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FORMAS ASOCIATIVAS CIVILES PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Y REDES SOCIALES* *Este trabajo se refiere a los distintos actores que forman parte del llamado “tercer sector”
en América del Sur. Fue publicado en la Revista “SIGNOS PUBLICOS”, N° 3, Año 2,
junio del 2001, de la Escuela Superior de Administración Pública-Territorial
Antioquía-Chocó-Univ. Nacional de Colombia-Sede Medellín Alberto J.Sosa*
Celia Mayer*
Introducción
Los
múltiples significados de la categoría “tercer sector”, distinto y diferenciado
del Estado y del mercado, induce a que precisemos el sentido de su uso en este
documento. El tercer sector cobija un heterogéneo conjunto de actores que
tienen intereses diversos y a veces hasta contrapuestos. Existen actores que
desempeñan actividades filantrópicas, de asistencia y de ayuda supletorias de
la estatal, en sus diversas expresiones jurisdiccionales. Otros actores asumen
roles de resistencia, son impulsores de
acciones que, desde su visión, tienden a evitar un mal mayor o a inducir un
cambio en el comportamiento social de otro u otros actores políticos, sociales
o económicos. Estos son los denominados movimientos de resistencia(piqueteros
de localidades argentinas) o de proyecto (Sin Tierra en Brasil o Zapatistas en
México). Asimismo, otros actores sociales aspiran a satisfacer determinadas
necesidades o demandas de sus representados(consorcio de regantes, grupos de
autoconstrucción de viviendas, cooperativas de servicios públicos). Estos
actores se organizan para suplir la actividad desempeñada hasta época reciente
por el Estado protector. Por
otra parte, existen actores sociales que tienen por objeto la discriminación de
grupos raciales, de refugiados o de inmigrantes (la “Liga Patriótica
Argentina”, de principios del siglo XX, el Ku Klux Klan en EUA, etc.), que
realizan acciones delictivas o fundamentalistas, como partícipes o asociados al crimen organizado. En este
trabajo, sólo nos ocupamos de las dos primeras formas asociativas: los
movimientos sociales y los grupos autoorganizados que, adoptando o no una forma
jurídica determinada, responden a una demanda o necesidad social. La organización social. Los nuevos
movimientos sociales
A comienzos de los ‘80 se visualizaron
dos lógicas reivindicativas de acción colectiva de distinta naturaleza. La
primera corresponde a reivindicaciones de movimientos como los feministas,
ecologistas, pacifistas, de reconocimiento de identidades regionales, étnicas,
religioso-culturales, los cuales constituyen en definitiva, nuevas formas de
hacer política[1]. Este
espacio ha sido delimitado bajo el nombre de nuevos movimientos sociales y se ha destacado que a diferencia de
los valores materiales, vinculados a la búsqueda de seguridad económica, que
habrían predominado en las décadas anteriores estos movimientos tienen que ver
con reivindicaciones de calidad de vida o con la democratización de la vida
cotidiana[2].
Producen un cuestionamiento del modelo de representación política, en un
intento por romper el monopolio de la representación por parte de los actores
partidarios. El comportamiento de los movimientos no
está orientado a la búsqueda del poder, sino que se instala en un espacio de
interlocución. Se orienta a la búsqueda de reconocimiento de identidades
culturales[3]
y de espacios propios de expresión. La segunda lógica reivindicativa no se
refiere a nuevos valores, a la modificación de las formas de participación
tradicionales, sino a situaciones de regresión social (caída del ingreso, del
empleo y de condiciones de integración previa). Sería predominantemente
defensiva. Estos movimientos tendrían que ver con la declinación de las
condiciones sociales en América del Sur y la necesidad de obtener niveles
mínimos de protección social. Presentan un doble carácter de producto y
respuesta a la crisis y al ajuste. Esta segunda acción colectiva se expresa
en estrategias de supervivencia, autogestión de demandas, búsquedas de
resolución de necesidades básicas en el campo de la salud, vivienda, educación,
urbanismo. Se traduce a través de elementos comunitarios existentes en la
cultura política, en formas autogestionarias ( autoconstrucción, cooperativas,
pequeñas unidades productivas -, huertas orgánicas, familiares y comunitarias-,
