recursos genéticos, un banco binacional de germoplasma y un banco de cepas microbianas. Esta enumeración expresa el especial énfasis que asigna la política científica de ambos países al esfuerzo por reunir y preservar la biodiversidad de la Región. Por último, el CABBIO contribuyó a la formación de una gran cantidad de especialistas de toda América Latina.

Docentes e investigadores. En 1997, la Fundación Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (CAPES) del Ministerio de Educación y Deportes de Brasil y la Secretaría de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación de Argentina firmaron un acuerdo para la cooperación en proyectos de investigación. A partir de entonces se han implementado más de setenta proyectos conjuntos que incluyen el intercambio de científicos y docentes y la formación de recursos humanos.

Asimismo, la cooperación bilateral abordó el grave problema del acceso de los investigadores argentinos a la bibliografía internacional, especialmente después de la devaluación. En forma conjunta con CAPES se negoció la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología, que es un portal de acceso a publicaciones periódicas científicas y tecnológicas. La biblioteca permite leer el texto completo de artículos internacionales pertenecientes a las diversas áreas del conocimiento, y está disponible no sólo para investigadores, profesores, docentes, becarios y personal de apoyo, sino también para los estudiantes de grado y de posgrado de todo el país.

Coordinación de estrategias. En febrero de 2003 se creó un Comité de Gestión Bilateral integrado por autoridades de ciencia y tecnología de Argentina y Brasil, con el objetivo de buscar, por medio de modalidades innovadoras, puntos de complementariedad y refuerzo que permiten compartir costos. El Comité examinó las oportunidades para la conformación en red de grupos, laboratorios e institutos de investigación de ambos países en áreas como competitividad productiva, producción y sanidad agropecuaria, tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) y salud. También se analizaron las posibilidades de investigar conjuntamente los recursos renovables y no renovables. En el campo del desarrollo económico y social se evaluaron proyectos de incubadoras, parques y polos tecnológicos. Mereció especial atención la cooperación en tecnología aeroespacial y energía atómica, ya que en ambos casos existen elementos de desarrollo, instalados o potenciales. Tal esfuerzo permanecerá orientado, en la medida de lo posible, hacia la expansión de las inversiones en ciencia y tecnología, para lo cual se presentó al BID la solicitud de financiamiento de un Proyecto Binacional de I+D. Actualmente se están definiendo los términos de referencia de los Programas Argentino-Brasileños de TlCs y de Integración Cultural e Inclusión Social.

En cuanto al resto de los países que integran el MERCOSUR, en 1977 se firmó con Uruguay un acuerdo de cooperación en cuyo marco hay actualmente tres proyectos en ejecución en las áreas de energía, salud y sanidad animal. Con Paraguay y Bolivia, si bien existen los pactos de 1976 y 1977, no hay emprendimientos bilaterales en ejecución. En cambio, con Chile, el Acuerdo Intergubernamental se firmó en el año 1974 y dio lugar a más de treinta trabajos de investigación conjunta.

Un mecanismo de cooperación Regional

 En el año 1992 los cuatro países del MERCOSUR decidieron crear la Reunión Especializada en Ciencia y Tecnología (RECYT), con el propósito de armonizar las tareas y posiciones. La RECYT elaboró su propia estrategia de acción con objetivos específicos, como la integración y perfeccionamiento de la infraestructura, la promoción del intercambio y uso del conocimiento científico, y la innovación tecnológica para alcanzar una mayor competitividad internacional.

Así, colabora activamente en los objetivos mayores del MERCOSUR, contribuyendo a determinar las áreas de investigación y desarrollo relevantes para la Región. Su campo de acción se extiende además al plano internacional. En esa dirección han comenzado las negociaciones con la Unión Europea (UE), que financiará la gestión del primer proyecto científico-tecnológico MERCOSUR-UE en Biotecnología, cuya ejecución comenzará en 2005, coordinada por Argentina.

Un análisis de los resultados alcanzados por la RECYT en sus diez años de trabajo revela que, si bien hubo acciones concretas, se podría haber avanzado mucho más, lo que pone de manifiesto un desequilibrio entre la capacidad de imaginar propuestas y la posibilidad de traducirlas en medidas efectivas. Para resolver este problema es preciso contar con mayor capacidad de gestión y articulación de iniciativas Regionales y agilizar los mecanismos de funcionamiento interno. Desde ambas perspectivas, la RECYT y los cuatro países deberían convertirse en polo de atracción de proyectos de innovación con terceros países o Bloques, como es el caso del proyecto de Biotecnología con la UE.