ollas y comedores populares, etc.). Un análisis realista, muestra que estas
estrategias autogestionarias son fruto
de la debilidad y desarticulación de los sectores populares bajo las nuevas
condiciones. Se vinculan más a la profundización de la estratificación,
segmentación de los mercados de trabajo, heterogeneidad estructural,
informalidad y aumento de la desigualdad. El costo del ajuste sobre los grupos
sociales cuyos ingresos provienen del mercado de trabajo, tuvo como
consecuencia que sus niveles de vida se deterioraran a una velocidad mayor que
los del resto de la sociedad[4]. La crisis, que golpea con rudeza al
sector urbano, también se hace sentir en
el sector rural (falta de inversión, disminución y en algunos casos la
erradicación de subsidios que sostenían el sector, falta de políticas
alternativas tendientes al fortalecimiento
de la producción, falta de apoyo técnico y achicamiento de las
instituciones que lo brindaban, etc.), motivando el surgimiento de asociaciones
que reflejan estas nuevas condiciones.[5] La sociedad civil bajo la crisis, busca como salida
un proceso de reconstitución, de la cual los movimientos sociales son parte y
expresión; de manera paralela, las bases sociales del Estado, sus patrones de
constitución y de reproducción y sus relaciones con la sociedad civil,
atraviesan un proceso de alteraciones que también requieren su reconstitución, al igual que la sociedad civil. La liberalización impulsada por la
globalización no produce igual efecto en todos los países. Argentina o Uruguay
no son lo mismo que Francia, España o
Alemania. Argentina es un país desindustrializado, mientras que EUA o Japón son países
post-industriales. Los Estados sudamericanos no desarrollan ciencia y técnica, sino que consumen las
aplicaciones técnicas que adquieren a los países ricos; no son exportadores de
capitales, sino que “sobreviven” a través de un creciente endeudamiento. La
inserción de países como Argentina o Paraguay en la globalización es diferente
de la de EUA o aún de la española, en las que sus firmas productivas y
financieras se proyectan a países como Argentina, mientras que las firmas
argentinas de capital autóctono mantienen una conducta defensiva para preservar
menguados espacios de los mercados doméstico y conosudamericano. Asociaciones, movimientos y organizaciones no
gubernamentales
Intentar una caracterización de las diferentes
expresiones asociativas que se presentan en lo social implica introducirse en
el cruce de dos temáticas de carácter novedoso: por un lado, lo atinente a los
movimientos como expresión de preocupaciones sociales surgidas en las últimas
décadas y por el otro, la aparición de las Organizaciones No Gubernamentales
(ONGs) como expresión mediadora entre el Estado y el mercado (el Poder) y los
ciudadanos. Estas organizaciones actúan en un espacio
determinado: local, regional, nacional. Están orientadas a un proyecto
inmediato: para resolver una situación de crisis o lograr un objetivo y
desarrollan actividades tales como: organizar a la población, mejorar su vida
cotidiana o su medio ambiente, brindar apoyo técnico o financiero a iniciativas
locales, relacionar la educación con la producción. Otro tipo de actividades
que se denominan de abogacía: por el reconocimiento y respeto de los derechos
humanos, por políticas de alternativas de salud, etc.. Un tercer grupo se
vincula con la responsabilidad pública (quienes ejercen un poder deben ser
responsables de las consecuencias de su ejercicio) y la creación de mecanismos
de control.[6] Las ONGs, por
intermedio de sus asociaciones nacionales y de sus redes internacionales, que
las articulan en campos temáticos, muestran su experiencia, su capacidad de
análisis y de proposiciones, a través de una acción conjunta, así como
presionar a los organismos multilaterales, a las agencias de cooperación
internacional, a los gobiernos nacionales, a asumir un compromiso, reconociendo
los derechos de participación efectiva en las decisiones que afectan sus vidas
y revirtiendo las prioridades que se expresan en los programas de
estabilización económica y apertura de mercados. En América del Sur las primeras ONGs surgen en la
década del 50, por iniciativa de un grupo de profesionales y técnicos con alto
contenido de militancia social o de grupos pastorales de la Iglesia Católica
(inspirado en las conclusiones del Concilio Vaticano II, la Encíclica Populorum
Progressio y la CELAM, que reforzaron el contenido social de la práctica de la
Iglesia). Desarrollaron trabajos de promoción de grupos de base con sectores
marginados y tenían posibilidad de relacionamiento con agencias de cooperación
europea de procedencia católica,
quienes financiaban sus necesidades. Muchas ONGs nacieron con la ilusión de un cambio posible en
América del Sur, una transformación de la sociedad a partir de los sectores
populares. A partir de la década del 70 se produjo en la mayoría
de los países del continente el quiebre institucional. Esto provocó la
ilegalización de los partidos políticos y del movimiento sindical y la
persecución y represión de los militantes sociales y políticos en muchos países
de América del Sur. Las ONGs desempeñaron un papel en la tarea de resistencia,
surgiendo nuevos roles emparentados con lo político. Al estar proscriptos los
partidos políticos y los sindicatos, los cuadros provenientes de esos sectores
vieron en estas instituciones un ámbito de participación y relacionamiento con
los grupos sociales, así como un lugar que permitiría el mantenimiento y perfeccionamiento
técnico y político. Esta situación de represión y limitación de
libertades produjo reacciones de solidaridad de agencias de cooperación,
movimientos de defensa de derechos humanos y gobiernos de algunos países del
mundo. Dichos agentes encontraron en las ONGs un ámbito propicio de relación,
lo que facilitó el acceso al financiamiento y a otras formas de cooperación que
resultaron relevantes durante el proceso de resistencia. En la década del 80 América del Sur asistió a un
crecimiento de ONGs en un contexto de re-democratización paulatina, pero con un
gran endeudamiento externo. Esta es la etapa de la diversidad de roles que comienzan a desarrollar las ONGs,
dentro de los cuales se podrían destacar algunos aspectos comunes: a) apoyo al proceso de redemocratización, desde el
trabajo con grupos de base hasta las publicaciones que se editaron sobre estos
temas, b) apoyo dado a la reinserción laboral y social de
los exiliados y liberados, c) el diseño y ejecución de programas para la
satisfacción de las necesidades básicas de la población carenciada, d) apoyo a las organizaciones de dichos sectores, a
partir de procesos de articulación y educación, e) apoyo a los mismos sectores en sus
reivindicaciones ante el Estado, el mercado y el resto de la sociedad, f) búsqueda de propuestas alternativas para la salida
de la crisis. g) formación de cuadros técnicos, en las áreas en
que desarrollan su actividad. En los 90´, con la cuasi-consolidación del modelo
neoliberal, comienza la búsqueda de una nueva forma de relacionamiento con el
Estado y el mercado. De tal modo se tiende a articular el espacio de las ONGs a
través de coordinaciones de dos tipos - por un lado- se forman redes temáticas
con el fin de reflexionar y accionar sobre un tema especial,- y por otro -, se
articulan ONGs con el fin de coordinar a nivel gremial a estos agentes, y es
así que surgen las primeras Asociaciones de Centros y redes temáticas a nivel
de cada país o región. La mayor parte del financiamiento continúa siendo de
origen externo, aunque se percibe una preocupación por acceder a fuentes de
ingreso nacional, a través de consultorías, cobro de algunos costos a
beneficiarios y asociados. La articulación social: las redes sociales
Un interrogante es el impacto de la expresión de
estos grupos en el sistema político y su vinculación con las distintas
instancias jurisdiccionales, efectivizando su potencialidad democrática.
Asimismo, como incorporar sus demandas en el marco de la globalización y
promover una nueva institucionalidad. Un esbozo de esto sería la configuración
de redes que potencien el accionar de los distintos grupos. El Foro
Social de Porto Alegre, configura una experiencia a tener en cuenta. Dicho Foro
propicia un proyecto de globalización impulsado por las sociedades civiles que
esté al servicio de las personas y no de los mercados, es decir, una
globalización de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos,
sociales, culturales y ambientales. El Foro Social quiere transformarse en un
ámbito de diálogo que contribuya a la
definición de una agenda de y para una ciudadanía planetaria y participativa.