Ciencia y tecnología para la integración económica

Los procesos de integración conllevan profundos cambios en todos los ámbitos del quehacer económico, social, político y cultural. En el caso particular de la integración económica, a las transformaciones productivas se agregan las oportunidades comerciales, tanto domésticas como internacionales, que abre la constitución de un mercado ampliado. Ahora bien, para aprovechar los beneficios que surgen de esta situación se requieren sistemas de I+D flexibles y dinámicos, capaces de adaptarse a los nuevos requerimientos y demandas, sobre todo teniendo en cuenta que la tecnología determina en buena medida las ventajas competitivas.

Cuando se piensan la ciencia y la tecnología desde la perspectiva de la integración, muchas de las dificultades que se presentan son, en realidad, herencia de los sistemas nacionales de cada uno de los países socios. En efecto, la subinversión crónica, la escasa experiencia para trabajar en I+D en estrecha vinculación con el sector privado, la ausencia en muchas de las instituciones científicas de capacidades adecuadas para estudiar los problemas tecnológicos de los sectores productivos, son ejemplos claros de esa herencia. Si bien es evidente que resolver estos aspectos facilitaría la integración, es preciso asumir, además, que ésta requiere un sistema de I+D que emplee con buen criterio los recursos de los nuevos agregados económicos y no ya de las realidades políticas y administrativas de cada uno de los socios tomados individualmente.

Si el objetivo de la integración es potenciar el crecimiento económico y el bienestar de los pueblos, el punto de partida debería ser la coordinación de los procesos productivos. Y la integración científico-tecnológica (incluyendo el desarrollo de los recursos humanos) es, probablemente, el instrumento más efectivo para promover esa coordinación y permitir que todos los recursos disponibles se orienten hacia las aplicaciones más convenientes. Es decir, los mecanismos indispensables –y quizá los más baratos– para promover la convergencia de los actores económicos en materia de inversión y producción son los siguientes: un acceso similar a los conocimientos tecnológicos, recursos humanos homogéneos y criterios de calidad comunes. Si esto no ocurre, se estarán desperdiciando posibles “ganancias de bienestar”, ya que los recursos disponibles no estarán necesariamente invertidos en los sectores y actividades donde tienen su mayor riqueza potencial, y se realizarán arreglos productivos “subóptimos”. También se generarán fuentes de eventuales conflictos “políticos” entre los socios que conforman los nuevos espacios económicos, porque sus empresas competirán entre sí en condiciones de desigualdad. En sectores como el agropecuario se pueden encontrar múltiples ejemplos de estas situaciones. La “inmovilidad” de los recursos naturales magnifica la lógica y el impacto de estos procesos, pero es también esta realidad la que ha servido de sustento para que las políticas comunes en I+D, desarrollo de recursos humanos y calidad, tengan la importancia que presentan en la UE.

.En este sentido, la integración tecnológica no es simplemente una respuesta a las tendencias del momento, sino que constituye una forma de potenciar y, eventualmente, hacer más sustentables, esos procesos. Esta importancia estratégica se vuelve aún mayor si la situamos en la “era de los conocimientos” en que vivimos, en la que los avances en la ciencia y la tecnología interactúan con las disponibilidades de recursos naturales para destruir y crear condiciones de competitividad. El MERCOSUR tiene en la magnitud, riqueza y diversidad de sus recursos naturales, pero también en sus probadas capacidades nacionales en muchos campos de la ciencia y la tecnología, una innegable fuente de ventajas comparativas. Éstas, sin embargo, sólo podrán mantenerse si se aprovechan efectivamente para potenciar la base de recursos, conocimientos y valor agregado, y para abrir nuevas oportunidades de proyección económica y comercial en el plano internacional.

Un último punto tiene que ver con la situación actual en que se encuentran los sistemas tecnológicos de las naciones miembros y con la mejor manera de cerrar las brechas que hoy se advierten entre éstos y el resto del mundo en cuanto a inversión y capacidades disponibles. La Región, aun con las diferencias que existen entre sus socios, invierte poco y está perdiendo actualidad en muchas de las áreas de base estratégica para impulsar los desarrollos que requieren los nuevos campos tecnológicos. El desafío, entonces, es crear las condiciones políticas e institucionales para potenciar lo que cada país invierte a partir de los objetivos comunes que proponen los procesos de integración en curso.

(*)Directora de Relaciones Internacionales de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Coordinadora Nacional de la Reunión Especializada de Ciencia y Tecnología (RECYT) del MERCOSUR en ejercicio de la Presidencia Pro Tempore.