Su lema es : “otro mundo es posible”. En dicha reunión de ONGs, representantes
de instancias jurisdiccionales
ejecutivas y legislativas, académicos, periodistas, artistas y
escritores tendieron a alcanzar
una visión universal alternativa al
“pensamiento único”. Su documento final recoge la idea de auspiciar un espacio de interlocución con
su contraparte de Davos y reivindica el derecho de las diferentes instancias
jurisdiccionales de participar en la vida política, económica y cultural
mundial, así como la construcción y refuerzo de las redes de ciudades. Entre
sus propuestas de carácter general se hallan la aplicación de la tasa Tobin a
las transacciones financieras, la
condonación de la deuda externa de los países pobres y la clausura de los
paraísos fiscales. La configuración de redes sociales implica un proceso
de construcción tanto individual como colectivo. Es un sistema abierto que a
través de un intercambio dinámico entre sus integrantes y con integrantes de
otros grupos sociales, posibilita la potenciación de los recursos que poseen. Las redes son estructuras abiertas que pueden
expandirse ilimitadamente, integrando nodos que puedan comunicarse entre sí,
siempre que compartan valores o metas de actuación. Una estructura que se base
en redes es un sistema abierto y dinámico, susceptible de innovarse, sin perder
su equilibrio.[7] Las redes no siempre se presentan con bordes
definidos y claros, pero esto no significa que no posean una organización
previa, a estas redes se las denomina
informales. Las redes nacionales tiene una definición
multisectorial (su objetivo es diverso) y no dependen de una relación con una
agencia determinada. Representan potencialmente un espacio de importancia para un diálogo político sobre
el tema, tanto con los interlocutores del mundo desarrollado como los del
propio país. En principio ofrecen otra vía al tema de la representatividad. Pero
ello no es suficiente en sí mismo. Se requiere un nivel de formulación de
propuestas mayor que el existente para que el diálogo prospere. Algunas
características que debieran tener esas propuestas son las siguientes:
- Buscar fórmulas flexibles para articular la
diversidad del mundo no gubernamental, potenciando sus capacidades y no
confrontando sus diferencias. - Elaborar
perspectivas de largo plazo donde clarifiquen el rol de futuro de las ONGs, su
utilidad y sustentabilidad. - Enfrentar
la necesidad de generar sistemas de cooperación de base nacional que disminuyan
la dependencia externa de las ONGs. - Asegurar la continuidad de las tareas de
investigación, sistematización, producción de los conocimientos, socialización
de información y otras que son claves para determinar la calidad de las
propuestas del sector. - Procurar
espacios de interlocución con ONGs afines de países desarrollados y del espacio
sudamericano; - Participar en la formulación, gestión y auditoría de las decisiones políticas,
económicas, sociales, etc. , cualquiera sea el nivel jurisdiccional de que se
trate, si les incumben. Bibliografía
·
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1981. * Abogado. Consultor externo del Consejo Federal de Inversiones de la República Argentina. * Abogada. Consultora externa
del Consejo Federal de Inversiones de la República Argentina. [1] Puede tomarse como ejemplo los movimientos de derechos humanos o las comunidades eclesiales de base [2] Lo cotidiano se entiende en términos de Heller, Agnes Sociologia de la vida cotidiana, De. Peninsula, 1977 , o Historia y vida cotidiana, Grijalbo, 1985, como la vida del hombre entero, en la que participa con todos los aspectos de su individualidad, de su personalidad, donde pone en obra todos sus sentidos, todas sus capacidades intelectuales, sus habilidades manipulativas, sus sentimientos, sus pasiones, ideas, ideologías [3] Esto puede apreciarse claramente en los grupos ecologistas, sobre todo en aquellos más radicalizados que no sólo se ocupan de problemas de la naturaleza o de deterioro ambiental, sino que buscan nuevas alternativas de sociedad en un mundo cada vez más trasnacional pleno de desequilibrios ecológicos, con ellos la cuestión ambiental ingresa en la política complejizándola. [4] ver Coraggio, op. cit. [5] En Argentina han tomado fuerza, frente a la
crisis del sector rural, las asociaciones de mujeres de campo que han
evitado numerosas subastas judiciales
de inmuebles, por falta de pago de créditos usurarios. [6] Bombarolo y Stein definen a
las ONGs como “...aquellas organizaciones que conformadas básicamente por
profesionales y técnicos, tienen las siguientes características principales: a) son organizaciones que no son administradas por
gobiernos; b) según sus estatutos, su finalidad última no es el
lucro; c) según sus objetivos institucionales, los
beneficiarios de sus programas no son los propios miembros de la institución
sino otras personas o grupos, en particular los sectores pobres de la población d)sus actividades pretenden no sólo brindar
satisfacción a determinadas necesidades puntuales (salud, educación, vivienda,
trabajo, etc.) sino también promover valores y actitudes entre los
destinatarios de su trabajo y entre otros actores sociales (estados, organismos
internacionales, medios de difusión etc.) tendientes a un cambio social,
basados en criterios de justicia social, equidad, democracia, participación y
solidaridad. [7] Castells Manuel “La era de la información. Economía, sociedad y
cultura. La sociedad red”. Vol. 1. Siglo XXI Editores. 1ª. Edición en español.
México 1999, páginas 506/7. |